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La entrada La emotiva historia del pequeño Milo, quien sana cantando folklore en vivo y cabalgó 56 días junto a los gauchos de Güemes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Llama la atención ver con cuánta pasión sus padres llevan a Milo a presentarse a cantar y tocar en vivo por todos los lugares del país que les puedan surgir. Su madre nos cuenta por qué lo hacen en este emotivo texto que ella misma decidió escribir. Es que la historia de Milo resultó ser emocionante y ejemplar:
“Cuando Milo cumplió 2 años de edad recibimos un diagnóstico médico sobre él que manifestaba un retraso madurativo del lenguaje y trastorno de atención conjunta. Fue muy duro. Pero con el tiempo fuimos descubriendo que su principal y sanadora conexión sería la música, puntualmente la música en vivo. Porque a pesar de su temprana edad, empezamos a ver que se desesperaba por subir a los escenarios en cualquier evento, ya fueran peñas, recitales o fiestas familiares. Y su apego o juguete de transición pasó a ser un ukelele, al que llevaba a su salita en el jardín y dormía con el mismo en sus brazos.

Tenía 3 años y medio y nuestro hijo balbuceaba todas las canciones del grupo Los Carabajal. Podía seguir perfectamente el ritmo de sus canciones con algunos rasgueos en su guitarra. Un día compramos entradas para ir a verlos a un teatro. El consagrado grupo lo vio desde el escenario y lo invitó a subir y a compartir varias canciones. Un hito inolvidable que marcó un antes y un después, en la vida de Milo, porque a partir de ese momento comenzó a pasarse horas en casa mirando videos de artistas, escuchando canciones y observando cómo sus referentes ingresaban al escenario o cómo saludaban al público.
Cerca de cumplir los 4 años, Milo pudo decir por primera vez `mamá`. Y luego de algún tiempo, su segunda palabra fue `Colín`, queriendo decir Violín.
Lo llevábamos a gabinetes de neurolingüística, fonoaudiología y musicoterapia. Y si bien no avanzaba mucho en la atención ni en la conexión, sí mejoraba en ambas áreas cuando se vinculaba con la música. Decidimos incentivarlo llevándolo a talleres de música y de canto. A fin de año participó de la muestra de los alumnos y pudimos comprobar que cuando subía a un escenario, Milo se comportaba como un niño totalmente normal.

A los cinco años de edad, Milo logró pronunciar frases completas, pero seguía con su tratamiento. Quienes lo conocieron en ese tiempo, nos sugirieron que lo lleváramos a un ciclo de `niños talentos` en Canal 9, llamado Argentiniños. Así lo hicimos y fue finalista, en un casting de más de 500 niños.

