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La entrada Para evitar la subfacturación no hacía falta ningún registro: La Aduana sigue imponiendo precios de referencia, esta vez al ajo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La Aduana, que es el organismo que entiende en materia de controles del comercio exterior, no solo ya tiene su registro de empresas exportadoras e importadoras sino que además en los últimos tiempos viene estableciendo precios de referencia para ciertos productos exportables. Los acaba de hacer de nuevo, para los ajos.
Estos valores de referencia tienen justamente el objetivo de desalentar maniobras de subfacturación. Esto es declarar un valor menor por un productor exportado para tributar menos y liquidar a la vez menos divisas, dejando parte de los dólares fuera del país.
En las últimas horas, la Aduana publicó la Resolución General 4969 y determinó el valor de referencia de carácter preventivo para distintos tipos de ajo con destino a 14 países. La Argentina es uno de los grandes jugadores en el comercio de esa especie. Su producción se concentra en Mendoza.

La norma establece para la exportación de distintos tipos de ajo valores que van desde los 0,50 dólares por kilo hasta los 1,84 dólares por kilo, según cada una de las clasificaciones. Estos precios de referencia rigen para embarques hacia China, Corea del Sur, Filipinas, Hong Kong, Japón, Taiwán, Tailandia, Estados Unidos, Canadá, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay y Venezuela.
“Con los valores referenciales, la Aduana encabezada por Silvia Traverso cuenta con una herramienta para detectar desvíos respecto de los valores de exportación usuales para mercaderías idénticas o similares. Estos precios de referencia constituyen un primer control de las declaraciones en resguardo del interés fiscal”, explicó el organismo, dejando en offside, al menos en uno de sus argumentos, a los ministros Luis Basterra y Matías Kulfas.
Ambos funcionarios firmaron el martes una resolución conjunta en la que se crean las Declaraciones Juradas de Exportaciones de Carnes (DJEC), para las especias vacuna, aviar, porcina, caprina y ovina. Esto implica que, además de ser autorizados por la Aduana (que verifica la situación de cada empresa) y el Senasa (que certifica la sanidad de cada embarque), los exportadores de carne deberán atravesar un nuevo filtro oficial. Al presentar su Declaración Jurada deberán declarar el precio de venta de la mercadería.
Pero en su gacetilla, la Aduana insiste en que eso no sería necesario. “El organismo dependiente de la AFIP establece precios testigo como instrumentos para detectar la subfacturación en las exportaciones. Se busca identificar posibles maniobras abusivas en el comercio exterior que impactan en el plano fiscal y también en el mercado cambiario”, se explicó.
Y lo peor de todo es que ya hace algunos meses la propia Aduana estableció valores de referencia a las exportaciones de carne vacuna destinadas a China (el principal mercado nacional, con 75% de los envíos) y otros países.
Los valores referenciales también se fijaron para la carne de cerdo, tomate perita, mosto concentrado, los arándanos, la leche en polvo, la cebolla, la papa, las pasas de uva y la corvina. También se buscó evitar la sobrefacturación en operaciones de importación (a la inversa) para auriculares y radiadores para calefacción central, los clavijeros para instrumentos musicales, los textiles de poliéster y dientes artificiales.
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]]>La entrada El INTA presentó una nueva variedad de ajo que permite ingresar el producto al mercado hasta 40 días antes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El INTA La Consulta trabaja desde 1989 con productores ajeros. “En ese entonces, no había variedades inscriptas y se trabajaba con semillas de baja calidad. Se comenzó con un programa de selección para mejoramiento genético y comenzaron a originarse variedades nuevas”, dijo Silvina Lanzavecchia, investigadora del INTA de esa localidad.
Aylin INTA se caracteriza por ser una planta con un ciclo vegetativo comercial de 240 días y un período de cosecha que se da alrededor del 15 de noviembre. Sus hojas más largas llegan a tener 85,6 centímetros de largo y 3,11 de ancho medio. Se trata de una variedad originaria de San Juan, que fue adaptada por una selección clona realizada en 2014. La misma ya fue inscripta en el Instituto Nacional de Semillas, junto a los otros 23 cultivares de ajo registrados.
