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La entrada En la Argentina ya funcionan 27 plantas de biogás: ¿Con qué se alimentan y qué subproductos generan? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En un reciente informe del INTA y el Ministerio de Agricultura se publicación los resultados de un relevamiento realizado entre 2020 y 2021, para conocer la real dimensión de las plantas de biogás en Argentina. El trabajo dio como resultado la identificación de 27 plantas en funcionamiento, con volúmenes superiores a 1.000 m3 de reactor.
El 90% se concentran en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Pero más importante que eso, el 80% están ubicadas en zonas rurales, ya que están relacionadas directamente con actividades primarias que le aportan el combustible.
De las 20 plantas que participaron del relevamiento, 55% se enfocan en la producción de electricidad, 40% en el tratamiento de residuos y 5% en la generación de energía para el autoconsumo.

Ahora bien, ¿qué se hace en una planta de biogás? Se trabaja principalmente en la digestión anaeróbica de materiales orgánicos que dan lugar a dos productos: un combustible gaseoso –el famoso biogás- y un material semilíquido denominado digerido, que consiste en una mezcla de biomasa microbiana, material no biodegradable y productos metabólicos provenientes del proceso de degradación.
¿Y qué se digiere? Distintos tipos de sustratos, que pueden ser de origen agrícola-ganadero y de origen agroindustrial. Los primeros comprenden purín de cerdo, estiércol bovino y silaje de maíz; mientras que los sustratos agroindustriales incluyen destilados de maíz, efluentes de frigoríficos y residuos orgánicos industriales como chala y marlos de las plantas semilleras.
El principal sustrato utilizado en las plantas relevadas por el estudio oficial es el purín de cerdo, seguido por el silaje de maíz. Los estiércoles ganaderos presentan características favorables (macro y micronutrientes, elevada concentración de materia orgánica biodegradable, alcalinidad, alto contenido de humedad) para ser tratados por la tecnología digestión anaeróbica. Sin embargo, el alto contenido de amoníaco puede conducir a una baja obtención de biogás, por lo que se suelen agregar otros sustratos en menor medida para favorecer el proceso anaeróbico.

Según los datos arrojados por el relevamiento, El 55% de los sustratos digeridos proviene de fuente interna, es decir es un residuo generado dentro del propio establecimiento o sistema de producción. Un 37% proviene de fuentes externas, donde los sustratos son generados por otros sistemas de producción, y un 26% de los casos es de procedencia externa. Es decir que son empresas que compran el sustrato y el resto lo adquiere por donación. De las 20 plantas encuestadas, 16 registran un total de 3.115 toneladas de digeridos al año.
La primera etapa de procesamiento del digerido es su separación, la cual permite obtener dos fracciones distintas: una fracción sólida llamada digerido sólido, y una fracción líquida o digerido líquido.

