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La entrada ¡Se pasa el arroz en Entre Ríos! No llega gasoil para los equipos de riego y el cultivo se cocina en medio de la sequía y los elevados calores se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Pero tampoco, porque sin que mediara explicación las empresas petroleras han dejado de enviar gasoil a la región arrocera de la provincia y ya son varios los productores que han debido detener los equipos que bombean agua desde los pozos porque directamente el combustible se les ha terminado y no consiguen renovar sus stocks.
En este contexto, la próxima cosecha de arroz corre serio peligro. En Entre Ríos se han sembrado este año unas 75 mil hectáreas y el 80% de esa superficie se riega gracias al gasoil. En Corrientes, en cambio, se utiliza el agua de represas y no corren estos sofocones por falta de combustible.

Jorge Paoloni, productor e industrial arrocero de la ciudad de San Salvador, en el noreste de Entre Ríos, alertó a Bichos de Campo sobre la situación: “Estamos bastante preocupados y asustados pues está muy complicada la provisión de gasoil, por parte de YPF, de Axion o del que sea. No están entregando combustible y ya estamos con varios pozos de riego parados en plena floración del arroz. Eso va a implicar mermas en los rendimientos y menos calidad”, alertó.
Lo curioso es que el arroz es el único cultivo entrerriano que, al tener necesariamente que ser regado, tenía cierta previsibilidad frente a escenarios de sequía como el actual. “Pero ahora al agua no la podemos sacar porque no están abasteciendo las petroleras de combustible. No sabemos qué es lo que pasa. En el Ministerio de la Producción de la Provincia y en la Nación nos dicen que no hay problema, pero a las distribuidoras no le mandan el combustible”, insistió el dirigente arrocero.
La situación es más grave de lo que parece porque “para colmo no ha llovido nada. Este es el momento clave para el riego. El cultivo está inundado, le aplicamos la urea y empieza la floración, y no le puede faltar nada de agua, tiene que tener una lámina permanente. El clima también nos juega en contra, pues hace 27 días que no llueve bien en los departamentos San Salvador, Villaguay, Colón y Concordia, así que no podemos cortar el riego. En un día sin riego se seca la chacra, con los soles que hace, y después no recuperás más el cultivo”, indicó el especialista.
Según Paoloni, nadie en la zona sabe por qué está faltando el gasoil, pero lo cierto es que el vital combustible no está llegando o lo hace a cuentagotas. La situación excede por lejos el desabastecimiento que se suele producir los días previos a una suba de los precios del combustible,
“Tenemos los pozos, tenemos los ríos y si tuviéramos el combustible podríamos estar regando. El 80% del arroz de la provincia se riega con gasoil y solo 20% del área utiliza la energía eléctrica. Eso está marchando. La empresa Provincial de Energía, a pesar de los altos consumos, ha priorizado los pazos. Pero el grueso de los equipos están parados o próximos a hacerlo”, aseguró el dirigente de la Federación de Industriales Arroceros de Entre Ríos.
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]]>La entrada Parece increíble pero resulta cierto: Denuncian que en la cadena de la naranja, el único que no tiene ganancias es quien produce la fruta se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El análisis efectuado, que se realizó durante los últimos tres meses de 2021, tomó en cuenta el recorrido de la naranja desde su producción en la localidad enterriana de Chajarí –provincia que concentra el mayor porcentaje productores-, hasta su comercialización en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
De los 69,8 pesos en los que se vendió el kilo de cítrico dulce en CABA –precio promedio de noviembre 2021-, el 21,1% corresponde a ganancias ($14,7); el 36.8% a costos ($25,7) y el 42,1% restante a impuestos y otras tasas ($29,4).

Ahora bien, respecto a las ganancias netas, sólo tres de los cuatro eslabones que conforman la cadena lograron alguna. El galpón de empaque obtuvo 1 peso, el mayorista 5,7 pesos y el minorista 8,1 pesos. El productor fue el único que no registró ganancias, a diferencia del 2020 en donde obtuvo el 3,9% de ganancia neta respecto al precio de venta final.
Así, el estudio evidenció que los eslabones que generan valor agregado (producción y empaque) sólo explican el 13% del precio final del cítrico dulce.
“Un productor que no tiene ganancias, pese a haber invertido y arriesgado a cielo abierto, no está en condiciones de aumentar su productividad ni reconvertir. Al no ser sustentable en el tiempo, a mediano o largo plazo, es un productor que tiende a desaparecer”, afirmó Eduardo Rodríguez, director del sector de Economías Regionales de CAME.

Por otro lado, la presión tributaria del Estado, en todos sus niveles, creció en casi cuatro puntos respecto al 2020, pasando de 38,3% a 42,1%.
Según indicó CAME, por año el sector citrícola destina al menos 500.000 toneladas anuales de fruta al mercado interno. En el caso particular de las naranjas, el país cuenta aproximadamente con 46.000 hectáreas productivas, distribuidas entre las provincias de Entre Ríos (con más de 1.780 productores), Corrientes (con más de 980 productores) y Misiones (con más de 220).
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]]>La entrada Ariel Goitea inició un apiario durante la pandemia y ya tiene su propia marca de miel de monte: “La idea es ir creciendo y llegar a formar una cooperativa”, afirma se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Hace 20 años trabajaba con apicultura y después dejé por cuestiones de trabajo. Ahora retomamos de vuelta, iniciamos con la pandemia”, contó Goitea a Bichos de Campo.

