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La entrada Del Perito Moreno a Douglas Tompkins: En la Argentina las áreas protegidas creadas por privados tienen una larga historia, pero se necesita mucho más se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En este contexto la conservación privada, que es la voluntad de un propietario de destinar una porción de su territorio a la conservación de la biodiversidad, es clave.
“Lo ideal para que estos paisajes sean realmente sustentables es que la proporción de producción y de naturaleza sea 50-50”, expresa Gustavo Aparicio, naturalista y director de conservación de la Fundación Hábitat & Desarrollo. “En nuestro país podríamos empezar por establecer que al menos el 20 o 30% de cada unidad productiva permanezca silvestre; ese es el enfoque necesario para fortalecer la conservación voluntaria como una de las mejores estrategias de conservación basada en áreas”.
La conservación privada tiene larga data en nuestro país: en 1904 Francisco “perito” Moreno donó 7.500 hectáreas para la creación del actual Parque Nacional Nahuel Huapi; en 1937 Martín Tornquist cedió a la provincia de Buenos Aires 3.228 hectáreas en las Sierras de la Ventana, para preservar la belleza paisajística de esa zona; en 1950 la provincia de Entre Ríos aceptó la donación de Enrique Berduc de 600 hectáreas próximas a la ciudad de Paraná para fundar una escuela conservando el monte nativo.
Ya más cerca de la actualidad, en 1998, la pareja danesa de botánicos Troels Pedersen y Nina Sinding, donaron sus dos estancias (1.700 hectáreas) para la creación del PN Mburucuyá. Y en 2018 otra pareja de conservacionistas extranjeros, Douglas Tompkins y Kristine McDivitt, donaron 158.000 hectáreas para la creación del Parque Nacional Iberá.
“En 1993 la Fundación Hábitat y Desarrollo creó la Red Hábitat de Reservas, vinculándose primero a productores agropecuarios del norte santafesino, a la Universidad Nacional del Litoral y a empresas forestales de la cuenca del río Uruguay”, detalla Aparicio. “Actualmente poseemos una reserva propia en Misiones (Tenondé) y se encuentra en tratativas para adquirir una propiedad en la meseta de Somuncurá (Río Negro); además administramos las Reservas Asociadas Cañadón del Duraznillo y Monte Loayza, en la provincia de Santa Cruz, propiedad de estancia La Madrugada”.

A la vez, otras organizaciones ambientales también poseen programas de reservas privada, como la Fundación Félix de Azara y la Fundación Pro Yungas. Desde 1995 la Asociación Aves Argentinas administra la reserva privada El Bagual, en Formosa, propiedad de la empresa Alparamis.
“La conservación voluntaria en la Argentina ha sido principalmente un compromiso personal y familiar de muchos propietarios rurales motivados por el genuino interés de preservar espacios silvestres en sus predios, a los que no llaman reservas pero que son espacios silvestres protegidos de hecho”, reflexiona Aparicio.
“Afortunadamente en la última década se consolidó la Red Argentina de Reservas Naturales que le dio envergadura a este movimiento sobre el cual diez años atrás había todavía mucha desconfianza; además la Red ayudó a visibilizar que la mitad de las provincias no contemplaban a las reservas privadas en sus legislaciones, por lo cual no podían recibir ningún reconocimiento ni auxilio estatal. Actualmente la cantidad de provincias que incluye la figura de reserva privada se incrementó, aunque todavía falta mucho por hacer”.
Con respecto a esto de la desconfianza, el naturalista menciona que durante mucho tiempo se escuchaban frases como “lo hacen para lavar dinero” o se asociaba a la idea de que las reservas privadas sólo podían servir como apoyo a las reservas estatales, funcionando como áreas de amortiguación pero que no eran herramientas serias de conservación. “Al interior del movimiento de conservación voluntaria todavía existe cierta desconfianza entre los propietarios familiares y las empresas, por lo cual generalmente no integran espacios comunes”.
“En Latinoamérica existen redes nacionales de reservas privadas desde hace dos o tres décadas. La Argentina vino a sumarse a un movimiento ya existente que tiene mucho impulso en países como Colombia, Nicaragua, Chile o Costa Rica”, destaca.
“Algo notable al observar las áreas protegidas de otros países, es que incluyen reservas comunitarias protegidas por pueblos indígenas o comunidades locales. Esto es común en lugares como la Orinoquia, el Amazonas, el Chaco o las selvas centroamericanas y es un fenómeno que aquí no ocurre todavía”.
Según el especialista, entre las medidas más valoradas por los propietarios se destaca el apoyo técnico para la elaboración de planes de manejo y la presencia de guardaparques provinciales que recorran las áreas para controlar la caza furtiva. A la vez, como en la mayoría de las reservas privadas hay gente viviendo, cuentan con límites definidos y caminos, están en mejor situación que las reservas provinciales en cuanto a `control y vigilancia`, que suele ser el rol principal para el cual se contrata a un guardaparque.
“En las reservas privadas se emplean agentes de conservación para realizar tareas de mantenimiento de senderos y de infraestructura de uso público, apertura y mantenimiento de cortafuegos, combate de incendios, control de especies exóticas, acompañamiento de investigadores, atención a visitantes o tareas de educación ambiental”, explica Aparicio. “Para cumplir con estas tareas cada vez es más necesaria la creación de brigadas ambientales que puedan contratarse por 2 o 3 meses para realizar algunas acciones, tal como lo hacen los prestadores de servicios agropecuarios o forestales con personal especializado”.
–¿Cuál es el principal problema de la conservación privada en la Argentina?
-Que no es para siempre.
-¿Por qué no?
-Porque depende del pasar económico del propietario y, en caso de fallecimiento, de la voluntad de sus hijos o herederos.
-¿Cómo se puede solucionar esto?
-Podría adoptarse el modelo de Brasil que en 1990 creo las Reservas Particulares de Patrimonio Natural (RPPN) bajo la órbita del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio). La constitución brasileña de 1988 otorga una función social a la propiedad y en ese contexto se crearon estas reservas privadas, voluntarias, gravadas a perpetuidad. Se declara ante el registro de inmuebles el nuevo estado de la propiedad convertida en Reserva, reciben ayuda impositiva y esa situación no puede ser revertida. Son más de 500 en todo Brasil.
-¿Solo los ricos hacen estas cosas?
-Ya no. Hoy mucha gente vende su departamento y compra un par de hectáreas en lugares con alta biodiversidad para hacer reservas. Son personas que quieren restaurar su relación con la naturaleza y es un movimiento que está creciendo en toda América Latina.
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]]>La entrada Manejo holístico: Ovis 21 lanzó los nodos regionales con el propósito de crear un gran mercado de carnes y lanas regenerativas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>De nuestro archivo: ¿Qué es Ovis 21? Una empresa que pretende regenerar los campos degradados exprimiendo el “jugo de cerebro” de los productores
¿Qué implica la ganadería regenerativa? Se trata de un método de gestión que contempla dejar “descansar” el tiempo suficiente a las especies –tanto nativas como foráneas– presentes en un pastizal para promover una recarga de biomasa aérea y subterránea que contribuya generar una acumulación progresiva de carbono en el sistema, de manera tal que, además de los beneficios ecosistémicos promovidos, puedan eventualmente generarse créditos de carbono comercializables.
“La primera y principal razón de esta estrategia de nodos es que nos encontramos ante el desafío de acompañar la curva exponencial en el crecimiento de la ganadería regenerativa. Nosotros con una estrategia centralizada desde Buenos Aires estábamos siendo un poco cuello de botella del crecimiento”, señaló a Bichos de Campo Juan Pablo Borrelli de Ovis 21.
La segunda razón fue la identificación de muchos profesionales que no contaban una estructura en la cual insertarse y aplicar este tipo de manejo productivo. “Se empezaron a formar grupos en distintas regiones del país, que tenían equipos técnicos sólidos y buenas oportunidades para crecer, pero no tenían una estructura y nosotros no le podíamos dar un paraguas dentro de Ovis”, afirmó Juan Pablo.
Fue así que se planteó la necesidad de federalizar la actividad para formar equipos de trabajo que pudieran replicar la metodología de Ovis 21 en cada rincón del país. Para eso la empresa abrió una convocatoria regional.
-¿Qué requisitos tenían que cumplir los interesados?- preguntamos a Borrelli.
-Los participantes y el responsable del equipo debían haber cursado y terminado la especialización en manejo holístico. Por otro lado, tenían que demostrar solidez técnica y capacidad para implementar el paquete de herramientas que nosotros ofrecemos. Después, demostrar un espíritu alineado al propósito que tenemos como red, de regenerar tierras a gran escala.
Actuando como nodo en la Argentina del Instituto Savory, una ONG que persigue la regeneración de los suelos a nivel global, Ovis 21 está autorizado para brindar cursos y capacitaciones en manejo holístico en su Escuela de Regeneración. Las mismas son tanto virtuales como presenciales, aunque prontamente podrán ser dadas por diferentes equipos regionales en sus propias comunidades.
“De los 20 equipos postulados, ingresaron 14, que cubren un territorio bastante amplio del país. Estamos en 18 provincias con equipos en el NOA, el NEA y en la Patagonia. El lugar donde más concentrados están es en la provincia de Buenos Aires, en donde hay cuatro nodos en este momento”, señaló Borrelli.

