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La entrada En la Argentina ya funcionan 27 plantas de biogás: ¿Con qué se alimentan y qué subproductos generan? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En un reciente informe del INTA y el Ministerio de Agricultura se publicación los resultados de un relevamiento realizado entre 2020 y 2021, para conocer la real dimensión de las plantas de biogás en Argentina. El trabajo dio como resultado la identificación de 27 plantas en funcionamiento, con volúmenes superiores a 1.000 m3 de reactor.
El 90% se concentran en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Pero más importante que eso, el 80% están ubicadas en zonas rurales, ya que están relacionadas directamente con actividades primarias que le aportan el combustible.
De las 20 plantas que participaron del relevamiento, 55% se enfocan en la producción de electricidad, 40% en el tratamiento de residuos y 5% en la generación de energía para el autoconsumo.

Ahora bien, ¿qué se hace en una planta de biogás? Se trabaja principalmente en la digestión anaeróbica de materiales orgánicos que dan lugar a dos productos: un combustible gaseoso –el famoso biogás- y un material semilíquido denominado digerido, que consiste en una mezcla de biomasa microbiana, material no biodegradable y productos metabólicos provenientes del proceso de degradación.
¿Y qué se digiere? Distintos tipos de sustratos, que pueden ser de origen agrícola-ganadero y de origen agroindustrial. Los primeros comprenden purín de cerdo, estiércol bovino y silaje de maíz; mientras que los sustratos agroindustriales incluyen destilados de maíz, efluentes de frigoríficos y residuos orgánicos industriales como chala y marlos de las plantas semilleras.
El principal sustrato utilizado en las plantas relevadas por el estudio oficial es el purín de cerdo, seguido por el silaje de maíz. Los estiércoles ganaderos presentan características favorables (macro y micronutrientes, elevada concentración de materia orgánica biodegradable, alcalinidad, alto contenido de humedad) para ser tratados por la tecnología digestión anaeróbica. Sin embargo, el alto contenido de amoníaco puede conducir a una baja obtención de biogás, por lo que se suelen agregar otros sustratos en menor medida para favorecer el proceso anaeróbico.

Según los datos arrojados por el relevamiento, El 55% de los sustratos digeridos proviene de fuente interna, es decir es un residuo generado dentro del propio establecimiento o sistema de producción. Un 37% proviene de fuentes externas, donde los sustratos son generados por otros sistemas de producción, y un 26% de los casos es de procedencia externa. Es decir que son empresas que compran el sustrato y el resto lo adquiere por donación. De las 20 plantas encuestadas, 16 registran un total de 3.115 toneladas de digeridos al año.
La primera etapa de procesamiento del digerido es su separación, la cual permite obtener dos fracciones distintas: una fracción sólida llamada digerido sólido, y una fracción líquida o digerido líquido.

Su composición rica en macronutrientes como el nitrógeno, el fósforo y el potasio hace que su principal destino sea su uso en agricultura.
El digerido sólido puede ser compostado o bien aplicado directamente como fertilizante orgánico si está estabilizado. Otras tecnologías que facilitan su comercialización y valorización son el secado y la pelletización.
La fracción líquida, en cambio, concentra la mayor parte de los sólidos suspendidos y nutrientes del digerido total. Su principal utilización es como agua de dilución de la materia prima o bien como biofertilizante líquido.
¿Pero todos los digeridos pueden ser aplicados de forma directa en los cultivos? La respuesta es no, ya que primero se debe garantizar su calidad.
“La aplicación agronómica del digerido deberá estar acompañada por un plan de manejo agrícola, que considere el balance entre el aporte de nutrientes y los requerimientos del cultivo. Por ello, es importante conocer su composición nutricional, ya que una inadecuada aplicación o dosis excesivas, puede generar riesgos ambientales, incidiendo negativamente en el agua, suelo y plantas”, se indicó en el informe.
