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La entrada Las abejas al banquillo tras la muerte de un turista en Córdoba por sus picaduras: ¿Son agresivas o solo se defienden? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ahora bien, ¿qué tan común son estas situaciones? ¿Las abejas son realmente peligrosas?

“Ningún tipo de abeja es agresiva. Ningún tipo de insecto vendrá a picarte porque se le ocurrió picarte. Lo que tienen es un sentido defensivo de su nido. La abeja, con su aguijón y veneno, tiene desarrollada esa defensa”, indicó a Bichos de Campo Alejandro Martín, apicultor y docente en la escuela de la Sociedad Argentina de Apicultores (SADA).
En nuestro país existen dos tipos de abejas. En la zona norte, específicamente en las provincias de Corrientes, Misiones, Formosa, Santiago del Estero y hasta en el norte de Córdoba, se encuentra la abeja africana o africanizada. Si bien no se la considera agresiva, sí se ha reconocido en ella un sentido de la defensa más exacerbado.
“Si te acercas mucho se puede sentir atacada y sale en cantidad. En los años setenta y ochenta había muchos lugares en los que se dejó de hacer apicultura con abeja africana porque vos por ahí pasabas con el tractor cerca de las colmenas y te acaban. Hubo muchas personas muertas”, relató Martín.
Es por esto que desde hace varios años los apicultores vienen trabajando en el mejoramiento genético para bajar la carga de estas abejas en la región norte del país. A través de la apicultura racional –aquella realizada en cajas- se han ido seleccionando líneas menos defensivas.

En las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires, en cambio, la abeja que se encuentra en mayor proporción es la europea, especialmente aquella de origen italiano.
“Esa es mucho menos defensiva y muy dócil. Vos pensá que en el país hay cuatro o cinco millones de colmenas y hay diez mil apicultores trabajando constantemente con abejas. Los nidos de abejas naturales en los arboles no son muy comunes”, afirmó el especialista.
¿Se puede hacer algo desde la apicultura para evitar situaciones de riesgo? La respuesta es sí. En aquellos casos en que se encuentre un panal muy cerca de una vivienda o en un lugar que represente un potencial riesgo para las personas, existe la posibilidad de contactar a algún apicultor para remover a las abejas.
“El apicultor es que el tiene la idoneidad para manejar la abeja y poder sacarla. El panal se corta y se pasa a colmenas racionales donde el apicultor desarrolla toda la actividad. Lo único que construye la abeja son panales de cera donde tiene la comida, a las crías, etc. La apicultura año a año mueve cientos de miles de colmenas. La abeja cuando sale encuentra un nuevo lugar y se adapta tranquilamente”, aseguró Martín.

Y si bien no existe ninguna técnica para evitar que una colmena se instale cerca de una casa, lo que sí se puede hacer como precaución es sellar cualquier hueco en que la abeja pueda instalarse.
“La abeja tiene un centímetro, donde encontró un huequito se empieza a meter y ahí vive después. Suelen buscar un espacio que les sea cómodo y grande, con una abertura chiquita, y generalmente a cierta distancia del piso. Pero después llega un momento en que buscan cualquier lugar”, señaló el apicultor.
-¿Qué tan comunes son los fallecimientos por picaduras de abejas?- le preguntamos a Martín.
-No son comunes. Puede ser que la persona tenga un grado de alergia muy alto, aunque es muy poca la población que es alérgica al veneno. A la mayoría de las personas se les hincha en el lugar de la picadura. Tiene que ser mucha la cantidad para que una persona que no sea alérgica tenga algún problema.

