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La entrada Echeverría y el matambre, in memoriam se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Griten en buena hora cuanto quieran los taciturnos ingleses, roast-beef, plum pudding; chillen los italianos, maccaroni, y váyanse quedando tan delgados como una I o la aguja de una torre gótica. Voceen los franceses omelette souflée, omelette au sucre, omelette au diable; digan los españoles con sorna, chorizos, olla podrida, y más podrida y rancia que su ilustración secular. Griten en buena hora todos juntos, que nosotros, apretándonos los flancos, soltaremos zumbando el palabrón matambre, y taparemos de cabo a rabo su descomedida boca”.
El anterior es un fragmento de Apología del Matambre, un texto un poco en joda, un poco en serio, que probablemente sea el primero en tematizar la gastronomía en el país. Fue escrito por Esteban Echeverría, autor también de textos políticos y de los más famosos La Cautiva –poema que introduce el conflicto con los habitantes precolombinos–, y El Matadero –que no quiso publicar–, que hoy se considera el primer cuento argentino.
El matambre, ese corte que primero se desposta, situado entre el cuero y las costillas de la res, también aparece, aunque no protagónico, en El Matadero: es el premio para el forajido federal Matasiete, por atrapar el toro que se había escapado y luego al infortunado unitario, que tienen la misma barba en U que Echeverría.
Como los otros jóvenes ilustrados de la llamada Generación del 37, Echeverría era antirosista. Martín Caparrós, autor de la novela Echeverría, arriesga que fue el primer antiperonista, con el mérito de que no necesitó que se hubiese inventado el peronismo ni existiera Perón para serlo.
Echeverría se murió a los 45, pobre y exiliado en Montevideo. Este mes se cumplieron 167 años de su muerte. Vale recordarlo en sus textos, entre ellos su simpática Apología del Matambre.
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]]>La entrada En el Día del Pescador, tres clásicos para el fin de semana se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Hoy es el día mundial del pescador, del aficionado y el comercial, que extrae los “frutos” del mar y del río para consumirlos o venderlos. El pescador deportivo tiene su propio día, en agosto.
Resulta una enorme contradicción que la Argentina, un país de enorme litoral marítimo, coma tan poco pescado. De acuerdo con el informe de la FAO de 2016, el consumo promedio per cápita en el país era de apenas 4,8 kilos, contra el promedio de 10 kilos de los demás países latinoamericanos.
Al exterior, de acuerdo con los datos del Senasa, la Argentina despachó de manera fiscalizada el año pasado hasta noviembre (de diciembre todavía no está el dato) 157.000 toneladas de pescado y 221.000 de mariscos. Por especies, el ranking de pescado lo encabeza la merluza, con el 55% del total, seguida de lejos por la corvina (10%), Sábalo, Pescadilla, Aletas de raya y Merluza de cola. EL principal cliente es Brasil, seguido de España, Rusia y Estados Unidos.
En cuanto a los mariscos, el 72% de lo exportado son langostinos, seguidos de un 20% de calamares enteros y otros. En este caso el principal cliente es España (32%), seguido de China (16%), Japón (10%) e Italia (9%).
Pero volviendo al día del pescador, que los hay, y aprovechando que se viene el fin de semana, vamos a recomendar cuatro películas clásicas que los tienen por protagonistas, y que quiso la casualidad cumplan este año 8, 7 y 6 décadas:
. Spawn of the North (Lobos del Norte, 1938), de Henry Hathaway, con Henry Fonda, un contrapunto entre dos amigos de infancia que viven en Alaska, uno de los cuales es pescador.
. La Terra Trema (La tierra tiembla, 1948), famosísima película de Luchino Visconti, una mezcla de documental y ficción que cuenta la lucha de un pescador y su familia contra la explotación de los mayoristas de la pesca.
. The Old Man and the Sea (El viejo y el mar, 1958), de John Sturges, con Spencer Tracy, una adaptación de la bellísima novela de Ernest Hemingway, sobre la historia de un viejo pescador portugués que tras mucho tiempo sin sacar un solo pez logra dar con el más grande, lo que lo enfrenta con cuestiones claves de la vida.
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]]>La entrada Vitel toné, un clásico navideño que la va de francés pero que viene del Piamonte se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Es bastante probable que muchos, al menos los que vivimos en la zona central del país, comamos en estos días vitel toné, un clásico en las mesas navideñas locales. Pese a su resonancia afrancesada, el origen de este plato se situaría en el Piamonte, donde su denominación describe más claramente el contenido: vitello tonnato, ternero atunado. De hecho, si se busca en Google, la versión italiana aparece en 686.000 entradas mientras que la nuestra, la afrancesada vitel toné, en 126.000 nomás.
