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La entrada A partir del 1° de enero, los alimentos genéticamente modificados deberán estar etiquetados en Estados Unidos se publicó primero en Bichos de Campo.
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Hasta ahora. En los Estados Unidos a partir del 1° de enero de 2022 será obligatorio (hasta ahora era voluntario) etiquetar los alimentos que contengan ingredientes genéticamente modificados. Sucede que en 2016, el Congreso de ese país aprobó la Ley Nacional de Divulgación de Alimentos de Bioingeniería , que ordenó al USDA (Departamento de Agricultura) que estableciera un estándar nacional para identificar ese tipo de productos en los empaques. La ley permite hasta un 5% de ingredientes modificados genéticamente y se aplica a la mayoría de los productores e importadores de alimentos en ese país.
Incluso el USDA elaboró un listado de los OGM presentes en dicho país.
Fue el ex secretario de Agricultura de los Estados Unidos de Donald Trump, Sonny Perdue, quien anunció el Estándar Nacional de Divulgación de Alimentos Modificados por Bioingeniería el 20 de diciembre de 2018. La fecha de implementación de la norma era el 1° de enero de 2020, excepto para los pequeños productores de alimentos, cuya fecha de implementación es el 1 de enero de 2021. De todos modos, hubo un plazo de gracia y recién a partir de la semana que viene la normativa será de cumplimiento obligatorio.
Hasta ahora, según cuenta una ilustrativa crónica de la revista digital Moderm Farmer, se etiquetaba a la inversa, los alimentos que no contenían transgénicos. El Proyecto No OGM permitía poner en los envases un logo que “presenta una pequeña mariposa anaranjada que está posada sobre una hierba verde”. Esa etiqueta fue creada en 2010 por dos cadenas que querían brindarles a sus clientes información sobre los OGM. Para obtener la certificación, un producto debe contener menos del 1% de ingredientes transgénicos y eso debe ser certificado por un asesor externo.

Pero a partir del 1 de enero, el sello del USDA será de uso obligatorio. ¿Tendrá efecto en los consumidores de ese país? Es lo que se preguntó un equipo de investigadores de la Universidad de Cornell, cuyos estudios sugieren que estas nuevas etiquetas podrían pasar desapercibidas fácilmente.
“¿Necesitamos etiquetas obligatorias? ¿Si no tienen ningún efecto en el comportamiento del consumidor o en las compras de los consumidores? ¿Realmente tienen un propósito, cuando ya tenemos esta etiqueta realmente eficiente, voluntaria y sin OGM?” se pregunta Aaron Adalja, profesor asistente de gestión de alimentos y bebidas en la Escuela de Administración Hotelera de Cornell y coautor del estudio.
“En la comunidad científica, no hay evidencia comprobada que demuestre que los alimentos transgénicos tengan algún problema de seguridad o salud”, añade Adalja. “Pero dicho esto, ciertamente hay un gran segmento de consumidores que encuentran que esta tecnología es sospechosa”, aclara.
Como sea, el equipo de Cornell concluyó en que las nuevas etiquetas de divulgación obligatoria pueden no tener mucho efecto en las compras de los consumidores. Uno de los casos que estudiaron estos investigadores fue el del estado de Vermont, que en 2016 implementó una ley propia de etiquetado obligatorio, apenas treinta antes de que el Congreso aprobara el Estándar Nacional de Divulgación de Alimentos de Bioingeniería.
Por un corto tiempo, en Vermont convivieron la etiqueta voluntaria de no OGM con la etiqueta obligatoria de OGM. Eso les dio a los investigadores un excelente conjunto de datos. Aquí había un grupo definido de personas y un período de tiempo distinto: comportamiento de compra antes y después de julio de 2016.
“No encontramos diferencias, ni cambios en el consumo de productos transgénicos o no transgénicos en Vermont”, aseguró Adalja al medio estadounidense.
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]]>La entrada Feletti tenemos un problema: En todo el mundo los precios de los alimentos están en sus máximos niveles desde 2011 se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El índice de precios de los alimentos de la FAO, que hace un seguimiento mensual de los precios internacionales de una canasta de productos, registró un promedio de 133,2 puntos en octubre, es decir fue un 3% superior al de septiembre y acumula alzas por tercer mes consecutivo. Respecto de octubre del año pasado la suna en esta indicador fue del 31,3%.
Se trata, informó la FAO, del nivel más elevado desde julio de 2011. En aquel momento se llegó a un promedio anual de 131,9 puntos. Luego, para atrás, hay que retroceder hasta mediados de la década de los ’70 para encontrar otro pico del precio de los alimentos.

Este índice se conforma de otros varios subíndices.
El índice de precios de los cereales de la FAO registró en octubre un promedio de 137,1 puntos, un 3,2% más que en septiembre y 22,4% por encima del nivel de hace un año. Sucede que los precios mundiales del trigo continuaron su tendencia al alza por cuarto mes consecutivo, alcanzando un aumento del 38% en términos interanuales y su nivel más elevado desde noviembre de 2012.
La menor disponibilidad en los mercados mundiales a raíz de una reducción de las cosechas en los principales países exportadores, especialmente en el Canadá, Estados Unidos y la Federación de Rusia, siguió ejerciendo una presión al alza sobre los precios.
El índice de precios de los aceites vegetales, en tanto, se situó en un promedio de 184,8 puntos en octubre, lo cual representa un aumento de 9,6% respecto del mes anterior y el nivel más elevado de todos los tiempos.
“El incremento se debió al fortalecimiento de las cotizaciones de los aceites de palma, soja, girasol y colza. Los precios internacionales del aceite de palma aumentaron en octubre por cuarto mes consecutivo, principalmente por la persistente preocupación acerca de una producción moderada en Malasia a raíz de la continua escasez de mano de obra migrante”, explicó la FAO.
