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La entrada “Tengo mi cierta rebeldía gaucha”, dice “El Canario” Macullia, que se las arregla para vivir como le gusta: Elaborando salames y chorizos, mientras toca la guitarra entre amigos de Campana se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>-Mi nombre completo es Antonio Aldo Macullia, de ascendencia irlandesa, pero me dicen “Canario”. Soy criador de cerdos, hacedor de chacinados y embutidos, cantor de oficio y amante de los caballos. Mi padre era bien criollo, correntino, que vino a Campana en busca de trabajo y se casó con una hija de gringos. Mi abuelo materno tenía sodería y vivían en un campo de 20 hectáreas, donde sembraban alfalfa para alimentar los percherones. Éstos tiraban de chatas con ruedas de goma maciza, con las que entregaban la soda. Además criaban chanchos, conejos, gallinas, algunas vacas y tenían caballos.

-¿Vos creciste en el medio rural?
-Sí. Yo me crié en esa casa criando esos animales y a eso me dediqué toda mi vida. Ahí aprendí todas las costumbres camperas y criollas, la pasión por los caballos y la tradición. Campana era apenas un pueblo rural. Mis hermanos, cuando iban al centro, que apenas quedaba a quince cuadras, decían “vamos al pueblo”. Hace casi 60 años, todo se repartía con caballos tirando de un carro, el pan, la soda, la leche. Y además, el “Centro Criollo Pampa y Cielo”, uno de los más antiguos de la provincia de Buenos Aires (fundado en 1961) cuya comisión aún integro con orgullo, quedaba a tres cuadras. En la cuadra de mi casa se corrían las carreras de sortija. Yo crecí compitiendo en ellas y también nos llevaban a desfilar.
-¿Cómo y por qué empezaste a tocar la guitarra?
-Por todo eso que conté es que me gusta tocar la guitarra y cantar. Y no soy el único, acá en Campana mucha gente baila y canta folklore al igual que la pasión por los caballos. Mi madre un día compró una guitarra criolla para que aprendiera mi hermana. Pero ella no la quiso y la agarré yo. Un amigo me enseñó algunos tonos y poco a poco me fui largando a cantar.

-¿Y cuándo empezaste a criar tus propios animales y a hacer chacinados y embutidos?
-Mi abuelo gringo, Antonio Busso, huyendo de la guerra había llegado a trabajar en los campos de La Pampa. En las carneadas, elaboraba chacinados y embutidos, que después siguió haciendo en Campana todos los años. Él era choricero nato y guardaba los salames en grasa. Dos de mis hermanos nacieron en Córdoba y yo nací acá en Campana, donde la familia se afincó para siempre. Hemos sido siempre productores de cerdos, aunque supimos tener algunas vacas.
-¿Es lo único que criaron?
-Cuando yo cursaba el colegio secundario, un señor de Pilar nos enseñó a criar conejos y cerdos. Entonces arranqué con mi propio criadero de conejos. Cuando se formó la cooperativa de Pilar, que integraba a 36 criadores de conejos, yo, en 1984 encontré un campo de tres hectáreas y media sobre la ruta 6, pasando Cardales. Me costó 2500 dólares y pude comprarlo porque agarré un buen trabajo. Mi padre me ayudó con 300 dólares para escriturar. Era barato porque en esa época no había nada. Construimos una casa y la granja entre mi señora, mi suegro y yo. Empecé a criar conejos, algunos chanchos y, en un campo cercano, de un ganadero, mis propias vacas. Poco a poco logré tener, además, mi pequeña tropilla.
-¿Y cómo empezaste con la elaboración de chacinados?
-Un día decidimos juntarnos entre seis productores de cerdos que éramos vecinos para llevar lechones a la feria de Capilla del Señor y traíamos capones. Pero en una época las cuentas dejaron de “cerrar” para vender los animales en pie, porque sólo ganaba el acopiador, que te pone el precio y te paga a 90 días. Yo no quise mal vender mis cerdos, porque tengo mi cierta rebeldía gaucha. Empecé a carnear mis propios lechones y a vender directamente al público o a algunas carnicerías. Pero con el tiempo, donde está ubicada mi chacra, se zonificó como “industrial” y ya no me habilitan. Entonces mudé mis chanchas al criadero de un amigo que tiene 120 madres, muy prolijo, que faenan en varios frigoríficos de la zona. En esto hay que ser responsable y hacer analizar siempre tus animales porque hasta el mejor cerdo puede llegar a tener triquinosis. Yo soy uno de sus tres vendedores, porque “hacen” capones y lechones. Le vendo a unas 12 carnicerías.
-¿Alimentás los cerdos de algún modo especial?
-Sí, sobre todo para los salames. Hoy tenemos el beneficio de una genética muy especial. Cuando el lechón se pasa de los 25 kilos ya es un “cachorro” y queda para capón. Los alimentamos con 70% de maíz, que le aporta hidratos de carbono. El maíz tiene un alcohol especial que es lo que hace que el tocino quede duro; un 25 % de expeller de soja, que tiene mucha proteína, no soja cruda, porque no le da consistencia a la grasa; y un 5 % de “núcleo” o complejo vitamínico. La soja posee casi las mismas proteínas de la carne. Se lo lleva a los 120 kilos y al carnearlo merma un 21%, quedando más de 90 kilos. Algo clave es que hay que matar el animal casi sin que se de cuenta, para que no se estrese y el PH le quede bajo y así la sal le entra mejor a los jamones y a las bondiolas.
-¿Continuás con las recetas de tu abuelo?
-Yo sabía hacer chacinados, pero fue la señora Rato, de San Antonio de Areco, la que me dio la receta del auténtico salame quintero, que elaboro de modo artesanal y sólo en invierno. Además hago chorizos parrilleros de puro cerdo, unos chorizos rellenos con trocitos de morrón y una longaniza parrillera con la misma masa del chorizo pero con semillitas de anís y de hinojo.

-¿Y cómo es la receta?
-Seguimos con la receta antigua, hirviendo el ajo en el vino, sal, pimienta, nuez moscada, orégano, comino y ají molido. Hacemos salame tradicional de puro cerdo con un 15% de tocino cortado a cuchillo y usamos los carré y los jamones del cerdo -que es la carne más magra- y les sacamos todos los nervios. Con las paletas, los fondos del cerdo –le llamamos a lo que está detrás del pechito del cerdo- y algún recorte del jamón que sobró de los salames, hacemos los chorizos y les agregamos 15% de tocino cortado a cuchillo. Además elaboramos un salame relleno con un 20% de trocitos de queso sardo. A las bondiolas y los jamones los dejamos 3 días con sal común y luego los frotamos con sal marina y los estacionamos. Antes, colocábamos 250 gramos de sal y ahora sólo 180 gramos, en un 18%. El salame lleva un 22% de sal para que seque. Usamos la tripa vacuna tradicional y a veces usamos la “chinesca”, que es la tripa de chancho. También hago morcillas con verdeo frito en una grasa especial del chancho que llamamos “pajarilla”. También, queso de cerdo y codeguines, cuya diferencia con el queso de cerdo consiste en hervir el hueso para que suelte una gelatina. Es de color blanco porque no lleva sangre cocida, como la morcilla, y yo lo hago con picante y me gusta comerlo con batata hervida, vieja costumbre de la casa de mi abuela. Del chancho se aprovecha casi todo. Los vendo a las mismas carnicerías que vendo los capones.