No está claro de cuándo data, pero la primera referencia sería la que hizo Pellegrino Artusi en La scienza in cucina e l’arte di mangiar bene, en 1891. En Italia, como aquí, es fundamentalmente un antipasti -lo que se consume antes del plato principal, aunque hay quien dice que también fue un plato principal en versión caliente.
La preparación, con ciertas variantes, consiste en sellar el pedazo de carne entero, hervirlo con zanahorias, cebolla, otras verduras y condimentos, y luego presentarlo frío y cortado en rodajas bajo una riquísima salsa de yemas de huevo (o mayonesa en su versión práctica, o ambas), crema de leche, atún, alcaparras y anchoas (o sardinas).
Del piamonte habría pasado a Francia y a España, donde también lo comen. El boom de este plato en Europa habría sido entre los 60‘ y los ‘80. En Francia es probable que se haya afrancesado el nombre, y probablemente acá sonó mejor así.
Acá no está claro si trajeron la receta los piamonteses, que vinieron masivamente entre fin del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial, o más tarde. Pero se convirtió en uno de los símbolos de la Navidad, protagonismo que no ocupa en su lugar de origen.
De hecho, gracias a este plato, las ventas de peceto en diciembre son las más altas del año y varios frigoríficos se ponen a congelar pecetos en octubre para descongelarlos dos meses después, en el pico de la demada.
Algo similar hacen con el matambre, que en estas fechas se come frío y arrollado, y con el asado. Y si se pone muy caro, como bien recomienda el certero analista Matías Sara, alias @contalito, bien puede ser sustituido por lengua, que queda menos seca.
Buon appetito!
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]]>La entrada Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el ajo y, por temor al aliento, no se atrevía a preguntar se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La Argentina es el segundo exportador mundial de ajos, pero a leguas del primero, que es China, incluso cuando allí la mayoría de la producción se consume internamente y aquí se exporta el 85%. Es que las 16.000 hectáreas de ajo argentinas son muy poquitas frente a las 600.000 chinas: 1/37 para ser más precisos.
La situación es complicada porque cualquier mínimo vaivén chino sacude el mercado internacional de precios y deja afuera a la Argentina, que de competitiva –ya sabemos- tiene poco. Por eso, cuando se mira una evolución temporal de las hectáreas plantadas o la producción de ajo en el país, el gráfico parece un electrocardiograma: el precio cae, los productores se clavan con la cosecha y no plantan; el precio sube, todos vuelven a plantar.
Si bien el Mercosur ayuda a paliar estas circunstancias, ya que tres cuartas partes de las exportaciones argentinas de ajo se dirigen a Brasil protegidas arancelariamente, eso no alcanza, y los productores locales mantienen conversaciones con sus pares brasileños para mejorar la situación común.
Como por muchos lados del mundo el ajo se consume como condimento, su mercado es bastante estable. Contra esa limitante, el INTA viene desarrollando “varietales”, que aspiran a un consumo diferenciado de más valor. De hecho, fue por su iniciativa que la gran producción de ajo del país se afincó en Mendoza en los últimos años, fundamentalmente en el Valle de Uco y más precisamente en San Carlos, donde se han tratado de imponer los ajos colorados. Y en San Juan, en tanto, se desarrolló el ajo blanco, mientras siguen investigando e innovando en variedades.
Es por eso que aunque hoy en la zona de Cuyo se produce más del 90% del ajo del país, desde hace medio siglo la Fiesta Nacional y la Capital del Ajo están en Médanos, cerca de la bonaerense Bahía Blanca, donde se cultivaron primero.
Curiosidades del ajo. La palabra ajo deriva del latín alium, de donde también salieron la italiana aglio, la portuguesa alho y la francesa ail. En inglés se llama garlic, aparentemente derivado de la palabra lanza del inglés antiguo, por la forma del tallo y el bulbo.
Primo de la cebolla, el puerro, el échalote y el ciboulette, se cree que el ajo proviene de Asia Central, por allí donde hoy el sur de Rusia hace frontera con el Oeste de China. No extraña que se desparramara tempranamente: por allí circularon los primeros “globalizadores”, desde las huestes de Alejandro Magno hacia el 300 aC y la posterior Ruta de la Seda, hasta las de Marco Polo y Gengis Khan unos 1.500 años más tarde.