El proyecto inició con sólo cinco enjambres, algunos de los cuales fueron cazados por el apicultor en el monte. El proceso consiste en localizar a la reina dentro de un enjambre natural, y trasladarla a unos cajones especiales que llevan en su interior cuadros con cera estampada. Una vez que el núcleo –la reina con algunas obreras- es movido, el resto de las obreras muda la colmena hacia esos cajones.
“Trabajamos con abejas criollas y ahora estamos mezclándolas con abejas italianas que traemos de otros apicultores, por el tema de la mansedumbre. Nos facilita más el trabajo y al mezclarlas se aumenta la productividad”, explicó el santiagueño.
Para introducir la genética italiana Goitea adquirió abejas reinas vírgenes, que fueron fecundadas por zánganos –la abeja macho- criollos. Eso le permitió aumentar la rusticidad y adaptabilidad de los enjambres.
Mirá la nota completa acá:
Hoy la población de abejas ha crecido tanto que el productor debe realizar controles periódicos para evitar que las colmenas se “enjambren”, es decir, que se formen nuevas familias en el interior de cada grupo. ¿Cuál es el riesgo de esto? Que parte del grupo se separe y se reintroduzca en el monte, en busca de mayor espacio. Eso implicaría una pérdida productiva importante. Es por esta razón que Goitea va aumentando las cajas periódicamente.
-¿Con qué objetivo estás armando este emprendimiento?– preguntamos al apicultor.
-Es un sustento mas para mi familia. De a poquito vamos aumentando las colmenas y a futuro creo que va a ser un sustento más grande. Ya tengo dos cosechas desde la pandemia de un promedio de entre 25 y 30 kilos de miel por colmena. Fue un lindo número.

-¿La miel es de buena calidad?
-Sí, es pura de monte. Comenzamos con la de algarrobo, que es lo que abunda aquí, y después le siguen las otras: brea, tusca, mistol y garabato. Es una miel bien concentrada y clara. Con el correr de los días se va empezando a hacer más oscura.
Por el momento la marca Mielburd solo circula por aquella zona norte de Santiago del Estero, aunque esperan pronto otorgarle un mayor alcance. “La idea es ir creciendo y llegar a formar una cooperativa, y extraer todo aquí en el pueblo. También involucrar un poco más de jóvenes”, afirmó Goitea.
-¿Te gusta lo que estás haciendo?
-Sí, me gusta. Tengo amor por las abejas y eso me ayuda a cuidarlas todos los días.
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]]>La entrada Radiografía de un cosechero: ¿Cómo trabajan quienes se dedican todo el año, todos los años, a recolectar la fruta? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ahora bien, ¿cómo es la vida de un cosechero y su trabajo? ¿Se trata de una actividad que eligen o que realizan por necesidad? Bichos de Campo entrevistó al tucumano Pedro Luis Villafañe, “Luchín” para los amigos, que ha dedicado gran parte de su vida a las tareas zafreras, tanto en su provincia como en el sur del país.

Villafañe, un hombre aguerrido de 53 años y oriundo de la localidad de Santa Lucía, divide su año entre la cosecha de peras y manzanas en Río Negro, y la de limones y arándanos en Tucumán.
A partir de los primeros días de enero se inscribe para viajar a una chacra en el Alto Valle, y trabajar hasta fines de febrero o principios de marzo, dependiendo de los resultados de la campaña. A su regreso se inscribe para comenzar a cosechar limones en fincas cercanas a su casa, actividad que se extiende hasta finales de octubre. A partir de allí y hasta el comienzo del nuevo año, se dedica a la recolección de arándanos para asegurarse un ingreso durante los meses de noviembre y diciembre.

