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La entrada Miguel Schiariti se enojó con Cristina y la acusó de querer buscar afuera del gobierno un culpable de la suba de la carne: “La oligarquía ganadera quedó en la historia”, remarcó se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>¿Son situaciones comparables? Bichos de Campo hizo esta pregunta a Miguel Schiriti, presidente de la Cámara de la industria y el Comercio de Carne de la República Argentina (CICCRA). De un saque, el industrial manifestó que la comparación que hizo Cristina le causó “enojo e indignación”.
“No puede ser que alguien que es referente del país genere división entre los argentinos y mienta de manera descarada como lo hace”, bramó Schiariti.
Escuchá la entrevista completa:
Schiriti dejó en claro que la vocera del presidente Joe Biden habló de la realidad de los Estados Unidos, un país que tiene 330 millones de habitantes y donde ocho grandes grupos frigoríficos manejan el abastecimiento de carne, con enormes problemas y discusiones con los productores de ganado. La situación, explicó, dista mucho de lo que sucede en la Argentina.
“La vicepresidenta no es una persona muy culta, pero a pesar de eso sabe que en nuestro país hay 225 mil productores agropecuarios, 4.500 compradores de la carne que producen esos productores y alrededor de 80 mil carnicerías (No se sabe el número exacto por que los controles del Estado son muy malos). Después de eso vienen las personas que convalidan o no el precio”, enumeró. Los lugares de faena, en tanto, llegan a casi 400 frigoríficos y mataderos.
“La oligarquía ganadera quedó en la historia, porque el 75% de los productores ganaderos son pymes”, acotó.
Schiariti luego acusó a Cristina de querer instalar la idea de que hay una corporación responsable de la suba de los precios del alimento, de modo de esconder la falta de políticas favorables para el aumento de la producción.
Según el industrial, el aumento de la carne en el mes de noviembre se dio en gran parte por culpa del denominado “Plan Platita”, que provocó un aumento de la demanda de carne de la población. Frente a eso “pasamos por 4 días de lluvias, lo que hizo que el ingreso a Liniers sea reducido”, explicó. Schiariti cree que, de todos modos, “esta suba en los precios duró pocos días y en algunos casos no llegó a impactar en el mostrador”.
¿Qué puede sucede de acá en más? El Presidente de CICCRA admitió que para que se normalice la oferta de la carne vamos a tener que esperar al mes de marzo de 2022, porque las recrías de hacienda a pasto están siendo muy largas y lo que antes se producía en 120 días en un corral, ahora hay que esperarlo hasta 10 meses.
Además, consideró que no hay un acuerdo de precios con la industria frigorífica y los supermercados, como argumenta el secretario de Comercio Roberto Feletti. Por el contrario, disparó que “la industria frigorífica es chantajeada con (un aumento de ) las retenciones y se adapta a lo que le piden. Por el lado del supermercadismo, utiliza la carne para intentar aumentar las ventas en los días previos a las fiestas”, aseguró.
Por último, Schiariti defendió su idea de elevar le peso mínimo de faena de modo de traccionar rápidamente hacia una mayor producción de carne. Explicó que los argentinos faenamos en los últimos 20 años unas 12 millones de cabezas promedio al año, y explicó que si se lograra aumentar en 3 o 4 años en unos 100 kilos el peso promedio de faena, se llegaría a 600 mil toneladas adicionales de carne con el mismo stock bovino de la actualidad.
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]]>La entrada Educando a Roberto Feletti II: ¿Por qué subir las retenciones a la carne no “desacopla” nada y hasta metería más presión sobre los precios internos de ese alimento? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Por cierto, como telón de fondo hay una verdad evidente: los precios de la carne argentina ya están bastante desacoplados de los del resto del mundo. El alimento es aquí mucho más barato que en muchos otros países, casi todos. Y eso no sucede porque haya retenciones del 9%. Se debe sobre todo a que existe una oferta de carne vacuna (casi 65 kilos anuales por habitante) que, a pesar de haber caído bastante sigue estando entre las más generosas del mundo. Acá todavía hay muchas vacas y por eso la carne vacuna es más barata que otras opciones alimenticias. En Mongolia es barata la carne de cabra, porque es la más difundida.
Feletti, de todos modos, insiste en decir que quiere “desacoplar” todavía más los precios de la carne vacuna que pagamos los argentinos. Bien, buenísimo. Será malo para los productores pero buenísimo para los consumidores mientras dure. Ya sucedió entre 2006 y 2009, con la gran intervención de Néstor Kirchner y Guillermo Moreno: los productores liquidaban su hacienda, sobraba carne y por eso salía muy barata, hasta que descubrimos que nos habíamos comido el 20% del stock, cerca de 10 millones de cabezas.
