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La entrada La particular historia de José Pantano: sobrevivió a la Fiebre Hemorrágica Argentina y con 76 años ahora le hace frente a la nueva pandemia se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>José Pantano tiene 76 años y no es un trabajador de campo más: Lleva sobre sus espaldas haber sobrevivido a unas de las enfermedades endemo–epidémica más peligrosas de los años 60, la Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA), también conocida como “Mal de Rastrojos”. Se trata de una patología viral aguda grave producida por el virus Junín, transmitido por la laucha del maíz o el ratón maicero.
“No me tiene preocupado en si que el virus me puede infectar, pero si lo que se está viviendo como sociedad, económicamente y la prohibición que tenemos”
Nacido sobre el final de la Segunda Guerra Mundial, con un abuelo que emigró desde Italia, y con casi ocho décadas vividas, José conoce lo que son las crisis económicas, como el Rodrigazo de 1975, la hiperinflación de 1989 y la catástrofe del 2001. Hoy le toca experimentar una cuarentena obligatoria. El mayor de los tres hermanos Pantano, en un tono pausado y sentido, confiesa que nunca pensó estar vivo para conocer el alcance de una pandemia como la que está afectando al mundo actualmente.
“No me tiene preocupado en si que el virus me puede infectar, pero si lo que se está viviendo como sociedad, económicamente, y la prohibición que tenemos”, comentó a Bichos de Campo desde su casa ubicada en una chacra de la ex estancia de la viuda de Ayerza, donde se le hace más llevadero el aislamiento preventivo contra el COVID-19.
A 150 metros de su casa se encuentra la estación Francisco Abel Ayerza, del Ferrocarril Belgrano Cargas, antes llamada “La Huerta”. Es un tradicional paraje en el que junto a su hermano Victor, su hermana Flora y su sobrino Pablo, crían gallinas ponedoras araucanas (las que ponen huevos verdes) y venden maples a pedido. También producen corderos que entregan en época de fiestas. Pero además cultivan trigo, soja, maíz y sorgo.
“Reparo herramientas y maquinaria, hago de todo un poco “, explicó José con su acento bien campero que el teléfono fijo no modificó.
El diagnóstico: Fiebre Hemorrágica Argentina
Corría el año 1972, en pleno apogeo de la siderurgia argentina. Pantano trabajaba desde hacía cuatro años como encargado de mantenimiento de la acería Lucini SA, una empresa que empleaba a 5000 personas. Comenzó con síntomas gripales, fuertes dolores musculares y fiebre.
“En esa época había muchos infectados en Pergamino y en otras provincias, era una enfermedad que se conocía por la gravedad y complicaciones que causaba”, detalla José al contar que a sus 28 años le diagnosticaron FHA.
“Me contagié trabajando en Lucini. En ese momento no sabíamos cómo se contraía”, agrega. Los síntomas se fueron agravando y lo internaron, en el Hospital de Llanura: “Allí éramos 32 pacientes y sólo 4 salimos con vida gracias al trabajo del equipo liderado por el doctor Julio Maiztegui”, recordó. El nombre de aquel médico fue el que luego recibió el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas, Julio Maiztegui, en reconocimiento a su destacado aporte científico y humano.
“En esa época había muchos infectados en Pergamino y en otras provincias, era una enfermedad que se conocía por la gravedad y complicaciones que causaba”
De encargado de planta a capturar roedores y ser enfermero
Hace 50 años, cuando el virus lo obligó a frenar y reconvertirse, José pasó a ser una persona inmune a la enfermedad. Por eso, con su consentimiento, empezó a ser donante de plasma para ayudar en los tratamientos en pacientes con FHA. “Sentía que lo tenía que hacer. Era una manera de agradecer que me salvaron”, asegura ahora. “Un año y medio después de recuperarme y durante casi dos años me venían a buscar y me traían cada tres días. Me sacaban un litro de sangre, sacaban el plasma y me reponían la sangre devuelta”, recordó.
Más tarde “comencé realizando tareas de campo de maíz, colocando tramperas para capturar roedores, muchos de los cuales estaban infectados con el virus Junín, para que puedan ser estudiados en el Instituto. Íbamos todos los días durante un mes. En la mañana retirábamos las lauchas que encontrábamos y dejábamos listas las tramperas para el día siguiente. Lo hacíamos en tres campos: uno de INTA, otro de Baumer al lado del aeroclub de Pergamino, y otro de Lavitola”, cuenta Pantano a Bichos de Campo.
“’No me hace más campo’, me dijo un día Maiztegui”, sigue su relato. A partir de ahí a José le enseñaron a hacer autopsias de “los bichitos”, como los llama. Su nueva tarea consistía en separar el virus con microscopio, ponerlos en probeta, rotular, hacer análisis y hasta a atender enfermos. “Fueron cuatro años en los que me profesionalicé cada vez más”, agrega.
“Recomiendo lo mismo que pasó en ese entonces. Cuidarse, respetar al prójimo y hacer lo que se pide, hacer nuestras actividades con todos los cuidados como corresponde hasta que la ciencia avance”
Antes de terminar la entrevista contó José cómo fue la experiencia de cumplir años en cuarentena. Fue “un 6 de abril diferente”, dice. No hubo tirón de orejas ni encuentros para celebrarlo, pero “no faltaron llamados por teléfono”. Ese lunes sus hermanos y sobrino, por tener permiso para transitar, fueron los únicos privilegiados, ya que fueron a trabajar junto a José como todos los días.