Los precios mundiales de los aceites de palma, soja y girasol se vieron sostenidos por la reactivación de la demanda mundial de importaciones, en particular de la India, que redujo aún más los aranceles de importación para los aceites comestibles.

El índice de precios de los productos lácteos registró en octubre un promedio de 120,7 puntos, un 2,2% más que en septiembre y un 15,5% por encima del nivel registrado en el mismo mes el año pasado. Las cotizaciones internacionales de la mantequilla y la leche en polvo “subieron de forma pronunciada en octubre por segundo mes consecutivo a causa de la firme demanda mundial, como resultado de los esfuerzos de los compradores por obtener suministros para acumular reservas”, se indicó.
El índice de precios de la carne elaborado por la FAO, mientras tanto, se situó en octubre en un promedio de 112,1 puntos, lo que representa un descenso de 0,7% respecto de su valor de septiembre y el tercer mes consecutivo en que disminuye. Aun así se encuentra 22,1% por encima del valor registrado en el mismo mes del año pasado.
“En octubre cayeron las cotizaciones de la carne de cerdo, sobre todo a causa de la disminución de las compras de China. También cayeron los precios de la carne de bovino, a raíz de un brusco descenso de las cotizaciones de los suministros procedentes del Brasil ante la incertidumbre en los mercados después de que sus principales asociados comerciales suspendieran las importaciones como consecuencia de la preocupación por la enfermedad de las vacas locas”, explicó la FAO en este caso.
También destacó que, por el contrario, subieron las cotizaciones de la carne de pollo, impulsadas por la gran demanda mundial, mientras que la expansión de la producción siguió siendo escasa a raíz de los elevados costos de los granos utilizados como alimento y los brotes de gripe aviar, especialmente en Europa.

El índice de precios del azúcar registró en octubre un promedio de 119,1 puntos, es decir 1,8 % menos que en septiembre, lo que representa el primer descenso tras seis meses consecutivos de aumentos. No obstante, las cotizaciones internacionales del azúcar se mantuvieron más de un 40% por encima del nivel registrado en el mismo mes del año pasado, sostenidas principalmente por la preocupación acerca de las perspectivas de disminución de la producción en el Brasil.
La entrada Feletti tenemos un problema: En todo el mundo los precios de los alimentos están en sus máximos niveles desde 2011 se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Precios Máximos: No hubo acuerdo con los empresarios y el nuevo secretario de Comercio decidió hacer “la Gran Moreno” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Mientras se espera el texto definitivo de la resolución, un comunicado social explicó que “la decisión fue tomada en el marco de la ronda de negociaciones impulsada por la Secretaría con todos los actores que integran la cadena de producción y comercialización de los diversos rubros que conforman la canasta anunciada”.
De todos modos, en esa negociación poco acuerdo hubo. Horas antes de que se conociera la decisión de Feletti, la COPAL (Coordinadora de Productoras Alimenticias), perteneciente a la UIA, recordó que para que haya un acuerdo debe haber antes diálogo. También acusó al flamante funcionario, que es contador, de tomar decisiones unilaterales.
La versión de Feletti era otra: “En los encuentros mantenidos, los funcionarios subrayaron que el crecimiento económico proyectado para este año, sumado al aumento de la circulación producto del inicio de la pospandemia, el hecho de que el último trimestre es estacionalmente el de mayor consumo y el potencial de incremento que aún tiene la capacidad instalada en la industria, conforman un conjunto de condiciones que habilitarán un aumento de las ventas”.
Alerta comercial: El congelamiento de precios máximos afecta de manera particular al sector lácteo
De allí la decisión de “congelar” precios, con todo lo que esto implica. La medida consistirá en retrotraer los precios de esos más de mil productos al 1 de octubre pasado y mantenerlos vigentes así hasta el 7 de enero de 2022. Según esta mirada, la medidas “fue consensuada por un amplio porcentaje de los representantes de las empresas participantes (tanto productoras como comercializadoras), que así lo hicieron saber a las autoridades de la Secretaría”.
La lista acordada comprende un diverso espectro de 1.432 artículos, que incluye tanto primeras marcas como productos de pequeñas y medianas empresas. Por otra parte, la resolución garantiza que en las 23 provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la canasta contendrá necesariamente los siguientes rubros: Almacén, Limpieza e Higiene y Cuidado Personal.
Feletti se mostró satisfecho con el resultado de su “negociación”, pero remarcó que “en el complejo escenario que viene atravesando la sociedad argentina desde 2015 a la fecha, que se vio profundizado por la pandemia, haya fracciones de la cúpula empresarial que no sean conscientes de sus privilegios y se nieguen a adoptar una actitud colaborativa y contemplativa de la dura situación que vive hoy el pueblo argentino”. El dardo fue para la industria alimenticia. Daniel Funes de Rioja, actual presidente de la UIA, proviene de la COPAl.

“En la convocatoria recibida no están garantizadas las condiciones para conciliar las posibilidades de los sectores frente al pedido de estabilización de precios. En representación de 35 cámaras sectoriales y de más de 14.500 empresas de alimentos y bebidas, Pymes y economías regionales del país, la entidad sostiene que los acercamientos realizados hasta el momento reflejan la falta de voluntad por parte de las autoridades para realizar un acuerdo con el sector”, se excusó la Coordinadora alimenticia.