-¿Y qué balance hacés a esta altura de tu vida?
-Casi todos los miércoles me junto a comer y a guitarrear con los de la comisión de Pampa y Cielo. Además, con mis amigos de toda la vida los viernes eran sagrados, porque nos juntábamos en una carpintería a comer asado y a guitarrear. Pero se suspendió por la pandemia y los añoro mucho. Menos mal que los sábados en mi campo llega el “Chingolo” a hacer un guiso, o Darío y el “Caño” a comer asado, con sus facones. Acá sigo con mis chanchos, mis salames, mi guitarra, mis caballos, satisfecho de haber aprendido a hacer todo de manera digna y con mucha dedicación. Tengo tres hijos, Facundo, Camila y Julieta, que hace picadas caseras y las vende por las “redes” bajo la marca “Sabores del campo”. Graciela, mi esposa y mis hijos siempre me han acompañado en este proyecto familiar. Los sábados y domingos organizamos cabalgatas turísticas con nuestros caballos. Gracias a Dios he tenido suerte porque puedo trabajar de lo que me gusta, cultivar las costumbres criollas y disfrutar de mi familia y mis amigos.
Les quiero dedicar la milonga corralera “Reservado”, del Vasco Don Víctor Abel Giménez.
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]]>La entrada El cabañero Marcelo Treachi protagoniza una revolución ganadera que incluye muchos cambios: De las vacas a la ovejas, de la Holando a la Dorper, de Buenos Aires a Santiago se publicó primero en Bichos de Campo.
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Treachi estudió primero en la escuela agrotécnica de Vedia, que era de una cooperativa de tamberos que tenía una fábrica de quesos. Después cursó la carrera de veterinaria en la ciudad de Buenos Aires. Pero cuando estaba en cuarto año de la facultad, fue convocado por Santiago Di Tella para ser asesor genético de la Cabaña Los Nogales en su remplazo, por cuatro años, porque se iba a Estados Unidos.
“En 1985 comenzamos allí con la importación genética. Hicimos muchísimas transferencias embrionarias, porque era la época en que comenzaban a hacerse las transferencias móviles. Yo asignaba a qué vacas se les podían hacer las transferencias y los servicios de esas vacas. Me reportaba directamente a Guido Di Tella (el ex canciller, a la vez productor lechero) y acumulé una experiencia laboral y de vida muy importante. Me volví a Vedia, me casé y pasé a ocuparme del tambo familiar y otros emprendimientos agropecuarios”, rememora Marcelo.
En Vedia alquiló en 1990 otro campo para agrandar el tambo de su abuelo. Y en 1994, levantó una fábrica de quesos sobre la ruta 7, que debió cerrar cuatro años después cuando su principal comprador se presentó en convocatoria de acreedores. Se reinventó haciendo agricultura y engorde de novillos en Feed Lot. A fines de 2001, vendió todo mis novillos y compró un campo en La Pampa, que en 2003 también vendió en busca de nuevos desafíos.
-¿Y fue así como llegaste a Santiago del Estero?
-En 2004 decidí instalarme y desarrollar un feedlot en Santiago del Estero, una tierra de oportunidades con mucho potencial, donde estaba todo por hacer. Producía novillos de calidad para todo el norte. En ese mismo año logré vender la fábrica de quesos a Miguel Nucete, así que en 2005 mi familia se instaló en Santiago capital.
Mirá la entrevista con Marcelo Treachi:
Treachi se vio obligado una vez más a reinventar su negocio agropecuario cuando el gobierno de Néstor Kirchner cerró las exportaciones de carne vacuna en 2006 y los precios de la hacienda se desmoronaron. “Me agarró con 2000 novillos encerrados en en el feedlot y todavía lo estoy maldiciendo. Lo fui desarmando y compramos una buena superficie sobre la ruta 176, a 15 kilómetros al norte de La Aurora”.
Fue ahí que a su primer cambio le sumó una segunda gran decisión: pasar de ser un productor de bovinos a serlo de ovinos.
“Empecé a pensar en cambiar hacia una actividad que vinculara a mis dos hijas con lo agropecuario. Y pensé en las ovejas, porque son más fáciles de transportar a las exposiciones y a mis hijas les iba a encantar. De paso, yo podía continuar con mi pasión por la genética, pero ahora en ovinos”, relató Marcelo.
-¿Y cómo fueron aquellos comienzos con las ovejas?
-De entrada compré ovejas en general, sin pedigree, para evaluar cómo las podía manejar en este ambiente. Así nación en 2015 nuestra Cabaña La Aurora del Monte, a la que inscribí a nombre de mis dos hijas, María Clara (21) y Felicitas (18). Después compré Dorper de segunda y tercera generación. Hoy ya tengo, de cuarta.

-Todos están hablando de la raza Dorper…
-La Dorper es una raza rústica, sin lana, para la producción de carne, generada en zonas desérticas de Sudáfrica y que para estas zonas norteñas se comportan como una “4 x 4”. No necesita de esquila, tiene una gran resistencia a los parásitos. Consume mucha fibra y en el norte, que tenemos una época del año con mala calidad de fibras, la consume sin disminuir mucho su condición corporal.
-¿Es la única raza que trabajás?
-No. Luego agregué Hampshire Down puro, de pedigree. Ésta es una raza inglesa, carnicera por excelencia, la número uno del mundo en calidad de carnes, por su “marmoreo”. Sería la Angus de las ovejas. Es más apropiada para la pampa húmeda, pero se adapta perfectamente en el norte. En Argentina importamos genética de Dorper, pero en cambio, en genética de Hampshire, nuestro país es líder en Sudamérica, nos hemos convertido en proveedores de genética de élite, a Paraguay, Brasil y Uruguay. Ya están viniendo también de Perú, Bolivia y Colombia. Somos vendedores de genética Hampshire para Sudamérica. Hasta criadores de Sudáfrica nos siguen en esta raza. Se acaba de rematar una borrega Hampshire en 30.000 dólares. Y la cosa cambió, en la actualidad no conviene invertir en animales de doble propósito porque el mundo camina hacia la especialización. O te dedicás a producir carne o leche o lana.
-Decís que en el norte muchos tienen ovejas para autoconsumo, pero pocos son productores de ovejas. ¿Falta mucho para que todo se profesionalice un poco más e incorporen mejoras genéticas?
-Sí, falta muchísimo para que se transformen en productores. La ley ovina ayuda mucho a que el productor compre un animal de mejor calidad, y al comprar un reproductor caro, lo cuida. Porque a ese no lo va a cruzar con un animal regular. Este rubro requiere de un tratamiento personal pero con capacitación, lo cual escasea. Pero genera arraigo, porque la oveja mejora el suelo del campo, permite arrancar con baja inversión y tiene un rápido retorno. Además, sobra mercado porque se vende todo.
-¿Y existe en el norte del país un mercado para tu negocio de cabañero, que es vender reproductores?
-Hay exposiciones locales y nacionales a las que concurrimos y además estamos analizando los remates virtuales. Una cosa es proveer genética a los productores que recién se inician, y otra cosa es si proveés genética de élite, que es un negocio mayor. Algo importante también es que ahora los criadores de las razas Dorper y White Dorper tenemos nuestra propia asociación, de la cual soy cofundador.