“Con respecto a los viajes a Río Negro, el gobierno arregla con algunas empresas y pone micros. A partir del 3 o del 4 ya nos podemos anotar. Son más o menos ocho o diez viajes que ponen para todas las personas que viajan al sur. Es gratis”, indicó Villafañe a Bichos de Campo.
Su primer trabajo en la zona del Valle fue en una chacra a las afueras de Villa Regina, a la que podía asistir con su familia. El trabajo en ese entonces demoraba unos 40 días y el pago se efectuaba recién al finalizar la cosecha, en negro. Según el tucumano, Río Negro ya no permite el viaje de los cosecheros tucumanos junto a sus familias (mujer e hijos), por lo que los hombres deben ir solos.
Tiempo después consiguió un trabajo en General Roca, en donde logró estar registrado y recibir aportes, aunque sólo duro un año. Desde hace siete campañas atiende, junto a otros compañeros, una finca en Cipolletti en la que también trabajan sus hijos.
-¿Cómo son las condiciones de su estadía allí?- le preguntamos al cosechero.
-En Río Negro cada uno tiene su pieza. En ese sentido estamos bien de comodidad. Si las condiciones no son las esenciales lo digo, estoy muy en contra de ese tipo de cosas. Nos dan una habitación grande y un baño al lado. Las comidas nos las pagamos nosotros, ellos no nos dan nada. Incluso nos pagamos el gas. El único servicio que no pagamos es la luz. Las piezas están dentro de la chacra, en un galpón. Y pegado a él está el encargado. El dueño tiene una casa en la misma allí mismo también.
-¿Cómo es la modalidad de pago?
-Es mensual. Todos los días 5 cobramos, aunque cerca del 20 nos dan un anticipo. Si necesitamos antes para comer u otra cosa nos lo dan y después nos lo descuentan.
-¿El sueldo es fijo o depende de la cosecha?
-Todo depende de los días trabajados. En Río Negro pagan por bines (contenedores plásticos). Cada uno tiene un precio. De acuerdo a la cantidad de bines que uno hace es más o menos el jornal del día. No es un jornal permanente de todos los días porque todo depende de cómo está la fruta, del corte que uno hace. No es lo mismo la primera pasada que la segunda, donde cuesta más llenar el bin. El año pasado promediamos cerca de los 1800 pesos por jornal por día.
El valor de cada bin se fija anualmente a través de un convenio en el que media el gremio UATRE. Si bien Villafañe no integra el mismo, todas las fincas se ajustan a esas cifras y los cosecheros cobran aproximadamente lo mismo. Cada bin puede almacenar entre 17 y 20 kilos, que luego son depositados en contenedores más grandes, de entre 350 y 400 kilos.
Podés ver acá los valores acordados por UATRE para la campaña 2020/2021:
Escala cosecha 2021Las jornadas de trabajo de Villafañe son de ocho horas de lunes a viernes, y los sábados trabaja solo hasta las 12. Entre las 12 y las 14 cuenta con un receso para almorzar.
-Mucho se ha hablado sobre los problemas para conseguir mano de obra en las cosechas. ¿Notó que faltó gente en la zafra de Río Negro?
-No, la gente siempre se movilizó. Acá no hay trabajo, no hay absolutamente nada. Uno sí o sí tiene que viajar al menos en enero y febrero, hasta que en marzo se pueda empezar con la cosecha del limón.
Una vez que finaliza el trabajo en el sur, Villafañe regresa junto a su cuadrilla a Tucumán. Allí integra la cooperativa La Asturiana, que brinda servicios a la firma Citromax, una de las tres empresas de cítricos más importantes de la provincia junto a San Miguel y Citrusvil.
A diferencia del caso anterior, muchas de las chacras de limones quedan en Santa Lucía, por lo que por las noches puede regresar a su casa con su familia. El traslado hasta el lugar de trabajo se encuentra provisto por el gobierno provincial.

-¿Las jornadas laborales son iguales que en la cosecha de peras y las manzanas?
-No, acá trabajamos quincenalmente. Trabajamos hasta el día 15 y cobramos el día 20. Luego trabajamos hasta el día 30 y cobramos el día 5.
-¿Cuánto está el jornal en el caso del limón?
-En la actualidad está bajo. Lo que marca el convenio del gremio son 1360 pesos de jornal. Pero acá, a diferencia de Río Negro, no todos pagan eso. Aunque estén en blanco, algunos pagan 1000 pesos el jornal. Lamentablemente tenemos un gremio que permite que pasen esas cosas. UATRE acá es un desastre.
Villafañe integra desde hace varios años la Coordinadora de Limoneros Autoconvocados, una agrupación que reclama por mejoras en las condiciones laborales de los cosecheros.

-¿Qué problemas identifica usted en UATRE?
-No estamos bien remunerados, esa es una de las principales causas por las que estamos en contra del gremio. Hay muchas cosas que se tendrían que mejorar para que el trabajador esté más cómodo. Nos dan ropa dos veces al año, pero normalmente cuando ya varios cosecheros dejaron la cosecha y la cuadrilla es más chica. A veces nos falta el agua en los días de calor, y otras, cuando alguna persona se descompensa o tiene algún problema no hay una ayuda directa hacia el trabajador. Estamos ahí bajo las plantas hasta que se les antoja arrimar algún vehículo para llevarlo a un hospital. Por suerte no hemos tenido un caso grave. Lo primero que ellos toman es que no queremos trabajar. Siempre es una presión para exigirnos. Nosotros nos sentimos un poco desprotegidos
-¿Cuál es la situación laboral en Tucumán luego de la cosecha de limón?
-No hay trabajo, queda prácticamente nada. En las fincas grandes quedan las personas estables, o algunos temporarios que hacen tareas de mantenimiento. Lo que hacen es darles un receso en los meses en que no se cosecha. Esas personas luego pueden hacer otro tipo de tareas. Todo lo hacen para no darles un trabajo seguro y que dependan de la misma firma. Al estar todo un año completo la empresa los debería tomar como estables.
A continuación Villafañe agregó: “Luego de la cosecha los muchachos no se pueden quedar parados, tienen que darle de comer a la familia. Lo que hacen es salir a buscar otras changas esos dos meses hasta que la empresa los vuelva a tomar. Así no los dejan de forma estable”.

Cuando la cosecha de limón finaliza, el gobierno otorga lo que se conoce como “planes interzafra” para aquellos que, luego de siete meses de cosecha, no tienen una actividad hacia el fin de año. El mismo supone una erogación de 16.500 pesos: 10.000 como parte del plan, 4000 dentro de la Tarjeta Alimentar y 2500 más de parte del gobierno provincial. Este dinero se entrega en los meses de noviembre, diciembre y enero.
–¿Qué hace usted cuando termina la cosecha de limón?
-Nosotros terminamos normalmente en el mes de octubre y arrancamos la cosecha de arándano. Se hace en noviembre y algo en diciembre. Es un período corto porque es una fruta muy delicada. Ni bien toma color ya se la tiene cosechar.