Cada una de estas variedades tiene una fecha de cosecha distinta. “El morado se cosecha primero, después el blanco, sigue el colorado y por último el castaño. Esto implica que los productores no tengan concentrada la cosecha en un solo momento. Esos 30 o 40 días de diferencia constituyen una ventaja para el productor en cuanto a la mano de obra y también en lo que hace a la calidad del cultivo”, explicó Lanzavecchia.
Argentina se encuentra entre los cinco países que agrupan el 90% del volumen de ajo comercializado en el mundo. Forman parte del grupo China, España, Francia y México. El gigante asiático es el principal productor con 10 millones de toneladas anuales. Argentina está cuarta con 143.000 toneladas, aportado el 1% de la producción mundial.
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]]>La entrada Que 20 años no es nada: Después de dos décadas pondrán en marcha un fondo para el desarrollo del ajo en Mendoza se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Dos décadas después de su creación por ley el gobierno de Mendoza y el sector productor de ajos dieron los pasos para echar a rodar el Fondo de Integración y Desarrollo del Ajo (FIDA). La idea es juntar recursos de cada tonelada exportada para promover innovaciones tecnológicas a nivel de campo para ese cultivo regional, del cual la Argentina llegó en algún momento a ser la mayor exportadora del mundo.
Según informó el Ministerio de Economía de Mendoza, provincia que concentra esa actividad productiva, la semana pasada se firmó el convenio para la creación del Consejo de Administración del FIDA, que en principio contará en principio con magros 2 millones de pesos para promover el desarrollo y crecimiento del sector. En la rúbrica participaron Alejandro Zlotolow, subsecretario mendocino de Industria y Comercio; Mario Leiva, de la Sociedad Rural del Valle de Uco, y Ariel Zucarelli y Guillermo San Martín, de la Asociación de productores, empacadores y exportadores de ajos, cebollas y afines (Asocamen).
Veinte años no es nada, dice el tango. La decisión de poner a rodar el fondo llega dos décadas después de que el 11 de octubre de 2000 la Legislatura provincial sancionara la Ley 6832, que estableció la creación de este Fondo. Allí se establecía que por cada kilogramo de ajo exportado, cualquiera sea su forma, los establecimientos empacadores de ajo inscriptos en el Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza (ISCAMEN) deberían abonar una tasa retributiva que, actualizada a 2018, sería de 0,025 pesos por kilo.
Se estima que en Mendoza hay unos 1.500 productores de ajo, pero el 75% de ellos son pequeños y medianos con menos de 15 hectáreas cada uno. China, Argentina, España, Francia y México agrupan aproximadamente el 80% del valor (y el 90% del volumen) del ajo comercializado en el mundo. China es el principal productor, con 10 millones de toneladas. La Argentina está en el cuarto puesto con 143. 000 toneladas, aportando el 1% de la producción mundial.
Ver Gabriel Testa, productor de ajo: “Mucha gente recaudó la mitad de lo invertido y saldrá del negocio”
Todo eso quedó en la nada hasta que en septiembre de 2017, el Gobierno de Mendoza modificó algunos artículos de la ley para determinar como quedaría conformado el Consejo de Administración del Fondo, el modo de estimación de la tasa retributiva y el organismo encargado de la recaudación de los fondos, que sería el propio ISCAMEN. Ahora, con este acuerdo, “estamos constituyendo la comisión directiva que va a tener a su cargo la administración de este fondo y que estará compuesto por todos aquellos actores vinculados a la producción de ajo. Creemos que es el camino del sector y el de la matriz productiva mendocina”, explicó Zlotolow, el responsable mendocino de Industria.
Leiva, que preside la Sociedad Rural del Valle de Uco, zona donde se concentra la producción de ajos, opínó que de ahora en más el dinero podrá utilizarse “para perfeccionar los varietales del ajo e incorporar tecnología que ya existe en el mundo para el tratamiento del suelo y siembra del ajo, la comercialización y todo lo que ayude a mejorar lo productivo”.
El ajo “es el cultivo de invierno que más aprecian los productores en el Valle de Uco y varios lugares de Mendoza. Esta es una herramienta que, si se usa bien, nos ayudará a no volver atrás, teniendo en cuenta que la fuerza técnica del proyecto es muy importante”, agregó el dirigente rural. Puso como ejemplo la posibilidad de incorporar el desarrollo de una industria australiana para “llevar vapor al suelo que se va a sembrar, permitiendo reducir así los costos al no utilizar agroquímicos”.