“Nunca creí, después de haber pasado lo que fue la FHA, estar vivo para contar lo que genera una pandemia”, repite. Algún recuerdo de lo experimentado a sus 28 años lo hace ser precavido y por eso nos deja una sugerencia frente al Coronavirus: “Recomiendo lo mismo que pasó en ese entonces. Cuidarse, respetar al prójimo y hacer lo que se pide, hacer nuestras actividades con todos los cuidados como corresponde hasta que la ciencia avance”.
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]]>La entrada En medio de la cuarentena se celebra el Mes del Compostaje: ¿El campo puede aprovechar sus residuos? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Justamente este es el fin que persigue la campaña “Mes del compostaje”, que se está celebrando en plena pandemia (entre el 22 de marzo, Día del Agua, y el 22 de abril, Día de la Tierra). La iniciativa es impulsada por el grupo de Facebook “Compostar es una papa”, y que ya cuenta con el apoyo de Ministerio de Ambiente a través de la Resolución 92/2020. La campaña cuenta además con la adhesión de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología (RENAMA), del MAPO, la UTT, y la provincia de Río Negro.
“La lanzamos nosotros pero el origen es de una ONG santafecina que se llama Huella Ecológica. La idea es que el mes no sea nuestro sino que sea de todo el mundo, que se repita todos los años, como carnaval, como cualquier otra celebración”, explicó a Bichos de Campo Alejandro Vilas, administrador de la página que agrupa profesionales de diferentes ámbitos y gente común que ya transforma su basura en material valioso para la nutrición del suelo.

La campaña “consiste en reflexionar, informar, capacitar y difundir acerca del sistema de reciclaje como parte importante de la gestión de residuos”, agrega Vilas, que además es socio del emprendimiento Punto Compost. Así se podría disminuir la cantidad de basura orgánica de los hogares, que hoy representa un 50% y que de reciclarse pueden ser devueltos a la tierra en forma de humus para las plantas y cultivos.
El compostaje permitiría, también, bajar el porcentaje de cultivos que no son aprovechados. Según la FAO se desperdician un tercio de los alimentos, que se producen en el 28% de las tierras agrícolas. Es en este punto en el que el sector agropecuario juega un papel fundamental utilizando sus residuos y transformándolos en fertilizante.
Ver ¿Qué hacemos con las 1,5 millones de toneladas de guano de gallina que se generan cada año?
“Para el agro argentino no es novedoso el tema. Ya lleva varios años implementándolo en diferentes regiones y tipos de producciones. El año pasado se logró sacar la Resolución conjunta 1/2019 entre la Secretaría de Control y Monitoreo Ambiental y el Senasa y, además, está en proceso de formación la ASACOMP (Asociación Argentina de Compostaje), integrada por científicos de Conicet, INTA, Universidades y profesionales del tema”, detalló a este medio Corina Leconte, ingeniera agrónoma, doctora en Recursos Naturales y asesora en compostaje para empresas agropecuarias.
Además de ser económicamente viable y ayudar a mejorar la productividad de los suelos, el compstaje en el agro representa un menor riesgo para los cultivos, menor uso de fertilizantes inorgánicos y agroquímicos, y mayor resistencia a la erosión por el viento y el agua. Varios son los ejemplos en establecimientos productivos. Y según el INTA, entre 80 y 90 plantas industriales transforman residuos agropecuarios y urbanos en enmienda orgánica.
“El uso de compost sobre los cultivos resulta estratégico en sistemas agroecológicos y en producciones convencionales con manejo sustentable, porque recupera los residuos que genera el propio sistema, permite reciclar nutrientes y regula el stock de carbono en el suelo”, señaló en diálogo con Bichos de Campo Luciano Orden, técnico del INTA Hilario Ascasubi, en el sur de Buenos Aires.
En lo que respecta a economías regionales “hay experiencias en residuos del deslintado de la semilla de algodón en Chaco, yerba mate e industria forestal en Corrientes, orujo de vid en Mendoza, de manzana y de peras en Río Negro; en Salta y Tucumán con el bagazo de caña de azúcar y cítricos”, afirmó Leconte.
También en Buenos Aires se trabaja con residuos agroindustriales, restos de poda y barros de maltería; con contenido ruminal y rastrojos de cereales; y en Santa Fe con efluentes de cerdo. “En el Mercado de Liniers hay un ejemplo claro que se desarrolló junto con INTA Castelar para hacer compostaje con lo que es estiércol de vaca y cama de caballos”, ejemplificó.
Ver Un santafesino logró producir un ‘compost animal’ a partir de las heces de sus cerdos
Recientemente una firma metalmecánica nacional desarrolló un sistema de compostaje a través de unos equipos cilíndricos de acero, una especie de silos horizontales de 7 m³ a 15 m³ que acelera la transformación y lo que se logra al aire libre en 30 días, se obtiene en 7. Se lo llama Rotorbuey y “hay domésticos y de uso agroindustrial. Ya se está utilizando Laboulage y Montebuey –Córdoba- en criaderos de cerdos”, resaltó Orden quien desde INTA colaboró con la puesta en funcionamiento y análisis físico- químicos y microbiológicos.