Dado que el digerido es producido continuamente, es necesario almacenarlo. Según el relevamiento, el sistema más utilizado es el de lagunas de estabilización, que también sirven para su tratamiento. De las plantas que aplican este método, 89% cuentan con lagunas cubiertas y 44% aplicaron un sistema de impermeabilización del suelo para evitar filtraciones.
Los digeridos son aplicados mayoritariamente en pasturas (41%) y en cultivos como el maíz (25%), soja (17%) y trigo (17%), y la técnica de aplicación más utilizada es sobre la superficie del suelo.
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]]>La entrada ¿En qué se relacionan el suero de leche y el trigo? En que el primero, usado como biofertilizante, puede mejorar el rendimiento del segundo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El suero de leche, que se obtiene durante la elaboración de quesos tras la coagulación de la leche, suele usarse como alimento para la producción porcina, si es que no se descarta. La Agencia de Extensión Rural (AER) del INTA 9 de Julio intentó buscarle un uso alternativo y experimentó con el producto en el Laboratorio “Los Cardales”.
“Realizamos una experiencia con una variedad de trigo sensible a enfermedades (DM Algarrobo) para tratar de visualizar su acción como bioprotector y también como biofertilizante”, explicó Luis Ventimiglia, jefe de la experimental del INTA. El lactofermento aplicado se obtuvo mediante un proceso de fermentación anaeróbica a partir de suero de leche, al que se le sumaron algunos productos minerales y melaza.

El ensayo comenzó en verdad para verificar si el producto tenía propiedades fungicidas. Por eso el terreno se dividió en dos lotes, uno recibió tratamiento y el otro no. Ambos sectores recibieron la misma fertilización a base de fosfato monamónico, urea y sulfato de calcio.
A su vez, ambos lotes se dividieron en seis parcelas diferentes. Una funcionó como testigo y en las otras cinco se administraron distintas proporciones del bioproducto para analizar la incidencia en el cultivo.
“Si bien pudimos apreciar que el producto no tuvo un efecto importante en el control de las enfermedades que se presentaron (mancha amarilla, roya de la hoja y roya amarilla), observamos un mejor comportamiento del trigo en el rendimiento, a medida que se utiliza mayor cantidad del lactofermento o cuando el mismo se aplica en forma secuencial”, señaló Ventimiglia.
“Existió un efecto del bioproducto en el metabolismo de la planta que permitió que se potenciara el rendimiento sustancialmente y esto pudo quizás mitigar indirectamente la acción negativa de enfermedades”, agregó el investigador.
Otro aspecto a destacar del trabajo es que a pesar de la acidez del lactofermento -4,5 de pH-, no produjo un quemado foliar, incluso en las dosis más altas. Las plantas mostraron un color intenso que los especialistas atribuyeron a los nutrientes que se aportaron en el laboratorio.
“Esta experiencia proviene de un ensayo exploratorio, pero no caben dudas que la información obtenida abre puertas para nuevas investigaciones que permitan ratificar los resultados obtenidos y seguir avanzando en esta línea de trabajo”, remarcó Ventimiglia.
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]]>La entrada La economía circular empieza por casa: una empresa argentina fabrica biodigestores en bolsa aptos para la agricultura familiar se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Los biodigestores permiten tratan los desechos orgánicos de las explotaciones agropecuarias, de modo tal que, además de disminuir la carga contaminante, generan un gas combustible (denominado biogás) y un biofertilizante líquido conocido como “biol”, que contiene en un valioso mix de nitrógeno, fósforo y potasio.
Los grandes biodigestores instalados en el país, que son pocos aún debido al elevado nivel de inversión que requieren, utilizan el biogás producido para generar energía eléctrica e inyectarla a la red en el marco del programa oficial RenovAr, pero los establecimientos más pequeños no tienen escala suficiente para acceder al mismo.