Por su parte, el empacador San Martín comentó que hay dos cuestiones fundamentales a considerar: “En primer lugar, la parte comercial. Por ejemplo, Brasil es un mercado que merece estar defendido. Por otro lado, fortalecer la investigación a nivel primario, principalmente profundizar la diferenciación de variedades de hongos y bacterias, y lograr semillas de mejor calidad”.
San Martín estimó los montos que se puedan llegar a generar a raíz de la creación de este fondo. “La intención es comenzar con un fondeo muy modesto, teniendo en cuenta la situación económica actual. La idea no es generar un costo importante para este sector. Podría llegarse a constituir un fondo de entre 1,5 y 2 millones de pesos para comenzar a trabajar”, indicó.
Mendoza exporta entre 7 y 9 millones de cajas de ajo, dependiendo el año, por lo que serán centavos de pesos por cada kilogramo exportado que constituirán un fondo simbólico. A partir de ahora, según se acordó, todos los años este monto será consensuado entre todos los actores vinculados al sector.
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]]>La entrada Pedro Sensini, de Villarino, vivió la gran crisis del ajo en los años 80 y teme que ahora se repita con la cebolla se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Sensini tiene actualmente 65 años y pasó por aquella gran crisis que tiempo atrás soportaron los productores de ajo de la zona, y a partir de la cual el sur bonaerense pasó de ser una región ajera a una región cebollera: Recuerda Pedro que, como muchos otros, “los primeros pasos los di en Médanos, donde tuvimos crisis grandes con el ajo entres 1976 al 1986. Fueron diez años en los que migraron más de 500 productores desde la zona norte de Villarino”.
Luego de aquella crisis, “el ajo se trasladó a Mendoza, donde rendía mejor, y la cebolla presente en los mercados de Cuyo, se trasladó al sur de Buenos Aires, donde de 800 o 1.000 hectáreas por 1986/87. En este momento se están haciendo entre 12 y 14 mil hectáreas, lo que hizo que se instalaran muchas empresas de la región, y también de Brasil. La cebolla forma parte del equipo de soldados de la producción para traer divisas a nuestro país”, explicó Sensini.
La zona sur bonaerense se hizo cebollera porque “estamos en una zona de riego que tiene influencia marítima, que la cebolla la acepta bien, y son tierras muy fértiles”, explicó el productor a Bichos de Campo.
Escuchá la entrevista completa con este productor de cebolla:
El empuje de los productores y las características agronómicas y climáticas de la región hicieron que se reconociera mundialmetne a la cebolla del lugar, señaló Sensini. Eso fue posible, según el productor, hubo condiciones de competitividad que permitieron la exportación y el desarrollo de la actividad. De todos modos, advierte: Hoy la cosa está complicada y al igual que en los 70 el productor enfrenta otra crisis.
“En este momento para vender a Europa tenemos costos que se fueron elevando en dólares y dejamos de ser competitivos. Los números este año son relativamente bajos para el productor, apenas cubrimos costos, lo insumos están en dólares en gran parte, y los precios están bajos”, indicó el cebollero.

Según los números, al productor los valores arrancaron esta temporada en 5 o 6 pesos por kilo de cebolla recién arrancada, y ahora han mejorado a unos 8 pesos el kilo. Ya ambolsada, esa carga se está pagando unos 18 pesos en el Mercado Central de Buenos Arires. Y luego el consumidor paga cerca de 45 pesos según la medición de la CAME. Es decir que la brecha se multiplicó por diez.
Sensini dijo que con estos valores, que apenas cubren los costos, podría haber una caída importante de la siembra en la próxima temporada. A esto se suma la gran crisis hídrica de la que ya hemos informado bastante en Bichos de Campo: el sistema de riego del Río Colorado, administrado por le CORFO, ha debido este años cortar antes el suministro de agua a los productores porque se han agotado las reservas, debido a la crónica falta de nevadas en la Cordillera de los Andes. Esto achica la superficie potencial bajo riego, que era de 140 mil hectáreas, a casi la mitad.
