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La entrada Soledad Aramendi: “Mi mejor universidad fueron los quilombos familiares y económicos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Oriunda de Villa Cañás, Santa Fe, donde tiene el campo familiar, hoy Soledad vive en la ciudad de Rosario, a unos 200 kilómetros de allí. “Pero voy y vengo todo el tiempo y además mi número de celular sigue teniendo prefijo de Cañás para que cualquier gringo me encuentre”, contó entre risas en diálogo a Bichos de Campo.
Es hija única y siempre sintió la libertad de estudiar lo que quisiera y no por imposición o mandatos. Por eso se abocó en un principio a otras carreras ajenas al campo, primero medicina y luego arquitectura, pero en 2001, con 20 años de edad, decidió hacerse cargo de la empresa agropecuaria familiar a raíz de diversos problemas que aparecieron en medio de la gran crisis económica que se avecinaba con la implosión de la “convertibilidad”.
“Yo siempre le decía a mi papá que mi mejor universidad fueron los quilombos familiares y económicos a resolver. Cuando yo me metí en el campo, no estaba siquiera preparada, pero la defensa por lo propio pesó más y además pude rodearme de profesionales con los cuales terminé solucionando todos los problemas”, relató Soledad.
“Tuve que tomar decisiones económicas importantes, pero siempre lo hice consensuando con mis viejos y, por fortuna, pudimos entendernos y arribar a buen puerto. La intención era estar unidos los tres sin importar lo que pasara”, agregó.
Hoy, sin la presencia física de sus padres, Soledad emprende su labor codo a codo con otros profesionales que la ayudan en la tarea, mientras se aboca en paralelo a su función gremial en la SRR. “Siempre me fue mejor actuando bajo presión, porque siento que termino resolviendo mejor”, confesó.
El campo de Soledad, de escala mediana, en su momento tenía un planteo mixto, pero hoy sólo se dedica a la actividad agrícola. “Desde 2001 tuve una tormenta que duró unos años, y después siento que fue perder para ganar; es decir, seguimos con los granos pero tuve que deshacerme de las vacas; tuve que alquilar en un momento porque estaba parte del campo inundado y aparte porque no tenía espalda financiera para hacerle frente. Luego lo tomé para producirlo yo por las mías”, comentó.
Aunque Soledad no tenga más animales- tenía rodeo de cría con vacas Angus y Aberdeen Angus-, confiesa que su intención es volver a la actividad pecuaria. “Siempre digo que la agricultura es un lindo número, pero la ganadería es una pasión”, resaltó.

Su recuerdo de las dos grandes inundaciones que sufrió el campo y la zona en general, una en el 2000 y la segunda en el 2017, le deja un sabor amargo de a ratos. “Lo que tiene la llanura pampeana es que cuando hay grandes períodos de lluvias se complican los campos por el agua. La laguna La Picasa, de la cual estaré a unos 40 kilómetros aproximadamente, es como una gran masa de agua que genera presión sobre las napas; entonces, cuando estás en período grande de lluvias, hace que brote el agua desde abajo del suelo, y algún canal cercano también afecta”, indicó.
– Pudiste rehacerte muy bien, con tus padres y luego sin ellos
-Aprendí a aceptar las dificultades, porque cuando sentís que no podes producir, te genera una parálisis, y es lo que le pasó a mis viejos y que les impedía resolver. Por eso digo que aprendí a aceptarlos a ellos y los entendí perfectamente porque en 2017 lo viví en carne propia. Esto también se reflejó en mi lucha gremial, porque todo esto me llevó a querer solucionar problemas hídricos a nivel regional.
-¿Y cómo llegaste a la Sociedad Rural de Rosario?