-¿Y será Santiago del Estero tu lugar definitivo?
-Me acabo de comprar un campo en Colonia Dora para trasladar mi cabaña ovina. Además un amigo en esta misma zona me consultó para comprarme algunas ovejas con el fin de regenerar su suelo donde cultiva alfalfa. Le propuse asociarnos y ya tenemos 300 ovejas. De paso, estoy trabajando allí para hacer absorción de ovejas generales con Dorper. Santiago del Estero es una linda ciudad para vivir y en la provincia los calores extremos no son tantos, van del 15 de diciembre al 15 de enero. Acá queda mucho por hacer. Y criar ovejas te da muchas satisfacciones cotidianas y tanto a mí como a mis hijas nos llena de felicidad.
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]]>La entrada Entre los cerros de Salta, Fernando Escudero continúa cabalgando detrás de sueños de justicia y solidaridad se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Dice Fernando que le acaba de ocurrir un milagro de solidaridad conmovedor y que muestra que un mundo mejor es posible. Pero primero permítanme presentar a este personaje: Fernando se fue a estudiar ingeniería a Buenos Aires. Para solventar sus estudios trabajó de cartero de a pie, de barman de un boliche donde a veces también atendía el guardarropas y aprovechaba para estudiar. Cuando cumplió los 24, en plena hiperinflación en el gobierno de Alfonsín, le sobrevino una crisis existencial. Fue cuando decidió comenzar a organizar cabalgatas en su provincia natal para los tiempos de vacaciones, pues esto le permitía ganar algo de dinero sin dejar de estudiar en Buenos Aires.

Con su propuesta apuntó a la juventud universitaria que gustaba del folklore, pero que en general no sabía cabalgar. Comenzó a promover su emprendimiento organizando festivales folklóricos, en los que sorteaba una cabalgata. La misma consistía en cabalgar durante cinco días por los cerros salteños. Los jinetes participaban de fogones nocturnos, con guitarreadas, encuentros con la gente de cada lugar.
Fernando o “Nano” pretendía, entre otras cosas, que tomaran conciencia de muchas cosas. Trataba de armonizar los grupos y que, si por ejemplo hablaban de política, buscaran lo que los uniera. Además, les hablaba del agua y les decía: “Cuando estén de vuelta en sus casas y abran una canilla, tomen conciencia de que eso es casi un milagro”.

Pude ver a “Nano” trabajar en la organización de sus festivales y sus cabalgatas, y noté en él muchas virtudes sobresalientes: lúcido, honesto, profesional, responsable, justo, apasionado de lo que hacía y siempre con una sonrisa luminosa.
En pocos años, ya organizaba cabalgatas en las provincias de Tucumán, Córdoba, Mendoza, Neuquén, y hasta en El Calafate, Santa Cruz. También llegó a ofrecer cabalgatas que organizaban otros amigos en San Juan y en Corrientes.

Fernando tiene contabilizados más de 80 noviazgos y 25 casamientos que se gestaron en alguna de sus cabalgatas. Incluso él conoció a su esposa y madre de sus 3 hijos, Soledad Gaztambide, en una de ellas. Por haber trabajado siempre y mucho, Fernando tardó 12 años en recibirse de ingeniero.
Cuando “Nano” cumplió 38 años decidió no hacer más cabalgatas. El por entonces gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, había sido su compañero de colegio, era muy amigo y hasta testigo de su casamiento, y por eso lo convocó a trabajar en Turismo de su provincia. Decidió volver a vivir a Salta con sus dos hijos y con su esposa, embarazada del tercero. Ella siguió coordinando las cabalgatas durante tres años más, hasta que comenzaron a vender a jóvenes, caminatas con guías locales donde la gente tuviera experiencias reales de la ruralidad salteña. Porque en ellas podían aprender a hacer empanadas, artesanías, recibir charlas de un enólogo, de cómo se hace el vino, y mucho más.

En su paso por la gestión pública, Fernando se destacó por impulsar un plan público-privado a 10 años, por el que se consiguió una inversión de muchos millones de dólares. Con ese dinero se mejoraron la ruta a Cachi, el museo y el mercado artesanal, rearmaron caminos preincaicos, como el de la Quebrada del Toro, el que llega a San Antonio de los Cobres, el pueblo arqueológico de Santa Rosa de Tastil y el museo de Llullaillaco.
Luego Fernando fue enviado a promocionar su provincia en el extranjero y consiguió que se realizaran en Salta dos de los eventos itinerantes de turismo más importantes del mundo. Luego, fue convocado para integrar el Consejo Asesor de la Asociación Mundial de Turismo Aventura, y lo hizo durante 8 años. Salta llegó a ser seleccionada como uno de los 10 mejores lugares del mundo. Fue en ese momento que Fernando, al reconocer que había superado sus objetivos, renunció y regresó a trabajar al mundo privado.
Junto a su esposa, Fernando creó la agencia de turismo “Auténtica Salta”, desde donde hoy realiza consultoría a varios municipios. También se dedican a vender viajes de 14 días a turismo mayoritariamente extranjero, de entre 60 y 85 años de edad, por toda Salta, la Quebrada de Humahuaca y las Salinas Grandes. Realizan caminatas de 2 a 5 horas con paseos culturales.

Pero Fernando tiene un carácter solidario y de compromiso social que consiste en ayudar a los que menos tienen. Lo desarrolló paralelamente desde que comenzó con sus cabalgatas, hace unos 25 años, aunque hace 5 años decidió formalizarlo, creando la Fundación Unir, de la cual es su presidente. Su lema es “Unir Recursos con Necesidades”, hacer de nexo. Luchan por erradicar dos tristes frases de nuestro país: el “No se puede” y “Hay que irse de Argentina”. Dicen que para esto sólo nos queda comprometernos, involucrarnos, ocupar espacios.
Su trabajo es sin goce de sueldo y nunca obtuvieron subsidios estatales. Sí reciben donaciones de amigos y muchos donan su tiempo, lo más preciado. Capacitan a gente muy pobre, les consiguen máquinas y los ayudan a producir, los acompañan para que alcancen una vida digna. Seleccionaron a los cinco mejores y les construyeron el 80% de sus viviendas o talleres de herrería, carpintería, tapicería, costurería, etcétera, para que ellos las terminaran con su esfuerzo.
“Es que es gente laburante como nosotros, pero ellos nunca tuvieron las oportunidades que tuvimos nosotros”, dice Fernando, al que esa gente lo llama “Don Nano”.
En Luracatao, al oeste de Seclantás, no había gomería y se la montaron a un muchacho, pero él debe pagar lo recibido, de algún modo, para retroalimentar un fondo rotativo. También montaron una panadería y comenzó a organizar viajes al pueblito de Amblayo y a un paraje llamado Isonza, en la zona de San Carlos, en los valles calchaquíes.

Fue en ese pueblito que sucedió un pequeño milagro: el 17 de junio de 2021 “Nano” recibió una llamada telefónica de Texas, EEUU, diciéndole con tonada cordobesa que esa persona y varios amigos querían ayudar a que -a través de UNIR- una niña de Isonza, Delfina, de 4 años de edad, pudiera llegar a ir a la Universidad.
Habían visto su foto en las redes de UNIR porque en ellas habían comunicado sobre la entrega a su madre de una máquina de hilar. El cordobés y ahora texano, le dijo: “Para llegar a la Universidad, Delfina debe tener una linda casa, una muy buena educación, que se alimente bien y que tenga una muy buena atención médica”.
Pues se pusieron a trabajar juntos y un día antes de Navidad entregaron a la familia de Isonza una casa nueva de 120 metros cuadrados. Pero van por más: armaron un “Plan Integral” para Isonza, siguiendo el objetivo principal de la Fundación que es fomentar la cultura del trabajo, la educación en valores y desarrollo humano, económico y social. Ahora comenzarán un proyecto turístico con toda la comunidad, en los que esperan recibir ayuda de todos nosotros.
Dijo mi amigo “Nano” junto su esposa Soledad (ambos con lágrimas en sus ojos): “Muchas veces nos preguntamos si los Milagros existen. Les puedo asegurar que en este caso estamos viviendo uno”.
Los invito a conocerlos en su página web y a escuchar la canción de Silvio Rodríguez, “Sólo el amor”:
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]]>La entrada La Peña del Colorado: Un brindis por los que trabajan en este país, donde los políticos hacen siempre lo contrario se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Así fue como anduvimos por Tucumán, por Córdoba, por la provincia de Buenos Aires, y hace muy poco por Santiago del Estero.
En todos los casos nos maravillamos de encontrar a personas que a diario emprenden, arriesgan y siguen apostando al trabajo y a la producción a pesar de las adversidades que todos conocemos. En todos los casos hallamos un común enemigo: los gobernantes de turno, que despliegan políticas con permanente esquizofrenia. Es decir, con una suerte de doble personalidad: una que propone programas de desarrollo, pero en paralelo otra que no se ocupa de que haya seguridad jurídica, estabilidad económica, reglas de juego claras, previsibilidad, infraestructura, educación y capacitación, buenos caminos, trenes, seguridad policial, acceso al crédito y tanto más.
Esto me remonta al personaje “El Contra”, de Juan Carlos Calabró. Vieron que todos nos cruzamos con personas que van a hacer siempre lo contrario de lo que les pedimos, y que como no dejan de hacernos la contra, nos obligan a pedirles que hagan lo contrario a lo que nosotros deseamos que hagan, para que, finalmente, al hacernos la contra, hagan lo que nosotros queríamos que hicieran.
Así hemos llegado a escuchar que si les damos a las y los gobernantes mil ideas de cómo salir de la crisis, pues ellas y ellos se ocuparán de hacer todo al revés, porque de eso se trata: de impedirnos crecer, como cuando alguien nos pone un palo en la rueda, por envidia, celos o vaya a saber qué oscura motivación.

