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]]>Frente a eso y en el marco del plan Argentina contra el Hambre, el INTA firmó un convenio con el Banco de Alimentos de Balcarse, que trabaja en red con los otros dos, para rescatar las frutas y verduras descartadas en buen estado con el objetivo de que sean aprovechadas por personas en condiciones de vulnerabilidad económica y social.
“La intención es poder identificar y cuantificar aquella parte de la producción frutihortícola que no ingresa en la cadena de comercialización por no cumplir con las normas de tipificación (tamaño pequeño o defectos de forma y aspecto), pero que se encuentra apta para el consumo humano”, explicó Alejandra Yommi, responsable del proyecto por el INTA.
Javier Fornieles, presidente del Banco de Alimentos de Balcarse, indicó que el rescate de alimentos que se realizaba en el cinturón frutihortícola de Mar del Plata se venía dando a media máquina, porque se conseguía poca mercadería y el costo logístico era alto.
La incorporación del INTA permite, en este sentido, la participación de especialistas para estudiar las distintas cadenas de producción, estimar volúmenes de hortalizas y frutas que se descartan, los momentos del año y puntos de la cadena productiva más conveniente para el rescate.

“Se espera que el volumen y también la calidad de las hortalizas y frutas rescatadas aumenten considerablemente a partir del trabajo mancomunado entre los Bancos, el INTA y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Mar del Plata y en la medida que se consolide este trabajo interinstitucional”, precisó Alejandra Yommi.
Actualmente estos bancos de alimentos alquilan el predio de la Sociedad Rural de Mar del Plata, donde se encuentra el Centro de Rescate de Frutas y Hortalizas. Además de contar con galpones para guardar lo rescatado, tiene una superficie de cinco hectáreas que se podrán emplear para hacer parcelas demostrativas e investigaciones en frutihorticultura con un abordaje agroecológico.
Según un relevamiento realizado por Alejandra Yommi y Sebastián Borracci, del grupo Ad Hoc Frutihortícola de la Plataforma de Innovación Territorial Mar y Sierras del INTA, sobre las principales cadenas de frutas y hortalizas del cinturón productivo de Mar del Plata, existen varias cadenas productivas que presentan excedentes anuales.
“Respecto de la cadena de maíz dulce, cinco de los ocho productores que concentran el 75% de la producción coinciden en que a veces quedan sin cosechar un 10% de los lotes. Esto sucede porque las condiciones climáticas provocan que varios lotes que fueron sembrados escalonadamente no se encuentren con la madurez óptima para la cosecha”, explicó Yommi.
Sus estimaciones indicaron que podría rescatarse un volumen de 1000 toneladas, es decir, unos siete millones de choclos.