-¿Qué es y cómo se hace el compost?- le preguntamos a Leconte.
-Todo el mundo lo llama ´Tierra negra´ aunque no se usa tierra, pero tiene ese aspecto cuando se logra el producto final, que es estable y maduro”- respondió.
Luego explicó de manera sencilla: “Es la transformación de residuos en abono orgánico”, es decir que los desechos pasan por un proceso biológico en el que “es indispensable el oxígeno, la humedad y una etapa de altas temperaturas (mayores a 55°C) para que se haga de una manera eficiente”, agregó la especialista en compost.
Consiste en la mezcla específica de residuos ricos en carbono -aserrines, papel, cartón, cascara de arroz, restos de poda, paja seca- con los ricos en nitrógeno – estiércoles, restos de frutas y verduras, de yerba y té-.
Sus principales ventajas son un menor costo en la gestión de Residuos Sólidos Urbanos (RSU); mayor disponibilidad y recuperación de nutrientes; menor cantidad de residuos depositados en rellenos sanitarios o en basurales; menos vectores de enfermedades y ausencia de patógenos en el sitio de disposición final; y disminución de gases de efecto invernadero (GEI).
Hay algo que quedó en claro entonces: “Cualquier residuo tiene el potencial de hacer una transformación con el compostaje logrando un impacto muy positivo ambientalmente. Una responsabilidad que tiene que estar en cualquier ámbito, doméstico, agroindustrial, y muchos más”, concluyó Vilas.
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]]>La entrada La bella historia de vida de Graciela Taylor: Entrerriana por elección y ejemplo de mujer rural se publicó primero en Bichos de Campo.
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Graciela tiene 69 años. Vivió en varios lugares del territorio argentino pero por destino y por elección hoy disfruta sus días en Concordia, Entre Ríos. Es bonaerense, sin embargo, ya que por el trabajo de su padre –militar- viajó por el país durante su infancia hasta terminar el secundario en Mercedes, Corrientes. Tras casarse con un administrador de campos, en 1998 decidieron comprar una quinta frutal en La Criolla, en el noreste entrerriano.
“El Viejo Roble”, así se llama el predio. En el trabaja junto a un empleado de confianza 20 hectáreas de citrus, 5 de arándanos, 1 de nuez pecán y una pequeña producción de boysenberries (zarzamoras). “La fruta la vendemos en el mercado interno, y dependiendo la demanda a la industria y algo a exportación”, explicó a Bichos de Campo la entrerriana por elección, madre de tres hijos y abuela de 7 nietos.
Taylor desde hace 22 años se hace cargo de organizar el trabajo en la quinta, que van desde desmalezar, fumigar, podar, cosechar y mantenimiento general, arreglando y reponiendo. “Mi responsabilidad es desde temprano programar con el encargado como distribuir el trabajo y que contemos con todo lo necesario para llevarlas a cabo: combustible, maquinas en condiciones, productos, contratación del personal necesario, comercialización, trámites bancarios y contables”, cuenta.
“Para mi es una forma de vida. Cuando uno hace una elección siempre hay cosas de las que uno se priva. Pero en la balanza todo lo que se recibe en contacto con la naturaleza da positivo”, resalta esta mujer rural que entiende que “lamentablemente muchas veces no acompaña la parte económica. Nuestro productor rural no está debidamente acompañado por el Estado”.
A pesar de ello, y de que los mercados no acompañan para tener la rentabilidad necesaria, Graciela trata permanentemente de incorporar tecnologías que optimicen la producción y los cultivos. “El Viejo Roble” es además la marca con la vende licores frutales –de mora por ejemplo- y mermeladas.
A lo meramente productivo, hace 4 años y por sugerencia de gente que la quiere y admira por su trabajo y dedicación, Graciela decidió incursionar en el Turismo Rural, en las que da exclusividad a las visitas de niños y niñas en época escolar de manera que se pueda adaptar el lenguaje: “Me encanta, me doy cuenta que tengo mucho para dar, tengo una base docente y veo que los chicos me entienden cuando les hablo. Trato de que vayan valorando el trabajo de la persona de campo”, relata.

Y como si fuera poco y su día tuviese más de 24 horas, esta mujer de campo tiene una importante participación en la vida social porque “no me es indiferente lo que sucede en mi entorno”, explica. Desde el voluntariado al servicio de quienes lo necesitan participa activamente de la Fundación de Cuidados Paliativos de Concordia.
Las ganas, el valor, capacitarse, respeto y dedicación son términos comunes en la vida de Graciela, quien cree profundamente que tenemos un país extraordinario donde el campo no solo cumple un rol fundamental a nivel económico sino geográficamente.
“Nos tiene que llenar de orgullo por sus bellezas naturales y potencial productivo”, señala esta mujer rural e invita “sigamos trabajando para que sea aprovechado y valorado al máximo. Hay que participar en instituciones que defiendan los intereses sectoriales y difundir lo que se hace”.
