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La entrada ¿Cómo sobrevive un tambo de 3.500 litros? Rosario López Seco cree que solo puede hacerlo agregando valor y por eso se puso a producir quesos agroecológicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Rosario lo tiene re claro. “Este es un tambo de los chicos, y por eso lo que yo digo es que para lograr salir de la subsistencia y no fundirte, tenés que agregar valor (a la materia prima) de alguna manera”.
En su caso decidió hacerlo de dos maneras: levantando una pequeña fábrica de quesos y reconvirtiendo todo el establecimiento hacia la producción orgánica. Por ahora, como todavía está en proceso de transición, no puede utilizar esa calificación, pero ya saca provecho de la venta de exquisitos quesos agroecológicos.
Mirá la entrevista a Rosario López Seco:
María del Rosario López Seco carga con nombre pomposo y que hasta parece patricio. En algún momento su familia era dueña de varios cientos de hectáreas en esta zona campera cercana a Brandsen, cuando su padre manejaba un establecimiento lechero de envergadura, pero los herederos fueron muchos y terminaron convirtiéndose todos ellos en poseedores de no tantas hectáreas. A Rosario le quedaron 165 propias que no le alcanzan, y por eso le alquila otras 190 hectáreas a alguna de sus hermanas. Allí tiene a sus 165 vacas en ordeñe más la recría de vaquillonas. Espera tener 200 en ordeñe hacia fin de año.
Aunque estudió veterinaria en La Plata, Rosario confiesa que al principio le escapó a la actividad lechera que caracterizaba a su familia. “Me resistía a la empresa familiar. Creía que el vínculo se terminaba lastimando cuando se mezcla el negocio con la familia”, admite. Luego reconoce que vivió un buen tiempo equivocada, porque “afortunadamente hoy mis hijas están muy involucradas conmigo en la empresa familiar”.
La empresa familiar es un tambo que va camino a ser “orgánico” (este mes la certificadora OIA debía hacer una primera evaluación, y luego quedaría otra final para agosto de 2022) y que por ahora es reconocido como “agroecológico” por las autoridades de la Provincia de Buenos Aires. Es decir, produce todo el alimento para las vacas sin utilizar insumos químicos ni cultivos transgénicos, entre otras movidas. Rosario lo resume bien: “Es como volver al pasado pero tratando de no ser fundamentalista, porque si no no subsistimos tampoco”.
La empresa familiar incluye una pequeña fábrica de quesos que Rosario pudo construir hace dos años con el dinero de la venta de un campito en Ranchos, y que por suerte ahora está ampliando porque les vienen quedando chicas las instalaciones. Esto implica que los quesos de El Abascay tienen una muy buena aceptación y demanda. Ellos mismos se ocupan de la distribución tanto en localidades de la zona de Brandsen como en tiendas de alimentación naturista de La Plata y Buenos Aires. También los venden por internet, desde su propia página.
Hacen todo tipo de quesos, algunos incluso inventados por ellas mismas. En la línea hay un cremoso, un halloumi ideal para grillar, ricota, un queso tibo, un gouda, un “campeche” (le puso así en honor a uno de sus hermanos) y un sardo, entre otros. Están incorporando un por salud y también empezaron a ensayar con dulce de leche (de leche orgánica). Piensan hacer un queso crema, mientras ensayan una mezcla de queso mitad leche de vaca y mitad leche de oveja.
Los quesos le demandan la totalidad de la leche que produce el tambo, los mencionados 3.500 litros diarios, que de ese modo se valorizan mucho más allá de los 31 pesos por litro que cobran los productores que entregan su leche a las industrias de la zona. Pero hay que estar encima de todo: de la fábrica y del planteo de producción orgánica, para que no se escape ningún detalle.
Rosario viene hace rato trabajando con esas pautas. A sus vacas las hace participes de un pastoreo intensivo, que le permite aprovechar la oferta de pasto del campo. A la par, cosecha el pasto cuando le sobra, para guardar esas reservas para el invierno. Pero también hizo maíz orgánico con buenos resultados. Lo fertilizó únicamente con los purines de sus propias vacas lecheras, que acumulaba en “cavas impermeabilizadas con membrana” ubicados cerca del corral de espera.
