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artistas – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Mon, 29 Nov 2021 19:58:42 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png artistas – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Con denuncias envenenadas y poco dato científico, varios famosos salen a pedir el fin de los agroquímicos http://wi631525.ferozo.com/con-denuncias-envenenadas-y-poco-dato-cientifico-varios-famosos-salen-a-pedir-el-fin-de-los-agroquimicos/ http://wi631525.ferozo.com/con-denuncias-envenenadas-y-poco-dato-cientifico-varios-famosos-salen-a-pedir-el-fin-de-los-agroquimicos/#comments Mon, 29 Nov 2021 19:58:42 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=86860 Este lunes 29 a las 19, un grupo famosos, la mayoría de ellos habitantes de la ciudad, presentará la campaña “Basta de Veneno”, que reclama el final del uso de agroquímicos en la Argentina y el reemplazo de la agricultura convencional que desde hace décadas utiliza este tipo de insumos por la llamada “agroecología”, que […]

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Este lunes 29 a las 19, un grupo famosos, la mayoría de ellos habitantes de la ciudad, presentará la campaña “Basta de Veneno”, que reclama el final del uso de agroquímicos en la Argentina y el reemplazo de la agricultura convencional que desde hace décadas utiliza este tipo de insumos por la llamada “agroecología”, que prescinde de ellos.

La presentación de la campaña se realizará en redes sociales y estará a cargo de las reconocidas actrices Dolores Fonzi y Laura Azcurra, además del biólogo y filósofo Guillermo Folguera y la doctora en Ciencias Biológicas Alicia Massarini. Más allá de la identificación bajo el eslogan #bastadevenenos, en ningún momento se identifica ni una organización civil ni un colectivo que se ponga al frente de la campaña.

Eso sí, estas publicidades contra el uso de agroquímicos, que denuncia básicamente que los argentinos somos el país que más utiliza estos insumos por habitante en todo el mundo y que afirma que todos tenemos rastros de esas sustancias dentro del organismo, cuenta con el respaldo de varios artistas de renombre como el actor Leonardo Sbaraglia y la cantante Hilda Lizarazu, de militantes de derechos humanos como Nora Cortiñas, de periodistas como Alejandor Bercovich y Julia Mengolini, y hasta de cocineros como Francis Mallman. Mengolini incluso llega a declarar que se hizo los estudios y tiene “glifosato en mi organismo”.

Este es la primera pieza de esa campaña:

 

 

En una dirección de internet, la campaña masiva permite descargar un kit para quienes quieran militar en las redes sociales en contra de los agroquímicos y pedir directamente su prohibición. Algunas de las consignas que se emiten allí no le hacen asco las generalizaciones y no mucho menos se sustentan en informes oficiales o literatura científica. A primera vista, desparraman más veneno que los venenos que critican. Estos son algunos ejemplos:

  • Los agrotóxicos están en el aire que respiramos, en el agua que bebemos, en los alimentos que comemos.
  • Desde 1996 en la Argentina tenemos un modelo agroindustrial basado en cultivos transgénicos dependientes de agrotóxicos. El más usado es el glifosato.
  • Numerosas denuncias de poblaciones afectadas y cientos de investigaciones científicas demostraron que los agrotóxicos son sustancias tóxicas y destruyen la biodiversidad. Producen cáncer, abortos, malformaciones y muchas otras enfermedades.
  • A 25 años de la expansión de un modelo agroindustrial basado en cultivos transgénicos dependientes de agrotóxicos, en la Argentina tenemos la tasa de aplicación por persona MÁS ALTA del mundo (12 litros por persona por año).
  • Se detectó glifosato y otros agrotóxicos en la orina, sangre y leche materna, incluso en personas que viven en ciudades alejadas de los lugares de aplicación.
  • En la fumigación los agrotóxicos se dispersan en todas direcciones, contaminan el aire y afectan a las poblaciones cercanas. Otra parte va a parar al suelo donde son arrastrados por el viento y llegan a cientos de km de distancia.
  • En la fumigación se forman cristales de glifosato y vapores de agrotóxicos. Son transportados por el viento y se disuelven en la lluvia. Los agrotóxicos están en el aire que respiramos, en el agua que bebemos, en los alimentos que comemos.
  • Los agrotóxicos depositados en el suelo son arrastrados por la lluvia hasta alcanzar cursos de agua superficiales como ríos y lagunas. También se infiltran hacia las napas subterráneas que abastecen los pozos para  consumo humano.
  • Hay venenos en las frutas y hortalizas, lácteos y productos ultra procesados que consumimos. Un relevamiento de Senasa en 2019 encontró 80 agrotóxicos en frutas y verduras, de los cuales 49% son cancerígenos y 47% no se encuentran autorizados en la UE. Se detectó glifosato en algodón, gasas, tampones, toallitas y pañales.