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]]>La entrada A las pruebas me remito: al menos hasta hoy en Entre Ríos la producción de sorgo orgánico sería inviable se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ver Un chacarero entrerriano ofrece su campo para que le demuestren que la producción orgánica es viable
Los resultados por ahora no son nada novedosos. Para las demostraciones de su campo -ubicado sobre la Ruta Provincial 35-, se cultivó sorgo de manera agroecológica, y otra parte del lote se sembró bajo las normas que establecen las Buenas Practicas Agropecuarias.
Weber no tuvo más remedio que buscar lograr las 4 R para seguir con su actividad: Rentabilidad, Resiliencia, Reformulación productiva y Reconversión ambiental. ¿Parece mucho no? Lo es, pero veamos qué pasó.

“En las hectáreas en las que se utilizó herramientas tecnológicas basadas en insumos como fertilizantes y herbicidas es razonablemente bueno, con una expectativa de rendimiento de aproximadamente de 4.000 y 5.000 Kg/has”, explicó Weber, mientras que “la zona Agroecológica no ha logrado producir granos para la cosecha, por lo que se ha perdido el total de la inversión”.
“Este fracaso no nos hace bajar los brazos, seguiremos intentando lograr una producción sustentable sin agroinsumos”, resaltó el entrerriano, y reconoce que es una experiencia adaptativa y de transición en búsqueda de un equilibrio entre producción, ambiente y sociedad que “puede estar en un sistema intermedio, con reducción del uso de insumos, pero recurriendo estratégicamente a los mismos en como último recurso”.
Pero las demostraciones no terminan con este resultado que por ahora pone al equipo de la Agricultura Moderna arriba en el marcador por un punto Vs. Agroecologistas con agricultura orgánica, las hectáreas de Weber estarán disponibles para quienes quieran seguir buscando resultados para demostrar que lo orgánico es viable.
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]]>La entrada Para todos los gustos: Córdoba tiene fernet pero también jugo a base de maní para los amantes de la vida sana se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Parece ser que en la provincia no se dejan de buscar alternativas para diversificar las producciones. El maní ya cuenta con múltiples usos, en el ámbito alimenticio y en el de matriz energética, por ejemplo, que generan empleo, ingresos e inversión.
La nueva joyita cordobesa se llama “Pitey” y fue desarrollada por el equipo de investigadores del Laboratorio de Tecnología de los Alimentos (LabTA) de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba, y contó con el apoyo de empresas privadas. Claro, es que para la fabricación y posterior comercialización la Universidad no puede hacerlo, los socios estarán en eso.
“Estamos muy contentos porque en estos procesos se conjugan la investigación científica y el desarrollo productivo y como consecuencia nos encontramos con un producto regional, innovador y que además generará trabajo genuino a los cordobeses”, resaltó el decano de la Facultad, Ing. Agr. Juan Marcelo Conrero.

¿Y qué características tiene esta bebida a base de maní?
Tiene varias cosas positivas: es reducida en grasas, “sin colesterol, totalmente natural y con alto nivel de proteínas, además de un suplemento de calcio que la hace muy completa, especialmente en dietas veganas de quienes son intolerantes a la lactosa”, explicó el doctor Rubén Grosso, miembro del equipo de investigadores que desarrolló Pitey.
El producto que sale al mercado en envase tetrabrik además tiene fuente de vitaminas A, D2 y E, contiene B1, B2, B3, B5, B6 y ácido fólico. Presenta una elevada proporción de Omega 9 y no tiene organismos genéticamente modificados ni transgénicos. Contiene fibras, es libre de gluten y no contiene lactosa.
Pitey es la primera bebida de estas características que se elaborará por completo en Córdoba y llevará impresos en su envase los logotipos de la UNC y de la Facultad de Ciencias Agropecuarias. Además, es un producto netamente regional ya que todas las partes intervinientes son cordobesas; desde el maní, su procesado, el desarrollo de la bebida y la producción y comercialización.
Pero no nos olvidemos de quienes también financiaron este desarrollo. Desde el sector privado, Nutrín fue la empresa que entregó la materia prima; La Lácteo, quien fabrica la bebida, y Ansa, encargada de la comercialización.
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]]>La entrada Más de 120 economías regionales enviaron cartas al ministro Basterra para saber cuáles tendrán retenciones de solo 5% se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>¿Y qué dicen estas cartas? Vernengo contó que “le estamos pidiendo al Ejecutivo que informe sobre cuáles serán las economías regionales que deberán pagar el Derecho de Exportación que exige la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva , y que a su vez diferencie el porcentaje para cada una de ellas”. En uno de sus artículos, esa ley aprobada en diciembre obligó al gobierno a que defina los productos de las economías regionales que serán alcanzados por una alícuota máxima del 5%.
Era de esperarse que a partir de los rumores que aseguraban que el Gobierno volvería a aumentar los Derechos de Exportación de los productos agropecuarios, se moviera el avispero de las economías regionales que aún no saben la calificación que el Poder Ejecutivo les dará en el marco del cumplimiento de la tan cuestionada Ley 27.541, que es la misma que habilita mover tres puntos para arriba las retenciones a la soja..
Sucede que en el artículo 52, dice que las economías regionales, aquellas que defina el Poder Ejecutivo, la alícuota no debe superar el 5%. “Lo que pedimos es que estos productos típicos de las economías regionales se encuadren en esta norma”, reclamó el funcionario de CAME.
