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La entrada ¿Y si mejor, en vez de pelear y prohibir, no ordenamos los periurbanos? Mauro Casella se hizo esta pregunta y escribió un proyecto de ley innovador para Santa Fe se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Mauro escribió junto a Lifschitz un nuevo proyecto de ley de Agricultura Periurbana que pretende salir por arriba de este laberinto. ¿Cómo? La idea es ordenar los cinturones verdes que rodean a las zonas urbanas, con el objetivo de promover allí los sistemas de producción sostenible y “amigable” de alimentos y evitar además la urbanización desordenada. Es que sin normas ni planificación territorial, este tipo de áreas se encuentran presionadas por el avance de las grandes ciudades. Y suelen perder los productores.
A primera vista, el objetivo del proyecto de ley es antes que nada defensivo, pues busca evitar, por así decirlo, que la ciudad se coma al campo. “Esto surge en las áreas metropolitanas de Rosario y Santa Fe, no sólo por el conflicto de público conocimiento por las fumigaciones, sino también por el avance de la ciudad sobre el campo, y por la desaparición de los cordones verdes, donde la presión inmobiliaria e industrial es mucho más fuerte que la que ejercen determinados tipos de producciones como al hortícola”, dijo Casella a Bichos de Campo.
Según Casella, que fue director provincial de Desarrollo Territorial en el Ministerio de Producción santafesino, “en los últimos 30 años Rosario perdió el 60% de estas áreas, o sea que hay que mirar el crecimiento de las ciudades desde el campo y no que se haga una guerra, que si crece la ciudad, se pierde el campo, o bien que avance el campo sobre las ciudades”.
“Por eso queremos generar la figura de suelo periurbano, que hoy en Santa Fe no existe, ya que, o tenes suelo rural, o suelo urbano o industrial”, resumió el asesor.
Mirá la entrevista completa a Mauro Casella:
El proyecto de ley presentado por Lifschitz pretende entonces crear una tercera categoría, la de suelo periurbano,. En palabras de Casella, “tendría características de suelo rural con algunas afectaciones específicas por el tipo de suelo. Y la idea es promocionar algunas producciones que en Europa ya se conocen como metas de intensificación ecológica; muchas entidades ya lo ven y empiezan a hablar de esto. El objetivo es consensuar metas que sean compatibles social y ambientalmente”.
A pesar de que este terreno periurbano definido en el proyecto de ley sería considerado tierra rural y productiva, por su vecindad a las ciudades debería respetar condicionamientos productivos, de acuerdo a las nuevas exigencias sociales y ambientales.
“Su cercanía le impone una agenda de intensificación ecológica. Aapresid por ejemplo, trabaja con Municipios Verdes, se trabaja también con las Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA), nosotros incluso, durante nuestra gestión hicimos experiencias con la agroecología, y el INTA viene trabajando en los servicios ecosistémicos que puede brindar el terreno periurbano”, manifestó el asesor de Lifschitz.

Casella pidió “no tenerle miedo a la idea de regulación como cobro de impuesto, sino de regulación como planificación a mediano plazo de ese territorio que es tan sensible, y que es un espacio de beneficio muto, tanto para la ruralidad como para la ciudad”.
Esta zona buffer o periurbana con exigencias especiales en términos de compromiso social o ambiental, no implica entonces, definición de prohibiciones, sino metas o pautas para hacer una producción más compatible con el vecino, y que sea consensuado.
“No hablamos de metros, que era la discusión en la que caen la justicia y los productores, sino con lo que hacemos con esa tierra que luego queda sin producir. Las BPA no son modelos productivos sino una forma de hacer las cosas. Luego hay modelos que podemos discutir hacia dentro de este espacio, que tal vez tengan que ver más con la agroecología. Pero todo depende de los consensos que se generen”, remarcó Casella.
Gabriel Pellizzon: “Queremos que el área periurbana sea un punto de encuentro y no de conflicto”
Otra de las incorporaciones en el proyecto de ley es no prohibir la instalación de industrias de alimentos que agreguen valor a la producción y que no sean contaminantes, o bien que no tengan gran impacto ambiental, al tiempo que sugieren la posibilidad de incorporar cultivos energéticos que trabajen la idea de biomasa, la bioeconomía y la producción de servicios asociados.
“En Rosario y en Santa Fe tenemos producciones de bioinsumos que reemplazan a los de síntesis química, y que podrían instalarse en estos espacios, o bien todo lo que tenga que ver con nuevas tecnologías para la agricultura de cercanía y trazabilidad de alimentos, que es algo que tenemos que desarrollar e incentivar”, manifestó.