Cantó por primera vez en la televisión, el tema `Dejame que me vaya`. Si bien su actuación musical fue muy buena, le costó responder a las preguntas que le hacían los conductores, ya que aún le costaba la compresión del lenguaje. A los pocos meses fue invitado a participar en Showmatch y, lenta, pero firmemente, fue avanzando en las distintas rondas de elegidos, hasta que llegó a la final del programa.
Hoy, con 10 años de edad, Milo se mantiene firme en su vocación musical y el escenario se volvió su lugar en el mundo, donde se siente más cómodo. Es bastante habitual y natural que algún artista lo invite a compartir con él, alguna actuación, al punto de que se halla grabando un disco con canciones históricas de folklore, en el que canta cada canción junto sus autores. Por ejemplo: Litín Ovejero, Kali Carabajal, Walter Carabajal y Raúl Palma.
Hace un año que estudia guitarra por internet con una profesora a la que vio sólo una vez por causa de la cuarentena. Asiste a un colegio con fuerte orientación al arte en general.
Milo además se crio con un amor especial a los caballos, transmitido por su padre, Edgardo Marotti. En el presente año, nuestro hijo compartió, junto a nosotros, varios kilómetros montando a caballo, en la Marcha del Bicentenario de Güemes. Un grupo de gauchos salteños partieron a caballo, desde Luján, rumbo a Salta capital, durante 56 días, replicando la gesta `güemesiana`. Llevaron imágenes peregrinas de la Virgen del Milagro y de la Virgen de Luján, durmiendo en catreras y en ocasiones, a la intemperie. En cada ciudad, pueblo o paraje donde fueron recibidos, se armaron rondas de comida y de folklore, que Milo no se perdía.
En el último tramo de aquel viaje, ya en tierra salteña, los homenajes fueron más formales y Milo fue invitado a cantar en la mayoría de ellos. Algunos fueron muy emocionantes, como cuando cantó `La Poncho Colorado`, en el Río Juramento donde Belgrano hizo jurar la Asamblea del Año XIII e izó por primera vez un pabellón celeste y blanco.
Todos momentos que quedarán grabados para siempre en la memoria de Milo y que lo alientan a seguir en su lucha por la vida, como todos nosotros, y por ser feliz. Su gran sueño es conseguir que se escuche más folklore y en especial, que este género musical les guste a los niños de su edad. Sin duda está aportando todo de sí, para lograrlo”.
Milo nos quiso obsequiar la chacarera “Lágrimas de amor”, de Walter y Kali Carabajal, interpretada por él mismo.
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]]>La entrada La Peña del Colorado: Josué Escudero, el agrónomo cantor que sueña grabar un disco con sus hijos mientras promueve las aplicaciones selectivas en Las Lajitas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Mi mamá tocaba la guitarra y cantaba, y toda mi familia materna tenía íntima relación con la música. Yo recuerdo que a mis 6 años quería rasgar su guitarra, y a los 9 ya cantaba y tocaba. Mi papá siempre tuvo mucho oído y fue quien me enseñó a interpretar, a leer las letras para poder entender lo que iba a decir con mi canto, y a poder transmitir mejor, lo que el autor quiso decir”, explica Josué. Cuando cumplió 16 años conformó el cuarteto Los Jilgueros, con amigos de toda la vida.

Decidió ir a Tucumán, a estudiar agronomía, en la UNT y, mientras tanto tuvo que trabajar. A partir de allí comenzó una vida con una marcada vocación de artista folklórico, en el canto y en la música, pero además, comprometida en lo social con el prójimo más desvalido, creando una fundación de asistencia a los niños desnutridos. También se abrazó a su profesión de ingeniero agrónomo, que hasta hoy le apasiona tanto como el folklore.

En sus años de universitario en Tucumán, aprovechó su amor por la música folklórica y se vinculó para cantar con Los Hermanos Paz, con Chaleco Padilla, con “Alico” Díaz, y hasta con el reconocido cantor lírico Ramón “Monchi” Poliche. Durante unos años integró el grupo Los de Jujuy, siempre aclarando con picardía que era el único salteño. Luego integró el cuarteto vocal e instrumental “Querencia”. Editaron el disco “Esto es Querencia”, y se presentó en un teatro junto al guitarrista Gerardo Macchi Falú y al poeta Jorge Díaz Bavio. Más tarde grabó dos discos como solista: “Ya que han pedido que cante” y “Sangre gaucha”. Y uno más, a dúo, con Pucho González: “Coplas de ausencia”.
En cuanto a su vida profesional, se recibió de ingeniero agrónomo en 1993 y su primer trabajo fue para una empresa en Las Lajitas, Salta, como vendedor de insumos agropecuarios y compraba cereales. En 1998 pasó a otra empresa, Agricultores de Anta, haciendo el mismo trabajo, pero luego lo pasaron al departamento de producción agrícola. Fue en ese momento que decidió ser asesor técnico de empresas de modo independiente, tarea que realizó hasta el año 2012. Simultáneamente, también asesoró a una sociedad de Salta y Jujuy, que producía soja y maíz en Paraguay.

Pero cuando dejó de viajar, junto a su amigo y colega Fernando Battistella, armó su propia empresa, Escudero-Battistella y Asociados SRL, con la que ambos brindan servicios de asesoramiento técnico, de pulverización terrestre, total y selectiva, y administran y participan en sociedades de siembra. Los dispositivos de pulverización son los de Weedit, que leen la presencia de clorofila, y los de Weedseeker, que leen el índice verde. Esta tecnología permite un ahorro del 85% en el gasto de insumos y minimiza el impacto ambiental.
Cuenta Josué que en Las Lajitas ya hay algunas empresas que están haciendo Siembra Variable a gran escala. Y también varias están incursionando ya en la Fertilización Variable.