El ajo es uno de los primeros alimentos que se cultivaron.Se encontró una cabeza de ajo hecha de barro en Egipto datada en 3.750 aC, antes del imperio de los faraones. Se dice que los comían los constructores de las pirámides y se hallaron cabezas disecadas en la tumba de Tutankamón. ¿Le atribuían los egipcios conexión con los dioses? ¿Era una especie de alimento para la eternidad?
El ajo figura en la Biblia como uno de los alimentos que añoraban los judíos en el desierto, aparece en el Talmud y en los primeros textos de medicina, como los de Hipócrates y Galeno, básicamente por las propiedades que se le han atribuido (anticoagulante, antiséptico, antiinflamatorio, diurético, digestivo, sedante, antiparasitario, etc.). A nivel simbólico, se lo relacionó con las pasiones, el vigor, lo oculto, la purificación, la protección contra el mal de ojo y otros asuntos.No nos olvidemos de la novela Drácula, de Bram Stoker, en la que el ajo ahuyenta los vampiros.
Pese a todas esas virtudes milenarias más o menos comprobables, en la Edad Media el ajo fue despreciado (por los ricos,obviamente) como un alimento barato y vulgar. Pero en el siglo XIX volvió al ruedo, seguramente en parte gracias a la moda de la cocina mediterránea y luego la onda étnica, que lo emplean.
Como la cebolla, el ajo ayuda contra el soroche o mal del altura, ya que son vasodilatadores. San Martín llevaba cantidades en el Cruce de los Andes (poco antes de emprenderlo, había mandado a incautar las cebollas de todo Mendoza para llevar “como medio de combatir la puna”).
La planta de ajo nace de un diente, y a diferencia de la papa, el bulbo comestible (la cabeza) no es la raíz sino el final del tallo. Es justamente el tallo lo que permite esa genial idea de hacer ristras, que además de lindas y curiosas permiten manipularlos y colgarlos para alamacenarlos ventiladamente y que así se conserven. Aquí, cómo se hacen las ristras, uno de los primeros misterios que recuerdo.
El ingeniosísimo folclorista Omar Moreno Palacios –que hace muy poco tuve la suerte de conocer gracias al sabio Marcelo Simón, que tuvo la gentileza de aceptarme en su equipo–, recordó el cantar de algunos vendedores de ajo, que iban con las ristras al hombro: “¡Cooooooloráu el ajoooo!”.
Difícil es borrar los rastros del aliento. Pero valga la sabiduría popular: No hay campana sin badajo, ni sopa buena sin ajo.
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]]>La entrada China se llevó este año casi la mitad de la carne exportada por la Argentina se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Las mejoras que trajo el gobierno de Macri para la carne vacuna –básicamente, la corrección del tipo de cambio, la quita de las retenciones y la aplicación de reintegros a la exportación- están mostrando sus frutos en las exportaciones, netamente apalancadas por la demanda china.
Con 20.296 toneladas (peso producto) despachadas, octubre se convirtió en el segundo mes con más exportaciones de los primeros diez de 2017. Estuvo apenas un poco por debajo (3,3%) de septiembre, que fue el mejor, de acuerdo con las estadísticas del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva).
Tomemos un plazo más largo. En los primeros diez meses del año, los despachos al exterior de carne vacuna acumulan 168.299 toneladas por 1.046 millones de dólares, lo que implica un incremento de 31,1% en volumen (y de 23,3% en valor) respecto del mismo período de 2016.
En el mismo lapso, los despachos a China crecieron 67,2%: más del doble, lo que resulta más espectacular considerando que el país oriental ya era el principal mercado de la carne argentina.
Así, del total de carne exportada por la Argentina en estos diez meses, China lleva compradas 75.196 toneladas. Ello representa el 44,7% de toda la carne argentina despachada, prácticamente la mitad, lo que pone a China en un nivel muy superior al resto de los compradores: Chile, que con una participación del 13,6% ocupa el segundo lugar en el ránking, e Israel, con la participación de 10,5%, que lo ubica en tercer lugar.
Si bien la porción de China se reduce cuando se consideran los envíos al exterior en valor, en este otro ránking también se sigue afianzando en el primer puesto, ya que acapara el 29,8% de las divisas generadas. Alemania (el mercado que mejor paga la carne argentina, cuotas Hilton y 481 incluidas) representa el 21,2%, Chile el 12,3% e Israel el 10,6%.