-¿Se trabaja de la misma manera con un nido de avispas que se encuentra cerca de una casa?
-No, es otra cosa. No se adaptan a un espacio como las abejas. La abeja se adapta a los cajones que hacemos. La avispa vive en su nido y ahí muere. El apicultor no la puede llevar a ningún lado y es más agresiva. En general lo que se hace es matarlas.
En caso de necesitas remover un nido de abejas, SADA tiene dos líneas telefónicas a disposición a través de las cuales se puede contactar a un apicultor. Las mismas son: 1131434964 y 1137034079.
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]]>La entrada La historia de Claudia y Ezequiel, dos apicultores argentinos en Canadá: No piensan regresar porque allá tienen mil oportunidades, aunque a veces tropiecen con los osos se publicó primero en Bichos de Campo.
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En enero de 2011 regresó a la Argentina a buscar a su familia. En 2012, Caly viajó con sus hijos como turista. Vivieron 3 meses en la ciudad hasta que alquilaron con opción a compra una casa con 62 hectáreas, a 20 kilómetros del pueblo, en una zona de pasturas, ganadera. A los tres años, cuando pudieron obtener la residencia, la compraron con un crédito a 25 años, porque allá cuesta menos pagar una casa en cuotas que alquilar, explican ellos. Tienen 15 ovejas, 2 chanchos, pavos, un pony, perros, gatos y 60 pollos.
En 2014 iniciaron su propio proyecto de apicultura, al que le pusieron “Clover Fields Apiaries”, que significa “Apiario en campos de trébol”. Compraron 30 familias de mil abejas cada una, de Nueva Zelanda, y 30 abejas reinas, en tubos que les enviaron por avión. “Nosotros queríamos comprar bien puras de la raza Caniola”, explica Ezequiel. Más tarde sacaron otro crédito para comprar maquinaria y materiales, para poder tener más colmenas. Hoy tienen 6 apiarios con unas 30 colmenas cada uno y habilitaron en su casa la sala de extracción y fraccionamiento, mediante un trámite accesible.
“Producimos miel multifloral. En esta región hay floración constante. La abeja puede quedarse no más de 10 días sin flor. Extraemos una vez por año, o a lo sumo hacemos dos cosechas. Lo primero que florece es el diente de león, luego el trébol blanco y el rojo. En Julio, la alfalfa y el meliloto o trébol amarillo, que estamos plantando en el campo porque mejora el suelo, proveyéndolo de mucho nitrógeno, y es una fuente constante de néctar para las abejas”, detalla Caly.
Los canadienses consumen mucha miel. Caly sale a entregar a unas 10 tiendas en un radio de hasta 600 kilómetros de su chacra. Además, venden en 3 ferias, los sábados. Comenzaron vendiendo miel líquida y luego agregaron, cremada, que elaboran con una batidora de panadería y se vende mucho, en envases de vidrio. También en envases de plástico de 3 y de 7 kilos. Luego, sumaron miel con canela en polvo. Ahora también juntan polen, lo deshidratan y venden en estuches de material reciclable. Además venden mucha cera en barras de medio kilo, y protector labial de cera y aceite de coco.
Ezequiel hoy sigue trabajando afuera, en una fábrica de trailers, desde las 6 a las 14. Ellos saben ahora que necesitan llegar a las 500 colmenas para que el negocio le permita a Ezequiel dejar su trabajo alternativo y dedicarse de lleno a las abejas. Caly está a cargo de la chacra y de la operación apícola. Se levantan a la 4:30 y las dos hijas a las 5:30 para alimentar a todos los animales y luego ir a estudiar. Cuando regresan a la tarde, vuelven a darles de comer. El pequeño Igor también ayuda y se hizo cargo de alimentar a los pollos. A fines de agosto es tiempos de cosecha y trabajan todos en ello. La escuela se suspende si la temperatura pasa los 35 grados bajo cero.

