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La entrada No te comas el verso: apenas un 8,5% del área agrícola de la Unión Europea se encuentra bajo producción orgánica se publicó primero en Bichos de Campo.
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La propuesta parece muy sensata, porque los valores de los alimentos con certificación orgánica –elaborados sin uso de insumos de síntesis química– son mucho más elevados que los producidos de manera convencional, aunque también son mucho más elevados los costos de producción de los mismos, lo que no siempre garantiza una ecuación de rentabilidad para el negocio.
Adicionalmente, las estadísticas muestran que ninguna nación puede vivir de la producción de alimentos orgánicos, ni siquiera la Unión Europa, que es el “paraíso” global en todo lo que tiene que ver con lo orgánico.
Los últimos datos disponibles muestran que apenas un 8,5% del área agrícola total de la Unión Europea (UE-27) se encuentra bajo producción orgánica y que un 67% de la misma recibe subsidios estatales, es decir, necesita asistencia de recursos públicos para ser viable económicamente.
En lo que respecta al rodeo bovino presente en la UE-27, aquel que se encuentra bajo producción orgánica no llega a alcanzar el 6% del stock vacuno total.
Al analizar las importaciones de productos orgánicos de la UE-27, se observa, por ejemplo, que en 2020 las compras de harina de soja orgánica fueron de casi 231.800 toneladas, cuando la Argentina coloca en el mundo más de 28 millones de toneladas de ese producto.
¿Y cuánto compró la UE-27 de porotos de soja orgánicos? Un volumen de 137.300 toneladas en 2020, cuando la Argentina exporta más de 5,0 millones de toneladas de soja.
Argentina se encuentra el puesto 12 del ranking de proveedores de alimentos orgánicos de la Unión Europa y, de hecho, se trata, por lo general, de un negocio lucrativo para las empresas que participan del mismo, pero el país –ningún país– puede vivir de las ventas de productos orgánicos porque sencillamente los valores de los mismos pueden ser asumidos solamente por una minoría de la población.
La mayor parte de la gente del mundo tiene ingresos medios a bajos y necesita alimentos nutritivos, pero a precios accesibles, para lo cual se requiere economías de escala, las cuales no son incompatibles con prácticas agronómicas regenerativas, siempre y cuando, claro, el Estado no se apropie de la mayor parte del valor agregado generado por las empresas agropecuarias.
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]]>La entrada La política agropecuaria argentina es la receta ideal para potenciar los efectos nocivos del cambio climático se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Incluso Brasil fue promocionado como uno de los ejemplos por seguir a nivel global gracias al “Plan ABC”, que se propone abarcar una superficie de 72 millones de hectáreas para reducir emisiones hacia 2030 por al menos 1000 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (MtCO2eq).
El sector agropecuario es la “carta de oro” para compensar las emisiones de gases de efecto invernadero, dado que, tal como propuso años atrás el Ministerio de Agricultura y Alimentación de Francia con la “iniciativa 4‰”, bastaría una pequeña recuperación de la materia orgánica de todos los suelos –a razón del 0,004% anual– para revertir completamente el cambio climático.
Las prácticas regenerativas, como la siembra directa, los cultivos de servicio y la recuperación de pastizales degradados, son esenciales para preservar la “salud” del planeta y, por extensión, de todas las especies que habitan en el mismo.
Pero las prácticas regenerativas no son “gratuitas”, sino que requieren, además de un mayor esfuerzo intelectual, una enorme inversión en insumos, dado que los procesos agronómicos deben mantenerse siempre activos para darle de comer los 365 días del año a los miles de millones de microorganismos que habitan el suelo.
Para lograr que eso suceda, es necesario que, como mínimo, los productores agropecuarios puedan gozar plenamente del fruto de su esfuerzo, dado que, más allá de los eventuales “golpes” climáticos que son parte de las reglas de juego de la actividad, necesitan recursos económicos de manera constante para mantener la presencia permanente de raíces vivas con rotaciones diversas y múltiples, porque a los microorganismos que residen en el suelo –como a cualquiera de nosotros– les gusta comer bien y variado.
Algunos países incluso creen que es indispensable subsidiar al agro para lograr que eso suceda, con diferentes programas de ayuda y apoyo, o al menos –si se no se tiene mucho presupuesto– dar de vez en cuando alguna palabra de aliento que motive a los productores locales.
