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La entrada País de locos: Por fin el Estado se acordó de controlar a la aviación clandestina y los aplicadores registrados lo festejan se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En tiempos en que la actividad está sometida a una enorme presión social para hacer bien las cosas en materia de cuidado del ambiente y la salud, parecía un despropósito absoluto que el Estado -en sus distintos niveles- permitiera en pleno siglo 21 que hubiera aviones que aplicaban agroquímicos sobre los cultivos (o sobre las escuelas rurales, no sabemos porque eran justamente clandestinos) sin tener ningún tipo de control. Pero sucedía. Lo denunciaban sus pares que sí estaban registrados.
Este es aquel programa:
Todo este recuerdo viene a cuento de que recién ahora, dos años y medio después de aquella emisión y a más de 90 años de la aparición de la aviación agrícola en el país, leemos con algo de expectativa un comunicado que da cuenta de que “durante la semana pasada, la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) realizó inspecciones de seguridad operacional sobre empresas de Trabajo Aéreo y aeronaves agrícolas en la provincia de Entre Ríos” y “detectó aviones aeroaplicadores que no contaban con las habilitaciones correspondientes en dos localidades de la provincia”.
Albricias. Los integrantes de FAERCA celebran en dicho comunicado el hecho de que “la aeroaplicación clandestina” haya quedado “en la mira”. Nosotros nos preguntamos por qué pasó tanto tiempo.
Como sea, por primera vez en años se sabe de un operativo de la ANAC y eso es bienvenido. Contaron los aeroaplicadores bien registrados que la fiscalización se llevó a cabo en las localidades de San Salvador y Villaguay, “luego de haberse recibido varias denuncias de actividad agroaérea clandestina”.
Es decir, que la ANAC reaccionó recién luego de las denuncias, porque sigue sin conocer al parecer qué cantidad de aviones aplicadores existen en el país, cuántos están registrados, cuantos están en condiciones de volar, quiénes son sus pilotos, y otros etcéteras elementales en cualquier país normal, que no parece ser nuestro caso.

“Según informó la ANAC, se detectaron aeronaves aeroaplicadoras que no contaban con matrículas ni cumplían tampoco las condiciones mínimas de seguridad, dado que estaban ensambladas sin la intervención de personal calificado ni certificado” contó FEARCA, que manifestó su apoyo “a la presencia en territorio de la ANAC”.
“Desde hace años, la Federación viene reclamando a la autoridad aeronáutica mayor presencia en territorio y mayor interacción con las autoridades legales para una efectiva fiscalización de la actividad agroaérea. Cada acción en este sentido, cada nota presentada y cada planteo fueron oportunamente informados a la comunidad agroaérea”, indicó la cámara de los aviones bien registrados, que suelen pagar por los platos rotos de los pecadores.
En ese mismo sentido, FEARCA reconoció que “el trabajo aéreo clandestino constituye la principal causa del reclamo ambientalista dirigido a la aviación agrícola en su conjunto, dado que el desapego a las normas de los evasores no se limita a las reglamentaciones aeronáuticas, sino especialmente a las protectoras del medio ambiente”.
La consecuencia de esta inacción de control y registro por parte de las autoridades es que “los aeroaplicadores legales quedan expuestos ante la sociedad por las prácticas desaprensivas de los ilegales, que al encontrarse fuera del sistema eluden todos los mecanismos de fiscalización, por lo que las acusaciones y cuestionamientos terminan siendo soportados siempre por quienes están en regla”.
Tras expresar su apoyo a las autoridades de la ANAC, los pilotos inscriptos recordaron que esta ofensiva sobre la aviación clandestina “también merece ser respaldadas desde la perspectiva comercial, pues desbaratan la competencia desleal que desde hace años padecen los empresarios legales a manos de los clandestinos, lo que ha degenerado en una auténtica depredación del mercado”.