“Acá el invierno dura unos 5 a 7 meses. La temperatura más baja, desde que estamos en Canadá, fue de 42 grados bajo cero. En invierno tenemos un metro y medio de alto de nieve en la puerta, pero las máquinas pasan temprano, limpiando los caminos, para que pueda llegar, por ejemplo, el transporte escolar, que es gratis, como también las escuelas primaria y secundaria y los hospitales. Pero los chicos de 14 a 15 años ya tienen sus trabajos y pueden ahorrar para pagarse luego un terciario o la universidad. Acá, la cultura del trabajo es primordial y la gente trabaja toda su vida. Conocemos a un matrimonio, que a sus 60 años de edad acaban de fundar su propia empresa”, explican.
En esas latitudes el trabajo agrario tiene sorpresas y recordaron: “Hace una semana nos entró un oso a un apiario y nos rompió como 7 colmenas. No, los cajones, pero sí los cuadros, porque buscan la miel y las larvas. Entonces decidimos mudar el apiario ese mismo día y terminamos a las 3 de la madrugada”.

Iara y Malvina se inscribieron en un programa nacional de agricultura por el que niñas y niños desde los 9 años de edad pueden criar a un animal, ya sea una vaca o un chancho, para fomentar la cultura pecuaria desde la infancia. Todos los meses deben informar sobre su peso y dos veces al año el Estado los inspecciona.
“Un chico de 16 años de edad acaba de vender un novillo en 10.000 dólares canadienses y debe haber invertido en criarlo, unos 2000. Acá hay muchos programas de fomento del trabajo y muchas becas para los jóvenes”, dicen. Además, ellas tienen 6 colmenas propias y crearon su propio canal de Youtube para contar cómo las mantienen, e incentivar a las chicas y chicos de su edad a que tengan sus propias colmenas como ellas. Es el segundo año que las invitan en el pueblo para realizar un taller de apicultura para chicos de entre 9 y 15 años de edad. Caly y Ezequiel realizan en familia una reunión semanal de trabajo, en la que evalúan y establecen metas, para involucrar a sus hijos y que se reconozcan protagonistas y futuros herederos de la empresa familiar.
Actualmente toda la familia se encuentra expectante, Malvina, la hija de 14, de edad, fue seleccionada para participar en un concurso de apicultura con jóvenes de 12 y 17 años. Cada año se realiza en un país diferente y en 2022 Malvina deberá competir en Rusia.

En enero próximo esta luchadora familia cumplirá 10 años en Vanderhoof. “Los canadienses nos recibieron bien y son muy amables con nosotros. La amistad no es como en nuestro país. A los gringos no podés `caerles` en su casa sin avisarles antes. Pero no extrañamos tanto –señala Ezequiel- porque `tranqueras adentro escuchamos a Larralde, Los Chalchaleros, y tomamos mate. Solemos comer asado, menos en verano, que está prohibido debido a los incendios. Pero la carne de acá no es como la de Argentina. Mis amigos me tildan de yankee, pero yo vivo como cualquier paisano argentino. Un kilo de yerba nos cuesta unos 10 dólares canadienses, pero nos damos el gusto”.
Ezequiel nos quiso compartir la canción que más escucha allá: Un día me fui del pago, de y por José Larralde.
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]]>La entrada Tucho Muñiz y sus dos hijos manejan una cabaña de abejas reinas y se enorgullecen del producto de sus colmenas: “Nuestra miel es miel” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Hoy Tucho tiene 600 colmenas, una sala de extracción a la que acuden otros apicultores y trabaja con sus hijos, María José y Gerónimo, quien a los 19 años se fue Hawaii a especializarse en producción de reinas: “Me invitaron a ir por tres meses y al final me terminé quedando casi un año”, cuenta este joven devenido experto. “Ya hace 18 años que en Miel del Parque somos criadores de reinas y también producimos jalea real y propóleo”.
Gerónimo, que es técnico apícola, explica que no sabe exactamente cuántos criaderos de reinas hay en el país. La diferencia, remarca, es que el de ellos es un criadero habilitado por Senasa, pero la realidad indicaría que hay muchos sin registrar. “Criamos unas 2000 reinas y hacemos un trabajo de selección para mejorar la genética en cuanto a mayor producción de miel, mansedumbre, comportamiento higiénico y resistencia a enfermedades”, describe.