Pero en la Argentina, más allá del gigantesco esfuerzo particular que vienen haciendo algunos empresarios agropecuarios para regenerar el nivel de materia orgánica presente en el suelo, a nivel nacional esas prácticas lucen inviables porque el Estado, a través de impuestos y regulaciones, se lleva la mayor parte de los ingresos de las empresas agropecuarias.
Ya sea con tributos, intervenciones de mercado o distorsiones cambiarias, la enorme extracción realizada por el Estado resta o directamente anula la posibilidad de contar con recursos indispensables para implementar prácticas regenerativas, lo que contribuye, en definitiva, a potenciar los efectos nocivos del cambio climático.
No se trata de una cuestión menor, porque, así como es imposible encarar una transición energética sin recursos, también lo es la factibilidad de implementar una producción agropecuaria sostenible sin una moneda en el bolsillo.
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]]>La entrada Cambio de paradigma: Cómo hicieron los Bombal para implementar un modelo agrícola regenerativo a una escala extensiva se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>De la mano del entonces asesor CREA Lucas Andreoni, quien actualmente se desempeña como asesor de la empresa –además de ser el responsable del programa “Integración con la Comunidad” del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la provincia de Córdoba–, se embarcaron en un proceso de aprendizaje que culminó actualmente con el 86% del campo “verde” durante el período invernal. Es decir: los barbechos químicos quedaron reducidos a una mínima expresión.
El dato es que más de la mitad del área invernal está ocupada por diferentes cultivos de servicio, tales como centeno, vicia, achicoria, rabanito, avena strigosa y trigo sarracero. Y este año además están probando Brassica carinata y colza como cultivos de cobertura.
“Creemos que el modelo agrícola simplificado ya caducó. No sabemos si lo que estamos construyendo nosotros va a ser el nuevo paradigma agrícola, porque estamos en pleno proceso de aprendizaje, pero sí estamos seguros que el sistema convencional ya dio todo lo que tenía para dar e insistir con el mismo implica desagregar valor, porque no es sensato solucionar problemas con las mismas herramientas que los crearon”, explica Ricardo Bombal, gerente general de Don Lero S.A. e integrante, junto a sus hermanos Ana, Paz y Pedro, de la empresa familiar.
En los primeros años, los costos de los cultivos de servicio no se incorporaban al cálculo del margen bruto de los cultivos porque se consideraba que, tal como sucede con una fertilización fosforada de reposición, se trataba de una inversión sistémica con efecto de largo plazo. Pero en los últimos tiempos eso cambió y pasaron a formar parte de los costos anuales porque los cultivos de servicio permiten generar ahorros considerables de insumos de síntesis química.
Ricardo, en función de su propia experiencia, remarca que el proceso de intensificación agrícola no debe hacerse de manera abrupta porque requiere un cambio cultural y organizacional que lleva tiempo. “Es importante comprender que se trata de un proceso continuo al que todos los integrantes de una empresa debemos adaptarnos; el hecho de que la empresa siempre esté en movimiento, cosechando y sembrando inmediatamente atrás, solamente puede hacerse si se cuenta con un equipo de trabajo capacitado y motivado”, apunta el empresario en un artículo publicado por la Revista CREA.
El proceso de aprendizaje continuo les permitió lograr hitos que hasta hace algunos años atrás parecían imposibles, como la siembra directa de maní sobre cobertura de centeno, que en el ciclo 2020/21 logró rendimientos tan elevados que este año volverán a repetir esa rotación.
Un aspecto central del cambio de paradigma es brindarse y brindar a los integrantes de la organización el “permiso” para equivocarse y aprender de los errores, porque de otra manera sería imposible generar innovaciones. Así fue como en la última campaña Mauro Liendo, responsable del área de Producción de la empresa, descubrió una técnica muy prometedora mientras estaba poniendo a punto una sembradora articulada de origen brasileño.
El suceso ocurrió cuando el técnico brasileño, al configurar la sembradora, observó un lote con una vicia que tenía más de un metro de altura y desafío a Mauro al asegurarle que la máquina podía atravesar el cultivo de servicio sin mayores inconvenientes. Mauro pensó inicialmente que eso no era posible, pero, ante la insistencia del técnico, decidió dedicar un par de hectáreas al experimento.