-¿De qué forma trabajarán estos equipos?
-Pueden trabajar con productos o trabajar en forma individual. Su principal actividad es el acompañamiento en terreno a productores, pero nosotros también vamos a generar las capacidades para que ellos mismos puedan dar las capacitaciones que tenemos en la Escuela Regenerativa, especializada en manejo holístico.
-¿Qué esperan lograr a futuro con estos nodos?
-Apuntamos a generar una escala que nos permita tener una cadena de comercialización de productos regenerativos. Uno de ellos es la carne y otro las lanas regenerativas con las que venimos trabajando mucho en el sur (del país). Tenemos ese “expertise”, pero queremos apuntar a generar una vía de comercialización para todos esos miles y miles de novillos que se van a producir 100% a pasto en sistemas regenerativos. También queremos poder implementar en terreno proyectos a escala: es una potestad que queremos que tengan los nodos.
Mirá la nota que hicimos sobre Ovis 21 en 2019:
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]]>La entrada Luego de trabajar con sistemas agroforestales en el exterior, Ignacio Del Carril regresó al país para adaptarlos al suelo argentino se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Desde mayo trabaja en el campo que administra el agrónomo Juan Pereyra en la zona de Tandil, que se encuentra abocado a transicionar hacia agricultura agroecológica. ¿Y qué hace allí? Trabaja realizando lo que en Brasil se conoce como agrofloresta: una combinación de forestación con producción frutícola.
La definición de agroforestería es que se trata de “una forma de uso múltiple de la tierra donde perennes leñosos (árboles, arbustos, bambúes , palmeras, lianas leñosas) son cultivados en la misma unidad de manejo de la tierra con cosechas y/o animales”.
“Tenemos un proyecto en un monte de acacia que antes se usaba para leña. Le propuse a Juan bajar varios árboles, abrir claros y probar frutos secos o fruta fina ahí dentro. Los sistemas agroforestales son eso, mezclar frutas con plantas de servicio fijadoras de nitrógeno. La idea es probar y eventualmente meter animales y hacer un silvopastoril”, explicó Del Carril a Bichos de Campo.
¿Y cuál sería el sentido de esta mezcla? Nos explicó que fomentar la biodiversidad a través del cultivo de plantas que cumplan funciones para el sistema, como la fijación de nitrógeno y el aporte de biomasa.
“Por ahí en una hectárea no producís la mayor cantidad posible de un cultivo, pero la hectárea es más productiva en total que si tenés un monocultivo”, aseguró el especialista.
Mirá la entrevista completa acá:
-¿Dónde conociste este concepto?- le preguntamos.
-Me capacité en sistemas agroforestales en México. No se combina mucho allá, se hace bastante monocultivo (se refiere a grandes plantaciones de paltas), pero en la parte en que estaba yo era montañosa y las huertas se hacen en el medio del bosque. Abren claros en lugares más o menos planos. Allí donde estuve plantan palta, y una familia quería salir del monocultivo y probar mezclar un poco de todo.
-¿Se puede hacer esa combinación de especies en lugares como éste, con climas más templados?
– Sí, por supuesto, hay que buscarle la vuelta. Acá nosotros no vamos a poder hacer papaya o la fruta que hacen en países tropicales, pero tenemos nuestras frutas. Acá las frutas de frío, las típicas que tenemos nosotros, se dan muy bien: ciruela, pera, manzana.
-¿Te parece que esto empieza para quedarse?
-Yo creo que sí.
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]]>La entrada El biólogo Felipe Alonso trabaja para la conservación de los pequeños peces killis: Cualquiera puede convivir con ellos en el campo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El nombre killi proviene de los inmigrantes holandeses que llegaron a la costa este de EE.UU. y aplicaron esa palabra para nombrar a pequeños peces que habitaban en dicha región. Con el tiempo su uso se fue extendiendo a otras especies por medio del acuarismo y hoy es un nombre genérico aplicado a más de 1000 especies de peces del orden Cyprinodontiformes.

