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cactus – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Wed, 01 Dec 2021 17:03:46 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png cactus – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Pensando en producir cada vez con menos agua, van ganando terreno frutas provenientes de los cactus como la pitaya http://wi631525.ferozo.com/pensando-en-producir-cada-vez-con-menos-agua-van-ganando-terreno-frutas-provenientes-de-los-cactus-como-la-pitaya/ Wed, 01 Dec 2021 11:09:50 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=86970 Si bien Argentina todavía mantiene una condición climática privilegiada en comparación a otros países, muchos productores frutícolas ya comienzan a hacerse preguntas sobre las nuevas especies de fruta que están arribando a los mercados locales, y que para más de uno son verdaderas rarezas pero para otros podrían convertirse en una opción productiva en un […]

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Si bien Argentina todavía mantiene una condición climática privilegiada en comparación a otros países, muchos productores frutícolas ya comienzan a hacerse preguntas sobre las nuevas especies de fruta que están arribando a los mercados locales, y que para más de uno son verdaderas rarezas pero para otros podrían convertirse en una opción productiva en un contexto de restricciones hídricas.

Así aparecen en el radar algunos frutos provenientes de distintas variedades de cactus, que aunque aquí solo pueden observarse en el noroeste de nuestro territorio, en países como Israel, China y Vietnam su producción y comercio está por demás extendido.

Aunque por su forma no se distingan tanto, estas frutas tienen nombres muy variados según el lugar en donde sean cultivados.

Un ejemplo de esto es la “pitaya”, un fruto de color vibrante y con escamas en su exterior, que en México adquirió el nombre de cactus trepados y en China el de “dragon fruit” o fruta de la pasión.

Centrándonos en el caso particular de la pitaya, su producción se ha extendido sobre todo en aquellos países que presentan serios problemas de escases de agua. Es Israel, donde la crisis hídrica se ha extendido por más de una década, los agricultores se han tomado el trabajo de dedicarle tiempo a su investigación para volverla una fruta atractiva al consumidor y de gran sabor.

La mayoría de las variedades de pitaya no tienen espinas, aunque algunas, como la amarilla, tienen algunas. Las más comunes son las rojas, aunque la intensidad de sus colores puede variar en función de sus cruzamientos genéticos. Algo similar ocurre con su pulpa, que es la parte que se consume, que puede ser de color blanca o roja. Aportan gran cantidad de calcio y minerales.

“Las primeras introducciones de esta especie en Israel se dieron hace 30 años. El sabor de las primeras era mediocre y no tomó mucho tiempo convencer a las personas de que podrían ser sabrosas, y no únicamente ornamentales. Además al principio tenían picos productivos altos y concentrados, por lo que había mucha fruta en un solo momento y su precio bajaba. Por eso se apeló a su mejoramiento genético”, explicó Noemí Tel-Zur, investigadora de la Universidad Ben Gurión de Israel, durante una exposición sobre esta fruta exótica.

Según la especialista, la pitaya puede vivir libre de sustratos, ya que al ser trepadoras puede sujetarse de otras plantas –sin ser parasitas de ellas- o de estructuras colocadas por el agricultor como postes. Su maduración se da durante el verano (aunque la variedad amarilla solo madura en otoño e invierno) y en comparación con otras frutas, al momento de ser cosechada, la fruta no aumenta su grado de dulzor, por lo que es importante no arrancarla antes de tiempo.

Sobreviven con riego y fertilización por goteo en territorios con climas áridos, pero a la vez las variedades que se cultivan en zonas tropicales como Vietnam resisten grandes lluvias. Otra diferencia está en la polinización: en zonas áridas no hay suficientes insectos polinizadores, por lo que los mismos cultivadores deben realizarlo en forma manual durante las noches, único momento del día en que las flores se abren.

Actualmente Israel obtiene una producción de pitayas de entre 25 y 35 toneladas por hectárea, para lo cual emplea entre 500 y 1000 metros cúbicos de agua por hectárea por año. “Esto supone menos de la mitad de lo requerido para la producción de cítricos”, aseguró Tel-Zur.

