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La entrada Un agrónomo en contra de los desperdicios: Santiago Harriague fabrica mochilas con bolsas de arpillera descartadas por la industria cervecera se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Me molesta que las cosas se normalicen por el simple hecho de que como todos lo hacen es natural. ¿Cómo puede ser que compres 20.000 litros de herbicida y te vengan en bidones de 20 litros? ¿Cómo puede ser que compres semillas y llegue un camión con 800 bolsas de 20 kilos? Estás generando un residuo que no deberías”, dijo a Bichos de Campo Santiago.

El agrónomo trabajó durante varios años vinculado a la producción de un campo de 15.000 hectáreas en Buenos Aires, en donde observó la cantidad de desechos plásticos que se descartaban en cada campaña. Como reciclar bidones de agroquímicos suponía un proceso por demás complejo, que implicaba tener protocolos muy específicos de seguridad e higiene, Harriague decidió abocarse al reciclado de las arpilleras que también se acumulaban en cantidad.
Pero contrario a lo que podría pensarse, las bolsas no provinieron de la industria semillera, sino de la cervecera. “Los primeros a los que les toqué la puerta fueron a los semilleros. Una de las empresas más grandes me dijo ‘¿Y qué ganamos nosotros?’. ¿Cómo que ganamos? El insumo que vos estás generando, vos mismo lo metes adentro del sistema”, recordó el emprendedor.
Gracias a un contacto que logró en un proyecto anterior de confección de materas, quien terminó llamándolo fue la cervecería Biere House, que no sabía cómo reutilizar las arpilleras en las que llegaba la malta. Fue con ese empujón que en octubre de 2020 puso manos a la obra y creó la primera tanda de mochilas formadas con estas bolsas, a las que les sumó desechos de banners de publicidad y otras bolsas plásticas para forrar y reforzar su interior.
“Quedaron muy buenas pero necesitaba hacerlas en cantidad. Empecé a buscar talleres de confección y en un momento pensé en que si estaba haciendo algo por el ambiente, podía sumarle también una pata social. Ahí conecté con la Fundación Formar, que me presentó a tres costureras de Lanús: Eli, Gladys y Tamara. Sin ellas no podría haberlo hecho”, aseguró Harriague.
El boca en boca fue lo que probablemente impulsó a otras cervecerías a sumarse al proyecto. Hoy ya son tres las proveedoras de la materia prima -Bier Haus, Jabalina y Abracadabra- que cada 15 días le entregan a Kaiapuni de forma gratuita las bolsas, que luego terminan en las manos de las costureras.
-¿Las cervecerías te venden o te regalan las bolsas?- le preguntamos a Harriague.
-Me las regalan. Si me las trataran de vender voy a un tacho y las saco, no tendría sentido.
-¿Por qué crees que esta vinculación se dio finalmente con las cervecerías?
-Porque tienen una noción de la sustentabilidad bastante más interesante que el campo. Hay cervecerías que quieren reutilizar hasta lo último de su producción. Y de hecho Eli, Gladys y Tamara ya no dan abasto. La semana que viene tenemos más reuniones para que se sumen nuevas chicas.
Kaiapuni requirió una inversión inicial de 3.000 dólares y hoy ya se sostiene por los ingresos de sus productos. Actualmente el stock está compuesto por neceseres, mochilas en dos tamaños y bolsos, que se caracterizan por ser piezas únicas. Sus valores van desde los 1.200 pesos a los 4.300.
Del proyecto hoy forma parte también Valentín Di Giacomo, estudiante de agronomía y hermano del mejor amigo de Harriague.
-¿Cómo ves a la demanda de este tipo de productos?
-A la gente la verdad es que le encanta lo que hacemos, nos felicitan y nos empujan a seguir. Al principio costó un poco porque muchos no entienden, pero cuando lo ven se empieza a vender mucho. Por mí que alguien más arranque a hacer lo mismo que yo, hay millones de cervecerías en el país. Bienvenida la competencia, no busco hacerme millonario sino aportar lo que puedo.
-¿Considerás que tus estudios te ayudaron a la concreción de este proyecto?
-Haber estudiado agronomía me abrió un poco la cabeza. Yo creo que el campo tiene que darse cuenta un poco más de todo lo que hacemos Se hacen un montón de cosas bien, pero también se hacen algunas cosas mal, y creo que falta un poco de humildad en el sector para atacar eso. Siempre decimos que somos el tractor del país pero no vemos lo que hacemos mal. Si nadie lo cambia, trataré de iniciarlo yo. Es un granito de arena.
