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amaranto – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Tue, 23 Mar 2021 17:08:31 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png amaranto – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Néstor Vilca, en la Quebrada de Humahuaca, pudo recuperar muchas de las producciones andinas realizadas por sus ancestros http://wi631525.ferozo.com/nestor-vilca-en-la-quebrada-de-humahuaca-pudo-recuperar-muchas-de-las-producciones-andinas-realizadas-por-sus-ancestros/ Tue, 23 Mar 2021 10:26:22 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=61804 Néstor Vilca es un productor que integra una comunidad originaria en el paraje Raya Raya, dentro del departamento jujeño de Tumbaya, a orillas del río Grande, en la Quebrada de Humahuaca, donde viven familias de agricultores que producen cultivos andinos como el amaranto o kiwicha, el aguaymanto, la quinua, porotos y distintas variedades de papas […]

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Néstor Vilca es un productor que integra una comunidad originaria en el paraje Raya Raya, dentro del departamento jujeño de Tumbaya, a orillas del río Grande, en la Quebrada de Humahuaca, donde viven familias de agricultores que producen cultivos andinos como el amaranto o kiwicha, el aguaymanto, la quinua, porotos y distintas variedades de papas y papines, además de otras hortalizas.

Esa comunidad se vio beneficiada hace algunos años con la asignación de tierras de parte del Estado. Vilca obtuvo dos hectáreas en 1998 y allí se quedó, produciendo en ellas. “Fue una alegría muy grande volver a trabajar las tierras que trabajaron nuestros ancestros y poder hacer cultivos andinos”, dijo Vilca a Bichos de Campo.

El productor comentó que la lectura de varios libros, algunos cursos en Buenos Aires y el contacto con otros productores de la Quebrada de Humahuaca y del vecino país de Bolivia lo llevaron a llenar sus tierras con esos cultivos ancestrales y al día de hoy siembra cuatro variedades de quinua, 36 de porotos andinos de diferentes colores, ocho de papas y produce también maíz y aguaymanto.

Mirá la entrevista completa a Néstor Vilca:

La finca de Vilca funciona a modo de centro de ensayo debido a que muchas instituciones le traen variedades para evaluar si funcionarían en esa zona. Investigadores de universidades, del INTA y de la cooperativa Cauqueva de Jujuy asisten a productores y se acercan para probar semillas. “Mis puertas están abiertas para ellos”, declaró Vilca.

Hacer cultivos andinos en la zona de Humahuaca, que conforma una hendidura o cañadón, no es lo mismo que hacerlos en la zona puneña que tiene mayor altura. “Es difícil acá porque te persiguen más los plagas, hay menos frío y entonces se requiere de un mayor cuidado.”, explicó el productor.

Esa dificultad de producir en terreno más bajo los llevó a usar fitosanitarios, aunque Vilca confesó que su idea es llegar a obtener una producción agroecológica, donde no tengan que emplearse.

La finca andina de Vilca no genera grandes volúmenes, pero lo mantiene muy ocupado. “Yo vendo durante todo el año. Por ejemplo, en verano vendo el choclo como choclo, pero luego, durante el invierno vendo maíces de colores en forma de artesanías, semillas y lo mismo con la papa, la vendo todo el año”, expresó.

 

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José María Bageneta estudió el caso del amaranto en México y cree que aquí podría ser una opción válida para pequeños productores organizados http://wi631525.ferozo.com/jose-maria-bageneta-estudio-el-caso-del-amaranto-en-mexico-y-cree-que-aqui-podria-ser-una-opcion-valida-para-pequenos-productores-organizados/ Mon, 31 Aug 2020 12:53:02 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=46436 José Martín Bageneta es investigador del CEIL-CONICET y doctor en Ciencias Sociales y Humanas. Trabaja, desde la sociología organizacional, histórica y rural, sobre desarrollo regional, agronegocio y formas asociativas de los productores. Recientemente, mientras realizaba un posdoctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México, se dedicó a conocer cuáles habían sido los debates en aquel […]

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José Martín Bageneta es investigador del CEIL-CONICET y doctor en Ciencias Sociales y Humanas. Trabaja, desde la sociología organizacional, histórica y rural, sobre desarrollo regional, agronegocio y formas asociativas de los productores. Recientemente, mientras realizaba un posdoctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México, se dedicó a conocer cuáles habían sido los debates en aquel país sobre las cooperativas agrarias, entre otras formas de la economía solidaria. Aquí se descarga su libro con entrevistas a cooperativas.