“La vicia se secó a las 24 horas de haber sido suprimida por la sembradora que implantó una soja de primera y, al no observar nacimientos de malezas, decidimos no aplicar herbicidas preemergentes. A pesar de tratarse de un año bastante seco, ese lote terminó generando un rinde del orden de 4300 kg/ha, que superó a otros lotes lindantes de soja que habían recibido preemergentes”, comenta Mauro.
Este año repetirán la experiencia de la “siembra en verde” sin aplicación de preemergentes, pero ya en una superficie mucho mayor y con otros cultivos; adicionalmente, un sector de esas parcelas recibirá solamente bioinsumos de origen orgánico para seguir testeando diferentes alternativas productivas.
“La cobertura generada por la vicia nosotros la llamamos la alfombra mágica”, bromea Mauro. “La intensificación agrícola tiene como correlato la intensificación de todas las tareas que realiza la empresa; aquí todo el año se están llevando a cabo diferentes procesos”, añade.
Marco conceptual
Los cultivos de servicio, tal como indica su nombre, pueden ofrecer diferentes servicios ambientales, pero para que eso suceda es necesario diseñarlos e incorporarlos de manera adecuada. Supresión de malezas, aporte y reciclaje de nutrientes, mejora de la estructura física del suelo, gestión del agua presente en napas freáticas, incremento de la microbiología del suelo y atracción de polinizadores son algunas de las funciones posibles.
“Cuando dejamos de mirar solamente la producción y la protección de cultivos para visualizar de manera sistémica el paisaje en su conjunto, entonces podemos pasar del discurso al hecho y crear empresas que sean sostenibles en el eje social, ambiental y económico”, explica Lucas Andreoni.
– En una primera etapa empezamos a observar cambios en la composición física y química del suelo y comprendimos que estábamos trabajando sin considerar lo que sucedía en el recurso más importante que tenemos, que es el suelo. En las restantes ramas de la ingeniería siempre se ocupan de asegurar que los instrumentos necesarios para realizar su labor se encuentren en condiciones óptimas, pero nosotros, en el sistema simplificado, nos focalizamos durante muchos años en el resultado sin analizar los procesos que ocurrían en el suelo. Nuestra “máquina de trabajo” no estaba recibiendo la atención que se merecía y eso no fue gratis, porque nos pasó la “factura”. El siguiente paso fue entender las diferencias entre ambientes y cómo la tecnología debía adaptarse en función de las características de cada uno. Para todos los involucrados en el proceso representó un redescubrimiento de la agronomía. La intensificación agrícola por medio de la incorporación de cultivos de servicio permitió incrementar la micro y macrobiología presente en el suelo al ofrecer, con presencia permanente de raíces vivas, alimento a los seres vivos que –aunque muchas veces no lo veamos– forman parte de todo ciclo productivo.
¿Cuál es el aspecto más difícil del cambio?
– El aspecto central, obviamente, es que el empresario esté convencido de que es necesario realizar el cambio, pero no podría decir que esa es la cuestión crítica. El factor clave es tener equipos de trabajo preparados para poder entender el impacto de las acciones emprendidas, realizar los diferentes procesos con eficacia, estar despiertos para evaluar tanto éxitos como errores y poder aprender de estos últimos. Los esquemas regenerativos, además de ser ambiental y económicamente viables, también lo son en el aspecto social, porque requieren una mayor cantidad y diversidad de trabajadores y proveedores. La súper simplificación de tareas agrícolas generó un proceso similar en los equipos de trabajo y eso, que en algún momento pudo haber representado una fortaleza, actualmente es una limitación porque no es posible encarar un esquema regenerativo sin un equipo de trabajo consolidado. Entonces, si la pregunta es qué es lo más difícil del cambio, la respuesta es contar con equipos de trabajo capacitados y motivados para poder encarar el desafío. Por supuesto, si el proceso es encarado en el marco de una red de intercambio de conocimiento, como es el caso de CREA, las posibilidades de éxito se incrementan.
O sea que el factor crítico es el equipo de trabajo.
