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La entrada ¿De qué se quejan los productores en Brasil? Bruno Blecher afirma que aunque “el agronegocio marcha muy bien”, la presión ambientalista debilita la imagen social del sector se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El hecho de que Brasil figure entre los principales exportadores mundiales de carne vacuna, la extensión de la frontera agrícola para el cultivo de soja, la deforestación, y el debilitamiento de las políticas medioambientales son algunas de las acusaciones que le pesan al agro brasileño.

El editor y presentador del podcast EstúdioAgro dijo a Bichos de Campo que “esos problemas no son solamente responsabilidad de la actividad agropecuaria”, ya que no todos los productores trabajan mal en su ambiente.
La explicación de Blecher, que vive y trabajo en San Pablo, es que “los denominados ‘grileiros’ -personas que mediante técnicas fraudulentas convencen al Estado de que son los dueños de una tierra y consiguen un título de propiedad- suelen ocupar vastas zonas arboladas para luego vender pasturas y esas son personas criminales, no podemos llamarlos agricultores”.
Mirá la entrevista completa a Bruno Blecher:
En esta ofensiva, Blecher precisó que por lo general el habitante de las grandes ciudades suele ponerse más del lado de los ambientalistas que de los productores porque “la presión es muy grande en redes sociales, sólo que también se sabe que no hay que mirar todo como el lado de una sola moneda y que la agricultura es mucho más que una acusación”.
Otra preocupación del agro brasileño es la marcha del Mercosur: para muchos productores suele ser una traba a la hora de cerrar acuerdos de libre comercio. “Nos gustaría que el Mercosur funcionase mejor porque el acuerdo con Unión Europea parece parado, en parte por la cuestión ambiental que pesa, pero en general el bloque es más visto como obstáculo que como forma de crecimiento conjunta”.
Más allá de estos avatares, el periodista brasileño consideró que en su país “el agronegocio marcha muy bien”, ya que la producción de granos fue récord, alcanzando este año una cosecha de granos cercana a 249 millones de toneladas, un volumen histórico que superará en un 3,1% el récord alcanzado en 2019.

En Brasil existe una importante “bancada ruralista”. Blecher afirmó que la misma “es muy grande y de ella participan diputados de diferentes partidos políticos, lo que le da mucha fuerza y además este es un Gobierno más pro ruralista”.
También existe la Confederación de Agricultura y Pecuaria de Brasil (CNA), la cual agrupa a muchas actividades, asociaciones y líderes políticos y rurales . Blecher aseguró que los productores se sienten muy bien representados en ella, aunque también se generan conflictos de intereses y por eso se multiplican las representatividades en otras entidades agropecuarias.
En referencia a si el productor estaba obligado a pagar una cuota fija o voluntaria hacia las entidades agropecuarias, Blecher comentó que “antes sí estaba obligado a pagarla, pero ahora no es más necesario. Se diluyó mucho esta cuestión”. De todos modos aclaró que lo que prima es la organización por cadena al igual que en Estados Unidos, y que hay algunas entidades como la Asociación de Productores de Soja que son fuertemente apoyadas.

Entre los desafíos por delante, el comunicador expresó que el agro brasileño debe resolver pronto la presión ambientalista por los incendios y en este sentido comentó que crecieron mucho los bioinsumos o insumos biológicos, lo que les permite a muchos productores conseguir más créditos y facilidades para exportar, a la vez que le permiten mejorar esa imagen social debilitada.
Acerca de la infraestructura actual en Brasil, Blecher respondió que “solemos decir que la Argentina es privilegiada al lado nuestro, ya que al ser un país más chico lo sobrelleva mejor; aquí falta mucha mayor inversión en logística y aunque estamos avanzando, el mayor problema se registra en las regiones del norte en donde estamos abriendo caminos para poder exportar”.
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]]>La entrada Aapresid cree que pronto habrá que certificar desde el lote: “No le ponemos la pistola en la cabeza a nadie, pero tarde o temprano esto llegará”, dice Tomás Mata se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Hay una necesidad de tender un puente entre el lote y la góndola o al consumidor. Hay que entender que esa producción que se hace en un lote se hace de la mejor forma y aplicando el mejor conocimiento posible”, señaló a Bichos de Campo Tomás Mata, gerente de Certificaciones en Aapresid.
Las certificaciones de las Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA) podría ser, de acuerdo con esta visión, una respuesta posible para intentar mostrar que en el campo asume una actitud de responsabilidad. Sin embargo, para Mata no es la única.
“No todos los productores certifican sus procesos, pero sí estaría bueno empezar a trabajar en esta linea donde se garanticen las prácticas que se hagan a campo. Puede haber detrás una certificación, o bien un programa que alguien quiera establecer como garantía en su cadena de suministro. Hoy los procesos se aceleraron mucho: todos compramos desde nuestras casas, lo que hace que la lupa se ponga más sobre los procesos de fabricación de esos alimentos”.
Mirá la entrevista completa a Tomás Mata:
Suele suceder que las demandas sociales se incrementan ante casos puntuales de mala praxis, y entonces pagan justos por pecadores. El cuestionamiento más común hacia la comunidad agropecuaria tiene que ver con el supuesto abuso de agroquímicos en los procesos de producción, más que nada en zonas periurbanas, pero también con la necesidad de recibir una comunicación más clara sobre esos modos de producción.
“Tratamos de ponernos también del lado de la gente urbana, sabiendo que no conoce cómo funciona esta industria. Nos cuestionan el uso de más químicos, pero no saben que hay un concepto de agricultura Siempre Verde detrás, que tiende a la disminución o a un uso más eficiente en los momentos en que sea indicado”, dijo.
No obstante, Mata reconoció que “en lineas generales no hay un control estricto por parte de los municipios, y ahí tenés un problema grave. Al productor le aprieta el zapato, ya que su forma de producir de hace años de repente está en jaque”.
Para Mata, también se suma un error comunicacional de parte de la comunidad agropecuaria, y que genera desentendimiento en la sociedad. “Los agrónomos solemos mantener más discusiones endogámicas, sobre cuestiones muy técnicas, y se nos hace difícil bajarlo a ese tipo que tiene la mirada puesta sobre el glifosato”, argumentó Mata, como modo de hacer también una crítica al ámbito al que pertenece.

