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bodega – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Fri, 17 Sep 2021 11:34:27 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png bodega – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Historias de Traslasierra: Goyo Aráoz de Lamadrid se enamoró del paisaje serrano de San Javier y comenzó a producir allí sus propios vinos http://wi631525.ferozo.com/historias-de-traslasierra-goyo-araoz-de-lamadrid-se-enamoro-del-paisaje-serrano-de-san-javier-y-comenzo-a-producir-alli-sus-propios-vinos/ Fri, 17 Sep 2021 10:52:41 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=79830 Esta otra linda historia de Traslasierra, en Córdoba; la de Gregorio “Goyo” Aráoz de Lamadrid, un hombre de 64 años que a primera vista parece enamorado de la vida, de su mujer Ana, y del terruño que eligió hace 10 años atrás como su lugar en el mundo y en el que quiere permanecer hasta […]

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Esta otra linda historia de Traslasierra, en Córdoba; la de Gregorio “Goyo” Aráoz de Lamadrid, un hombre de 64 años que a primera vista parece enamorado de la vida, de su mujer Ana, y del terruño que eligió hace 10 años atrás como su lugar en el mundo y en el que quiere permanecer hasta el fin de sus días.

Se llama Hotel y Bodega Aráoz de Lamadrid, y está ubicado en San Javier, cerro arriba. Para describir lo que hizo con esas 11 hectáreas de sierras cordobesas, que al principio era un monte virgen, “completamente cerrado” como definió el propio Goyo, harían falta muchas fotos. Intentaremos relatarlo y graficarlo también.

“Casi que nos subíamos a los alambres para ver porque no se podía ni entrar”, relató en diálogo con Bichos de Campo sobre el día en que decidieron comprar ese predio. Antes Gregorio había hecho de todo: fundó y dirigió escuelas, trabajó como paisajista en los Estados Unidos y administró establecimientos porcinos en San Andrés de Giles. Sus hijos agrónomos siguen por allí.

Su finca soñada se llama “El Tala” y está ubicada ciertamente en uno de los pueblos más bellos del valle de Traslasierra. De eso no quedan dudas y basta con ver la nota en video o las fotos.

“Vinimos a este lugar por unos amigos que nacieron y que viven acá, y ellos siempre me decían que este era uno de los lugares más maravillosos del mundo y lo comprobé. Este era un lugar de vacaciones al principio, pero terminamos quedándonos por lo mucho que conectamos y por el bienestar que nos genera”, remarcó Goyo Lamadrid.

Mirá la entrevista completa a Goyo Aráoz de Lamadrid:

Primero Goyo hizo su casa, con ánimo de pasar allí sólo breves temporadas. Pero luego se fue aquerenciando con el lugar, con sus vecinos y con los artistas de San Javier, a quienes comenzó a comprarles obras para adornar los entornos de su lugar, ya que luego construyó unos pocos dormitorios para recibir visitas.

Más tarde comenzó a implantar algunas hectáreas de vides, para probar hacer su propio vino “entre montes”. Implantó las hileras de uvas con sumo respecto del paisaje original, a tal punto que entre los viñedos se aprecia gran cantidad de árboles autóctonos, algunos con más de 200 años de vida. ¿No te dan sombra sobre las uvas, preguntamos. Goyo se ocupa de podarlos para dejar solamente el extremo superior de la copa.

“Quisimos construir una enología cuya identidad fuera bien cordobesa, tratando de expresar el monte y las aromáticas, algo bien propio de Córdoba, y entonces quisimos que los vinos pudieran expresar esos sabores y lo hicimos tratando de que todo esto haga sinergia, una palabra que me parece maravillosa”, resaltó.

Goyo se llama igual que aquel militar- Gregorio Aráoz de Lamadrid- que luchó por la Independencia, que enfrentó a los federales, y que fue definido por Sarmiento como “el más valiente de los valientes”. Por la fama de su chozno, este hombre prefiere que le digan Goyo.

Queda claro que nuestro Goyo contemporáneo ha trabajado lo suficiente a lo largo de toda su vida como para darse ahora muchos gustos. Y en efecto, cada uno de los rincones de su hotel y bodega han sido intervenidos, pero con respeto y suma delicadeza. A este emprendedor le gusta de estar encima de todos los detalles y va de aquí para allá, aunque a veces parece cansado en algunas lomadas. La bodeguita la armó en la parte más alta del predio y vale la pena visitarla.

Allí tiene implantados casi todos los varietales que añoramos por nunca haberlos probado bien, Cabernet Frank incluido. Por dentro, esa bodega es casi un museo, porque hay esculturas, cuadros y cosas raras colgando de los techos y paredes. Al bajar, se aprecia una cava que guarda las botellas de vendimias anteriores, que todavía “no son suficientes como para sacar conclusiones”, nos contó Gregorio.