Su composición rica en macronutrientes como el nitrógeno, el fósforo y el potasio hace que su principal destino sea su uso en agricultura.
El digerido sólido puede ser compostado o bien aplicado directamente como fertilizante orgánico si está estabilizado. Otras tecnologías que facilitan su comercialización y valorización son el secado y la pelletización.
La fracción líquida, en cambio, concentra la mayor parte de los sólidos suspendidos y nutrientes del digerido total. Su principal utilización es como agua de dilución de la materia prima o bien como biofertilizante líquido.
¿Pero todos los digeridos pueden ser aplicados de forma directa en los cultivos? La respuesta es no, ya que primero se debe garantizar su calidad.
“La aplicación agronómica del digerido deberá estar acompañada por un plan de manejo agrícola, que considere el balance entre el aporte de nutrientes y los requerimientos del cultivo. Por ello, es importante conocer su composición nutricional, ya que una inadecuada aplicación o dosis excesivas, puede generar riesgos ambientales, incidiendo negativamente en el agua, suelo y plantas”, se indicó en el informe.
Dado que el digerido es producido continuamente, es necesario almacenarlo. Según el relevamiento, el sistema más utilizado es el de lagunas de estabilización, que también sirven para su tratamiento. De las plantas que aplican este método, 89% cuentan con lagunas cubiertas y 44% aplicaron un sistema de impermeabilización del suelo para evitar filtraciones.
Los digeridos son aplicados mayoritariamente en pasturas (41%) y en cultivos como el maíz (25%), soja (17%) y trigo (17%), y la técnica de aplicación más utilizada es sobre la superficie del suelo.
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]]>La entrada ¿Qué se obtiene de la mezcla de bagazo cervecero y moscas? Fertilizantes, biogás y hasta un suplemento proteico aplicable a bovinos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>¿Y cómo lo hicieron? Nada más y nada menos que con moscas.
Luego de ser seleccionados por Xerendip Venture Builder como modelo viable para ser puesto en marcha, se conformó Mosquita Feed Co, la startup que hoy tiene a Ubieta y Speciale como coordinadores de un equipo de ocho personas, que reúnen lo mejor de la ciencia y los negocios.
Todo el trabajo gira en torno a la Mosca Soldado Negra o Hermetia illucens, que ya en el mundo está dando de qué hablar por su gran capacidad para reciclar varios sustratos orgánicos, como los estiércoles, alimentos y desechos de cultivos. Aún así, este proyecto se centra por el momento únicamente en el bagazo.
“La mosca soldado tiene capacidad para elegir cualquier tipo de desecho orgánico, pero apuntamos a esto porque encontramos una necesidad por parte de las cervecerías. El bagazo tiene casi un 80% de agua y transportar un residuo de poco valor con esa proporción termina siendo muy costoso. Mediante nuestro proceso lo revalorizamos. La economía circular es parte del alma de Mosquita”, dijo a Bichos de Campo Juan Ubieta.
El proceso consiste básicamente en criar las larvas de estas moscas que serán las encargadas de consumir el bagazo. El proceso biológico es de entre 9 y 14 días, y los residuos obtenidos de las larvas serán aquellos que se destinarán a la fabricación de subproductos como fertilizantes, biogás y hasta suplementos proteicos para animales.

“Las larvas se filtran en grandes tamices y todo el residuo que queda, el bagazo mezclado con los restos de larva, etc., eso se separa. Esa la Fracción Frass, es decir aquello que utilizamos para fertilización, biogás y complemento de alimentación animal, tanto mono como multigástricos: peces, pollos, gallinas vacunos”, afirmó Ubieta.
Ese subproducto puede ser utilizado como fertilizante o vendido a empresas que quieran fermentarlo para obtener biogás. También se lo somete a distintos procesos de centrifugado que dan lugar al aceite de mosca por un lado o Mosquita Oil, y al residuo o polvo proteico de mosca, el Mosquita Meal.
“Argentina tiene un potencial de revalorización de los desechos de la industria cervecera enorme, siendo este aproximadamente 81.000 toneladas de Mosquita Meal, 23.000 toneladas de Mosquita Oil y 365.000 toneladas de Feed & Frass”, indicó el emprendedor.
Hasta el momento el proyecto lleva invertidos 150.000 dólares gracias al apoyo de inversores privados. El objetivo es llegar a fin de año con una biofábrica en marcha y en 2022 empezar a trabajar a escala industrial.
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]]>La entrada La Cortadera: Una escuela construida por familias campesinas cordobesas que sueñan con acceder a la conectividad se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La comunidad de La Cortadera, ubicada a unos 45 kilómetros al norte de la ciudad de Villa Dolores, Córdoba, se organizó para que los jóvenes de la zona puedan acceder a la educación sin tener que abandonar su pueblo. Bichos de campo se acercó al lugar para conocer de primera mano la propuesta educativa que ofrece la Escuela “La Cortadera” en la zona Traslasierra. “Los chicos aprenden contenidos universales y también los específicos de su vida cotidiana en el campo”, dijo Carolina Moyano, coordinadora y docente de la escuela campesina.
Mirá la nota completa acá:
Acceder a la escuela secundaria para la mayoría de las comunidades rurales es complicado por el largo camino que tienen que recorrer los alumnos, quienes muchas veces deben recurrir a internados para poder acceder a una educación de calidad.
En ese marco, las familias de la zona en 2011 gestionaron un reclamo comunitario ante el Ministerio de Educación de Córdoba para poder obtener la habilitación de su propia escuela secundaria, la cual fue construida en su mayor parte por los propios vecinos de la zona. La iniciativa cuenta con el apoyo del Instituto Privado Villas de las Rosas.
Además de contenidos relacionados con la producción agroecológica, la escuela cuenta con un módulo de biogás alimentado con guano de cabras y se focaliza en la planificación del manejo de los recursos presentes en el bosque de la zona de Traslasierra de acuerdo con los criterios establecidos por la legislación nacional y provincial vigente.
La llegada de la pandemia de Covid-19 complicó a esta comunidad, ya que las familias de La Cortadera no cuentan con servicio de agua potable ni tendido eléctrico y aun menos con conectividad. “La virtualidad que se instaló no visibiliza las dificultades que hubo de sostener la educación en un lugar donde no hay ni una biblioteca; cuando se cerró la escuela (en 2020), se cerró el espacio de sociabilidad y de estudio para estos chicos”, expresó la docente.
Para mantener este lugar se dividen en grupos y son los propios integrantes de la comunidad quienes realizan tareas de limpieza, reparaciones y cocina. Para formar y generar ingresos, suelen elaborar dulces y quesos con leche de cabras. “Soñamos con un acceso a conectividad, cursos de formación laboral, cursos de estudios superiores y que la voz de los jóvenes del campo se escuche cada vez más”, cerró Moyano.
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]]>La entrada La empresa de nutrición animal Biofarma inauguró un centro de experimentación en nutrición que incluye una escuela y hasta un biodigestor se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>De manera novedosa, Biofarma instaló en este centro un espacio destinado a la capacitación de jóvenes profesionales –ingenieros agrónomos, veterinarios e ingenieros zootecnistas-, para que amplíen sus conocimientos en la alimentación intensiva. Gracias a los convenios generados con universidades nacionales y extranjeras, los jóvenes pueden instalarse allí durante tres meses y enfocarse en aspectos prácticos de la actividad.