-Empecé a hacer cursos vinculados a los agronegocios y ahí me invitaron a formar parte de la Sociedad Rural de Rosario en 2013, donde encontré un ámbito de pares, tanto productores como profesionales con los que pude compartir problemas y necesidades, y a la vez informarme con lo ultimo a nivel tecnológico e impositivo y administrativo. Desde 2017 adquirí un rol más activo y la misma situación me llevó a eso, sobre todo luego de la gran inundación de aquellos años. También me vinculé a nivel provincial y nacional buscando el apoyo de otras instituciones, como la Bolsas de Comercio de Rosario y la gente del canal San Antonio, a través de Carsfe, un brazo de CRA en la provincia de Santa Fe, para lograr soluciones, pero siempre nos chocamos con la voluntad política de turno. Trabajar en pos del bien común es algo que me llena como persona. Si yo por ejemplo necesito una obra hídrica regional para solucionar un problema individual, entonces eso te demuestra que tenés que luchar también por otros para lograr tu propio bien. Todos los lugares que gané o conseguí los logré trabajando. Hace cuatro años me ofrecieron ocupar el puesto de vicepresidente de SRR, un rol que se renueva cada dos años, así que llevo dos mandatos acompañando a Tomás Layús en la presidencia, quien también va por su segundo mandato.
-¿Cómo es un día a día en tu vida?
-Hay días que estoy todo el día en el campo o viajando, yendo y viniendo, y hay otros días que estoy en la Rural o en mi escritorio resolviendo cuestiones propias y de la entidad. Tengo gente que me ayuda en el campo y eso hace más llevadera la tarea. Siempre pude delegar en profesionales y eso también es bueno.
-¿Y cómo estás hoy?
Hoy también estamos atravesando un gran cambio, y por eso quiero marcar que soy parte de una gran convocatoria que habrá a nivel nacional el próximo viernes 9 de julio. La gente que la está generando va desde autoconvocados a integrantes del mundo gremial. Estamos logrando un campo unido con gente de otras actividades económicas también. Es un reclamo para alentar medidas para el trabajo y la producción. Es también en descontento hacia el manejo político económico del gobierno nacional. Hay comerciantes, del rubro turismo, docentes, personal de la salud. Apunta a todos y muchos de ellos están en la organización. El punto neurálgico será San Nicolás (Buenos Aires), ruta nacional 9, kilómetro 228, entre los dos puentes. Habrá un gran escenario montado y una extensión de 3 kilómetros para vehículos, para que la gente pueda estar con el distanciamiento social debido y los cuidados en pandemia. Por eso habrá un gran equipo de sonido. Hablarán diversos representantes, todavía no tenemos estipulada la cantidad de voceros y cerraría el acto la Mesa de Enlace Agropecuaria. Quiero marcar que más allá del descontento con el gobierno actual, es una organización totalmente apartidaria y los símbolos que nos unen son la solidaridad y la empatía, porque pienso que de esta salimos entre todos.

– ¿Qué es para vos el campo argentino? ¿Cómo lo ves? ¿Viste la actividad agropecuaria en otros países?
-Para mí el campo argentino genera una de las redes de actividades más trascendentes de la economía del país. Además de ser el responsable de producir los alimentos que consumen los argentinos, sus exportaciones proveen al país más del 66% de las divisas, lo que lo convierte en un partícipe necesario del crecimiento económico y cuyo potencial no tendría límites si tuviéramos otras políticas de gobierno. A diferencia de otros países, en donde se subsidia al sector agropecuario, en Argentina se cobran impuestos confiscatorios por producir, y a pesar de eso, el país logra competir y ganarle mercados a los países que sí subsidian a sus productores agropecuarios; esto se debe en gran parte al potencial e innovación argentina en materia productiva de alimentos. Si no nos cobraran tantos impuestos por producir, si eliminaran los impuestos a los alimentos y productos, cuántos problemas solucionaríamos.
-Frente al concepto común en el que se suele recaer de que “el campo es un mundo liderado por hombres”, ¿Qué pensas? ¿Es tan así? ¿Vos crees que hay machismo en el sector agroindustrial?
-Por un lado es verdad que la mayoría de los productores de la actividad agropecuaria son hombres, sin embargo, eso no significa que las mujeres tengan un rol secundario en dicha actividad; las mujeres siempre estuvieron acompañando a los hombres, como desde los inicios de la historia humana. No obstante hoy las mujeres que formamos parte de la actividad agropecuaria y tenemos una mayor visibilidad hacia el resto de la sociedad, y por lo tanto una mayor preponderancia.

– ¿Qué cambiarías del campo argentino si estuviera en tus manos ese poder?
