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alemanes – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Thu, 20 Feb 2020 13:43:04 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png alemanes – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Elvira Schlegel, de Aldea San Antonio, regala muñecas de tela y sigue cuidando su huerta: “Esta tierra me dio todo” http://wi631525.ferozo.com/elvira-schlegel-de-aldea-san-antonio-regala-munecas-de-tela-y-sigue-cuidando-su-huerta-esta-tierra-me-dio-todo/ http://wi631525.ferozo.com/elvira-schlegel-de-aldea-san-antonio-regala-munecas-de-tela-y-sigue-cuidando-su-huerta-esta-tierra-me-dio-todo/#comments Thu, 20 Feb 2020 13:42:59 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=34531 Elvira Schlegel es alta, rubia, firme. Basta tomarla del brazo para sentir la fortaleza que persiste en su cuerpo y que suaviza con una sonrisa amplia que le ilumina la cara. Pero aun así, “iluminada” y todo, en su mirada hay determinación. Su primer idioma fue el alemán y algún rastro queda de esa lengua […]

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Elvira Schlegel es alta, rubia, firme. Basta tomarla del brazo para sentir la fortaleza que persiste en su cuerpo y que suaviza con una sonrisa amplia que le ilumina la cara. Pero aun así, “iluminada” y todo, en su mirada hay determinación. Su primer idioma fue el alemán y algún rastro queda de esa lengua fundacional en la charla cotidiana.

Será porque ya a los 9 años (o antes) trabajaba en la chacra sacando yuyos y los días de lluvia salía especialmente a sacar los “primavera”, una maleza que complicaba el crecimiento de la huerta y que con el agua florecía rápido.

“Éramos siete hermanos y teníamos nuestra chacra llamada Santa Catalina, a 5 kilómetros del pueblo”. El “pueblo” es la Aldea San Antonio (hoy 2.500 habitantes), a 15 kilómetros de Urdinarrain, Entre Ríos. Una zona conocida por haber recibido a los alemanes del Volga hacia 1888.

“Todos trabajábamos a la par de nuestros padres. Cuando nos agarraba hambre comíamos un sánguche de pepino y usábamos ´la maleta´ para cosechar maíz, que era una especie de bolsa de piso de cuero y parte de arriba de lona donde iba a parar el maíz deschalado. Se ataba a la cintura y era muy pesada”.

Sin duda no era fácil la vida en la chacra. Hacían todo, hasta el jabón, pero parece que no salía muy bien porque les hacía picar el cuerpo, y usaban grasa de gallina derretida (a modo de gel) para tener el pelo prolijo. “El que tenía plata le agregaba un poco de perfume para que fuera mejor”, describe Elvira, que a los 21 años se casó y dejó la chacra.

“Aprendí a hacer de todo y me gusta seguir aprendiendo”, asegura. Y tal es así que cuando rondaba los cincuenta años fue presidenta del centro de jubilados de San Antonio y luego trabajó como encargada del PAMI de la región NEA, ayudando a los afiliados con sus trámites y realizando tareas de inspección. Hoy, a los 73 años aprendió a hacer muñecas de tela y las regala.

Elvira le enseñó a esta cronista a preparar ‘tinekuchen’, una torta económica que se hacía -como todo- con lo que había en la chacra. Arriba lleva azúcar quemada y harina. La otra versión es con ricota y huevo batido, que ya es un poco más gourmet. “Leche huevos, agua harina… Todo lo que se hacía era con lo que nos daba el campo, se compraba sólo lo indispensable y así nos arreglábamos”.

Ya jubilada, Elvira sigue “haciendo”. Además de las muñecas sigue con la huerta, hace dulces y congela tomate triturado para tener salsa todo el año. La consigna es, siempre, no desperdiciar nada de alimento. Nunca, por ningún motivo. Es una enseñanza que ha quedado grabada a fuego.

“Aunque tengo una gran arraigo alemán, me siento profundamente argentina”, reflexiona Elvira. “Yo siempre decía que no me iba a morir hasta que en el pueblo no hicieran el cementerio”, dice riéndose. “Ahora que ya está hecho estoy tranquila porque sé que voy a abonar esta tierra que tanto me dio”.