Mirá el programa especial que hicimos a principios de 2020:
Según Sensini, producir cebollas “significa esperar 8 o 9 meses con el agravante que es un negocio a cielo abierto y con esos precios la familia tiene que vivir todo el año y producir. Va a haber una reducción de siembra en la zona, cuando los productores no pueden sembrar al otro año y haya menos cebolla puede llegar a valer fortunas”, advirtió.
La entrada Pedro Sensini, de Villarino, vivió la gran crisis del ajo en los años 80 y teme que ahora se repita con la cebolla se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Forman una red de instituciones contra el trabajo infantil: En el agro argentino hay unos 200 mil chicos obligados a trabajar se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El denominado proyecto “Offside: ¡marcando la cancha!” es una iniciativa enfocada en combatir el trabajo infantil en el sector agropecuario que es impulsada por la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Argentina. Cuenta con la participación de más de veinte instituciones y actores sociales y está financiada por el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos (USDOL, por sus siglas en inglés).
El plan lleva ya seis meses de desarrollo, pero en total tendrá cuatro años de duración. Si bien el proyecto se enmarca en el Plan Nacional para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil y Protección del Trabajo Adolescente (2018-2022), su foco está puesto en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza, con particular énfasis en tres sectores productivos: ajo, algodón y tomate.
El trabajo infantil, según un documento de la OIT, es un problema global, con cifras alarmantes. En todo el mundo, hay más de 152 millones de víctimas del trabajo infantil, y 108 millones trabajan en el sector agropecuario.
En Argentina, el problema alcanza a más de 763.000 niños y niñas. De ese total, casi el 20% vive en zonas rurales, de acuerdo con los resultados de la última Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA), elaborada por el INDEC junto a la Secretaría de Gobierno de Trabajo y Empleo en 2018.
“Proponemos un abordaje integral del problema del trabajo infantil en el sector agropecuario”, afirmó María Eugenia Figueroa, especialista en desarrollo rural y coordinadora nacional del proyecto Offside. De acuerdo con la funcionaria de la OIT, “es fundamental promover una mayor articulación entre organismos de gobierno, empresas, trabajadores y la sociedad civil para cumplir con la meta de erradicar el trabajo infantil para el año 2025”.
Figueroa destacó que el país ya cuenta con logros significativos en ese terreno, entre los que mencionó al plan nacional y a ley 26.847, que prohíbe y penaliza el trabajo infantil. “Pero a pesar de estos esfuerzos, el problema persiste”, contrastó, “porque miles de niñas y niños de todo el país siguen involucrados en tareas productivas propias de los adultos, con consecuencias muy graves en su salud, educación y trayectorias laborales futuras”.
Frente a este contexto, el proyecto Offside busca generar conocimiento e información, para incidir en la formación política y concientización para funcionarios públicos de todo el país, además de la sociedad civil,
incluidas las comunidades y familias rurales. A su vez, se propone desarrollar capacidades para asegurar políticas, programas y/o servicios específicos que contribuyan a prevenir y erradicar el trabajo infantil, así como a promover el trabajo adolescente protegido en el sector agropecuario.
Según indicó Figueroa, el proyecto impulsará el diseño de modelos de intervención para mejorar los mecanismos de coordinación local. “El apoyo interinstitucional e interdisciplinario es una de las claves
para el éxito de este proyecto”, destacó la coordinadora de la OIT, que este año celebra su centenario global y el 50º aniversario de la llegada de la oficina al país.
Entre las instituciones que integran la iniciativa se encuentran el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca
y la Secretaría de Gobierno de Trabajo y Empleo; el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA); la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI, perteneciente al Ministerio de Producción y Trabajo); los gobiernos provinciales de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza; la Unión Industrial Argentina (UIA); el Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE), la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE), las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA); la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), entre otros.
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]]>La entrada Gabriel Testa, productor de ajo: “Mucha gente recaudó la mitad de lo invertido y saldrá del negocio” se publicó primero en Bichos de Campo.
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“El ajo morado, que es el primero que empieza a recolectarse en octubre, tuvo un precio muy malo. Para que te des una idea, al ajero le pagaron unos 100.000 pesos por hectárea, cuando el costo de hacerla fue de 200.000 pesos”, ejemplificó el productor.
