Por Alejandra Groba.-
Los que conocen el negocio de la papa en la Argentina coinciden en que su industrialización, que comenzó con las Bun en 1958, trajo cambios importantes en un sector bastante saltimbanquis, que así como a veces ha llenado los bolsillos de algunos productores, otras ha visto muchas hectáreas con papa abandonada en el suelo porque el precio no pagaba las labores de recolección y embolse.
La continuidad de suministro y la homogeneidad de producto que requieren las fábricas hizo que desarrollaran un sistema de producción a través de contratos pre-establecidos, lo que generó estabilidad y previsibilidad a sus proveedores, a la vez que les impuso más presión sobre calidad y eficiencia. Ahora a quienes trabajan para la industria no les es posible sacarse la grande una cosecha, pero saben lo que cobrarán, cobran a tiempo y tienen ayuda financiera para mejorar la producción.
Sobre cómo lleva adelante ese sistema habló Pepsico, líder en ventas de papafritas chips en el país con varias marcas -entre ellas Bun-, en un evento con productores en las cercanías de Mar del Plata, donde decidió mostrar su perfil agroindustrial y su anclaje en el campo argentino.
Para elaborar sus snacks salados y dulces, la empresa compra cada año 51.000 toneladas de papa, 10.000 de avena y 2.000 de maíz, por unos 390 millones de pesos. Esos cultivos se hacen todos bajo contrato, en 4.800 hectáreas manejadas por 18 productores, según contaron Nelson Campos, gerente de Agronegocios de la empresa para el Cono Sur, y Guillermo Cascardo, responsable de Cultivos en la Argentina.
Todos los productores de Pepsico tienen que certificar sobre manejo de bosques con Rainforest Alliance, y la argentina es la única filial del mundo en la que el 100% de sus proveedores de papa están certificados con normas de buenas prácticas agrícolas Global GAP.
En lograr esas complejas certificaciones, que les suman valor pues se trasladan a otros cultivos de los campos, Pepsico colabora con sus proveedores, al igual que para que incorporen tecnología, tanto para mecanizar la siembra y cosecha como para postcosecha. En esto utilizan un mecanismo tipo leasing a varios años con la papa como moneda, lo que facilita las cosas, ya que, según explicaron, el costo de una hectárea de papa es de 7.000 dólares, y una cosechadora de papas va de 250.000 a 500.000 dólares.
“La inversión es muy grande para soportarla solo. La industria da tranquilidad y seguridad en el precio, y nos financian toda la inversión en tecnología, que se hace mirando el largo plazo”, dijo Alfredo Pereyra, de EzeMax Papas, proveedor de la empresa.
Lo que ya se viene es inversión en tecnología de riego, para mejorar la eficiencia en el uso del agua, una de las metas de la empresa para 2025.
La avena que compra la empresa proviene del sudeste y norte de Buenos Aires, y se destina a sus marcas Quaker y Toddy, mientras que el maíz procede del sudeste bonaerense y va para los Doritos.
Pepsico fue fundada en Estados Unidos en 1959 como empresa de bebidas, y en 1993 incorporó la división de alimentos. Desde 2001, la empresa está presidida a nivel global por una mujer india. En la Argentina, la producción y distribución de sus gaseosas, aguas saborizadas y jugos la hace a través de Quilmes. En alimentos, además de la planta marplatense -a la que mudó líneas tras el reciente cierre de la de Vicente López-, la empresa tiene una en el barrio porteño de Barracas y otra en la provincia de La Rioja.