En Argentina los killis estacionales se encuentran distribuidos en la región chaco-pampeana por debajo de los 450 metros sobre el nivel del mar, desde el sur de la provincia de Buenos Aires hasta Misiones y el Chaco salteño. Y el productor agropecuario puede hacer mucho para conservarlos.
-Los killis son peces estacionales que crecen espontáneamente en charcos de agua dulce. ¿Es correcto?
-Hay más de mil especies de “killis” o “killifish” presentes en casi todos los continentes, a excepción de la Antártida y Oceanía. No todos viven en charcas estacionales, de hecho, la mayoría de las especies habita ambientes acuáticos permanentes. De todos los killis que hay, unas 300 especies aproximadamente viven en las planicies de África y Sudamérica.
-¿Qué características tienen?
-Las especies americanas están dentro de la familia Rivulidae y son pequeños peces que raramente superan los 10 centímetros de largo. Los machos suelen ser coloridos y vistosos, de ahí que sean muy codiciados por los acuaristas, en tanto que las hembras suelen ser de colores grises a marrones.
-¿Se relacionan de alguna forma con la producción agropecuaria?
-Muchas veces se encuentran en los denominados “tajamares” que realizan los productores agropecuarios para darle de beber a los animales que, si bien son ambientes artificiales, generalmente se hacen en zonas anegables donde suele haber killis estacionales. La interacción con la ganadería en densidades no muy altas es bien tolerada por estos peces, en cambio, la agricultura intensiva, como el cultivo de soja, suele tener impactos profundamente negativos, ya que muchos de estos ojos de agua desaparecen o si quedan muy cerca de los cultivos la fumigación termina eliminando esas poblaciones. La principal amenaza para su conservación es esa, por lo que creo que es fundamental el apoyo de los productores, ya que pueden hacer una gran diferencia a futuro en la supervivencia de estos peces.
-¿Cómo sobreviven los que viven en humedales temporarios que se llenan con las lluvias?
-Tienen adaptaciones. Por ejemplo, sus huevos son resistentes al desecamiento, quedan enterrados en la tierra durante la temporada seca y luego eclosionarán cuando el charco se llene nuevamente en la época húmeda. Por esta razón es común que la gente en el campo atribuya su aparición a que estos peces “caen con las lluvias”, explicación que notablemente se da tanto en diversos pueblos de América como de África. Además, estos huevos pueden entrar en estados de dormancia, algo único en vertebrados, denominado “diapausa”, donde el metabolismo baja muchísimo y lo mismo el consumo de oxígeno, por lo que los huevos pueden sobrevivir enterrados en estado más de un año.
–¿Cómo hace el productor agropecuario para identificarlos?
-Si observan charcos temporarios dentro de sus campos donde aparecen pequeños peces, seguramente se trate de estas especies. En tal caso puede contactarnos y nosotros podemos decirles qué especies tienen y pensar juntos formas de manejo compatibles con la producción agrícola.

-¿Son de crecimiento rápido?
-Muy rápido. Porque como generalmente esos charcos duran solo pocos meses, tienen otra adaptación notable que consiste en crecer muy rápidamente y alcanzar la madurez sexual, siendo de hecho un killi africano el vertebrado qué más rápido la alcanza en sólo dos semanas desde la eclosión. Los adultos no sobreviven a la desecación de sus ambientes, pero la supervivencia de sus poblaciones está garantizada por los huevos que entierran en el fondo del charco mientras esté con agua.
-¿Por qué usted se ha dedicado a estudiarlos?
-Me crie en el campo, en la zona de Yungas en Salta y desde chico me han apasionado los peces; pasaba horas observándolos en el arroyo y luego en mi casa. Con el tiempo empecé a tener acuarios y luego cuando empecé a estudiar biología. Me sorprendió que era muy poco lo que sabíamos sobre las especies de Argentina y que acá nadie estudiaba estos peces, a diferencia de lo que pasaba en Brasil o Uruguay, dónde hay una larga tradición de científicos abocados a este grupo. Así me contacté con un gran amigo, Pablo Calviño, un gran conocedor y estudioso autodidacta de este grupo de peces, y con él empezamos a trabajar juntos, y luego se nos sumaría Ignacio García, quien estudiaba Biología en La Plata. Juntos fuimos constituyendo un grupo de investigación sobre estos peces que fue creciendo e incorporando otros miembros y que actualmente estamos trabajando en una fundación.
-¿Por qué es importante conocer y proteger a los killis?
-Nos permiten poner en valor un tipo muy particular de ambientes que son los humedales temporarios donde, además de los killis, viven un montón de especies que son exclusivas de esos ambientes, como insectos o crustáceos. Estos humedales temporarios son particularmente vulnerables, ya que en general son charcas muy chicas, de poca profundidad y muy fácilmente modificados, ya sea rellenándolos o canalizándolos para transformarlos en tierras productivas. Esto ha llevado a la extinción a muchas especies de killis y ha hecho que sean uno de los grupos más amenazados de peces de agua dulce de Sudamérica. De hecho, Austrolebias wichi, una especie que describimos nosotros hace poco, endémica del chaco salteño, está en peligro crítico de extinción por esta causa, dónde los charcos que habita están modificados por canalizaciones y rodeados de plantaciones, principalmente de soja. Esto último también afecta indirectamente a los charcos aledaños, ya que las pulverizaciones que se realizan en esos cultivos eliminan la vegetación de estos charcos, lo que finalmente destruye ese ecosistema.
-¿El productor puede hacer cosas concretas para contribuir a su conservación?
-Desde ya. En el caso de la ganadería es cuestión de no cargar el ambiente demasiado, evitando un pisoteo excesivo del charco por parte de los animales; y en el caso de la agricultura tratar de evitar el rellenado o canalización de estos charcos y dejar un espacio de amortiguamiento entre el cultivo y el charco. A cualquiera que esté interesado en implementar este tipo de medidas pueden contactarnos para pensar juntos e incluso hacer un seguimiento y evaluar la efectividad de dichas medidas en el tiempo. Estoy convencido de que trabajando junto a los productores se pueden desarrollar formas de manejo que permitan la coexistencia de las actividades agrícolas con la vida de estas especies, sobre todo considerando que la mayor parte de la distribución geográfica de estas especies está en zonas con una incidencia muy alta de estas actividades, como la región chaco-pampeana.
Nota: Felipe es doctor en la UBA. Investigador Asistente de CONICET en el Instituto De Bio y Geociencias Del NOA (IBIGEO) CONICET-Universidad Nacional de Salta (UNSa). Realizó su licenciatura en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la Universidad de Buenos Aires.
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]]>La entrada Aapresid abrió su congreso machacando con las rotaciones y los cultivos de cobertura: “Es por acá por donde continúa la historia de la agricultura moderna”, afirmó David Roggero se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El mensaje que dieron los directivos de Aaapresid durante la apertura del congreso -que este año dieron a llamar “Siempre Vivo, siempre Diverso”- fue que el suelo está vivo, y para mantenerse vivo no necesita descansar, sino todo lo contrario.