-¿Qué lo llevó a ser cosechero?
-Es una buena pregunta. Es lo que había, no había muchas opciones. Opté por el campo porque me parece un trabajo bueno. Hoy por hoy, en mi caso, estoy luchando. Se están haciendo muy mal las cosas y mucha gente se dio cuenta.
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]]>La entrada Sin caminos no hay arraigo rural: “Vialidad es un monumento a la corrupción en Entre Ríos”, afirma Guadalupe Vivanco se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Guadalupe Vivanco es una productora ganadera de Nogoyá, quien presidió en dos oportunidades la sociedad rural local, y puede dar testimonio del problema.
En 1991 su familia decidió irse del campo al pueblo cansados de quedar una y otra vez aislados por la falta de caminos en condiciones, además de inconvenientes recurrentes en la red telefónica y eléctrica.
Una vez cursada la primaria en la escuela rural de la zona, que había sido creada por iniciativa de su familia, los padres de Guadalupe decidieron que era hora de irse al pueblo para tener una vida menos complicada.
Pero migrar del campo a la ciudad no fue fácil. “Es un proceso doloroso para el que nació en el campo; en el nuestro había 200 personas residiendo en ese entonces y la verdad es que fue muy traumático irme a pueblo de 40.000 habitantes, nunca me terminé de adaptar”, confiesa Guadalupe a Bichos de Campo.
“En el campo teníamos la escuela que construyeron mi abuelo y mi padre en 1945, la capilla y ese era nuestro mundo y el de la gente que trabajaba allí”, cuenta con añoranza.
Y como la gente se va del campo, se quedan sin alumnos las escuelas rurales. “En mi época éramos 60 alumnos, mientras que ahora quedan sólo tres y en pocos años más será una tapera, como pasó con tantas otras, porque la gente se va al pueblo y no porque quiere, sino porque no le queda otra”, relata.
Vivanco no le echa la culpa del problema a la sojización o a la extensión de la frontera agrícola, como creen algunos, sino al Estado ausente que, si bien chupa recursos del agro, no ofrece servicios básicos a las zonas rurales.
“Un camino rural representa, porque lo viví en carne propia, la diferencia entre vivir o morir; hay gente que fallece y pasa días en los ranchos sin que nadie se entere y lo digo porque me tocó ocuparme de casos así cuando era presidente de la rural”, explica.
Vivanco expresa con vehemencia y enojo lo que tantos otros productores sienten y viven a diario respecto de la falta de interés de buena parte de los políticos por la mejora de la infraestructura, cuando es el sector agroindustrial el que moviliza tanto las economías regionales como la macroeconomía nacional por el ingreso de divisas.
“El camino es todo, es mucho más que un camino en sí mismo, no es sólo para sacar la producción” explica Guadalupe, quien también se refirió al otro camino, al de la conectividad digital, dado que “no hay señal en ningún lado, te alejás del pueblo y ya no tenés señal de teléfono; quedás a la buena de Dios, incomunicado y no estoy hablando de irse monte adentro”.
Escuchá la entrevista completa acá:
Esta joven dirigente rural dice que la política tiene una enorme “deuda con la gente de campo, llegamos al punto de un conformismo tan mediocre que cuando pasan una motoniveladora de los años 60, totalmente obsoleta, nos quedamos contentos, cuando ya debería haber asfalto hasta la entrada a los campos”.
En su provincia, Entre Ríos, hubo hace unos años una iniciativa legislativa para poner en marcha consorcios camineros como los que funcionan en la provincia de Córdoba y que dieron, en general, buenos resultados. Se trata de un trabajo conjunto entre el Estado que aporta maquinaria y personal y los productores que aportan recursos y gestión.
Pero esa iniciativa del legislador provincial Esteban Vitor (PRO) no prosperó y, según Guadalupe, eso ocurrió porque “Vialidad es un monumento a la corrupción en esta provincia: les va el 30% de lo que pagamos de Impuesto Inmobiliario, también el ITC (Impuesto a la Transferencia de Combustibles) y tenés miles de empleados en la casa central de Paraná chocándose (entre ellos) con los mates y bizcochos. Hasta levantaron en los campos los campamentos de vialidad por un ‘iluminado’ que presentó un proyecto diciendo que eso traía consecuencias en las familias por el desarraigo”.
Vivanco contó que en la provincia hay “2000 kilómetros de caminos rurales de los cuales sólo 200 tienen ripio y en estos tres años de sequía no vimos en ningún lado a Vialidad provincial; entonces las máquinas agrícolas que son de gran porte ya no pueden entrar en muchos campos”.
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]]>La entrada Entre los cerros de Salta, Fernando Escudero continúa cabalgando detrás de sueños de justicia y solidaridad se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Dice Fernando que le acaba de ocurrir un milagro de solidaridad conmovedor y que muestra que un mundo mejor es posible. Pero primero permítanme presentar a este personaje: Fernando se fue a estudiar ingeniería a Buenos Aires. Para solventar sus estudios trabajó de cartero de a pie, de barman de un boliche donde a veces también atendía el guardarropas y aprovechaba para estudiar. Cuando cumplió los 24, en plena hiperinflación en el gobierno de Alfonsín, le sobrevino una crisis existencial. Fue cuando decidió comenzar a organizar cabalgatas en su provincia natal para los tiempos de vacaciones, pues esto le permitía ganar algo de dinero sin dejar de estudiar en Buenos Aires.