-Lo que me gustaría cambiar del campo argentino es la visión del campo como el ‘granero del mundo’; me gustaría que la Argentina sea la rotisería del mundo, y para llegar a eso necesitaríamos generar una cadena productiva y una red de comercialización que a su vez genere muchas nuevas fuentes de trabajo genuino. Creo que estamos a la vanguardia de investigación biotecnológica para producir más alimentos y de mejor calidad, sostenibles y sustentables con el medio ambiente. Podemos ser la fuente educativa del mundo en materia de producción de alimentos. Lograr un desarrollo de infraestructuras necesarias para que cada rincón de la Argentina pueda producir alimentos para muchos más que 400 millones de seres humanos.
– ¿Consideras que hay que hacer política para lograr cambios?
-Si, efectivamente la política es necesaria para consolidar los cambios que necesita el país, ya sea en la economía, la seguridad o la educación. Se necesitan acuerdos y consensos de políticas a corto, medio y largo plazo, más allá del color político de turno, imprescindibles para el crecimiento sostenible del país.
Es prioritario que el gobierno forje expectativas sólidas de crecimiento económico, a través de políticas, como la reducción de impuestos en los sectores productivos y en los alimentos, tan básicas y necesarias de implementar de forma inmediata para el desahogo de la sociedad; establecer políticas monetarias razonables para bajar la inflación, mantener las reglas de juego del mercado internacional y generar las condiciones macroeconómicas para atraer inversiones privadas a la Argentina. Además de políticas de inversión pública en infraestructura: imprescindible para el desarrollo energético, económico, productivo y comercial en el país y con el mundo.
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]]>La entrada Una pastorcita ante todo: Luciana Martínez, desde su mundo entre ovejas, asegura que “no me veo haciendo otra cosa” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Aquella literatura para niños intenta dejar como enseñanza que siempre hay que hacer frente a las adversidades, no rendirse y perseverar en lo que se desea. Lo mismo se planteó Luciana cuando le propuso al dueño de un campo en Altamirano, partido bonaerense de Brandsen, hacer crecer su planteo de ovinos.

“Cuando vinimos a trabajar a este campo con mi esposo quise hacerme cargo de los 20 ovinos que tenía el dueño que nos contrató. Entonces le propuse que si nos quedábamos yo me haría cargo de ellas obteniendo un porcentaje de las ventas y quedándome con la lana. Quiero llegar a las 100 madres y estoy cerca de lograrlo”, relató entusiasmada Luciana en diálogo con Bichos de Campo.
Oriunda de Gualeguay, Entre Ríos, Luciana se mudó a Altamirano hace 13 años. Hoy tiene 65 madres entre borregas de primera parición y ovejas de segunda y tercera parición. “La realidad es que no llegué aún a las 100 cabezas porque la prioridad del campo en el que trabajo es la producción ganadera bovina, por ende tuvimos que achicar producción ovina para dar lugar a las vacas. Se complica invertir y el pasto es muy medido”, explicó.
Desde que llegó en 2008 a Altamirano, en pleno conflicto campo versus Gobierno por la famosa resolución 125, Luciana se abocó de lleno a la actividad ovina del campo mientras que su esposo lo dedicó a la producción bovina. “Cada uno en lo suyo pero trabajamos a la par. Ambos amamos el campo”, confesó.
Observar uno de los tantos videos que Luciana compartió con la redacción en su día a día basta para percibir su encanto por las ovejas. No parece ser un trabajo que le pese. Al contrario, lo hace con gusto y entusiasmo. Pasarlas al potrero para que coman, atender a algún corderito guacho o algún parto, y encerrarlas para protegerlas de los depredadores. Hasta las llama por su nombre a muchas de ellas. “No me veo haciendo otra cosa”, afirmó.
-¿Desde cuándo sentís esta pasión por las ovejas?
-Las ovejas me gustan desde que tengo uso de la razón. Recuerdo cuando iba al jardín de infantes en Entre Ríos y nos tocaba algún paseo por la sociedad rural de allí. Yo siempre me quedaba parada en los corrales de ovejas, mirándolas fijo. Me llamaban la atención.
-¿Y estudiaste algo relacionado al campo?