“La biodiversidad debe estar presente por encima del suelo, con producciones variadas y cultivos que lo cubran todo el año. Pero también por debajo de este, ayudando al accionar de microorganismos que lo habiten para producir alimentos en cantidad y calidad”, dijo en la apertura David Roggero, presidente de Aapresid.
“La idea central es maximizar el secuestro de carbono en la lucha contra el cambio climático y apostar a una producción en donde la biodiversidad sea el foco de la sustentabilidad. Una agricultura siempre viva y siembre diversa es posible”, agregó.
Roggero manifestó que “estamos transitando un nuevo paradigma que damos a llamar intensificación sustentable de la rotación o agricultura siempre verde, lo que implica cubrir el suelo de modo constante. El desafío pasa por ver las condiciones que requiere cada zona de la Argentina y qué cultivos podrán ser viables, no sólo desde lo económico y productivo sino también desde lo social y ambiental. Es por acá por donde continua la historia de la agricultura moderna”.
“Nos desvela el bien común, nos proponemos todos los días ser referentes tecnológicos y por eso sabemos que lo virtuoso está en la diversidad. Que cada uno pueda dar lo mejor de si para que este nuevo paradigma sea adoptado”, declaró.
Pero también advirtió que “necesitamos políticas claras, criteriosas y estables. Los ciclos biológicos no se adaptan a cambios drásticos de rumbo sino que requieren del largo plazo para dar los resultados esperados”.
El presidente de Aapresid indicó su preocupación al respecto del divorcio social y coyuntural entre ciudad y campo y reclamó: “Es vital volver a generar la confianza entre el ámbito urbano y el rural, necesitamos una sociedad que nos cobije sin exclusiones. Además, nadie sabe tanto como lo que sabemos todos juntos”.
La pandemia por Covid-19 atravesó su discurso en el cual enfatizó que la misma les hizo trazar nuevos objetivos a la entidad. “No son tiempos fáciles, pero como organización sabemos que vamos a superar las adversidades. Necesitamos producir con el menor impacto ambiental”.

El ministro de Agricultura, Luis Basterra, envió un mensaje durante la apertura y recordó que “hace poco participamos en la pre cumbre de la FAO sobe Sistemas Agroalimentarios, en donde se instó a producir alimentos acordando metodologías que estén alineadas con los objetivos del desarrollo sostenible para el 2030, y eso es lo que veo que se plantea también desde Aapresid”.
“Esta es la garantía que tiene nuestro sistema productivo de producir un volumen de alimentos, haciéndolo con el criterio de la sostenibilidad. Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Chile trabajaron muy seriamente en esta temática y esbozamos un documento para la sostenibilidad en el continente americano. Canadá, Estados Unidos y México se plegaron a una posición común ante la cumbre que se avecina y esto debiera ser motivo de orgullo, porque la producción agropecuaria no es el problema sino parte de la solución”, agregó Basterra.
Desde el salón de eventos del Puerto Norte Hotel en Rosario, Santa Fe, todos los directivos dejaron el claro que el productor debe ser protagonista de este proceso trabajando codo a codo con la ciencia y las tecnologías.
Como sucedió el año pasado, el encuentro de Aapresid se plantea de manera virtual, y con acceso libre y gratuito, transmitiendo en vivo desde la plataforma de streaming “Aapresid Comunidad Digital”. Se trata de un formato híbrido con conducción desde un estudio en Rosario y los invitados se irán sumando de forma virtual desde cada punto del país y el resto del mundo.
El congreso fue pensado bajo tres pilares: la ciencia, la innovación y el trabajo en redes, se organiza bajo 7 ejes temáticos: políticas públicas, cambio climático, sistemas biodiversos, ciencia y conocimiento en red, economía, nuevas tecnologías, consumidores y tendencias alimentarias. Tiene 6 salas plenarias y más de 230 espacios para charlas, salas con traducción al inglés, espacio de prensa y hall comercial que reunirá a las principales empresas y organismos del rubro.
Del comienzo del congreso se destacó un seminario de capacitación en Siembra Directa (SD) que se dictó en modalidad bilingüe (español-inglés), y que contó con la participación de varios especialistas, tomando como base que este sistema se adopta en el 90% de la superficie agrícola argentina con el objetivo de reforzar la conservación del suelo, mientras que en el resto del mundo se aplica sobre solo el 10% de la superficie.

La entrada Aapresid abrió su congreso machacando con las rotaciones y los cultivos de cobertura: “Es por acá por donde continúa la historia de la agricultura moderna”, afirmó David Roggero se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Es misionero el primer ministro de Cambio Climático en América Latina: “La producción agropecuaria, realizada de forma holística, puede ser una aliada de la biodiversidad”, dice Patricio Lombardi se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Este dato no es menor ya que son pocos los países que cuentan con organismos destinados a este tema, entre los que se destacan Australia, Francia, Holanda, Nueva Zelanda, Suecia, Noruega y Portugal.
Patricio Lombardi es el ministro de Cambio Climático y quien responde esta entrevista para Bichos de Campo.

-Se dice que Misiones cuida el último remanente continuo de Bosque Atlántico o selva paranaense. ¿En Brasil y Paraguay ya no queda?
-El Bosque Atlántico abarcaba Brasil, Paraguay y Argentina pero fue degradado debido a las malas prácticas ambientales, como el desarrollo desmedido de infraestructura, la agricultura intensiva y los monocultivos. En los últimos 120 años esta ecorregión fue deforestada en más de un 90%, así que actualmente queda menos de un 7% de su extensión original. El mayor remanente continuo del Bosque Atlántico está en la provincia de Misiones, en Argentina, lo cual representa un gran logro y se debe al esfuerzo del pueblo misionero que supo ver su importancia y se comprometió, a través de políticas de preservación, a ser refugio de más de la mitad de la biodiversidad del país.

-¿Por qué es tan importante?
-Porque es la segunda ecorregión más importante de América Latina, comparable únicamente con el Amazonas. Este bioma cuenta con un récord mundial de árboles distintos por hectárea y se han encontrado un total de 453 especies. Fue declarado por el secretario de las Naciones Unidas, António Guterres, como uno de los 5 ‘hot spot’ de biodiversidad global más urgente a restaurar, y el más prioritario dentro del continente americano. A pesar de su relevancia, es uno de los ecosistemas más amenazados del planeta.
–¿Desde cuándo el Ministerio se ha especializado en Cambio Climático y en qué consiste esta especialización?
-La iniciativa surge en septiembre de 2020 con la creación de la primera Secretaría de Estado de Cambio Climático de América Latina. Luego de la visita del Gobernador al Papa Francisco, su Santidad nos encomendó la misión de replicar la importancia de preservar la biodiversidad y comprometernos en construir una relación más sana con el ambiente y nuestra Casa Común a través de prácticas sostenibles para hacer frente a la crisis climática. Nos pidió replicar esta iniciativa a otras jurisdicciones y convocar a todos los gobiernos del continente a seguir nuestro ejemplo.
-¿Trabajan con ministerios de otras provincias de Argentina? ¿De qué forma?
-En esta crisis ambiental y climática, las provincias o Estados subnacionales tienen un rol clave como agentes de cambio ya que son los gobernadores e intendentes quienes entienden qué es lo que pasa en sus territorios. Como decimos siempre en el Ministerio: es de abajo hacia arriba. Desde el área local trabajamos transversalmente con todos mis colegas tanto en el área de Educación, como de Hacienda, Agricultura Familia, Ecología y demás. A nivel nacional, nos encontramos trabajando de la mano del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, específicamente con la Dirección de Cambio Climático y con el Gabinete Nacional de Cambio Climático.

