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La entrada Federico Santángelo actualiza las pérdidas acumuladas por el cepo a la carne: “La Argentina decidió bajarse del tren en un mercado altamente demandante” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Además debe tenerse en cuenta que esto se dio en un contexto de suba de los valores internacionales de la carne. “La Argentina decidió bajarse del tren en un mercado altamente demandante, sobre todo de parte de China, que sigue teniendo problemas de abastecimiento y que encima dejó de comprarle a Brasil por los casos atípicos de vaca loca”, explicó Santángelo, socio de la consultora Agroideas, durante una charla organizada por la Federación de frigoríficos regionales Fifra.
A partir de 2018, las vacas que se descartan de los campos de cría (porque se considera que ya no pueden quedar preñadas), encontraron un gran cliente en China. Según el analista ganadero, el ingreso que perciben los criadores por su venta significa entre 20 y 40% de sus ingresos totales.
Si bien en las últimas semanas los precios de las vacas se fueron recuperando desde la intervención del gobierno, desde mayo pasado aumentaron entre 9% y 12% cuando la inflación acumulada en estos meses fue de 17%. Los valores de venta de esa categoría de hacienda también perdieron contra la inflación acumulada en los últimos 12 meses.

“Por esas bajas y en función de las vacas vendidas el criador perdió ingresos por 2.700 millones de pesos entre mayo y agosto”, aseguró Santángelo.
Por la intervención oficial en el mercado a través de la implementación de cupos, también hubo pérdidas de ingresos en exportaciones. “Las ventas al extranjero venían creciendo en torno al 20% en el primer cuatrimestre del año para luego frenarse y caer 7% entre abril y junio, y hasta 30% en el acumulado de julio a septiembre”, puntualizó el analista.
Santángelo señaló que por esa baja en las ventas a los mercados internacionales “la facturación se cayó en 425 millones de dólares, suponiendo que desde mayo a esta parte se hubieran podido despachar los mismos volúmenes que en 2020”. En realidad, si nadie interrumpía este comercio, los flujos podrían haber sido superiores en función de la tendencia que se registraba en el inicio del año.
El referente de Agroideas destacó que además esa pérdida se dio en un contexto de suba de los precios internacionales, ya que el valor promedio de la carne exportada en enero era de 4.127 dólares por toneladas y en septiembre llegó a 5.700 dólares. El incremento entre puntas fue del 38% y las pérdidas afectaron a toda la cadena ganadera, ya que el menor ingreso de divisas impacta en todos los eslabones.
Para redondear, el especialista indicó que la intervención que tanto le costó al sector privado finalmente no hizo bajar el precio de la carne al mostrador, tal como pretendía el Gobierno. A lo sumo logró impedir nuevas subas.

En su charla, Santángelo se refirió a las perspectivas de precios para la hacienda con destino a la faena. En tal sentido destacó que por la caída en los niveles de encierre en los feedlots y la recría a la que apuestan algunos productores (para sumar kilos a bajo costo9, la oferta disminuiría pronto y de forma marcada, lo que sería un factor alcista.
Pero como contrapeso remarcó la pérdida de poder adquisitivo del consumidor argentino. Dijo que en ese contexto y a su criterio, las mejoras no serían superiores al 25%.
Finalmente destacó que la gran pregunta es qué va a hacer el gobierno si se dan un salto importante en los valores del ganado y de la carne. Esa es la gran incógnita a develar.

En tal sentido, el titular de Fifra, Daniel Urcía, destacó que la cadena ganadera “requiere de certidumbres para poder desarrollarse, de medidas claras que apuntalen a la producción y a las inversiones tanto en el eslabón de la industria como en el de la producción”-
Además, destacó que los frigoríficos tienen una larga lista de temas pendientes de solución, que deben ser tratados con las autoridades. Por caso citó las cuestiones impositivas que distorsionan el funcionamiento y las finanzas de las empresas.
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]]>La entrada La película de la carne revela por qué subieron tanto los precios: Te spoileamos el final y el asesino no era el mayordomo se publicó primero en Bichos de Campo.
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El principal argumento de estos analistas, que invitan a mirar la película desde que comenzó la actual crisis económica, en enero de 2018, en pleno gobierno de Mauricio Macri, es que si bien los precios de la carne al consumidor subieron mucho, lo hicieron en menor cuantía que sus costos. Por eso la consultora duda de que los precios vayan a bajar con este cierre de las exportaciones impuesto por Alberto Fernández y sus ministros.
Entre enero de 2018 y abril de 2021, según este documento, se observa que la invernada (los terneros para engordar) subió 410%, que el maíz (un insumo alimenticio carne para terminar los animales) lo hizo 501%, que la hacienda para faena (el animal terminado) incrementó 457%, mientras que la carne al consumidor subió 365%. A la par, el dólar oficial (pisado por el Banco Central) se incrementó 377% y el dólar blue lo hizo nada menos que 699%.
Obviamente que la suba del 365% en los precios finales de la carne sacuden a los consumidores. Pero lo que quieren exponer Santángelo y Gil es que los costos de producir esa carne subieron todavía más.