Luego de volver al campo familiar, Rosario comenzó a dedicarse a la actividad lechera por su cuenta en 1998 y ya no se imagina haciendo otra cosa. Antes de eso, hizo de todo: fue cocinera, tuvo comercios y hasta un bar en La Plata. Nos queda claro que en todas esas actividades tuvo un único hilo conductor: las ganas de aprender y hacer cosas novedosas.
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]]>La entrada Elena Trucco quedó viuda y comenzó a ordeñar una vaca para ahorrar la leche de sus hijos: Ya cumplió un año al frente de un pequeño tambo que les asegura subsistencia y dignidad se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Mi marido tenía tambo, pero dejó esa actividad para dedicarse a la hacienda de cría; cuando enviudé, no sabía qué hacer, hasta que un vecino me habló de retomar el tambo. Y así empecé, con una vaca”, dijo Trucco a Bichos de Campo.
Y como “la necesidad tiene cara de hereje”, dice el famoso refrán, al verse en una situación en la que debía aprender a subsistir, Trucco comenzó a ordeñar esa vaca para suplir la leche que compraba por packs para sus hijos. “Mi economía venía muy abajo. Mis hijos tomaban mucha leche y yo, teniendo vaca, la compraba en packs; entonces empecé a ordeñar a mano”, relató.
Mirá la entrevista completa a Elena Trucco:
Claro que Trucco también debió aprender a ordeñar. “Al principio no le sacaba todo a la vaca y aprendí. Luego incorporé terneros y más vacas y ahí empezó a ayudarme mi hijo Pablo, quien fue el que en realidad me enseñó a ordeñar, porque él aprendió de su padre”, destacó.
Ya con una producción de cierta importancia, comenzó a elaborar dulce de leche y quesos de manera artesanal para venderlos con ayuda de un vecino, Marcelo Mendieta, quien también tiene tambo. Para aumentar su plantel de vacas vendió un viejo tractor que tenía en el campo.
Hoy cuenta con unas 19 vacas en ordeñe que le dan 150 litros diarios de leche, y se abocó fundamentalmente a la elaboración de masa para mozzarella tras conseguir un cliente fijo. “Como ahora no hay mucho pasto, me disminuyó la cantidad de litros, pero todo lo que saco va a elaboración de masa. Yo tengo un cliente que viene una vez por semana, me paga en efectivo en el momento y levanta toda la mercadería directo en mi campo”, declaró.
“No es que gane para tirar manteca al techo, pero por lo menos me defiendo con esta actividad, puedo sustentar a mis hijos y pienso crecer más. Lo que pasa es que es difícil, yo no tengo financiamiento, entonces con lo que saco, trato de mantenerme y ponerlo en el tambo”, agregó.
Por más que haga frío o calor, llueva o no, Elena, al igual que tantos tamberos argentinos, se levanta cada día a las 4:30 AM y se prepara para ordeñar. “Por lo general empiezo a ordeñar muy temprano, pero a veces lo hago más tarde porque se me congela el pulsador. Al hacer todo yo sola acá, empiezo temprano, así luego puedo dedicarme a la casa y a mis hijos”, comentó.
¿Por qué apuesta al tambo? “Puedo estar con mi familia y no tengo que dejar mis hijos en otro lado para trabajar afuera. Yo soy inmigrante -la delata la tonada paraguaya- y ya dejé todo una vez. Hoy no quiero hacer eso. Yo me levanto de mi cama y voy a mi trabajo que está acá, lo que me permite estar más pendiente de mis hijos y, a su vez, ellos me pueden ayudar”, respondió.
“Mi marido quiso mucho este lugar, por eso estoy tan aferrada y quiero inculcarles ese valor a mis hijos, y quisiera que sigan con esto y amen lo que él tanto amó. Es por amor que estoy acá”, concluyó.
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]]>La entrada Una pastorcita ante todo: Luciana Martínez, desde su mundo entre ovejas, asegura que “no me veo haciendo otra cosa” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Aquella literatura para niños intenta dejar como enseñanza que siempre hay que hacer frente a las adversidades, no rendirse y perseverar en lo que se desea. Lo mismo se planteó Luciana cuando le propuso al dueño de un campo en Altamirano, partido bonaerense de Brandsen, hacer crecer su planteo de ovinos.