-¿También con otros países?
-Sí, continuamos tendiendo redes; por ejemplo, el bloque regional de ZICOSUR (Zona Integrada del Centro Oeste de América del Sur), donde fuimos elegidos unánimemente para presidir la Comisión de Ambiente y Cambio Climático. Esta organización agrupa a 7 países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay) y 71 Estados subnacionales. Además, Naciones Unidas nos invitó a exponer en el XXII Foro de Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe, donde tuve el honor de representar a Misiones como el único Estado subnacional con un rol activo.
-¿Por qué decidieron tomar esta bandera del Cambio Climático?
-Porque entendemos que no se trata sólo de la temperatura sino que es una crisis ambiental, que involucra a la pérdida de la biodiversidad, a la crisis hídrica y atmosférica. Ante ese panorama tenemos una visión integral del problema porque es lo que el mundo requiere. Nos proponemos realizar un cambio transformacional del modo en que se conciben las acciones climáticas a largo plazo para transformar el enfoque de la gestión de los recursos naturales y su valoración en la economía mundial.
-Desde el punto de vista del Ministerio, ¿cómo se concilia la producción agropecuaria con la conservación de la naturaleza?
-Desde Misiones sostenemos que la producción agropecuaria, realizada de forma holística y contemplando tanto al ambiente como a los agricultores, puede incluso ser una aliada de la biodiversidad, generar servicios ecosistémicos y contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) propuestos por la ONU. Desde la Secretaría de Cambio Climático estamos trabajando para desarrollar y promover técnicas agrícolas innovadoras, que incluyan los conceptos de restauración de paisaje, conservación de la biodiversidad y protección del suelo.

-¿Pueden nombrar experiencias que hayan realizado o estén realizando?
-Mantuvimos reuniones con referentes del sector productivo de Misiones, por ejemplo con el presidente de la Sociedad Rural, el Ing. Carlos Navajas, con el que conversamos sobre sistemas de ganadería sustentable de pastizal mediante fomento al mercadeo y el desarrollo de productos premium. También charlamos sobre la implementación de modelos de producción ganadera en el sur de la provincia. Estos favorecen la conservación de los ambientes nativos y la captura de gases de efecto invernadero. Se trata de promover el uso sustentable de los pastizales; conservando al mismo tiempo la biodiversidad que contienen, aumentando drásticamente la captación de carbono atmosférico por las pasturas y su posterior fijación en el suelo.
-¿Hay alguna iniciativa relacionada a la producción orgánica o agroecológica?
-Sí, otro de los ejemplos del impulso de la acción climática de Misiones desde una visión integral es el Ministerio de Agricultura Familiar creado en 2015, también el primero en América Latina, con el objetivo de promover la agroecología rural con perspectiva de género. En coordinación con esta Secretaría se promueven acciones en favor de la soberanía alimentaria y la agricultura climáticamente inteligente, promoviendo el uso sustentable de los bosques nativos como alternativa del sistema productivo tradicional. Le estamos dando una señal al mundo: que nos preocupa comer sano, que nos preocupa la rotación del cultivo, el cuidado del suelo, y que nuestras frutas y verduras no tengan agroquímicos.
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]]>La entrada ¿Qué ambientes naturales queremos conservar? Según el naturalista Gustavo Aparicio, no existen lugares “prístinos” y muchos ya fueron modificados por la presencia del hombre se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Fue en la década del ochenta cuando en el Amazonas se descubrieron los terra preta (tierra negra en portugués): suelos creados por las personas que habitaban la región hace miles de años y que poseen 3 veces más materia orgánica, nitrógeno y fósforo que los suelos adyacentes y hasta 70 veces más carbón vegetal. Su formación se debe a la ocupación humana intensiva que aportó grandes cantidades de residuos carbonizados (restos de fogatas), excrementos humanos, huesos de peces, de mamíferos y caparazones de tortugas.
“Son estables y fértiles, incluso en la actualidad, lo cual resulta muy curioso ya que los suelos de la selva amazónica son pobres desde el punto de vista productivo, debido a su escasez de materia orgánica”, explica Aparicio. “Esta característica, común en las selvas tropicales, es la que evitó hasta el momento su conversión a la agricultura en gran escala”.

Los terra preta están esparcidos por toda la cuenca ocupando sectores que promedian las 20 hectáreas. Para detectarlos, los investigadores buscan sitios donde exista alta concentración de plantas domesticadas o semidomesticadas. Esto se debe a que en el Amazonas la domesticación de plantas comenzó hace unos 8.000 años y, cinco siglos después del colapso de aquellas culturas que se dedicaron a domesticarlas, las plantas persisten en los bosques y están tan asociadas a los suelos antropogénicos que su presencia sirve para hallar su ubicación.
“Otro efecto de la presencia humana que modificó la composición vegetal fue la caza, que provocó la disminución de fauna grande o mediana capaz de dispersar determinados frutos. Un estudio de investigadores brasileños encabezado por Mauro Galleti afirma que en los últimos 100 años se produjo una merma significativa de aves dispersoras de semillas de gran tamaño en el Bosque Atlántico, y que ello está asociado con la reducción en el tamaño de las semillas de palmito (Euterpes edulis)”, cuenta Aparicio.
Otro estudio reciente indicó que de las 1.600 especies de árboles y arbustos que crecen en el Amazonas, 227 son dominantes. De estas, 85 fueron domesticadas -o están en vías de domesticación- y 20 de ellas son hiperdominantes y se distribuyen en todos los ambientes. Su abundancia es un indicador de la cercanía a sitios arqueológicos y de suelos donde hubo presencia humana, generalmente próximos a los ríos navegables mientras que las especies leñosas no domesticadas son más abundantes lejos de los sitios arqueológicos, donde no había caza o se realizaba de forma esporádica.
“Por estas circunstancias puede afirmarse que el Amazonas no es ‘prístino’ en tanto ajeno a la mano humana, sino que fue moldeado por la domesticación del suelo y de las plantas”, enfatiza, al tiempo que menciona algo similar en relación al Chaco Húmedo.