En cuanto al área destinada a la investigación, el CENAB cuenta con cuatro módulos independientes para la realización de estudios particulares. Uno de ellos es un galpón techado con 28 corrales de hasta diez animales cada uno, con pisos ruber slats y una balanza móvil que permite hacer pesajes sin trasladar a los animales.
El segundo módulo cuenta con diez corrales y comederos inteligentes, que facilitan la medición particular de cada individuo. Permite por ejemplo la realización de pruebas de consumo residual en reproductores.
El tercer módulo cuenta con 28 corrales, con capacidad para 20 animales cada uno, que funciona como un pequeño feedlot. El último módulo tiene 24 corrales, con capacidad para 50 animales, destinados a los ensayos de alimentación restringida.
El sector de la investigación se completa con un sector en la planta de comidas que tiene un mixer estacionario y un carro distribuidor.
En lo que respecta a la producción, se diseñó un juego de corrales tomando como referencia los modelos aplicados en universidades internacionales como las de Nebraska y Minnesota en Estados Unidos. Allí se creó un espacio de 50 corrales de engorde para 11.000 cabezas en su primera etapa, y 50 metros de frente para un comedero.
El CENAB cuenta con una planta de acopio y procesamiento propia en donde se produce el alimento. La misma cuenta con un molino a martillo, un banco de quebrado de ocho rolos con capacidad de 40 toneladas por hora, y una maquina de rolado a vapor. Los depósitos tienen espacio para almacenar 6000 toneladas de grano húmedo y 12.500 de alimento seco.

Los corrales centrales se encuentran elevados, a 4.40 metros del piso, y están acondicionados para juntar la bosta. También tienen una red de riego para reducir el estrés térmico de los animales. El bloque permite juntar el agua acumulada y llevarla a una represa de decantación. Eso alimenta un biodigestor que produce biogás, utilizado para alimentar la caldera que se usa en el rolado de maíz, y un grupo electrógeno que le da energía al predio en general.
“El biodigestor alimenta un equipo de ‘steam flakes’ o rolado al vapor, que en la actualidad es único en Argentina. El mismo aporta una diferencia importante en la mejora del maíz, aportándole digestibilidad, y humedad, lo que lo convierte en un producto muy seguro, además de evitar el proceso de acidosis en la hacienda”, señaló Marcelo Vilosio, vicepresidente de Biofarma.