Otra característica de este criadero es que han desarrollado una jaulita de madera para transporte de las reinas en vez de la típica de plástico y eso llama la atención, quizás porque la madera siempre resulta un material más noble. “Esta jaula de madera es similar a la que usan el criadero Hawaian Queen y pudimos hacerlas tal cual con permiso del dueño y son las únicas en su tipo que hay en el país”.
María José es licenciada en Turismo y trabajó mucho tiempo en el sector, hasta que un día cambió: “Creo que son etapas de la vida y la apicultura la viví desde muy pequeña”, reflexiona.
“Ya hace dos años que estoy dedicada 100% a las abejas y me gusta mucho, siempre aprendo algo más. Hoy me toca hacer de todo: armar material, ir al campo, hacer transferencias para reinas, encerrar, cosechar, hacer las extracciones, el fraccionado, las ventas. Acá siempre hay algo para hacer, es imposible aburrirse”.

Además, María José está a cargo de las pruebas de miel infusionada con lavanda, que próximamente estará disponible ya que la empresa familiar también pertenece al Club de la Lavanda, una iniciativa que apunta a que Azul sea la puerta de entrada a la Ruta de la Lavanda en Buenos Aires.
“Las abejas son apasionantes y me han permitido conocer muchos lugares del mundo”, cuenta Tucho, que ha ido a montar criaderos de reinas a México y a España.
“Este año por la sequía anduvimos en 22 kilos de miel por colmena pero hemos tenido cosechas mejores. Cuando recién arranqué, hace 40 años, teníamos rindes de hasta 90 kilos por colmena pero ahora debido a la utilización de agroquímicos en los campos eso ya no se ve más”.
La empresa vende todo fraccionado (nada a granel) y si bien no tiene la certificación orgánica (“me cansé de hacer trámites”, dice Tucho) el eslogan que han elegido lo dice todo: Nuestra miel, es miel. Y eso sí: en los supermercados se aseguran de que su producto esté bien separado de las “mieles” enriquecidas con jarabes de maíz. “Eso no es miel”, asegura.
“Esto es una pasión y para quien nunca estuvo con cerca de las abejas o no tiene idea de ellas, los invitamos a conocerlas y a estar en contacto con ellas”, dice esta familia apicultura como conclusión.
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]]>La entrada Estando de novios se juraron irse a vivir en el campo: Hoy están limpiando el monte para criar hijos, ovinos, vacas y abejas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Tras quedar seleccionados, ahora el matrimonio está trabajando intensamente para cumplir con lo que proyectaron: quieren montar una sala de extracción de miel que ya se está construyendo y además crian ovinos y algunos bovinos en el predio que recibieron. “Nos emociona mucho porque queríamos tener un campo propio y esto nos da la posibilidad de poder llevar a cabo nuestro proyecto”, dijo orgullosa a Bichos de Campo María Fernanda.

La colonia Guardamonte vendría a ser la última creada en la Argentina, en una gran estancia del departamento Tala, recuperada de la lucha contra la corrupción. Recién comenzó a poblarse el año pasado. El matrimonio que se prometió “vivir en el campo” lo está logrando junto a sus hijos Tomás, Éric y Juan Bautista. Vivían en Maciá y se mudaron allí en junio pasado.
Las 148 hectáreas que recibieron no se las dieron gratis, vale aclararlo, sino que deben pagar cuotas a 25 años hasta declararse propietarios definitivos. “El gobierno de Entre Ríos nos dio las tierras con varios años a pagar, pero es una oportunidad única porque de otro modo hubiera sido imposible para nosotros el poder comprar un campo de un día para el otro con los costos actuales”, dijo Trevissan.
Mirá la entrevista completa a María Fernanda Trevissan y Maximiliano Kerbes:
Maximiliano proviene de una familia apícola y por eso sabe que la sala que está construyendo será útil en la zona. “Este es nuestro fuerte y por eso queremos montar una sala de extracción, brindar servicios a terceros ya que en la colonia también hay otros apicultores y podemos aprovechar estos montes que nos dieron para lograrlo”, expresó. Él suele recorrer cientos de kilómetros distribuyendo sus colmenas en cada temporada, pero en campos prestados.
Todo se va armando de a poco pero a la vez muy rápido. El proyecto para criar ovinos ya luce orgulloso una serie de corrales construidos por ellos mismos. Kerbes explicó que “eso también lo estamos llevando a cabo. Pudimos hacernos de una linda majada con 97 ovejas” y agregó que gracias a haber obtenido una buena cosecha de miel en la última temporada también pudieron “armar un plantel de vacas”, que añadieron al esquema productivo.