En cuanto a la cadena de papa, cultivada por más de 100 productores en una superficie de 33 mil hectáreas, “se observó que el mayor excedente ocurre de diciembre a abril y es de 15 mil toneladas, y el aprovechamiento se podría hacer en el sector de lavado y acondicionado”, señaló Borracci.
Algo parecido sucede con la cadena de la zanahoria que “genera pérdidas de 15.000 toneladas en solo 850 hectáreas cultivadas, lo que representa un 30% de la producción”. Actualmente, los descartes de zanahoria se utilizan como alimentación para ganado vacuno y porcino, aunque no en su totalidad, y como se cosecha, lava y acondiciona toda la producción en pocos lavaderos, “existe una excelente oportunidad para coordinar su recupero y aprovechamiento”, aseguró el especialista.
Por último, indicó que hay otros productos aprovechables con mucho potencial, como kiwi, tomate, berenjena y morrón, y destacó “el compromiso de quienes producen porque entregan su excedente como donación, incluso cuando podrían comercializarlo”.
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]]>“Desde fines de los ´80 que hay kiwi en Mar del Plata. Lo que pasa es que por problemas de manejo muchas zonas dejaron de producir y luego, en 2004 hubo una vuelta a la producción y un crecimiento en superficie”, expresó la ingeniera agrónoma Alejandra Yommi a Bichos de Campo.
Yommi trabaja desde 2012 en la Estación Experimental de INTA Balcarce, y se especializa en el cultivo del kiwi del cual estudia, sobre todo, cómo estirar la vida comercial del fruto, para prolongar la presencia de la fruta nacional en el mercado y achicar la ventana en la que ingresan kiwis importados, en especial de Italia.
Si bien hay otras provincias productivas como Córdoba, en la actualidad más del 60% del kiwi que se consume en la Argentina se produce en Mar del Plata, Balcarce y Sierra de los Padres, en donde hay 600 de las 1.000 hectáreas totales que hay en producción en todo el país.
Mirá la entrevista completa a Alejandra Yommi:
En esta nueva y pujante zona productora incluso ya se ha formado una Cámara de Productores de Kiwi, integrada por unos 30 emprendimientos que buscan hacer crecer aún más la oferta, ya que la realidad es que la producción argentina no llega a cubrir el mercado interno y apenas alcanza el 40% del consumo total. Por eso se hace necesario importar la fruta de otros países. En el plano global, China, Nueva Zelanda e Italia figuran como líderes en la producción.
“Para esta época ya casi no queda fruta local y comienza a venir importada en contraestación de países como Italia, pero también de Chile. Luego a partir de marzo o abril comienza a ingresar nuevamente desde Argentina, ya que es la época de cosecha”, explicó la agrónoma.
La cosecha del kiwi es íntegramente manual. Los trabajadores recolectan la fruta con mochilas y luego la descargan y pasan toda esa producción a cámaras de frio, donde el kiwi se conserva. Yommi trabaja ajustando desde el estado de madurez en cosecha, pasando por la práctica del curado -que consiste en dejar dos días la fruta en un ambiente ventilado para que cicatrice sus heridas de cosecha-, y en técnicas de retardo de maduración con compuestos autorizados y atmósferas controladas.
La lógica de sus investigaciones es la de tratar de estirar la vida útil de la fruta. “Tenemos que abastecer desde mayo a diciembre a todo el mercado interno. Por eso precisamos que haya volumen y fruta que no se ablande, que son las dos causas más frecuentes de descarte. Con tecnología y buen manejo reducimos las pérdidas y llegamos con fruta de calidad”, remarcó.
La especialista comentó que las plantas de kiwi llegan a su producción máxima a los siete años y, dependiendo de los cuidados que reciban, pueden llegar a producir hasta los 30 años. En la zona marplatense todavía quedan plantaciones de los años ´80 que ofrecen buenos rendimientos.
Por ahora el crecimiento de la producción local es por sustitución de importaciones, pero también existe una interesante veta exportadora.
Según la agrónoma del INTA Balcarce “se estima una producción de 9 mil toneladas y el consumo está en 20 mil toneladas. Producimos el 40% de ese consumo y si exportamos más fruta, más déficit habrá para el mercado interno, por eso hay que producir más”.
¿Y cómo producir más? Yommi dice, por un lado, que hay posibilidades de producir otras variedades en zonas más cálidas incorporando más zonas de producción.
Pero en la zona de Mar del Plata, “hay muchas plantaciones jóvenes de baja producción y hasta el séptimo año no se llega al rendimiento máximo. Por eso tenemos la esperanza de que cuando se hagan adultas esas plantas jóvenes se pueda aumentar la producción”, respondió Yommi.
En cuanto al manejo del kiwi, la polinización es un factor clave. “Tenemos plantas femeninas y masculinas y ambas están separadas. Lo que tenemos que lograr es que el polen llegue a las flores y para eso tenemos que ver si es mejor a través de abejas, polinización artificial o combinando ambas tecnologías. En eso también estamos trabajando”, dijo.
Suelo permeable, noches frescas y horas de frío son el combo perfecto para lograr una buena producción en la zona, pero hay que prestarle atención a otro elemento: el viento característico de Mar del Plata y Balcarce. “Lo solucionamos con cortinas forestales con malla monofilamento. Cada lugar tiene sus condiciones y hay que adaptarse a ellas”, expuso la especialista.

La llegada de nuevos jugadores no es sencilla ya que se requiere entre 30 y 40 mil dólares en inversión por hectárea. “Sin contar la tierra, es la cifra que se precisa en plantas, estructura de mallas y riego. Sin todo eso, no es aconsejable hacerlo”, explicó Alejandra.
“Hay una demanda muy grande de parte de los productores en el manejo de esta fruta y en encontrar el mejor estado de madurez de cosecha para prolongar su conservación. En esta zona se produce muy buena calidad de fruta con mucha materia seca y eso hace que pueda conservarse por mucho tiempo en frío. Y en países como Nueva Zelanda pagan por materia seca”, resaltó.
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