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La entrada Productores irresponsables: Denuncias por el uso prohibido de hormonales en Santiago del Estero, que liquidan las plantas de algodón de los vecinos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“El algodón es nuestro cultivo de origen, nuestro cultivo madre en Santiago del Estero. Pero el enemigo del algodón en este momento son los productos hormonales, el famoso 2,4-D, que está prohibido en Santiago a partir de una fecha que no se respeta, sobre todo de parte de los productores que no son de la provincia”, denunció Valdés ante las cámaras de Bichos de Campo.
Mirá la entrevista:
El 2,4D es un agroquímico muy volátil y por lo tanto las provincias del norte prohíben totalmente su uso a partir de ciertas fechas, cuando comienza a hacer calor y se multiplican los riesgos de una “deriva” del producto hacia los campos vecinos. Tan alto es dicho riesgo que incluso el Senasa a nivel nacional prohibió desde julio pasado, por medio de las resoluciones 466/19 y 875/19, “la baja automática” de los productos 2,4-D formulados con ésteres butílicos e isobutílicos. La única excepción es el 2,4-D en su formulación sal dimetil amina, que es menos volátil.

Pero este tipo de disposiciones parece haber importado poco y nada este año en las provincias del norte, donde ese agroquímico fue muy utilizado, incluso violando las fechas en las que está vedado su uso.
En el caso de Santiago del Estero, Valdés denunció que confluyeron dos situaciones: por un lado el alto precio del glifosato (el herbicida más utilizado para barbechos químicos) llevó a los productores de granos a buscar alternativas. Por otro lado, el algodón explotó. Y su siembra coincidió con la utilización masiva de estos hormonales prohibidos.
“Este año se dio un fenómeno raro, porque el glifosato triplicó su precio y entonces las alternativas de muchos productores para hacer barbecho fueron otros agroquímicos, entre ellos el 2,4-D. En esta región sur de la provincia además hay una presencia algodonera muy grande. Por eso están afectados muchos productores. La situación es grave”, definió Valdés.
-¿Y como se ven afectados los cultivos de algodón?
-Fumiga un vecino, aplica un producto que no está autorizado y eso produce graves consecuencias. Hablé con varios productores colegas y el tema es que si no llueve la planta sigue intoxicada.
-Pero no entiendo cómo afecta el 2,4-D a la planta de algodón…
-Como para que lo entienda la gente: es como si te sacaran un pulmón. La plantita de algodón se queda sin hojas, es decir sin capacidad de respirar. Eso te da mucha impotencia, porque hay una ley que no la respetan.
Pablo López Anido, un socio de Aapresid que también siembra en la zona de Bandera, denunció directamente la situación como “una catástrofe ambiental”, ya que además de miles de hectáreas del algodón recién sembrado “hay miles de árboles severamente dañados por herbicidas incluso en el centro de la ciudad”.
En Bandera Santiago delEstero está ocurriendo una CATÁSTROFE ambiental hay miles de árboles severamente dañados por herbicidas incluso en el centro de la ciudad y miles de has de Algodon afectadas por hormonales @matiaslongoni llama la atención la falta de percepción del problema pic.twitter.com/UvVuoppl6e
— Pablo Lopez Anido (@PabloLopezAnido) December 18, 2021
López Anido también ve con claridad que el mayor problema es la falta de responsabilidad de los propios productores que hacen sus barbechos sin que le importen ni las prohibiciones ni los cultivos de sus vecinos. No se trata solo de una cuestión del tipo de formulación. “Se usan bastantes los productos mejorados. Entiendo qué hay problemas de irresponsabilidades y qué hay problemas estructúrales al sistema. En torno a Bandera hay 300.000 hectáreas de agricultura continua sin interrupción de cultivos anuales, que se barbechan durante 4 meses”, explicó el productor.
-¿Y quién debería controlar que no se usen estos hormonales?– le preguntamos a Valdés en Añatuya.