“Desde Agricultura nos respondieron que están analizando las Posiciones Arancelarias de la Nomenclatura Común del Mercosur que son cerca de 7.700, porque cada economía regional puede tener distintas características”, agregó.
Vernengo no es nuevo en esto, ya que desde el 2008 está al frente de la rama de economías regionales en la Confederación, y sabe que no es la primera vez que tienen que alzar la voz para que los escuchen: “La posición de CAME sobre las retenciones es clara y fue escuchada. Somos respetuosos del acto democrático frente a una Ley, pero entendemos que son impuestos distorsivos”, sostuvo.
También comentó que “solicitamos una reunión al ministro Luis Basterra y nos confirmaron que será pronto”, aseguró Vernengo, quien de todos modos consideró que en materia de retenciones Agricultura no tiene poder de resolución. “Lo tiene el Ministerio de Economía”, observó.
El representante de las Economías Regionales también criticó lo hecho por el gobierno de Mauricio Macri, el que “a pocos días antes de terminar su mandato para sostener el dólar gastó 1.300 millones de dólares”. Según sus cuentas, esa cifra equivale a “dos años de retenciones -del 10%- que tributarían las economías regionales, porque el 2019 se exportó por 7.500 millones de dólares”, dejando ver que “lo que aportan las economías regionales en materia de retenciones es poco”.
Las actividades agropecuarias del interior representan el 63% de los 250.000 explotaciones agropecuarias de todo el país, según el último Censo Nacional Agropecuario. CAME evaluó que además dan trabajo a cerca de un millón de trabajadores en forma directa, cifra que puede ampliarse a 1,9 millones si se toman en cuenta los puestos indirectos.
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]]>La entrada Claudio Molina saltó en defensa de los biocombustibles: “No son perfectos, pero representan la mejor opción en la transición energética” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En su réplica, Molina asegura que el dilema de “alimentos vs. energía”, y la teoría sobre el eventual Impacto Indirecto por el Cambio de Uso de Suelo que producirían los biocombustibles, son dos teorías que “no tienen evidencia científica contundente para que representen una especie de postulados básicos”. El especialista contrapone que si bien “los biocombustibles no son perfectos, representan la mejor opción en la transición energética”. Y aclara que “no hay actividad económica alguna que no tenga externalidades negativas”.
En referencia al uso del prefijo “bio”, el director de AABH explica que “es importante aclarar que el término biocombustibles no es incompatible con el hecho que los mismos sean biológicos, ya que derivan de la transformación de biomasa”.
Si bien el análisis y el debate tiene múltiples puntos de vista (social, comercial, científico, ambiental, ideológico, entre otros), según el acuerdo firmado por las naciones (en Estados Unidos en 2016) derivado de la COP21 de París (2015), los biocombustibles son productos aptos para la descarbonización de la matriz energética. Tanto es así, que Argentina incluyó el programa de biocombustibles como instrumento para concretar la reducción de emisiones comprometida hasta 2030.
“Si la inserción de los biocombustibles en la matriz energética no fuera positiva, con las presiones que ejercen distintos actores de peso en el mundo contra las regulaciones que promueven dichos fluidos biológicos, seguramente en Europa -como mínimo- se hubieran eliminado sus incentivos. Por otra parte, la inserción de biocombustibles de segunda, tercera y cuarta generación es muy lenta, ya que los desarrollos tecnológicos no tienen la velocidad esperada y dichos productos siguen siendo muy caros todavía”, afirma Molina.
Desde la Asociación resaltan que no se plantea a los biocombustibles en términos de mejor precio, porque si se los compara con el petróleo, el gas y el carbón, estos siguen siendo más baratos porque utilizan una materia prima que generó la fontosíntesis hace millones de años. Sin embargo, en ese valor no se justiprecian los daños que generan al ambiente y a la salud. Incluso, remarca el especialista, el nivel de tributación específica a los combustibles minerales no llegan a compensar las externalidades negativas que generan los mismos.

El desarrollo de la producción e incorporación de biocombustibles a nivel mundial y en lo que respecta a la Argentina fue paulatino. En este sentido, Molina cuenta que “con la política argentina de biocombustibles se construyó en poco más de diez años una capacidad de producción conjunta de más de 6 millones de metros cúbicos anuales -entre biodiesel y bioetanol-, equivalente a alrededor de una tercera parte de la capacidad de refinación de petróleo en Argentina”.
“La facturación entre lo que se consume localmente y lo que se exporta, sumado a sus subproductos, a precios actuales es de más de 2.700 millones de dólares, sin computar la facturación de azúcar, cuya actividad depende como nunca de la producción de bioetanol”, remarca el experto en biocombustibles.
Es una actividad que “genera más de 60.000 empleos directos e indirectos que dependen de la cadena de valor de los biocombustibles”, afirma Molina y agrega: “Es impensable por ejemplo, sustituir a corto y mediano plazo los empleos que genera en el NOA la cadena de valor de la azúcar y del bioetanol”.
Pero, claro, cada sector tiene su visión, sus informes y teorías, sus críticas y sobre todo, intereses. Es en este punto donde surgen las preguntas de un lado hacia el otro. Veamos ahora quién recoge el guante y se atreve a responder las inquietudes de Claudio Molina:
Por último, Molina considera necesario avanzar en el desarrollo de trabajos estructurados de rigor científico puestos a disposición de la ciudadanía, de manera tal que el debate de agrocombustibles o biocombustibles pueda mostrar impacto real.