Otro beneficio es su precio: las pitayas pueden llegar a venderse a 9 dólares el kilo (aunque el productor recibe la mitad de eso).

Ahora bien, ¿existen experiencias similares en nuestro país? La respuesta es afirmativa. Una de las variedades más desarrolladas de frutos provenientes de cactus es la tuna, que es producida principalmente en el noroeste del país, aunque también hay importantes experiencias en la provincia de Córdoba.

La Argentina tuneada: Un productor y una investigadora nos cuentan todo sobre la tuna, una fruta que podría crecer mucho en las zonas más áridas

Al igual que la pitaya, la tuna tiene una cascara gruesa que debe pelarse para llegar a la pulpa, pero se diferencia por tener una mayor presencia de espinas, que puede dificultar su recolección. Esta fruta puede venderse entre 55 y 60 pesos por kilo.

Otras variedades que puede encontrarse en nuestro país son la “ulua” y la “ucle”, ambas provenientes de las cactáceas. La primera resiste temporadas más frías, y la segunda jornadas de radiación solar intensa, sin demandar por eso más agua. Si bien ambas tienen flores que solo se abren de noche, a diferencia de lo que ocurre en Israel no tienen problemas con los polinizadores naturales.

Por el momento, estas dos frutas crecen de forma silvestre en nuestro país, y especialistas se encuentran evaluando su “domesticación” para conseguir insertarlas en el mercado.

Raros cultivos nuevos: La pitaya se investiga en Formosa desde 2012 y ahora está en búsqueda de productores que se le animen

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El duro momento de un matrimonio que vive de producir cactus y suculentas: “No nacimos para pedir; solo queremos trabajar” http://wi631525.ferozo.com/el-duro-momento-de-un-matrimonio-que-vive-de-producir-cactus-y-suculentas-no-nacimos-para-pedir-solo-queremos-trabajar/ Tue, 05 May 2020 12:09:28 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=39104 Los cactus y las suculentas se ganaron un lugar en la vida cotidiana de los argentinos: prácticamente cualquiera tiene una de esas plantas en su casa porque no requieren de grandes cuidados. Basta con regarlas de tanto en tanto y crecerán con firmeza. Esa firmeza es la que añoran ahora los productores de ese tipo […]

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Los cactus y las suculentas se ganaron un lugar en la vida cotidiana de los argentinos: prácticamente cualquiera tiene una de esas plantas en su casa porque no requieren de grandes cuidados. Basta con regarlas de tanto en tanto y crecerán con firmeza.

Esa firmeza es la que añoran ahora los productores de ese tipo y otras plantas ornamentales y flores. En medio de la pandemia, ellos son el eslabón más débil en todo el arco productivo. Son unos 30.000 en todo el país. Sin mercados habilitados, para ellos no aparecen soluciones en lo inmediato.

“Nuestra actividad se paró en un 100%”, asegura Beatriz González a Bichos de Campo. Beatriz trabaja un vivero junto a su marido, Rubén Jorge Sánchez, en el Centro Agrícola El Pato, una localidad del partido de Berazategui, en el Gran Buenos Aires.

Beatriz no sólo produce sino que también participa de ferias y vende su producción a otros viveros. Pero claro, en medio de la cuarentena por coronavirus, sin poder abrir el vivero y sin ferias, su actividad se vio totalmente frenada.

El agravante es que Beatriz y Rubén alquilan el lugar donde montaron su vivero. “Por fortuna la dueña del predio entendió nuestra situación, que es la de otros tantos productores como nosotros; y es que lamentablemente quedamos tapados detrás de otras producciones consideradas, tal vez, más importantes”, se lamenta la productora.

“Es lógico que no queremos enfermarnos. Pero si esto continua así, ¿De qué viviremos y cómo podremos mantener nuestra actividad?”, se pregunta Beatriz entre lágrimas. Y no es para menos su desesperación, porque ellos además llevan sus productos al interior del país, viajando. “Así es como, de hecho, vendemos. Pero ahora está todo parado”, explica la productora.