Según la COPAL, en la convocatoria de Feletti “se evidenció que, a pesar del esfuerzo realizado por las empresas en enviar sus propuestas de participación, las mismas no fueron tenidas en cuenta, así como tampoco fue considerado el pedido de generar un espacio de intercambio en lo inmediato, que permita clarificar las realidades y posibilidades de los distintos sectores y encontrar en conjunto un acuerdo sostenible”.
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]]>La entrada El veganismo ilustrado: Para el nutricionista Juan Esteche, “hay evidencia científica de que la proteína animal daña la salud pero muchos profesionales desoyen a la ciencia” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Juan considera (y lo avala con bibliografía científica) que comer carnes y lácteos es malo para la salud y un sufrimiento innecesario para los seres que proveen estos productos. En esta entrevista explica todo y da fundamentos. Se sugiere leer suspendiendo, por un rato, el juicio.

-En una investigación realizada por usted y una colega concluyen que la proteína animal se relaciona con patologías como el síndrome metabólico (presión arterial y azúcar elevadas, niveles anormales de colesterol), osteoporosis, enfermedad renal, alergias y cáncer. ¿Hay evidencia científica?
-Sí, y mucha. Desde hace décadas sabemos que la gran cantidad de grasas saturadas y colesterol de los productos de origen animal son uno de los grandes responsables de la epidemia de enfermedades crónicas, pero poco se habla de los perjuicios de la proteína animal en muchas de estas patologías. La excesiva cantidad de ciertos aminoácidos ejerce efectos no deseados tanto en las células del páncreas como en células renales. Todo médico sabe que ante una falla en los riñones lo primero que hay que restringir es la proteína animal, porque nada le da más trabajo.
-¿Y los lácteos, qué papel juegan?
-Generan alergias y no son la mejor forma de prevenir la osteoporosis.
-¿Cómo?
-La caseína, proteína de la leche de vaca, es el alérgeno alimentario número 1 a nivel mundial (le siguen la proteína del huevo, del pescado y de los mariscos). En cuanto a osteoporosis, resulta que el mejor factor para prevenirla es un mayor consumo de frutas y verduras y no de lácteos. Y hay más: en varios estudios en animales se ha demostrado que la caseína aumenta la síntesis de colesterol, independientemente de la grasa que contenga ese lácteo a la vez que tampoco permite la absorción de los beneficiosos antioxidantes vegetales. También la caseína, cuando representaba el 20% del total de las calorías consumidas, promovía el crecimiento tumoral (cáncer de hígado) en ratones. Eso no ocurría con proteína vegetal. La proteína animal aumenta una hormona de crecimiento llamada IGF-1 (factor de crecimiento insulínico tipo 1) que se asocia al crecimiento y propagación de las células cancerígenas.
-Pero si esto es así, ¿por qué se sigue diciendo que comer carnes y lácteos es indispensable para la salud humana?
-Son varios factores. El primero es que toda la evidencia científica de los perjuicios de las carnes, lácteos y huevos aún no ha llegado a las universidades; de hecho lo que aquí expongo es una recopilación minuciosa que no he obtenido en ninguno de los contenidos de mi carrera de Nutrición. El segundo es que muchos médicos y nutricionistas, luego de concluir sus estudios, no se han actualizado sobre los avances científicos en la nutrición basada en plantas. Y esto se debe al poco interés en ampliar sus conocimientos y no querer salir de su “zona de confort”.
–¿Entonces, es una creencia antigua?
-Hoy es un hecho irrefutable que no es la proteína animal lo esencial sino los aminoácidos, presentes todos en el mundo vegetal pero muchos profesionales de la salud desoyen a la ciencia cuando ésta pone en tela de juicio sus hábitos y placeres gastronómicos. El otro factor por lo cual la verdad no sale a la luz son los enormes intereses económicos del agronegocio (ganadería y cultivo de soja y maíz transgénicos) y de las empresas (industrias cárnicas y lácteas entre otras) que dependen de sus productos, para perpetuar un consumo que deja enormes ganancias pero en detrimento de la salud humana, del cuidado del planeta[viii] y de la vida de decenas de miles de millones de animales.

-¿Esto quiere decir entonces que se puede tener una alimentación basada en plantas y hongos y estar sanos?
-Así es. Lo dice la declaración de la Academia de Nutrición y Dietética de los Estados Unidos, el organismo que reúne a más de 100.000 profesionales de la salud y que además está replicada por todos los organismos de nutrición del mundo, incluida la Sociedad Argentina de Nutrición. Esta alimentación, bien planificada y llevada de manera responsable, es apta para cualquier etapa del ciclo de la vida del ser humano, o sea, desde que nacemos hasta el último día de nuestras vidas, incluyendo la lactancia o embarazo, y cumpliendo con el requerimiento de deportistas. No sólo se estará sano, sino que esta alimentación es capaz de prevenir, controlar y REVERTIR muchas enfermedades crónicas, hoy tratadas tradicionalmente con medicamentos.
-Entonces hay que cuestionar esto de que “las proteínas de alta calidad son de origen animal”
-Hay que cuestionarlo totalmente. ¿Proteínas de alta calidad para quién? Para carnívoros estrictos, seguro. Cuando los científicos a mediados del siglo pasado llegaron a esa definición, lo hicieron bajo el paradigma antiguo de que era esencial la proteína animal y que incluso era algo “natural” tomar leche de otra especie. Entonces cometieron el error de comparar dos proteínas que no tenían por qué compararse. Ante esta lógica de ranking de proteínas (la lidera la animal porque tiene todos los aminoácidos esenciales elevados) entonces deberíamos decirle a todas las especies herbívoras que consuman carnes, lácteos o huevos que es mucho mejor que el pasto, frutas u hojas que están comiendo. Todos los aminoácidos esenciales se encuentran en la proteína vegetal, por eso la definición de “incompleta” es incorrecta. Sería incompleta si le faltara alguno.