En febrero de 2020, los responsables del armado de la colonia (una comisión mixta formada desde el gobierno de Entre Ríos) les entregaron las llaves de la casa, que por suerte queda contigua al campo que deben explotar. María Fernanda recordó que en aquel momento ella había viajado de urgencia a Córdoba, ya que en el festival de Jesús María se había accidentado su hermano mayor, el reconocido jinete entrerriano Leonardo “Cepillo” Trevissan.
“Cuando nos dieron la casa el primero que vino fue mi marido, quien me pasó en vivo y en directo el estado en que estaba la casa. Estaba literal en medio de un monte nativo impenetrable. Y aunque en un momento pensamos ´en la que nos metimos´, seguimos adelante”, rememoró la mujer.
Maxi completó el panorama: “Había de todo, la casa no se veía en medio de chircas y árboles. La galería estaba llena de avispas. Era un abandono por el paso del tiempo pero al mismo tiempo le metimos ganas y pilas y ahora pueden ver la limpieza que logramos hacer. En realidad todos los vecinos trabajamos mucho y quiero destacar la unión que hay en la colonia; si alguien necesita algo ahí estamos todos”, declaró.
-¿Y no les resulta complicado criar a sus hijos en el campo?
-Creo que si uno se lo propone se puede porque también necesitamos gente que produzca en el campo para que el país salga adelante- reflexionó Trevissan, aunque admitió que en la diaria les juega en contra el hecho de no tener transporte para llevarlos a la escuela que se encuentra a casi 4 kilómetros. Los días de lluvia se complica aún mucho más el traslado por los caminos rurales.
La historia productiva de esta familia, al igual que la de otras 19, arranca con la expropiación de una estancia mal habida de un ex legislador. Ubicada cerca de Maciá, la colonia se formó a raíz de una estancia de 2.165 hectáreas que había sido comprada con dinero de la corrupción por el entonces senador Mario Alberto Yedro. Tras ser encontrado culpable del delito de enriquecimiento ilícito en 2005 el gobierno provincial le expropió el campo y lo cedió a familias de pequeños productores, los cuales tras presentar sus proyectos y quedar seleccionados, ahora pueden montar su experiencia y hasta comprar las tierras con un plan especial.
Allí se construyeron 50 casas con la idea inicial de montar un gran criadero de cerdos, pero tras quedar trunco el proyecto en la gestión del ex gobernador entrerriano Sergio Urribarri, todas esas casas quedaron vacías, a merced del monte. Más tarde, la Federación Agraria Argentina (FAA) de Entre Ríos hizo su aporte al actual gobernador Gustavo Bordet quien tomó la iniciativa y se decidió a fundar la nueva colonia agrícola.
Bichos de Campo hizo un programa desde allí:
De las 50 casas, 20 fueron asignadas a policías y otras 6 a vecinos de Guardamonte que no tenían vivienda. Y otras veintitantas fueron destinadas a concretar proyectos productivos de familias, con predios de 7 hectáreas para proyectos hortícolas y otros de más de 120 hectáreas para los ganaderos. Hasta la escuela agrotécnica local número 51 de Gobernador Maciá pudo obtener unas tierras.
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]]>La entrada Breve pero intensa historia de un apicultor de San Juan: “Cuanto más conozco a la gente, más amo a las abejas”, nos dice Sergio Fernández se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Sergio es bisnieto de españoles que llegaron al sur de la provincia de San Juan, a Albardón, a ejercer la agricultura. Luego, su abuelo migró a Santa Lucía y una abuela, a Chimbas, que significa “pedregal” en quichua. Se crió viendo a sus abuelos capar y comer las criadillas de los chanchos, asadas a la parrilla, acompañando al típico corte de carne sanjuanino, “punta de espalda”, y ayudándolos a carnear y hacer embutidos de cerdo. Aún conserva sus máquinas y herramientas, como también la bordalesa y la prensa para hacer vino. Recuerda los sabores del patay a base de la algarroba molida en los morteros -alimento básico de los aborígenes huarpes que habitaron la región- y las humitas en chala, a base de choclo fresco.