Con su propuesta apuntó a la juventud universitaria que gustaba del folklore, pero que en general no sabía cabalgar. Comenzó a promover su emprendimiento organizando festivales folklóricos, en los que sorteaba una cabalgata. La misma consistía en cabalgar durante cinco días por los cerros salteños. Los jinetes participaban de fogones nocturnos, con guitarreadas, encuentros con la gente de cada lugar.
Fernando o “Nano” pretendía, entre otras cosas, que tomaran conciencia de muchas cosas. Trataba de armonizar los grupos y que, si por ejemplo hablaban de política, buscaran lo que los uniera. Además, les hablaba del agua y les decía: “Cuando estén de vuelta en sus casas y abran una canilla, tomen conciencia de que eso es casi un milagro”.

Pude ver a “Nano” trabajar en la organización de sus festivales y sus cabalgatas, y noté en él muchas virtudes sobresalientes: lúcido, honesto, profesional, responsable, justo, apasionado de lo que hacía y siempre con una sonrisa luminosa.
En pocos años, ya organizaba cabalgatas en las provincias de Tucumán, Córdoba, Mendoza, Neuquén, y hasta en El Calafate, Santa Cruz. También llegó a ofrecer cabalgatas que organizaban otros amigos en San Juan y en Corrientes.

Fernando tiene contabilizados más de 80 noviazgos y 25 casamientos que se gestaron en alguna de sus cabalgatas. Incluso él conoció a su esposa y madre de sus 3 hijos, Soledad Gaztambide, en una de ellas. Por haber trabajado siempre y mucho, Fernando tardó 12 años en recibirse de ingeniero.
Cuando “Nano” cumplió 38 años decidió no hacer más cabalgatas. El por entonces gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, había sido su compañero de colegio, era muy amigo y hasta testigo de su casamiento, y por eso lo convocó a trabajar en Turismo de su provincia. Decidió volver a vivir a Salta con sus dos hijos y con su esposa, embarazada del tercero. Ella siguió coordinando las cabalgatas durante tres años más, hasta que comenzaron a vender a jóvenes, caminatas con guías locales donde la gente tuviera experiencias reales de la ruralidad salteña. Porque en ellas podían aprender a hacer empanadas, artesanías, recibir charlas de un enólogo, de cómo se hace el vino, y mucho más.

En su paso por la gestión pública, Fernando se destacó por impulsar un plan público-privado a 10 años, por el que se consiguió una inversión de muchos millones de dólares. Con ese dinero se mejoraron la ruta a Cachi, el museo y el mercado artesanal, rearmaron caminos preincaicos, como el de la Quebrada del Toro, el que llega a San Antonio de los Cobres, el pueblo arqueológico de Santa Rosa de Tastil y el museo de Llullaillaco.
Luego Fernando fue enviado a promocionar su provincia en el extranjero y consiguió que se realizaran en Salta dos de los eventos itinerantes de turismo más importantes del mundo. Luego, fue convocado para integrar el Consejo Asesor de la Asociación Mundial de Turismo Aventura, y lo hizo durante 8 años. Salta llegó a ser seleccionada como uno de los 10 mejores lugares del mundo. Fue en ese momento que Fernando, al reconocer que había superado sus objetivos, renunció y regresó a trabajar al mundo privado.
Junto a su esposa, Fernando creó la agencia de turismo “Auténtica Salta”, desde donde hoy realiza consultoría a varios municipios. También se dedican a vender viajes de 14 días a turismo mayoritariamente extranjero, de entre 60 y 85 años de edad, por toda Salta, la Quebrada de Humahuaca y las Salinas Grandes. Realizan caminatas de 2 a 5 horas con paseos culturales.

Pero Fernando tiene un carácter solidario y de compromiso social que consiste en ayudar a los que menos tienen. Lo desarrolló paralelamente desde que comenzó con sus cabalgatas, hace unos 25 años, aunque hace 5 años decidió formalizarlo, creando la Fundación Unir, de la cual es su presidente. Su lema es “Unir Recursos con Necesidades”, hacer de nexo. Luchan por erradicar dos tristes frases de nuestro país: el “No se puede” y “Hay que irse de Argentina”. Dicen que para esto sólo nos queda comprometernos, involucrarnos, ocupar espacios.
Su trabajo es sin goce de sueldo y nunca obtuvieron subsidios estatales. Sí reciben donaciones de amigos y muchos donan su tiempo, lo más preciado. Capacitan a gente muy pobre, les consiguen máquinas y los ayudan a producir, los acompañan para que alcancen una vida digna. Seleccionaron a los cinco mejores y les construyeron el 80% de sus viviendas o talleres de herrería, carpintería, tapicería, costurería, etcétera, para que ellos las terminaran con su esfuerzo.
“Es que es gente laburante como nosotros, pero ellos nunca tuvieron las oportunidades que tuvimos nosotros”, dice Fernando, al que esa gente lo llama “Don Nano”.
En Luracatao, al oeste de Seclantás, no había gomería y se la montaron a un muchacho, pero él debe pagar lo recibido, de algún modo, para retroalimentar un fondo rotativo. También montaron una panadería y comenzó a organizar viajes al pueblito de Amblayo y a un paraje llamado Isonza, en la zona de San Carlos, en los valles calchaquíes.