Y agregó: “Esto hizo que mucha gente malvendiera debido a las deudas impositivas y por compra de agroquímicos que son en dólares, además del consumo eléctrico que es vital para mantener el agua, elemento imprescindible para producir. Creo que toda esa gente que recaudó la mitad de lo invertido, saldrá del negocio”.
Testa comentó que “ahora está cambiando el número, dado que están pagando 15 pesos el kilo de ajo cortado en el campo, lo que se traduce en unos 170.000 pesos la hectárea. Pero así y todo seguimos por debajo de los costos de producción. Consideremos que lleva 8 meses producir el ajo y tiene una alta demanda de mano de obra especializada. No hay máquina que llegue a la perfección de la mano del hombre a la hora de la cosecha”, explicó.
Aquí la entrevista completa a Gabriel Testa:
En cuanto a la comercialización, Testa mencionó que “el 80% de lo producido en Argentina va a Brasil a partir de febrero o marzo. A su vez, el productor que pudo hacerse de un fondo o que pudo sacar dinero de otra actividad, se guardó su producción en la chacra a la espera de mejores precios, pero eso representa sólo el 30% de los productores. El resto terminó entregando todo al acopiador a precios malos. Esto obliga a diversificar la matriz productiva para ser sustentables en el tiempo, debido a que el ajo tiene muchos altibajos”.
Poder guardar la cosecha parece clave, porque se cree que el precio del ajo podría subir hasta el triple este año, debido a que se espera una menor producción mundial por los problemas climáticos que ocurrieron en China, que es el principal productor y exportador de ajo.

En la principal región ajera de la Argentina, dentro de 15 a 20 días deben desgranar el ajo para empezar a plantarlo. “Hoy no tenés cómo afrontar ese costo. Creemos que la producción con ajo en Mendoza, que abarca unas 11.000 hectáreas, se reducirá entre 30% y 40%”.
Según el productor, el gran mal de la competencia desleal es “la mano de obra de países vecinos como Bolivia. Competimos con ellos en la contratación de servicios y no podemos darle el alta tributaria ni blanquearlos a la hora de contratar sus servicios porque ellos tienen planes sociales, a los cuales no pueden renunciar”.
Respecto de las soluciones que lanza el Gobierno, Testa destacó que “se armó un fondo compensador para que el productor que no pueda afrontar la cosecha, acceda a un crédito para pagar a un año y así vender mejor cuando levante el precio. Pero se trata de un paliativo, y además la brecha con el acopiador no se achica”, remarcó.
También declaró que todo se complica más ahora que “bajaron los reintegros para productos de exportación, de 4% a 1,25%. Eso genera un costo adicional que termina siendo pagado por el productor”.
Para el productor de ajo, una posible vía de ayuda sería reducir las retenciones a las economías regionales de los 4 pesos por dólar exportado a 3 pesos. “No es una gran solución, pero es un paliativo al fin, y nos pone a la par de la soja. Aunque esta oleaginosa genera poca mano de obra, mientras que el ajo genera mucho valor con la mano de obra que genera. En eso hay diferencia, por eso agradezco que lentamente se vea una luz al final del túnel”, concluyó.
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]]>La entrada Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el ajo y, por temor al aliento, no se atrevía a preguntar se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La Argentina es el segundo exportador mundial de ajos, pero a leguas del primero, que es China, incluso cuando allí la mayoría de la producción se consume internamente y aquí se exporta el 85%. Es que las 16.000 hectáreas de ajo argentinas son muy poquitas frente a las 600.000 chinas: 1/37 para ser más precisos.
La situación es complicada porque cualquier mínimo vaivén chino sacude el mercado internacional de precios y deja afuera a la Argentina, que de competitiva –ya sabemos- tiene poco. Por eso, cuando se mira una evolución temporal de las hectáreas plantadas o la producción de ajo en el país, el gráfico parece un electrocardiograma: el precio cae, los productores se clavan con la cosecha y no plantan; el precio sube, todos vuelven a plantar.
Si bien el Mercosur ayuda a paliar estas circunstancias, ya que tres cuartas partes de las exportaciones argentinas de ajo se dirigen a Brasil protegidas arancelariamente, eso no alcanza, y los productores locales mantienen conversaciones con sus pares brasileños para mejorar la situación común.