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]]>La entrada Los biocombustibles también comienzan a ser cuestionados, al punto que una investigadora del Conicet propone quitarles el prefijo “bio” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Bichos de Campo entrevistó directamente a quien propone este cambio en las denominaciones. Ella es Virginia Toledo Lopez, Licenciada en Relaciones Internacionales, diplomada en Estudios Sociales Agrarios y Doctora en Ciencias Sociales. Además de becaria posdoctoral del CONICET. Desde hace algunos años la académica estudia los cambios, impactos y fenómenos producidos por los biocombustibles desde el punto de vista de las ciencias sociales. Se especializa en lo que llama “la ecología política”.
-¿Qué es la ecología política?
-Es un campo interdisciplinario que se compone por aportes de la economía política, economía ecológica y geografía crítica. En este sentido entiende que lo ambiental es un tema profundamente complejo que está atravesado por cuestiones físicas y materiales, de contaminación, de reacciones, de resiliencia, de capacidad de carga; pero también por todo lo que tiene que ver con las construcciones sociales y culturales respecto a cómo nos relacionamos con nuestro medio.
Es a partir de allí que estudio los impactos del boom de los biocombustibles en Argentina, a los que prefiero decirles ‘agrocombustibles’, dado que los agrocombustibles son la porción mayoritaria de esos combustibles que están siendo promocionados por la legislación, proyectos y políticas públicas, además de los proyectos empresariales.
–¿Cómo surge este debate sobre la producción de agrocombustibles?
-Surge a partir del análisis de contextos. La Argentina, de una producción inexistente de agrocombustibles en el 2000, en el 2006 comienza a posicionarse como uno de los mayores países productores y exportadores. Esto se entiende, por un lado, por la tradición histórica de inserción de Argentina en el sistema internacional, por su especialización productiva como proveedora de materias primas, y con un agro tradicionalmente orientado a la exportación.
Desde 1996 en Argentina vemos que creció fuertemente la producción de soja, llegando actualmente a ocupar el 60% de nuestra superficie productiva, y esto se trata de un cultivo elaborado a partir de un modelo de agricultura industrial. Un modelo dependiente de agroquímicos y combustible fósiles, con una fuerte utilización de maquinaria, una disminución de labores humanas, y dependiente de la tecnología y transgénicos. Frente a la profundización de un modelo orientado a la obtención de mayores rentabilidades y productividad, con una lógica de obtención de ganancias y beneficios, Argentina ve la oportunidad de agregar mayor valor a la producción de soja a partir de estos combustibles que se han dinamizado en el mercado externo.
En tanto, a nivel internacional, en paralelo, vemos la creciente importancia que empezaban a tener los temas ambientales en la agenda política y pública, con una progresiva emergencia de movimientos agrarios y la propuesta de soberanía alimentaria que surge en 1996 en Roma. En este contexto se promocionan los combustibles obtenidos a partir de otras fuentes, la propuesta de los biocombustibles.
En términos estrictos, biocombustible sería todo combustible generado a partir de insumos biológicos, y lo que se debate es principalmente el creciente destino de cultivos agrícolas a la producción de combustibles sobre la competencia por los usos del suelo.
Las connotaciones positivas que tiene el prefijo ‘bio’ no se corresponden con la agricultura industrial que se ve en los territorios, asociadas a contaminación y enfermedades.
–¿Cuáles son las características del modelo agrícola que analizás?
-Es un modelo que lleva a una orientación creciente de los sistemas agrícolas nacionales al predominio de un sistema agroalimentario corporativo como parte de una tendencia internacional. Son las empresas trasnacionales las que dominan la producción, desde la elaboración primaria, la de los insumos y hasta su comercialización. La prioridad no pasa por la alimentación y nutrición de las personas sino por la obtención de ganancias, que se concentran en estas empresas trasnacionales, que son los principales actores del sector. Los agrocombustibles se producen a partir de cultivos que son generados con esta lógica de agricultura industrial.



–¿En qué ámbitos impacta ese sistema agroalimentario?
-Varias organizaciones ambientalistas cuestionan que este modelo tiene serios impactos sociales, territoriales, ambientales, en la salud. Entonces no se puede denominar como bio, que alude a vida. Por ejemplo, ¿cuáles son las consecuencias del difundido uso de transgénicos sobre la biodiversidad? Los efectos son inciertos y predominan los estudios para su aprobación que realizan las mismas empresas que lo comercializan.
Por un lado tenemos esos procesos biológicos, y por otro los que tienen que ver con la preocupación por otros problemas ambientales, por el uso de combustibles fósiles y la deforestación, y entonces en las negociaciones que tienen que ver con el cambio climático se cuestionan cuáles son las consecuencias de su expansión para el efecto invernadero.
–¿Y cuál sería el problema con los biocombustibles?
-El problema no serían los sectores que están detrás pero si la lógica. Cuando vemos que no es que se destinan crecientes superficies agrícolas para la producción de estos combustibles, sino que las producciones agrícolas están orientadas en función de los requerimientos y dinámicas de los mercados externos más que de la necesidad más primaria, que tienen que ver con la salud y la alimentación. Eso es lo que no trasforma la lógica extractiva que esta por detrás de estas producciones.