“El antropólogo Gastón Gordillo estudió la región del río Pilcomayo, donde a principios del siglo XX la expansión ganadera causó la desaparición de amplios pastizales y la expansión de bosques y cuenta que aún hoy los tobas y wichís recuerdan que sus abuelos en la década de 1910 habitaban extensos pastizales que ingresaban más de 15 kilómetros tierra adentro”.
Es que los pastizales eran el resultado de incendios provocados por tobas, wichís y nivaclés para cazar, combatir y enviar mensajes: eso, sumado a ocasionales desbordes del Pilcomayo, limitaba la proliferación de leñosas y facilitaba el crecimiento de pastos. Pero los indígenas dejaron de provocar fuegos por la presión de los colonos y los embates del Ejército y luego, el ganado pobló las praderas y las fue agotando.
Ante la falta de alimento, las vacas se dirigieron al bosque y consumieron frutos de algarrobo, mistol y otras especies, que luego sembraron en el pastizal fertilizándolo con bosta. Así, el paisaje se fue trasformando hasta los bosques que hoy se desean conservar, sin saber en realidad qué paisaje era el original, lo cual es clave, por ejemplo, al pensar trabajos de restauración (¿Qué hay que restaurar sobre la base de qué?, podría ser una de las preguntas).

“Otro ejemplo es el de las dos especies de araucarias sudamericanas: el pehuén que crece en la provincia del Neuquén y en el centro y sur de Chile, y el pino Paraná presente en Misiones y en el sur de Brasil”, detalla el especialista. “Las pruebas indican que 3.000 años atrás el pehuén había ampliado su área de distribución pero que disminuyó a la mitad desde la llegada de los europeos. Por su lado, la población de pino Paraná tuvo una expansión hace entre 800 y 1.500 años, pero en la actualidad ocupa menos del 10% de su distribución original. La presencia de esta araucaria se corresponde con el hallazgo de artefactos en viviendas subterráneas o ‘casas de foso’ de grupos indígenas precolombinos. La misma evidencia, basada en el estudio de polen fósil, indica que en la época de expansión eran frecuentes los incendios y que había pastizales en la zona”.
Las gruesas cortezas de las araucarias resisten el fuego y se expanden en lugares abiertos (como la estepa) aunque sus renovales pueden crecer en lugares sombríos, como debajo de árboles más grandes. Las semillas, pesadas y de poca dispersión, facilitan la recolección de gran cantidad de recursos con poco esfuerzo, pero a su vez limitan la expansión de las araucarias. Varios investigadores creen que la cosecha, traslado y acopio de los piñones por parte de grupos humanos favoreció la dispersión de ambas especies. Cómo evidencia de ello, proponen la falta de aislamiento por distancia que se observa en los estudios genéticos.

“Algo similar ocurre con algunas palmeras: por ejemplo las yatay que crecen en la localidad santafesina de Berna, habrían llegado desde el sur de Goya (Corrientes) llevadas por los aborígenes que incursionaron en esa zona en canoa llevando frutos como alimento. De hecho, actualmente, la mayor concentración de esta especie se encuentra en las lomadas que acompañan al arroyo Malabrigo. Mucho tiempo después, también en el Litoral pero ya en el siglo XX, las personas que viajaban en ferrocarril llevaban cocos de la palmera mboyacá como alimento y los dispersaron a lo largo del trayecto férreo”.
“Un caso curioso es el de la ecorregión Campos y Malezales que ostenta el menor nivel de protección efectiva, medido en superficie de áreas protegidas. El doctor José Luis Fontana, reconocido botánico de la Universidad del Nordeste, opina que, en otros tiempos, en esa extensión que ocupa el noreste de Corrientes y sur de Misiones, pudo haber habido un bosque casi continuo”.
La hipótesis se sostiene a partir de la presencia de relictos de bosque en suelos con diferente composición y relieve. Lo que se planteó Fontana fue que si pudieron prosperar en condiciones tan disímiles, ¿por qué no existen ahora? Cree que es una cuestión de manejo y por eso cuando se deja de pastorear y no se realizan quemas ni se cortan los arbustos, el bosque regresa.

Luego de la expulsión de los jesuitas de América, quedaron miles de cabezas de ganado en los pastizales y después llegó la ola de inmigración europea, que también demandó madera y hubo que abrir caminos para transportarla. De este modo, en distintos momentos históricos, pobladores indígenas precolombinos, colonizadores españoles, jesuitas y guaraníes, criollos e inmigrantes europeos fueron transformando el paisaje hasta la actualidad.
“La mención de estos ejemplos no pretende desmerecer la conservación de ambientes naturales ni la función de las áreas protegidas -la mejor herramienta de conservación que existe-. Sí, en cambio, discutir el concepto de ‘prístino’ y considerar el impacto de las poblaciones humanas que vivieron aquí miles de años antes de la llegada de los europeos”, reflexiona Aparicio.
“Si la selva amazónica no es virgen, los bosques de araucarias (y algunos palmares) fueron favorecidos y hasta dispersados por las personas que consumían sus frutos y semillas, y la ecorregión donde decimos que urge crear reservas fue moldeada por humanos al eliminar los bosques y favorecer la presencia de ganado… ¿qué estamos conservando?”, concluye, abriendo el debate.
Su correo electrónico es gustavo@habitatydesarrollo.org.ar
La entrada ¿Qué ambientes naturales queremos conservar? Según el naturalista Gustavo Aparicio, no existen lugares “prístinos” y muchos ya fueron modificados por la presencia del hombre se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Lucas Garibaldi es doctor en Ciencias Agropecuarias y promueve una mayor diversidad en la producción argentina: “Estamos confundidos respecto de cuál es la fuente de la felicidad” se publicó primero en Bichos de Campo.
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Ha desarrollado modelos matemáticos y estadísticos que han contribuido con nuevas tecnologías de procesos, como el diseño de paisajes rurales multifuncionales y soluciones basadas en biodiversidad. Es investigador del Conicet y profesor de la Universidad Nacional de Río Negro Tiene una página propia donde va volcando estas experiencias.
-Usted sostiene que la biodiversidad ayuda a producir mejor y más. ¿Cree que esta idea ya ha entrado en el mundo agropecuario argentino?
-Es más común que hace 10 años pero aún no está internalizada. Hay empresas que recién ahora empiezan a hacer corredores biológicos o a rotar más… cada vez es más común pero todavía incipiente.
-¿Qué le dicen los productores cuando usted sugiere dejar espacios de ambientes nativos en hectáreas productivas?
-También es una idea relativamente nueva y por supuesto que es mirado con cautela. Cuando presento información lo hago con evidencia científica por lo tanto tiene fundamento y es creíble… pero vamos poco a poco. Si algunas empresas ven que otras lo hacen y les va bien, es más fácil que lo adopten y así van ganando más confianza. En las charlas noto que a los productores les parece interesante la idea, no la descreen pero no se van totalmente convencidos. Y hay un grupo más innovador que toma el mensaje, consulta y ejecuta, con buenos resultados… pero no es la mayoría.
-¿Tiene algunas cifras que muestren cómo se mejoran los rindes dejando ambientes nativos?
-Sí, hay cifras publicadas en revistas académicas de todo el mundo. Tenemos información para dar. En algunos ambientes agropecuarios hemos detectado beneficios mayores al 25% en productividad de cultivos.
-¿Qué le dicen cuando usted explica que el monocultivo destruye los polinizadores (no sólo las abejas, sino también otros bichos y pájaros) y que justamente, los monocultivos también necesitan polinizadores?
-Se comprende bien pero tienen incertidumbre respecto de cómo iniciar una transformación para reducir la cobertura de monocultivos.
-Pero con menos polinizadores hay menos rindes por hectárea, ¿entonces cómo se corta este ciclo negativo?
-Con soluciones basadas en biodiversidad. Esto se trabaja en los lotes de cultivo (por ejemplo policultivos, cultivos de servicio) y manejando los bordes de los cultivos para la biodiversidad. Además, mirando los campos desde arriba se tienen que ver cosas variadas: tiene que haber diversidad a escala de paisaje, lo que incluye ambientes naturales. Cosas distintas en las distintas parcelas.

