En los últimos dos años la producción argentina de leche –si bien aún no alcanzó a recuperar el nivel alcanzado en 2015– registró un crecimiento importante.
En 2020 la producción de leche alcanzó los 11.113 millones de litros, lo que significó un incremento interanual de 7,4%. Y este año se espera que crezca al menos un 3,0% más.
Quintana dijo a Bichos de Campo que “en segunda instancia lo que está jugando a favor es el uso más eficiente de la tecnología: hay cada vez más tambos robotizados, se incluyen galpones y otras herramientas para mejorar el confort de las vacas y las empresas lecheras que van quedando son los que se vuelven más productivas”.
En tercer lugar, el consultor indicó que la mejora de los rodeos genéticos permite en muchos casos lograr incrementos de productividades individuales muy significativas.
Jorge Giraudo, director Ejecutivo del Observatorio de la Cadena Láctea (Ocla) coincide con Quintana al afirmar que “se está dando una segunda ola de incorporación tecnológica, la primera fue en los ’90 y ahora aparecen herramientas como el encierre de vacas, el manejo vinculado al bienestar animal, ventiladores, aspersores y automatización de los procesos de ordeñe que van ayudando a la mayor productividad”.
La “revolución silenciosa”, ayudada por el factor climático, se está dando en el sector lechero –que es un fenómeno global– a pesar de todas las dificultades presentes en el contexto argentino.