“Cuando vinimos a trabajar a este campo con mi esposo quise hacerme cargo de los 20 ovinos que tenía el dueño que nos contrató. Entonces le propuse que si nos quedábamos yo me haría cargo de ellas obteniendo un porcentaje de las ventas y quedándome con la lana. Quiero llegar a las 100 madres y estoy cerca de lograrlo”, relató entusiasmada Luciana en diálogo con Bichos de Campo.
Oriunda de Gualeguay, Entre Ríos, Luciana se mudó a Altamirano hace 13 años. Hoy tiene 65 madres entre borregas de primera parición y ovejas de segunda y tercera parición. “La realidad es que no llegué aún a las 100 cabezas porque la prioridad del campo en el que trabajo es la producción ganadera bovina, por ende tuvimos que achicar producción ovina para dar lugar a las vacas. Se complica invertir y el pasto es muy medido”, explicó.
Desde que llegó en 2008 a Altamirano, en pleno conflicto campo versus Gobierno por la famosa resolución 125, Luciana se abocó de lleno a la actividad ovina del campo mientras que su esposo lo dedicó a la producción bovina. “Cada uno en lo suyo pero trabajamos a la par. Ambos amamos el campo”, confesó.
Observar uno de los tantos videos que Luciana compartió con la redacción en su día a día basta para percibir su encanto por las ovejas. No parece ser un trabajo que le pese. Al contrario, lo hace con gusto y entusiasmo. Pasarlas al potrero para que coman, atender a algún corderito guacho o algún parto, y encerrarlas para protegerlas de los depredadores. Hasta las llama por su nombre a muchas de ellas. “No me veo haciendo otra cosa”, afirmó.
-¿Desde cuándo sentís esta pasión por las ovejas?
-Las ovejas me gustan desde que tengo uso de la razón. Recuerdo cuando iba al jardín de infantes en Entre Ríos y nos tocaba algún paseo por la sociedad rural de allí. Yo siempre me quedaba parada en los corrales de ovejas, mirándolas fijo. Me llamaban la atención.
-¿Y estudiaste algo relacionado al campo?
-Tengo primario y secundario completo. Al momento no me inscribí en ninguna carrera pero es una asignatura pendiente que tengo. Actualmente estoy haciendo un curso de ovinos dictado por el INTA. Consiste en tomar ocho clases y me gusta porque accedo a experiencias de otros productores y me interiorizo en torno a la ley Ovina incluso.

-¿Y tu familia colaboró en ese gustito por el campo y las ovejas?
-Mi familia me acercó al campo. Mis viejos siempre fueron empleados rurales. Cuando nos vinimos en el año 1989 a Buenos Aires, mi papá se instaló como empleado rural. Yo tenía 9 años y recuerdo que desde chica ya andaba entre ovejas y demás animales de campo. Mis abuelos tenían campo por otra parte, así que imposible no tener ese arraigo a lo agropecuario, a los animales y a la producción.
-¿Y cómo manejás tu plantel de ovejas?
-A las 65 madres las manejo sobre un total de 7 hectáreas. Ahora por ejemplo están en plena parición. Hacemos servicio continuo, lo que quiere decir que los carneros permanecen todo el año con las ovejas. La genética es de Tomás Estrada y la raza que crío es Hampshire Down, los famosos caras negra, muy nobles tanto en carne como en lana. Pero por sus cuidados requieren que estés encima todo el tiempo.
-¿Cuánto tiempo de tu día empeñás en cuidarlas y manejarlas?
-Mirá. La realidad es que la vida y las actividades del campo tienen que gustarte. Tenés que sentirla realmente en las venas, y sobre todo el ovino porque requiere un día a día permanente. Preocupan mucho los depredadores, en nuestra zona más que nada los zorros y los caranchos aunque también los perros vagabundos asilvestrados que andan por ahí. Por eso me manejo con perros comunes para controlar a los depredadores, atándolos cerca del corral de encierro. Yo digo que el del ovino es un trabajo diario, requiere tiempo y pasión, hay que encerrarlos cada día, no importa si hay sol, si llueve, si hace calor o frío. Ellos requieren mi atención permanente.
-¿T entonces cómo es un día en tu vida?