Sergio, de 45 años de edad, nació en Rawson y vivió en Trelew hasta sus 12 años, porque su padre había emigrado en busca de trabajo. Hoy vive en la calle Necochea 1677, en la ciudad de Santa Lucía, ubicada en el centro sur de la provincia, en el Gran San Juan, y en el centro norte del oasis del valle del Tulum. Allí mismo, en su casa, tiene el depósito y la sala de extracción y fraccionamiento de la miel, donde ya posee todas las habilitaciones provinciales y hasta el permiso para tránsito federal. Creó la marca “AA”, Apícola Argentina, y pintó sus panales con los colores celeste y blanco. Extrae y produce miel en panal, polen, y jarabe y tinta de propóleo. Vende la miel en tambores y en frascos de medio kilo.
A Sergio le gustó trabajar desde chico. Plantaba perejil y lo vendía. Ayudaba a su abuelo a empaquetar beteraba o remolacha, y le pagaba con 10 paquetes que él vendía. A las señoras les ofrecía acarrearles las bolsas a cambio de unos pesos. Supo criar y vender conejos, un pájaro calafate, una cata australiana y hasta un “diamante mandarín”. Luego, ya vendía cebollas, habas y zanahorias, por su cuenta, a las verdulerías.
Un día conoció a un contador y, viéndolo que ganaba mucha plata, decidió estudiar esa carrera y se recibió. En 1998 estudiaba y trabajaba, cuando de pronto decidió aprender el oficio de apicultor, porque el campo era su verdadera felicidad. Hoy no se arrepiente de no haber ejercido nunca como contador. Eso sí, le sirvió para administrar su propia empresa.
Sergio se formó con el gran maestro de la apicultura cuyana, Pedro Saavedra, quien le repetía que se aprende ensayando y corrigiendo errores, los cuales pueden desencadenar la muerte de muchas abejas.
Hoy posee unas 550 colmenas y ha sobrevivido a 3 incendios, causados por las grandes sequías. Los intensos calores del clima sanjuanino suelen derretirle la cera de los marcos -que se derrite recién a 60 grados centígrados- lo que le provoca la muerte de las abejas. En el año 2020 extrajo unos 12.700 kilos de miel y unos 40 a 45 kilos de polen, dejando siempre reservas y sin alimentar a las abejas con azúcar, lo que representaría más gastos de mano de obra.
Sergio explica que la miel blanca es suave y buena para endulzar un té o un mate, más sana que el azúcar. Dice que es muy bueno comer una cucharadita de polen cada día. Pero produce y vende además miel negra, a más bajo precio que la blanca. Aunque el común de la gente no la prefiere, por su aspecto oscuro y su sabor más ácido e intenso, es muy rica en minerales. Le compran para la elaboración de los turrones y le vende a una gran panadería porque se utiliza para elaborar las galletas de miel, ya que el sabor de la miel blanca, al ser suave, no se siente en las masas.
Sergio la recomienda en las tostadas con manteca. Es la rica y aromática miel que las abejas extraen de la planta “pájaro bobo” o “brea”, de una flor rosa y que ayuda a bajar el colesterol.
También la miel de los álamos es una miel oscura y de sabor fuerte, que no se comercializa, sino que las abejas producen para alimentarse en sus panales y no cristaliza. Se la llama “mielada” o “mielato”. En marzo y abril las abejas la extraen del lomo de los pulgones que comen la savia de sus hojas. Éstos exudan la miel y las abejas liban sobre sus lomos. En esa misma época las abejas esperan a que las avispas rompan la piel de las uvas para ir a libar del mosto hasta dejar seca a la uva. Luego le aplican enzimas y la almacenan en sus colmenas para alimentarse durante el invierno. La miel de la alfalfa es blanca, pero cristaliza demasiado y se pone muy dura.