Por suerte, por el momento toda esta mayor demanda de la exportación, que se conjuga con un mayor consumo interno, no está provocando sangrías en materia de precios, gracias a que la sobreoferta de ganado de primavera es mayor de la que se esperaba y hay carne para todos. Habrá que ver qué ocurre en unos pocos meses, cuando la abundancia se restrinja.
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]]>La entrada La columna Groba: ¿De qué hablamos cuando hablamos de la producción de vino? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La Argentina tiene 224.000 hectáreas implantadas con viñedos, un 11% más que al comienzo del siglo. La superficie equivale a un poco más de diez veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires, y le da al país el 7° lugar en el ranking mundial de superficie viñatera.
El 70,8% de esas hectáreas está en Mendoza y el 21,2% en San Juan. El resto (menos de la décima parte) se distribuye entre La Rioja (3,3%), Salta (1,4%), Catamarca (1,2%), Neuquén (0,8%), Río Negro (0,7%) y diez provincias más, ninguna de las cuales supera el 0,1 por ciento. De las provincias con mayor superficie, llama la atención el descenso de Río Negro y el ascenso de Salta y Neuquén desde el año 2000 a esta parte.
Mirá la columna completa de Groba en Bichos de Campo:
Los números provisorios del Instituto Nacional Vitivinicultura (INV) indican que se cosecharon este año 1,96 millones de toneladas de uvas, y que la elaboración de vinos alcanzará los 1.126 millones de litros. Las bodegas registradas para hacerlo son 881 en el país.
El consumo interno absorbe cerca del 80% de la producción, mientras que el resto se exporta. Sin embargo, en los últimos 40 años cayó cerca de 70%, y actualmente ronda los 24 litros per cápita anuales.
A nivel mundial, en los últimos 15 años el consumo también se contrajo en países de altísima tradición vitivinícola, como Francia, Italia y España, mientras creció en Estados Unidos, Canadá y China.
A la vez, los viñedos y vinos se han ido especializando con varietales desde fin de los años ’90. Desde 2005, los vinos con mención varietal crecieron 45%, y alcanzaron el 21,6% del total. Los que no tienen mención varietal decrecieron 17,3%, pero todavía representan el 73,4%. El 4,5% son espumosos.
En cuanto al envase, las botellas representan el 54,4%, el tetra-brik el 41,5% y las damajuanas el 3,7 por ciento.
El agregado de valor viene creciendo también de la mano de los vinos orgánicos, cuyos viñedos ya abarcan unas 4.000 hectáreas. Alrededor del 95% de esos vinos se exporta.
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]]>La entrada La columna Groba: una radiografía de la papa se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Hoy está entre el 4° y el 5° puesto en el ranking de alimentos global, con una producción que en 2014 rondaba los 385 millones de toneladas, provenientes de unos 19,2 millones de hectáreas.
El principal productor del mundo es China, seguida de India y Rusia. Como el 80% de la papa es agua -muy cara de trasladar-, el comercio mundial de este tubérculo fresco es muy limitado.
En la Argentina, es el principal vegetal que comemos y por eso las asociaciones dedicadas a la buena nutrición no la cuentan cuando proponen que nos alimentemos con 400 gramos de vegetales diarios (habría que comer 400 gramos de vegetales más allá de papas).
Mirá aquí la columna completa de Alejandra Groba:
En números redondos, tenemos unas 85.000 hectáreas de papa en el país, que dan cerca de 2,5 millones de toneladas. La provincia que destina más área a este cultivo es Córdoba, seguida de Buenos Aires, aunque por diferencia de productividades los lugares en el ranking se invierten al considerar las papas cosechadas. En este último, Buenos Aires, particularmente Balcarce y otras zonas del sudeste, aporta el 41% de la producción nacional. Mendoza y Tucumán también hacen un aporte interesante.
De las papas que se cosechan en el país, siete de cada diez se consumen en casa, cocinadas de alguna de las múltiples formas a las que se adapta. Entre estas predomina la rendidora variedad Spunta (ovaladas y grandes, de fina piel y color crema), desarrollada en Holanda. Un 5% del volumen cosechado se destina a generar nuevas papas, es decir, a semilla. El 25% restante es el que, bajo un sistema de producción por contratos previamente pactados, compran las industrias, básicamente para papas fritas.
Esa industria de la papa, que en la Argentina nació en 1958 con las Papas Bun, tiene hoy dos grandes rubros: el de las papas bastón, un negocio que dominan dos multinacionales (McCain y Farm Frites) y el de las hojuelas o papas chips (en el que la líder es Pepsico). El primero se lleva el 83% de la papa para industria, ya que además del consumo en los hogares abarca el de las cadenas de comidas rápidas. El segundo (14%) es el de las bolsitas que abrimos para los cumpleaños. El 3% restante son otros productos con papa.