Feletti insiste en que no quiere “desacoplar” imitando los malos modos de Moreno, su antecesor en el cargo, sino incrementando las retenciones a la exportación de carne, que es una medida civilizada. Según publica el diario El Cronista, el secretario analiza con seriedad un “plan desacople” para elevar del 9% actual (que ya es la retención más elevada que paga un producto agroindustrial) primero al 12% y de ser necesario hasta el 15%, que es el tope que impone la Ley de Emergencia Económica.
Es aquí que sería recomendable que el médico le recetara a Feletti abandonar la lectura de los clásicos del “vivir con lo nuestro”, que siguen endiosando a los derechos de exportación (DEx) como principal herramienta de la política económica para “desacoplar” los precios internos de un producto de los internacionales. La carne vacuna no es como la soja, o como el trigo, o como el maíz. Su proceso de formación de precios es muy diferente. Sus fundamentos son otros.
La historia reciente muestra que de poco sirve subir los DEx para frenar la escalada de precios de la carne. Cuando en 2005 el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, elevó las retenciones a la carne vacuna del 5% al 15% -como Feletti querría hacer ahora- no pasó nada de nada, y por el contrario la carne siguió aumentando hasta forzar a Néstor a bloquear las exportaciones un año después. Lo mismo le pasó a Cristina y a Axel Kicillof, que tiempo después subieron las retenciones de 5 a 9%. No pasó naranja.

¿Por qué? Comparemos con la soja, que tiene un valor internacional de, más o menos, 450 dólares por tonelada. Ese precio surge de los movimientos de la oferta y demanda en Chicago, y es el que cobran los agricultores de todo el mundo menos los de Argentina. ¿Por qué? Porque aquí rige una retención del 33% (también es el tope establecido por el Congreso). En este caso sí actúa “desacoplando” el precio local, pues los exportadores exportan soja de 450 dólares, pero pagan tributos por un terció de eso (150 dólares) y entonces restan forzosamente ese impuesto del precio pagado al productor, que finalmente embolsará 300 dólares convertibles a pesos de curso legal.
Los mismo pasa con el trigo, con el maíz y con los otros granos que tienen un precio de referencia en dólares. Ese es el precio que la Argentina acepta sin chistar porque debe mantenerse dentro del comercio mundial de esos productos. Si no exportara quizás la historia fuera distinta. Pero como exporta el 95% de su soja, y el 70% de su trigo y su maíz, debe aceptar el valor impuesto por el mercado externo y no chistar con el precio que le ofrecen.
El descuento alcanza también la soja, el trigo y el maíz que se consumen dentro del país. Por la supremacía exportadora en esos rubros, los tres granos toman el valor internacional y las retenciones se descuentan al 100% de la cosecha. Incluso si un productor de maíz lo vende a un vecino para alimentar a sus gallinas, ese cereal reflejará el descuento por retenciones. Por eso, en ese caso la teoría del “desacople” es bastante pertinente.
Pero pasa algo muy distinto con la carne, que tiene un precio en pesos, surgido de adentro de las propias entrañas de la argentinidad al palo.
Esto se explica por una sencilla razón: en este caso (como en el de los lácteos), el 75% de la producción se consume internamente, la compran los propios argentinos, y se exportan solo los saldos. De la carne vacuna producida por la Argentina, unas 3,2 millones de toneladas al año, se venden al extranjero solo 800.000 toneladas. Es decir que quien manda en el mercado es el consumidor local, que cobra y paga en pesos. Por eso razón de entrada la carne aquí es mucho más barata que en Francia, a pesar de que el taimado de De Mendiguren diga una cosa muy distinta. La capacidad de pago es muy diferente aquí y allá, y por lo tanto los precios de la carne reciben las señales bajistas de una demanda que pone límites por su menor capacidad de pago.
Por supuesto que los saldos exportables de carne (las 800 mil toneladas) se cobran en dólares, y a los precios que impone el mercado internacional. Así, cuando un frigorífico exportador vende Cuota Hilton a 10.000 dólares por tonelada, la retención del 9% le descuenta de un saque 900 dólares al exportador. Si fuera soja, esa empresa descontaría ese valor de inmediato de lo que paga al productor ganadero. Pero es carne. Se trata de algo mucho más complejo.
Para empezar, porque la carne no viene de un poroto. Hay tiempos, plazos, costumbres, modalidades comerciales, decenas de mercados. Hay distintos tipos de ganado: novillitos livianos o novillos gordos, o incluso vacas viejas de descarte. Productores grandes que pueden esperar su hacienda y si es necesario la cambian de campo. Y productores muy chicos a los que no le queda otra que vender si los aprieta la seca. Por lo tanto no hay un único jugador sino cientos.

Para continuar, porque la carne no es un poroto: no es un producto homogéneo que por lo tanto tiene un único precio. Por el contrario, de un bovino se saca el sebo para hacer jabones, el cuero para los zapatos, las menudencias para la parrilla, los cortes sin hueso para la milanesa, el costillar para el asado, los lomos para Europa, los penes de toro para China, los osobucos para el puchero y hasta ciertas sustancias extrañas para la industria farmacéutica. Con la carne se hace morcilla y con lo que queda se hace harina animal, para que coman los salmones del sur de Chile.