– Sí, pero no sólo considerando a los empleados y colaboradores de la empresa, sino también a los proveedores de bienes y servicios, dado que todos tienen que estar bien coordinados para que la intensificación agrícola pueda concretarse con buenos resultados. La intensificación prácticamente no deja tiempo libre y, por lo tanto, requiere una adecuada planificación tanto operativa como financiera. Hay más trabajo, mayor diversidad de insumos y crecen también las responsabilidades. La comunicación es aspecto central para lograr un buen trabajo de equipo, motivo por el cual, al menos una vez por año, reunimos a todos los integrantes de la organización para explicar porqué hacemos lo que hacemos, de manera tal que todos puedan sentirse parte de la construcción colectiva que están emprendiendo. Entender el sentido de los diferentes procesos y los motivos que dan origen a las búsquedas y pruebas, es vital para que todos puedan dar lo mejor de sí mismos.
¿Crees que es importante el efecto paisajístico generado por contar con una mayor cantidad y diversidad de especies en el campo?
– Es una dimensión relacionada con el placer humano, algo que, si bien es subjetivo, no deja de ser relevante. Cuando preguntamos a los empresarios que están transitando el camino hacia sistemas regenerativos qué ven de favorable en el proceso, una de las respuestas es que la mayor presencia de colores y vida atrae a las nuevas generaciones al campo porque se sienten a gusto. No se trata de algo menor volver a enamorarse de un ambiente, porque eso hace al arraigo y al sentido de pertenencia. En ese sentido, también es importante dejar sectores del campo sin intervención humana para que la biodiversidad presente pueda expresarse en su pleno potencial. Por ese motivo, el establecimiento cuenta con “corredores biológicos” diseñados con diferentes especies nativas, además de forestación con algarrobos. Es parte de los servicios ecosistémicos que prestan las empresas agropecuarias y es un aspecto fundamental para cuidar a los insectos polinizadores.
¿Eso es importante para la actividad apícola?
– Por supuesto, pero no solamente para esa actividad, sino para muchos procesos más. Estamos trabajando con un equipo de investigadores del Conicet, coordinado por Lucas Garibaldi, para evaluar el impacto de la presencia de polinizadores en los rendimientos del cultivo de soja y los resultados preliminares observados son auspiciosos al respecto, con ganancias de rendimiento muy interesantes. Por otra parte, el apicultor está más que contento en traer colmenas al campo porque, al tener disponibilidad de flores durante todo el año, puede producir una gran cantidad de miel de excelente calidad.
¿Cuáles son los indicadores clave para hacer un seguimiento de los sistemas intensificados?
– Además de los indicadores físicos y químicos tradicionales, junto con los ambientales, como es el caso del EIQ, y los económicos, como la gestión CREA, hemos diseñado indicadores biológicos para hacer un seguimiento sistemático de la macrofauna y microorganismos presentes en el suelo; en ese sentido, necesitamos la mirada de un biólogo para poder aprender al respecto. Para la macrofauna, implementamos un protocolo para realizar muestreos de insectos visibles al ojo humano, mientras que en lo que respecta a microbiología, empleamos “trampas de arroz” para recolectar bacterias, cianobacterias, hongos y protozoarios, entre otros microorganismos; es muy impresionante ver en las “trampas” una completa gama de colores en suelos sanos y lo contrario en aquellos con escasa presencia de vida.
¿Cuál estimás que es la principal barrera para la difusión de los procesos orientados a lograr la intensificación agrícola?
– Quedó un estigma en el cual lo sostenible se asocia a una menor productividad y rentabilidad, pero los sistemas intensificados estabilizados son rentables y lo podemos demostrar con números concretos, además de todos los beneficios asociados en términos ambientales y sociales. Por otra parte, las empresas intensificadas son más creativas y, por lo tanto, más atractivas para atraer talento. Existe muchísima información y conocimiento científico validado sobre el tema que, por supuesto, debe adaptarse a las condiciones ambientales de cada región. Por eso creo que no puede haber excusas para pasar del discurso al hecho.
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]]>La entrada ¿Y a usted cómo le suena? José María Cano, el productor que quiere erradicar la palabra “explotación” del lenguaje agropecuario se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>-¿Por qué le suena mal “explotación agropecuaria”?
-Mejor yo le pregunto a usted: ¿a qué le suena ´colaborar´? ¿Acaso a ´cooperadora´?
-Sí… colaborar, cooperar… va por ese lado.
-Y bueno, es que toda palabra tiene una imagen detrás de un sonido que te lleva a una idea asociada. Entonces, “explotación”, ¿a dónde nos lleva?
-Claro, es un tema de lo connotado y acá “explotación” no suena muy bien. ¿En qué momento le empezó a hacer ruido esta palabra?
