Argentina decidió este año quedarse afuera de la “fiesta” de importación de carne bovina que se viene registrando en los últimos tiempos en China. La buena noticia es que se prevé que esa tendencia continúe en 2022. Pero es imposible saber –con el nivel de improvisación reinante en la gestión de Alberto Fernández– si el “cepo cárnico” seguirá o no el año que viene.
En 2022 los agregados agrícolas en la Embajada de EE.UU. en China prevén que la importación de carne bovina por parte de la nación asiática siga creciendo para ubicarse en 3,30 millones de toneladas peso carcasa, una cifra 6% superior a la estimada para 2021.
A diferencia de lo que sucede con los precios de la carne porcina, que tienen una volatilidad muy pronunciada, los valores internos de la carne bovina en el mercado chino tienen una mayor estabilidad.
En 2022 las importaciones de ganado vivo a China se mantendrán estables en 350.000 cabezas, con Uruguay como principal proveedor, seguido por Nueva Zelanda, aunque a partir de 2023 se prohibirá el comercio de bovinos lecheros en pie en ese país.
En 2022 los funcionarios del USDA esperan que el crecimiento del stock bovino y los firmes precios de la hacienda promuevan un crecimiento de la producción de carne vacuna, aunque la oferta interna del producto seguirá limitada porque la mayor de las empresas ganaderas chinas tienen baja escala y escasa inversión tecnológica.
“En 2022 se prevé que el consumo de carne vacuna aumente en China, pero sólo ligeramente; la significativa expansión del consumo ocurrida en 2002 y 2021 fue respaldada por la capacidad y la voluntad de los consumidores chinos de convalidar altos precios por el producto”, señaló el informe.
El USDA advierte que la carne vacuna sigue siendo una fuente de proteínas de lujo y novedosa para la mayor parte de los consumidores chinos, más habituados a consumir carne porcina, aviar, pescados y mariscos, dependiendo de la región.