El precio de la carne, entonces, surge de “la integración” de un montón de precios y mercados diferentes. Con negocios realizados por múltiples y multifacéticos actores, en mercado formales y no tanto. No hay un Chicago que te diga ‘la carne vale tanto’ y sobre ese valor te permita efectuar al ganado un descuento del 15% en concepto de retenciones.
Además, como ya dijimos, la Argentina exporta solo 1 de cada 4 kilos de carne vacuna que produce. No 3 de 4, como en los cereales. ¿En qué cabeza entonces cabe pensar que los 3 kilos que se quedan en el mercado local van a aceptar que les apliques un descuento por retenciones que permita “desacoplarse” del valor internacional?
La retención del 9% que rige actualmente para la carne vacuna se aplica solamente al 25% de la producción local de carne, cuyo precio no es todo igual como el de la soja (porque el hueso con carne que va a China cotiza a 2.500 dólares la toneladas y el bife angosto que va a Europa lo hace a 15 mil dólares). El otro 75% de la producción se mata de risa de las retenciones, porque se tributo no les hace ni cosquillas.
Y se mata de risa sobre todo porque de los más de 400 frigoríficos y mataderos que tiene la Argentina, además de cerca de un millar de matarifes abastecedores (que no tienen planta, pero sí faenan bovinos alquilando instalaciones), solamente hay un grupo de 50/60 que son realmente exportadores. A ellos sí les impactan las retenciones del 9% que ahora Feletti quiere llevar a 15%. Porque es plata que dejan en el Fisco pero que difícilmente puedan recuperar de los productores -como hace una cerealeras con la soja-, descontándolo directamente del precio que le paga al ganadero.
¿Y por qué no puede descontar esas retenciones cuando compra la hacienda? Pues por la sencilla razón de que el verdadero mercado de la carne argentina es… la Argentina, y absorbe el 75% de la oferta total. ¡Imaginen que los brasileños de Marfrig, por ejemplo, intentan descontarles el 9% que ellos tributaron por una carga de osobuco a sus proveedores de hacienda! Estos seguramente le darían vuelta la cara y se irían a venderle sus bovinos a cualquiera de los otros quichicientos actores que hay en el mercado.
Entonces, entendido el proceso hasta aquí, las retenciones a la carne vacuna que quiere aumentar el secretario de Comercio no son un tributo que se reparta -como sucede con los granos- entre miles de productores, o al menos no directamente. Más bien, actúan como un lastre para un grupo de plantas frigoríficas exportadoras que, en el mejor de los casos, representan solo 30% de la faena de bovinos (es decir de las compras) y la producción de carne.

Históricamente ese grupo de frigoríficos -el que exporta y por eso tributa retenciones- está enrolado en el Consorcio ABC, una de las entidades a las que Feletti recibió días atrás en su despacho, y a las que todos los secretarios de Comercio suelen manguear carne barata para abastecer a los supermercados de “cortes populares”. De hecho, Paula Español venía reclamando de este sector unas 6.000 toneladas de cortes que no se exportan como parte del programa de precios cuidados. Feletti, menos comedido, reclamó ahora unas 20.000 toneladas de carne barata en los supermercados para pasar las fiestas de diciembre.
El contrasentido es que una eventual suba de las retenciones, entonces, implicaría una carga más elevada para este grupo de frigoríficos. Y por lo tanto les costaría cada vez más ceder esos tonelajes mensuales a precios populares que les reclaman Feletti y compañía. Pero mientras tanto, el 70% de los operadores que abastece el mercado interno no se vería afectado por el impacto de la suba impositiva. El “desacople” tan mentado volvería a ser absolutamente inofensivo y hasta lesivo para la estrategia oficial de al menos ofrecer un poco de carne algo más barata en los supermercados.
Repetimos para que se entienda: Al 70% de los operadores del negocio de la carne les importa un rabanito las retenciones, porque no las sufren, porque no exportan. Los más afectados serían un grupo de grandes frigoríficos exportadores al que ese tributo solo les encarece los costos, y de los que siempre se reclama que abastezcan de cortes más baratos (los que no exportan) a los supermercados. Mientras tanto, del “desacople” ni noticias en las carnicerías.
Es imposible, debería entenderse a esta altura, extrapolar lo que sucede con las retenciones a la soja con lo que pasa en el caótico mercado de la carne vacuna. Feletti, o cualquiera, podría subir las retenciones al complejo bovino al 80% que el grueso del mercado casi no lo sentiría. Por el contrario, la situación dejaría casi fuera de competencia y sin oxígeno a las empresas con capacidad exportadora, a las cuales los funcionarios no solo terminan reclamando carne barata para los supermercados. También, muchas veces, y en el oficialismo sobran los ejemplos, son las que ponen la carne para los asados.