-Tengo primario y secundario completo. Al momento no me inscribí en ninguna carrera pero es una asignatura pendiente que tengo. Actualmente estoy haciendo un curso de ovinos dictado por el INTA. Consiste en tomar ocho clases y me gusta porque accedo a experiencias de otros productores y me interiorizo en torno a la ley Ovina incluso.

-¿Y tu familia colaboró en ese gustito por el campo y las ovejas?
-Mi familia me acercó al campo. Mis viejos siempre fueron empleados rurales. Cuando nos vinimos en el año 1989 a Buenos Aires, mi papá se instaló como empleado rural. Yo tenía 9 años y recuerdo que desde chica ya andaba entre ovejas y demás animales de campo. Mis abuelos tenían campo por otra parte, así que imposible no tener ese arraigo a lo agropecuario, a los animales y a la producción.
-¿Y cómo manejás tu plantel de ovejas?
-A las 65 madres las manejo sobre un total de 7 hectáreas. Ahora por ejemplo están en plena parición. Hacemos servicio continuo, lo que quiere decir que los carneros permanecen todo el año con las ovejas. La genética es de Tomás Estrada y la raza que crío es Hampshire Down, los famosos caras negra, muy nobles tanto en carne como en lana. Pero por sus cuidados requieren que estés encima todo el tiempo.
-¿Cuánto tiempo de tu día empeñás en cuidarlas y manejarlas?
-Mirá. La realidad es que la vida y las actividades del campo tienen que gustarte. Tenés que sentirla realmente en las venas, y sobre todo el ovino porque requiere un día a día permanente. Preocupan mucho los depredadores, en nuestra zona más que nada los zorros y los caranchos aunque también los perros vagabundos asilvestrados que andan por ahí. Por eso me manejo con perros comunes para controlar a los depredadores, atándolos cerca del corral de encierro. Yo digo que el del ovino es un trabajo diario, requiere tiempo y pasión, hay que encerrarlos cada día, no importa si hay sol, si llueve, si hace calor o frío. Ellos requieren mi atención permanente.
-¿T entonces cómo es un día en tu vida?
-Mi día arranca muy temprano, a las 7. Unos mates amargos y un pan casero tostado, más ahora con el frío, me gusta tostarlo sobre la salamandra, y al toque me voy a ver a los animales. En mi recorrida no están sólo los ovinos. Aunque ellos son lo más importante de mi trabajo, tengo también gallinas ponedoras, pollos parrilleros y le dedico tiempo a una huerta. Las semillas me las provee el INTA. Luego tengo las actividades propias de mi casa. Arranco por las ovejas, las saco de un potrero y las paso a otro para que pastoreen hasta las 4 o 5 de la tarde, cuando las vuelvo a encerrar para que pasen la noche protegidas de los depredadores.
Si hay algún corderito guacho le caliento leche y se la suministro yo. Luego de ver a las ovejas, visito a los pollos parrilleros, a los que debo alimentar cada día, al igual que a las ponedoras, las cuales son criadas libres de jaula.
En estos días también dedico tiempo a juntar algo de leña en el monte y acumular carretillas para abastecer luego la salamandra.
-¿Te queda tiempo para el descanso u otra actividad?
-No lo veo como una carga, por eso digo que el campo te tiene que gustar de verdad. En mis tiempos también coordino un grupo de mujeres rurales de Altamirano donde buscamos capacitarnos y aprender más para independizarnos en lo laboral y tener la posibilidad de proyectar cosas. La pandemia no nos ha dejado juntarnos pero continuamos nuestras gestiones por WhatsApp. Nuestra idea es conseguir un lugar para poder seguir con las charlas y las capacitaciones.

-Hablando de mujeres, ¿considerás que encontraron un espacio activo y visible en el mundo agropecuario?