-Están el gobierno y las entidades, pero es muy grande la provincia y la intención de siembra de algodón superó las expectativas. Hablan de 800 mil hectáreas, aunque de todas maneras arriba de 600 mil es mucho. Nuestra provincia ahora tiene un perfil algodonero muy marcado e incluso tenemos muchas desmotadoras trabajando en la zona, lo que le permite al productor hacer aquí todo el desarrollo del cultivo comercial. Por eso hay que solucionar este problema, que es grave y es triste verlo.
“Cuando la planta de algodón tiene 10/20 centímetros ya existe una inversión grande, y de golpe vas al campo y te encontrás con la planta toda achicharrada. Eso te desmoraliza”, resume el productor afectado.
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]]>La entrada Para el productor Pablo López Anido, es imposible “pretender que un sistema de producción basado en solo tres cultivos sea sustentable” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En esa frase se esconde la puerta de ingreso al verdadero debate que existe en torno a la agricultura extensiva argentina, sus modos y sus objetivos. Pablo no duda en reconocer que en términos agronómicos “así no funciona el sistema”. Y propone “diversificar” como el mejor remedio a los problemas actuales de los productores. Especialmente frente a la aparición de múltiples malezas resistentes a los herbicidas. Son tantas que parecen reírse de los paquetes tecnológicos en danza.
Para quien se interrogue con honestidad intelectual (y sin dogmas ideológicos) sobre el futuro de esta agricultura, recomendamos con énfasis detenerse a escuchar a López Anido, a quien Bichos de Campo entrevistó en la última edición de la Expoagro en el stand de Aapresid, entidad a la que pertenece y defiende con ahínco.
Mirá el reportaje completo a Pablo López Anido:
Volvamos al concepto: Pablo produce en Bandera, en Santiago del estero, una región agrícola bastante áspera, y se preocupa por la sustentabilidad de su esquema de producción, porque desde el principio, además, ha padecido la aparición de las malezas resistentes al glifosato, que le complican las cosas e incrementan sus costos. Frente a este dilema, cree que el gran problema de la agricultura argentina es que está orientada a producir unos muy pocos cultivos, especialmente soja, trigo y maíz. Dice que así, ser sustentable resulta imposible.
“El problema es que la estructura económica de ese sistema, y cómo está organizado, genera propiedades emergentes que obligan a que sólo se haga trigo, maíz y soja. Y para mi la agricultura que viene pasa por mayor cantidad de cultivos y con agregado de valor local”, revala López Anido durante esta conversación.
López Anido no ve salida a mediano plazo, pero considera que el sistema productivo debe cambiar. “En su momento la liebre saltó por el lado de las malezas resistentes, pero hoy el problema es social y es importante, porque hay mucha gente que no está de acuerdo en lo que hacemos. Lo tenemos que tener en cuenta y debemos ver cómo revertirlo”, reflexiona.
La revisión, según este productor, no debería ser solamente tranqueras adentro, sino de todo el sistema de organización económica y política. Aquí, el procesamiento local debería ser prioritario. Dice López Anido que “todos los cultivos que agregan valor en origen deben vincularnos fuertes a eso, porque así tendríamos mucho más valor dentro. No le veo sentido a tener una gran producción de maíz metro cuadrado por metro cuadrado, para luego cargar el camión y llevarlo a puerto, gastando en gasoil”.
En definitiva, para López Anido, uno de los grandes problemas actuales es que el mercado no paga sustentabilidad. “Estamos produciendo commodities de muy bajo valor intrínseco. El valor está en la cantidad y en la eficiencia para producir millones de toneladas de soja, pero no en la tonelada de soja en sí”, reflexiona.
-¿Y se puede entonces producir otra cosa que no sea maíz, trigo y soja?