Los excedentes de biogás son comercializados, y por día se obtienen además diez toneladas de fertilizante orgánico que regresa al sistema para reemplazar a los fertilizantes químicos.
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]]>La entrada La economía circular empieza por casa: una empresa argentina fabrica biodigestores en bolsa aptos para la agricultura familiar se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Los biodigestores permiten tratan los desechos orgánicos de las explotaciones agropecuarias, de modo tal que, además de disminuir la carga contaminante, generan un gas combustible (denominado biogás) y un biofertilizante líquido conocido como “biol”, que contiene en un valioso mix de nitrógeno, fósforo y potasio.
Los grandes biodigestores instalados en el país, que son pocos aún debido al elevado nivel de inversión que requieren, utilizan el biogás producido para generar energía eléctrica e inyectarla a la red en el marco del programa oficial RenovAr, pero los establecimientos más pequeños no tienen escala suficiente para acceder al mismo.

Sin embargo, esas pequeñas explotaciones también pueden emplear biodigestores de menor porte, como los que fabrica, por ejemplo, Dario Donate junto a su equipo, los cuales permitirían generar biogás que puede ser usado en una hornalla o para contribuir a la calefacción de un hogar, además de generar biol. “Para mí el producto más importante que se genera es el biol”, aclara Donate a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Darío Donate:
Donate montó una empresa junto a un par de socios llamada Econer, la cual se dedica a la fabricación de biodigestores en bolsa, flexibles y de carga semicontinua; también instalan equipos de energía solar.
La firma oriunda de la localidad bonaerense de Campana celebró un convenio con el INTA, mediante el cual ésta proveerá cinco biodigestores para ser colocados en la región Pampeana, Cuyo, Nea Noa y en la Patagonia, con el propósito de que técnicos del organismo oficial estudien el funcionamiento de los equipos, además de evaluar la producción de biogás y las características del biofertilizante producido en función de los desechos tratados. “La idea es que estos equipos, que tratan los desechos orgánicos, puedan ser aprovechados por la agricultura familiar”, manifiesta el emprendedor.
De acuerdo a Donate, los biodigestores se fabrican en diferentes tamaños y pueden ser utilizados en establecimientos pecuarios de pequeña y mediana escala a un costo muy razonble. Eso sí, aclara Donate: “Debe haber créditos que ayuden a los productores a poder adquirirlos, porque si vos le decís al productor que debe pagar la parte de su primer año de fertilización más el biodigestor, no le dará la economía para poder hacerlo”.
La bolsa biodigestora se compone de tres bocas: en una se carga el estiércol del animal (aunque también se puede llenar con cualquier desecho orgánico); por otra boca sale el fertilizante líquido y por una válvula superior se desprende el biogás. “Lo que hacemos en definitiva es volver a reciclar todo lo que sale del animal, de hecho reciclamos casi el 70% y con un muy bajo nivel de acidez”, resalta.
La bolsa más pequeña de las que fabrica Econer genera de 3 a 5 horas de biogás diario y extrae entre 100 y 150 litros de bio fertilizante por día. Donate considera que “una vaca bostea el 8% de su peso, o sea que si pesa 500 kilos, bosteará 40 kilos y ya con eso se podría alimentar un biodigestor chico”.
Ahora bien, el emprendedor indica que “no todas las bostas rinden igual”. Por lo general, la recomendación es arrancar con purín de cerdo y luego se le pueden empezar a sumar de a poco otros desechos. Con respecto al purín de cerdo, el mismo día que comienza a ser cargado en el biodigestor ya se genera metano aunque para alimentar una cocina requiere, como mínimo, 20 días; es la más efectiva en este sentido. En cambio, la bosta de vaca tarda un poco más.
Producir biogás con estiércol ya es un hecho en Argentina, a partir de un biodigestor flexible
En cuanto a estiércol de cabras, Donate precisó que “tenemos una bolsa instalada en Salta que funciona en base a ese recurso y viene bien, pero necesita una cierta trituración porque se sedimenta mucho y debe entrar lo más molida posible, para que luego las bacterias trabajen bien dentro del biodigestor”.
Econer ya cuenta con dos protototipos instalados: uno en la Escuela agraria “El Tatú”, de Campana, y otro en la chacra Canario Maculia, en Los Cardales, donde funciona un criadero de cerdos. Además, instaló un pequeño biodigestor en el tambo Lactocuyo, en San Juan, para transformar los desechos de sus 120 vacas en ordeñe.
Foto portada: gentileza diario La Auténtica Defensa de Campana
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]]>La entrada Sebastián Sosa busca tecnologías para la agricultura familiar del Cuyo: Ahora estudiarán cómo funcionan los biofertilizantes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Estas pruebas se desarrollarán en varias zonas del país, de la mano de un convenio de cooperación técnica entre el INTA y la empresa Econer, ubicada en Campana, que fabrica biodigestores en bolsa. Se han distribuido distintas bolsas para hacer este análisis. La idea ers que estas innovación que permite tratar los desechos orgánicos pueda ser aprovechado por la agricultura familiar.
Se trata de una bolsa negra tubular, flexible y de ciclo semicontinuo a la cual se ingresan desechos animales y orgánicos, se los degrada y como resultado arroja dos subproductos: Biogás y Biol (o fertilizante líquido).
“Podemos ingresar al biodigestor la materia orgánica por un lado y los desechos animales por el otro, o bien colocar ambos sustratos mezclados para que este los digiera en su interior y nos de como resultado el biogás y el biol”, explicó Sosa a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Sebastián Sosa:
El investigador describió que “el biogás es básicamente metano y dióxido de carbono y se puede emplear para generar energía o bien producir calor en una hornalla para cocinar alimentos. Y el biol es un biofertilizante líquido que tiene todos los nutrientes que podría tener un fertilizante artificial, pero la diferencia es que este suma microorganismos con lo cual tiene mucho más poder de fertilizante y es más natural”.
Respecto del convenio establecido con Econer, Sosa manifestó que la idea con el biodigestor montado es “hacer un trabajo de validación tanto social como técnica entre la empresa y el INTA”. Remarcó que es fundamental dado que muchos productores no pueden acceder al gas natural o envasado, además de que su costo es elevado, y entonces podrían aprovechar el biogás generado en la bolsa biodigestora, y también el biol producido para utilizar en sus cultivos y huertas.