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]]>La entrada ¿Cuál es el plan de Julián Domínguez para la carne? Mantener las exportaciones administradas en 2022 mientras se intenta recuperar la producción se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Esto es lo que dice el “documento de trabajo” que el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, redactó pensando en dar esta batalla. El ministro tratará de convencer a los dirigentes de la Mesa de Enlace -con los que se reuniría la semana próxima- de cerrar filas en torno a este programa, para evitar males mayores. Dentro de este razonamiento, mantener el cepo a la exportación de carne vacuna más o menos como está ahora es el “mal menor” frente a la amenaza de Feletti de subir las retenciones o imponer cupos más drásticos.

El documento al que accedió Bichos de Campo plantea “cuatro ejes” para continuar regulando las exportaciones de carne en 2022. Estos ejes son:
Como se ve, la estrategia anticipada por Domínguez consiste en mantener el sistema de cupos de exportación tal y como se fue construyendo a lo largo de estos últimos seis meses de intervenciones. Desde mayo, cuando el gobierno de Alberto Fernández comenzó a meter mano en el sector para frenar los precios de la carne vacuna (que hasta ahí acumulaban una suba interanual del 80%), se combinó un sistema de cuotas general (que reduce los envíos al 50% de lo enviado en 2020) con cupos adicionales para poder enviar al extranjero cortes kosher a Israel y la carne de vaca conserva que tiene como principal destino a China. Desde el vamos quedaron afuera de este sistema de comercio administrado los cupos arancelarios con la Unión Europea (Cuota Hilton y 481) y Estados Unidos (20 mil toneladas anuales).
El gobierno ya está pidiendo recetas para extender el cepo a la carne también durante 2022
Este esquema implicó en los hechos recortar cerca del 20% las exportaciones de carne respecto de los niveles récord que se habían logrado en 2020 y los que se proyectaban para 2021. En otras palabras, la Argentina podría llegar a exportar este año más de 1 millón de toneladas de carne (sobre una producción total de 3,2 millones), pero finalmente exportará unas 800.000 toneladas. Los altos precios de la carne en el mercado internaciones, de todos modos, compensarán a la mayoría de los frigoríficos.
El documento de trabajo con el que Domínguez espera convencer a las entidades rurales de cerrar filas frente a la ofensiva de Feletti & Cia, que viene amagando con subir las retenciones del 9% actual al 15% de tope fijado por el Congreso, entre otras fórmulas para el tan mentado “desacople”, parte de aceptar que hay una crisis de oferta de carne que debe mejorar en los próximos años para recomponer los niveles de consumo interno de carne vacuna, que han caído por debajo de los 50 kilos anuales por habitante.
“La realidad de la ganadería argentina ha alcanzado un alto grado de tensión en virtud de la pérdida de 1.500.000 de cabezas de ganado vacuno en los últimos tres años (2018-2020). En el mismo período el stock de hembras marcó un valor crítico de liquidación (índice de faena de hembras 48,7% en 2019)”, admite el documento oficial.
En función de ello es que Domínguez, que este mediodía se reunirá con el jefe de Gabinete Juan Manzur en busca de apoyo político para jugar esta pulseada, reclama para Agricultura el comando de la política para el sector, incluyendo la definición de los cupos de exportación que hasta ahora han sido compartidos con el ministro Matías Kulfas, en Desarrollo Productivo.
“Resulta prioritario que el MAGyP, según las facultades otorgadas por el decreto N°335/2020, defina e instrumente medidas que otorguen previsibilidad a toda la cadena de ganados y carnes para logar un aumento de la producción y de la productividad, garantizando el consumo interno y las exportaciones”, dicen sin rodeos la propuesta de Domínguez.
El ministro, hábil para tejer acuerdos políticos que permitan fracturar la resistencia monolítica de la Mesa de Enlace, planea llevar a cabo esta administración del comercio “en un marco de consenso y con objetivos comunes las entidades gremiales del campo”.
También integrará a diversos sectores de la cadena de la carne al Consejo que plantea crear. En el listado figuran representante de cada una de las entidades agropecuarias, del Consejo Federal Agropecuario (provincias); al coordinador de la Mesa de Carnes, Chiesa Dardo; al Instituto de la Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA); al Consorcio ABC (frigoríficos exportadores); a la Cámara de Matarifes y Abastecedores; a otras cámaras del consumo interno como Cadif, Fifra y Unica; a los feedloteros y hasta a los sindicatos del sector. También se sumarían representante de las Facultades de Veterinaria y Agronomía.
