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La entrada Joya nunca taxi: Preparan una pulverizadora especial para periurbanos, que viene equipada con todos los sensores y hasta podría ser dirigida por un robot se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Hace unos días nos encontramos con Méndez en Tandil. El investigador ahora viste el traje de director de Innovación, Buenas Prácticas y Tecnología Agrícola del Ministerio de Agricultura. Y desde allí está realizando un saludable trabajo para que sus ideas se conviertan en acciones concretas: reunió a un conjunto de emprendedores de AgTech y fabricantes de maquinaria para dar vida al primer prototipo de una pulverizadora especial para trabajar en los periurbanos.
Se trata de un desarrollo muy prometedor que viene con todos los chiches: tiene un tamaño adecuado para esos lotes conflictivos que están cerca d elos pueblos, viene equipado con todos los sensores disponibles para hacer una pulverización inteligente, y con una estación climática que puede interrumpir el proceso en caso de que sople una ráfaga de viento. Además, en una segunda etapa, Méndez aspira a que sea manejada directamente por un robot.
Pero lo mejor es que se trata de un desarrollo colaborativo, entre los rpivados y el Estado. Joya, nunca taxi.

“Buscamos atacar un problema que tenemos hoy y que son las aplicaciones periurbanas”, explicó Méndez a Bichos de Campo. “¿Viste que el vecino denuncia la máquina que se mueve por el asfalto y que va a un determinado campo? Bueno, con este prototipo intentamos automatizar al sistema, y el paso que sigue es su robotización. Esta automatización no se rige por lo que ve y decide el que va arriba del tractor, sino que va con mediciones concretas”, agregó.
Mirá la nota con Andrés Méndez:
Cuando fue designado como director en el Ministerio de Agricultura, Méndez convocó a diversas empresas y emprendedores para, en conjunto, detectar diversos problemas a los cuales querían dar solución. La idea era, además, ayudar al productor a incorporar tecnologías que pudieran resolver dilemas concretos y darle mayor rentabilidad.
Lógicamente el principal problema que detectaron fue el de los conflictos por las aplicaciones de agroquímicos en zonas periurbanas, que en muchas zonas agrícolas están restándole una gran cantidad de tierras productivas al sector y generan enormes campos baldíos en torno a las localidades.
“En lugares como San Jorge, Santa Fe, la Corte Suprema puso más de 1,000 metros de restricción para la aplicación de agroquímicos, y para nosotros esto es más un problema que responde a de qué modo, en qué momento y cuánto se aplica un producto. Porque si vos igual respetaste esa restricción pero lo aplicaste mal al producto, lo tendrás flotando y si hay viento te lo llevará al poblado más cercano” a pesar de la prohibición de 1 kilómetro, reflexionó Méndez.

Para el ingeniero agrónomo queda claro que la determinación de áreas vedadas para los agroquímicos “no va a resolver el problema si se hacen mal las cosas”. Y por eso “debemos dar una solución tecnológica” al conflicto entre productores y sus vecinos urbanizados.
Con ese objetivo Méndez primero armó un registro de empresas AgTech que luego empezaron a evaluar cuáles podían darle soluciones para el periurbano. De ese trabajo nació este prototipo.

Una de las soluciones pasaba por utilizar una cantidad menor de agroquímicos en los lotes del periurbano, para lo cual se apeló al uso integrado de dos tecnologías de control localizado de malezas: Weed It y Weed Seeker. “Estas empresas competían, pero en este caso las juntamos entendiendo que debían ser un ecosistema de solución y no de competencia”, indicó el funcionario.
“Le llamamos ecosistemas dinámicos y colaborativos; dinámicos porque puede entrar y bajarse cualquier empresa en el medio, y colaborativo porque una empresa colabora con la otra para hacer un mejor producto”, resaltó.
-¿Y cómo funciona este equipo pulverizador?
-Aplica solo donde hay maleza. Anteriormente lo teníamos para trabajar sobre barbecho (detectando la presencia de malezas), pero ahora lo tenemos también para trabajar en cultivo en pie, ya sea maíz, trigo o soja. Al detectar la maleza solo aplicará allí donde la vea- explicó Méndez. Con este tipo de sensores, según las experiencias previas, la cantidad de agroquímicos utilizados puede llegar a reducirse hasta 80%.