“Al principio la idea era hacer un vino para nosotros, teniendo la mitad de viñedo con monte y parque y la otra mitad con monte natural preservado tal cual así y sin tocarlo. En esta tarea de preservar la flora autóctona y sinergizar con la viña nos ayudaron mucho a configurar esta identidad tanto nuestro enólogo Federico Zaina, de Tunuyán, Mendoza, como Pedro Rosell, muy conocido en el mundo de los espumantes”, recordó Goyo.

Uno de los consejos que grabó a fuego luego de sus charlas con Zaina y Rosell fue el siguiente: “Vos podés copiar si no venís del mundo de la enología, porque de repente tenés un vino en la cabeza y querés igualarlo, pero eso siempre es copia. Vos tenés que construir algo distinto y original porque eso es mucho más lindo que la copia. En eso basamos la originalidad de nuestro proyecto, en roda la sinergia del monte con las aromáticas nativas del lugar, la polinización propia que se produce y con la expresión de este terruño y con sus minerales que son muy propios como el cuarzo, el feldespato y la mica”.

La bodeguita Aráoz de Lamadrid produce ocho cepas entre tintos, blancos y rosados y de allí salen unas 18 mil botellas anuales que no llegan a salir de Traslasierra, porque son vendidas allí mismo, entre turistas, sibaritas y gente que quiere tomar un trago de este vino.

Junto a otras bodegas de la zona, que está comenzando a tallar como una de las nuevas regiones vitivinícolas, Goyo comenzó a elaborar un vino con denominación de origen Traslasierra. Le pusieron de nombre “Chuncano”, como se conoce a los habitantes de esta zona de Córdoba.

En la bodega disponen de 2 grandes tanques de fermentación (de acero inoxidable) de 4500 kilos, y otros dos de 2500 kilos, lo necesario para vinificar 12 mil litros aproximadamente. Y en su cava tienen 28 barricas de roble, y mas de 6 mil litros en guarda. Sus nuevas estrellas son tres “huevos” comprados en Francia: sirven para custodiar el vino en reemplazo de las barricas.

Cerca de la bodeguita, otro de los rincones preferidos de Goyo es un invernadero que construyó con madera y mucho talento. En el medio se puede apreciar la estatua de una cosechera en minifalda y bromeamos sobre la idea de pensar que si fuera real, no habría problemas para conseguir mano de obra en tiempo de vendimia. Aquí, por ahora, no hay problemas para conseguir manos que recojan la uva de los parrales. En tiempo de cosecha, trabajan el propio Goyo y los suyos más cercanos.

Esa estatua cosechera de bronce no será presa fácil de los mozos, pues aparece custodiada por miles de espinas. Es que Gregorio tiene una colección de 7 mil cactus que va recolectando de sus viajes o que le traen sus amigos. Están por todas partes.

Goyo es un hombre admirable porque fue capaz de transformar su entorno hasta fundirse él mismo y sus ideas en ese paisaje. Finalmente decidió vivir en San Javier a pesar de que podría haberlo hecho en cualquier otro lado. Y sobre todo, decidió vivir plenamente lo que le queda de vida.

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Una aventura productiva: El enólogo Ezequiel Ortego pasó de producir malbec en Mendoza a elaborar “vinos de mar” cerca de Chapadmalal http://wi631525.ferozo.com/una-aventura-productiva-el-enologo-ezequiel-ortego-paso-de-producir-malbec-en-mendoza-a-elaborar-vinos-de-mar-cerca-de-chapadmalal/ Sun, 13 Dec 2020 11:22:19 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=53273 Ezequiel Ortego es un joven enólogo mendocino que se estaba especializando en la elaboración de malbec para la bodega Trapiche, hasta que en 2013 sus jefes le pidieron que viaje por tres semanas a la costa bonaerense, para trabajar en el armado de un nuevo proyecto cerca de Mar del Plata, en Chapadmalal, llamado Costa […]

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Ezequiel Ortego es un joven enólogo mendocino que se estaba especializando en la elaboración de malbec para la bodega Trapiche, hasta que en 2013 sus jefes le pidieron que viaje por tres semanas a la costa bonaerense, para trabajar en el armado de un nuevo proyecto cerca de Mar del Plata, en Chapadmalal, llamado Costa & Pampa. Ahí se quedó, enfrentando el desafío de producir “vinos del mar”. Ya lleva ocho años en el lugar.

Ortego comentó a Bichos de Campo que esta investigación de elaborar vinos marítimos comenzó en 2009, en un momento en que casi no se producían vides en la Provincia de Buenos Aires y mucho menos tan cerca de la costa. La bodeguita del grupo Peñaflor queda a 6 kilómetros del mar, pero ahora están ampliando la superficie con una nueva finca ubicada a solo 15 cuadras de la playa.

“Nuestros principales competidores, España, Francia, Italia y Estados Unidos, tenían sus zonas vitivinícolas desarrolladas cerca del mar pero nosotros no. Así surgió Costa & Pampa, con la premisa de desarrollar algo nuevo”, afirmóp el enólogo.