-Si yo quiero producir una legumbre como poroto mung, que incluso puede darme un servicio ecosistémico como cultivo, me cuesta un montón, porque me cuesta conseguir más la semilla (es más, no hay semilla legal), no hay mucho trabajo en mejoramiento genético, y su comercialización implica un proceso en donde algún agregado de valor en origen hay que hacerle, porque hay que procesarlo, y entonces se complejiza. Tranqueras adentro somos muy hábiles para incorporar cultivos, pero luego agregarles valor y venderlos, tranqueras afuera, es complicado- respondió el agrónomo.
Ver: Agro.grafías: El poroto mungo, el verdadero brote de soja
Según López Anido, “si nosotros quisiéramos, en Bandera podríamos hacer 18 cultivos diferentes. De hecho, hacemos girasol y algodón, lo que mejora un poco la ecuación de los tres cultivos, pero podríamos producir también centeno y todo tipo de legumbres. Hay incluso, cultivos como el ricino, que da un aceite de altísima calidad industrial, pero que está aún en experimentación”.
El socio de Aapresid añade que se se hicieran otros cultivos, eso impediría que las malezas resistentes sigan proliferando como lo hacen actualmente por toda la geografía. “Si yo a las malezas les doy otro sistema productivo, les es más difícil germinar, porque les estoy cambiando la información de modo permanente. Pero si en cambio les doy siempre las mismas señales, les es más fácil adaptarse a las características ambientales. Por eso la diversificación de cultivos genera un valor importante”, enfatiza.
Obviamente, López Anido está a favor de una incorporación urgente de los denominados cultivos de servicio, en reemplazo del tradicional barbecho químico, que es un cambio que está proponiendo fuerte Aapresid a todos los productores.
Sobre estos cultivos de servicio, López Anido dijo que “son una tecnología de procesos, y no de insumos, Cuando vos hablás de soja RR, hablás de una tecnología de insumos. Por ejemplo, en mi lote anda muy bien el melilotus como cultivo de servicio, pero anda bien si lo hago solo en el 10% de la superficie. Ahora, no por ser un insumo que me anda bien, debo pretender hacerlo en todo el campo. Que lo haga en un 10% de la superficie no significa que esté mal hecho o que se haga poco; a lo mejor es justo lo que hay que hacer, y se vuelve un proceso que te habilita para otra cosa”.
Ahora bien, el problema para incorporar estas tecnologías de procesos sigue siendo el mercado, que no premia a los productores que busquen diversificar o modificar las formas de producir de las últimas dos décadas.
-¿El mercado paga por esa mejora de procesos?
-No. Repito. El sistema está organizado como describí antes. ¿A quién le puede interesar pagar un maíz más caro porque tiene un proceso especial? Por eso digo que nosotros podemos lograr esos mismos procesos de mejoramiento de campo con productos a los que podemos agregar valor. Vuelvo al poroto mung, que es un cultivo fantástico y que en sólo 90 días te da cosecha y te permite un servicio de fijación de nitrógeno. El tema pasa por si lográs comercializarlo y tener algún tipo de renta- respondió.
Otro desafío pendiente para amigar al agro con la sociedad, según el productor, debe ser el cambio de la matriz energética. “Yo creo que en algún momento va a cambiar; lo ilógico sería pensar que dentro de 60 años vamos a producir con la misma matriz energética basada en el petróleo”, se ilusiona.
“En Bandera, por ejemplo, tenemos viento, luz y producción de biomasa de sobra para generar energía sustentable, hasta con gramíneas perennes. Entonces, ¿Por qué tenemos que importar energía? ¿Cómo sería si fuéramos los productores los dueños de la energía? Cambiaría nuestro rol y nos pararíamos de modo diferente. Eso ya existe tecnológicamente, y en Río Cuarto lo están haciendo”, describe el inquieto productor.
En la región agrícola de Santiago del Estero donde produce López Anido, en cambio, “nos pasa que hoy no puede entrar otra desmotadora (planta procesadora de algodón) porque no hay electricidad suficiente para instalarla, y la que ya hay trabaja de modo limitado por la poca disponibilidad de energía”.
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