A su vez, Casella se refirió a que podría explotarse el turismo rural en esas áreas periurbanas. “Mendoza lo hizo con la ruta del vino y tenes todos los circuitos asociados a la producción y a la exportación de vino”, dijo.
Agregó que “también sugerimos modelos de gestión basados en la idea de parques agrarios, que es una idea que ya desarrollamos en el parque agrario Santa Fe Metropolitana, como un mecanismo de gobernanza, en donde participen los productores en la misma planificación de su espacio, y con el Estado aportando dentro de este marco, con el soporte de infraestructura y apoyo a los productores para su reconversión. Esto está contemplado en el proyecto de ley”.
Presenté un proyecto de ley para regular el uso de los periurbanos, cinturones verdes que rodean las zonas urbanas, con el objetivo de promover la producción sostenible de alimentos y evitar la urbanización desordenada.
Es un proyecto con impacto social, económico y ambiental. pic.twitter.com/3rVOzzHnAq
— Miguel Lifschitz (@MiguelLifschitz) August 13, 2020
El proyecto también contempla que se exima del impuesto inmobiliario rural a los dueños de terrenos productivos periurbanos que utilicen el suelo con agricultura periurbana. Casella explicó en este punto, que la Administración Provincial de Impuestos establecerá un mecanismo de reintegro o compensación. Y los propietarios de suelos periurbanos que no los utilicen, tendrían un incremento del 100 % del inmobiliario rural.
En definitiva, de acuerdo a Casella, “esta ley no regula prohibiciones en los productores sino que pone blanco sobre negro de un proceso de mercantilización de una tierra de cercanía, que presta muchos servicios, no sólo ecosistémicos sino también económicos y de seguridad y soberanía alimentaria a las ciudades. Hay que poner sobre la mesa estos debates que son de futuro y no de prohibiciones”.
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]]>La entrada En General Villegas se aprobó una regulación sobre agroquímicos que prohíbe ciertos productos específicos en zonas periurbanas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>De los dos proyectos iniciales, uno de Juntos por el Cambio y otro del Frente de Todos, se llegó a la redacción de uno en forma conjunta, aunque esto no dejó a todos conformes.
El artículo que más conflicto generó fue la definición de un área de exclusión: el Frente de Todos estipulaba que debía ser de 300 metros, mientras que la oposición optó por no definirla. Después de varias consultas al CIAV, se estableció que ese primer cordón sería de soplo 40 metros.
“Estamos convencidos de que utilizando los productos que corresponde y las técnicas que hay disponibles, hoy lo de la franja es un detalle. Es más importante el control y cuidado que la franja física en sí”, señaló Dorna.
El proyecto define además un segundo cordón, o área de amortiguamiento, que será de 300 metros, aunque no fijos: podrán ampliarse en caso de chocar con un alambrado y superar así la cantidad fijada. Dentro de este cordón sólo podrán usarse productos de banda azul o verde y quedan prohibidos los siguientes compuestos: 2,4 D (en todas sus formulaciones), Picloram, Paraquat, Atrazina y Clorpirifos.
“La novedad de General Villegas es que excluyen productos con nombre y apellido”, afirma contento el presidente de CIAV. A diferencia de la ley provincial, que prohíbe el uso de algunos productos entre octubre y marzo, por su volatilidad en momentos de mucho calor, General Villegas definió su prohibición, dentro de ese primer y segundo cordón para todo el año.
Otro punto novedoso es que la aplicación de productos dentro de esta área de amortiguamiento deberá ser fiscalizada por un ingeniero agrónomo, inscripto en la municipalidad y con el curso de fiscalizador del Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia al día.
En cuanto a la fumigación aérea, se deberá realizar a 1.500 metros de cualquier zona periurbana. “Eso se venía respetando porque vos le pedías que fumigara cerca del pueblo y directamente te decía que no. Una máquina va a 70 centímetros del suelo y un avión a tres metros y medio, por lo que una deriva es inmanejable.”, aseguró Videla Dorna.
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]]>La entrada Docente y productor, Diego Álvarez se cargó al hombro el desafío de intentar producir soja y maíz sin agroquímicos en el periurbano de Pergamino se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>De entrada, suena muy complicado hacer producción extensiva de granos sin el uso de insumos químicos. Pero la instrucción del juzgado federal 2 de San Nicolás es clara: se fijó un límite “restrictivo y de exclusión” de 1.095 metros desde las zonas pobladas para aplicaciones terrestres, que se eleva a 3.000 metros para las aplicaciones aéreas. Incluso hubo casos de productores que cayeron presos por violar estas distancias.