Ver: Desesperado pedido de los productores de flores y plantas: Por la cuarentena se tiran toneladas de mercadería

Beatriz recuerda que “para inicios de mayo debíamos estar en Villa Reducción, Córdoba, en una fiesta hermosa donde el año pasado trabajamos un montón y en sólo tres días habíamos vendido toda la mercadería que llevamos. Pero hoy estamos acá, sin poder vender, sin poder trabajar y sin poder llevar nuestro producto a todos lados”.

Además, comenta que tuvieron un agravante en medio de la pandemia. “Un temporal dañó nuestros invernáculos, y por eso elevamos nuestra problemática a la directora provincial de Agricultura Familiar y Desarrollo Rural, Daniela Mariotti, para que entienda lo que nos pasa”.

Beatriz y Rubén empezaron con vivero en el barrio porteño de Caballito en 1995. Allí estuvieron por 15 años, mientras producían sus plantines en El Pato. Luego decidieron dedicarse de lleno a la producción, dejando la venta al público, para dedicarse más a los cactus y no tanto a los florales y plantines.

“¿Cómo salimos adelante? No sé la verdad. Mi única certeza hoy es que gracias a Sara, que es nuestra almacenera y que nos fía, podemos cocinar y comer”, declara Beatriz.

Beatriz, que es monotributista social, recibirá el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) de 10 mil pesos que el Gobierno habilitará a mediados de este mes y opina: “Es como un chiste. Pero bueno, en este momento es necesario. No quiero opinar de política pero esta situación me angustia. Nosotros somos trabajadores, no queremos que nos regalen nada”.

Beatriz asegura que entiende que los cactus y las suculentas no son productos de primera necesidad, pero, asegura: “Estamos complicados, al igual que mis suegros que tienen puesto en el cementerio de Flores y tampoco pueden trabajar a sus 70 años. Sé que hoy no podemos hacer lo que hacíamos, pero no sé pedir. No nacimos para pedir. Sólo queremos trabajar”.

Ver: Un enorme vivero de cáctus y suculentas, nuestro candidato a las siete maravillas de la Argentina

Acerca de los micro créditos que ofrece la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) para que productores de flores se vuelquen a la producción de verduras, Beatriz se muestra contrariada: “No estoy de acuerdo en pasar a hacer verduras. Nosotros hacemos cactus y plantas. Y todavía estoy pagando un crédito del Banco Ciudad para compra de macetas, de modo que no quiero sumar otro crédito”.

El vivero se llama “Vivero Rubén”, y tanto Beatriz como su esposo siguen conectados a través de sus redes sociales, en Facebook y en Instagram, a la espera de que esta pesadilla termine y puedan volver a vender, a viajar, a participar de ferias. A ver florecer sus cactus y suculentas, como ayer.

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Un enorme vivero de cáctus y suculentas, nuestro candidato a las siete maravillas de la Argentina http://wi631525.ferozo.com/un-enorme-vivero-de-cactus-y-suculentas-nuestro-candidato-a-las-siete-maravillas-de-la-argentina/ http://wi631525.ferozo.com/un-enorme-vivero-de-cactus-y-suculentas-nuestro-candidato-a-las-siete-maravillas-de-la-argentina/#comments Mon, 13 Apr 2020 23:06:59 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=29490 La de las siete maravillas naturales argentinas es una iniciativa para elegir “los siete lugares más impactantes y distintivos en todo el país”. Si la votación todavía estuviera habilitada y se dejara competir a entornos creados por el hombre, este enorme vivero especializado en cactus y suculentas perfectamente podría aspirar a ser parte de la compulsa. Bajo la cobertura plástica, […]

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La de las siete maravillas naturales argentinas es una iniciativa para elegir “los siete lugares más impactantes y distintivos en todo el país”. Si la votación todavía estuviera habilitada y se dejara competir a entornos creados por el hombre, este enorme vivero especializado en cactus y suculentas perfectamente podría aspirar a ser parte de la compulsa. Bajo la cobertura plástica, el paisaje que ofrece es maravilloso. Decididamente este lugar nos ha impactado.