Fue en ese pueblito que sucedió un pequeño milagro: el 17 de junio de 2021 “Nano” recibió una llamada telefónica de Texas, EEUU, diciéndole con tonada cordobesa que esa persona y varios amigos querían ayudar a que -a través de UNIR- una niña de Isonza, Delfina, de 4 años de edad, pudiera llegar a ir a la Universidad.
Habían visto su foto en las redes de UNIR porque en ellas habían comunicado sobre la entrega a su madre de una máquina de hilar. El cordobés y ahora texano, le dijo: “Para llegar a la Universidad, Delfina debe tener una linda casa, una muy buena educación, que se alimente bien y que tenga una muy buena atención médica”.
Pues se pusieron a trabajar juntos y un día antes de Navidad entregaron a la familia de Isonza una casa nueva de 120 metros cuadrados. Pero van por más: armaron un “Plan Integral” para Isonza, siguiendo el objetivo principal de la Fundación que es fomentar la cultura del trabajo, la educación en valores y desarrollo humano, económico y social. Ahora comenzarán un proyecto turístico con toda la comunidad, en los que esperan recibir ayuda de todos nosotros.
Dijo mi amigo “Nano” junto su esposa Soledad (ambos con lágrimas en sus ojos): “Muchas veces nos preguntamos si los Milagros existen. Les puedo asegurar que en este caso estamos viviendo uno”.
Los invito a conocerlos en su página web y a escuchar la canción de Silvio Rodríguez, “Sólo el amor”:
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]]>La entrada La madera y su tradición: Máxima y Jorge fabrican muebles que recuperan las antiguas costumbres de la época colonial en Santiago del Estero se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Algo de ese espíritu recorre los trabajos que realizan Máxima Flamenco –“la Chiqui” como le dicen- y Jorge Henjes en su emprendimiento de muebles “Los Telares de Santiago”. Los fabrican en el patio de su casa, rodeados de coyuyos, en la localidad santiagueña de Colonia Dora, en el centro de la provincia.
Entre sus montes tupidos y suelos semiáridos, Santiago esconde una tradición que se remonta a la época colonial argentina: la fabricación de muebles de madera y cuero.
“Por la gran disponibilidad de buena madera, en los tiempos de la colonia todos los muebles que había en Buenos Aires venían de Europa o de Santiago del Estero”, contó Jorge a Bichos de Campo. Jorge vivió mucho tiempo en la provincia de Buenos Aires, hasta que recaló en Santiago enamorado de sus costumbres, sus paisajes y por supuesto de la Chiqui.
Hoy esa historia sigue viva en las sillas, mesas y demás muebles que el matrimonio fabrica en conjunto, haciendo uso principalmente de cuero cruzo trenzado y madera proveniente de árboles de chañar y de huiñaj, también conocido como palo azul o palo cruz. Hay varios carpinteros de Colonia Dora que hacen lo mismo.

“Nosotros compramos las plantas en pie y las traemos a un aserradero que nos hace los tablones. A partir de los tablones hacemos todos los cortes acá en casa para armar estos muebles”, relató Henjes.
“Son piezas que artesanos hacían en el lugar hace muchos años. Había un señor que se dedicó a recolectarlos e hizo libro. Son de personas del monte. Nosotros recuperamos esos diseños que se hacía en ese entonces”, señaló por su parte Máxima Flamenco.
El catálogo también se compleja con numerosos tejidos que no solo le dan vida ponchos tradicionales, sino a otras piezas como alfombras y cobertores.
Aunque es posible visitarlos en Santiago, aquellos curiosos pueden encontrar este pequeño pedazo de tradición de manera online.
Mirá la nota completa acá:
-¿Hay un mercado para este tipo de muebles?- les preguntamos.
-Sí, hay muy buenos clientes. No son muchos pero son muy especiales. Los tenemos en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Río Negro.
-¿Cuál es el perfil de aquellos que buscan este tipo de productos?
-Generalmente son personas que están vinculadas a lo tradicional, al campo. Son en su mayoría muchos productores agropecuarios quienes compran este tipo de muebles.
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]]>La entrada El sabor de las cerezas: Avanza una cosecha con buen volumen y calidad, pero la Argentina demora las cosas para convertirse en un jugador de peso en el mercado se publicó primero en Bichos de Campo.
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“Nosotros creemos que la calidad de este año fue una de las mejores de los últimos 20. El productor hoy se sostiene gracias al esfuerzo y compromiso de otros productores y exportadores. Pero también hay que destacar que hemos tenido un aumento de costos en la mano de obra, en los agroquímicos e insumos de envases para la exportación, y en los fletes tanto marítimos como aéreos. Es una campaña que deja un sabor un poco amargo en cuanto a que el calibre y la calidad no van a llegar a compensar el aumento de costos”, comentó Adolfo Storni, gerente general de la empresa Extraberries, a Bichos de Campo.
En Argentina la producción de cerezas se divide en dos etapas. La primera comienza a fines de octubre en las provincias de Mendoza, Río Negro y Neuquén, que en este año en particular culminó de forma anticipada por cuestiones climáticas, con una merma productiva del 40%. Los precios, la calidad y el calibre de la fruta, por suerte, se mantuvieron y todo lo obtenido se exportó en forma áerea a los mercados que todavía no registraron la entrada de los primeros contenedores chilenos (el principal productor mundial).
La segunda etapa involucra a las provincias de Chubut y Santa Cruz, específicamente a las localidades de Sarmiento, Gaiman, Trelew y Los Antiguos, que culminan con su exportación a finales de febrero. La misma se envía eminentemente de forma marítima hacia los tres bloques de clientes más importantes: Estados Unidos, Europa y China. Este año, los buenos números registrados en la zona sur del país revirtieron la caída de las provincias del norte, por lo que el saldo total es positivo.