También Sergio coloca las abejas en los montes de atamisque o atamisqui, o en los de algarrobo o en los de lamar. En agosto lleva todas sus colmenas junto a los almendros, como también lo hace con los ciruelos y parrales prestando el servicio de “floración” a los campos.
Las abejas buscan miel de todas partes para asegurar su sustento. Las suele ver en el mes de mayo intentando llevarse como polen, el afrecho o la semita o el salvado del trigo de los tachos que se ponen para alimentar a los animales.
Sergio me habló del sacrificio que es andar por los áridos terruños llenos de plantas espinosas, con espinas de hasta casi 10 centímetros de largo, para lo cual no sirve protegerse con botas de goma, sino que es mejor usar botas de trabajo, reforzadas y con puntera de metal. Una vez se clavó una en el pie y anduvo 15 días rengueando por los campos. Y a veces llega a descompensarse a causa de la deshidratación.
Hace unos años fue a exponer y vender su miel a la feria agrícola ganadera de la Rural de Palermo, en Buenos Aires, y mucha gente le pedía las típicas semitas, esas galletas con chicharrón que se venden en las panaderías sanjuaninas para acompañar el mate de las mañanas. Dice que la próxima vez se va a llevar muchas bolsas de semitas y piensa ofrecer un frasco de miel con semitas a modo de promoción.
Sergio hoy no tiene empleados fijos, ya que tener a uno solo en blanco le insumiría el costo de un tambor de miel por mes, cuando en años flojos apenas saca 12 tambores por año. Trabaja entre 15 y 18 horas por día y él, solito, extrae la miel de unos 38 panales en un día.
El trabajo en el campo no tiene feriados, dice. Y me contó de su problema en la columna, porque tiene una vértebra desplazada y que hace un tiempo trabajó 42 horas sin parar, en las colmenas.
Se queja de que en el país el intermediario siempre gana más que el productor. Su tío decía que, mientras el productor anda en una “chata” vieja, el intermediario anda en una nueva. Pero Sergio sigue apostando al trabajo y a la producción, porque está seguro de que es lo único que va a sacar al país adelante. Seguirá en el campo con sus abejas -que es la mayor fuente de su felicidad- e insiste con la sentencia de su gran maestro: “Los errores son la mejor escuela. El problema está en repetirlos…”
Hay una canción que le gusta mucho a Sergio y quiso dedicarla a los lectores: “Hacelo por mí”, de Mariano Martínez y Ciro Pertusi, por Ataque 77, en su disco El cielo puede esperar.
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]]>La entrada Florencio Varela tiene la Sociedad Rural más joven del país se publicó primero en Bichos de Campo.
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Con tan sólo un año de vida, esta entidad agropecuaria está compuesta por gente con empuje y ganas de hacer. “El municipio nos da una mano inmensa para llegar a los productores de la zona, que son más que nada horticultores, apicultores y floricultores”, dijo a Bichos de Campo Juan Carlos Parada, un policía que además es presidente de la flamante Sociedad Rural de Florencio Varela. Desde 1992 a la fecha, aunque actualmente está en uso de licencia, el intendente de ese partido es el peronista Julio Pereyra.
“Estamos acostumbrados a ver sociedades rurales que están hace muchos años y que corren como reloj haciendo su tarea diaria. En nuestro caso, somos incipientes, y no sólo debemos poner los papeles en orden sino que también estamos trabajando por tener un lugar físico, un predio para poder brindar servicios a nuestros productores”, agregó Parada.
Dato de color mediante, Juan Carlos es sobrino nieto de Pepe Parada, el representante famoso de artistas. “Alberto Martínez y Emilio Disi eran primos hermanos de mi abuelo Manuel”, dijo orgulloso de su entorno mitad rural, mitad artístico.
Hace poco, la sociedad rural participó con un desfile por demás de colorido, en el aniversario 128 de la ciudad, que, según Parada, “es la segunda productora de flores de la Argentina, encabezando el podio la ciudad de Escobar”.
En el resto de las producciones, Parada dijo que “es muy difícil recabar datos productivos y avalarlo con números. Se vuelve complejo saber quién produce cerdos y cuánto produce, así como aquel que hace miel por ejemplo, porque temen que les caigan desde el municipio con más obligaciones de las que tienen para pagar. Esto hace que carezcan de seguridad y que se notifiquen tantos robos”.
En cuanto a la inseguridad, Parada dijo: “Tenemos la ventaja de tener en nuestro equipo personas que integraron el cuerpo policial de la ciudad, es mi caso. Nuestro objetivo es poder montar una policía rural que pueda atender a sus reclamos y dotarlos de más seguridad que es, en definitiva, lo que precisan”.