-¿Por qué cree que genera irritación el veganismo?
-Esto es otra cosa. El veganismo no es una dieta sino una postura ética que se opone a cualquier tipo de explotación animal y lo que ocurre es que todo lo desconocido causa rechazo. Todo lo que ponga en tela de juicio nuestras costumbres y tradiciones nos molesta, así somos los humanos. Luego de esa etapa puede venir la burla, y por último, la aceptación. No es una moda ni dieta. Lo demuestra el crecimiento exponencial de esta población cada año, gracias a que accedió a la total información.
-¿Nos puede explicar esto de que “la mejor fuente de proteína para el humano sería entonces la carne humana” si pensamos que la similitud de una proteína animal con la humana es el parámetro más importante de un alimento para nuestro crecimiento?
-Los humanos somos animales, con lo cual, la proteína de cualquier animal es muy similar a la nuestra. Eso hizo pensar a los científicos que para construir músculos, o todo lo que implique crecimiento y desarrollo, debíamos consumir la proteína más similar a la nuestra. Por eso hago la irónica analogía con la carne humana: ninguna será más parecida ¡pero así no funciona nuestro organismo! Tal como los toros, elefantes, monos y tantos otros animales que no comen otros animales, los humanos combinamos aminoácidos de diferentes vegetales para construir nuestras propias proteínas. La clave es consumir suficientes vegetales y variados. Si un aminoácido está algo bajo en un vegetal, en otro ese aminoácido estará más elevado.
-¿Y un consumo mínimo de carnes sí puede ser beneficioso para la salud?
-Si sabemos que un consumo diario de medio kilogramo de carne, quesos o huevos hace daño ¿por qué entonces deberíamos pensar que 100 gramos hacen bien? En todo caso deberíamos decir que hace menos daño. Si yo les dijera que si toman un vaso entero de veneno sería letal, ¿tomarían solo algunos tragos? ¡Por supuesto que no! Lo entendemos con un vaso de veneno pero no con ciertos “alimentos”. El daño que causan los alimentos de origen animal es crónico, por lo que el deterioro de nuestros órganos es lento y gradual pero en unos años comienzan a padecerse con signos y síntomas muy claros como hipertensión, hipercolesterol, diabetes 2, infartos, ACV y muchas veces cáncer.
–Usted dice: las costumbres y tradiciones no pueden primar por sobre la biología y la ciencia. ¿A qué se refiere?
-Las costumbres y tradiciones son decisiones culturales, por tal motivo pueden no tener el más mínimo sustento biológico. Y así lo demuestra el daño que sufre nuestro cuerpo por comer alimentos que están muy arraigados a nuestras costumbres e impuesto también por nuestro “sistema”. Cuando por primera vez el ser humano consumió carnes, lo hizo por un caso extremo de supervivencia, por hambre, porque si no mataba moría, ¿o cómo se imaginan que fue la situación que llevó a la primera vez (hace sólo 8.000 años) que un humano se arrodilló debajo de un animal de casi media tonelada para quitarle y beberle su leche? ¡Lo hizo por hambre! Hoy esta práctica no tiene ningún sentido. Podemos disponer de todos los grupos de vegetales para llevar una alimentación completa durante todo el año.
¿Es el ser humano “naturalmente” vegano? Acá vas a encontrar la respuesta
–¿Qué nos puede decir de la famosa vitamina B12?
-Que es la única que se debe suplementar en una dieta vegana. No es una falla de la dieta en sí sino de nuestro alejamiento de la naturaleza, ya que esta vitamina la fabrican las bacterias de la tierra y el agua, y hoy hemos perdido ese natural contacto con ellas a la hora de alimentarnos: ya no arrancamos con nuestras manos la fruta del árbol o la hoja del suelo, con muchísimas partículas de tierra y bacterias, y las llevamos a la boca con nuestros dedos para alimentarnos. Por eso el precio que debemos pagar por “civilizarnos” es el de suplementar la B12. ¡Y es muy económica! Solo $40 por semana. Muchos animales de consumo que pasan sus vidas encerrados (feedlots, megagranjas), además de recibir vacunas, antibióticos y hormonas, también reciben la vitamina B12, si no enfermarían.
-¿Qué buscan las personas que buscan su asesoramiento de nutricionista vegano?
-Se acercan a mí personas que quieren un cambio radical en sus vidas, ya sea para mejorar su salud o porque han comprendido que cuidar el ambiente o respetar a los animales es algo que amerita el cambio. Son personas que están siendo conscientes de una realidad que no veían tiempo atrás. Una realidad que el sistema les había ocultado y negado.
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]]>La entrada Es cierto que el campo cambió, pero que no te corran por izquierda: El 89% de las cadenas productivas se enfoca hacia la alimentación humana se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Por suerte el gran Roberto Bisang (de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y el CONICET) sigue produciendo estudios y trabajos, esta vez acompañado por Santiago Vernazza. El último de esos ellos define con claridad que el 89% del valor agregado (VA) generado por el agro local “se destina -directa o indirectamente-, a la alimentación humana”.

Desde esta análisis académico -que se enfoca en 31 cadenas productivas que cubren el grueso de la actividad agroindustrial y explicaban en 2020 el 14% del PBI nacional y ocupaban a casi 2,2 millones de personas- solo el 10% del producido por el agro local “deriva hacia a la industria manufacturera o son insumos biológicos, mientras que poco más del 1% del VA total alimenta a la matriz energética”.
Toda una estocada a los sectores más politizados que dicen que el agro argentino no alimenta y que hay que cambiar de cuajo con el modelo.