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Quinta parada en Coronel Suárez: La vieja casona que restauró Javier para recuperar los chocolates de su niñez http://wi631525.ferozo.com/quinta-parada-en-coronel-suarez-la-vieja-casona-que-restauro-javier-para-recuperar-los-chocolates-de-su-ninez/ http://wi631525.ferozo.com/quinta-parada-en-coronel-suarez-la-vieja-casona-que-restauro-javier-para-recuperar-los-chocolates-de-su-ninez/#comments Thu, 15 Aug 2019 14:57:50 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=26193 La viaja casona WeinmannHaus fue construida en 1919, cien años atrás. Había quedado derruida y su destino más probable era la demolición. Por fortuna Javier Graff se cruzó en su camino. O mejor dicho, Javier volvió a buscarla y evitó ese triste destino. Javier, de 44 años, descendiente de los alemanes del Volga que se […]

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La viaja casona WeinmannHaus fue construida en 1919, cien años atrás. Había quedado derruida y su destino más probable era la demolición. Por fortuna Javier Graff se cruzó en su camino. O mejor dicho, Javier volvió a buscarla y evitó ese triste destino.

Javier, de 44 años, descendiente de los alemanes del Volga que se instalaron en los alrededores de Coronel Suárez y construyeron este tipo de casonas por toda la región, nació y se crió en Santa María, la tercera de las colonias que rodean esta ciudad del centro sur de Buenos Aires. Por eso conocía la vieja casona de la calle principal. Volvió a Buscarla.

Javier es un chef que estudió en Mar del Plata y luego trabajó en grandes cocinas de Buenos Aires, como la del hotel Sofitel o la del retorán La Cabaña. Podría haber permanecido allá, trabajando tranquilo y haciendo carrera, pero una voz interior le dijo que debía volver y hacer en su propio pueblo lo que más le gusta hacer, lo que mejor le sale: cocinar platos de sus ancestros alemanes, que aprendió de su madre y de su abuela. Fue entonces, hace más de una decada, que se cruzó con la vieja casona WeinmannHaus.

Mirá la entrevista completa con Javier Graff:

En Santa María viven unas 1.900 personas, nada más. La mayoría de actividades rurales, pues en la zona se trabaja en la agricultura y la ganadería. Los vecinso de Javier lo vieron sacarse el delantal blanco para calzarse el mameluco de albañil. Durante varios años, con sus propias manos, Javier trabajó en la restauración de la vieja casona. Primero reconstruyó la cocina, luego el comedor y más adelante algunos cuartos para vivir con su familia. Más adelante en el tiempo, construyó una nueva hilera de coquetas habitaciones para ofrecer servicios hoteleros, sumándolos a la gastronomía.

“Si no hubiese hecho todo esto, seguramente seguiría en Buenos Aires trabajando en relación de dependecia. Esto me dio la posibilidad de venir a apostar a un pueblo donde no había ninguna actividad de este tipo”, relata el emprendedor, que es uno de los integrantes del grupo de Cambio Rural Las Cortaderas, dedicado al turismo rural. Las luces de “la casa de los Weinmann”, así, siguen encendidas cuando a las ocho cierra el último comercio del pueblo, una especie de minimercado ubicado en la esquina.

Javier invita a todos los que quieran a comer en su restorán y a dormir en sus habitaciones. Pero en este tipo de pueblos atraer a los visitantes a veces se hace cuesta arriba. Por eso también trabajó incansablemente para organizar una nueva fiesta popular, la Strudel Fest, que atrajera multitudes hacia Santa María. Van por la cuarta o quinta edición, con buen suceso.

Ver Cuarta parada en Coronel Suárez: Tito tiene unas ovejas Pampinta, un gran amor, cinco hijos y un restorán

Y ahora ha puesto una fábrica de chocolates, que vende en la zona y en ciudades más alejadas. Cuando llegamos a visitarlo, estaba ensayando con una réplica casi exacta de las populares “bananitas dolca” de nuestra infancia. De mi infancia y de la infancia de Javier.

“La fábrica de chocolates tiene que ver con la niñez. Mi madre trabajó en chocolates y helados hace mucho tiempo, y así lo vivimos de chiquitos”, nos cuenta el cocinero.

La viaja casona, con sus historias y todas estas delicias, están a solo 15 o 20 kilómetros de Coronel Suárez. No hay mucho más que buscar. “Nosotros no tenemos ni cataratas ni mar ni nieve. Solo tenemos nuestro patrimonio cultural y nos focalizamos en la cultura gastronómica alemana. Vivimos 100% de esto. En un entorno totalmente virgen en materia de turismo, tenemos mucho para ofrecer, que es lo que mamamos desde chicos. Para otros es una propuesta turística. Para nosotros, nuestra vida misma”.

Está todo dicho.

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