-Arranqué a estudiar agronomía y al poco tiempo me crucé con una camioneta 0 km en Tandil que decía “Explotaciones Agropecuarias”. Recuerdo que estaban pintadas en las dos puertas con mucho orgullo y me quedé casi mudo, pensando: ¡Qué arriesgado!

-¿Siente que es una palabra que agranda la grieta?
-No, porque la usamos nosotros mismos en el sector sin darnos cuenta. Nos pasamos horas y horas hablando de la salud del suelo y el ambiente, de las posibilidades de prácticas regenerativas, del trabajo en equipo, de la agricultura familiar campesina, de simbiosis biológica dentro del suelo, de fotosíntesis y otros tantos temas que de verdad siento que están alejados de la palabra explotación.
-¿En lo cotidiano, lo habló con colegas? ¿Qué le dicen?
-Cuando les hago esta observación a los colegas me dicen que el término está aceptado por la FAO, y yo les digo: “¿Y, qué tiene que ver, no te suena mal?”.
-Y, es que cuando algo está legitimado por una organización de muchos años cuesta más cuestionarlo.
-Pero yo me pregunto, con tantos buenos comunicadores que hemos tenido dando charlas, ¿por qué nunca se planteó este tema? Hoy más que nunca creo que Latinoamérica juega un rol fundamental en prácticas de conservación de suelos, donde Argentina es líder, y en esta nueva etapa donde empezamos a hablar en todas las instituciones de regeneración podemos concluir fácilmente que no tiene nada que ver con explotación.
-¿Cómo fue el clic para pasar a la acción y proponer cambiar esta palabra por otra?
-En 2020 salió una propuesta de relevamiento a nivel de Ministerio de Desarrollo Agrario provincial sobre productores agroecológicos ponían a estas prácticas como bandera de trabajo. Allí se hablaba de explotaciones agropecuarias y eso me activó a pensar que el impulso de una buena acción como la agroecología no tenía nada que ver con explotación. Es un verdadero contrasentido, ya que uno busca regenerar el suelo, incrementar biodiversidad, y la otra es puramente extractiva, se refiere a abusar, sacar, aprovechar.
-Ese fue el empujoncito final, entonces…
-Sí, porque fue entonces cuando decidí enviar al Ministerio una nota sugiriendo el cambio de ese término por Unidades Productivas Agroalimentarias. Pero seguramente fue un pedido aislado porque no obtuve respuestas; eso me llevo a compartir la idea con distintos actores de nuestro sector.
-¿A quién le está haciendo hoy la propuesta con la carta que escribió?
-A instituciones públicas y privadas del agro con un asunto que dice “Sugerencias de Lenguaje Amigable para nuestro sector”. El objetivo central es ponerlo en mesa de debate; por ahí somos varios los que pensamos igual y podemos llegar a impulsarlo con más fuerza.
-¿Recibió alguna respuesta hasta ahora?
-Sí: en varios casos están analizando el tema en sus comisiones directivas. El jueves pasado tuve la alegría que en una ordenanza municipal de mi ciudad, Tandil, se consideró elegir la palabra “producción” en vez de “explotación”; creo que son granitos de arena.
-¿Qué efectos considera que puede tener cambiar “explotación agropecuaria” por “Unidades Productivas Agroalimentarias”?
-Creo que nos pone en un lugar más justo porque somos productores primarios de la cadena agroalimentaria. Fíjese que durante la pandemia el sector agropecuario siguió trabajando, las vacas continuaron eructando y nos dimos cuenta, “aunque mi amigo Bill Gates no lo quiera”, que el problema de contaminación, cambio climático, etc. etc. tiene más que ver con nuestro modo de vida que con las vacas. También surgió el valor de los alimentos generados en cercanía y cobro muchísima más importancia el producir los alimentos sanos, con mayor información del camino que recorren desde su producción hasta la mesa. Debemos aprovechar este punto de encuentro.

-Usted que le da importancia al uso de las palabras, ¿de qué forma le parece que el lenguaje crea sentido?