Diego Álvarez es ingeniero agrónomo, docente de la Facultad de Agronomía de la UBA, asesor privado y también productor en esa región del norte bonaerense. Como ya venía trabajando en algunos lotes en la región, se propuso hacer una serie de ensayos. Ya va por su segunda campaña trabajando parcelas sin uso de agroquímicos. Conversó con Bichos de Campo para mostrar algunos resultados.
“El año pasado tuve 80 hectáreas en producción sin uso de agroquímicos”, explicó el investigador de la FAUBA, que acaba de realizar la cosecha 2019/20 con tres tipo de modelos diferentes: con siembra directa y agroquímicos en lotes que escapaban a la prohibición, con labranza convencional para controlar de malezas de forma mecánica en otro sector, y casi a la buena de Dios en la zona de prohibición.
Álvarez tiene un campo familiar en el pueblo de Fontezuela, del cual es oriundo. Queda a 10 kilómetros al sur de Pergamino, sobre la Ruta 8. Ese campo quedó en el límite de la restricción, con lo cual pudo pulverizar con productos de banda verde y por vía terrestre. Pero otros lotes que arrendaba sí fueron alcanzados por la medida. “Son campos muy buenos en lo productivo, que se arrendaban por 18 quintales de soja, y que pasaron a 0 de valor. Es muy difícil producir en esa circunstancia”, explicó el agrónomo.
Mirá la entrevista completa a Diego Álvarez:
Álvarez señaló que resulta bastante difícil producir cultivos extensivos (sobre todo soja y maíz, que son el fuerte de esta región) apelando a la llamada agroecología, pero aceptó: “No quedaba otra que hacer algo, porque después, si no hacés nada, ese lote queda abandonado, se convierte en un baldío y el dueño del campo teme que ese lote se usurpe, porque está muy cerca de la ciudad”.
El acto de convencer al dueño de la tierra que alquilaba que debía bajar el precio del arrendamiento y hasta pensar en fórmulas diferentes fue otra complejidad, pero al final lo terminaron entendiendo. “En un primer momento hubo que cambiar el modelo de negocio. Le dije que ya no podía pagarle los 18 quintales que valía, y le propuse pagar los costos de los ensayos entre los dos, hasta que todo se encaminara. Así que arrancamos todo a medias, dividiendo las ganancias”, comentó.
El productor comentó que encaró tres lineas de trabajo o ensayos diferentes.
El resultado según Álvarez fue “un retorno a 50 años atrás”.
La soja a 21 centímetros se enmalezó tanto que la cosechadora no podía entrar al lote. “Tuve que hilerarla para evitar el desgrane, y cosecharla luego, para lo cual tuve que buscar una hileradora, con lo complicado que es conseguir esa maquina”, explicó.
El segundo manejo con escardillado, “se pudo resolver con cosecha directa, y en un video mostré las diferencias de rendimiento”. Los resultados y próximos pasos a seguir para optimizar los rindes, Álvarez los mostró efectivamente como sigue:
En síntesis, las batallas más grandes que Álvarez tuvo que enfrentar en estos ensayos fueron contra las malezas, que le dificultaron el manejo del cultivo desde la implantación hasta la cosecha.
¿Y cuáles fueron los resultado de esos tres ensayos?
El dato duro fue que, en estos ensayos a gran escala, la soja manejada por agroecología, rindió menos de la mitad de la soja tratada con insumos sintéticos. En medio, hubo buenos rendimientos para la soja con control de malezas mecánico, pero a costa de lesionar nuevamente el recurso suelo.
De todos modos, el agrónomo aclaró: “Tengo mucho terreno por explorar aún para aumentar los pisos de rendimiento de la soja sin insumos. Y hay que indicar que yo tomé estos campos en el mes de octubre, con lo cual no tuve mucho tiempo de planificación. Sé que se pueden subir esos pisos de rendimiento”.
Para la nueva siembra de granos gruesos, el profesional avisó que se prepara de otra forma. “En el 50% de las 80 hectáreas pude incorporar cultivos de cobertura, los cuales creo que me ayudarán”, especialmente en materia de fertilización y control de malezas, precisó.
Además, Álvarez dijo que “estoy mejor preparado desde el punto de vista de maquinaria; por ejemplo, ya tengo los rolos para rolar esos cultivos, y también pude incorporar promotores biológicos, de los cuales muchos no están registrados como fitosanitarios pero que pueden ser utilizados según la ordenanza. Por eso espero que este año pueda levantar los pisos de rendimiento”, concluyó.
Su caso será seguido con mucho interés, sin duda, por la comunidad agronómica sobre la cual se ciernen la amenaza de mayores restricciones al uso de agroquímicos.
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