Por eso se habla de cultivos flexibles que son utilizados para distintos fines pero que son elaborados con esta lógica de obtención de beneficios en el marco del sistema agroalimentario corporativo, un modelo de agricultura orientado por las ganancias y no por las necesidades de las personas. No tiene como prioridad la salud ni la soberanía alimentaria, y se trata de una producción que demanda mucho uso de energía. Esa lógica es la que invade este mercado verde de los agrocombustibles.

–Pero en concreto, ¿cómo impacta esta tendencia en los territorios?
-Si analizamos que es lo que dejó la expansión del agronegocio en Argentina desde 1996, donde tenemos como icono a la soja transgénica, vemos el crecimiento en usos de agroquímicos, la ampliación de la superficie sembrada, la expansión de las fronteras agropecuarias sobre ecosistemas frágiles, como por ejemplo el ecosistema del chaco salteño y en Santiago del Estero.
Salta y Santiago del Estero son dos de las provincias en las están los mayores índices de deforestación, aún con la vigencia de la ley de bosques. Son ecosistemas que están profundamente amenazados por el avance de estos monocultivos de agricultura industrial en detrimento de otras formas de vida rural, como las campesinas, agroecológicas, de agricultura familiar y la de los pueblos originarios. Estos son los costos que no están tenidos en cuenta cuando se alienta la producción de estos agrocombustibles. Como así también, la reducción de los establecimientos agropecuarios por la fuerte tendencia a la concentración territorial además de concentración económica.
Hablo no solo de costos económicos, sino también sociales y ambientales a considerar desde la producción primaria, el uso del suelo, la producción industrial y hasta su comercialización. Muchas veces se trata de costos inconmensurables, porque es difícil medir el precio de la vida de una persona, o la conservación de un bosque frente al talado para la producción de estos cultivos flexibles.
–¿Superan esos costos a los beneficios que trajeron los biocombustibles?
-Se trata de un mercado verde que no es tan alternativo sino que significa mas bien de una renovación de actividades de largo arraigo y una profundización de tendencias que ya están presentes en la orientación del agro argentino.
Todos estos costos, transformaciones territoriales, en el fondo tienen que ver con una orientación del sistema en función de las ganancias y por un campo que perdió la conexión con el objetivo de nutrir y alimentar a las personas. Esto se da tanto a nivel nacional como internacional, en un contexto en el que el fantasma del hambre sigue presente. Las discusiones por los altos índices de desnutrición y crisis alimentaria sigue siendo un objetivo incumplido y pendiente. Por eso este debate tiene vigencia.
–¿Qué cosas de esta índole observaste en tus estudios en Santiago de Estero y en Córdoba?
-En el caso de los costos de los agrocombustibles, a todos los impactos que el agronegocio genera en los territorios en la producción primaria hay que agregarle lo que genera la industria. En Santiago del Estero estudié la producción de biodiesel a partir de soja; y en Córdoba, que desde 2012 se posiciona como principal provincia productora de etanol a partir de maíz. En ambos casos vemos impactos por desatenciones en los momentos de emplazamiento de las empresas.
Por ejemplo, el estudio de impacto ambiental en Santiago del Estero no consideró el tratamiento de los efluentes, y los efluentes fueron tirados en un canal a cielo abierto. Entonces hubo varios conflictos territoriales con los pobladores del lugar que tenían que soportar malos olores, y que sus animales se mueran, porque en un contexto de escasez hídrica los animales tomaban esa agua. Además, desatenciones relativas a seguridad industrial que generó muertes y un peligro constante de explosión.
En algunos casos como en Córdoba. las empresas están ubicadas en zonas urbanas sin los cuidados que amerita la manipulación de combustibles en un vecindario.
Si bien es cierto que se emplazan estas empresas y generan alguna movilidad laboral, el caso de Santiago del Estero, la inversión generó 200 puestos de trabajo, después de 10 años y habiendo generado un pasivo ambiental muy grande, la empresa declaró quiebra y cerró. Con lo cual vuelve a haber desempleo y los pasivos ambientales quedan. Entonces ello nos lleva a cuestionar los beneficios y cuál es el tipo de trabajo que generan estos emprendimientos.
–Los biocombustibles, entonces ¿profundizaron o alivian los problemas para el medio ambiente?
-Las soluciones a la contaminación ambiental creo que tienen que ser construidas socialmente. Para ver el problema de combustibles fósiles, más que solucionar el problema energético y la crisis ambiental, estos agrocombutibles vienen a permitirnos poder mantener un sistema de consumo y producción que ya está cuestionado. Por eso, son una respuesta que no soluciona los problemas ambientales de fondo.
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]]>La entrada Jorge Scoppa, de la Federación de Contratistas, anticipa un año a cara de perro para negociar el servicio de cosecha con los productores se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El año es complicado. El aumento de las retenciones que aprobó el presidente Alberto Fernández de la noche a la mañana, que hasta ahora las ubican en el caso de la soja en 30% y en 12% para el maíz, impactó de lleno en el precio que el productor paga por la recolección.