Sin embargo, esas pequeñas explotaciones también pueden emplear biodigestores de menor porte, como los que fabrica, por ejemplo, Dario Donate junto a su equipo, los cuales permitirían generar biogás que puede ser usado en una hornalla o para contribuir a la calefacción de un hogar, además de generar biol. “Para mí el producto más importante que se genera es el biol”, aclara Donate a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Darío Donate:
Donate montó una empresa junto a un par de socios llamada Econer, la cual se dedica a la fabricación de biodigestores en bolsa, flexibles y de carga semicontinua; también instalan equipos de energía solar.
La firma oriunda de la localidad bonaerense de Campana celebró un convenio con el INTA, mediante el cual ésta proveerá cinco biodigestores para ser colocados en la región Pampeana, Cuyo, Nea Noa y en la Patagonia, con el propósito de que técnicos del organismo oficial estudien el funcionamiento de los equipos, además de evaluar la producción de biogás y las características del biofertilizante producido en función de los desechos tratados. “La idea es que estos equipos, que tratan los desechos orgánicos, puedan ser aprovechados por la agricultura familiar”, manifiesta el emprendedor.
De acuerdo a Donate, los biodigestores se fabrican en diferentes tamaños y pueden ser utilizados en establecimientos pecuarios de pequeña y mediana escala a un costo muy razonble. Eso sí, aclara Donate: “Debe haber créditos que ayuden a los productores a poder adquirirlos, porque si vos le decís al productor que debe pagar la parte de su primer año de fertilización más el biodigestor, no le dará la economía para poder hacerlo”.
La bolsa biodigestora se compone de tres bocas: en una se carga el estiércol del animal (aunque también se puede llenar con cualquier desecho orgánico); por otra boca sale el fertilizante líquido y por una válvula superior se desprende el biogás. “Lo que hacemos en definitiva es volver a reciclar todo lo que sale del animal, de hecho reciclamos casi el 70% y con un muy bajo nivel de acidez”, resalta.
La bolsa más pequeña de las que fabrica Econer genera de 3 a 5 horas de biogás diario y extrae entre 100 y 150 litros de bio fertilizante por día. Donate considera que “una vaca bostea el 8% de su peso, o sea que si pesa 500 kilos, bosteará 40 kilos y ya con eso se podría alimentar un biodigestor chico”.
Ahora bien, el emprendedor indica que “no todas las bostas rinden igual”. Por lo general, la recomendación es arrancar con purín de cerdo y luego se le pueden empezar a sumar de a poco otros desechos. Con respecto al purín de cerdo, el mismo día que comienza a ser cargado en el biodigestor ya se genera metano aunque para alimentar una cocina requiere, como mínimo, 20 días; es la más efectiva en este sentido. En cambio, la bosta de vaca tarda un poco más.
Producir biogás con estiércol ya es un hecho en Argentina, a partir de un biodigestor flexible
En cuanto a estiércol de cabras, Donate precisó que “tenemos una bolsa instalada en Salta que funciona en base a ese recurso y viene bien, pero necesita una cierta trituración porque se sedimenta mucho y debe entrar lo más molida posible, para que luego las bacterias trabajen bien dentro del biodigestor”.
Econer ya cuenta con dos protototipos instalados: uno en la Escuela agraria “El Tatú”, de Campana, y otro en la chacra Canario Maculia, en Los Cardales, donde funciona un criadero de cerdos. Además, instaló un pequeño biodigestor en el tambo Lactocuyo, en San Juan, para transformar los desechos de sus 120 vacas en ordeñe.
Foto portada: gentileza diario La Auténtica Defensa de Campana
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]]>La entrada En General Alvear, Antonio Riccillo logró cerrar el círculo ganadero con biodigestores que generan electricidad a partir de los desechos animales se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En esta segunda localidad, el grupo ganadero puso en marcha desde diciembre pasado -y luego de invertir cerca de 5 millones de dólares- un enorme biodigestor con capacidad de generar 1 Megavatio/hora, que es la electricidad que consume la pequeña ciudad cabecera del partido cuando no enciende los equipos de aire acondicionado. La novedad es que esa energía se produce a partir de los purines del criadero de cerdos y la cama de pollo de las granjas avícolas (aunque por ahora, en etapa experimental, también se usa silo de sorgo).