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]]>La entrada Producido en Carlos Tejedor y faenado en Azul, un bife argentino se ubicó entre “los mejores filetes del mundo” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La noticia llegó a través de la consultora especializada en ganadería Riffel & Elizalde: “El mejor bife del mundo se produce en por la empresa Egeo SACI en Carlos Tejedor. El frigorífico Azul Natural Beef ganó el World Steak Challenge por segundo año consecutivo”.
Luego, en la página oficial de ese concurso que se realiza en Dublin (Irlanda) moderamos un poco el entusiasmo, pues ese bife enviado al concurso internacional aparece como único y solitario representante de la ganadería argentina en un extenso listado de ganadores de muchas nacionalidades, en especial de países de Europa. También hay un par de concursantes del Uruguay.
Pero a festejar, porque el bife argentino salió escogido como uno de los mejores del mundo en la categoría Rib Eye (Ojo de Bife):

En el concurso internacional, que nació en 2015 y retomó tras la pandemia, se incluyen categorías como Mejor solomillo (lomo) del mundo, Mejor Rib-Eye (ojo de bife) del mundo, Mejor filete (bife) del mundo, , junto con el título de Mejor bistec del mundo en general. En ese caso ganaron las piezas enviadas por JN Meat International de Finlandia, y dos veces la firma Jack’s Creek, de Australia. “Todas las entradas son evaluadas por un panel de más de 50 jueces independientes y el mejor desempeño reciben medallas de oro, plata o bronce”, explican en la web del certamen.
Insistimos: a festejar. “Azul Natural Beef obtuvo con su marca Devesa la medalla de oro en el World Steak Challenge 2021, con su bife ancho, en las categorías Grain Fed (terminación a grano) y Grass Fed (terminación a pasto)”, contaron Riffel & Elizalde, que intervienen en ese proceso productivo como asesores en la confección de las raciones con que se alimentan los animales de esa empresa ganadera.
https://twitter.com/higginsbutchers/status/1458419433974767620
En este Desafió hubo cortes provenientes de 28 países del mundo y un jurado de 50 integrantes, compuesto por carniceros, periodistas de alimentos, expertos de la industria y científicos.
“El bife ancho fue reconocido por su calidad superior el 11 de noviembre del presente año. Los animales seleccionados para el premio obtenido en la categoría Grain Fed fueron provenientes de la empresa Egeo SACI Y A. con Nro. de tropa 4988″
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]]>La entrada Bienes culturales: Como había prometido, el ministro Domínguez comenzó a hablar con el INTA y las Universidades para definir el saldo exportable de trigo, maíz y carne se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Fue el propio Domínguez quien definió -al lanzar la Ley de Fomento Agroindustrial (de la cual todavía no se conoce el texto porque todavía no fue enviado al Congreso), que esos tres productos serán considerados “bienes culturales” por la actual gestión y por lo tanto, para custodiar que no falten en el mercado doméstico y tengan precios accesibles, se fijarían cada año los “saldos exportables” junto a especialistas del INTA y la universidad pública.
Domínguez había asegurado además que esas reuniones de trabajo con el sector académico se realizarían en noviembre. Pero adelantó esa agenda y sobre finales de octubre ya realizó dos reuniones fundacionales de estos espacios de trabajo, según se informó en una gacetilla oficial del Ministerio de Agricultura.
La gacetilla viene acompañada por una serie de fotos que muestran una agenda intensa de reuniones del ministro con estos nuevos actores de la política agropecuaria doméstica. A los decanos y rectores de las universidades y a los investigadores del INTA que han sido convocados finalmente a ser parte de un decorado, la nueva conducción del Ministerio sumó a técnicos del Senasa y hasta a diplomáticos de la FAO (Naciones Unidas) y el IICA (Organización de estados Americanos) a debatir sobre estos temas.
Uno podría pensar que toda esta movida simplemente responde a las ínfulas con que Domínguez arrancó su gestión, decidido a reconquistar la simpatía de los productores agropecuarios y a relanzar una política pública con eje sobre la producción. Y es más o menos lo que sucedió en todas las reuniones, pues el ministro convocó a todos sus invitados a “trabajar juntos para construir el modelo de desarrollo del sector”.
Pero la jornada de trabajo se llamó: “Ejes estratégicos para la intensificación sostenible de la producción de trigo, maíz y carne bovina”. Es evidente, entonces, que la tentación oficial de regular los mercados de esos “bienes culturales” sigue más viva que nunca, aún a pesar de que hay suficiente evidencia histórica de que otras intervenciones protagonizadas por el kirchnerismo terminaron con la pérdida del 20% del stock bovino argentino o con la cosecha de trigo más pequeña de la historia.
En la jornada participaron representantes de 50 facultades de ciencias agrarias y de veterinaria de todo el país que ya habían sido convocados por Domínguez en su anterior paso por el ministerio de Agricultura, entre 2009 y 2011. En aquella oportunidad, todas esas universidades se jugaron su prestigio en la elaboración de un Plan Estratégico Agropecuario (PEA) que nunca se puso en marcha a pesar de que su redacción demandó un altísimo presupuesto.