“Teniendo el sistema estabilizado el equipo solo usará entre el 15% a 20% del total de agroquímicos. Y si el lote ya tiene pocas malezas será mucho más fácil. Es obvio que si está todo enmalezado va a tirar (el insumo) en todo el lote, pero a medida que se va cerrando el manchón de malezas tirará menos producto”, amplió.
Otro punto alto del prototipo fue colocarle una estación meteorológica en los extremos de las pequeñas alas, de modo tal de poder censar todo lo que va pasando con el clima en tiempo real. El equipo detecta lo que ocurre en el entorno en que opera la maquina.
“Esto significa que está midiendo en el aplicador y no es una red de estaciones meteorológicas. Si por ejemplo el aplicador te indica que en el lote hay 20 kilómetros de velocidad de viento, entonces no podré aplicar. Si el equipo te avisa que las condiciones no son aptas, el aplicador u operario debe cortar, aunque pronto desarrollaremos el sistema para que sea automatizado”, explicó Méndez.

Otra innovación que trae el prototipo se mete con las boquillas. “El tamaño de gota a aplicar es algo fundamental. El sistema australiano por ejemplo te indica que debes usar gotas de 300 micrones o más, que serían gotas grandes. Para nosotros antes era mejor aplicar gotas más chicas para que cubra en más lugares, pero hoy en zonas periurbanas cambia el esquema y se recomienda aplicar gotas grandes” que tiende a caer más rápido y entonces generan menor peligro de una deriva.
Otro de las novedades de esta maquinita es que trae un cobertor de botalón, que sirve para evitar que una eventual ráfaga de viento disperse las gotas a aplicar. Méndez aclaró: “Hay que mejorarlo todavía mas pero básicamente la idea es que ninguna ráfaga de viento perjudique el sistema de caída de gotas”.
Andrés Méndez: “El mundo va hacia una robotización, para diferenciar planta por planta”
“Nuestra idea es robotizar muchas cosas porque creemos que ahí se amplia la red de trabajo. Es decir, si hoy digitalizamos al agro con robótica, eso sería un llamador de gente joven para que desarrollen ideas digitales desde sus lugares de origen”, manifestó el director del Minagri. Por ahora la pequeña pulverizadora es arrastrada por un tractor, pero pronto se la podría ver funcionando sobre un robot que recibiría todas las órdenes a distancia.
Lo que Méndez confirmó con este proceso para generar un prototipo es que ya hay muchas empresas de AgTech con gente joven a cargo, desarrollando tecnologías para solucionar cosas cotidianas en el agro.
“Acá surge algo interesante y es que en el agro hay una parte que a pesar de usar mucha tecnología no tiene la mente tan abierta como sí la tienen los que hacen AgTech. Por eso es bueno generar un esquema que ayude a ambos y genere mayor rentabilidad, con esquemas de certificaciones, de trazabilidad, de códigos QR en la carne por ejemplo, y así lograr cosas que antes eran impensadas”.
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]]>La entrada (de nuestro archivo) La agricultura de precisión cumplió 20 años: ¿De dónde venimos y a dónde vamos? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Dos décadas atrás, el peso a un dólar de la Convertibilidad, el mercado abierto a las importaciones y los nuevos paquetes tecnológicos que arrojaban rendimientos nunca antes vistos, brindaban oportunidades para jugar con las máquinas a gusto y piacere.
El primer chiche que apareció fue el monitor de rinde en la cabina de la cosechadora. Hoy ya todas las máquinas vienen equipadas con este artefacto desde fábrica. Es algo difícil que no le interese a cualquier chacarero saber cuánto grano estaba levantando en tiempo real, por lo menos para chusmear. Ahora bien, qué se hacía con esa información quedaba en cada uno: si la anotaba, si hacía un mapa de su lote o quedaba para el recuerdo.
Que una zona rinda más que otra bajo iguales condiciones climáticas y de manejo es sinónimo de mejor fertilidad. Un bajo versus una loma, por ejemplo. Con esa información y la geolocalización se podía sembrar con distinta densidad para aprovechar mejor los recursos y/o fertilizar de forma variable para potenciar aún más un sitio específico. Pero esto fue algo que llevó diez años más hasta hacerse realidad.
Ver Juan Pablo Vélez: “El desafío de las Agtech es tengan impacto en el bolsillo”
Para la siembra, mientras tanto, fueron llegando los sistemas de dosificación variable con su respectivo monitor arriba del tractor. Esto permitía cambiar la cantidad de semilla que se depositaba por surco, por metro lineal. Con la información obtenida por el monitor de rinde, ya podía variarse la densidad en plena siembra. Poner más plantas de maíz en los sitios de más recursos y menos en las zonas más pobres o con ciertas limitantes, por ejemplo.