En su análisis, por cierto, Bisang no es necio y reconoce que las cosas han cambiado mucho en los últimos años. Comienza afirmando que “hasta los años 80, las producciones agropecuarias fueron sinónimo de alimentos y éstos de comidas hechas en el hogar; el productor anclado junto con su familia a la vida rural era el proveedor de trigo, maíz, carnes, frutas y hortalizas; en el medio estaba la industria alimenticia y el sistema comercial (en tránsito del almacén al supermercado)”.
La soja, en aquel momento, recién aparecía en escena.
El trabajo, publicado en el informativo habitual de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), establece pues que toda aquella imagen se alteró, quizás convocando a la nostalgia de los sectores progresistas. Dicen Bisang y Vernazza que “cambiaron los (diversos) perfiles del sujeto agrario, las formas de organizar las actividades y sus intensidades/rutinas tecnológicas“.
Por lo tanto, ahí surge la pregunta: ¿Qué produce el campo?
Mirá el informe completo aquí:
El campo argentino- más allá de los alimentos y más acá de la agroindustria
Luego de analizar las 31 principales cadenas productivas y su aporte al VA de 2020, los investigadores llegan a la conclusión que 89% del esfuerzo sectorial apunta de uno u otro modo a la producción de alimentos para los humanos.
De ese subtotal, dos tercios del VA proviene del reino vegetal. Y explica que en algunos casos este aporte se da de forma (como frutas y hortalizas) y en otros de modo indirecto (como con la soja utilizada para alimento del ganado).
Obviamente la soja y los cereales, por las características productivas de la Argentina, tienen un peso mucho mayor que otras cadenas. El complejo sojero explica un tercio del VA de toda la agroindustria, “pero si le adicionamos maíz, trigo, cebada y girasol se explica alrededor del 55% del VA del conjunto”.
“El complejo sojero tiene una doble característica: su preponderancia exportadora y su ausencia directa -casi total- de la canasta de los bienes consumidos internamente (ergo con bajo impacto en los índices de precios)”, reconocen Bisang y Vernazza.
Dentro de la oferta de vegetales, los complejos restantes aportan un 20% al VA del conjunto y “responden a las denominadas economías regionales”, se explica.
“Se trata de actividades ancladas en territorios específicos, de manufacturación cercana/en las fuentes de origen de la materia prima y empleadora masiva de mano de obra; su inserción externa es variable: va de enclaves exportadores con significativa relevancia externa (limones, berries y peras) a actividades de alto potencial pero confinadas al consumo interno (caprinos y ovinos), destacan los estudiosos.
En el agro moderno, los alimentos de origen animal tienden a integrarse operativamente con los que provienen del reino animal, “densificando la trama productiva en algunos espacios regionales”, apunta Bisang, que a modo de ejemplo cita que existen múltiples modelos de esa integración:
Tras remarcar que a pesar de muchísimos cambios sucedidos el grueso del valor agregado generado por las 31 cadenas productivas se destina finalmente a la alimentación humana, incluyendo la tan mentada soja, el documento reconoce que en las últimas décadas “el campo va ampliando su rango de actividades hacia los insumos industriales, bioenergías y algunos servicios de base ecosistémica”, pero sin que estos rubros incidan todavía demasiado sobre el total de la torta.
Lo que sí sucedió es que entre 2000 y ahora “se modifica el peso relativo de lo vegetal respecto de lo pecuario, socavando el concepto de agropecuario; se destaca el complejo sojero por su presencia productiva y exportadora, marcando diferencias respecto del pasado dado su escaso peso en la canasta de consumo local”. En paralelo, las proteínas cárnicas revelan un claro avance de aves y cerdos.
Según Bisang y Vernazza, “todo ello va configurando un campo ampliado -más allá de los alimentos y más acá de la agroindustria- delineando una forma de producción -más cercana a una industria a cielo abierto que a una actividad primaria tradicional-“.
En definitiva, puede resultar cierto que el campo haya cambiado radicalmente. Pero eso no quiere decir -como afirman sus detractores- que haya dejado de producir alimentos.
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]]>La entrada David Castellano, veterano dirigente de AFA, analiza el presente de la cooperativa que orilla los 90 años: “No ha perdido el espíritu de los pioneros” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>-¿Y cuál es la función de esta red?
-Contener al productor agropecuario para que él y su familia tengan el mejor desarrollo productivo, la mejor inserción en su comunidad y pueda crecer tanto en lo humano como en lo educativo- explicó a Bichos de Campo David Castellano, un veterano directivo de AFA.
“Necesitamos ser oyentes activos de lo que el productor necesita”, afirmó el dirigente, que tiene origen chacarero como el resto de los socios de AFA.
Casi nueve décadas después, la red ha quedado cristalizada a nivel federal, ya que cuenta con 26 centros cooperativos, 63 sub centros, 39 oficinas comerciales y 8 representantes en distintas localidades.
Mirá la nota completa acá:
El crecimiento de AFA fue tal que desde hace un tiempo tienen en marcha varios proyectos en paralelo al trabajo de comercializar las cosechas de los productores y proveerlos de insumos.
Uno de ellos consiste en intervenir directamente en la formulación de una formuladora a través de la cual la cooperativa produce sus propios insumos agrícolas como insecticidas y herbicidas. “En algún momento nos planteamos como ser más autonómicos e independientes y pensamos en la necesidad de tener algo con la más alta tecnología y con un criterio también que defienda lo ambiental”, señaló Castellano.
El foco está puesto en el trabajo con productos exclusivamente de banda verde y azul, y el éxito ha sido tal que varias empresas hoy formulan sus insumos dentro de la planta construida por AFA.