Mirá la entrevista completa a Ezequiel Ortego:

Hacia fines de 2009, cuando los principales enólogos del grupo Peñaflor decidieron emprender esta aventura en suelo bonaerense, se implantaron las primeras vides en la zona sobre 10 hectáreas. Hubo que esperar y los primeros vinos se elaboraron en 2013, cuando convocaron a Ezequiel para el armado de la bodega. “Viendo la calidad de los vinos decidimos seguir adelante con el proyecto y en 2014 comenzó la construcción del área de turismo y la ampliación de las hectáreas implantadas, porque había mucho potencial en la zona”, describió el mendocino.

Actualmente la bodega tiene 26 hectáreas de viñedos en la zona costera, sobre las cuales se producen 11 variedades diferentes de uva, algunas como ensayo, otras para sostener el grueso de la producción. Luego de las primeras experiencias frustradas con el Malbec, la variedad insignia mendocina, quedó claro que el fuerte de la zona son los vinos blancos y que la variedad tinta que mejor anda es el Pinot Noir. Por eso el 90% de las hileras se dedica a variedades blancas, como el Sauvignon y el Chardonnay. La cosecha comienza en febrero y se extiende hasta marzo.

Ortego piensa que es la decisión correcta: los vinos blancos y los espumosos de Costa & Pampa, fice, maridan perfectamente con la gastronomía desplegada en La Feliz a partir de la pesca.

 

“La marítima no es una zona para malbec como sí lo es Mendoza, porque se trata de una variedad con un ciclo vegetativo más largo. Es decir, a la uva le cuesta más tiempo madurar, lo que la hace más propensa a verse afectada por las heladas”, explicó el enólogo.

Una particularidad de la zona de Chapadmalal es que allí el riesgo de heladas ocurre a partir de la primera semana de abril, con lo cual se enfrentan al riesgo de perder mucha producción de vides, o bien tener que cosechar la uva en verde sin poder lograr un gran vino que compita con los grandes malbec mendocinos.

“Para mi que soy especialista en malbec, llegar acá implicó redescubrir mi forma de hacer vinos y mi paladar, el cual estaba entrenado para los vinos tintos, pero me hice apasionando por los vinos blancos y hoy los elijo”, resaltó el enólogo de Trapiche.

Entre los desafíos agronómicos que se presentan a la hora de producir vino en esta zona costera, el enólogo citó, como primer factor, el exceso de agua que  reciben los viñedos. Es todo muy diferente a Mendoza, donde la vitivinicultura se desarrolló en base al riego.

“En Mendoza tenemos entre 150 y 250 milímetros de precipitación anual mientras que acá tenemos 1100 milímetros. La vid necesita cerca de 500 milímetros de agua durante su ciclo productivo y nosotros tenemos el doble en la costa, por eso tratamos de poner nuestros viñedos con ciertas pendientes, cosa que el exceso de agua corra por el viñedo y no se nos sobre-hidraten las raíces”, describió Ortego.

Otro de los desafíos es la invasión de cotorras, el mayor enemigo de las vides de Mar del Plata. “Tuvimos que empezar a ver cómo protegíamos a las plantas. Las mismas fueron recubiertas por una malla similar a la antigranizo que usamos en Mendoza, sólo que acá las utilizamos para que las cotorras no nos coman las uvas”, manifestó.

Al ser la zona costera más húmeda, Ortego explicó que deben realizar mayor aplicación de productos químicos. “Hacemos tres veces más aplicaciones de fungicidas de las que hacemos en nuestros viñedos en Mendoza pero una vitivinicultura sin esos productos sería impensable porque tenemos un 90% de humedad relativa”, desarrolló.

El joven enólogo señaló que es cotidiano encontrar cada mañana los viñedos cubiertos de neblina o bruma, lo que genera un ambiente propicio al desarrollo de enfermedades fúngicas. “Hoy en día el 70% de mi tiempo está abocado al control de la finca y el 30% a la elaboración del vino. Es un desafío constante estar encima y ver que la planta se desarrolle bien e implantando malezas para que absorban el exceso de agua”, remarcó.

¿Y qué otros ensayos hacen en la bodega Costa & Pampa? Ezequiel comentó que este año plantaron 1 hectárea de Mencía, que es una variedad de uva tinta originaria de Galicia, España. También plantaron una variedad de uva blanca de la región francesa de Alsacia llamada Pinot Blanc. Fueron los primeros del país en hacerlo. “Hay mucho potencial para desarrollar cosas distintas”, afirmó Ortego.

“Aunque seguimos experimentando con nuevas variedades de uva, estamos convencidos de que acá hay futuro”, dijo orgulloso el enólogo, y concluyó: “Nos toca ser pioneros y llevar la bandera de los vinos de Buenos Aires al resto del mundo, pero que empiecen a surgir nuevos proyectos nos alienta a seguir en el camino por el cual vamos”.

Lo más importante es que hay 20 personas ocupadas haciendo vino cerca de Mar del Plata. La bodega Costa & Pampa, para quienes quieran, vuelve a recibir visitantes con reservas a partir de este mes. Vale la pena el relato, la ilusión y también probar los nuevos vinos marítimos.

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