De esta manera, Riccillo le encontró la vuelta a su negocio ganadero a través de los biodigestores, dando un paso importante hacia una economía circular y más sustentable, porque permite crear energía y biofertilizante a partir de los desechos orgánicos y los efluentes pecuarios.
“Yo no soy ambientalista pero me encanta cuidar el ambiente. Los que producimos de modo intensivo tenemos una responsabilidad y vemos que con inversión mediante esto se subsana muy bien”, explicó Antonio a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Antonio Riccillo:
La nueva empresa se llama Bioeléctrica General Alvear y está ubicada al lado de las granjas porcinas (de hecho el purín llega por cañerías) y muy cerca de las avícolas. Comenzó a operar en diciembre de 2020, tras recibir la autorización para generar energía y subirla a la red. El motor que toma el biogás que surge del biodigestor y lo convierte en electricidad pertenece a la empresa Aggreko. Cuando Bichos de Campo visitó el lugar, lo pusieron a andar a más de 1 Mega de potencia, que será su velocidad crucero cuando termine la etapa de pruebas.

El grupo presentó un proyecto dentro del programa RenovAr 2.0, mediante el cual acordaron la generación ese Megavatio de potencia. “Para que tengan una idea, la zona urbana de General Alvear consume 1,4 megavatios y nosotros acá generamos 1 Megavatio. Por ende, si apagáramos los aires acondicionados podríamos darle electricidad a las diez mil personas del lugar”, dimensionó el titular del grupo Riccillo. Y todo a partir de los desechos de los animales criados en la misma zona.
Además de la generación de electricidad, los biodigestores les permiten entrar en otro negocio importante, el cual todavía está en etapa de definiciones pero promete incluso mucho más que el biogás: el del biofertilizante o “biol”. Es una suerte de abono que se obtiene del paso de los desechos animales por el biodigestor que conserva mucho de los fertilizantes orgánicos.
Riccillo, que ya piensa en pelletear ese compuesto, considera que el principal negocio del biodigestor estará en el biol. “Es muy buscado en el mundo. Hay lugares en Europa y zonas de viñedos sofisticadas que exigen el uso de estos biofertilizantes para que los productos puedan ser certificados. Argentina está en el inicio de esto: varios ya empezamos a generar este residuo y se va a crear un mercado para abastecer a cultivos orgánicos con este bioinsumo”, argumentó.
Este tipo de transformaciones no necesariamente se limita a los efluentes pecuarios sino que el biodigestor también pueden alimentarse con residuos del olivo, de los frutales del valle de Río Negro y hasta con derivados de la madera. “Todo tiene un desecho orgánico que puede ser utilizado para hacer biogás”, afirmó el empresario.
Riccillo ahora está haciendo intensas gestiones con la provincia de Buenos Aires y el gobierno nacional para conseguir el financiamiento necesario para un segundo proyecto de mayor envergadura y potencia. La nueva planta generaría el doble de la electricidad de la que ya montaron y se ubicaría a 30 kilómetros de distancia. Se alimentaria con los efluentes (la bosta y la orina) generados por el feedlot Transcom, que tiene capacidad para engordar 60 mil cabezas anuales, ya sean propias o como hotelería para terceros.
Se trata de proyectos muy costosos que requieren de claridad económica y jurídica. “Tienen una inversión muy importante, requieren de financiamiento y tienen una amortización a mediano y largo plazo. Se requiere de asistencia fundamental del Estado y por eso hay muy pocas plantas”, manifestó Riccillo. Por ahora son sólo 11 los biodigestores grandes que funcionan en el país generando bioenergía.