Como por muchos lados del mundo el ajo se consume como condimento, su mercado es bastante estable. Contra esa limitante, el INTA viene desarrollando “varietales”, que aspiran a un consumo diferenciado de más valor. De hecho, fue por su iniciativa que la gran producción de ajo del país se afincó en Mendoza en los últimos años, fundamentalmente en el Valle de Uco y más precisamente en San Carlos, donde se han tratado de imponer los ajos colorados. Y en San Juan, en tanto, se desarrolló el ajo blanco, mientras siguen investigando e innovando en variedades.
Es por eso que aunque hoy en la zona de Cuyo se produce más del 90% del ajo del país, desde hace medio siglo la Fiesta Nacional y la Capital del Ajo están en Médanos, cerca de la bonaerense Bahía Blanca, donde se cultivaron primero.
Curiosidades del ajo. La palabra ajo deriva del latín alium, de donde también salieron la italiana aglio, la portuguesa alho y la francesa ail. En inglés se llama garlic, aparentemente derivado de la palabra lanza del inglés antiguo, por la forma del tallo y el bulbo.
Primo de la cebolla, el puerro, el échalote y el ciboulette, se cree que el ajo proviene de Asia Central, por allí donde hoy el sur de Rusia hace frontera con el Oeste de China. No extraña que se desparramara tempranamente: por allí circularon los primeros “globalizadores”, desde las huestes de Alejandro Magno hacia el 300 aC y la posterior Ruta de la Seda, hasta las de Marco Polo y Gengis Khan unos 1.500 años más tarde.
El ajo es uno de los primeros alimentos que se cultivaron.Se encontró una cabeza de ajo hecha de barro en Egipto datada en 3.750 aC, antes del imperio de los faraones. Se dice que los comían los constructores de las pirámides y se hallaron cabezas disecadas en la tumba de Tutankamón. ¿Le atribuían los egipcios conexión con los dioses? ¿Era una especie de alimento para la eternidad?
El ajo figura en la Biblia como uno de los alimentos que añoraban los judíos en el desierto, aparece en el Talmud y en los primeros textos de medicina, como los de Hipócrates y Galeno, básicamente por las propiedades que se le han atribuido (anticoagulante, antiséptico, antiinflamatorio, diurético, digestivo, sedante, antiparasitario, etc.). A nivel simbólico, se lo relacionó con las pasiones, el vigor, lo oculto, la purificación, la protección contra el mal de ojo y otros asuntos.No nos olvidemos de la novela Drácula, de Bram Stoker, en la que el ajo ahuyenta los vampiros.
Pese a todas esas virtudes milenarias más o menos comprobables, en la Edad Media el ajo fue despreciado (por los ricos,obviamente) como un alimento barato y vulgar. Pero en el siglo XIX volvió al ruedo, seguramente en parte gracias a la moda de la cocina mediterránea y luego la onda étnica, que lo emplean.
Como la cebolla, el ajo ayuda contra el soroche o mal del altura, ya que son vasodilatadores. San Martín llevaba cantidades en el Cruce de los Andes (poco antes de emprenderlo, había mandado a incautar las cebollas de todo Mendoza para llevar “como medio de combatir la puna”).
La planta de ajo nace de un diente, y a diferencia de la papa, el bulbo comestible (la cabeza) no es la raíz sino el final del tallo. Es justamente el tallo lo que permite esa genial idea de hacer ristras, que además de lindas y curiosas permiten manipularlos y colgarlos para alamacenarlos ventiladamente y que así se conserven. Aquí, cómo se hacen las ristras, uno de los primeros misterios que recuerdo.
El ingeniosísimo folclorista Omar Moreno Palacios –que hace muy poco tuve la suerte de conocer gracias al sabio Marcelo Simón, que tuvo la gentileza de aceptarme en su equipo–, recordó el cantar de algunos vendedores de ajo, que iban con las ristras al hombro: “¡Cooooooloráu el ajoooo!”.
Difícil es borrar los rastros del aliento. Pero valga la sabiduría popular: No hay campana sin badajo, ni sopa buena sin ajo.
