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La entrada Emilia Macor integra la juventud Aapresid y asegura que la tecnología es el camino hacia una mayor sostenibilidad: “Lo que no se mide y se registra, no se puede mejorar” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Todo lo que recuerda de chica está atravesado por el campo y su producción. Sus padres se dedicaron durante mucho tiempo a la explotación mixta, pero a partir del año 2005 las 300 hectáreas de las que son dueños, y otras 170 que alquilan, viraron exclusivamente a la agricultura. Aún así, durante muchos años estuvo interesada en llevar adelante estudios vinculados a las ciencias económicas. No fue sino hasta su ingreso en la juventud de la Sociedad Rural que decidió apostar al proyecto familiar y estudiar agronomía.
“Ahí tuvo mucha influencia mi historia familiar, el contexto en el ateneo y el apoyo de los mayores. Los jóvenes podemos tener todo el impulso del mundo, la energía, las ganas, pero si no tenés el apoyo de los más grandes, es más difícil. El secreto está en el trabajo conjunto”, dijo a Bichos de Campo Emilia Macor.

Cuando inició sus estudios en la Universidad Nacional de Río Cuarto, sintió que le faltaba tener una relación más cercana con otros colegas de su edad y se sumó a la juventud de Aapresid. Su trabajo en ese espacio la llevó en muchas oportunidades a vincularse con la mesa de los adultos.
“No es una cuestión de edad, sino de actitud. Por ahí llevamos temas de conversación a la mesa y le pegamos una desacomodada a los más grandes. Hay que entender que el productor que venía pensando hace 50 años de la misma forma, de un día para el otro no va a cambiar. El contexto generacional afecta. Pero siempre, en cualquier institución, se puede discutir mientras estén de por medio los valores del respecto, la responsabilidad, la empatía y la solidaridad”, aseguró la productora.
¿Y qué está en la agenda de estos jóvenes? Principalmente la búsqueda de la sostenibilidad y el cuidado del ambiente.
“Nosotros venimos con un chip basado en la sostenibilidad de los sistemas productivos, porque estamos viendo los efectos. El productor agropecuario es el primero que sufre el impacto del cambio climático, porque está trabajando en línea directa con el recurso natural. La mirada joven le sirve al productor”, consideró Macor.
Con la irrupción de la pandemia, la productora regresó a Adelia María y comenzó a trabajar, junto a su padre, en la aplicación de tecnologías que permitieran llevar un mejor registro de la producción. El primer paso fue ordenar y sistematizar la información para saber con seguridad qué insumos se aplicaban, en qué cantidades y cuáles eran sus costos. También analizaron el impacto de los ensayos que realizaban, por ejemplo con distintos híbridos de maíz para mejorar el reciclado de nutrientes, y compararon sus resultados en distintas parte del campo.

A eso se le sumó la incorporación de plataformas AgTech que permiten un mejor control y la aplicación de la agricultura de precisión, con las herramientas que tenían disponibles, para mejorar los rendimientos del sistema.
“Algo que destaco de mis papás es que me abrieron las puertas y me dejaron espacio para participar. Yo entiendo a la tecnología como la manera más viable de ir en pos de sistemas de producción sostenibles. Hoy en día el campo es uno en el que tratamos de reducir el uso de agroquímicos, tanto por el impacto ambiental como porque nosotros vivimos ahí. El problema que vemos en todos lados es que lo que no se mide y se registra, no se puede mejorar”, afirmó Macor a este medio.

Este notable interés por las nuevas tecnologías llevó a la joven a desarrollar también un mockup (boceto inicial) de una aplicación para crear un sistema de trazabilidad de la leche, haciendo uso de las herramientas de blockchain. Una vez recibida, espera poder continuar con su desarrollo y verla en funcionamiento, en tanto que entiende que los consumidores demandan cada vez más información de las distintas cadenas productivas.
En la actualidad Macor se encuentra coordinando un equipo de perspectiva e integración dentro de Aapresid, cuyo objetivo es unir y mejorar la comunicación entre el campo y la ciudad.
“El campo tiene que comunicar y es una tarea de todos los que estamos en el sector. Hay también una cuestión social en el intercambio de información, es vital. Hoy tenemos todo a un click de distancia y eso hay que aprovecharlo”, concluyó la productora.
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]]>La entrada La familia Bonamico robotizó uno de sus tambos en Adelia María y obtiene 10 litros más de leche por animal: “La vaca no se tiene por qué enterar de las crisis” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Agropecuaria IMBO es el nombre de la empresa familiar, que produce los granos necesarios para alimentar a las 650 vacas que tienen en ordeñe, distribuidas en dos tambos.

“Siempre estuvimos ligados con la lechería, en una escala reducida, hasta que hace veinte años atrás apostamos fuerte. La profesionalizamos desde el ’94, incorporamos otro tambo más, dándole más escala, y empezamos a intensificar dentro de lo que la tecnología lo permitía”, explicó Bonamico a Bichos de Campo.
El mejor ejemplo es que mientras uno de esos tambos lo siguen manejando con el sistema convencional, al otro decidieron robotizarlo hace un año y medio.
Escuchá la entrevista completa:
“Pusimos en marcha un tambo con un sistema de alojamiento del tipo ‘compost barn’ y ordeñado por seis VMS, eso significa la robotización, pues son unidades que ordeñan las vacas de forma voluntaria y automática”, indicó el productor cordobés.
Los VMS, siglas que hacen referencia al Voluntary Milking System (Sistema de Ordeño Voluntario), son los robots ordeñadores, mientras que el ‘compost barn’ o “cama caliente” es un alojamiento diseñado para ofrecer confort a las vacas, ya que los animales se albergan en una superficie techada que dispone de cerca de 12 metros cuadrado por animal. El piso cuenta con un sustrato, que en este caso es cáscara de maní, que regularmente se remueve y se airea para asegurar que el mismo esté mullido y seco.