Dijimos que Josué, además, siempre tuvo un perfil solidario y de compromiso social: fue socio fundador de la Fundación Nutrir Salta, desde la que luego participó en la fundación del primer Centro CONIN en esa provincia. Luego fue presidente de “Fundación Nutrir Anta”, que tuvo un Centro CONIN en Las Lajitas y que funcionó durante 10 años, llegando a tener en asistencia permanente, a casi 100 niños.
Es bueno destacar que Josué fue muy amigo del periodista Carlos Bonduri, quien tuvo un memorable programa de TV llamado “Salta a la olla”. Los hermanos de este periodista crearon en Buenos Aires una marca de empanadas y locro, “La Casa de Salta”, siendo auténticos embajadores salteños en la gran ciudad. Desarrollaron una cadena de franquicias que vendían empanadas de masa casera, amasada con pimentón, y carne cortada a cuchillo, y un locro bien pulsudo, pero con un cuidado nivel de grasa y con ingredientes de buena calidad, que se ganaron el paladar de las clases media y alta. Hasta el Hotel Sheraton del barrio de Retiro ofrecía sus exquisitos productos criollos.
Josué vivió cuatro hitos en su historia artística: en 2003 César Isella lo invitó a cantar con él, en el escenario del festival de Cosquín y no se pudo negar. En 2007 cantó en público junto a Don Abel Mónico Saravia. Tampoco pudo, en el año 2008, rechazar la invitación del Chaqueño Palavecino, a cerrar con su espectáculo, el festival de Jesús María, donde cantó ante 40.000 personas. En 2017 cantó “Plaza 9 de Julio”, en el espectáculo “Notables”, en Salta, junto a Juan Carlos Saravia, quien además habló de su padre, porque fueron amigos.

También en 2007 Josué hizo realidad un sueño: el de grabar un disco junto a sus hijos. Pero la menor de los seis, era muy pequeña para cantar. De modo que sueña con grabar otro, esta vez con sus 6 hijos cantando junto a él. Y tiene dos sueños más, que pronto hará realidad: grabar un segundo disco con Pucho González, y además, anda con muchas ganas de grabar este año otro disco como solista.
El 17 de agosto pasado Josué cumplió 30 años de casado con Adela Merello Cornejo. Su hijo Josué, el mayor, es “millennial” y ya es ingeniero agrónomo. Se dedica a la agricultura de precisión para una importante empresa que tiene la representación de una famosa marca de maquinaria agrícola en Salta y Jujuy. Le asombra que su hijo tiene en su teléfono, en tiempo real, muchísima información del trabajo que van realizando cada una de las máquinas.

Dice Josué que tiene la esperanza de que algún día podrá concretar un viaje a alguna playa, con su familia completa, incluyendo a sus yernos y nueras. Esta vez decidió celebrar su aniversario de casado con un viaje de paseo a Ushuaia con su esposa, hace pocos días.
Josué nos despidió dedicándonos “Tal vez”, una canción interpretada por él mismo en guitarra y voz, cuyo autor y compositor es Martín Alemán Mónico.
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]]>La entrada Roberto Chavero es el hijo de Atahualpa Yupanqui y aprendió de él a preguntarse: “¿Quién tú eres?” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>–Luego de tantos años de fallecido, Yupanqui sigue vigente. ¿Por qué?
-El reconocimiento a mi padre se debió no sólo al arte que exponía sobre el escenario. Mucho tuvo que ver la densidad de una obra profunda en lo conceptual, sustentada por un vasto conocimiento conformado por su dedicación a cultivarse a través de la lectura más variada, a interesarse por toda la música y el arte en general y por su necesidad permanente de aprender de la sabiduría de personajes y pueblos con los que contactó a lo largo de su vida. Como consecuencia logró un decir profundo y comprensible para todas las personas, no importando su condición social o educativa.
–Y hoy perdura…
-En el mundo actual hay muchos que buscan las palabras sabias que los ayuden a orientarse. Allí está una parte de la explicación. Otra reside en lo genuino de su palabra y de su música que, aunque representan un paisaje humano regional, como consecuencia de esa autenticidad se convierten en universales; es decir llegan a los espíritus sensibles de cualquier lugar del mundo.