Pero el problema que hoy enfrenta la producción nacional de esta fruta se vincula más a la tasa de renovación de las plantaciones, que es prácticamente inexistente.
“Argentina cuenta con 2.500 hectáreas en producción. No llegamos a las 50 hectáreas por año plantadas, por lo que se renueva solamente el 2%. Nosotros competimos contra Chile que está cerca de las 400.000 toneladas producidas. Vamos a llegar a las 7.000 toneladas. Sólo tenemos el 2,5% de lo que tiene el país vecino y sin embargo con ese pequeño volumen tenemos un lugar en el mercado, somos apreciados por los consumidores y exportadores. Argentina necesita renovar 250 hectáreas por lo menos y si fueran 500 mucho mejor. Hoy es bastante limitada la inversión”, explicó Storni.
Si bien la innovación en las cerezas no es tan extendida como en otras especies frutícolas, existen nuevas variedades tempranas y tecnología que se podría aplicar en el sector. Para los productores, el país tiene la oportunidad y las condiciones de colocar 10.000 nuevas hectáreas en producción, distribuidas en las cinco provincias e incluso en zonas por fuera de ellas, pero lo que faltan son las condiciones.

“La inexistencia de créditos, de rentabilidad y el sobrecosto que tenemos a la hora de producir y exportar hace que esa enorme oportunidad que nos está brindando el mundo no la podamos aprovechar. El país sufre la falta de consistencia macroeconómica, agravada por otras cuestiones que son clásicas y que venimos hablando todos los años, como la falta de crédito a largo plazo para hacer nuevas plantaciones e inversiones; el acceso a los mercados con los acuerdos de libre comercio; los aranceles; el crédito fiscal que no podemos recuperar y por el cual sostenemos la necesidad de una ley de cuenta única tributaria, donde podamos compensar los créditos fiscales que se generan”, afirmó el empresario.
Según las estimaciones realizadas por el sector, con 10.000 nuevas hectáreas se podría llegar a un piso de no menos de 500 millones de dólares netos de exportación.
“Estamos hablando de una inversión cercana a los 300 millones de dólares. Es un muy buen negocio porque en diez años generaríamos casi 3 mil millones de dólares de exportación, además de desarrollo local y empleo”, concluyó Storni.
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]]>La entrada En el patio de su casa, la agrónoma santiagueña Celia González y su familia comenzaron a elaborar un biofertilizante a partir de la lombriz californiana se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Allí mismo, los tres integrantes de la familia se han dedicado a producir en estos dos últimos años un biofertilizante. Se trata de un abono orgánico a partir de residuos de origen vegetal usando la lombriz roja californiana, una especie que hoy difunde por las redes sociales. Poco a poco fueron creando un microemprendimiento familiar que hoy les da una gran satisfacción al saber que están aportando su “granito de arena” al cuidado del medioambiente.

“Comenzamos cuando se anunció la pandemia del Covid, momento en que nos dijeron que nos quedáramos en casa y mucha gente empezó -como nosotros- a interesarse por tener su propio huerto con hortalizas sanas y frescas, y de paso, achicando sus gastos”, relata Ignacio, que está estudiando administración de empresas y se ocupa de la parte productiva junto a su padre, y de la comercialización en el emprendimiento familiar.
Fue así cuando crearon la marca: Biofertilizante-Lombricompost. Lo venden fraccionado en bolsas de 5 y 10 litros. Su escala de producción aún es pequeña, apenas unos 300 litros por mes.

“En nuestra provincia nadie lo hacía sino que el abono se traía de otros lados”, explica la ingeniera, y continúa: “Los productos que ofrecemos están dirigidos hacia un nicho de mercado de personas que procuran acercarse, lo más posible, a una alimentación sana y un ambiente saludable. Es gente de la ciudad de Santiago y de La Banda, que busca hacer y mantener su propia huerta y además construir jardines bonitos con plantas ornamentales, arbolado y frutales”.
“Todo empezó como un entretenimiento familiar, con amigos, que se fue convirtiendo en una oportunidad de trabajo en equipo y en contacto con la naturaleza. Hoy nuestra casa es un `punto verde` donde la gente puede aprender sobre la lombriz, sobre las plantas y sobre el cuidado de los recursos fundamentales, que son el suelo y el agua, tan preciada en nuestra provincia”, dice Celia.
Pero en realidad, aclara la ingeniera, que en su casa llevan más de 20 años usando la lombriz californiana y que sus amigos y vecinos les acercan sus residuos orgánicos -como restos de cocina o césped-, con lo que se va generando una conciencia comunitaria. Ya su abuelo Fermín fue un ejemplo en su campo ubicado en Api Pozo, Departamento San Martín, cultivando melón, sandía, higos, duraznos y verduras para consumo familiar, ya que “engordaba el suelo”-así decía él, según Celia- con el guano de las ovejas, vacas y caballos.