“Nos costó mucho desarrollar esta planta y lo hicimos en plena pandemia, lo que es doblemente meritorio. Tuvimos la habilitación comercial en septiembre y la inauguramos formalmente el 29 de diciembre de 2020”, se enorgulleció Riccillo.

“La Argentina tiene la posibilidad de generar muchos proyectos que tienen que ver con el trabajo, pero lamentablemente ese no es un tema que esté en discusión en la política diaria debido a que en la Argentina se habla poco de trabajo; se habla más bien de planes, cuando la manera de desarrollar el país es mediante la cultura de trabajo”, se lamentó el empresario que no oculta en ningún momento su pertenencia al peronismo.
-¿Es posible generar trabajo en ciudades pequeñas como General Alvear?
-Hay puestos que no podemos cubrir fácilmente porque no hay personas buscando trabajo en el interior. La gente tiene un plan y no quiere soltarlo porque si toma un trabajo en blanco lo pierde; por eso hay que trabajar tanto con los oficios y con los recursos humanos- respondió.
Ni empresario agropecuario ni empresario de la energía; Antonio Riccillo prefirió definirse como “un trabajador del agro tratando de lograr una economía circular con agregado de valor, con fuentes de trabajo y viendo gente con posibilidades”.
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]]>La entrada Sebastián Sosa busca tecnologías para la agricultura familiar del Cuyo: Ahora estudiarán cómo funcionan los biofertilizantes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Estas pruebas se desarrollarán en varias zonas del país, de la mano de un convenio de cooperación técnica entre el INTA y la empresa Econer, ubicada en Campana, que fabrica biodigestores en bolsa. Se han distribuido distintas bolsas para hacer este análisis. La idea ers que estas innovación que permite tratar los desechos orgánicos pueda ser aprovechado por la agricultura familiar.
Se trata de una bolsa negra tubular, flexible y de ciclo semicontinuo a la cual se ingresan desechos animales y orgánicos, se los degrada y como resultado arroja dos subproductos: Biogás y Biol (o fertilizante líquido).
“Podemos ingresar al biodigestor la materia orgánica por un lado y los desechos animales por el otro, o bien colocar ambos sustratos mezclados para que este los digiera en su interior y nos de como resultado el biogás y el biol”, explicó Sosa a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Sebastián Sosa:
El investigador describió que “el biogás es básicamente metano y dióxido de carbono y se puede emplear para generar energía o bien producir calor en una hornalla para cocinar alimentos. Y el biol es un biofertilizante líquido que tiene todos los nutrientes que podría tener un fertilizante artificial, pero la diferencia es que este suma microorganismos con lo cual tiene mucho más poder de fertilizante y es más natural”.
Respecto del convenio establecido con Econer, Sosa manifestó que la idea con el biodigestor montado es “hacer un trabajo de validación tanto social como técnica entre la empresa y el INTA”. Remarcó que es fundamental dado que muchos productores no pueden acceder al gas natural o envasado, además de que su costo es elevado, y entonces podrían aprovechar el biogás generado en la bolsa biodigestora, y también el biol producido para utilizar en sus cultivos y huertas.

En referencia a las pequeñas maquinarias en las que trabajan desde el IPAF región Cuyo, Sosa declaró que como San Juan y Mendoza son zonas productoras de vid por excelencia, han trabajado en el desarrollo de un artefacto que realice la cosecha asistida de uva, considerando que el trabajo manual es complejo y que es difícil conseguir gente que realice la tarea.
Se trata de un prototipo de “banco mecánico” diseñado para pequeños viticultores, de fácil construcción y que evita a los cosechadores subir la escalera para descargar los tachos de uvas en la caja del camión. “Es difícil de conseguir gente para cosechar de modo manual pero también es una tarea que implica riesgos porque la persona debe subir a un banco de cosecha y tiene que recorrer cerca de cinco kilómetros diarios”, enumeró Sosa en la lista de problemas a los que se enfrentan a la hora de trabajar la vid en la región.