–¿Qué les pasa a las nuevas generaciones con la obra de Atahualpa?
-Las nuevas generaciones han sido influenciadas por formas de comunicación que promueven la idolatría y no la comprensión. Esto deriva en una insatisfacción que las impulsa a buscar respuestas a los interrogantes fundamentales de la vida. Por supuesto esto no es un proceso masivo. Pero ante las crisis personales o sociales, se empiezan a buscar respuestas por fuera de lo establecido. Así, algunos llegan a la obra de mi padre.
–En su opinión, ¿cuál es la esencia de la obra de su padre?
-Es una obra con pocas respuestas directas y, a la vez, con muchas sentencias orientadoras. Nos pone frente a los interrogantes más profundos del ser humano. Nos interna en el paisaje, a través de relatos y personajes, para que podamos llegar a comprender cuál es nuestro lugar en el universo. Qué representa “ser humano”. Ese es, desde mi perspectiva, su planteo fundamental.
–¿Cuál es su canción preferida? ¿Por qué?
-La preferencia fue variando con el paso de los años. Hoy algunas me conmueven más: Camino del indio, Zambita del buen amor, Leña seca, La colorada, Los hermanos.
-¿Cómo ha vivido usted esta herencia?
-A la muerte de mi padre ya conocía bastante bien la obra, pero tuve que profundizar ese conocimiento y sobre todo, su comprensión. Fue como recorrer un camino descifrando el rumbo, pues abarca tantas facetas que no quería elegir desde una preferencia personal. Es como buscar un punto elevado para percibir en un monte, por donde va la senda con sus mil serpenteos, y estar seguro del rumbo.
–¿Usted compone? Si es así, ¿en qué se inspira?
-Escribo y compongo canciones con diversos ritmos nacionales y latinos. Tengo compañeros que me han enseñado mucho en esa materia. Siempre hay un disparador: un personaje, un paisaje, una historia que despiertan una voz que me dicta manifestarlos en versos o canciones o melodías. Muchas veces nacen juntas palabras y melodías. Otras veces no. Me lleva años terminar una canción hasta sentir que cuenta de un modo genuino y claro, honrando al sujeto de esa canción.




–Su padre fue peón rural y hombre de campo. ¿Cómo era la relación con sus caballos?
-Los amaba, representaban la libertad. El caballo vive sin hacer daño y cuando se entrega a su jinete le entrega lo mejor de sí. Yo le conocí un solo caballo: ‘El Extraño’, un zaino oscuro, brioso, de muy buena boca, un 7/8 diría el Tata (casi un pura sangre). Era un gusto para mí verlo sobre su ‘Extraño’ partir al pueblo o a las reuniones en los campos vecinos junto a los paisanos del pago.
–A usted, ¿qué cosas del campo le enseñó?
-Justamente a cuidar el caballo, a no brutearlo, a ensillarlo, a bañarlo. Lo que más recuerdo es un atardecer que íbamos al almacén a hacer las compras; ya no se veía bien, venía alguien en sentido contrario, caminando, y entonces me dijo: “Esta es la hora del ´¿Quién tú eres?´ porque ya se fue la tarde, la noche aún no llega y no se alcanza a distinguir quién viene. Y entonces surge la pregunta: ´¿Quién tú eres?´ Esa hora se repite cada día y, aunque en las ciudades y en los poblados se ha resuelto la cuestión de la penumbra, la pregunta persiste en los campos”. Para mí esa pregunta se repite cada día, donde me halle ese momento. Y ojalá fuera una pregunta que la humanidad se hiciera cada día: “¿Quién tú eres?”
–¿Usted tiene relación con la ruralidad?
-Desde mi primera niñez crecí en Agua Escondida (en Cerro Colorado, Córdoba). Con mi madre vivíamos en un rancho techo de paja y buscábamos agua en el río. Después vinieron las mejoras en la casa. Años más tarde me dediqué a trabajar un campito de 130 hectáreas en El Pantano, cerca de allí. Sembré, engordé vacas, hice muchas tareas rurales. Fue una bendición porque me ayudó a comprender mucho más profundamente la obra de mi padre y su forma de pensar. Sobre todo, doy gracias el haber conocido paisanos que me enseñaron secretos del campo y de sus trabajos, aliviando muchas veces la tarea. Y también, mi corazón está agradecido con todos los paisajes. ¡Tanto me han dado! Aunque debo reconocer que aún no aprendí todo lo que enseñaron.
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]]>La entrada Sabores y saberes: El asesor ganadero Chaleco Padilla encontró en Raco su lugar en el mundo y por eso le canta se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Chaleco tiene el don de escribir canciones, de cantar y recitar, como también de acompañarse con la guitarra, con tanto sentimiento y autenticidad que se ha ganado ser un cantor popular, no solo de Raco sino de todo Tucumán.
Un día, yendo de Raco a Yerbabuena, se le ocurrieron unos versos que terminaron en la canción “A mi Raco”. Tuvo que parar al costado del camino para escribirla y no olvidarla. Más adelante, trabajando bajo la lluvia, escribió y compuso “Mi chango raqueño”, dedicada a uno de sus hijos. Chaleco encara sus temas luego de haber ido tarareando la canción. Es que la música le va subiendo por la sangre y a las coplas se las dicta el paisaje bucólico y humano. Ese paisaje que anda, el que Yupanqui pintó en su amado “Tukma mágico”, como tituló el sabio Octavio Cejas.

