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La entrada Syngenta se pinta la cara de verde: Compró a una de las mayores fabricantes de bioinsumos del mundo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Esa es la presentación de Valagro en su página web, donde relata también sus inicios en el terrenos de los insumos biológicos desde la década de los 80. Ahora esa compañía italiana, una de las líderes globales en el mercado de biofertilizantes, tendrá que poner en su biografía que fue comprada nada menos que por el grupo Syngenta, la segunda empresas de insumos y tecnologías para el agro a nivel global.
“Esta inversión posiciona a Syngenta Crop Protection como líder mundial en un mercado de productos biológicos en rápido crecimiento”, destacó el comunicado de ese grupo de origen suizo, pero que en los últimos años fue comprado por capitales chinos. Syngenta consideró que con esta adquisición, de la cual no informaron montos, “consolida su estrategia para ofrecer a los agricultores más opciones de tecnologías y productos complementarios, y afianza su compromiso para mejorar la resiliencia y sustentabilidad de la agricultura”.
Lo cierto es que Syngenta se pintó, como muchas otras empresas que vienen del ramo agroquímico, la cara de verde. El mercado de insumos biológicos parta el agro -en reemplazo de otros de síntesis química- viene creciendo a toda velocidad y “está previsto duplique su tamaño en los próximos cinco años”.

En este escenario, Valagro seguirá operando en el mercado como marca independiente dentro del negocio de Syngenta.
“Valagro lidera el mercado como fabricante de productos biológicos innovadores”, con una tasa anual de crecimiento del 10% entre 2009 y 2019 e ingresos por 175 millones de dólares el último ejercicio. “La compañía ha destacado por haber aprovechado el poder de la naturaleza para ofrecer soluciones innovadoras y eficaces en la nutrición y el cuidado de las plantas”, se destacó.
“Durante más de cuarenta años, la misión de Valagro ha consistido en aprovechar la naturaleza para ayudar a los agricultores a alcanzar un mayor desempeño y producir cultivos de mayor calidad. Este acuerdo dará paso a perspectivas de crecimiento antes inimaginables para el grupo Valagro a escala mundial. Ahora que formamos parte de una compañía que dispone de los recursos y la ambición de Syngenta”, evaluó Giuseppe Natale, CEO de Valagro.
Mariano Lattari: “La adopción de los bioinsumos implica un cambio cultural en el productor”
Por lo pronto, la firma ya tiene una amplia gama de productos biológicos para diferentes cultivos y lidera el mercado de los bioestimulantes y nutrientes de especialidad. Con sede en Atessa (Italia), cuenta con 700 empleados, 13 filiales y 8 centros de producción alrededor del mundo, incluyendo el de Brasil.
“Esta adquisición estratégica permitirá a Syngenta Crop Protection desarrollar un negocio de productos biológicos de liderazgo mundial. Además de tener sólidas capacidades tecnológicas y de investigación, Valagro tiene una presencia comercial y excelencia de producción que lo colocan como líder del sector”, indicó la ex suiza, ahora china.
Erik Fyrwald, CEO de Syngenta, declaró: “Esta inversión también forma parte de nuestro compromiso de invertir 2.000 millones de dólares para ayudar a los agricultores a lidiar con los efectos del cambio climático y mejorar la sustentabilidad agrícola en el marco del Good Growth Plan”.
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González también se quejó de que “el nuevo proyecto de ley no menciona a las BPA- Buenas Prácticas Agropecuarias-, y no diferencia tampoco las bandas de toxicidad de los productos que se utilizan. Por eso en este punto, proponemos que entre los 100 y 500 metros del casco urbano, al aplicar se usen productos de bandas azul y verde”.
Además, el ingeniero fustigó que “otro gran error es que, por definición, nombran a los fertilizantes e inoculantes dentro de los plaguicidas, lo cual no es correcto”.
Respecto de las distancias de aplicación que se quieren fijar (500 metros para las aplicaciones terrestres y 3.000 metros para las aéreas), el agropecuario cuestionó que “no dejan bien claro hasta dónde llega el área urbana. ¿Entonces qué base científica tiene el gobierno para establecer esas distancias?”.
González destacó estudios de la Red BPA, que nuclea a 50 instituciones públicas y privadas, la cual realizó 39 jornadas de capacitación y en todas ellas, mostró estudios de deriva tras la aplicacion de productos fitosanitarios. “Para aplicaciones terrestres la misma tuvo un promedio de 9,70 metros, y para aplicaciones aéreas fue de 45 metros. Esa es nuestra base científica”, destacó.
Asimismo, recordó que “en agosto de 2019, la red BPA hizo una jornada en conjunto con el gobierno de La Pampa y organismos privados, en donde se demostró que la deriva en aplicaciones terrestres fue de 0 metros y en aéreas de 40 metros”.
“No es cuestión de decir o la salud o el ambiente o la producción. Se pueden hacer las tres cosas en sana convivencia. Lo importante es que hay un principio de acuerdo en este debate, y es coincidir en que este tema es perfectible. El proyecto se puede mejorar de modo tal que conforme al gobierno, a la sociedad, a los productores y empresas proveedoras de insumos”, concluyó.