“Nuestra mayor preocupación está en ofrecer abonos de calidad y seguros, para que no pongan en riesgo la salud de nuestros clientes. Para eso nos valemos de conocimientos científico-técnicos con el objeto de seleccionar los materiales orgánicos (vegetales, como la algarroba, etc.) que alimentarán a las lombrices, con las técnicas más apropiadas, a fin de que el producto esté libre de metales pesados, de contaminantes orgánicos, de patógenos y hasta de semillas de malezas”, explica.
Para estar completamente seguros, aclara que “pasteurizamos ese material seleccionado, llevándolo a temperaturas que eliminan los patógenos y semillas de malas hierbas, para garantizar inocuidad”.
“Por último, realizamos la cosecha del `lombricompost`, cuando el alimento de la cuna está totalmente transformado al haber pasado por el tracto digestivo de la lombriz, cuyo nombre científico es `eisenia foetida`”.
De todo ese proceso “resulta un producto de aspecto similar a los granos de café de color oscuro y sin olor”, detalla la ingeniera, quien se ocupa del asesoramiento técnico en la producción del fertilizante y de todo lo que refiere a la producción de plantas, como maíz, hortalizas y aromáticas en terreno y macetas, huerto en cajones de madera, huerto demostrativo y de frutales como mandarinos, naranjos, pomelos, limoneros, ciruelos, parrales y melones.

Los tres integrantes de la familia se sienten satisfechos porque la gente que conoce el producto vuelve a comprarlo. A futuro les gustaría celebrar un acuerdo con la municipalidad para replicar este “punto verde” en otras zonas de la ciudad, a fin de que más vecinos, bares y cervecerías puedan acercar sus residuos orgánicos para el reciclado con la lombriz roja.
También pretenden que su lugar sea reconocido como espacio educativo para hacer talleres y capacitaciones o dar charlas a familias o alumnos de escuelas. “De ese modo, lograremos que más gente se comprometa con una mejor calidad de vida”, dice Ángel, quien además trabaja de gerente de una empresa privada. Él además invita a toda la gente a que los visite con su mate y pueda pasar una jornada amena, de aprendizaje y de intercambio de conocimientos. “De este modo podremos estimular a que más gente produzca huertos, coma más sano, fomente los arbolados, los jardines y los espacios verdes”, culmina.
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]]>La entrada “Un bombón para la hacienda”: Luego de pasarse una vida sobre la picadora, Jorge Diez apostó todo a su propia fábrica de pellets de alfalfa en Beltrán se publicó primero en Bichos de Campo.
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Esa capacidad fierrera quizás sea una de las razones por las que decidió levantar una empresa propia que se encuentra equipada con algunos diseños de su autoría. Se trata de la fabrica “Pellets Don Diez”, ubicada en el kilómetro 714 de la Ruta, cerca de Beltrán, en Santiago del Estero. La planta está haciendo los últimos ensayos y lista para abrir. Se especializará en la producción de pellets de alfalfa o “bombones para la hacienda”, como prefiere llamarlos el propio Jorge.
“Siempre se hacen las cosas por necesidad creo, de ahí se arranca y se aprende”, afirmó Diez a Bichos de Campo. La necesidad, en este caso, es la de alargar la vida útil de la alfalfa y mantener su calidad, desde el verano hasta el momento de su consumo en invierno, cuando los precios de ese alimento para el ganado suelen dispararse por falta de oferta en fresco.
“Es una buena manera de conservar el material. El inconveniente que tenemos en invierno es que tenemos baja cantidad de materia prima. En el verano podés almacenar. Lo que podemos hacer con los pellets es bajar el volumen y abaratar los fletes”, explicó el productor.
Mirá la entrevista a Jorge Diez:
El proceso para fabricar estos bombones consiste en cortar la alfalfa en el campo, con un determinado porcentaje de humedad, e ingresarla en una molienda que la preparará para su posterior pelletizado, enfriado y compactado. Lo obtenido se almacena en silobolsas o big bags y funcionan como alternativa de los fardos tradicionales, que muchas veces se echan a perder antes de ser consumidos.
Los pellets son destinados principalmente a los feedlots, aunque también son demandados desde el sector porcino, el ovino e incluso el equino.

-¿Por qué viniste a Santiago del Estero?- le preguntamos a Jorge Diez.
-Creo que es la mejor calidad de alfalfa que tenemos en Argentina. Es una zona ideal, los productores están sembrándola cada vez más. Acá hay feedlots muy grandes. Hay mucha demanda y apuntamos a ellos también.
Uno de los desafíos que el bonaerense reconoce es el de lograr que los pequeños productores de la región acepten sumar valor agregado a sus producciones y mecanizar la recolección, que en buena parte de los campos sigue siendo una tarea casi artesanal. Muchos productores todavía cosechan la alfalfa a caballo y hacen los pequeños fardos con malacate.
“Es un camino que hay que recorrer. De a poco la gente que se va interiorizando y va conociendo mas sobre el tema pellets. Como es tan bueno y tan accesible, mucha gente en épocas criticas quiere tener su materia prima guardada. Por ahí pasa un poco el asunto”, señaló el emprendedor.
Uno de los objetivos a corto plazo es formar convenios de trabajo con productores pequeños de la zona y realizar el picado de la alfalfa dentro de los campos, previo al ingreso de la fábrica. Eso permitiría obtener la materia prima con los porcentajes de floración y proteína justos para producir el mejor pellet posible. Además sería una alternativa para reducir los costos que muchos afrontan con el enfardado.
“Están los costos de la enfardada y el hilo. Todas esas cosas se las trasladaríamos al picado. El productor ahorraría en costos y nosotros sacaríamos una mejor ganancia. La idea es asociarse con productores para comprarles el material y alivianarles parte del trabajo, teniendo la misa rentabilidad”, sostuvo Diez.

-¿Y cuál es el plan de negocio? ¿La exportación o la venta local?
-El plan de negocio es vender donde se pueda y, si podemos, exportar. Hay potencial exportable, ahí apuntamos.
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