-Creo que las mujeres somos más visibles ahora que surgieron diversos grupos feministas luchando por sus lugares, pero es cierto aquello de que el campo siempre se vio como un universo masculino. En lo personal yo no noté exclusión porque mi esposo siempre me dio espacios. Ambos trabajamos a la par en el campo, pero sí considero que sigue habiendo machismo. Por eso creo que deberíamos meternos más en política y tener más cupo femenino, pero con mujeres reales de campo, que conozcan la problemática, y de todas las provincias, no sólo de Buenos Aires. Me gustaría que haya más referente que hayan vivido y sentido el campo, que sepan lo que es trabajar un día de lluvia y salir en caballo cuando es necesario. Falta todavía pero de a poco vamos cobrando cada vez más visibilidad. No te niego que me gustaría que se escuche más a la mujer rural porque todavía no está ese equilibrio que yo quisiera entre hombres y mujeres, ni en el tipo de trabajo ni en los sueldos. Imaginate que si eso cuesta en la ciudad, en el campo es peor.
Fábula La Pastorcita, de Rafael Pombo
Pastorcita perdió sus ovejas
¡y quién sabe por dónde andarán!
-No te enfades, que oyeron tus quejas
y ellas mismas bien pronto vendrán.
Y no vendrán solas, que traerán sus colas,
Y ovejas y colas gran fiesta darán.
Pastorcita se queda dormida,
Y soñando las oye balar.
Se despierta y las llama enseguida,
Y engañada se tiende a llorar.
No llores, pastora, que niña que llora
Bien pronto la oímos reír y cantar.
Levantóse contenta, esperando
Que ha de verlas bien presto quizás;
Y las vio; mas dio un grito observando
Que dejaron las colas detrás.
Ay mis ovejitas ¡pobres raboncitas!
¿dónde están mis colas? ¿no las veré más?
Pero andando con todo el rebaño
Otro grito una tarde soltó,
Cuando un gajo de un viejo castaño
Cargadito de colas halló.
Secándose al viento, dos, tres, hasta ciento,
Allí unas tras otra ¡colgadas las vio!
Dio un suspiro y un golpe en la frente,
Y ensayó cuanto pudo inventar,
Miel, costura, variado ingrediente,
Para tanto rabón remendar;
Buscó la colita de cada ovejita
Y al verlas como antes se puso a bailar.

La entrada Una pastorcita ante todo: Luciana Martínez, desde su mundo entre ovejas, asegura que “no me veo haciendo otra cosa” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Pese a los golpes de la vida, Soledad Diez de Tejada es una ganadera feliz: “En el campo es donde me siento plena, es mi lugar en el mundo” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Pero resulta que me encontré con una Soledad encantadora que, a pesar de estar atravesada por una herida profunda, que la parte en dos, también está desbordada de un optimismo contagioso y necesario para seguir adelante. Tiene el motor de otros cuatro hijos y su vida en el campo, en Sancti Spiritu, al sur de Santa Fe.

“¿Sabías que hace poco perdí un hijo?”, me dice en el teléfono, y claro, a mi voz se le hace un nudo. ¿Cómo la saco de esta? Y entonces, pienso en su vida en el campo.
–¿Qué es el campo para vos Sole?
-El campo argentino es mi vida. Ahí, en el campo es donde me siento plena. Es mi lugar en el mundo. Yo me casé con el papá de mis hijos, y cuando tuvimos que plantear dónde vivir, le dije a las claras que sería en el medio del campo. Crié a todos mis hijos allí. Ellos son muy de campo. Su pasión son los caballos: son poleros. Mi hijo Fede, el que falleció, se definía un gaucho polero. Así que para ellos el campo es su medio de vida, su hábitat natural. No concebimos la vida si no es en el campo”, remarca Soledad.
-¿Y hay alguna conexión tuya con la ciudad?
-Por supuesto. Al venir de familias citadinas, siempre tenemos la conexión con la ciudad. Pero siempre es desde el campo a la ciudad. Siento que vivir en el campo nos da otro espíritu, y creo que logré una educación muy acorde a eso que buscaba en mis 5 hijos.
-Cinco hijos y solo una Sole. Siento que me desborda. ¿Cómo complementás esa diaria de ser mamá con tu trabajo en el campo?
-Mi actividad diaria la complemento con mi actividad de madre. Ambas están conectadas y son parte de mi vida. Cuando mis hijos tienen algún partido importante voy a verlos. Soy muy sociable. Me gusta ir al club, jugar al golf, pero lo que más me llena es ver a mis chicos con sus caballos. Obviamente estoy reacomodando toda mi vida porque perder un hijo no es nada fácil.