La segunda iniciativa tiene que ver con el agregado de valor a la producción primaria, para lo cual la cooperativa ha comenzado a producir alimentos con marca propia. “El espíritu es trasladar un poco del campo a la mesa de todos los argentinos”, explicó Castellano.
“La sección alimentos fue cobrando cada día más importancia. Hoy tenemos una gama de productos muy grande y este esquema de llegar a la mesa es una forma de mostrar que la producción agropecuaria no es solamente el gringo que fumiga, sino que construye, a partir de su trabajo, el alimento que diariamente consumimos”, indicó el directivo.

Una línea de trabajo cada vez más intensa es hacer crecer la participación de AFA en el negocio de los remates ganaderos. Se le ha asignado importancia dado que muchos de los productores asociados siguen haciendo culto a aquello de la “chacra mixta” y también necesitan tener canales para vender sus bovinos.
-AFA llegó lejos, ¿pero conserva los valores que le dieron origen?- le preguntamos a Castellano.
-AFA no ha perdido el espíritu de los pioneros, aunque éste es un trabajo que hay que nutrir día a día. Ser solidarios sin perder de vista la justicia y la equidad. Por eso diseñaron una cooperativa solidaria en la base, en la que todos salieran a acompañar el proceso del más débil, del que circunstancialmente estaba mal. Eso se mantiene y el desafío es seguir siendo oyentes activos para acercarnos a las respuestas y a las soluciones.
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]]>La entrada La Federación Agraria salió de compras con un billete de mil pesos: “Los productores no somos formadores de precios”, fue su conclusión se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Los productores agropecuarios no somos formadores de precios. De hecho, somos juntos a los consumidores los dos eslabones más afectados por el impacto de la inflación que nos golpea, sin que quienes nos gobiernan logren atenuarlo”, indicó la entidad.
El estudio se basó en el análisis de precios de artículos de las economías regionales que forman la canasta básica de alimentos: leche, huevos, manzanas rojas, peras Williams, arroz, papa negra, azúcar y cebollas. Además se tuvo en cuenta la cantidad que se puede obtener de cada producto con un billete de 1000 pesos –por ser el de más alta denominación- tanto por parte del productor como del consumidor.
Para el caso de la leche, el productor vende un litro a $30 y el consumidor paga por ella $81.75, una diferencia de casi $58. Con $1000 en un supermercado pueden obtenerse solo 12 litros, mientras que si se comprara al precio que recibe el productor se podrían adquirir 33 litros.

Esta disparidad se reproduce en los demás alimentos: la docena de huevos se vende a $80 y en el supermercado se consigue por $159. El kilogramo de manzana roja se entrega a $25 y en góndola llega a los $200. Le sigue la pera con un valor de $20 de la mano del productor, y llega a $159 en los comercios.
De forma increíble, quien menos recibe por su producto es el productor de papa, que la vende a $5 y que el consumidor paga por kilo casi $90. Con $1000 se consiguen solo 11 kilos y a precio del productor ese número llegaría a los 200.
El arroz también se dispara en la cadena, saliendo a $25 por kilo y arribando a los comercios a $157. Por su parte el azúcar se vende a $44 y el consumidor paga por ella $70 el kilo. La papa finalmente sale del campo a $20 y llega a las verdulerías a $69.
“Demostramos una vez más lo poco que percibimos por nuestras producciones. Las cifras son contundentes y demuestran que no sólo no somos formadores de precio sino que somos lo más castigados, en un contexto donde producimos especialmente para el mercado interno.
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]]>La entrada El pecado original: En el primer semestre crecieron 45% las importaciones “subsidiadas” de alimentos que en muchos casos se podrían producir acá se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Según el Monitor de Comercio Exterior publicado por Agricultura, estos primeros seis meses se utilizaron casi 4.000 millones de dólares en traer muchas de cosas que la Argentina ya produce. Esto es, se gastaron unos 1.300 millones de dólares más que en el primer semestre del año pasado, con el agravante de que son dólares subsidiados de algún modo por todos los argentinos.
Es importante aclarar que las importaciones se realizan al precio del dólar oficial, que por estos días ronda los 100 pesos. Ese es el precio que pagan entonces los importadores de todos los rubros cada vez que ingresan una mercadería al país. Si tenemos en cuenta que en el mercado paralelo la divisa estadounidense les cuesta a los argentinos cerca de 180 pesos, salta a la vista que estas compras de alimentos al exterior son generosamente apalancadas por el propio Estado argentino.
No sería demasiado criticable que se utilicen los dólares que administra el Banco Central, y que se niegan a los propios argentinos, para importar insumos o bienes que no se producen internamente. Ahora bien, el punto más preocupante del análisis de esta información radica en que se nota un aumento de las importaciones de muchos alimentos que se producen a nivel local.
Dentro del rubro de las carnes, por ejemplo, las importaciones de carne porcina y aviar registraron un importante crecimiento. Para el caso de los cerdos se importaron 18.943 toneladas, contra las casi 11.000 del año anterior. La carne de pollo, por su parte, duplicó las cifras del periodo anterior llegando a las 4.430 toneladas.
En la misma línea, los lácteos también percibieron un aumento. Se importaron 379 toneladas de leche fluida, contra cero toneladas el año anterior. También se adquirieron 960 toneladas de queso, un 106% más que en 2020, y 65 toneladas de manteca, lo que equivale a un 163% más.
Ahora bien, ¿qué pasa con las frutas y verduras? Si bien Argentina atraviesa por una crisis de sobreproducción de cebolla, el país adquirió este año 98 toneladas de esta hortaliza del extranjero. También aumentó increíblemente la compra de papa fresca en el exterior en un 165%: compro 3.428 toneladas contra las 1.291 del año anterior.