La solución que ofrece esta maquinaria que desarrollaron en IPAF Cuyo es subir la uva desde el nivel del piso, hasta el camión que la carga, lo que implica un alivio para el trabajador y avanza hacia la mecanización de la cosecha.
La entrada Sebastián Sosa busca tecnologías para la agricultura familiar del Cuyo: Ahora estudiarán cómo funcionan los biofertilizantes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada ¿En qué se parecen el guano, la chala y el marlo de maíz? A simple vista en nada pero ayudan a producir biogás y biofertilizante se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El anuncio se realizó en el marco de una jornada virtual organizada por la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), de la que participaron varios funcionarios: el gobernador de la provincia de Santa Fe, Omar Perotti, el ministro de Agricultura, Luis Basterra, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Jorge Neme y la presidenta de INTA, Susana Mirassou, entre otros.

La inversión requerida para las dos plantas fue de 24 millones de dólares y la suma incluye capitales de inversionistas nacionales. Ambas pueden procesar chala y marlo de maíz y llegar en conjunto a las 40 mil toneladas anuales. Por separado, la planta de Pergamino procesa también guano de granjas avícolas de la zona y las flamantes instalaciones de Venado Tuerto pueden procesar también glicerol, el residuo de la industria de biodiesel.
“En pequeñas localidades, en la mayoría de los casos, la confiabilidad de la red eléctrica no es buena, hay problemas de déficit y falta de potencia. Con la producción de biogás estamos alimentando a las redes locales y a las cooperativas”, dijo a Bichos de Campo Héctor Tamargo, gerente general de Seeds Energy. Las empresas asociadas al proyecto son Corteva, Syngenta asociada a Nidera, KWS y ACA Semillas.
La planta de Pergamino tiene 2.4 MWH de potencia eléctrica, capaz de satisfacer la demanda energética de 5300 hogares, y la de Venado Tuerto 2.0 MWH, equivalente al 5% del consumo de esa ciudad. Entre ambas se puede conseguir reemplazar la emisión de 23.500 toneladas de CO2 al año.

“Estas plantas que son chiquitas y que están atomizadas a lo largo del país, mejoran la confiabilidad en la red y generan puestos de trabajo que no es menor. Sin ánimos de desmerecer otras tecnologías, las plantas de energía fotovoltaica o eólica, que son otras fuentes renovables y producen energía limpia, son totalmente automatizadas y no generan trabajo”, afirmó Tamargo.
Otro de los productos de estas plantas, y tal vez el más interesante, es la producción de biofertilizante que se obtiene de los residuos de la fermentación de la materia orgánica que ingresa. Una vez que se separa el gas metano, el residuo o “barro orgánico” restante tiene una gran cantidad de minerales y aminoácidos que sirven como nutrientes.

Si bien aún no está a la venta, se están realizando pruebas con varios productores de la zona de Pergamino, en la nueva campaña de siembra de maíz. “Estamos reciclando los nutrientes que capturó en su momento el maíz”, dijo el gerente de Seeds Energy.
Por el momento la distribución y comercialización de los productos de las plantas se realizará en un radio de 30 a 40 kilómetros a la redonda de sus locaciones. El proyecto logra de esta forma cumplir con dos de los objetivos del plan de Desarrollo Sostenible propuesto por ONU: reducir el CO2 y reemplazar los fertilizantes químicos por biofertilizantes.
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]]>La entrada Adecoagro ya está lista para vender sus primeros bonos de carbono: Lisandro Ferrer nos contó este largo proyecto verde y redituable se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La empresa cuenta con tambos estabulados muy grandes y modernos en Cristophersen, en el sur de Santa Fe. Allí además desarrollaron un gran biodigestor a fines de 2017, para transformar el estiércol de las 13 mil vacas que tienen en ordeñe, en energía renovable que se usa en el lugar, y que incluso puede ser inyectada a la red nacional. De ese proceso también sale un biofertilizante, que pueda ayudar a desarrollar los granos que utilizan en el balanceado de las vacas.