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En una de sus giras artísticas por el Festival de Cosquín, fue a una peña y conoció a una bella mujer, con aspecto de huinca, diríamos de gringa, proveniente de Desvío Arijón, provincia de Santa Fe. Comenzaron a noviar, hasta que un día decidieron juntarse, tuvieron dos hijos, y mientras tanto decidieron vivir en el pueblo de ella, y trabajar la tierra, una huerta familiar de 4 hectáreas.
Desvío Arijón tiene unos 4000 habitantes, en su mayoría gente humilde que llegó del norte para las cosechas de las frutillas, y que se fue quedando. Es que queda a 32 kilómetros de Santa Fe capital y a 11 de Coronda.
Con el tiempo, los jóvenes fueron descubriendo muchas falencias en esa comunidad y en ese pago, al punto de quedar frente a una disyuntiva: o nos vamos, o nos quedamos pero comprometiéndonos en cambiar esta dura realidad. Y decidieron quedarse y comprometerse. Comenzaron a organizar reuniones con sus vecinos, con largas mateadas, y paso a paso fueron derivando en una naciente cooperativa, hoy en vías de ser registrada, entre todos los campesinos, que desarrolla lo que llaman agricultura ancestral, agroecológica, de huertas orgánicas, a la que bautizaron “Desvío a la Raíz”.
Fue una lenta labor de recuperar los valores y las tareas que, casi sin darse cuenta habían ido perdiendo, hasta quedarse -según analizan ellos mismos- sin identidad, sin rumbo futuro, trabajando apenas para subsistir, y ya sin tiempo ni oportunidades para tener sus gallinas ponedoras, sus vaquitas como antes, su huerta familiar, y muchos con enfermedades causadas por las fumigaciones de los campos sojeros aledaños, o por fumigar ellos mismos, a mano, o de a pie, las frutillas.
En aquellas reuniones comenzaron a recordar que hubo un tiempo en que el pueblo respetaba a sus abuelos, que sus hijos y nietos jugaban libres y sanos, que el campo era sinónimo de salud y de fertilidad respecto de las ciudades contaminadas. Y hasta recordaron que el pueblo se cubría por completo con un exquisito y fresco manto de aroma a frutillas. Por eso hoy insisten en que “hay que avanzar retrocediendo”, recuperando todo aquello bueno del pasado, que consideran nunca debieron haber perdido.
No fue fácil. Pero tanto esfuerzo dio sus frutos, y recuperando la cultura de los patios sagrados de los pueblos chicos, fueron consiguiendo semillas, cultivando, rearmando sus gallineros, creando huertas orgánicas, y organizándose para ir a vender a la capital, captando clientes por las redes. Hoy hay muchos vecinos que poseen entre 1 y 4 cuatro hectáreas cultivadas. Ganan más que cuando eran contratados.
La cooperativa ya integra a 35 familias agrupadas, que llevan sus cosechas para consumir entre unas 150 familias de la ciudad. Y cuando llegan con precios módicos a vender a Santa Fe, cuentan que los clientes se sacan fotos con sus productos saludables, y junto a ellos, porque los reciben como a “superhéroes” que llegan con vida y esperanza de un mundo mejor para nuestros hijos.
Jeremías fue desarrollando su capacidad de líder, y hoy es Coordinador del proyecto de agricultura ancestral “Desvío a la Raiz”. También es eferente del Foro de Agricultura Ancestral en Santa Fe, y además, del Grupo de apoyo santafesino a las comunidades Mapuche.
Él nos cuenta que, residiendo en Santa Fe, no puede dejar de revivir su cultura ancestral patagónica, y acostumbra preparar Muday, esa bebida refrescante, de tradición religiosa, que los mapuches ofrecen en su sagrado nguillatún, y que incluían en los entierros, a la que pueden beber sin alcohol, o fermentada, con baja graduación alcohólica, como se hace la cerveza.
El Muday de Trigo: Si se lo prepara como un jugo fresco, sin alcohol, sobre todo para los veranos, es como la añapa de algarroba, pero si se lo fermenta, pasa a ser como la chicha de los noroesteños, apropiada para estos helados inviernos. Sus ingredientes son:
Para la preparación, se lava el trigo con agua fría y se cuece en agua que cubra los granos durante una hora. Luego se cuela el trigo cocido y se muele en el molino o en mortero de piedra o de madera, mojado o con poca agua. Antiguamente las mujeres lo mascaban.
Se guarda el agua cocida que conserva el sabor del trigo, a la que se le suman los 9 litros de agua limpia. Se le echa el trigo cocido y molido. Se coloca a fuego lento. Se va revolviendo el trigo cocido y molido en el agua, y echando la miel, y se va calentando, sin hervir, por un total apenas, de 10 minutos.
Se deja reposar hasta el otro día, y se sirve frío en vasos para disfrutar como lo hacen los mapuches, y actualmente los patagónicos en general. No se quitan los granos que quedan en el fondo del recipiente, y el color es amarillento, o amarronado, muy sabroso y nutritivo.
Un detalle: también se hace en la Patagonia el Muday del piñón del Pewén o Pehuén, considerado el maná cordillerano, la semilla comestible de toda la Araucanía, como señala el sabio Héctor Alegría, de Chos Malal.
Jeremías nos quiere dejar una canción que trata de esos valores ancestrales que hay que recuperar. Se trata de “El abuelo y el pehuén” por Rubén Patagonia:
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