Por poner un ejemplo, Parada comentó que “en el caso de los productores ovinos, hay una buena cantidad en la provincia de Buenos Aires, y los que tienen majadas grandes son los que suelen estar blanqueados, debido a que es lo que se les exige cuando necesitan llevar la carne a frigorífico. Y esto en el caso de quienes estén cerca del establecimiento de faena, porque sino el costo de trasladar los animales no podrían absorberlo ni con lo que perciben actualmente por el kilo faenado”.
Para Parada, “estamos muy atrasados; pretendemos que todos los productores estén en blanco, pero no hacemos nada para que eso ocurra. La realidad es que hay que favorecer a la cadena productiva, pensando primero en el pequeño productor. Teniéndolos cuantificados, podríamos diagramar sus necesidades y tener el sistema en blanco”.







Parada agregó que “en la ciudad tenemos muchos apicultores. Por eso nuestro sueño es poder tener una gran planta de procesado y empaque propio. Para empezar, tenemos un predio, para lo cual pensamos proponerles a los apicultores el desarrollo de una pequeña planta, con opción a agregarle módulos si fuera necesario, para que puedan venir a procesar sus mieles. Esto lo vemos como un modo de facilitarles su trabajo y de darles un servicio”, explicó.
Parada explicó que “es factible que la provincia de Buenos Aires, a través de su Programa de Fondo Rotatorio, nos otorgue un préstamo blando para poder construirla, y aunque no nos alcanzaría en una primera etapa para cubrir la compra de maquinaria, nos permitiría devolver el pago en kilos de miel y a tres años”.
En relación a la producción de flores, Parada expresó que “en ese caso, están más organizados los productores y muy bien integrados a través de instituciones intermedias y tienen buenas instalaciones, manejando una buena producción”.
Respecto de los horticultores, Parada dijo que “con un vuelo de dron, verían la cantidad de productores que hay en Florencio Varela. El problema que tienen es que no hay un mercado concentrador en la zona, y de este modo, deben salir con sus propios camiones directo al Mercado Central de Buenos Aires o a La Plata”.
El policía ruralista también mencionó que “en Florencio Varela hay productores agroecológicos. Ellos están también asociados en entidades intermedias y pese a que no son grandes ni tienen tanta trayectoria como los floristas, están trabajando muy bien, preparando bolsones que encuentran cada vez más compradores interesados y dispuestos a pagar por este tipo de mercadería”.
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