Pero ya esto parecía más sofisticado para la época. Por eso, cuando en 1998 se vendieron 150 monitores de rinde, solo 1 sembradora con dosificación variable era comercializada. Esto hablaba a las claras de que aquella tecnología todavía no se usaba para producir más. Recién para 2008, se compraron cerca de 1000 equipos de siembra variable.
Yendo a la pulverización, o protección de cultivos, la tercera gran labor del manejo chacarero en la época de siembra directa, apareció el banderillero satelital. Hasta ese momento era necesario ocupar una persona en la cabecera de los lotes para indicar al operario si la máquina iba derecha. Además del peligro para su salud, se requería más mano de obra.
La adopción del banderillero satelital fue veloz. En 1998 se compraron 10 equipos, pero en 2004 ya se vendieron 3000. La adopción fue la típica según el precio de la tecnología; hasta que no sea más barato que tener un tipo con una bandera, la mayoría no se decidió. Los productores luego notaron la eficiencia de no superponer pasadas, o de no sobre-aplicar o sub-aplicar productos por no ir exactamente derecho, como dicta el GPS.
Esos fueron los avances más notables en cada rubro. Después llegó el piloto automático para siembra y cosecha, muy eficiente para no trazar mal los surcos con la sembradora y un descanso para el operario, que no debía ya andar mirando el marcador de la sembradora o el borde de lo que ya se cosechó. Estar descansado amplia las horas que cada hombre puede trabajar. Y eso es eficiencia.
Ver Iván Ordóñez: Un agri-geek que nos explica “esos raros vocablos nuevos”
Para 2010 llegaron los cortes por sección en siembra y pulverización. Un dispositivo permite la activación y desactivación de los cuerpos de siembra o picos en aquellas situaciones en donde lo que resta trabajar de un campo es una superficie menor al ancho de trabajo de la máquina. Se evita así la sobre-aplicación.
En 2014 aparecieron los drones y las pulverizadoras con sistemas de control selectivo de maleza. Estas últimas tienen un sensor infrarrojo que identifica si hay maleza o no, por lo que aplican los agroquímicos solo arriba de ellas, ahorrando una cantidad considerable de herbicida en aquellos lotes no tan atacados de malezas. Como toda novedad está siendo evaluada y, aunque están claras las ventajas, el precio de la tecnología todavía es elevado.
Los drones todavía no han demostrado demasiada utilidad para los sistemas productivos. Son lindos para recorrer y ver el campo desde arriba. Pero al principio fueron promocionados para formular un mapa del campo preseteado por el productor con los diferentes índices verdes, para detectar malezas o determinar las zonas mejor o peor nutridas de un cultivo. Esto iba a permitir, luego, la aplicación diferenciada de insumos dentro de un lote.
Pero para esa tarea, los drones están siendo reemplazados por las imágenes satelitales, que cada vez tienen mayor calidad y se puede comprar hasta por día. Antes carecían de tanta frecuencia y, sobre todo, eran caras.
Estos objetos voladores, sin embargo, tienen terreno para ganar yendo a la acción: podrían pulverizar, fertilizar, sembrar, etcétera. Será a futuro, aunque ya hay desarrollos incipientes en el país.
Ver: Drones helicópteros: ¿Serán el futuro de la pulverización agrícola?
Bien, hasta aquí la evolución histórica. ¿Y qué será lo que vendrá? Para Andrés Méndez, que siguió desde el INTA todos los avances en agricultura de precisión desde que sus albores, la automatización de los procesos es el punto donde se seguirá avanzando. “De todas formas nunca estaremos ni cerca de reemplazar a los asesores con experiencia. Sí, estos deben usar y comprender la tecnología. Pero su utilización sin razonamiento ni criterio solo llevará a que nuevos actores comiencen a entender menos la agronomía”, advirtió el técnico.

Para Méndez la clave pasa porque las nuevas tecnologías capitalicen la recolección de datos que muchos productores han venido haciendo desde hace varios años, pero que todavía no ha sido de gran utilidad.
“Hay muchos que tienen varios años de mapas de rendimiento y esto le podría servir para negociar con los seguros los pisos de rinde para cada cultivo y hasta para cada año, sea húmedo, seco o promedio. También se pueden empezar a fijar precios de alquileres de campos según la historia de sus lotes. Y los contratistas deben empezar a valorizar su trabajo, dejando trazado cada tarea realizada”, destacó el especialista.