-Contame más de eso. De tu labor en el campo. ¿Cómo es?
-La vida me acercó al campo. Mi papá es ingeniero industrial con un máster en acería. Pero cuando se murió el mayordomo del campo, decidió irse para allá, para acomodar cuentas, números, producción. Y bueno, terminó quedándose en el campo. Y a los meses de nacer, yo también estaba viviendo ahí, en Sancti Spiritu, en General López, al sur de Santa Fe. En ese campo me crié, en ese campo me siento contenida y en ese campo es donde soy feliz, peléandola como todo el mundo, y poniéndole mucha garra a la producción en este país.
–¿Y cómo repartís el laburo con tu papá?
-Mis hermanos varones se dedican a otra cosa, así que yo a mi papá lo asisto absolutamente en todo, desde lo productivo hasta lo administrativo. Mi papá vive en Buenos Aires, tiene 88 años. Entonces planifico alguna visita a Buenos Aires para ir a verlo, y aprovechar a sentarme con él para ajustar y mejorar cosas. Siempre combino visita de hija con reunión de trabajo. Y como en toda empresa familiar, uno sabe que hay una cuota de tecnicismo, una cuota de psicología y una cuota de magia.
Pero yo me llevo muy bien con mi padre, y me encanta trabajar con él. Los problemas de trabajo los resolvemos bien, lo que nos permite, luego, tener una excelente relación con vino y picada de por medio. Pero para que esto pase, creo que las empresas familiares tienen que tener los límites muy bien puestos; todo tiene que ser muy claro, sino se generan rispideces entre las partes y se vuelven difíciles de sostener. Una empresa familiar debería manejarse como una empresa sin el componente afectivo y emocional, y fuera de la empresa, ser una familia. Es difícil de lograr ese equilibrio, y es por eso que hay que hacer un esfuerzo enorme.

-¿Nunca sentiste machismo en tu área de laburo?
-Mirá, mi padre era muy machista, pero hoy la que le maneja todo soy yo. Creo que los hombres inteligentes se amoldan muy rápido, y las mujeres inteligentes sabemos manejar este tipo de situaciones para que pasen sin roces. Además, el mundo cambia, no es estático.
-¿Sentís que tuviste que prepararte mucho para ganar esa responsabilidad que hoy tenés?
-Yo siempre me preparé. Primero estudié la carrera de Técnico Universitaria en Producción Agropecuaria en la UCA. Y cuando le dije a mi papá que me iba a ir a vivir al campo sola y soltera, puso el grito en el cielo, por lo cual tuve que estudiar en el Business Management Olds College. Y luego, durante la vida, estudié un montón de otras cosas, por ejemplo, soy ex CEIDA e hice el curso de Operador de Granos de la Bolsa de Comercio de Rosario. Nunca dejo de estudiar, y a pesar de que pasaron pocos meses de la muerte de mi hijo, ahora estoy haciendo un curso online de Ganadería y Alimentación.
-¿Cómo ves el campo argentino?
-Al campo argentino lo veo totalmente desdibujado. Creo que el ciudadano general no tiene idea acerca de lo que es el campo y lo que genera, ni entiende que el país, en su 90% de geografía, es campo. Todo lo que producimos debe tener una vuelta de tuerca para agregarle valor desde lo alimentario. Somos Argentina, somos llanura y cordillera, y también paisajes áridos. Entonces tenemos que darle mucha más importancia a las economías regionales y su rentabilidad, para que las personas puedan quedarse en sus lugares y no tengan que migrar buscando otras posibilidades.
-¿Conocés realidades agropecuarias de otros países?
-Si. Por ejemplo en España, donde mi papá, que es español, tuvo campo. Allá todo es subsidiado. ´No hagas trigo porque te lo pagamos a precio internacional´. Ese tipo de cuestiones es lo que hace que el campo argentino siempre esté en inferioridad de condiciones. A los demás les dan y a nosotros nos sacan, pero a pesar de eso, siempre estamos. No sé si es porque afinamos el lápiz o porque usamos la imaginación, pero la realidad es que siempre competimos en desigualdad de condiciones frente a otros productores de alimentos, y sin embargo, siempre estamos a la vanguardia. Debe ser por todos los palos en la rueda que nos pone el sector político, que vive en un frasco de mayonesa, y no entiende cuál es la identidad cultural de la Argentina, que es el campo.