Ninguno de los escenarios que proyectaron entonces los expertos del INTA y las universidades se cumplió.

Ahora Domínguez insiste: no solo hay que sentar las bases de una nueva política de desarrollo agropecuario que incluya la preservación de estos “bienes culturales” sino además hacerlo en un contexto mucho más preocupante, pues los productores de alimentos enfrentan una inédita presión desde el ambientalismo.
“La nueva agenda global va a estar vinculada a la calidad ambiental y al cuidado de la tierra”, indicó el ministro, que señaló que las universidades y el sector científico-tecnológico tienen “un rol estratégico” ya que “pueden garantizarnos las herramientas y los cuadros que necesitamos” para el diseño de las políticas públicas.
“Hay que darle protagonismo a nuestros actores nacionales como lo hacen otros países” para fortalecer la estructura productiva, añadió Domínguez.
De la jornada, desarrollada bajo la modalidad de taller, participaron como exponentes los investigadores de la EEA Paraná, Lucrecia Gieco; de la EEA Oliveros, Facundo Ferraguti; el coordinador Programa de Carnes y Fibras Animales del INTA, Juan Mauricio Álvarez; y la directora de Estimaciones Agrícolas del Ministerio, Cecilia Conde.
También participaron Martín Abeles de CEPAL; el representante de IICA en Argentina, Caio Rocha, y el representante de FAO en Argentina y Uruguay, Tito Efraín Díaz Muñoz.
Domínguez también recibió a autoridades universitarias de todo el país junto a su par de Educación, Jaime Perczyk. “Tenemos grandes capacidades nacionales que nos da un diferencial en América Latina. Tenemos una oportunidad ahí de anticiparnos a descifrar las señales que vienen del futuro”, los elogió.

De ese encuentro participaron los rectores y rectoras de Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Marcelo Aba; Universidad Nacional de Entre Ríos, Andrés Sabella; Universidad Nacional de Villa María, Luis Alberto Negretti; Universidad Nacional de Río IV, Roberto Rovere; Universidad Nacional de General San Martín (UNSaM), Carlos Greco; Universidad Nacional de Lanús, Ana María Jaramillo; Universidad Nacional de Jujuy, Mario Bonillo; Universidad Nacional de Mar del Plata, Alfredo Lazzeretti; Universidad Nacional del Sur, Daniel Alberto Vega; Universidad Nacional del Noroeste de la Pcia. Bs. As, Guillermo Tamarit; Universidad Nacional del Litoral, Enrique José Mammarella; Universidad Nacional de Rosario, Franco Bartolacci; Universidad Nacional de Tucumán, José García; Universidad Nacional de Catamarca, Oscar Alfonso Arellano; Universidad Nacional de Luján, Antonio Francisco Lapolla; Universidad Nacional de Chaco Austral, Germán Oestmann; Universidad Nacional de Chilecito, Germán Antequera; Universidad Nacional de Misiones, Alicia Bohrem; Universidad Nacional de Hurlingham, Walter Wallach; Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), Ernesto Villanueva; Universidad Nacional de Villa Mercedes (UNViMe), David Rivarola; Universidad Nacional de Quilmes, Alejandro Villar; Universidad Nacional de San Antonio de Areco, Jerónimo Enrique Ainchil; el vicepresidente de la Universidad Nacional de La Plata, Marcos Actis; los y las vicerrectoras de la Universidad Nacional de La Pampa, Veronica Moreno; Universidad Nacional de Rio Negro, María Tapia; Universidad Nacional del Nordeste, Mario Urbani; Universidad Nacional de Villa María, Elizabeth Theiler; el jefe de Gabinete de la Universidad Nacional de Villa María, German Cassetta; el decano de la Universidad Nacional de Salta, Julio Naser; la vicedecana de la Universidad Nacional de Santiago. Del Estero, María Ochoa.
“Luego tuvo lugar el análisis de las tres cadenas trigo, maíz y carne en mesas sectorizadas”, completa la gacetilla de prensa oficial.
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]]>La entrada Matías Kulfas y Sergio Ziliotto defendieron el cepo a la carne y recibieron a cambio un arsenal de repudios sin anestesia se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Algo de eso se vio reflejado en el inicio de esta semana, en donde se presenció una batahola de insultos cruzados hacia dos funcionarios públicos que se refirieron al paquete de medidas aplicadas por el gobierno.
El primero en recibir los comentarios fue el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, quien negó la existencia de un cepo a las exportaciones y los rumores de despidos en los frigoríficos. Ante esa situación, los productores autoconvocados que organizaron el encuentro en San Nicolás emitieron un comunicado.
“Negar el cepo a las exportaciones de carne es de un cinismo atroz. Los eufemismos rebuscados como ‘ordenar el funcionamiento del mercado’ o ‘cuidar la mesa de los argentinos’ no hacen más que desnudar el fracaso de una política que, aunque todos sabíamos fallida de antemano, se empecinaron en implementar”, afirmaron.