“Si no avanzamos sobre esto, iremos perdiendo competitividad global. Hay que lograr sumar productores, contratistas, asesores, entidades, instituciones, empresas de maquinaria, software y hardware; en necesidades conjuntas. Porque si cada uno va por su lado no se lograrán cambios trascendentales para la producción agropecuaria”, razonó.
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]]>La entrada Un mundo nuevo: Andrés Méndez cree que la crisis del coronavirus acelerará la adopción de nuevas tecnologías en el agro se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ante la pandemia por el coronavirus y la cuarentena que obligó a todos a quedarse en sus casas, y aunque el agro haya sido exceptuado, Méndez destacó que desde varias empresas de maquinaria le comentaron que la adopción de instrumentos tecnológicos para poder seguir las máquinas a distancia se multipliacaron. “Desde John Deere, por ejemplo, me decían que en el sistema de seguimiento de las cosechadoras que tienen se ha incrementado mucho la adopción este año. Era un desarrollo que esperaban hacer hasta en cinco años hasta su adopción generalizada”, mencionó.
Acá la charla virtual completa con el técnico cordobés:
Otra derivación extraña de la crisis del coronavirus, según Méndez, es que muchos se han puesto a filmar videos explicando cómo funcionan los nuevos equipamientos, y los comparten en Youtube. “Muchos productores y contratistas están subiendo sus experiencias en manejo de las máquinas, para sacarle mejor provecho. Estos tutoriales era común verlos en inglés, de los farmers norteamericanos. Pero acá es nuevo”, celebró.
Otro caso que destacó es la adopción de monitores de rendimiento, que es “una tecnología que se desarrolló en el 2005 y recién ahora con todo esto crece considerablemente en su utilización”, mencionó Méndez.
Ahora, si bien están en auge todas las Apps que permitan el seguimiento remoto y la obtención de datos precisos sobre las tareas tercerizadas, Méndez advirtió que la situación del contratista, que es aquel que compra generalmente las máquinas de mayor valor, sigue siendo “complicadísima”, ya que se les hace muy cuesta arriba amortizar los equipos. Este es un factor claramente económico que retrasa la adopción de tecnologías de última generación en el agro local.
Ver La agricultura de precisión cumplió 20 años: ¿De dónde venimos y a dónde vamos?
“Una cosechadora sale cerca de 850 mil dólares, sumado al costo del combustible y demás gastos de logística y herramientas que acompañan -tractores y tolvas-, el contratista que hace 1600 hectáreas al año no paga la máquina”, hizo números Méndez.
“Después está el tema del dólar, que no es menor”, indicó. Y explicó que “los contratistas cobran el trabajo en pesos y deben reparar las máquinas con repuestos dolarizados, pero la tremenda brecha cambiaria entre la divisa para la compra oficial o el blue, los pone en alerta”.
“Si el dólar oficial pasara al valor del blue, se funde el 30%” de los contratistas, sentenció el investigador del INTA, que relativizó el buen momento que algunos pintan sobre el mercado de maquinaria agrícola. “Muchos dirán que en Expoagro se vendió bien, pero hay que ver qué pasa ahora, si salieron esos créditos”, dudó el especialista.
Para Méndez, más allá de estos avatares, la robotización en materia de mecanización agrícola llegará para quedarse, sobre todo en materia de aplicación de fitosanitarios, por un tema de ahorro de insumos y necesidad de hacer amigables las aplicaciones en zonas periurbanas. “Ya vimos un equipo nacional en la Expoagro pasada”, recordó.
También destacó que el elevado precio en el país de las cosechadoras y tractores respecto a lo que cuestan en otros lugares del mundo (aquí resulta hasta el doble de caro que en Estados Unidos), también actuará actuará como un atenuante para la adopción de tecnologías novedosas.
“Creo que la adopción de la robotización es proporcional al precio de los equipos. Ahora bajaron un poco el precio de las máquinas y vemos que cayó el interés por los robots. Pero hay que tener en cuenta esta relación”, definió.
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]]>Luego el investigador destacó que el tamaño y capacidad de trabajo no avanzará porque ya está siendo limitado por el peso de los equipos. “Una cosechadora de más de 21 mil kilos en un campo flojo te hace perder más plata porque se encaja que lo que ganas en tiempo de trilla. En los años buenos, donde serviría la máquina de mayor capacidad es cuando más llueve y por ende aparecen los problemas de piso, y en los años de sequía los cultivos de menor rinde no le permiten a la máquina trabajar en su flujo óptimo y si van más rápido para compensar se pierde grano por cabezal”, describió.