-Quiero saber: ¿Cómo es un día de tu vida en el campo? ¿Son todos iguales?
-Ningún día es igual al otro en la vida diaria del campo. Yo me organizo levantándome temprano, preparando el desayuno, llevando a Benjamín, uno de mis hijos, al colegio. Luego aprovecho para ir al banco, voy a la comuna, al contador, voy a comprar algún repuesto. Soy la ´señora listita´, porque siempre voy con una listita de cosas que tengo que hacer, y voy tachando con la birome las que intento cumplir en el día a día.
Nunca me falta el café de antes de las 12. Si es en el pueblo, lo tomo en el club social y si no es en el bar de Venado Tuerto, donde nos encontramos con muchos amigos. Luego vuelta a almorzar, y si llego a buscar a mi hijo al colegio, sino coordino con alguien. Las tardes son más exclusivas en el campo. Salgo a recorrer porque tengo distancia entre los dos campos en los que trabajo. En uno de ellos hay ganadería, así que debo ir siempre hasta allá a ver los animales.
Y luego, el constante renegar de conectividad. Si no es la impresora, es la internet. Lo entiendo, el campo nunca fue un privilegiado en cuanto a los servicios. Siempre tenés que tener una camioneta para moverte. Son los gajes de vivir acá. Es un poco menos confortable. Pero en invierno prendemos la salamandra y vuelve a despertar la pasión de vivir acá, por ende, los contratiempos y falta de confort no me amedrenta.
-Vos tenés una raigambre dirigencial histórica ¿También incursionaste en política local?
-Soy peronista, pero nunca kirchnerista. En un momento pudimos tener nuestro propio partido, Unir, junto a Alberto Asseff, el cual, luego de ser intervenido por cuestiones non sanctas, hizo que me volviera al PJ, y el año pasado fui candidata a senadora provincial en la interna del PJ. Luego de la 125, fundamos la Mesa Nacional Peronista Agropecuaria, lo que derivó en una fundación como Think Tank de distintos espacios políticos, que se llama Fundación Agroalimentaria Argentina, de la cual soy presidenta. Eduardo García Maritano es el vice y coordinador de los equipos técnicos. En el tema gremial soy socia de Sociedad Rural Argentina (SRA), soy socia de Federación Agraria Argentina (FAA) delegación Sancti Spiritu, y también soy socia de la Asociación de Productores Agropecuarios de Junín (APAJ).
-Bueno, vamos a la pregunta que me gusta hacerle a todas, ¿Te considerás una mujer de riendas tomar?
-¿Que si soy una mujer de riendas tomar? Si, lo soy. ¡Claro! Soy muy controlada, pero cada vez que hay que hacer algo, desde reuniones para ponerse a trabajar por los caminos o por el agua, me llaman, porque soy de gestionar contactos y de patear puertas al director de Hidráulica o al director de Vialidad Provincial si hay que hacerlo. De no ser una mujer de riendas tomar, no hubiera podido criar y educar a mis hijos, uno de ellos hiperkinético y otra hija con otro tipo de patología. Pero me gusta seguir adelante, con lo bueno y lo malo de la vida.

-¿Ves diferencias en el liderazgo entre hombres y mujeres, o sentís que eso ya está superado?
-Por una cuestión de tradición y de épocas puede ser que haya habido liderazgo de hombres, pero hoy no veo al campo liderado por ellos. Tal vez se vea más en las entidades, donde los estatutos están anquilosados, llenos de telarañas y donde se dificulta la elección de alguien distinto. Pero sí pienso en otras entidades, como Aapresid, que tuvo su primera presidenta mujer, Pilu Giraudo, y nadie se horrorizó. Todo lo contrario. Creo que Pilu lo manejó muy bien y se destacó mucho como presidenta. Hoy llegás y en cualquier empresa agropecuaria tenés una mujer. Fijate quiénes por lo general van al contador y llevan los números. Tal vez no veas muchas mujeres arriba de una máquina, pero sí hay mujeres en las empresas agropecuarias.