Para el gerente de Certificaciones en Aapresid, se trata entonces, de “bajar toda esa teoría del lote a un plano más llano. Parte del contenido del rfeciente congreso de la entidad fue hacia eso: mostrar qué estamos haciendo”.
“Las certificaciones son el camino para mostrar una agricultura más verde y amigable”, aseguró.
Otro de los modos de mostrar que el campo produce de modo responsable es, según Mata, a través de alianzas con las industrias procesadoras de alimentos, para demostrar cómo fue hecho el camino de un producto, desde su elaboración hasta la llegada a la góndola.
“Hay productores que, con el objetivo de ordenar sus procesos, deciden meterse de lleno en procesos de certificación, y eligen pasar de la libretita a registros más parametrizados; pero también hay quienes ven en las certificaciones una posibilidad de negocio. Hay empresas que producen especialidades y cuando van a una ronda internacional de negocios o en una feria de alimentos exhiben su sello de agricultura sustentable. Eso de algún modo les sirve para garantizar que hace las mejores prácticas dentro de sus procesos de producción”, describió Mata.
El técnico de Aapresid también expresó que muchos productores deciden certificar sus procesos, tan solo por responsabilidad social. “Muchos entienden que están inmersos en una comunidad, linderos a una localidad, y quieren garantizar que sus procesos sean lo más transparentes posibles. Entonces eligen que sea un tercero, es decir una certificadora, la que les diga que hacen bien las prácticas”, manifestó.
El camino hacia la certificación, cree Mata, se acelera ahora que la Unión Europea lanzó un programa hacia una agricultura más verde en 2030, donde se prevé disminuir a la mitad el uso de pesticidas, apelando a una agricultura más orgánica.
“Estas medidas, a la larga, repercuten en las políticas agropecuarias de otros países. De todos modos, la idea es poner este tema sobre la mesa, y no evitarlo. La certificación quizás sea el camino más válido y transparente, y nadie puede obligar a nadie a certificar. No le ponemos la pistola en la cabeza a nadie para certificar, pero tarde o temprano esto llegará”.
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]]>La entrada Otro documental que demoniza el "agronegocio" se produjo con ayuda oficial y se estrenará en un cine público se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En la crónica de Télam que anticipa el estreno en el Gaumont se cuenta que el filme sigue de cerca al fotógrafo Matías Sarlo en medio de un campo de soja de la Pampa Húmeda, en un registro que aparece como “un modo de indagar sobre productos que comemos y no son alimentos”, según señaló el propio director.
Fidalgo contó que gracias a esta producción logró “empezar a conocer el laburo de un montón de gente, a establecer otro tipo de contacto con la naturaleza, y a indagar sobre el tema de los alimentos que comemos”.
“Muchas productos que ponemos sobre la mesa no son alimentos, la soja no es un alimento apto para consumo humano, es un insumo para engorde de animales”, señaló.
Mirá un resumen de “Fotosíntesis”;
En esta película, el director acompaña y captura el trabajo de Sarlo, fotógrafo free lance oriundo de Rafael Obligado, provincia de Buenos Aires, que en este proyecto tiene como meta retratar en un período de 10 años como desparece una cultura del trabajo en el campo, arrasando con los trabajos y los pueblos. Fidalgo y Sarlo hicieron juntos 50 viajes por la Pampa Húmeda (llegando a Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y el norte de Buenos Aires).
“Yo soy de Rosario, una ciudad rodeada de campos, pero cuando hablamos del campo no sabemos de qué estamos hablando”, reconoció el director, que de todos modos consideró: “Hacer esta película fue como tomar un poco de conciencia de qué es lo que nos rodea, me abrió un camino para hacer mis propias búsquedas, siempre me interesó la ecología pero era como algo abstracto”.
La idea de Sarlo que luego se retrata en el documental era hacer un registro en un período de 10 años sobre las mutaciones y cambios de costumbres y pérdidas culturales del mundo rural a partir de la sojización o intensificación del modelo extractivista, con la aplicación de los llamados paquetes agrotecnológicos. El fotógrafo organiza series temáticas de 10 fotografías y las clasifica: remates rurales, chacras abandonadas, prácticas rurales que persisten, historias de vida.
“El documental muestra un poco lo que pasa después del agronegocio, la desintegración de los pueblos. Hay mucha soledad en esos pueblos en los que la economía es lo que los mueve hasta que no empecemos a salir de este encierro del agronegocio”, expresó el cineasta. “El diagnóstico ya lo tenemos, hay personas que se fueron a vivir al campo y se encontraron con que los fumigan con agrotóxicos a 100 metros, y hay enfermedades, problemas, cáncer”, describió.
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