Aquí la entrevista completa con el especialista:
“En Japón ya están trabajando con máquinas mucho más chicas y tractores totalmente autónomos. Y yo creo que el mundo va hacia una robotización para poder diferenciar planta por planta en tiempo real, para aplicar herbicida o fertilizante en el sitio necesario”, contó Méndez a Bichos de Campo.
Méndez contó que ya existe una máquina pulverizadora -con posibilidad de fertilizar también-, que va tapada y cuando aparece una maleza la pinta. Analiza planta por planta y además evita la inconveniente deriva de los productos, que estos se vayan fuera del blanco.

Una máquina así podría funcionar para aquellos terrenos periurbanos que hoy son foco de conflictos. “Y podrían trabajar siempre con estaciones metereológicas arriba de las máquinas, que nos indique si es peligroso o no hacer el trabajo bajo esa condición. Solo de esa forma se le podrá transmitir a la gente tranquilidad”, finalizó Méndez.
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]]>La principal preocupación de Méndez es que este actor tan arraigado en la agricultura argentina -que realiza tareas claves, como la cosecha del 80% del área cultivada nacional-, es que los contratistas puedan mantener en medio de esta tormenta sus activos y capital en fierros.
“Yo creo que existen dos factores muy complicados. Uno es la devaluación, ya que muchos pactaron precio de cosecha con el dólar a 19 y hoy cobran en pesos con el dólar a 28 (la nota se hizo el 8 de agosto y ahora el dólar cotiza cerca de 31 pesos), teniendo en cuenta el encarecimiento al mantener y reparar equipos”, advirtió Méndez.
Aquí la nota completa con Andrés Méndez:
Por otro lado, el experto advirtió que la mayoría de los contratistas cobra en cheques que pueden ir hasta los 6 meses. “Allí impactará además la inflación de esos meses”.
Para terminar el cuadro, Méndez recordó que “encima muchos productores venían de una sequía, pidieron rebaja en precio y muchos le dieron hasta 10 dólares menos (la hectárea) y hoy ese número está bastante por encima”.
“Imaginemos a la persona que tiene que pagar la cuota de la última cosechadora de última generación y le cambiaron las reglas de juego porque la devaluación lo agarró después de que pactó una tarifa pesificada. Incluyendo los costos de movilidad, personal, combustible, reparación y repuestos. Un panorama complicadísimo”, resumió el ex INTA.
Bichos de Campo lo consultó acerca de qué perspectivas ve a futuro para el contratista de maquinaria argentino: “Tal vez que el productor maneje su máquina, o que sea socio del contratista, pero es complicada. La tarifa debería estar dolarizada todo el tiempo, sin pesificarse en el medio. Unos 80 dólares la hectárea en aquel momento tienen que se 80 dólares de hoy”, dijo Méndez. El experto no cree que sea un tema de aumentar las tarifas. “Por más que se actualicen las tarifas, la actividad seguirá complicada”, predijo.
“Y esto va a repercutir en las empresas de maquinaria, claro. Creo que van a caer las ventas un 50 % las ventas”, auguró el especialista, que recordó que el contratista siempre resulta ser la variable de ajuste más rápida y dentro de su empresa de inmediato detiene la incorporación de tecnología.
Ver: Sergio Marinelli: “Si a los contratistas nos va mal, el que se verá afectado es el productor”
Acerca de la importancia de la tecnología, Méndez la defendió siempre y cuando los que la adquieren “sepan que hacer con ella. Debe redituar y servir a todos los actores”, señaló.
Por último, Bichos de Campo consultó al reconocido técnico sobre cómo ve el futuro de la maquinaria agrícola. No dudó en nombrar a los robots. “La autonomía de las máquinas será el futuro, el personal está cada vez menos calificado y los insumos utilizados deben ser más específicos. Existen minicosechadoras robots ya, y muchas de estas serían más eficientes que una gran cosechadora piloteada. Se te encaja una cosechadora normal y perdés tal vez dos días para sacarla. En cambio con 10 minicosechadoras, te deja de andar una y tenés otras 9”, ejemplificó. “No digo que el contratista va a dejar de existir, pero va a tener que mutar”, aclaró.
Aquí el video de una cosechadora robot fabricada por los ingleses Precision Decisions mostrada en una feria británica:
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