Alguien, con mucha malicia, demonizó al “campo” con una generalización odiosa e injusta. Nos resultó maliciosa, porque en el campo están los peones, los propietarios chicos, medianos y grandes, los ricos que lo son por su talento o buena suerte y algunos mafiosos que tienen mucho poder porque hacen trampa. De estos últimos, los hay en todos los sectores privados e incluso en el Estado.
El campo genera divisas, pero no logra agregar valor a través de la industrialización de la materia prima, que generaría mucho más. Seguimos siendo el granero del mundo. Todos queremos ganar más y nadie se negaría a agregar valor para aumentar sus ventas. Y de nuevo llegamos a la conclusión de que los gobernantes nos llevan a una inflación desmedida, a endeudarnos, a saber que es más seguro invertir en la especulación financiera que en el trabajo y la producción.
Tenemos pocas opciones. O comenzamos a proponer a los gobernantes que queremos más inflación, más inseguridad, más desigualdad, más pobreza, para ver si, por hacernos la contra, se equivocan y empiezan a hacer lo que verdaderamente necesitamos y queremos. O si no, deberíamos empezar a pensar en buscar otros caminos alternativos a la partidocracia, que más bien se ha convertido en “dedocracia”. No puede ser que todos los que pasan por nuestra casa de gobierno se equivoquen siempre en nuestro perjuicio y nunca hagan lo que cualquier ciudadano sensato haría.
Los invito a escuchar una obra poética y musical de excelencia, escrita por el poeta uruguayo, Horacio Ferrer, quien se aquerenció en nuestro país, la Argentina, y le cantó a esta cultura común, la rioplatense. La música es de Astor Piazzolla y la obra se titula Milonga del Trovador. La dedico a toda esa gente que sigue apostando desde muy temprano, al trabajo y a la producción, sabiendo que es nuestra única salida a la mayor crisis de nuestra historia.
Pero también se la dedico a los jóvenes que se están yendo de nuestro pago, en busca de un futuro mejor para sus vidas. A todos les deseo Feliz Año Nuevo y les dedico la bella versión del grupo vocal Cantoral junto a Rubén Juárez en voz y bandoneón. Y además, les dejo la letra para que la aprendan a cantarla en el mundo entero:
Milonga del Trovador
Letra: Horacio Ferrer / Música: Astor Piazzolla
A León Benarós
Soy de una tierra hermosa
de América del Sur,
en mezcla gaucha de indio con español.
De piel y voz morochas
vi en mi guitarra
que al mundo van las coplas, y me fui yo.
Con un rumor de nido
volaban tras de mí,
aquellos pañuelitos en la estación.
Pero soy peregrino
y a mi nostalgia
le canto así en la oreja del corazón:
Vamos a la distancia, sí,
que soy el trovador,
si la distancia llama,
yo jamás veré ponerse el sol.
Vamos a la distancia, ya,
y si no llego, amor,
vos le darás mi alma
de argentino y de cantor.
Mi casa es donde canto
porque aprendí a escuchar
la voz de Dios que afina en cualquier lugar,
ecos que hay en las plazas
y en las cocinas,
al borde de una cuna y atrás del mar.
Si en esta andanza un día
me espera la vejez,
ya mi niñez le hará la segunda voz;
y al fin con dos gargantas,
a mi agonía,
le cantaré en la oreja del corazón:
Vamos a la distancia, sí,
que soy el trovador,
si la distancia llama
yo jamás veré ponerse el sol.
Vamos a la distancia, ya,
y si no llego, amor,
vos le darás mi alma
de argentino y de cantor.
La entrada La Peña del Colorado: Un brindis por los que trabajan en este país, donde los políticos hacen siempre lo contrario se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada En el patio de su casa, la agrónoma santiagueña Celia González y su familia comenzaron a elaborar un biofertilizante a partir de la lombriz californiana se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Allí mismo, los tres integrantes de la familia se han dedicado a producir en estos dos últimos años un biofertilizante. Se trata de un abono orgánico a partir de residuos de origen vegetal usando la lombriz roja californiana, una especie que hoy difunde por las redes sociales. Poco a poco fueron creando un microemprendimiento familiar que hoy les da una gran satisfacción al saber que están aportando su “granito de arena” al cuidado del medioambiente.

“Comenzamos cuando se anunció la pandemia del Covid, momento en que nos dijeron que nos quedáramos en casa y mucha gente empezó -como nosotros- a interesarse por tener su propio huerto con hortalizas sanas y frescas, y de paso, achicando sus gastos”, relata Ignacio, que está estudiando administración de empresas y se ocupa de la parte productiva junto a su padre, y de la comercialización en el emprendimiento familiar.
Fue así cuando crearon la marca: Biofertilizante-Lombricompost. Lo venden fraccionado en bolsas de 5 y 10 litros. Su escala de producción aún es pequeña, apenas unos 300 litros por mes.

“En nuestra provincia nadie lo hacía sino que el abono se traía de otros lados”, explica la ingeniera, y continúa: “Los productos que ofrecemos están dirigidos hacia un nicho de mercado de personas que procuran acercarse, lo más posible, a una alimentación sana y un ambiente saludable. Es gente de la ciudad de Santiago y de La Banda, que busca hacer y mantener su propia huerta y además construir jardines bonitos con plantas ornamentales, arbolado y frutales”.
“Todo empezó como un entretenimiento familiar, con amigos, que se fue convirtiendo en una oportunidad de trabajo en equipo y en contacto con la naturaleza. Hoy nuestra casa es un `punto verde` donde la gente puede aprender sobre la lombriz, sobre las plantas y sobre el cuidado de los recursos fundamentales, que son el suelo y el agua, tan preciada en nuestra provincia”, dice Celia.
Pero en realidad, aclara la ingeniera, que en su casa llevan más de 20 años usando la lombriz californiana y que sus amigos y vecinos les acercan sus residuos orgánicos -como restos de cocina o césped-, con lo que se va generando una conciencia comunitaria. Ya su abuelo Fermín fue un ejemplo en su campo ubicado en Api Pozo, Departamento San Martín, cultivando melón, sandía, higos, duraznos y verduras para consumo familiar, ya que “engordaba el suelo”-así decía él, según Celia- con el guano de las ovejas, vacas y caballos.