–¿Qué le dicen cuando usted sugiere comer no más de 300 gramos de carne por semana porque es bueno para la salud y para el ambiente (porque si comemos carne necesitamos más superficies con monocultivo)?
-Arranco la respuesta desde un poco antes: desde nuestra mirada evitamos el pensamiento dualista del estilo “carne sí o carne no” porque eso no contribuye a soluciones. Desde el punto de vista de la biodiversidad nos proponemos ir aumentándola todos los años en un 2% en los campos de cultivo y hacemos hincapié en los procesos de cambio y de transformación; vamos mejorando cada año a través de lo que llamamos manejo adaptativo. Con la carne es lo mismo: no es que haya que dejar de un día para el otro sino ir poco a poco comiendo menos y eligiendo qué carne consumir porque buena parte del problema es la carne que proviene del feedlot que son animales alimentados con comida que podrían comer los humanos, lo cual además de contaminar (por ejemplo el agua) es ineficiente en el uso de la energía: podríamos alimentar mucha más gente si nosotros comiéramos directamente ese maíz o soja.
-¿Por qué cree que la agroecología despierta cierta irritación en el ámbito de la producción convencional?
-Porque plantea una dicotomía que no ayuda. Insisto: lo que nos conviene es pensar el proceso y no rotular en “buenos y malos”, “víctimas y victimarios”, porque la realidad es más compleja que eso. Genera irritación porque hay productores que quieren mejorar y cambiar las cosas pero se les plantea un ideal agroecológico que es inalcanzable y de alguna manera se los ataca… no se plantea un escenario técnico posible de realizar donde haya una transición porque no se puede cambiar de un modelo de un día para el otro. Hay que ir aprendiendo cómo usar menos agroquímicos y controlar las plagas con prácticas basadas en biodiversidad. Esto lleva tiempo y necesita trabajo serio y acompañamiento; en ese sentido la agroecología es un modelo exitoso en fomentar la soberanía alimentaria y el desarrollo local brindando empleo, modos de vida y alimentos de calidad en ambientes sanos.
-Se dice que hay que aumentar la cantidad de comida para el mundo… Pero a la vez 6 de cada 10 personas en Argentina sufren sobrepeso, o sea que hay más gente que sufre de obesidad que de desnutrición. ¿Hay que aumentar la producción o disminuir el consumo?
-Un poco de todo: necesitamos cambiar los hábitos de consumo para ser más saludables y más felices y eso va a tener menor impacto en el medioambiente que es el lugar donde vivimos. Si no tenemos un medioambiente saludable no podemos ser felices, por ejemplo si no tenemos buen aire o agua de calidad. Entonces el ambiente es por nosotros, para nuestro bien, independientemente de si tenemos o no que aumentar la producción…
-¿Entonces?
-Con respecto a la producción depende de qué. Si tenemos una dieta saludable necesitamos más producción de alimentos saludables como verduras y frutas… luego hay otras cuestiones que son más debatibles como si tenemos que aumentar la producción de maíz para biocombustibles. En lo personal me parece que no: usar la tierra -que hoy es escasa- para combustible no creo que sea una buena idea. Resumiendo: necesitamos aumentar la producción de ciertos tipos de alimentos y no de otros que son más commodities. Y justamente a través de los hábitos de consumo cada habitante va a ejercer una presión menor sobre el Planeta porque va a requerir menor cantidad de hectáreas para su alimentación.

-Si ya sabemos que hay más gente con sobrepeso que desnutrida y que además un tercio de la comida se tira… ¿por qué se sigue repitiendo que hay que producir más comida?
-Creo que lo que complica la comunicación es que hay múltiples causas y múltiples soluciones. De nuevo: estas sobresimplifcaciones que hacemos basadas en un pensamiento dualista de esto o aquello, no nos ayudan. Para encontrar soluciones hay que hacer un poco de todo y, como dije antes, pensando en procesos. Uno de ellos es el cambio en los hábitos de consumo y la educación de las personas sobre alimentación porque estamos muy “mal educados” en cómo cocinamos y asociamos los alimentos. Otros cambios importantes son no desperdiciar comida y, además, comer menos. Tan simple como eso.
-¿Por qué nos resistimos tanto a dejar de consumir?
-Porque estamos confundidos respecto de cuál es la fuente de felicidad. Pensamos que comprar y consumir cosas nos hará sentir mejor, pero en realidad eso es sólo tapar agujeros de ansiedad. Necesitamos un consumo, claro, pero un consumo sano: el exceso, por ejemplo en la alimentación, sólo nos trae problemas como podemos ver todo el tiempo a nuestro alrededor.
Nota: Las opiniones del entrevistado no representan formalmente las de las Universidad Nacional de Río Negro
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]]>La entrada Que Disney no te confunda: Te mostramos la verdadera cara del chancho salvaje, una especie invasora que pone en riesgo la biodiversidad se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Disney habrá logrado humanizar a este animal en sus películas a través de la figura de Pumpa, el cerdo salvaje que solo vive para comer y cantar, pero en la vida real a nadie engaña. Al remover la tierra con el hocico –acción de hozar- el jabalí aumenta la cantidad de suelo desnudo, modificando la relación entre carbono y nitrógeno, y provoca la retención de agua en el suelo, así como la perdida de cultivos.