Luego, sin anestesia, indicaron: “Repudiamos las afirmaciones del ministro, pero debemos admitir que tampoco nos sorprenden. Es esperable que alguien que no realizó jamás una actividad productiva y pasó su vida entera parasitando el esfuerzo de los contribuyentes confunda las demandas de auténticos trabajadores con un acto proselitista”.
Gacetilla Kulfas
“Exigimos que dejen de intervenir en la economía. Además de cínicos e inmorales, son profundamente ignorantes. Pretenden timonear un transatlántico cuando jamás se subieron a una canoa. Tienen la desfachatez de señalar con el dedo a los que les decimos que, si mantenemos este rumbo, acabaremos hundidos”, agregaron.
En paralelo, quien tuvo un comienzo de jornada tranquilo fue el gobernador por La Pampa, Sergio Ziliotto, quien además de defender las medidas aplicadas por el gobierno, consideró que las entidades gremiales muestran falta de diálogo.
Frente a eso, la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) afirmó en un comunicado que “las asociaciones rurales pampeanas adheridas a Carbap siempre han sostenido el diálogo indistintamente del color político del gobierno provincial, aportando sus conocimientos y experiencia y siendo actores protagónicos de los distintos programas o planes que se han encarado. Desconocemos los motivos que llevan al señor gobernador a expresar tales falsedades”.
A continuación sostuvieron que el gobernador pampeano “debería considerar la defensa de los intereses provinciales antes que las lealtades partidarias o la afinidad política, frente a medidas que atentan contra la sostenibilidad de una actividad central para la provincia. Solo una manifiesta pereza intelectual puede llevar a inducir que las medidas del gobierno nacional provoquen una baja del precio de la carne al mostrador de manera sostenida, mientras haya una tasa de inflación que supera el 40%” (y se quedaron cortos, porque la inflación oficial supera el 50%). Hacia el final la entidad deslizó que, además de estar abiertos al diálogo, siempre estarán predispuestos a explicar “aquello que se desconozca”.
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]]>La entrada Volvió a bajar (el 1,4%) la carne en agosto, pero esto no asegura que el gobierno cumpla su promesa de rehabilitar las exportaciones sino todo lo contrario se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La nueva baja de la carne, que habría sido de 1,4% en promedio el mes pasado, fue anticipada por una medición del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), una entidad cuyo director, el economista Hernán Letcher, ligado claramente con el oficialismo. En rigor, en las últimas horas Letcher se manigfestó a favor de la prórroga a los cupos a la exportación vigentes desde junio, ya que esa política “evidentemente tuvo resultados” en la estabilización de los precios internos, reconoció.
Lo cierto es que según esta medición los precios de la carne vacuna bajaron 1,4% el mes pasado y ya lo habían hecho 1% en julio, con lo que la “corrección” de los precios acumuló 2,4% como consecuencia de la intervencipón sobre el negocio de la exportación, que hasta la decisión oficial absorbía 28% de la carne producida y representaba ingresos por unos 3.000 millones de dólares anuales en divisas.

En este gráfico, el CEPA mostró la evolución de las variaciones mensuales a lo largo de 2020 y los primeros ocho meses de 2021. “Se observan incrementos significativos de la carne vacuna durante enero (7,6%), marzo (5,6%), abril (9,2%), noviembre (7,7%) y diciembre (20,2%) de 2020, y también en 2021, con particular aumento en los meses de enero, marzo y junio de 2021 (6,3% 7,3% y 7,9% respectivamente)”. Luego, la aplicación del cepo exportador actúó “cortando la fuerte dinámica alcista, en julio y agosto”.
Este dato,que seguramente será confirmado por otras mediciones más completas como la del INDEC y la del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA), seguramente añadirá presión de la cadena de la carne sobre las autoridades nacionales, que habían prometido rehabilitar los envíos al exterior -que implican que unas 30 mil toneladas adicionales de carne sean volcados al mercado doméstico-, ni bien se estabilizaran los precios.
Sin embargo, en un sencillo twett, el presidente Alberto Fernández se adelantó a negar posibilidad a estas ilusiones, que él mismo alimentó en su última reunión con los dirigentes rurales. Escribió en base a los datos de Letcher y compañía que “los precios de la carne bajaron desde el momento en que restringimos las exportaciones”. Y estableció que “no es justo que el precio de la carne vacuna sea el mismo precio que deban pagar nuestros compatriotas. Cuidar la mesa de los argentinos. ese es nuestor compromiso”.
Los precios de la carne bajaron desde el momento en que restringimos las exportaciones.
No es justo que el precio internacional de la carne vacuna sea el mismo precio que deban pagar nuestros compatriotas.