“Nuestra mayor preocupación está en ofrecer abonos de calidad y seguros, para que no pongan en riesgo la salud de nuestros clientes. Para eso nos valemos de conocimientos científico-técnicos con el objeto de seleccionar los materiales orgánicos (vegetales, como la algarroba, etc.) que alimentarán a las lombrices, con las técnicas más apropiadas, a fin de que el producto esté libre de metales pesados, de contaminantes orgánicos, de patógenos y hasta de semillas de malezas”, explica.
Para estar completamente seguros, aclara que “pasteurizamos ese material seleccionado, llevándolo a temperaturas que eliminan los patógenos y semillas de malas hierbas, para garantizar inocuidad”.
“Por último, realizamos la cosecha del `lombricompost`, cuando el alimento de la cuna está totalmente transformado al haber pasado por el tracto digestivo de la lombriz, cuyo nombre científico es `eisenia foetida`”.
De todo ese proceso “resulta un producto de aspecto similar a los granos de café de color oscuro y sin olor”, detalla la ingeniera, quien se ocupa del asesoramiento técnico en la producción del fertilizante y de todo lo que refiere a la producción de plantas, como maíz, hortalizas y aromáticas en terreno y macetas, huerto en cajones de madera, huerto demostrativo y de frutales como mandarinos, naranjos, pomelos, limoneros, ciruelos, parrales y melones.

Los tres integrantes de la familia se sienten satisfechos porque la gente que conoce el producto vuelve a comprarlo. A futuro les gustaría celebrar un acuerdo con la municipalidad para replicar este “punto verde” en otras zonas de la ciudad, a fin de que más vecinos, bares y cervecerías puedan acercar sus residuos orgánicos para el reciclado con la lombriz roja.
También pretenden que su lugar sea reconocido como espacio educativo para hacer talleres y capacitaciones o dar charlas a familias o alumnos de escuelas. “De ese modo, lograremos que más gente se comprometa con una mejor calidad de vida”, dice Ángel, quien además trabaja de gerente de una empresa privada. Él además invita a toda la gente a que los visite con su mate y pueda pasar una jornada amena, de aprendizaje y de intercambio de conocimientos. “De este modo podremos estimular a que más gente produzca huertos, coma más sano, fomente los arbolados, los jardines y los espacios verdes”, culmina.
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]]>La entrada La Peña del Colorado: Los imperdibles curas musiqueros que influenciaron a Ariel Ramírez y su Misa Criolla se publicó primero en Bichos de Campo.
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Les recuerdo que la “Misa Criolla” liderada por el músico y pianista Ariel Ramírez fue lanzada en 1965 con el grupo Los Fronterizos, Jaime Torres, Chango Farías Gómez, Raúl Barboza, Luis Amaya, el coro de la Basílica del Socorro y una orquesta con instrumentos regionales. Simultáneamente Ariel compuso “Navidad nuestra” con letras del poeta Félix Luna -el autor de Alfonsina y el mar- y la incluyó en el lado B del disco de la Misa Criolla.
Pero pocos recuerdan que don Ariel recibió una enorme influencia de tres sacerdotes católicos: Alejandro Alberto Mayol, Antonio Osvaldo Catena y Jesús Gabriel Segade.
Mayol fue un cura futbolero, hincha de River, amigo del padre Carlos Mugica y junto a éste y al padre Catena integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Catena pasó los últimos diez años de su vida sacerdotal en Benito Juárez, provincia de Buenos Aires, donde creó el Grupo Pueblo de Dios y grabó toda la liturgia del año católico con ritmos folklóricos. Hasta le puso una bella letra religiosa a una melodía de un yaraví anónimo.
Mayol fue poeta, músico y quien irrumpió en la televisión cantando con sotana, su canción “La Creación” que decía: “Al crear la vaca, Dios hizo la leche, hizo el dulce `e leche, todo lo hizo bien”.
El Padre Alejandro ejerció el sacerdocio desde 1960 a 1969 y luego se casó y tuvo cuatro hijos. Compuso música e interpretó piezas teatrales, incluyendo canciones infantiles y sus Óperas cancheras. Compuso la obra folklórica “La Pasión según San Juan”, grabada por el Grupo La Fuente y representada en 1982 y 1985 en el estadio de Vélez Sársfield para 40.000 personas, en eventos organizados, en primer lugar por el Movimiento del Buen Viaje, y luego por su desgajado Ser.Cu.Po. (Servicio a la Cultura Popular). Mayol también creó “Sinfonía inconclusa en la mar”, en colaboración con el cantautor Piero, y sus obras trascendieron las fronteras de nuestro país, como la misma Misa Criolla que literalmente dio la vuelta al mundo.
En 1974, Mayol compuso la obra musical “Cantata Navideña Emmanuel”, que fue grabada por el conjunto folklórico Los Abrileños. Los invitamos a googlearla y disfrutarla en estos días. En 1985 compuso una ópera popular basada en la historia sobre la identidad nacional, titulada “La Patriada”, con el poema “Yo soy el bombo”, en el que el mismo bombo es quien nos relata la historia de nuestro país.
En 1990, Mayol compuso la obra “El hálito”. En 1992, grabó la comedia musical “El cachuzo rantifuso”, con letra de él y música de Piero, interpretada por Juan Carlos Baglietto, Piero y Marilina Ross. También fue autor de “Fe tropical”, un CD de cumbia interpretado por músicos tropicales, y de una cantata navideña que se representó en la Navidad del Milenio (diciembre de 1999) en el Obelisco de Buenos Aires, con Pedro Aznar, Teresa Parodi, Julia Zenko, Opus 4, Abel Pintos, Guillermina Béccar Varela y Chango Farías Gómez.

Fue autor del guión de los audiovisuales El changuito de Belén y Los cuadrados y los redondos, como de numerosos cuentos para niños y no tanto, al estilo de María Elena Walsh. Escribió: Cuentos para la vida que te mira (1989), El panzazo, Historia de una semillita, Las dos casitas, El dueño de la vida y El hijo que volvió (1977). También Zamba del grano de trigo, Pajarito de rastrojo, los tangos El alumni y la clave, y Mirón; el bolero Llaga, Zamba del Señor de Renca, Cha-cha-cha condicional, Bailecito del tío, y Las invasiones, chacarera.
Otros temas inéditos de Mayol: Las zambas El tractorista; Nostalgias de infancia; Zamba de la compañera; El camionero (tango); Don Romero; Ya llegó el tiempo `e la poda; Triunfo de la espera; La bruja Garrapata; Canticuento a barlovento; Cielito del aguacero; Huella de la palomita; Obertura por chamarrita; ¡Chamuyeta presente!; Conga mistonga; La salsa de Papirusa; Milonga canchera; Salamanqueando recuerdos (chacarera); Diálogo entre el poder y el sueño; Leyendo lunas (loncomeo); Don Quijote y Dulcinea de Indias (romance-guarania); El mestizaje (galopa); Bajo el horizonte de agua (cifra); Chayita de la reconquista; El entrevero (cifra); La Vuelta de Obligado (candombe); Los negros del corralón; Zambita para mi tierra; Chamamé de la buena leche; Chayita de los huerteros; Rap de los piojos; Murguita de los jardines; Huellita pa’ don Silvio Dessy, y mucho más para googlear.
Es evidente que la obra folklórica de los reconocidos sacerdotes Mamerto Menapace y Julián Zini abrevó en estos tres pilares que los antecedieron. Todos ellos bregaron por fortalecer la identidad de nuestro país, recatando los ritmos y géneros musicales de todo su territorio, elevando nuestra cultura con su talento y erudición.