“Es un modelo de producción circular que arranca desde la producción primaria de forrajes. Ese alimento se lo damos a nuestras vacas, y estas producen leche y generan efluentes, los cuales son procesados dentro del biodigestor, para generar energía y un subproducto que es un biofertilizante que aplicamos a nuestros campos y que fertiliza nuestros cultivos”, explicó a Bichos de Campo Lisandro Ferrer, responsable de proyectos industriales de Adecoagro. Los efluentes dejan de ser un problema y pasan a ser un subproducto más para la empresa.
Mirá la entrevista completa a Lisandro Ferrer:
“Esto siempre fue pensado como un modelo integrado. Desde que empezamos a intensificar la producción, siempre estuvo presente este biodigestor. Y fue mucho más viable cuando fuimos participes del Renovar I, que es una programa de energía renovable por parte del Estado”, contó el ingeniero responsable del proyecto.
Ferrer, que trabaja en Adecoagro desde hace 12 años, explicó que esta ventaja de transformación de biogás y de biofertilizante que les permite el biodigestor, les ayuda a llegar a otro mercado, el de bonos de carbono. Se trata de un proceso del cual ahora hablan muchos. A Adecoagro le llevó mucho tiempo.
“Primero planteamos un escenario base para explicar cómo estábamos antes de este proyecto y cuántas toneladas de dióxido de carbono generábamos y emitíamos al ambiente. Este proceso de descripción del proyecto y marco teórico nos llevó casi dos años. Merece ser detallado y claro, auditable y medible, porque al final de la historia eso tendrá un rédito económico”, describió Ferrer.
La segunda etapa, según manifestó el ingeniero civil, fue la de pre-validación. “Consiste en llamar a una consultora externa -en nuestro caso llamamos a una de España-, la cual nos define si con nuestro proyecto es posible generar bonos de carbono para comercializar”.
“Si esa pre-validación es positiva, se pasa a una tercera etapa, ya de validación, donde se pone el sello verde y se establece que el proyecto genera realmente bonos de carbono”, declaró.
Luego llega una cuarta etapa, la de registro, donde se establece cuántos bonos de carbono registra el proyecto en un año a partir de haber efectuado el balance entre emisiones y capturas. “En nuestro caso, todas esas etapas fueron positivas, y hoy tenemos 17.500 toneladas de bonos de carbono anuales equivalentes a dióxido de carbono”, resaltó el responsable de proyectos industriales de Adecoagro.
“Hay una serie de auditores y consultoras que te van acompañando a lo largo de este registro, y con una validación correcta, todas esas etapas le dan marco físico y real a tu proyecto. Por eso es tan importante seguir los pasos. Lleva tiempo, pero con un proyecto viable se puede alcanzar la meta”, afirmó.

Una vez que se obtiene la validación del registro de generación de esas toneladas de bonos de carbono, Ferrer manifestó que “lo que le sigue es una etapa de monitoreo, donde, durante un año, se chequea que realmente se produzcan esas toneladas de bonos de carbono”.
Para vender bonos de carbono, Ferrer explicó que se lo puede hacer accediendo, a un mercado regulado o bien a uno voluntario. “El regulado es similar en funcionamiento al de una bolsa de comercio, el cual compra y vende bonos. Nosotros no pudimos, en su momento, acceder a ese mercado, porque para entrar necesitábamos una carta de aprobación por parte del Estado argentino, y en esa época no estaba dándolas, por ende no podíamos registrar nuestro proyecto como verde”, dijo.
Entonces, Adecoagro decidió ir al mercado voluntario, donde la comercialización se arregla entre privados. Allí una empresa puede vender los bonos que quiera, y otra empresa que desee reducir los bonos o tener un impacto social positivo, los compra.