Cualquiera podrá ser al menos por un rato como su artista preferido. Es que la campaña incluso contiene un instructivo para grabar “tu propio video” y sumarlo a las redes sociales. Recomienda: “Usá la cámara trasera de tu teléfono celular. Buena iluminación, no estés a contraluz y que la fuente lumínica ingrese pareja. Plano medio corto, es decir desde la mitad del torso hasta la cabeza con un poco de aire arriba”.

Quien pone la voz en la locución de varios de los spots es Lalo Mir:

 

La campaña de demonización de los agroquímicos también estará apoyada por diversas historias de personas que han enfrentado problemas de salud que atribuyen a estas sustancias, y a otros que los enfrentaron. Son algunos casos:

  • Andrés Carrasco, quien fuera presidente de Conicet a principios de los 2000 y jefe del laboratorio de embriología de la UBA, entre otros cargos de alto grado académico fue el científico que confirmó los efectos devastadores del glifosato, acompañó con su investigación a los pueblos fumigados y cuestionó que la ciencia esté al servicio de las corporaciones. 
  • Marta Elsa Cian es productora avícola de la provincia de Entre Ríos. Cada vez que sale de su casa, usa protección para evitar la exposición a la constante deriva de los agroquímicos de la fumigación aérea. Por eso la apodaron en el pueblo como “la loca de la máscara”. Padece insuficiencia respiratoria crónica, hipertensión, neuropatías combinadas con síntomas hematológicos y cardiológicos.
  • Fabián Tomasi trabajaba como fumigador en la localidad enterriana de Basavilbaso y estuvo en contacto con agroquímicos, entre ellos, el #glifosato. Esto fue la causa que lo llevó a contraer una polineuropatía tóxica severa y atrofia muscular generalizada. Falleció en 2018, a sus 53 años, con un peso menor a 40 kilos. Siempre luchó por los derechos humanos frente al modelo del agronegocio.

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Pablo Solo Díaz, pintor y payador: “Creo que el campo esconde y tapa una historia compleja, interesantísima y densa” http://wi631525.ferozo.com/pablo-solo-diaz-pintor-y-payador-creo-que-el-campo-esconde-y-tapa-una-historia-compleja-interesantisima-y-densa/ Fri, 03 Jul 2020 12:50:38 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=42298 Pablo Solo Díaz es un artista múltiple: pintor, escritor, actor, payador… Y maestro. Y todo su trabajo está atravesado por la ruralidad. Vive en Las Flores, Buenos Aires, y su obra se ve en Mapa Espacio de Arte o en su muro personal.   -¿Se considera un hombre de campo? -A esta altura no sé […]

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Pablo Solo Díaz es un artista múltiple: pintor, escritor, actor, payador… Y maestro. Y todo su trabajo está atravesado por la ruralidad. Vive en Las Flores, Buenos Aires, y su obra se ve en Mapa Espacio de Arte o en su muro personal.  

-¿Se considera un hombre de campo?

-A esta altura no sé qué se entiende por “un hombre de campo”. Nací en la ciudad, crecí entreverado con la campaña y  su cultura. Hace cuarenta años que vivo y trabajo en el partido de Las Flores, provincia de Buenos Aires. Que aquellos que observen mi obra saquen sus propias conclusiones.

 –¿También es maestro rural?

-Sí. Con mi título de Maestro Nacional de Dibujo trabajo en cinco escuelas desparramadas en un radio de cincuenta kilómetros, rurales todas. También me gusta mucho dar talleres, los he dado en distintos eventos, en ferias del libro, o en escuelas o bibliotecas. Ahora voy a trabajar más tiempo en mi obra: escribir, dibujar y pintar. Y payar, claro.

¿Dónde suele payar?

-Los payadores somos medio como los juglares de la edad media a quienes todos los escenarios les servían. A mí me pasa algo así. Me gusta decir mis pensamientos en versos improvisados o escritos dónde sea que me escuchen. Trabajé mucho en jineteadas los primeros años, recorriendo el país con mi guitarra y mi relato. Después aparecieron otros ámbitos y lo mismo actúo en encuentros de payadores en Argentina, Chile y Uruguay que en bibliotecas, museos, escuelas, sociedades de fomento, municipios o plazas.

¿Tiene un unipersonal inspirado en Martín Fierro?

-Así es. Hace más de una década que comencé a personificarlo y con ese espectáculo he recorrido media Argentina en moto, desde Tecnópolis hasta el Centro cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires y desde la Feria del Libro en CABA hasta escuelas de montaña de Amaicha del Valle, a dónde tuve que llegar con los títeres a cuestas por huellitas donde se va en mula.

-¿Y esta cuarentena cómo lo trata?