Por si quieren verlo, este es otro programa de Bichos de Campo sobre el tema, pero ya con aviones que no solo están registrados sino que además certifican su actividad son el sello IRAM:
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]]>La entrada Para que no les corten las alas, la empresa AeroTrab comenzó a certificar sus aeroaplicaciones bajo las normas de IRAM se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Los dos pilotos lucen apasionados y defienden su actividad en el último programa de TV de Bichos de Campo, convencidos y seguros de que hacen las cosas de modo correcto. De hecho hasta piden más controles sobre ellos y castigos para quienes puedan llegar a incurrir en malas prácticas, como en cualquier otra actividad. No quieren que les corten las alas.

Tras abrir las puertas de su hangar a Bichos de Campo, mostraron de primera mano cómo trabajan los aeroaplicadores como modo de desmitificar los miedos sociales que existen en torno a esta actividad.
¿Pero hacen bien las cosas es solo para la foto? Es cuestión de creer en IRAM, la famosa certificadora a la que decidió acudir la empresa AeroTrab SRL. para obtener ese sello que demuestra que los procesos se hacen como corresponde, para minimizar riesgos.
“Lo que mas nos interesa es la comunidad con la que queremos tener una buena relación y decirles ´che, estamos haciendo las cosas bien´”, resalta Nazarena en diálogo con Bichos de Campo.
Ciertamente las aplicaciones aéreas están seriamente cuestionadas por la sociedad y en algunos territorios los políticos hasta han decidido prohibirlas sin conocer a fondo cuál es su utilidad para la producción agrícola. Son muchas, como poder realizar una aplicación de agroquímicos ante un ataque de alguna plaga, cuando no pueden llegar al lugar los equipos terrestres. O aplicar semillas desde el cielo. O directamente fertilizar.
Los dos pilotos de Aerotrab SRL afirman que, bien hecho todo, los peligros son mínimos.
“Certificar IRAM implica llamar a un tercer integrante de la cadena, alguien neutro que certifica que llevamos a cabo las Buenas Prácticas Agrícolas que se basan en tener la documentación al día, en seguridad e higiene, en calibración del equipo, en cuidar el ambiente, en hacer el triple lavado y el depósito de envases vacíos y en tener gestión y organización del trabajo”, describe Nazarena.
Mirá el reportaje completo a Miguel Nazarena:
La pasión de los aviones fue heredada de parte de los padres en ambos pilotos. En el caso de Nazarena, su padre fue aeroaplicador e inauguró la empresa en Baradero en 1972, pero cuando decidió abandonar la actividad en 2015 Nazarena se asoció a Eceizabarrena y se llevó la empresa familiar a Carlos Casares, en donde su colega ya volaba para una empresa.
“Siempre recuerdo a mi viejo piloto; él me llevaba a volar desde muy chico y ya cuando tuve edad suficiente, hice el curso y siempre seguí por este camino”, rememora Eceizabarrena, quien está en el rubro de la aeroaplicación desde hace 17 años, aunque vuela desde más tiempo atrás.
Tanto Nazarena como Eceizabarrena están convencidos de que la actividad está demonizada injustamente por la sociedad urbana. “Tenemos el ojo puesto y el pie encima y entonces uno tiene que tratar de demostrar que lo que hace no está mal”, cuenta Eceizabarrena.
“A mi me toca muy de cerca porque me crie entre aviones y nunca tuvimos un problema. Mi papá siempre fue respetuoso de la comunidad y nunca recibimos una sola denuncia. Pero reconozco que desde el sector se hicieron muchas macanas y que recién hoy está un poco más profesionalizado”, dice Nazarena.
Las macanas se hicieron arriba en el cielo, pero ciertamente también abajo en la tierra. El tema es que siempre impacta más ver la foto de un avión que la de un equipo terrestre. “De hecho, cuando hablan de glifosato ponen la foto de un avión en cualquier medio de prensa. Pero la realidad es que para nosotros (ese famoso herbicida) representa solo el 3% del volumen de aplicación”, relata Nazarena.