También es depredador de semillas por lo que pueden llegar a provocar rupturas en silobolsas y dañar infraestructura. En relación con otras poblaciones de animales, causan estragos al marcar territorio –se han visto ataques a terneros recién nacidos- y al ser transmisores de enfermedades como la triquinosis.
Pero ¿cómo llegamos a este punto? Todo se remonta al comienzo del siglo XX, particularmente a 1906, cuando se introdujo al animal para realizar caza deportiva en La Pampa. Teniendo en cuenta que tiene una alta tasa de reproductividad, ya que llegan a la maduración sexual a los dos o tres meses de vida y pueden tener dos pariciones por año, para 1914 ya se registraron en varios Parques Nacionales como el Lanín, Los Alerces y el Nahuel Huapi.
Hoy el jabalí se ha desperdigado por todo el territorio nacional y no sólo nos salió caro a nosotros, sino que Chile también afronta las consecuencias luego de que Argentina le exportara la plaga.

En 1953, fue declarada una especie dañina para las actividades agrícolas y ganaderas, y mediante una resolución del Ministerio de Ambiente de la Nación en abril de este año, la 109/2021, la misma fue incluida en el plan de gestión integral de especies exóticas invasoras y potencialmente invasoras.
Actualmente cada provincia aplica las medidas de control según considere necesario. ¿Qué acciones de manejo se pueden realizar? Varias, y varían entre métodos letales y no letales.
En nuestro país se realiza la caza pública o caza intensiva combinada con trampeos (cajas o corrales). En algunos lugares, a pesar de ser ilegal, hay quienes aplican trampas con compuestos tóxicos pero esto termina por afectar a otros carroñeros como jotes, caranchos, chimangos, zorros, zorrinos y armadillos, por lo que no está aconsejado.

Pero al no tener un depredador, se ha vuelto muy difícil su control. A partir de datos brindados por el Sistema Nacional de Información sobre Especies Exóticas Invasoras, se ha demostrado incluso que ante altas tasas de mortalidad, el jabalí responde incrementando su tasa reproductiva.
El único caso a nivel nacional que ha logrado realizar un control sostenido es el Parque Nacional El Palmar, en Entre Ríos, donde se consiguió reducir la población en un 50%, a través de un plazo de entre cinco y seis años, a través de tres métodos de control: cacería desde apostaderos, caza con perros y caza nocturna desde vehículos.
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]]>La entrada Los castores acechan en la Patagonia: Los investigadores dicen que no queda otra que erradicarlos, pero cuesta mucho tomar la decisión se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Investigadores de INTA y Conicet trabajan desde hace más de una década en estudios que buscan determinar la mejor forma de erradicarlos para evitar su propagación en el continente. Recientemente se evaluaron las distintas técnicas de trampeo para aumentar su eficacia. Del proyecto participaron también investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, el Instituto de Ciencias Polares, Ambiente y Recursos Naturales de Universidad Nacional de Tierra del Fuego, la Dirección General de Áreas Protegidas y Biodiversidad de Ushuaia, Tierra del Fuego, y la Wildlife Conservation Society.
Los castores son roedores herbívoros que se alimentan principalmente de la corteza de los árboles. No son autóctonos sino que fueron introducidos en 1946 a Tierra del Fuego –en donde siguen viviendo hasta el momento- para desarrollar una industria peletera que luego no prosperó. Dado que no tienen un predador natural, se reprodujeron sin control. Pueden llegar a medir un metro de largo y a pesar entre 25 y 30 kilogramos. Viven en madrigueras protegidas por embalses que ellos mismos construyen.

“Se ha producido una transformación drástica de la vegetación de ribera que rodea los cursos de agua. Han transformado el paisaje de bosques ribereños en una zona con una gran cantidad de árboles muertos, que posteriormente, cuando las castoreras se abandonan o se destruyen por la misma acción del clima, terminando siendo pastizales o arbustales”, explicó a Bichos de Campo Adrián Schiavini, doctor en Ciencias Biológicas y director principal del proyecto.
Uno de los peligros de estas madrigueras es que durante la época de deshielo en primavera, la presión del agua hace que estos diques revienten y todo el material inunde zonas de planicie. Schiavini recordó que en los últimos 30 años se produjo el corte de la Ruta 3 al menos en tres ocasiones por esta problemática.
Otro foco de atención son los posibles riesgos sanitarios para el hombre ya que el castor puede transmitir dos enfermedades: Tularemia y Giardiasis. La primera es de origen bacterial y puede generar ulceraciones en la piel entre otros síntomas. La segunda en cambio es ocasionada por un parásito que puede encontrarse en el agua y generar diarrea severa. Si bien aún no hay suficiente información que evidencie la presencia de estas enfermedades zoonóticas, hasta que estos roedores desaparezcan las alertas seguirán prendidas.

A pesar de que la erradicación fue resistida por algunos grupos de defensa de los derechos de los animales, no existe otra estrategia alternativa que logre controlar una población de este tamaño, que amenaza con introducirse en territorio continental, y que además también afecta al sur de Chile. Por año los castores puede llegar a moverse 6 kilómetros.
La idea de esterilizar a los castores mediante anticoncepción externa fue descartada, ya que para asegurar su efectividad no se pueden dejar individuos sin tratar. “Uno debe entregárselo a todos y cada uno de los castores de la provincia y estar seguro de que lo pudo hacer. Si quedan tres o cuatro individuos enteros el proceso arranca de nuevo y la inversión que uno hizo termina en la nada”, aseguró Schiavini.
Por su parte Pablo Jusim, becario de Schiavini e integrante del proyecto, indicó que regresarlos a su territorio original tampoco es una opción. “Más allá de que logísticamente es prácticamente imposible agarrarlos y llevarlos, hay cuestiones de enfermedades que si los castores las tienen acá y los llevamos para allá, se pone en riesgo la población de Canadá. Sería una sobrecarga muy importante del ambiente”, dijo.
En 2008 Argentina y Chile firmaron un acuerdo binacional que tenía como objetivo restaurar los ambientes afectados. Allí se recomendó realizar pruebas piloto para capacitar a los cazadores y analizar la efectividad de las trampas. Las experiencias, que comenzaron en 2014, fueron financiadas por el Fondo Ambiental Mundial.

El proyecto suponía que luego de las pruebas, la provincia se encargaría de transformar esas acciones en algo cotidiano de la administración territorial. Sin embargo esto no ocurrió. “La provincia levantó la pata del acelerador y actualmente tenemos a los castores recolonizando la zonas que fueron oportunamente liberadas”, contó ofuscado Schiavini.
Mientras tanto, del lado chileno se comenzó a implementar un sistema de alerta temprana para detectar la presencia de castores en territorio continental. Los investigadores esperan que pronto se pueda hacer lo mismo en la provincia de Santa Cruz, ya que hubo denuncias de avistamientos de castores por fuera de Tierra del Fuego, aunque las mismas no fueron del todo comprobadas.
La fecha próxima de reunión, dilatada por una prórroga del proyecto y por el inicio de la pandemia, sería el año que viene y ambos países deberán compartir sus resultados y definir una estrategia de acción.
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