“Estamos ante una buena cosecha pero con incertidumbre en lo que respecta a los valores. Si bien hoy está sostenido lamentablemente no podemos pensar que se mantengan con los cambios constantes y la actualidad económica del país”, señaló Jorge Scoppa, presidente de la Federación de Contratistas de Máquinas Agrícolas (Facma), en diálogo con Bichos de Campo.

Como si fuera poco, la oferta de créditos en pesos para que los contratistas puedan hacer sus inversiones, tener nuevas tecnologías y así aumentar la competitividad y la capacidad de trabajo, casi no existe. “Los números del contratista no están bien por el tipo de cambio y las inversiones nuestras son en dólares. No vamos a poder invertir sino tenemos crédito. Por más que tengamos una buena cosecha va a servir de transición y amortizar las cuotas, pero no para nuevas inversiones”, comentó Scoppa, invitando a la banca privada a ampliar y pesificar sus carteras crediticias.
En la próxima edición de Expoagro, entonces, los bancos tendrán que mostrar toda su artillería para que la mega muestra del campo atraiga a este tipo de cliente, que es ni más ni menos quien hace sonar la campana de las empresas de maquinaria agrícola ante una venta.
“El contratista necesita que vuelva el crédito del Banco Nación por sobre todo, que subsidie la tasa. El Estado recauda entre 6 y 7 mil millones de dólares por retenciones al campo, y debería devolverlo a través del banco”, pidió el titular de la Federación.
“El contratista es el último eslabón de ajuste y Facma está en contra de estos impuestos distorsivos”, así se refirió Scoppa en relación a las retenciones. Pero a su vez, dio a conocer quienes en el sector agropecuario son más aguerridos en la disputa de si pagar un quintal más o no por el servicio prestado.
Para sorpresa de algunos y para confirmación de otros: “El problema son los grandes pooles de siembra o grandes establecimientos que son los que más te pelean el precio, sobre todo al final de la cosecha. Y los grandes contratistas trabajan muy por debajo de las tarifas”, reveló el presidente de Facma.

Actualmente el valor de la tarifa orientativa por el precio de la cosecha de soja 19/20, según AgroContratistas, va desde los 74 dólares a 89, dependiendo un rendimiento estimado entre 28 y 40 quintales la hectárea.
En Argentina, los contratistas rurales son responsables de más de 60% del componente de labores de la producción granaria, y sobre todo en los últimos años ha tenido un auge, y lo va a seguir teniendo, ya que para amortizar equipos de gran porte se necesita un gran número de hectáreas, por lo que no es la mejor opción económica para un productor pequeño o mediano tener su maquinaria propia también.
Según Facma, el promedio de antigüedad de las maquinas es de 10 años. “No tendríamos que superar los 7 años, pero si seguimos así va a haber un estancamiento que se va a notar en el futuro”, advirtió Scoppa.
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]]>La entrada Las moscas no siempre son molestas: La Argentina las manda “volando” a Marruecos para combatir las plagas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Aquí en la Argentina, es a técnica de lanzar machos estériles que copulan con las hembras de la especie sin fecundarlas ha permitido que tanto los valles frutícolas de la Patagonia como los del Oasis Sur y del Valle de Uco, en la propia provincia de Mendoza, sean reconocidas internacionalmente como “áreas libres” de esta plaga. Ahora, esa exitosa técnica de control biológico logró ser exportada.

¿Y cómo? El Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria (Iscamen) enviará al país africano 440 millones de machos esterilizados desde marzo próximo, que serán utilizados para enfrentar en Marruecos la Mosca que afecta a las producciones frutihortícolas.
Es que Mendoza tiene en funcionamiento una Bioplanta en el departamento de Santa Rosa, en la que se producen 400 millones de pupas o capullos de esas moscas por semana. Esos ejemplares se diseminan en las zonas de lucha y control de la Mosca de los Frutos, y han sido claves para controlar la plaga a nivel nacional. Ahora también se están generando mercados externos.
¿Cómo viajarán las moscas hasta Marruecos? Es la pregunta del millón.
Lo harán volando, claro, pero no por sus propios medios.
Desde Iscamen explicaron que se realizarán vuelos en avión desde Mendoza a Ezeiza y luego hacia Marruecos, con los machos estériles dentro de un doble empaque. Los insectos se envían en estado de pupas o capullos. Esto es así para que nazcan en destino y puedan cumplir su función.

El doble empaque consiste primero en unas conservadoras con refrigerantes para mantener la temperatura y evitar el nacimiento prematuro, ya que tienen casi 72 horas de viaje. Luego, se las coloca dentro de otra caja externa de cartón, y así emprenden camino.
Cuando nacen (estas moscas lo harán finalmente en Merruecos), se liberan mediante vuelos aéreos sobre las zonas de cultivos, o a poca distancia de donde se encuentra la plaga, sobre las plantaciones de cítricos y otras variedades de fruta.
En el caso de Marruecos se utilizarán sobre 45 mil hectáreas, y los envíos desde Mendoza se extenderán hasta el 15 de mayo de 2021. Se realizarán en total 44 envíos de 10 millones de moscas semanales cada uno.
Lo curioso es que los insectos que sirven para este programa de control sanitario son los machos estériles, que al copular con las hembras silvestres no pueden reproducirse y así comienza a disminuir la plaga. La longevidad de la mosca es de aproximadamente 4 días.
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