El piloto explicó que por lo general utilizan fungicidas en estadios altos del cultivo, que se aplican en predios donde se busca evitar compactar el suelo con un equipo terrestre. “Nosotros no aplicamos productos banda roja, sino que empleamos productos banda azul, banda verde y alguno banda amarilla”, precisó.
“Molesta la generalización; hay gente que hará las cosas mal y tendrá que pagar por ello, pero no todos hacemos las cosas mal”, remarca Nazarena.
¿Y qué significa hacer bien las cosas? En principio, que no se aplican agroquímicos que no hayan sido recetados previamente por un agrónomo responsable, y que tampoco se sale a volar si las condiciones climáticas no son las adecuadas para hacer estas aplicaciones, sobre todo lo que respecta a velocidad del viento.
Mirá la entrevista completa a Juan Eceizabarrena:
Por otra parte, es necesario tener las instalaciones adecuadas y el avión matriculado -en su caso es un preciosos Cessna- con las verificaciones técnicas al día. Por otra parte, Nazarena y Eceizabarrena son pilotos profesionales que debieron hacer muchas horas de vuelo para conseguir su habilitación profesional.
En efecto, ambos cuentan con una licencia otorgada por la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) la cual se renueva todos los años con un examen psicofísico y también tienen una habilitación otorgada por el Ministerio de Agroindustria, la cual también se renueva todos los años.
Si están dadas las condiciones climáticas, es decir que si no hay prácticamente nada de viento o el viento no sobrepasa los 30 kilómetros por hora de velocidad, Nazarena y Eceizabarrena diseñan y trazan el plan de vuelo encomendado por el cliente. Luego, en la fajina, el vuelo se puede seguir por celular y además queda todo queda registrado en la computadora.
¿Y qué hacen si hay una escuela o un arroyo? Los socios de AeroTrab SRL diseñan los vuelos con toda esa información previa, avisan antes y no abren las boquillas sobre puntos sensibles.
“No hay negocio en tirar agroquímicos sobre una escuela. Está ya mal visto que un avión pase por una escuela. Hay que cuidarse de esa imagen pero también pienso que el mejor camino es enseñar y mostrar a esa gente que no todo es como piensan, y que mucha gente hacemos las cosas bien y bajo normas y protocolos”, dijo Eceizabarrena.
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]]>La entrada Gustavo Marón: “La flota de aviones clandestinos iguala a la de los aviones legales” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Hoy tenemos dos conflictos que ponen en jaque y molestan a la actividad. Por un lado, los operadores aéreos no registrados y clandestinos; que debería controlar la ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil) y recién ahora lo está empezando a hacer, pero estuvo negando el problema durante años. Y por otro lado los reclamos justos de los sectores medioambientales que en algunos casos se radicalizan en una oposición asérrima”, informa Marón.
“Desde Fearca estamos dando batalla a los dos frentes. Por un lado, invitando a los aplicadores clandestinos a la registración para incorporarlos al sistema; y en cuanto a los ambientalistas, repeler al radicalizado y a la vez mostrar que estamos a favor del medio ambiente también”, cuenta el asesor legal.
Mirá aquí la entrevista completa con el asesor de la Federación de Aeroaplicadores:
“Cuando las autoridades ven la eficiencia del servicio y el costo escaso, respaldan al avión. Pero estas mismas autoridades terminan siendo permeables a las críticas ambientalistas debido a que es muy fácil demonizar una actividad cuando se alude en abstracto a la palabra salud, y lo mismo que para cualquier ciudadano argentino”, explica Marón.
De todas formas y a pesar del panorama negativo, Marón se mostró esperanzado a futuro: “Ya se hicieron más de 31 inspecciones con la información de Fearca y se han clausurado 4 empresas clandestinas. La ANAC se está poniendo los pantalones largos. Recién arrancamos pero vamos por buen camino”, concluye.
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