En referencia a las pequeñas maquinarias en las que trabajan desde el IPAF región Cuyo, Sosa declaró que como San Juan y Mendoza son zonas productoras de vid por excelencia, han trabajado en el desarrollo de un artefacto que realice la cosecha asistida de uva, considerando que el trabajo manual es complejo y que es difícil conseguir gente que realice la tarea.
Se trata de un prototipo de “banco mecánico” diseñado para pequeños viticultores, de fácil construcción y que evita a los cosechadores subir la escalera para descargar los tachos de uvas en la caja del camión. “Es difícil de conseguir gente para cosechar de modo manual pero también es una tarea que implica riesgos porque la persona debe subir a un banco de cosecha y tiene que recorrer cerca de cinco kilómetros diarios”, enumeró Sosa en la lista de problemas a los que se enfrentan a la hora de trabajar la vid en la región.
La solución que ofrece esta maquinaria que desarrollaron en IPAF Cuyo es subir la uva desde el nivel del piso, hasta el camión que la carga, lo que implica un alivio para el trabajador y avanza hacia la mecanización de la cosecha.
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]]>La entrada Con cama de pollo y purín de cerdo se alimenta a una nueva planta de biogás en General Alvear: Ya provee energía a la red nacional se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Dando cuenta de esto, este martes se inauguró una nueva planta de biogás en General Alvear, provincia de Buenos Aires, de la mano del plan Renovar, que apoya los proyectos que generen energías renovables. Su capacidad es de 1 MV y ya está aportando energía a la red nacional manejada por Camesa, con un contrato cerrado por 20 años.