-En febrero, antes de que empezara todo esto, recorrí la Patagonia chilena, la zona del Aysen, improvisando con colegas como Saúl Huenchul, en encuentros que juntaron los tres países del cono sur, Chile, Uruguay y Argentina. Ahí realicé varias funciones del “A perro, perro Martín Fierro” y me invitaron para que vuelva. En abril íbamos a ir a Minas, Uruguay pero se canceló por la pandemia.

-¿De qué forma lo inspira el campo?

-Sus temporales inspiran, creo. Sus tensiones. La gesta de su gente. Sus andares. Mi primera muestra fue en 1986, en San Telmo. Venía de tres años de cruzar de a caballo la provincia de Buenos Aires de este a oeste, había llegado a los montes de caldén en la provincia de La Pampa, Quehué, Achá, Utracán, Leuvucó, Potrillo Oscuro. Volví a leer a Mansilla y “vi” los toldos ranqueles y a Mariano Rosas entre los médanos, buscando respuestas. Esa muestra se llamó “Los desaparecidos de la Campaña al Desierto”, título tomado de una reflexión de David Viñas en “Indios, ejército y frontera”.

-O sea que no tiene una mirada bucólica…

-Para nada. Me interesa de lo rural sus tensiones; creo que el campo esconde y tapa una historia compleja, interesantísima, densa, fuerte. Un espacio donde mujeres y hombres de distintas culturas intentaron hacerse un lugar, crecer, formar sus hijos, hacer su historia. El devenir de la propiedad de la tierra, los arrendatarios que poblaron y sembraron y después fueron desplazados, tal es así que los mapas de catastro ni los registran. El ocaso y la desaparición del ferrocarril. Los pueblos pequeños. Hay mucha vida silenciada ahí. No es un paisaje sólo lo que motiva. Es un paisaje observado en la pasión de su gente.

-¿Qué le provocó el boom de la soja?

-Sorpresa primero, horror después. Recuerdo que cuando apareció la siembra directa, en los 90, un vecino, chacarero de toda la vida, probó de aporcar un pedacito del maíz transgénico que habían sembrado. Estaba seguro de que aporcando iba a tener mejor rinde pero terminó resultando que eso que parecía que iba a dar de comer al mundo… en realidad nos está matando. Mató la vida rural, que hoy agoniza. Quién sabe ahora qué sucederá cuando esta pandemia y sus cuarentenas terminen. Tal vez tomemos conciencia. El agua, el aire y la tierra nos pertenecen, son patrimonio de la humanidad. No pueden envenenarse así nomás… porque da dinero. Y sin embargo lo estamos haciendo. El despoblamiento rural no es algo solo nuestro, empezó en el mundo después de la Segunda Guerra y aquí también se dio y se da. La posibilidad de revertirlo, se me ocurre, es saludable y necesaria. Con una tierra que no esté envenenada por agrotóxicos.

-¿Qué se puede hacer para evitar el desarraigo?

-Desde mi ignorancia, desde ser sólo una persona sensible y un maestro que trabaja hace treinta años en la zona, creo que lo principal es que haya trabajo. Pero no trabajo precario: estabilidad y posibilidades de progresar. Hace falta conectividad, luz eléctrica, escuelas rurales. Se están quemando las naves en muchas zonas. Se va rumbo al “desierto” del que hablaban en el siglo XIX. Se quitan tranqueras, molinos, puestos, mangas, corrales. Montes y casas también. Se entierra todo. Parece un chiste pero es así. Un chiste macabro. ¿Entonces? Así no se volverá a poblar, al contrario. Quedamos atados a un modelo que, con perdón, nos está matando. Literalmente.

-¿Siente que hay una grieta entre la persona de campo y el urbanita?

-Tenemos un país extenso y con naciones previas a lo que hoy llamamos “Argentina”, como la Guaraní, la Quechua, la Diaguita, la Tehuelche y otras… A eso se sumó la variedad de costumbres que trajeron los “gringos” que vinieron de toda Europa más los que llegaron -por la fuerza- de África a poner el lomo y que dejaron su sangre en las vanguardias de todos los ejércitos. Esa suma de “argentinidades”, por decirlo de alguna manera, somos hoy. Por eso es muy difícil, creo, hablar de un país. Somos un gran rompecabezas donde cada pieza llena un espacio imprescindible, entonces puede ser que haya, entre otras muchas grietas que también hay, una grieta de desconocimiento entre lo urbano y lo rural. Sin embargo como dice Jorge Drexler hablando de la música: ‘las cosas solo son puras si uno las mira de lejos’. Mirando de cerca todo está entreverado. Todo se mezcla de alguna manera. Y entonces terminamos siendo un pueblo mestizo en muchísimos sentidos.

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