Yo creo que tanto hombre como mujer se complementan. Al tener dos visiones hormonal y biológicamente tan distintas, los aportes de un lado y otro se suman. Creo que el sector agroalimentario no es machista, sino que dentro de él hay machistas, pero también hay hombres inteligentes y seguros de si mismos, que en nada se ven amenazados por la presencia o ascenso de mujeres en cargos directivos o en sus mismos puestos. Por eso no es algo que me preocupe o que me quite el sueño, y lo digo viniendo de una familia machista que se tuvo que aggiornar.
-¿Qué cambiarías del campo argentino?
– Si pudiera, le daría más posibilidades a los argentinos que sienten sus raíces en el campo, para que puedan acceder a su propia tierra. Pero eso se hace con ayuda de medidas macroeconómicas. Lo que pasa es que generalmente se toman medidas como expoliar, donde siempre los primeros que se desprenden de su tierra son los más chicas. Así no podremos crecer.
Otra de las cosas que cambiaría es la representación gremial del sector agropecuario. Creo que eso quedó obsoleto, más allá de que la Mesa de Enlace haya sido un hito durante la época de la 125. Pero a partir de ahí, el que no vio que hay que dar un giro de 180 grados, dejando a la Mesa como una foto folclórica de un momento de la historia del campo, y buscar una representación seria que tenga lobby en el Congreso y que tenga poder real en política, creo que no estaría viendo la realidad.
No hay que inventar la pólvora. Podemos copiar a nuestros vecinos. Tenemos gente preparada y que ha estudiado. Basta con ver casos como el sistema brasilero o norteamericano, los cuales funcionan muy bien porque tienen una interacción público gremial increíble, fuerte y con poder real, territorial, económico y de decisión. Nueva Zelanda tiene su propio partido del campo y te puede dar vuelta una elección. Si no arreglaste con el sector agropecuario, se apoya el otro partido y se inclina la balanza. Nosotros en cambio somos una banda, donde cada uno va para su lado, en una especie de ´Sálvese quien pueda´. No quiero juzgar a nadie, pero siento que el argentino se ha vuelto, quizás por las circunstancias, un ser individualista y ventajero, y en eso mismo ha caído el sector agropecuario.
Por eso me da bronca cuando dicen que el sector agropecuario es la reserva moral. La realidad es que no somos la reserva moral de nada. Es un negocio, y la corrupción, la mediocridad, el ventajismo y la desidia cortan la sociedad en lo horizontal, cruzando todos los sectores. Como miembro del sector, me gusta que hagamos autocrítica y yo veo que somos muy pocos los que la hacemos. Si no hacemos esto, y si no reconocemos nuestros errores, nunca podremos dar un paso adelante.
-Entonces, ¿hay que hacer más política?
-Hay que hacer política para lograr cambios, pero repito, hay que tener una estrategia sectorial, no una estrategia individual o de sector dentro de sector. Yo creo que en 2008 la Mesa de Enlace le erró. Debió sentarse con los pensadores, con politólogos, con filósofos, con teólogos, con abogados y con especialistas en derecho electoral, y armar una estrategia. A lo mejor era tratar de meter actores en los distintos partidos. A lo mejor era tener un único partido con una columna vertebral, y dejar al resto librado a la conciencia de cada uno. No soy yo quizás la que tenga la respuesta, pero sí pienso que había que sentarse a pensar y proyectar qué sector agropecuario insertado en la política queríamos. No se hizo eso, todo lo que se hizo fue sin estrategia y sin contención. Siento que volvimos a foja cero. La desprolijidad en la falta de estrategias y de pensamiento profundo e ideológico del sector falló.
-¿Tienen que salir más las mujeres a mostrarse en lo suyo?
-Yo creo que ninguna mujer está escondida. Es mas, siempre tuvo un rol protagónico, primero, por ser un sujeto muy importante en la familia. Hoy tomó más visibilidad quizás, y este nuevo empoderamiento hace que los medios o la sociedad pongan más la mirada en ellas. En los años ´50 no había redes sociales, y sin embargo, las que tiraban de la teta de las vacas eran mujeres.
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