“Estamos convencidos de que Argentina tiene un potencial importantísimo para generar estas cuestiones que tienen que ver con la producción y un medioambiente amigable. Ese es nuestro objetivo”, comentó a Bichos de Campo Antonio Riccilo, directivo del Grupo Riccilo, que llevó adelante este emprendimiento.
La planta se encuentra ubicada junto a una granja porcina de 2.500 madres, que aporta sus efluentes como materia prima para la producción del biogás. El purín de cerdo es mezclado junto a cama de pollo que se obtiene de una granja cercana, también propiedad del Grupo Riccilo.
“Mezclamos los dos productos y a través de un proceso biológico, que dura de 30 a 40 días, se produce biometano que se utiliza para el funcionamiento del motor que inyecta a la línea”, explicó el productor.
Del sustrato obtenido como residuo, la parte liquida es usada para el riego y la parte sólida será comercializada como biofertilizante. “Hoy Argentina no lo tiene y el mundo lo usa y lo demanda”, aseguró Riccilo.

De la inauguración realizada en las últimas horas participaron el jefe de Gabinete de la provincia de Buenos Aires, Augusto Costa; el ministro de Agricultura de la provincia, Javier Rodríguez; y autoridades de la Secretaría de Energía de la Nación y de Camesa. Todos los capitales que demandó el proyecto son nacionales.
El evento sirvió al grupo Riccilo para dar a conocer un segundo proyecto que tiene en carpeta: otra planta de bioenergía ubicada en el partido de Saladillo, esta vez con capacidad para producir 2 MV. Utilizará los residuos de una granja de cerdos similar, pero también los de un feedlot estabulado que cuenta con un sistema de limpieza automático.
“Nosotros juntamos lo medioambiental, la generación de una energía limpia y renovable, y el tratamiento de residuos, y en el final nos queda un sustrato que convertimos en productos. Somos argentinos apostando a la producción y hace 30 años que estamos en esto”, remarcó Riccilo a Bichos de Campo.
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]]>La entrada ¿En qué se parecen el guano, la chala y el marlo de maíz? A simple vista en nada pero ayudan a producir biogás y biofertilizante se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El anuncio se realizó en el marco de una jornada virtual organizada por la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), de la que participaron varios funcionarios: el gobernador de la provincia de Santa Fe, Omar Perotti, el ministro de Agricultura, Luis Basterra, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Jorge Neme y la presidenta de INTA, Susana Mirassou, entre otros.

La inversión requerida para las dos plantas fue de 24 millones de dólares y la suma incluye capitales de inversionistas nacionales. Ambas pueden procesar chala y marlo de maíz y llegar en conjunto a las 40 mil toneladas anuales. Por separado, la planta de Pergamino procesa también guano de granjas avícolas de la zona y las flamantes instalaciones de Venado Tuerto pueden procesar también glicerol, el residuo de la industria de biodiesel.
“En pequeñas localidades, en la mayoría de los casos, la confiabilidad de la red eléctrica no es buena, hay problemas de déficit y falta de potencia. Con la producción de biogás estamos alimentando a las redes locales y a las cooperativas”, dijo a Bichos de Campo Héctor Tamargo, gerente general de Seeds Energy. Las empresas asociadas al proyecto son Corteva, Syngenta asociada a Nidera, KWS y ACA Semillas.
La planta de Pergamino tiene 2.4 MWH de potencia eléctrica, capaz de satisfacer la demanda energética de 5300 hogares, y la de Venado Tuerto 2.0 MWH, equivalente al 5% del consumo de esa ciudad. Entre ambas se puede conseguir reemplazar la emisión de 23.500 toneladas de CO2 al año.

“Estas plantas que son chiquitas y que están atomizadas a lo largo del país, mejoran la confiabilidad en la red y generan puestos de trabajo que no es menor. Sin ánimos de desmerecer otras tecnologías, las plantas de energía fotovoltaica o eólica, que son otras fuentes renovables y producen energía limpia, son totalmente automatizadas y no generan trabajo”, afirmó Tamargo.
Otro de los productos de estas plantas, y tal vez el más interesante, es la producción de biofertilizante que se obtiene de los residuos de la fermentación de la materia orgánica que ingresa. Una vez que se separa el gas metano, el residuo o “barro orgánico” restante tiene una gran cantidad de minerales y aminoácidos que sirven como nutrientes.