“Llegué a México como parte de mis tareas como investigador del CONICET y me movía el interés de conocer qué sucedía con las organizaciones agrarias de la economía popular y así reflexionar acerca de lo que acontece aquí”, describe el especialista. “Mis estudios en Argentina me habían llevado a comprender que los modelos agrarios que se impusieron en las últimas cuatro décadas conllevaron un cúmulo de tensiones para las organizaciones cooperativas de la mano del agronegocio”.

En México José Martín se encontró con un movimiento cooperativo agrario que aún sin la presencia relativa de la importancia de Argentina cuenta con muchas experiencias, como las cooperativas cafeteras en el centro-sur, las de pesca en el norte y las hortícolas en el centro, con fuerte presencia indígena.

En esa búsqueda de experiencias mexicanas de economía popular llegó al Grupo Cooperativo Quali (que significa “bueno” en lengua náhuatl), que desde la década de 1980 está dedicado al amaranto. Tanto a su producción, como a la elaboración de productos con valor agregado y su comercialización.

El grupo está ubicado en la región Mixteca-popoloca (centro sudoeste del país) y lo integran, distribuidos en 80 cooperativas (“grupos”) de sembradores, alrededor de 1.088 campesinos indígenas. El territorio cuenta con múltiples indicadores de marginalidad históricos, como son –entre otros- sus condiciones naturales, altos grados de aridez y una constante expulsión de población originaria.

A su vez, el Grupo reúne a asociaciones de base (sembradores, agroindustria y venta) y se acopla en una estructura organizacional general con otras dos uniones, una de las cuales se dedica a obtener fondos de fundaciones internacionales, como Ford y Hilton, y organismos estatales. Si bien esos recursos se dirigen primeramente a habitantes rurales, en forma de obras hídricas, con la crisis de los donantes (desde 2008), comienzaron a ser utilizados como alicientes para los sembradores de amaranto.

“Si bien mi trabajo no se dedica a la caracterización biológica del cultivo sino al plano social y organizativo, investigué que el amaranto es originado en esas tierras, así como debemos el maíz o el tomate a esos pueblos”, explica. El investigador resalta que el amaranto “tiene grandes cualidades nutricionales por su aporte de calcio, proteínas y el ser libre de gluten. En México se lo consume como una ´leche´, barras del grano explotadas con azúcar y como harina”.

Bageneta explica que el cultivo tiene gran adaptación a zonas con bajas precipitaciones y que al ser un cultivo que parece encontrar preferencias entre quienes buscan suplementos a los cereales que conocemos con mayor masividad (como ocurre con la quinoa) son producciones con mucha proyección de desarrollo y comercialización.

“Además, el amaranto se puede producir de modo agroecológica: de hecho Quali tiene como parte de su concepción la producción con certificación de este tipo y ha logrado en las últimas décadas el reconocimiento norteamericano de su característica orgánica”, describe. “El criterio de esa certificación es central porque el precio que les pagan a los sembradores tiene diferenciales; del total de sembradores, 322 cuentan con certificación orgánica”.

En este sentido, gran parte de la tarea técnica sobre los sembradores se dedica a garantizar que no haya ninguna incursión en productos químicos dentro de sus parcelas, hecho que es corroborado por las visitas periódicas, primero de los agrónomos y luego de las certificadoras.

“Me interesa compartir que si bien el libro estudia procesos lejanos y con un cultivo muy poco conocido en nuestra tierra, comprende algunas cuestiones que lo vuelven un material de posible consulta aquí mismo”, cuenta el especialista. “En primer lugar la lejanía es real en términos de kilómetros, pero en cuanto a procesos sociales, políticos y económicos, compartimos muchas experiencias históricas. El campesinado, si bien gravita con mayor peso en México, tiene en Argentina una importante presencia”.