La entrada Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el ajo y, por temor al aliento, no se atrevía a preguntar se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Guillermo San Martín: “Los productores de ajo competimos con un monstruo como China” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El productor relata que los chinos producen ajo “para su propio consumo” y que no habría problema si, como sucede ahora, les sobra producción. “El problema se genera los años que tienen alguna producción extraordinaria, porque esos excedentes son volcados al mercado externo, descalabrando nuestro mercado”, expresó San Martín en Bichos de Campo.
Del total de ajo producido en la Argenitna, el 85% se destina a exportación y el 15% restante se dirige al mercado interno. “Hoy estamos exportando a más de 20 mercados, aunque altamente concentrados en Brasil, que recibe el 75% de nuestras exportaciones”, dice el directivo de los ajeros mendocinos. De todos modos, aclara: “En los últimos años esto se fue deteriorando, y estamos lejos de lo que se daba en 2009, cuando llegábamos a 50 mercados”.
Escuchá el reportaje completo a San Martín:
El grueso de producción argentina se sigue concentrando en el Valle de Uco, Mendoza, pero la historia del cultivo comenzó en Médanos, en el sur de Buenos Aires, donde hasta el día de hoy se celebra la fiesta nacional del ajo.
“El cultivo fue buscando zonas más frías o desérticas en donde pudiera encontrar un diferencial de calidad. De modo que el INTA lo trajo como un producto apto para todas las zonas andinas, desde el norte de Argentina hasta Neuquén, y encontró un ámbito muy propicio en la provincia de Mendoza, lo que la hace la principal productora de ajo del país, con el 85% de superficie cultivada”, explicó el Gerente de la Cámara de Productores de Ajo.
El bulbo también se produce en San Juan y La Rioja, que “si bien tienen menos superficie cultivada, obtienen una producción más diferenciada, ya que al ser zonas más cálidas, producen otras variedades que van a otros mercados. Tienen un alto mérito en diferenciación y en obtener producciones más tempranas”, cuenta el dirigente.
Respecto de la actual campaña, el Instituto de Desarrollo Rural (IDR) de Mendoza estimó una suba de la superficie implantada con ajo de un 16%, respecto del año anterior. San Martín dijo que “pese a que es cierta esa suba proyectada, ese factor tiene mucho que ver con la demanda de exportación, y con la de Brasil más que nada”.
Pero una mayor siembra no es la clave del éxito. “El productor planta porque la temporada anterior le fue bien pero no sabe cómo vendrá la temporada venidera, porque aún no hay información certera. Este año se plantó en febrero, y recién a mediados de junio nos enteramos que había un sobre-stock de ajo a nivel mundial porque China tuvo un 15% más de rendimiento”.

Como resultado de todos estos factores, San Martin analizó que “hoy nos encontramos con la mayor superficie sembrada a nivel nacional, y con un precio muy bajo pagado al productor en el mercado interno. A los costos de producción que tiene, no puede absorber gastos. Fue el mercado brasilero el que nos mantuvo estos últimos años, y el hecho de que China venía acompañando con un alza de precios en el mercado internacional. Hasta que este año ese país decidió eliminar su sobre-stock, y así cometieron dumping bajando el producto en un 50%”.
¿Y qué chances hay de conservar la producción o de agregarle valor? La industrialización sería, para San Martín, “un proceso que evitaría depresión de precios para el ajo. Lamentablemente los vaivenes económicos hicieron que cerraran muchas industrias deshidratadoras de ajo. El problema es que, el ajo en polvo que proviene de China ingresa de modo irrestricto y no paga impuestos”.
San Martín lamentó la falta de políticas estables. Y relató que el ajo es la economía regional “que más mano de obra demanda por hectárea”. Según sus datos, para preparar una carga de exportación de una hectárea de ajo se precisan alrededor de 230 jornales por hectárea/año, lo que es muchísimo comparado con los 0,35 jornales que se requieren trabajar una hectárea de soja.
“Creemos que esta actividad debería tener una contemplación especial desde lo económico si pensamos la cantidad de gente que emplea y que la misma proviene de los segmentos más necesitados de la población”, remarcó el productor mendocino.
La entrada Guillermo San Martín: “Los productores de ajo competimos con un monstruo como China” se publicó primero en Bichos de Campo.
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