Tras mostrar este gráfico, los analistas dicen que “queda claro que hay una brecha entre el valor del gordo y el de la carne que paga el consumidor. Esa diferencia notable entre el valor de la hacienda de consumo y la carne se vende en el mercado doméstico la vienen absorbiendo el sector industrial y minorista”. Es decir, los que se vienen ajustando el cinturón para no subir más todavía los precios al consumidor son frigoríficos, matarifes y carniceros.
El trabajo destaca también la incidencia del precio del maíz, que subió más del 500% desde 2018. “Se incrementó más que el precio de la hacienda gorda como consecuencia directa del impacto de la devaluación de la moneda”. Se trata de un insumo crítico para “terminar” el engorde de los animales que usualmente se consumen en el mercado interno, y que suelen pasar sus últimas semanas en un feedlot.
Gil y Santángelo recordaron que en marzo de 2018 en la Argentina el dólar cotizaba a 18 pesos. Luego “comenzó una corrida cambiaria que elevó notablemente y en sucesivas oportunidades el valor de la monera nortemericana”.

“Como consecuencia de la suba del maíz desde el año 2018 y el fuerte incremento del ternero de invernada durante el 2020, los feedlot perdieron rentabilidad y por momento tuvieron que asumir importantes pérdidas económicas, lo que provocó una disminución de la oferta de faena para abastecer el mercado interno”, enfatizaron los especialistas.
En esta película que llevó la carne a precios insostenibles para muchos consumidores -lo que repercutió en una baja del consumo a menos de 50 kilos anuales por habitante-, también el Covid-19 tiene sus culpas.
Los socios de Agroideas sostienen que la gran disparada de los precios se produjo en noviembre y diciembre 2020, que fueron meses de muy alta faena “como consecuencia de la salida de la cuarentena por parte de la población y de la alta emisión monetaria”.
Para los expertos, está claro que mirando la película “el incremento del valor de la carne es consecuencia de múltiples factores intrínsecos a la cadena: por ejemplo menor oferta de hacienda proveniente de engorde a corral o por el incremento del maíz, etc. Pero sobre todo nos es ajeno a las condiciones macroeconómicas del país: emisión monetaria e inflación y baja del poder
adquisitivo”.
¿Y entonces? ¿Por qué el gobierno le echa todas las culpas solamente a las exportaciones?
Andá a saber. Pero en esta película al parecer el asesino tampoco era el mayordomo.
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]]>En el año 1980, en la Argentina había poco menos de 30 millones de habitantes y entonces, con una producción cercana a los 3 millones de toneladas de carne vacuna, el consumo era de 83 kilos de promedio por persona.
Pero desde entonces, la producción nacional del alimento más demandado se mantuvo estable mientras que la población fue creciendo. Entonces en 1990 el consumo fue de 77 kilos anuales per cápita, en el año 2000 se redujo a 64 kilos, en 2010 descendió a 54 kilos y en 2020 a solo 51 kilos.
La caída entre 1980 y el año pasado fue de 38%. En ese lapso la producción ganadera estuvo estancada.

Los datos se desprenden de la estadística elaborada por la consultora Agroideas en base a los datos oficiales. La estadística, por fortuna, muestra que en paralelo a este proceso han crecido los consumos de carnes sustitutas de la vacuna, en especial el pollo y el cerdo. Si esto no hubiera pasado la caída del consumo hubiera sido catastrófica.

El analista Fernando Gil (foto), que trabaja en dicha consultora, dijo que “no hay más carne porque la producción está estancada” y que eso es consecuencia de las señales negativas que recibió la actividad. En los últimos 40 años fueron recurrentes las crisis económicas en el país y también las políticas contrarias al desarrollo pecuario.
Por eso el mismo ejercicio puede realizarse comparando la cantidad de población en la Argentina contra el stock bovino. En los años setenta, con menos bocas que alimentar que ahora la cantidad de bovinos era mayor que ahora, y entonces teóricamente cada argentino tenía una disponibilidad superior a dos vacas. Hoy, en cambio, son 54 millones de cabezas para 44 millones de habitantes y la relación ha caída a cerca de 1,2.
“Las inversiones en ganadería son de largo plazo, entonces las señales deben ser claras, tanto las económicas como las jurídicas. Cuando no hay previsibilidad en el negocio no se dan las inversiones necesarias y no se hacen los ajustes que se deben hacer. Estas señales -como las que dio Paula Español- son negativas, detienen la inversión y por lo tanto la producción deja de acompañar al crecimiento de la población”, dijo el consultor de Agroideas.
La secretaria de Comercio deslizó que al gobierno no le iba a temblar el pulso si debía cerrar las exportaciones de carne ante nuevas subas de precios, como ya hizo el gobierno de Néstor Kirchner en marzo de 2006, produciendo enormes pérdidas en la cadena productiva.
Gil agregó que, por otro lado, la presión impositiva sobre la ganadería es excesiva y que hay tributos “como ingresos brutos que se van acumulando y encarecen el producto final”. Actualmente también “el desdoblamiento cambiario para exportar reduce el ingreso a la cadena y resta incentivos productivos.
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