El aumento quizás más importante fue el de los limones en un 507%, ya que importó 1.209 toneladas contra las 199 del 2020. Le siguieron en segundo lugar las naranjas con un 315% y 2.237 toneladas adquiridas.
Algo similar ocurrió con las manzanas y las peras. Mientras el Alto Valle registra una crisis prolongada entre los productores de fruta por la baja rentabilidad de esos cultivos, se importaron 946 toneladas de manzana, un 214% más, y 285 toneladas de pera, lo que equivale a un 134% de aumento.
Por su parte los arándanos aumentaron sus importaciones en un 117%, las uvas un 89%, las avellanas en un 71% y las nueces en un 55%.
El caso de la banana es paradojal ya que si bien su importación creció solo un 6%, el número de toneladas compradas en el exterior es tal que la banana nacional no tiene casi lugar en el mercado nacional. En el primer semestre de 2020 se importaron 224.003 toneladas y en lo que va de este año otras 236.392.
En la categoría de productos nacionales también se encuentra la yerba mate, que registró un aumento en su importación del 7%; el té de 128%; el tabaco de 65%; y el azúcar de 97%. Para el caso del vino y el mosto de uva, este semestre se importaron 228 toneladas contra 109 del mismo periodo de 2020, es decir un 109% de aumento.
Las importaciones que sí se encuentran más justificadas son las de alimentos que no se producen a nivel nacional como el café y el cacao. Del primero se importaron 17.672 toneladas y del segundo 19.497.
¿Qué paso con las legumbres y los cereales? Las primeras registraron un aumento en su importación de 255%, siendo las lentejas las primeras en la lista con 8.754 toneladas adquiridas. Le siguieron las arvejas en segundo lugar con 1.268 toneladas y los porotos con 696.
En cuanto al maíz, su importación aumentó un 45% ya que se compraron 282 toneladas contra 66 el año anterior. Para el caso de la molinería, se importaron 1.597 toneladas de harina de maíz y 828 de harina de trigo, un 44% más.
Quienes también aumentaron de forma sorprendente fueron las importaciones de algodón y de cuero: la primera creció un 1089% con 368 toneladas, y la segunda un 53% con 2.271 toneladas.
Llegando hacia el final del informe hay que aclarar que este monitoreo incluye también las siguientes categorías: maquinaria agrícola, cuya importación creció un 30%; plaguicidas y herbicidas, que aumentaron un 21% y alimentos para mascotas, cuya adquisición creció un 85%.
A los 3.995.486 millones de dólares que se gastaron en el primer semestre de 2021 en importar alimentos y otros productos de los complejos agropecuarios deben restarse además unos 1.500 millones que corresponden a los granos de soja que ingresan desde países vecinos (fundamentalmente Paraguay y Bolivia) para ser procesados por la industria aceitera local, y que luego son reexportados desde aquí, neutralizando esta balanza.
De todos modos, como se puede observar en el cuadro comparativo elaborado por Agricultura en base a datos del INDEC, en muchos rubros resulta preocupante el despilfarro de dólares oficiales:
| ENERO – JUNIO 2021 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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]]>La entrada La comida no se tira: El INTA se unió al Banco de Alimentos de Balcarce para rescatar los descartes de la producción frutihortícola se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Frente a eso y en el marco del plan Argentina contra el Hambre, el INTA firmó un convenio con el Banco de Alimentos de Balcarse, que trabaja en red con los otros dos, para rescatar las frutas y verduras descartadas en buen estado con el objetivo de que sean aprovechadas por personas en condiciones de vulnerabilidad económica y social.
“La intención es poder identificar y cuantificar aquella parte de la producción frutihortícola que no ingresa en la cadena de comercialización por no cumplir con las normas de tipificación (tamaño pequeño o defectos de forma y aspecto), pero que se encuentra apta para el consumo humano”, explicó Alejandra Yommi, responsable del proyecto por el INTA.
Javier Fornieles, presidente del Banco de Alimentos de Balcarse, indicó que el rescate de alimentos que se realizaba en el cinturón frutihortícola de Mar del Plata se venía dando a media máquina, porque se conseguía poca mercadería y el costo logístico era alto.
La incorporación del INTA permite, en este sentido, la participación de especialistas para estudiar las distintas cadenas de producción, estimar volúmenes de hortalizas y frutas que se descartan, los momentos del año y puntos de la cadena productiva más conveniente para el rescate.

“Se espera que el volumen y también la calidad de las hortalizas y frutas rescatadas aumenten considerablemente a partir del trabajo mancomunado entre los Bancos, el INTA y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Mar del Plata y en la medida que se consolide este trabajo interinstitucional”, precisó Alejandra Yommi.
Actualmente estos bancos de alimentos alquilan el predio de la Sociedad Rural de Mar del Plata, donde se encuentra el Centro de Rescate de Frutas y Hortalizas. Además de contar con galpones para guardar lo rescatado, tiene una superficie de cinco hectáreas que se podrán emplear para hacer parcelas demostrativas e investigaciones en frutihorticultura con un abordaje agroecológico.
Según un relevamiento realizado por Alejandra Yommi y Sebastián Borracci, del grupo Ad Hoc Frutihortícola de la Plataforma de Innovación Territorial Mar y Sierras del INTA, sobre las principales cadenas de frutas y hortalizas del cinturón productivo de Mar del Plata, existen varias cadenas productivas que presentan excedentes anuales.
“Respecto de la cadena de maíz dulce, cinco de los ocho productores que concentran el 75% de la producción coinciden en que a veces quedan sin cosechar un 10% de los lotes. Esto sucede porque las condiciones climáticas provocan que varios lotes que fueron sembrados escalonadamente no se encuentren con la madurez óptima para la cosecha”, explicó Yommi.