Primero unas fotos que Bichos de Campo tomó en el lugar, como para que entiendan de qué estamos hablando:

La empresa se llama Cactus Calchines y está ubicada en Santa Rosa de Calchines, en la llamada “costa santafesina”, unos 80 kilómetros al noreste de la capital de Santa Fe. Llegamos al lugar de la mano de la gente del Ministerio de la Producción de la Provincia. Su fundadora es la floricultora Cinthya Balagna, a quien no pudimos conocer porque ese día estaba preparando “una carga” fuera de su inabarcable vivero. Hay que imaginarse lo complicado que debe ser preparar un envío de cactus de muy diversa forma y tamaño. Pero ella lo hace: con transporte propio distribuye sus criaturas por todo el país, desde Salta en el norte hasta Bahía Blanca en el sur.

Como Cinthya no estaba y como su esposo, Federico Arnoldt, es parco para las cámaras y tiene su propio vivero de plantas convencionales a unas cuadras de este lugar, quien ofició de vocero de Cactus Calchines fue Agustín, el hijo de ambos, que ya está trabajando en el lugar con apenas 18 años, va a estudiar Informática y quiere hacer una aplicación para ordenar la caótica comercialización de cactus de la empresa familiar.

Mirá la entrevista con Agustín Arnoldt:

 

En el establecimiento se realiza todo el proceso de producción de cactus y suculentas. Arranca desde las semillas, que en general son importadas. En la sección del criadero, esas semillas germinan en unas bandejas envueltas en film y expuestas a mucha luz las 24 horas del día. Luego, en la “nursery” cada plantita se transplanta a un “plac”, para que empiece a echar raíces. Luego se pasan a macetas que varían de tamaño según cada especie.

“Son más de mil especies de cactus, y después hay suculentas, crasas, rosas del desierto”, enumera Agustín. Cada una de ellas necesita de un cuidado especial y la única que parece tener todo en la cabeza es Cinthya. Ella luego va instruyendo y formando a cada uno de los responsables de las distintas naves del vivero, que en total ocupa unos 8.000 metros cuadrados en producción. Los “chicos”, como los llama Agustín, porque la mayoría de ellos son jóvenes como él, tienen que estar atentos a todo tipo de detalles: cuando necesita agua o cuando le sobra, si le hace falta fertilizante, si tiene alguna enfermedad. “Es un trabajo muy relajante. Se te hace un hobby más que el trabajo”, describe nuestro vocero.

El matrimonio de Federico y Cinthya eligió Santa Rosa de Calchines como su lugar en el mundo para poner sus viveros básicamente por la muy buena calidad del agua disponible en la región, que queda recostada sobre uno de los márgenes del río Paraná. Federico viene de una familia de viveristas de Rafaela, donde una de las mayores limitaciones comenzaba a ser justamente la provisión de agua para el riego.

Estos productores venden las plantas terminadas solamente a nivel mayorista (es un vivero de viveros) y en bandejas donde hace un “mix” de diversos cactus y suculentas. Los clientes hacen su pedido por internet mirando una foto de las bandejas que se le ofrecen. No puede elegir demasiado más, solo cambiar un 10% de lo que se les muestra.

“Mi mamá era técnica jardinera, y empezó con los cactus cuando yo era chiquito. Empezó sola, no tuvo vivero hasta 2011. Unos años antes había tenido un accidente: se cayó justamente de una montaña mientras recolectaba semillas de cactus. Mi mamá con eso es muy cuidadosa. No le gusta ni permite que saquemos cactus de la Naturaleza, porque hay muchas variedades en peligro de extinción. Ella esto lo disfruta, no se lo toma como un trabajo”, nos cuenta Agustín, que no disimula el complejo de Edipo, mientras nos muestra también algunos curiosos injertos que ensaya su madre.

Cinthya es tan apasionada que incluso está armando su propio banco de germoplasma de cactus, que sería uno de los pocos (si no el único) que exista en la Argentina. “La idea es hacer plantas madres, pero es algo que cuesta mucho porque los cactus son algo que no se trata de tener sino de esperar. Algunas variedades tardan entre 30 años y hasta 40 años en florecer y poder dar semillas. Pero la idea es a futuro. Ella nos dice a mi hermano y a mi: ‘Quizás yo no lo llegue a ver, pero capaz ustedes sí lo puedan ver'”.

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