Si bien aún no está a la venta, se están realizando pruebas con varios productores de la zona de Pergamino, en la nueva campaña de siembra de maíz. “Estamos reciclando los nutrientes que capturó en su momento el maíz”, dijo el gerente de Seeds Energy.
Por el momento la distribución y comercialización de los productos de las plantas se realizará en un radio de 30 a 40 kilómetros a la redonda de sus locaciones. El proyecto logra de esta forma cumplir con dos de los objetivos del plan de Desarrollo Sostenible propuesto por ONU: reducir el CO2 y reemplazar los fertilizantes químicos por biofertilizantes.
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]]>La entrada ¿Cómo funciona el biodigestor cooperativo de General Cabrera? Produce energía con un poco de bosta y otro poco de maní se publicó primero en Bichos de Campo.
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Cotagro es una cooperativa agropecuaria y Copesp es una cooperativa eléctrica. Ambas están ubicadas en la localidad de General Cabrera, en Cordoba.
Allí armaron un biodigestor, una especie de “gran estómago” capaz de procesar primero los residuos orgánicos del criadero de cerdos de Cotagro. Luego le sumaron desechos de la producción de maní tan característica de esa zona de Córdoba, además de la industria frigorífica y de la industria láctea. Dentro del biodigestor todo eso se transforma primero en biogás y en fertilizantes de origen biológico. Más adelante en el proceso, el biogás se utiliza para producir electricidad.
Hoy esa planta tiene más de 30 proveedores de la región a los que les recogen de forma gratuita los efluentes y residuos. El biodigestor procesa entre 100 y 120 toneladas diarios. La mitad de ese volúmen proviene del criadero de cerdos de Cotagro y el resto de los nuevos abastecedores. Con eso generan 1 Megawatt por hora o 24 al día.

Del biodigestor sale primero biogás que luego transforman en energía eléctrica que le venden a Camesa para abastecer a la red interconectada nacional. También un fertilizante que están probando en campos vecinos.
“Se trata de un ganar-ganar”, explica Macagno, ya que mientras a los productores e industriales les resuelven un problema no menor (la disposición final de los efluentes, ellos a su vez producen energía y fertilizantes, con lo cual “se le devuelve al suelo lo que se le saca”, indicó el empresario.
Escuchá la entrevista a Juan Pablo Macagno:
Macagno dijo que cuentan con diferente tipo de camiones en función de cuál sea el residuo a levantar. Luego de retirar esos desechos, se le entrega un certificado de disposición final al proveedor.
“Con esto evitamos un pasivo ambiental importante porque esos residuos estaban siendo dispuesto quizás no de la mejor manera. Evitamos ese impacto ambiental negativo y extraemos la energía que tiene los residuos, los transformamos en biogás y con ese producto alimentamos un motor diésel acoplado a un generador, que lo transforma en energía eléctrica que se inyecta en la red”, dijo el empresario.
Con respecto al otro producto que se obtiene en ese proceso, el biofertilizante, indicó: “Ese es el subproducto de la planta que por ahora no tiene valor de mercado, pero que estamos empezando a aplicar en campos vecinos para ver cuáles son sus rendimientos. Se trata de un multi-nutriente que mejora las propiedades del suelo y el rinde de los cultivos”.
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]]>La entrada Adecoagro ya está lista para vender sus primeros bonos de carbono: Lisandro Ferrer nos contó este largo proyecto verde y redituable se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La empresa cuenta con tambos estabulados muy grandes y modernos en Cristophersen, en el sur de Santa Fe. Allí además desarrollaron un gran biodigestor a fines de 2017, para transformar el estiércol de las 13 mil vacas que tienen en ordeñe, en energía renovable que se usa en el lugar, y que incluso puede ser inyectada a la red nacional. De ese proceso también sale un biofertilizante, que pueda ayudar a desarrollar los granos que utilizan en el balanceado de las vacas.