El cura Segade repetía la frase del famoso San Agustín, de la ciudad de Hipona, África: “El que canta, reza dos veces”. A Catena lo apodaron “Osvaldo Armando Bochinche” porque le encantaba tocar música para hacer bailar a la gente, al igual que Mayol.
Les deseamos Felices Fiestas y no dejen de bailar. Les dedicamos la “Ranchera de los pastores”, de la obra “Emmanuel, cantata navideña”, del padre Mayol, interpretada por el tucumano Claudio Sosa y la mendocina Mónica Abraham:
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]]>La entrada La veterinaria Lorena Caruso hace ecografías de vacunos y ovinos: “Hemos pasado a ser una parte importante en la tarea de mejoramiento animal”, se alegra se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>A los 2 o 3 años empezó a investigar también sobre la raza bovina San Ignacio -que fue creada por la misma Universidad Católica, y que es una cruza de animales sudafricanos con Angus y Hereford-, porque se buscaba conocer su potencial desde el punto de vista carnicero. Esta raza fue desarrollada para tener resistencia a climas desfavorables, de mucho calor. Ella llegó a la conclusión que esta ventaja no le jugaba en contra de su calidad de carne.

“En esta rama de la genética no se engancha mucha gente porque los resultados se ven a largo plazo, conlleva muchos cálculos matemáticos, lo que no es común en nuestra profesión”, recuerda Lorena, quien se fue apasionando cada vez más. Tanto le gustó el mejoramiento genético que en 2009 le alquiló un ecógrafo a la Facultad y se puso a hacer trabajos para afuera. Recién en 2014 logró comprarse su primer ecógrafo.
Al año siguiente Lorena fue mamá y tuvo que trabajar poco y cerca de su casa. Su pareja no prosperó, pero en 2019 conoció al uruguayo Gustavo Ocampo, con quien convive hasta hoy y desde el comienzo la apoyó en su carrera profesional. Él venía de otro rubro que hasta hoy conserva, un taller de corte láser, pero comenzó a viajar con ella y a ayudarla en su trabajo.
Un día, cuando volvían juntos de brindar servicios en Venado Tuerto, él le empezó a sugerir crear una empresa. Al llegar a Córdoba ya se habían decidido. Así nació EcoMeat, empresa de servicios ecográficos, mejoramiento genético y calidad de carne. Gustavo comenzó a ocuparse de la logística, administración, publicidad y ventas. Fue un desafío apostar a algo que desconocía.
Lorena formó equipo con la ingeniera agrónoma Gabriela Molina, especialista en genética y doctorada en Italia, que había sido su profesora en la Facultad, en la cátedra de Mejoramiento Genético. Cuando Gabriela se fue a Italia, dejó a Lorena a cargo como adjunta hasta que en 2019 pasó a ser la titular y hasta hoy continúa a cargo. Hoy Lorena además es jefa de Trabajos Prácticos de Zootecnia.

“Empezamos a hacer determinaciones DEPs (Desvío Esperado en la Progenie), en ovinos de raza carnicera, cuando en esa época nadie las realizaba en ovinos. Éstos sirven para diferenciar a los animales con respecto a la media poblacional. De esa forma podemos seleccionar a los reproductores superiores, no sólo por su fenotipo sino también por los genes favorables que éstos van a dejar en su progenie. Es algo novedoso en cuanto a aplicarlo en ovinos de razas carniceras, ya que en lanares se venía trabajando desde hacía un tiempo”, nos explicó.
Y agregó que “gracias a esos DEPs, la cabaña El Harem hace pocos días vendió reproductores a precio récord alcanzando los 6 millones de pesos por una hembra que se exportará a Paraguay. Y varios productores de la raza Hampshire Down están empezando a trabajar con los mismos, para mejorar las características de sus majadas”.
Por primera vez en el país se subastarán reproductores ovinos con su respectiva información genética
“El mejoramiento genético está aplicado al mejoramiento productivo. Es una prueba o respaldo científico con datos fehacientes para demostrar cuáles animales son superiores”, explica Lorena.
“Por un lado me fui enamorando de esta tarea de hacer ecografías, porque a mí me gusta viajar y disfrutar del camino, compartiendo los mates con Gustavo. Él fue enamorándose del campo y ganándose el aprecio de los paisanos. Hoy disfrutamos de relacionarnos con peones, capataces y patrones de los campos. A mí me encanta hacer amistad con los clientes e involucrarme con sus proyectos, aunque entre ellos sean competencia, porque quiero que a todos les vaya bien. Y me gusta trabajar con las ovejas porque sus dueños las conocen individualmente y hasta les ponen nombres o apodos”, relata.
Reflexiona la ecógrafa: “Seguramente todo esto me viene de mi padre, que fue viajante de comercio, pero como a él siempre le tiró el campo, un día decidió comprar uno con su hermano y dedicar algo de su tiempo a la producción agrícola-ganadera”.
Cuenta Lorena que al principio hacía ecografía de bovinos, pero decidió dedicarse casi con exclusividad a los ovinos, porque a causa del duro trabajo con los bovinos tuvo que operarse de sus dos muñecas y de un codo. “Yo se que por esta cuestión mi trabajo tiene fecha de caducidad, además de que viajar también desgasta mucho”, sentencia.
Explica Lorena para que sirve su trabajo: “Las y los ecografistas logramos información de la calidad de la carne del animal sin necesidad de faenarlo, porque cuando se lo faena, el mismo no deja progenie y entonces no deja sus genes. Haciendo una medición carnicera la ecografía nos da una estimación de cuánto va a rendir un animal una vez faenado”.

Considera que “de este modo hemos pasado a ser una parte importante en la tarea de mejoramiento animal. Hoy algunos están haciendo muchas pruebas para lograr animales terminados en el menor tiempo posible y sin un depósito de grasa excesivo en el depósito de grasa dorsal, y midiendo la grasa intramuscular o `marmoreo`, que le confiere calidad a la carne. Es que se ha comprobado la relación entre el área del ojo de bife, el depósito de grasa dorsal y el rinde carnicero. De modo que se trata de elegir reproductores en las cabañas que dejen `hijos` que serán `los padres` en los rodeos comerciales”.
“Yo tenía el preconcepto de que en este rubro los clientes iban a contratar a varones, antes que a mujeres. Es que la mayoría de los ecografistas están en Buenos Aires, unos 13, más 2 en Córdoba y 2 en Corrientes. En Córdoba soy la única mujer y creo que hay sólo 2 más en Buenos Aires. Pero resulta que no fue tan así y las pocas mujeres que éramos al comienzo nos hemos ido abriendo camino”, dice orgullosa Lorena y sostiene esperanzada que: “Este trabajo crece y tiene futuro, porque los productores cada vez invierten más en tecnología, como es el caso de las ecografías”.