En esta radiografía no estamos incluyendo la papa andina, que desde hace unos 15 a 20 años viene siendo rescatada y revalorizada, y de la que vamos a hablar próximamente.
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]]>La entrada Melones en el glaciar, cosas de agrónomo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Cerca del glaciar Perito Moreno, Pablo Morresi está probando hacer melones. No porque sea un loco lindo, sino porque es agrónomo. Radicalmente: toda cosa viva que llega a sus manos y no es animal, la planta. Y si bien por ahora lo de los melones es más bien un experimento por gusto, no habría que tomar en broma a alguien que, en un lugar con inviernos de 15°C bajo cero, saca tres veces más frutillas por metro cuadrado que lo normal.
Morresi pisa los 30, se crió en Bariloche y se recrió en Concepción del Uruguay. Hace menos de tres años, recién recibido, se instaló en Calafate y armó Las Moras, que hoy es el principal proveedor de frutas finas y hortalizas gourmet de la zona. Los socios capitalistas fueron su padre, agente de turismo, y los dueños de uno de los restaurantes más tradicionales de Calafate, La Tablita. Él sería el CEO, o mejor, el que pone el lomo, el conocimiento y el tesón.
El proyecto partió de una necesidad insatisfecha. Los restaurantes selectos de la ciudad, que atienden a muchos turistas potentados, comparten el problema del abastecimiento. Para poner un plato en la carta, la continuidad se les hace más importante que el precio.
Morresi se propuso atender esa demanda, sobre todo con el mayor problema, las hortalizas. Hoy les vende lechugas de todos los colores y formas, rúcula, espinaca bebé, hakusai, pack choy, tomates raros, canónigos y otros toda la temporada, que allí empieza a tener fuerza en octubre/noviembre. También produce frutillas, frambuesas, cerezas, grosellas, moras, cassis, sauco, corinto, zarzamora, ciruelas, rosa mosqueta, ruibarbo y hasta flores comestibles. Y aromáticas: mostaza roja, ciboullete, albahaca, romero, tomillo, orégano, salvia, curry, cilantro y eneldo. A diferencia de las verduras, las frutas se las compran principalmente los habitantes de la ciudad, algunos para producir dulce.
A la legua se nota que a Morresi le gusta mucho lo que hace. Anda todos los días por esa hectárea que es la chacra, siempre con ropa de trabajo, si no es haciendo plantines es inspeccionando si hay babosas o si se tapó el riego por goteo, calculando el momento exacto de la siembra en función de cuándo precisa cosechar, viendo las podas, evaluando el compost para ir mejorando el suelo, arreglando tutores, comprando o reparando lo que se rompe, calculando los precios, y así. Entre varios que viven del turismo y se ganan el mango más fácil, su actitud provoca entre admiración y respeto.
Aprovechar al máximo lo que natura parece uno de sus lemas. El problema en esa latitud es el frío extremo y las escasas horas de luz del invierno, que hace que una planta que tarda seis meses en desarrollarse en el centro del país, allá requiera ocho. Pero el frío permite sembrar con mayor densidad. Y, a medida que llega el verano, las horas de luz pasan a ser la gran mayoría y la fotosíntesis festeja. De allí, en gran medida, los 3,5 kilos de frutillas por metro cuadrado que obtuvo la cosecha pasada en su vivero.
Así como en el resto del país, la frutilla es la fruta fina más requerida. La variedad que Morresi puso bajo cubierta es refloreciente, por lo que da dos cosechas anuales. La temporada pasada le dio 3.500 kilos. Pero entre una y otra cosecha, se quedaba cerca de un mes clave sin producción. Lo resolvió poniendo unas hileras de otra variedad de una sola floración a la intemperie, que calibró para que genere unos 500 kilos justo en el medio, con lo que no se queda sin frutillas ni un día de la temporada.
Si bien no es fanático, evita los agroquímicos todo lo posible. Por ejemplo, al pulgón, quizá su mayor enemigo, si se pasa del umbral tolerable le abre el techo del vivero una noche de helada y deja que la naturaleza se encargue. “No me interesa certificar como orgánico, es muy caro y complejo, y mis clientes no me lo van a pagar. Si las cosas se complican, sé que puedo acudir a un plaguicida y manejar los períodos de carencia”, dice.