-Hace un tiempo en una capacitación CREA pude realizar un intercambio con Emilio Duro, sociólogo español. Allí analizamos en reto a un niño donde no es lo mismo decirle: “Si hacés tal cosa papá no te quiere más” que “A papá no le gusta que hagas estas cosas”, donde no queda en duda el sentimiento de querer a un hijo. Si cerramos los ojos y yo le digo: “No piense en un elefante blanco”, usted pensará en eso inmediatamente. Volviendo a “mi amigo Bill”, él instaló el tema de las emisiones de la vaca, cuando cada vaca emite 2 a 4 toneladas de Carbono (CO2 eq), mientras que nosotros con nuestra vida cotidiana emitimos 13 a 18 tn CO2 eq. ¿A cuánto tiempo estamos entonces de que nos digan que además somos explotadores seriales y que los alimentos sintéticos son la solución?
-Viendo este panorama, ¿por qué cree que en el sector parece no dársele importancia a los temas de lenguaje?
-Creo que hace un tiempo el significado de las palabras no era tan importante como ahora donde cobran sentido, marcan tendencias y nuestros hijos nos corrigen a cada paso porque para los jóvenes este tema sí es importante. Muchas veces no tener tiempo para detenernos a pensar y la inmediatez de las acciones diarias para superar la línea de costos juega a favor de dejar las cosas como están.
-En esta línea, y separándolo del sesgo político, ¿qué opinión tiene sobre el lenguaje inclusivo?
-Está allí, es un movimiento que se va dando. Empezamos a tener amigos, hijos, alumnos y colegas que le encuentran sentido a hablar de una manera diferente y entonces, si puedo agradar con una adaptación de mi lenguaje, no me parece mal.
-¿Le parece que hablar de otra manera puede ser uno de los puentes entre la ruralidad y lo urbano?
-La palabra es “hablar”. Como sea y de todas las maneras que sean posibles: nos merecemos comunicarnos más y mejor. He propuesto en otras notas que tengamos la posibilidad de abrir nuestras tranqueras a la comunidad.
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]]>La entrada La multinacional PepsiCo anunció un agresivo programa para impulsar la “agricultura regenerativa” de los suelos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La compañía, según informó, persigue una meta ambiciosa para influir en los modos de producción sobre 2,8 millones de hectáreas, que es el equivalente al total de la tierra que utilizan sus proveedores de materias primas agrícolas a nivel mundial. Además hará una fuerte apuesta por la agricultura digital, para promover un ahorro sustancial de insumos.
“Cualquier plan para hacer frente a los desafíos urgentes que enfrenta el sistema alimentario mundial debe contemplar la agricultura, fuente de alimentación para miles de millones de personas y una herramienta clave para lidiar con el cambio climático y la desigualdad”, dijo el presidente del Consejo de Administración de PepsiCo, Ramón Laguarta, al anunciar la iniciativa de esta corporación para trabajar junto a sus “socios agrícolas para generar un impacto en todo el mundo”.
Los tres grandes objetivos que se propone este programa de “Agricultura Positiva”:
Por un lado pretende ampliar la adopción de prácticas agrícolas regenerativas sobre 2,8 millones de hectáreas. Estas prácticas persiguen la recuperación y conservación del suelo mediante el uso de materia orgánica y cultivos de cobertura que permiten mejorar la fertilidad del suelo, controlar la aparición de plagas e incrementar la biodiversidad.
¿De dónde salen las Lay’s? Pepsico muestra su perfil agroindustrial
Para fines de esta década, la compañía anunció su idea de reducir al menos 3 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero, incorporando tecnología inteligente que permita, entre otras cosas, un uso eficiente de agroquímicos (tanto fertilizantes como pesticidas) y el ahorro de agua. En conjunto, estas medidas permitirán a la empresa generar una menor huella de carbono en los cultivos.
Hasta ahora, la compañía (que ya hace rato descartó los cultivos transgénicos como opción) tenía un Programa de Agricultura Sostenible (SFP, por sus siglas en inglés) que la vinculaba con productores en unos 60 países. Esa será la base para este nuevo capítulo, al parecer más agresivo, de relacionamiento con sus proveedores.
Este es el video institucional difundido por la empresa:
La empresa también anunció que, para dar el ejemplo, seguirá extendiendo su red mundial de granjas de demostración, la cual aumentó en 2020 a más de 350. De éstas, más del 85% ya ha puesto en marcha prácticas de la llamada agricultura regenerativa.