Como Gustavo es uruguayo, cada tanto cruzan hacia el país vecino. Resulta que un día, Lorena le dijo que cuando llegaran a jubilarse, le gustaría irse a vivir a allá, cerca del mar y hacerse más tiempo para su hija y también para escribir, ya que la literatura es otra pasión que hoy no puede desarrollar. Entonces decidieron comenzar a montar una sucursal de su empresa EcoMeat en el Uruguay. Para eso, en su último viaje compraron un ecógrafo homologado y certificado, y lo dejaron en lo de una tía de Gustavo.
Dice Lorena: “Hoy hemos logrado vivir de esta actividad que a mí me apasiona y que, si no necesitara trabajar, la seguiría practicando como hobby. Gustavo apunta a profesionalizar cada vez más la empresa, renovando equipos y brindando un servicio de calidad garantizando al productor que los trabajos saldrán bien”.
Lorena y Gustavo se despidieron dedicándonos “Tracción a sangre”, del disco “Fuerza Natural”, de y por Gustavo Cerati.
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]]>La entrada Inspirado en una vieja Infortambo, el agrónomo Germán Garganta decidió elaborar exquisitos quesos de oveja cerca de La Plata: Hasta les hizo una soja para pastoreo se publicó primero en Bichos de Campo.
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En su página web admiten que es un territorio extraño para llevar a cabo un emprendimiento como este: “Presenta una clara vocación agrícola-ganadera, con ligeras ondulaciones y un régimen de lluvias adecuado. Los terrenos declinan hacia el Este, buscando las aguas del Río de la Plata. De antigua tradición lechera, los distintos pueblos de esta cuenca supieron estar unidos por el viejo ferrocarril La Plata-Pipinas. Hoy en día la lechería y la industria láctea continúan su desarrollo y a ella se le han sumado la horticultura y la avicultura”.
-Hay muy pocos tambos de ovejas así en el país. ¿Por qué se decidieron ponerlo en esta zona?
-El queso de oveja se produce desde épocas ancestrales y recordemos que el queso roquefort original se hace en Francia, con leche de oveja. Pero en la Argentina esta actividad experimentó cierto empuje durante la década del ’90. Después decayó y apenas se mantuvieron algunos esfuerzos aislados. El INTA ha sido referente en esta zona y hoy la actividad está volviendo a tener auge. Nosotros tenemos 450 a 500 ovejas en ordeñe y hemos logrado montar nuestra propia fábrica de quesos.
Mirá la entrevista con Germán Garganta:
-¿Cuándo y cómo empezaron con este emprendimiento?
-Mi amigo Nicolás De Gracia había comprado con mi asesoramiento este campo de 61 hectáreas hace 9 años. Él estaba trabajando fuera de Argentina y yo en Corrientes. Dos años después me llamó y me dijo: “Yo me imagino haciendo algo que tenga que ver con la tierra, pero vos elegí qué hacer en ella”. Resulta que cuando yo tenía 18 años había leído en una revista sobre un italiano, Macedo, que en El Bolsón había emprendido un tambo de ovejas y me quedó un idilio con las ovejas para siempre. Le propuse poner uno y me respondió: ‘No sé lo que es, pero si encontrás ovejas, comprémoslas’.
-¿Entonces no hicieron un estudio de prefactibilidad y todo eso?
-No hubo un motivo económico, porque ambos vivimos de otra cosa, sino vocacional, pero mía. Esto sería algo sencillo para mí, que asesoro campos y trabajo con commodities, pero al comienzo nos costó por no saber. Pero hoy no nos arrepentimos.
-¿Cómo es el planteo?
-Hacemos ordeñe durante 10 meses del año y descansamos dos meses. El ciclo productivo de la oveja consiste en que le damos servicio, luego tiene 5 meses de preñez, después tenés el cordero al pie de la madre durante 1 mes, donde se hace media leche y a partir de ahí se desteta y continuamos 6 o 7 u 8 meses más en promedio, según la oveja, produciendo leche. Escalonamos los servicios para poder llegar a los 10 meses en producción.
-¿El tambo funciona igual que uno bovino?
-Ordeñamos una vez por día, siempre a la misma hora, como si fuese un tambo de vacas. Estamos en un promedio de 720 cm3 por día, que es muy fluctuante, según la lactancia, la edad, muy parecido a la vaca.
-¿Y de qué depende de que las ovejas sean más productivas?
-Depende de la sanidad, de la alimentación y la clave del éxito es un componente genético, que en Argentina aún hay que descubrirlo, porque no hay un ‘book’. No es como con las vacas que vos tenés un toro corrector para cada problema. Por una cuestión sanitaria sólo podemos tener genética de Nueva Zelanda (hay barreras sanitarias de otros orígenes). Pero ellos hoy no están mejor que nosotros, sino que aún están practicando aventuras genéticas. Aunque tal vez dentro de 4 años sí, porque ellos están trabajando seriamente en ese tema.

-¿Entonces no tuvieron muchas opciones en el arranque?
-Cuando nos iniciamos en 2013 la actividad ovina estaba en extinción y tuvimos que comprar lo que había. Pero hoy gracias a la ley de promoción ovina, la misma ha crecido y al ser un animal prolífico, porque no es raro que la oveja tenga mellizos, hay más oferta. Hoy si tuviera que empezar de nuevo, haría otra selección, pero aún no tenés seguridad.
-Uno se imagina a las ovejas en otros paisajes, no en éste.
-Para dimensionarlo: querés poner un tambo de vacas en esta zona y una vaca te produce 30 litros de leche por día, y en ese mismo espacio donde tenés una vaca podés tener 7 a 8 ovejas que -con todos los planetas alineados- te producen cada una 1 litro por día. Si bien la leche de oveja tiene más sólidos que la leche de vaca, sus rendimientos no llegan a compensar la diferencia en el volúmen.
-¿Y cuánta leche ovina se necesita par a hacer un queso?
-Nosotros estamos teniendo un rendimiento de 6 a 7 litros de leche de oveja por kilo de queso, y en el caso del queso de vaca necesitaríamos 10 a 11 litros de leche.
-¿Cómo es la alimentación?
-Hacemos pastoreo natural y estamos haciendo pruebas de rotación para ver si funciona. Nuestro problema es el verano y estamos probando con soja, porque el año pasado fue muy seco y lo único verde que había era la soja. Entonces yo pensé: “Ahí está la proteína que necesito”. La diferencia con la vaca es que la oveja requiere de un cuidado diario.

-¿Qué carga de ovejas tenés en estas 61 hectáreas?
-Nuestra unidad económica está basada en 60.000 litros anuales de leche y nuestro tambo tiene una capacidad para no más de 500 ovejas en ordeñe. Fijate que producimos en un año lo que cualquier PyMe de leche vacuna produce en un día. Nuestra tina de elaboración es de 500 litros y cada día por medio la llenamos y elaboramos los quesos. No dejamos que pase más de tres días en tanque de frío, porque hasta tres días mantiene su calidad intacta. Se puede congelar, pero descongelada, no te sale el mismo queso de alta calidad.
-¿Tuvieron que aprender de cero para hacer quesos de ovejas?
-Fuimos con mi esposa a hacer un curso a Italia y un cuñado es técnico lácteo y nos dio la receta y los consejos básicos. La leche de oveja es bastante pesada y hacemos dos tipos de queso: pecorino, que en Italia es un queso de rallar. Lo vendemos con varias maduraciones. Y un caciotta, que parece de pasta hilada, pero no lo es, porque se termina de hacer con agua caliente y acá no es muy conocido. Lo vendemos en restoranes, hoteles y locales especializados, para un público que lo sabe valorar. Hoy no nos queda stock, apenas los ponemos a la venta, se agotan. Por eso nuestro desafío está en producir más leche.