Sus estimaciones indicaron que podría rescatarse un volumen de 1000 toneladas, es decir, unos siete millones de choclos.

En cuanto a la cadena de papa, cultivada por más de 100 productores en una superficie de 33 mil hectáreas, “se observó que el mayor excedente ocurre de diciembre a abril y es de 15 mil toneladas, y el aprovechamiento se podría hacer en el sector de lavado y acondicionado”, señaló Borracci.
Algo parecido sucede con la cadena de la zanahoria que “genera pérdidas de 15.000 toneladas en solo 850 hectáreas cultivadas, lo que representa un 30% de la producción”. Actualmente, los descartes de zanahoria se utilizan como alimentación para ganado vacuno y porcino, aunque no en su totalidad, y como se cosecha, lava y acondiciona toda la producción en pocos lavaderos, “existe una excelente oportunidad para coordinar su recupero y aprovechamiento”, aseguró el especialista.
Por último, indicó que hay otros productos aprovechables con mucho potencial, como kiwi, tomate, berenjena y morrón, y destacó “el compromiso de quienes producen porque entregan su excedente como donación, incluso cuando podrían comercializarlo”.
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]]>Con eso en mente, el portal Expoagro Digital convocó a especialistas para discutir la forma en que los argentinos se alimentan y hacia donde apuntan las nuevas tendencias. El encuentro estuvo moderado por Fernando Vilella, Director del Programa de Bioeconomía de la UBA, quién había adelantado que “estamos en un contexto donde la nutrición en Argentina está muy desbalanceada.”
El primer exponente fue Sergio Britos, licenciado en Nutrición y profesor de la UBA y de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Brindó en el comienzo una serie de datos para entender el contexto actual: un 16% de los niños menores de 17 años tiene inseguridad alimentaria severa; más de 25 millones de argentinos tienen sobrepeso y algún familiar con enfermedades crónicas producto de la dieta; sólo el 11% de la población tiene una calidad de dieta buena.

“Tenemos un problema importante en relación a micronutrientes en la dieta. Al menos en nuestro país tenemos un déficit muy importante de Vitamina A, C, D y calcio. Hay un bajo consumos en frutas, hortalizas, legumbres y lácteos, en un contexto en el cual en los últimos tres años los precios de los alimentos crecieron por encima de la inflación general”, señaló Britos.
¿Cuál es el camino a seguir? El licenciado consideró que sin una política y educación alimentaria definidas será difícil recomponer una dieta que se encuentra “en franco deterioro”. Sin embargo sostuvo que discusiones como las del etiquetado frontal de alimentos pueden ser una puerta de entrada para estructurar políticas públicas e impulsar nuevos modos de producción.
“Hay que aumentar el consumo de aquello que está en déficit y paralelamente disminuir aquello que consumimos en forma excesiva. Hay que hacer mucho más en materia de educación alimentaria”, concluyó.
El segundo disertante fue Agustín Belloso, co fundador y CEO de Tomorrow Food, una empresa dedicada a la producción de productos basados en proteínas vegetales.
“Creemos que en estos nuevos escenarios de la alimentación, este tipo de proteínas tendrán un rol importante porque ayudan a enfrentar dos desafíos que tenemos por delante: cómo producir más y mejores alimentos para una población sustentable en aumento -consumidores conscientes con mayor información- y cómo producir de cara al cambio climático”.
En este sentido explicó que las legumbres son útiles a la hora de buscar secuestrar carbono y destacó que existe una gran potencialidad en la innovación tecnológica con proteínas vegetales.
“Nos motiva el potencial que tiene la región. Lo que queremos lograr de acá a diez años es haber funcionado como catalizador para esos procesos. Nos encantaría ver que a partir del conocimiento que podemos ir generando se forme un cluster de proteínas vegetales, exportando algo más que granos y logrando dietas más variadas y complementadas”, afirmó.
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El último exponente fue José Lizzi, líder en Ganadería de CREA, que introdujo a este sector productivo dentro del debate. En primer lugar señaló que existe muchas veces una mayor preocupación por las dietas de los animales que por las dietas humanas, y consideró que los niveles de consumo de proteína vegetal se deben a una cuestión cultural.
“Consumimos 50 kilos de carne vacuna, 45 de pollo y 15 de cerdo. Estamos entre los países que más consume proteína animal. La ganadería es la actividad más federal del país. Hoy hay 220 mil establecimientos ganaderos y 205 mil productores, de los cuales el 80% son pequeños”, dijo.
Consideró que el eje de la crítica a la ganadería vacuna pasa por la sustentabilidad pero que se han incorporado cultivos de bacterias que permiten una degradación distinta del alimento, mitigando las emisiones de metano.
En cuanto a los nuevos consumidores sostuvo que las certificaciones y la trazabilidad se han corrido de su objetivo original, relacionado al aseguramiento de la sanidad e historia del producto, y que hoy buscan acercar al productor y al consumidor y dar mayor valor agregado.
“Creo que hay muchos márgenes de mejora que no se exploran porque hay restricciones de mercado y no hay necesidad. Las condiciones normalmente no se generan. Hoy es una realidad que hay regiones donde comer mal es más barato. Comemos carne porque es la más barata en góndola en el mundo”, afirmó Lizzi.
“Para que esto vaya en otra dirección, además de escucharnos y escuchar alternativas, hacen falta generar mínimos acuerdos que vayan en esa dirección, y que eso vaya acompañado de políticas puedan trascender, porque son la base de nuestra salud y economía”, agregó Lizzi.
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