María Arias Zeballos es una argentina que luego de haber hecho un largo y fructífero recorrido en Naciones Unidas (en la sede central de New York, USA), gestionando ONGs que promueven la producción orgánica, recaló en el sur de Brasil donde pudo cumplir el sueño de producir bajo esas condiciones. Además, junto a un grupo de productores de arroz, María comercializa ese alimento bajo la marca “Alto da Colina Orgánicos Certificados”.
Arias Zeballos representó ante la ONU a la ex fundación Mokichi Okada (MOA Fundation) de Japón. Su fundador fue uno de los pioneros en Japón y en el mundo en dar a conocer los beneficios de la agricultura orgánica. Durante la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer realizada en Biejing, la argentina tuvo un rol muy activo.
En su recorrido, y por esas casualidades de la vida, conoció la ciudad brasileña de Lavras en Mina Gerais, de la que se enamoró y en dónde compró hace 14 años un campo de 5 hectáreas para poner en práctica lo que tanto pregonó sobre la agricultura orgánica.
Allí vive desde octubre del año pasado y en ese campo produce brachiaria de forma orgánica, “que sirve como alimento para el ganado”, señaló. Se trata de una forrajera para climas tropicales.
Luego de haber constatado que en su campo no se aplicaron insumos químicos durante 14 años, gracias a los estudios del suelo realizados, y merced a que además recibió las inspecciones correspondientes, María afirma que su producción puede ser perfectamente considerada como orgánica.
“Ya hice la primera etapa porque el campo no recibió ningún químico. Trabajamos con entidades y certificadores que visitan el campo y hacen las inspecciones y análisis del suelo correspondientes que es el primer paso, y fundamental, para comenzar a producir orgánicamente”, explicó.
“Acá el arroz se consume día y noche, es como el trigo para los argentinos. La gente no se sirve pan sino arroz”, comentó.
“Pudimos entrar en el mercado de San Pablo, vendimos el productor en el barrio Jadins que tiene consumidores conscientes, que quieren comer productos sin agroquímicos y pudimos hacer la primera venta en los comercios más importantes de la zona”, añadió la emprendedora.
La venta fluyó y por eso “la gerente de unos de esos comercios nos pidió renovar el stock. Es un comienzo más que auspicioso”, se entusiasma.
Arias Zeballos se refirió a la importancia de poder certificar la producción orgánica. “Hay pequeños productores en la región que venden en ferias y etiquetan los productos como orgánicos, pero en realidad no lo son” porque para salvar la producción de las plagas se ven tentados de usar agroquímicos.
Consideró, en este sentido, que “es muy importante la certificación, es fundamental y la única forma de dar credibilidad, sin el sello un producto no se puede llamar orgánico”.