-¿Y cumpliste tu sueño tan anhelado desde que leíste aquella revista Infortambo?
-Mirá, en esta actividad no te podés enganchar si no lo hacés con pasión. A mí me da bastantes satisfacciones porque cuando uno vende algo auténtico, que verdaderamente hace con amor, lo reconforta. Y notamos que a la gente, aunque no entienda de quesos, cuando prueba los nuestros, le gustan.
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]]>La entrada La Peña del Colorado: Facundo Picone comparte el folklore surero tanto en París como en una casita de barro y caña que construyó en su querida Chascomús se publicó primero en Bichos de Campo.
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Sus antecedentes familiares han ido forjando en este artista la pasión por el folklore, la tradición, el gauchaje y el criollismo. Su padre, Guillermo (73), es también cantautor, compositor, guitarrista y fue muy amigo de Omar Moreno Palacios. En estos menesteres Facundo es un privilegiado, porque cuenta que don Omar, siendo también de Chascomús, se mudó de joven a la ciudad de Temperley, pero cuando regresaba a su pago natal, no dejaba de pasar por la casa de su amigo Picone.
Antes de eso, su bisabuelo llegó a la ciudad de Gándara, cercana a Chascomús, y puso un almacén de ramos generales, donde sabemos que nacieron las pulperías y las primeras peñas folklóricas. Eran lugares de encuentro en los cuales se comenzó a intercambiar la palabra, el canto y hasta la danza. Sus abuelos continuaron con el almacén y luego se mudaron a Chascomús, pero la música y el canto ya afloraron en el corazón y en las manos de su padre.
Cuenta Facundo que cuando apenas tenía ocho años ya tocaba la guitarra y luego su padre, Guillermo, lo mandó a tomar clases con el maestro Jorge Canosa, quien además le enseñó a leer música. Al año siguiente hizo su primera actuación artística en su escuela, para el día de la madre. Y desde entonces siguió presentándose en distintos escenarios y programas radiales. Formó un conjunto pero más tarde se lanzó como solista. Hoy sigue viviendo en Chascomús, está casado y tiene dos hijos.
En 2007 se ganó la admiración de Omar Moreno Palacios, quien decidió apadrinarlo. Fue ese año que editó su primer disco titulado “Cuadro Surero”, presentándolo en la Casa de la Provincia de Buenos Aires y luego en Chascomús. Ese mismo año el presidente de la Academia Nacional de Folklore, Antonio Rodríguez Villar, realizó una “Antología de la canción criolla” en la cual incluyó la milonga de Facundo, “El viento y la flor”.
En el año 2008 fue ternado para los premios “Santos Vega” en el rubro solista surero. Recibió también de las autoridades municipales de Chascomús un testimonio de honor por su aporte a la preservación y transmisión de nuestras tradiciones. Ha llevado su música a todo el país y al resto del mundo. En el año 2009 editó su segundo disco, “Huella de barra”, en el cual escribió unas palabras Marcelo Simón. Ese mismo año fue ternado para los Premios Atahualpa en el rubro solista vocal masculino de la “nueva hornada”.

En marzo de 2010 participó en la grabación del Martín Fierro, como el hijo segundo, trabajo que sería distribuido a todas partes del mundo con motivo del Bicentenario de la Nación. Fue seleccionado para representar a la Argentina en el Bicentenario, junto a grandes artistas, el día de la música, un 21 de Junio, en París, Francia. En el mismo año regresó a Francia a representar nuestra música folklórica en el festival “D´ile de France”.
Homenajeó a Alberto Merlo en el auditorio de Radio Nacional junto a los más importantes referentes de la música surera. Fue jurado en el certamen por canción inédita “Abel Fleury” y en el año 2017 recibió el premio “Cóndor de Fuego” en reconocimiento a su labor y su trayectoria.
Facundo es autor y compositor de “La pulpería” y de “Como en antes”; de la milonga “Arriando bichos”, es compositor y la letra es de su padre, Guillermo Picone, como también, de Cuadro surero.
En el terreno de su casa, Facundo se ha hecho con sus propias manos un ranchito de caña y barro con el fin de tener un espacio acorde para juntarse con sus amigos. Este artista cabal y de gran prestancia nos ha querido dedicar la milonga “Cuadro surero”, a través de la cual pinta su pago como si su guitarra y su voz fueran pinceles que colorean el aire de la pampa.
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]]>La entrada Turismo rural: Miriam Gattari se cansó del estrés de Buenos Aires y encontró en un campo con dos viejos vagones una nueva forma de vida se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Buscando opciones, fuera de su horario de trabajo se había puesto a estudiar turismo, algo que había deseado desde chica. Así llegó a los cursos de turismo rural que en la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) había creado el recordado Ernesto Barrera. Así Miriam comenzó a reconocer que su corazón le tironeaba hacia la vida campera, de la cual no tenía ni idea.

Un día se enteró de que un colega farmacéutico se había jubilado y se estaba dedicando a la producción agropecuaria. Le preguntó si sabía de alguien que vendiera algún campo y éste le dio unas tarjetas para que llamara. Así fue como halló un campito de 21 hectáreas, en la zona rural de Bartolomé Bavio, partido de Magdalena. El mismo está ubicado a 1 kilómetro de la ruta 36, en el paraje El porteño, a sólo 90 kilómetros de Buenos Aires. Lo compró en 2002, porque le gustó la zona. Pero fundamentalmente le atrajo que tuviera dos viejos vagones de tren.
Recuerda que un día lunes del año 2006 llegó a su trabajo y dijo: “renuncio”. Luego se fue a vivir a su campo y se decidió a dedicarlo al turismo rural. Llamó a su emprendimiento Los dos vagones, porque remodeló los mismos y los aprovechó para hospedar adultos, sin chicos, especialmente parejas.
Mirá la entrevista a Miriam Gattari:
-¿Y no hiciste alguna actividad productiva en este campo?
-Hacemos de todo. Hice cursos en la Escuela Agraria de Bavio para criar cerdos, pero luego cambié por ovejas y hoy tengo unas 140. Además ahora tengo una huerta orgánica, pollos, gallinas, vendo huevos, y una gente amiga nos colocó colmenas y les vendo la miel. También hice cursos para elaborar dulces, mermeladas y licores. En mi vida no había cocinado ni una salchicha y ahora hago hasta la repostería para los huéspedes.
Cada vagón consta de dos dormitorios, con un baño y un comedor. Afuera, una mesa, reposeras y una parrilla. Hay una amplia piscina y un intenso bosque. En un galpón muy grande desplegó el “Salón Los Dos Vagones”. Es una sala de estar decorada con antigüedades y viejas herramientas de campo, con sillones, juegos, libros. Allí se desayuna todo casero y hasta se puede comprar miel o licores o mermeladas para llevar a casa. Todo eso en la mitad del galpón, porque en la otra mitad creó una especie de loft para alojar a otros grupos de visitantes. La casona tiene un antiguo alero bajo el cual sentarse a contemplar el campo, las ovejas y algunas vacas.
Miriam luego aprovechó un “minivagón” (en reallidad es una casilla rural) para hacer una cuarta cabaña para huéspedes. Y ahora está pensando en ofrecer alojamiento a parejas que quieran pasar una noche en una casa rodante. Cuenta que ha realizado eventos como casamientos y sobre todo lo ofrece para escapadas románticas, hasta con noches de luna llena. La mayoría de sus huéspedes son urbanos que buscan un cable a tierra con la naturaleza.
“Me vine a vivir sola y me costó mucho adaptarme a este contacto tan directo con la naturaleza porque no conocía ni el lenguaje de campo. Imaginate que si acá te quedás sin papel higiénico, tenés que hacer 22 kilómetros para conseguirlo. Tuve que resolver el problema de los cortes de luz comprando un generador, instalar internet porque había muy poca señal. Tardé dos años en remodelar las instalaciones y me costó aceptar que a sólo 50 kilómetros de La Plata no tuviéramos buenos caminos”, describe.

“Hoy hago gestiones para resolver problemas, no sólo míos, sino de las pocas familias que viven en el paraje y que trabajan en los distintos emprendimientos. Yo tengo a Miguel que me ayuda con los animales y las tareas de mantenimiento, y otras mujeres que me ayudan. Ya casi no voy a la ciudad, porque este lugar es hermoso y me cautivó. Ya me adapté, si bien conservo mucho de porteña aún, y me encanta recibir gente para que disfrute de la naturaleza y todo esto que a mí me hace feliz”.
La entrada Turismo rural: Miriam Gattari se cansó del estrés de Buenos Aires y encontró en un campo con dos viejos vagones una nueva forma de vida se publicó primero en Bichos de Campo.
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