Hace unos meses abrió la chacra al público, con la idea de convertirla en una atracción turística y vender también dulces y frutas con su marca. Está a un par de cuadras de la reserva de aves Laguna Nimez, en la llamada zona de Chacras, porque allí cultivaban los primeros pobladores, muchos de ellos croatas, cuando Calafate era un punto de acopio de lana de las estancias camino al puerto de Río Gallegos. Por entonces, se producía sobre todo papa y cebolla.
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]]>La entrada Una historia de churros, esos bastoncitos de trigo… se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Muy rubia clara toda ella, y de sonrisa gardeliana, a Lucía se la puede ver las tardes de semana a la salida del colegio Lengüitas, en Palermo. Tiene 23 años años y lleva diez vendiendo churros, pequeñas y deliciosas dosis de trigo argentino. Que ella esté a la salida de la escuela es, para muchos de los chicos, más relevante que si están sus propios padres.
Llega pedaleando a eso de las 17, vestida con un gorro de cocina rayado y el delantal haciendo juego, con el bolsillo central adornado por aquella viñeta de Mafalda y el palito de abollar ideologías. Trae alrededor de 15 docenas de churros en el canasto de la bicicleta, un rollo de servilletas y un vertedor de azúcar. Y mucho cambio en una riñonera. Se estaciona en la puerta de Juncal, y espera que grandes y chicos vayan llevándose la producción del día, que suele agotarse. Si le sobra y tiene tiempo, los días que cursa se lo lleva a la UNA, donde está estudiando dirección escénica, y lo vende allí. Si no, busca personas pobres por el camino y se los regala.
En el barrio ya la conocen y a veces la paran de camino a la escuela y le compran. Cada tanto por esto llega más tarde, y entonces viene gritando con una voz grave y poderosa: “Hay churro, hay churroooo”. Churros típicos, churros rellenos con dulce de leche y churros bañados en chocolate. Los rellenos sin baño son los que más salen, pero si la ponen a elegir ella se queda con los comunes, aunque ya casi no se tienta. Tres por $ 20.
Si al mediodía llueve, es muy probable que falte a la cita, porque prefiere freír –con aceite y grasa- en el patio de la casa y no adentro. Sí o sí tiene que usar harina de trigo tres ceros. De un kilo saca unas cuatro docenas.
Vea aquí “cómo preparar unos churros caseros”
También le compran para revender algunos negocios, a precio mayorista, pero a ella le conviene por la cantidad. Los fines de semana acompaña a su mamá, que se mueve por Plaza Francia. El abuelo también hace, y las tías, en Mar de Ajó.
Con tanta familia churrera, el relato típico pediría un tatarabuelo, quizá español, dueño de la receta mágica transmitida en secreto de generación en generación. Pero no, la historia es mucho más pedestre: se remonta a la espantosa crisis de 2001, cuando, apremiados por la falta de ingresos, su abuelo y su madre trataban de rebuscárselas. Un día vieron un aviso en un diario que ofrecía una máquina de hacer churros con las recetas, y la compraron. El abuelo la puso en funciones en Las Toninas, con cierto éxito. De ahí empezó a mudarse por la costa, creciendo y cambiando de playas.
¿Y da el negocio? “Sí, mi mamá pudo criarnos a mi hermano y a mí”, dice orgullosa.
La primera vez que quiso largarse a vender ella misma no fue como esperaba. “Tenía unos diez años y le insistí a mi mamá. Me dio una canastita con un par de docenas, subí una montañita del parque y empecé a gritar como ella. La gente me miraba… Volví con mi mamá y me puse a llorar, sin haber vendido ni uno”. El desengaño le frenó el coraje por unos tres años, cuando en unas vacaciones de invierno probó ir a la puerta del Opera. “Esa vez vendí todo. Y, sobre todo, descubrí que no molestaba a la gente sino que se ponía contenta de que yo estuviera ahí”. La experiencia fue clave. Hace diez años que no para de vender churros, y con eso se mantiene y estudia.
Con la madre van también a las manifestaciones. “Vivimos cerca del Congreso, y como todas terminan ahí, vamos”. Entre las dos encararon algunos churros temáticos: para las fiestas patrias, los bañados en chocolate blanco y celeste; para la marcha por la despenalización de la marihuana, tiñeron el chocolate verde.
La movida envolvió también al novio y ahora empezó su hermano, de 16, en Parque Centenario. “Va los fines de semana con los amigos, que se comen la mitad, pero la otra mitad la venden”.
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