No fue cualquier paisaje el que lo nutrió desde niño, porque su padre venía de trabajar en el manejo de las fincas familiares, en Lules, y un día entró a trabajar en un Banco y lo trasladaron a Santiago del Estero. Allí su madre lo crió en sus primeros años mientras enseñaba bailes folklóricos: le ponía discos de Los Chalcha y de los Hermanos Ábalos para sedarlo. Cuando tenía apenas tres años de edad les pidió un bombo a los reyes magos y ya se familiarizó con su latido. Luego la familia se trasladó a San Luis y a Jujuy, y fue aprendiendo a tocar la guitarra. También vivió en La Pampa.
En 1978 se recibió de Ingeniero zootecnista en la UNT (Universidad Nacional de Tucumán). Comenzó administrando campos ganaderos y luego se dedicó a asesorar de modo privado, como a los grupos CREA. También asesoró cabañas de la raza Brangus y fue jurado de esa raza. Dio consejo a campos ganaderos en casi todo el NOA, desde Recreo hasta Tartagal. Es común verlo en los remates comprando toros para sus clientes, con su hidalguía y su bonomía, afectuoso y respetuoso. Dice que su profesión no fue sólo su “medio” de vida sino también su “modo” de vida.
En su casa raqueña le encanta cocinar con y para sus amigos, tanto hacer asados a la parrilla como cocinar carnes al horno “ecológico”. Le encantan la humita en olla o en chala y las empanadas tucumanas, de carne cortada a cuchillo, con verdeo y sin papa, que se comen “de piernas abiertas”, por lo jugosas. No olvida los “bifes verdes” que le hacía su madre con salsa blanca y perejil. Al popular quesillo tucumano lo puede degustar con miel de caña o con dulce de leche casero.
Cuando era chico Chaleco intentaba masticar los duros “alfeñiques” o caramelos de miel de caña, que se deben chupar, y en las cálidas siestas de verano tomar una “achilata”, un helado popular de origen italiano, ya que en Tucumán se asentó una numerosa colectividad de la “bota europea”. A los pastelitos de dulce de batata o de membrillo, le llamaban los “Picholos”. Y no se olvida del postre de bananas.




Hace 24 años, con amigos, fundó la Fiesta del caballo cerreño, en Raco, en la que se evalúa a los caballos por su habilidad en los cerros. Para esa época escribió un recitado: “Yo soy caballo cerreño”. Hoy trabaja en Yerba Buena asesorando en ganadería a dos empresas de la familia Calliera: Estancia El Azul SA y El Alba SA.
Luego de una infancia y juventud en la que pasó por tantas provincias, Padilla siente que de haber sido como una raíz al aire, al fin logró enterrar su raíz en Sauce Yaco, en Raco. Aún no comprende del todo por qué se aquerenció tanto en esa tierra de tanta poesía y música y de tamaña identidad cerreña y tucumana. Tantas cosas lindas vividas allí le inspiraron la canción que aquí nos quiso dedicar.
Chaleco querido, nos vemos en el próximo asado o en el próximo remate, pero no olvides, por favor, llevar tu guitarra. Escuchamos de él, por él, el tema “Cuando mi vida se acabe”.
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