-Mi día arranca muy temprano, a las 7. Unos mates amargos y un pan casero tostado, más ahora con el frío, me gusta tostarlo sobre la salamandra, y al toque me voy a ver a los animales. En mi recorrida no están sólo los ovinos. Aunque ellos son lo más importante de mi trabajo, tengo también gallinas ponedoras, pollos parrilleros y le dedico tiempo a una huerta. Las semillas me las provee el INTA. Luego tengo las actividades propias de mi casa. Arranco por las ovejas, las saco de un potrero y las paso a otro para que pastoreen hasta las 4 o 5 de la tarde, cuando las vuelvo a encerrar para que pasen la noche protegidas de los depredadores.
Si hay algún corderito guacho le caliento leche y se la suministro yo. Luego de ver a las ovejas, visito a los pollos parrilleros, a los que debo alimentar cada día, al igual que a las ponedoras, las cuales son criadas libres de jaula.
En estos días también dedico tiempo a juntar algo de leña en el monte y acumular carretillas para abastecer luego la salamandra.
-¿Te queda tiempo para el descanso u otra actividad?
-No lo veo como una carga, por eso digo que el campo te tiene que gustar de verdad. En mis tiempos también coordino un grupo de mujeres rurales de Altamirano donde buscamos capacitarnos y aprender más para independizarnos en lo laboral y tener la posibilidad de proyectar cosas. La pandemia no nos ha dejado juntarnos pero continuamos nuestras gestiones por WhatsApp. Nuestra idea es conseguir un lugar para poder seguir con las charlas y las capacitaciones.

-Hablando de mujeres, ¿considerás que encontraron un espacio activo y visible en el mundo agropecuario?
-Creo que las mujeres somos más visibles ahora que surgieron diversos grupos feministas luchando por sus lugares, pero es cierto aquello de que el campo siempre se vio como un universo masculino. En lo personal yo no noté exclusión porque mi esposo siempre me dio espacios. Ambos trabajamos a la par en el campo, pero sí considero que sigue habiendo machismo. Por eso creo que deberíamos meternos más en política y tener más cupo femenino, pero con mujeres reales de campo, que conozcan la problemática, y de todas las provincias, no sólo de Buenos Aires. Me gustaría que haya más referente que hayan vivido y sentido el campo, que sepan lo que es trabajar un día de lluvia y salir en caballo cuando es necesario. Falta todavía pero de a poco vamos cobrando cada vez más visibilidad. No te niego que me gustaría que se escuche más a la mujer rural porque todavía no está ese equilibrio que yo quisiera entre hombres y mujeres, ni en el tipo de trabajo ni en los sueldos. Imaginate que si eso cuesta en la ciudad, en el campo es peor.
Fábula La Pastorcita, de Rafael Pombo
Pastorcita perdió sus ovejas
¡y quién sabe por dónde andarán!
-No te enfades, que oyeron tus quejas
y ellas mismas bien pronto vendrán.
Y no vendrán solas, que traerán sus colas,
Y ovejas y colas gran fiesta darán.
Pastorcita se queda dormida,
Y soñando las oye balar.
Se despierta y las llama enseguida,
Y engañada se tiende a llorar.
No llores, pastora, que niña que llora
Bien pronto la oímos reír y cantar.
Levantóse contenta, esperando
Que ha de verlas bien presto quizás;
Y las vio; mas dio un grito observando
Que dejaron las colas detrás.
Ay mis ovejitas ¡pobres raboncitas!
¿dónde están mis colas? ¿no las veré más?
Pero andando con todo el rebaño
Otro grito una tarde soltó,
Cuando un gajo de un viejo castaño
Cargadito de colas halló.
Secándose al viento, dos, tres, hasta ciento,
Allí unas tras otra ¡colgadas las vio!
Dio un suspiro y un golpe en la frente,
Y ensayó cuanto pudo inventar,
Miel, costura, variado ingrediente,
Para tanto rabón remendar;
Buscó la colita de cada ovejita
Y al verlas como antes se puso a bailar.

La entrada Una pastorcita ante todo: Luciana Martínez, desde su mundo entre ovejas, asegura que “no me veo haciendo otra cosa” se publicó primero en Bichos de Campo.
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