Otro punto, en relación a lo anterior, es que esos actores sociales campesinos y de la agricultura familiar tienen problemáticas comunes: para complementar pedidos de recursos de políticas estatales deben tener un tipo de agrupamiento formal (asociación, cooperativa, etc.) y muchas veces esos procesos son conducidos de modo tutelar por otros actores sociales, en muchos casos organizaciones de la sociedad civil.

“También existe lo que denomino la imposición de una ´tecnocracia socioambiental´, porque los técnicos son quienes deciden y esto nos invita a reflexionar acerca de qué pasa con la función del asesoramiento técnico en nuestras organizaciones cooperativas del agro”, concluye Bageneta.

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Épicos y atrevidos: Cuatro primos comenzaron su propia “revolución agroecológica” sembrando lupino en Ayacucho http://wi631525.ferozo.com/epicos-y-atrevidos-cuatro-primos-comenzaron-su-propia-revolucion-agroecologica-sembrando-lupino-en-ayacucho/ http://wi631525.ferozo.com/epicos-y-atrevidos-cuatro-primos-comenzaron-su-propia-revolucion-agroecologica-sembrando-lupino-en-ayacucho/#comments Fri, 31 Jul 2020 15:57:37 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=43881 Ramon Merlo se define primero como mochilero y amante de la naturaleza, antes que como ingeniero agrónomo. Después de que se recibió, trabajó seis años en distintas empresas agropecuarias convencionales, hasta que decidió pegar un giro radical y fundar, junto a tres de sus primos, su propia empresa. Lo único que tenían claro es que […]

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Ramon Merlo se define primero como mochilero y amante de la naturaleza, antes que como ingeniero agrónomo. Después de que se recibió, trabajó seis años en distintas empresas agropecuarias convencionales, hasta que decidió pegar un giro radical y fundar, junto a tres de sus primos, su propia empresa. Lo único que tenían claro es que querían hacer algo agroecológico. Y comenzaron sembrando un cultivo muy extraño, el lupino, en una zona muy poco habitual, el partido de Ayacucho.

“Estudié agronomía porque era la carrera más cercana a la naturaleza que había, y además, no existe la carrera de mochilero, entonces, Agronomía, ¿Por qué no?”, dijo Merlo, entre risas, a Bichos de Campo.

Épicos es el nombre que pusieron los primos a esta singular emprendimiento, que con el correr del tiempo fue virando hacia otra cosa más compleja. El origen de ese nombre también tiene una anécdota divertida. Ramón recordó que él y sus primos Agustín, Lucas y Tomás, venían de distintos caminos, trabajando en diversas cosas, hasta que se juntaron a pensar como generar un cambio ambiental y social. Era un cambio ‘ético’ el que se proponían y por eso ese fue el primer nombre en el que pensaron. Por suerte apareció uno de los tíos y propuso cambiar la t por la p.

Mirá la entrevista a Ramón Merlo:

“Yo quería hacer algo distinto porque no me terminaba de cerrar el sistema para el cual laburaba, que era el de la agricultura convencional. Entonces alquilamos 15 hectáreas en Ayacucho y empezamos a producir lupino, un cultivo que no se hacía acá en la Argentina. Luego lo convertimos en harina en un molino en mi casa, y empezamos a venderlo, viendo que había aceptación”, contó Ramón.

En referencia al lupino, el joven productor resaltó que aunque en Argentina había antecedentes a nivel ensayos pero no los había a nivel comercial. “Nuestra variedad no tiene alcaloides, se las sacamos de modo natural; es decir que es un lupino que podés harinar, cuando el tradicional que se consume en Bolivia o Perú es muy amargo y para harinarlo tenés que dejarlo debajo de un río por tres meses”, remarcó el emprendedor.

El lupino fue llevando a los primos a incursionar en otros cultivos. Al campo alquilado en Ayacucho sumaron luego otro en Tandil. “Vendí el auto hace tres años, y cuando nos quedamos sin plata para alquilar más campos para hacer más lupino comenzamos a producir quinoa, amaranto, te, sorgo blanco, entre otros”, describió el productor.

Como la venta de las harinas iba viento en popa, a su rol de productores los socios de Épicos fueron de a poco sumándole el concepto de marca y asociativismo con otros productores.