En Latinoamérica, en 2020, se implementaron 7 nuevas centros de demostración, uno de los cuales queda en Nicanor Otamendi, en el corazón de la región papera argentina. El resto se ubican en Brasil (Paraná y Sao Paulo) y México (Los Mochis, Ciudad Obregón y Aramberri Nuevo León).
Otro capítulo de su apuesta a una mejor agricultura tiene que ver con mejorar la situación de las 250 mil personas que integran su cadena de valor agrícola y de las comunidades en las que opera, incluyendo el empoderamiento económico de las mujeres.
“En países en desarrollo, las mujeres representan casi la mitad de la mano de obra agrícola y trabajan a menudo sin formación, herramientas adecuadas y derechos sobre sus tierras. De acuerdo con la FAO, si tuvieran el mismo acceso a los recursos que los hombres, podrían aumentar el rendimiento de sus cultivos entre un 20 y un 30%, reduciendo el número de personas con hambre en el mundo en hasta 150 millones”, explicó el comunicado de la compañía.
PepsiCo también pretende “producir de forma sostenible el 100% de sus ingredientes clave, incluyendo no sólo cultivos de origen directo (papas, maíz, avena y naranjas), sino también los cultivos de terceros, como aceites vegetales y cereales”. Ya desde 2020, los cultivos que producen los proveedores de PepsiCo son “producidos 100% de forma sostenible en 28 países”, alardeó.
En el caso de la Argentina, el 100% del suministro de papa, maíz y avena ya está certificado por el Programa de Agricultura Sostenible. Además el 100% de la producción de papa es certificada por Rainforest Alliance, un sello de calidad que incluye el cuidado del medioambiente y de las condiciones de los trabajadores del campo.
En abril de 2019, Bichos de Campo entrevistó en Balcarce a Arturo Durán, el director de agronegocios de Pepsico en Latinoamérica, que ya anticipaba esta ofensiva:
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]]>La entrada “Manolo, tu hijo está loco”: Una crónica sobre la agricultura regenerativa en España, donde los jóvenes están contagiando a los viejos agricultores se publicó primero en Bichos de Campo.
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“Lo más difícil de todo fue convencer a mi padre de este cambio, de pasar de producir convencional a ecológico, fue una verdadera lucha”, recuerda Miguel Ángel (en la foto junto a su padre), ingeniero agrónomo y que ya lleva 15 años realizando prácticas de producción ecológica.
“Yo le aseguraba que íbamos a tener más beneficios económicos y que la tierra iba a mejorar pero no me escuchaba y le hacía caso los que le decían que todo eso era complicado y que no servía. Finalmente lo convencí y empezamos reduciendo laboreo en la finca, aplicando materia orgánica, sembrando abonos verdes y abandonamos los agroquímicos”.
Con el tiempo Miguel comprobó con sus propios ojos que aquello que le parecía descabellado era verdad: su predio de 30 hectáreas iba mejorando en fertilidad de suelo, rindes y calidad de productos. Y como si fuera poco, esa almendra rotulada como producto de la “agricultura regenerativa” tenía y tiene mejor precio en el mercado. “Hoy a mi padre ya no le da pavor cuando ve un almendro con plaga porque sabe que se soluciona y se ha habituado a no usar agroquímicos… lo que aún no acepta es no labrar la tierra al menos dos veces por año porque es algo que se ha hecho toda la vida”.
Este testimonio pertenece a la experiencia impulsada en el territorio Alvelal, en el sur de España, por una organización del mismo nombre que promueve e implementa la agricultura regenerativa, que va más allá de lo ecológico ya que se trata de reponer al suelo lo que el productor se lleva con sus cultivos. Esta región abarca un millón de hectáreas y hacía rato que tenía problema de desertificación y desgaste de tierras y un alto porcentaje de pobreza.

“Creo que la recuperación de la naturaleza es desde lo humano y desarrollando la creatividad, reforzando lazos entre la gente. La base es un suelo regenerado y un ecosistema sano donde el productor agropecuario no dependa ni de donaciones del Gobierno ni de filántropos, sino que desarrolle su propio negocio”, explica Astrid Vargas (foto), bióloga especializada en recuperación de especies amenazadas y promotora de Alvelal, que ya tiene 300 miembros. El proyecto existe desde 2015 y los agricultores fueron capacitados en agricultura regenerativa y ya hay 10.000 hectáreas produciendo con este formato.