Bonamico aclaró que “la tecnología no reemplaza al personal” que tenía el tambo y que, por el contrario, “lo potencia y requiere que aprendan otras habilidades”, como el manejo del software que controla el estado de salud de los animales o su nivel de productividad, entre otros indicadores.
“Significa estar en condiciones totalmente distintas de trabajo a las de la fosa, donde la atención es individual. Acá se trata más que nada del hacer bien el control, mantener limpia la sala. Realmente (la robotización) facilita mucho el ordeñe. La tecnología nos aporta un sinnúmero de cosas que hace que ordeñar sea algo totalmente distinto”, explicó el productor.
Por supuesto que esta innnovación mejoró la productividad del establecimiento y Bonamico tiene como medirlo y comparar. El tambo robotizado produce 13 mil litros diarios y el convencional 11 mil. Entre los dos establecimientos que maneja el promedio de producción por vaca es de 38 litros, pero en el robotizado las vacas dan 46 litros y las vaquillonas de primera parición 37 litros, lo que da un promedio de 42 litros por vaca. Claramente, la incorporación de tecnología y de bienestar en los animales y personal mejoró la productividad.
La lechería hace años que atraviesa diferentes crisis debido a las políticas sectoriales contrarias a su desarrollo o por ausencia de medidas que fomenten la producción. Sin embargo, esta familia de productores decidió mirar con faros largo y optimismo el futuro de la actividad.

“Seguimos apostando a la lechería, que tiene mucho de pasión y de responsabilidad por el producto. Hacemos agricultura para alimentar a las vacas, hay que ver a ambas actividades como un todo. Hacemos un planteo mixto, la agricultura va en apoyo de la alimentación y eso en una economía inestable ayuda a darle sostenibilidad al sistema. La vaca no se tiene que enterar de las crisis, porque es la única forma de que en los tiempos buenos de la lechería te responda”.
Bonamico tiene dos hijos que trabajan en la empresa, mientras que los de su hermano y socio Marcelo están estudiando e integran el Consejo de Familia. “Toda la familia está entusiasmada en este proyecto”.
Cuenta además que la modernización tecnológica de la empresa tiene que ver también con la participación de la nueva generación y la intención de dejarles una empresa sólida y sustentable, además de promover el bienestar de todo el sistema.
“Tienen que estar bien las vacas, pero también el personal y el medio ambiente. El tambero se tuvo que capacitar en el manejo de la nueva tecnología, pero eso le cambió la vida, es una persona apasionada de las vacas que ahora lo vive más como un hobby”, aseguró.

Con respecto al futuro de la lechería, Isidro dice que es necesario ver la película y no la foto. A su criterio, la actividad requiere de una mirada de largo plazo y en este marco económico poco estable cree que se pueden desarrollar estrategias para que la actividad sea posible.
“Hoy encontrás amenazas pero también hay oportunidades. La combinación con la agricultura nos permite poner los huevos en diferentes canastas. Nosotros somos todos bichos de campo y básicamente creemos que eso nos da cierta sustentabilidad, porque finalmente tenemos una actividad ligada al consumo interno y otra a la exportación. Buscamos que eso se balacee. Si la mirás de largo plazo y le sumás tecnología, no es una actividad altamente rentable pero sí posible” finalizó su balance.
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]]>La entrada Gregorio Vasquetto hace ganadería regenerativa y saca 700 kilos de carne por hectárea se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En su establecimiento, conocido como “El Mate”, el manejo consiste en una rotación intensiva el ganado. Los animales comen y bostean con gran intensidad una porción de campo, hasta que les corre el boyero eléctrico para que puedan pasar a otra parcela con el pasto bien crecido, fertilizado naturalmente y con el suelo ‘regenerado’ de todo disturbio. El método se conoce como Voisin, el apellido de un francés divulgador de este modelo.
“Es un sistema que se va retroalimentando todo el tiempo: cuanta más fertilidad, más pasto, más bosta, más animales y por ende más rinde y carga animal. Con este sistema se puede hasta tener 10 veces más de carga que bajo la ganadería tradicional extensiva. Y funciona muy bien para un productor chico, porque con 100 hectáreas puede vivir. No creo que un agricultor puede subsistir con esa superficie hoy en día”, contó Vasquetto a Bichos de Campo.
Explicó el ganadero que en su caso logran 700 kilos de carne por hectárea y confirmó así que es posible terminaron novillos sin suplementación granaria.
Aquí la entrevista completa con Gregorio Vasquetto:
Vasquetto comentó que el impacto de trabajar de esta forma es múltiple, no solo porque se produce una mejora de los indicadores económicos sino también en materia social. “Son sistemas que vuelven al arraigo por la tierra. Mis hijos vienen al campo y no tengo ningún miedo de que se envenenen, ya que dejamos de usar todo tipo de químicos”, destacó.
“Es una lástima que estos sistemas no vendan, porque no estás todos los años consumiendo insumos y por ende no tienen más publicidad que el boca en boca y las ganas de que tu vecino mejore”, lemantó el ganadero regenerativo.
Por lo pronto, él se mostró muy decidido y dispuesto a no vilver para atrás. “Con este sistema volvés a ser feliz, sintiendo que estás manejando y sos el dueño de tu campo, tomando las decisiones todo el tiempo”, finalizó Gregorio.
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