“Ya vamos por el tercer año y todavía no vendimos, pero en caso de querer hacerlo, tenemos que hacer el monitoreo de esos bonos, y una verificación final donde se venden”, aclaró. Un bono cuesta entre 3 y 6 dólares. Es un valor de mercado. De esta forma, dependiendo qué valor prime en el momento de venta, Adecoagro podría facturar entre 52.500 y 105.000 dólares por la venta de sus 17.500 toneladas de bonos de carbono.
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]]>La entrada Prueban en la cancha un nuevo jugador del INTA: el pellet de compost se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El investigador Luciano Orden, del INTA de la localidalidad bonaerense de Hilario Ascasubi, trabajó en el desarrollo de una máquina removedora de compost y de sensores que permiten producir enmiendas orgánicas a gran escala y el seguimiento del proceso a campo a través del envío de datos por telemetría.
Con esas herramientas logró optimizar la gestión del compostaje de diferentes residuos orgánicos y habilitó la gestación de otra innovación, junto con Javier Ferrari, investigador del INTA Bariloche. Ahora pudieron hacer pellet del compost.
“Aún en fase de estudio, el pellet de compost tiene algunas ventajas sobre el compost tamizado que sale directamente del campo”, destacó Orden. ¿Cuáles son esas ventajas? Según el investigador se aplica con las máquinas convencionales de fertilización, se incorpora mucha más cantidad de material orgánico por metro cuadrado ya que tiene menos humedad, se distribuye mejor, puede acopiarse y hasta es más eficiente de transportar en términos de logística.
Ver Un santafesino logró producir un ‘compost animal’ a partir de las heces de sus cerdos
Gracias a la articulación con el equipo de mantenimiento del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, los investigadores pudieron probar este biofertilizante como principal componente de una estrategia de fertilización biológica, que da respuesta a una necesidad escasamente resuelta en el rubro de los campos deportivos en la actualidad.
“La producción de césped tiene un ritmo mucho más intensivo que las actividades agropecuarias tradicionales, quizás el más intensivo del planeta”, apuntó Daniel Sposito, ingeniero en producción agropecuaria y asesor en campos deportivos. Un césped de golf, por ejemplo, se corta –es decir, se cosecha– prácticamente todos los días de la semana, mientras que el de un campo de fútbol se cosecha entre dos y tres veces a la semana.
Sumado a esta demanda, el tránsito arduo de un partido exige que el césped tenga una capacidad rápida de rebrote y reparación de todos los daños. “Para lograr una alta velocidad de regeneración, se utilizan estrategias básicas como resiembras casi permanentes, la gestión eficiente del agua y la aplicación de un esquema de fertilización, rico en fósforo y en potasio para fortalecer los tejidos vegetales”, explicó Sposito.
De acuerdo con Sposito, “el compost contribuye a los requerimientos de fertilización física, porque mejora la estructura del suelo, y biológica, debido a que la existencia de materia orgánica garantiza la posibilidad de que haya capacidad de intercambio catiónico, es decir, la disponibilidad de ‘platos de comida’ para que las plantas los tomen y se desarrollen”.
Sposito, quien ya había probado la incorporación enmiendas orgánicas con buenos resultados, destacó la versatilidad de la tecnología del INTA por su facilidad de aplicación. “El tamaño del pellet es muy bueno y la posibilidad de que se distribuya con maquinarias convencionales, que suelen estar disponibles en los clubes, hace que sea fácil de lograr”, amplió Sposito.
Actualmente, la fertilización biológica con compost se realiza en el momento de recomposición de las canchas, cuando, en condiciones de deterioro, se debe hacer una roturación profunda del terreno y luego se vuelve a nivelar.
“El compost del INTA presentaba una excelente calidad, porque era limpio, suave, de buen olor, con buena humedad, no estaba mezclado con tierra y tampoco tenía malezas”, destacó Sposito, al tiempo que añadió: “Se pudo aplicar sobre el césped sin la necesidad de roturar el terreno y, con una aireadora o con la misma lluvia, se va incorporando en el suelo”.
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