“Cada vez hay más agricultores y emprendedores que adoptan prácticas regenerativas y eso recupera el paisaje y mejora el negocio del agricultor”, reflexiona Astrid. “También hay un programa con niños para educar sobre este tema y queremos movilizar a los jóvenes de la ciudad para que vayan al campo y aprendan con humildad”.

Así nació una cuenta de IG donde 3 jóvenes difunden la vida en el campo, la agricultura regenerativa y ya están promoviendo la comercialización de productos.
“El proceso de los agricultores es lento pero avanza”, describe Astrid. “Hay mucho arraigo a no cambiar cosas y las ideas nuevas primero se rechazan. Entonces la única manera es operar con el ejemplo. Por eso invertimos en las fincas que quieren cambiar hacia prácticas regenerativas y cuando mejoran los demás se contagian y eso se multiplica. Y lo más profundo e interesante es que este proceso es regenerativo en todos los niveles: a nivel del suelo, de la naturaleza, del alma y de los lazos comunitarios”.
En cuanto a cómo se realiza técnica y empíricamente la agricultura regenerativa, primero se analiza el estado del suelo para ver qué carencias existen. Y luego se repone lo que falta mediante compost regenerativo (parecido al bokashi), se usan cubiertas vegetales (naturales o cultivables como cebada) para no dejar el suelo desnudo), no se hacen roturas con labranzas, se realizan líneas de infiltración (tipo canaletas) para que la lluvia no dañe ni escurra sino que la caída de agua sea eficiente y, por sobre todo, se evita el monocultivo.
Otro tema clave es la biodiversidad de insectos, es decir, recuperar las abejas locales y las mariposas que están desapareciendo debido al uso intensivo de los agroquímicos. Por eso, para atraer polinizadores, se plantan aromáticas que a la vez luego también son un negocio en sí, por ejemplo al darles valor agregado elaborando aceites esenciales.

“Las ventajas para el productor son muchas”, asegura Elvira Marín (foto), coordinadora de Alvelal. “Incrementa el valor agregado a la producción, contribuye a la rentabilidad de la finca y al ecosistema, se logran mayores rindes, se regenera el paisaje, se reduce la perdida de suelo fértil y la integración de ganadería extensiva aumenta la calidad del suelo por el aporte de materia orgánica”.
“Al mismo tiempo la presencia de polinizadores nativos aumenta la producción de los cultivos y reduce el costo por plaga y enfermedades y la rotación o diversidad de cultivos aumenta sus propios rindes al mejorar la estructura y fertilidad del suelo”, destaca.
“Hay productores que aumentaron un 20% su producción y que han ahorrado hasta 13.000 euros al año en alimento para el ganado, al tiempo que han vendido sus almendras con un valor un 15% más alto por ser de agricultura regenerativa”.

Manuel Martínez (foto) posee 245 hectáreas en Alvelal, donde produce almendras, cebada, trigo, avena y uva para vino. Es ingeniero agrónomo y desarrolló toda su vida profesional en cargos ejecutivos en empresas pero fue su inicio en el mundo laboral lo que lo marcó y lo trajo hasta lo que es hoy.
“Empecé a trabajar en 1980 en el Ministerio de Agricultura en el área de Conservación de Suelos y ahí me marcaron mucho pero como luego siempre trabajé en multinacionales, todo quedó ahí. Sin embargo, cuando en 2014 tuve la primera reunión para hablar sobre agricultura regenerativa se despertó todo lo que había escuchado más de 30 años atrás y decidí empezar a experimentar en mi tierra, que había adquirido en el año 2000”.
“Siempre fui agricultor de corazón pero desde 2015 y luego de jubilado, soy agricultor al 100%. Antes de esa fecha había empezado a trabajar en la finca los fines de semana y hacía producciones ecológicas y la agricultura regenerativa fue un paso más. Hice compost, planté aromáticas, dejé de quemar las ramas de poda, bajé el porcentaje de labranza e hice canales para que el agua no escurra. Veo muchas mejoras en la tierra, volvieron insectos que ya no veía y tengo mejores rindes. Por ejemplo acá el promedio de almendras por hectárea es de 500 kilos y yo saco más de 1.000 y con los cereales he llegado a superar los 2.000 kilos por hectárea cuando el promedio es 1.200. En la agricultura regenerativa la clave es la planificación a conciencia”.
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