“Es un modelo de producción circular que arranca desde la producción primaria de forrajes. Ese alimento se lo damos a nuestras vacas, y estas producen leche y generan efluentes, los cuales son procesados dentro del biodigestor, para generar energía y un subproducto que es un biofertilizante que aplicamos a nuestros campos y que fertiliza nuestros cultivos”, explicó a Bichos de Campo Lisandro Ferrer, responsable de proyectos industriales de Adecoagro. Los efluentes dejan de ser un problema y pasan a ser un subproducto más para la empresa.
Mirá la entrevista completa a Lisandro Ferrer:
“Esto siempre fue pensado como un modelo integrado. Desde que empezamos a intensificar la producción, siempre estuvo presente este biodigestor. Y fue mucho más viable cuando fuimos participes del Renovar I, que es una programa de energía renovable por parte del Estado”, contó el ingeniero responsable del proyecto.
Ferrer, que trabaja en Adecoagro desde hace 12 años, explicó que esta ventaja de transformación de biogás y de biofertilizante que les permite el biodigestor, les ayuda a llegar a otro mercado, el de bonos de carbono. Se trata de un proceso del cual ahora hablan muchos. A Adecoagro le llevó mucho tiempo.
“Primero planteamos un escenario base para explicar cómo estábamos antes de este proyecto y cuántas toneladas de dióxido de carbono generábamos y emitíamos al ambiente. Este proceso de descripción del proyecto y marco teórico nos llevó casi dos años. Merece ser detallado y claro, auditable y medible, porque al final de la historia eso tendrá un rédito económico”, describió Ferrer.
La segunda etapa, según manifestó el ingeniero civil, fue la de pre-validación. “Consiste en llamar a una consultora externa -en nuestro caso llamamos a una de España-, la cual nos define si con nuestro proyecto es posible generar bonos de carbono para comercializar”.
“Si esa pre-validación es positiva, se pasa a una tercera etapa, ya de validación, donde se pone el sello verde y se establece que el proyecto genera realmente bonos de carbono”, declaró.
Luego llega una cuarta etapa, la de registro, donde se establece cuántos bonos de carbono registra el proyecto en un año a partir de haber efectuado el balance entre emisiones y capturas. “En nuestro caso, todas esas etapas fueron positivas, y hoy tenemos 17.500 toneladas de bonos de carbono anuales equivalentes a dióxido de carbono”, resaltó el responsable de proyectos industriales de Adecoagro.
“Hay una serie de auditores y consultoras que te van acompañando a lo largo de este registro, y con una validación correcta, todas esas etapas le dan marco físico y real a tu proyecto. Por eso es tan importante seguir los pasos. Lleva tiempo, pero con un proyecto viable se puede alcanzar la meta”, afirmó.

Una vez que se obtiene la validación del registro de generación de esas toneladas de bonos de carbono, Ferrer manifestó que “lo que le sigue es una etapa de monitoreo, donde, durante un año, se chequea que realmente se produzcan esas toneladas de bonos de carbono”.
Para vender bonos de carbono, Ferrer explicó que se lo puede hacer accediendo, a un mercado regulado o bien a uno voluntario. “El regulado es similar en funcionamiento al de una bolsa de comercio, el cual compra y vende bonos. Nosotros no pudimos, en su momento, acceder a ese mercado, porque para entrar necesitábamos una carta de aprobación por parte del Estado argentino, y en esa época no estaba dándolas, por ende no podíamos registrar nuestro proyecto como verde”, dijo.
Entonces, Adecoagro decidió ir al mercado voluntario, donde la comercialización se arregla entre privados. Allí una empresa puede vender los bonos que quiera, y otra empresa que desee reducir los bonos o tener un impacto social positivo, los compra.
“Ya vamos por el tercer año y todavía no vendimos, pero en caso de querer hacerlo, tenemos que hacer el monitoreo de esos bonos, y una verificación final donde se venden”, aclaró. Un bono cuesta entre 3 y 6 dólares. Es un valor de mercado. De esta forma, dependiendo qué valor prime en el momento de venta, Adecoagro podría facturar entre 52.500 y 105.000 dólares por la venta de sus 17.500 toneladas de bonos de carbono.
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