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]]>La entrada Los Miguelez pasaron de reparar los viejos costales de yute a fabricar todo tipo de bolsas para el agro se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Mi viejo reparaba bolsas y las zurcía con una máquina especial. En esa época no se tiraba nada, se usaba todo. La materia prima venía de Brasil, Pakistán y Afganistán, en tiempos en que los granos se almacenaban en bolsas”, dijo Simón Miguelez en diálogo con Bichos de Campo.
“Incluso hubo una época de mucha escasez de yute entre 1940 y 1950, y viejos clientes llegaron a comentarme que utilizaron bolsas de algodón blanco para papas; hoy se llegan a ver algunos repasadores hechos con esas bolsas, los cuales tienen una capacidad de absorción superior a cualquier tejido de la actualidad”, recordó.
Mirá la entrevista completa a Simón Miguelez:
La bolsa se cuidaba muchísimo porque era un bien preciado y todos intentaban darle la mayor utilidad posible. Cuando luego de tanto uso se cortaba la bolsa, Miguelez rememoró un proceso llamado “boca fondo” por el cual lo que era boca pasaba a ser el fondo y viceversa. “Era un proceso complicado porque actualmente las bolsas se cosen y el dobladillo queda para afuera pero antes el proceso de confeccionado de una bolsa de arpillera era mucho más artístico; era un trabajo casi de sastrería te diría, porque el dobladillo quedaba antiestético si quedaba mirando hacia afuera”, destacó.
El papá de Simón murió joven en 1970 cuando el negocio que había montado también era joven, tenía unos 5 años de vida. “Continuó mi mamá por un tiempo y ya en los ´80, con la aparición de polipropileno o tejido plástico y producido en la Argentina, se fue reemplazando a la vieja bolsa de arpillera que salía más cara y era más pesada y difícil de manipular. Esta nueva bolsa trajo otro sistema al trabajo y redujo los volúmenes”, remarcó.

En el caso del trigo el embolsado se comenzó a hacer sólo para la semilla, debido a que el grano para consumo se distribuía a granel, y el uso final de la bolsa de arpillera lo dieron los paisanos en el campo, que las utilizaron como medias con las viejas botas de madera para protegerse del frío, algo que se usó mucho en efecto, según recordó Miguelez.
En Otamendi los Miguelez producen bolsas para papas pero no toda la papa sale embolsada. “Lo que es consumo fresco y va a mercados nacionales o regionales va embolsado en bolsas de 18, 20 o 25 kilos y acondicionado de distintas maneras, ya que algunas bolsas se hacen directamente en la chacra con la papa recién sacada de la tierra la cual se embolsa y se envía, pero en otros casos esa papa pasa por un un lugar donde se procesa, se cepilla, se lava y se embolsa. Ahí hay una papa de otra categoría pero en definitiva, siempre sale en bolsa”, manifestó.
Los Miguelez también fabrican las llamadas “big bags” que son grandes bolsas que al igual que para transporte de arena también se usan para papas, para industria del puerto y exportación de harina de pescado. También hacen bolsas para la cebolla, ya que se están buscando tierras frescas para cultivarla en la zona de Otamendi saliendo de su tradicional lugar en Bahía Blanca o Villalonga donde se están quedando sin agua de riego.
Un punto de cuestionamiento marcado por el embolsador es acerca de la reducción de las medidas de las bolsas, con el objetivo de ofrecer menor producto y de competir mejor con alguien. “Lo que pasa es que en esa competencia se fue perdiendo el volumen lógico de una bolsa de papa que para mi debería ser, no de 50 kilos como antes pero 30 kilos sería algo lógico; sin embargo hoy utilizamos bolsas de 17 a 18 kilos que no convienen a nadie. No es lo mismo fabricar una bolsa por día que fabricar dos. Se requiere de mayor personal y de más tecnología. Si a mi me preguntan, yo preferiría hacer 100 bolsas diarias de 30 kilos y no 170 bolsas diarias de 18 kilos”, refrendó.
Queda claro que para Miguelez el ritmo que lleva el sistema de embolsado no es el que corresponde y consideró que “alguna entidad deberá regularlo. No puede ser que un productor embolse 17 kilos de papa y la venda por bulto y otro productor, alambre de por medio, ponga 20 kilos de papa y la venda también por bulto. No se puede vender por bulto en un momento en que hasta la banana se vende por unidad y por peso. Debería estar más regulado, la bolsa para todo el mundo debería pesar determinados kilos y listo”.
“Lo único que deberían discutir entre compradores y vendedores es el precio porque la calidad y el peso siempre están; pero acá hay que discutir el precio, el tamaño de la bolsa que se ofrece, la calidad del trabajo que le estoy dando al producto y cuánta papa que se descarta y no debiera ir a la bolsa igual se pone. Es complejo el tema en torno a la comercialización de la papa”, concluyó.
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