El proyecto de reforma fiscal presentado por el Poder Ejecutivo incluye una rebaja del IVA que tributan las carnes sustitutas a la carne vacuna, que ya tributa 10,5% desde fines de los noventa. Como sucede en el sector avícola, donde los productores de huevos protestaron por haber sido excluidos, en el negocio de la carne porcina también surgieron posiciones divididas frente a esa iniciativa.
Algunos porcinocultores señalan que la medida, que ya pasó el filtro de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados, servirá justamente para combatir la informalidad. Pero otros están más preocupados por los saldos técnicos del IVA que obtendrán de la compra del pellet de soja y otros insumos agrícolas -con el que alimentan a los cerdos- y que tributa el 21%.
Para entender esta polémica, vale la opinión de Gerónimo Cerini, de El Hinojo SA, una compañía entrerriana que comenzó haciendo agricultura pero luego incorporó el negocio de la producción de cerdos, de modo de agregar valor a sus granos.
“La diferente tasa del IVA Compras (21%) y del IVA Ventas (10,5%) genera permanentes saldos a favor del productor, que se vuelven irrecuperables en especial para las zonas alejadas de los puertos, para los productores de zonas de menor potencial que la zona núcleo, para aquellos que obtuvieron cosechas inferiores a las proyectadas y para quienes realizan inversiones en activos fijos”, explicó el productor.
“De aprobarse la rebaja no sólo se quitará el incentivo de invertir en cerdos, sino se hará inviable la agricultura, en especial del maíz, en las zonas alejadas de los puertos”, sostuvo el empresario, que montó una granja de 600 madres y ve que la medida será similar a la de la rebaja compulsiva del precio de los biocombustibles, en la que “se olvidaron de quienes lo producen y los beneficios que trae a las zonas donde se produce”.