El esquema de negocios también es bastante particular: “Asociamos productores a nuestro modelo de negocios, a quienes les damos la posibilidad de virar hacia la agroecología. Nosotros le damos las semillas para que siembren, y cuando se cosecha, lo industrializamos y de la cantidad de paquetes que sacamos de esos campos, lo vamos vendiendo a lo largo del año y le pagamos a los productores todos los meses”, describe Ramón.

Y cierra el relato: “Así el productor llega al mismo margen que tenía con el modelo convencional, pero sin tener los agroquímicos en su campo”.

Merlo enfatizó en el objetivo de Épicos, de bajar el costo ambiental y social, y señaló que trabajando mediante una asociación en la que producen en conjunto con otros productores, de forma agroecológica, se arma una producción de valor en la que el productor no se desentiende de su grano cuando sale de la tranquera del campo, sino que lo hacen formar parte de toda la cadena hasta llegar a la dietética de un barrio, en forma de paquetes de harina. Todo con marca propia.

Acerca del actual modelo agrícola, Merlo opinó que “el modelo que exporta commidities no está dejando nada en Argentina, porque el laburo se lo damos a Europa o a China. Yo hoy voy al molino y veo que hay gente embolsando lupino y me pongo re contento. Y no es porque sea un genio; el modelo es copiable”.

Si así fuera, cree Ramón, “la Argentina sería otra, los acuíferos serían otros y el laburo en el interior también seria otro”.

“Si todos los campos fueran como este de 15 hectáreas que yo tengo en Ayacucho, ¿Existirían las villas miseria en el conurbano? Y no sé. Talvez fuera otra la realidad”, se pregunta.

Actualmente, los primos asociaron unos 7 productores a su modelo de negocios, todos de la provincia de Buenos Aires, desde Areco a Mar del Plata, sumando unas 300 hectáreas. “En general el productor pone un fichín en Épicos y realiza ensayos de algunas hectáreas, y por ejemplo, en Areco hace dos lotes de 5 hectáreas cada uno, en donde siembran lupino y otro cultivo. Eso nos encanta porque la idea es romper el prejuicio que tiene el productor convencional de la agroecología y viceversa, el agroecológico sobre el convencional”, manifestó.

“Yo vengo del palo convencional, porque estudié agronomía, y siempre que tocábamos la palabra agroecología, la asociábamos como muy radical, al nivel de Che Guevara y cargada de ideología. Todo mi backup me llevaba a lo convencional, hasta que me di cuenta que al agroecología no encerraba tanto prejuicio. Hoy tenemos un productor gigante de 11 mil hectáreas, que asoció 20 hectáreas con nosotros, y que también tenía nuestros mismos prejuicios”, señala.

Actualmente, los cultivos que producen pasaron de molerlos en su casa a hacerlo en un molino tercerizado provisto por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Pero el próximo salto de los Épicos es el de poder tener su propio molino. “Hoy lo molemos ahí y envasamos a fasón, en una envasadora, mientras que recorremos los campos de los socios, y controlamos que no apliquen agroquímicos ni tengan personal contratado en negro o en condiciones marginales”, explicó.

Épicos vende sus harinas, principalmente en dietéticas, y también en supermercados chicos, al tiempo que exhiben a diario cómo es su labor diaria a través de su red social de Instagram. “Tenemos unos 150 puntos de venta, todo con marca propia y en paquetes de 150 gramos”, dice Merlo.

Agrega que, contrario a lo que se suele pensar, “hay mucha más demanda que oferta, con lo cual, ese backup de que si no hacés solo maíz, a quien le vendes lo otro es mentira. Yo hoy tengo un lupino y podría vender cinco. Así que hay mercado”.

-¿Y qué pasó con aquel viejo mochilero que pasó a producir un aspecto más comercial?

-Ese mochilero me está pidiendo que esté más en el campo, me pide más naturaleza, que me mude a Bariloche tal vez. Pero al mismo tiempo está contento, porque sabe que estoy haciendo algo bueno. Hoy estoy más tiempo haciendo Excel y contratos con socios, que recorriendo un campo de lupino o mochileando, pero el fin es bueno.

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