Cuidar la mesa de los argentinos. Ese es nuestro compromiso.#NoEsLoMismo https://t.co/i3z2zG8mQr— Alberto Fernández (@alferdez) September 6, 2021
Letcher también había mostrado la hilacha de esta frágil promesa oficial de rehabilitar el flujo normal de exportaciones. Es que de acuerdo con la mirada del kirchnerismo más duro el recorte debería continuar justamente porque ha mostrado su efectividad. Por eso, y en una decisión que habría sido definida directamente por el diputado Máximo Kirchner, el sistema de cupos se acaba de extender hastya el 31 de octubre. Es decir hasta unos días antes de la fecha de elecciones de medio término.
Con estas dos bajas consecutivas, en términos interanuales (es decir respecto a agosto 2020), la variación de precios nominales de la carne ha sido de 78,2%. Es decir que todavía permanece “muy por encima” del índice de inflación del período (que se calculó en 51,8% aproximadamente). Esto, según el CEPA, implica “un encarecimiento de los diversos cortes en términos reales”.
Según esta mirada, el cepo es inofensivo para la cadena de ganados y carnes. “No se puede hablar de que el sector se vea afectado en su rentabilidad habida cuenta de que la carne en mostrador aumentó en términos interanuales 83% y el kilo vivo lo hizo en un 77%, ambos por encima de la inflación, por lo cual, claramente, es un sector que en términos de precio no solo no le ha ido mal, sino al contrario”, indicó Letcher a la agencia Télam.
El estudio del CEPA muestra que el cepo, tal como está concebido, ha sido más benmeficioso hasta aquí para la población de más altos recursos que para los sectores más postergados. ¿Por qué? Porque realizó una categorización en cortes “caros, intermedios y económicos”. Y en esa lógica observó ha habido un descenso de precios desparejo: en los cortes caros el promedio fue de -1,3%, en los cortes intermedios alcanzó -1,2% y en los económicos fue de -1,0%. Por su parte, el pollo bajo su precio 0,7%.

Medidos por cortes, las bajas de precios se registran sobre todo en los de consumo popular, como el asado y el vacío, cuya exportyación está bloqueada al 100% hasta fin de año por le veda establecida sobre siete cortes. El vacío bajó 3,5% en agosto, el matambre lo hizo 2,3% y el asado de tira retrocedió 2,8%. En tanto que la picada especial bajo 2,1% y el bife ancho lo hizo 1,7%.
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]]>Junio fue el primer mes completo con las exportaciones restringidas. En ese momento la caída fue de más del 30% interanual en los embarques de carne. Con semejante bajón de las exportaciones, lo que aumentó fue la oferta para el mercado interno.
En junio, según datos oficiales, la demanda local dispuso de 201 mil toneladas de carne res con hueso, lo que significó que ese mes se registrara un consumo promedio por habitante de 54 kilos/año. Se trató del nivel más alto en los últimos 12 meses. Y fue 12% superior al consumo promedio registrado en abril, último mes completo con exportaciones liberadas.
Se espera que el mismo nivel de abastecimiento interno se registre en julio teniendo en cuenta que la faena y las exportaciones fueron bastante similares a las de junio. Por imperio del cierre de exportaciones, el consumo promedio volvió a ubicarse por encima d elos 50 kilos anuales por habitante.
Ese incremento del 12% en la oferta, sumada a los altos niveles de abastecimiento de las demás carnes, fue la que permitió que el precio de la vacuna baje cerca de 1% el mes pasado, según lo que informaron tanto el INDEC como el IPCVA en su informe mensual de precios.

Como suele suceder con este tipo de políticas, el remedio termina siendo peor que la enfermedad. Para que el consumo suba en cantidad de kilos y el precio de la carne se estabilice hubo que sacrificar exportaciones a razón de 100 millones de dólares al mes.
Además, según los cpalculos de FADA, los ganaderos perdieron en torno a los 6.500 millones de pesos, es decir, otros 70 millones de dólares a la cotización oficial. Esto sin contar los daños en cuanto a la pérdida de mercados, en la rentabilidad de las empresa y en el ingreso de los trabajadores.
A ese alto nivel de oferta interna de carne vacuna hay que sumar la de las otras carnes. El sector avícola aporta actualmente, según los datos del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), otros 48/49 kilos anuales de carne e la balanza dietaria de los argentinos.
El Ministerio de Agricultura, mientras tanto, dice que hay un consumo de carne de cerdos cercano a los 16 kilos anuales por hebitante, aunque desde el sector privado cuentan también lo que se vende en forma informal y dicen que la ingesta de carne prcina llega entonces a los 19 kilos.
Tomando como referencia esos datos, cada argentino tendría a disposición cerca de 121 kilos de carnes anuales, a lo que se deben sumar 2 kilos de carne ovina y algo más pescado, por lo que se estaría alcanzando una oferta cercana a 125 kilos de proteinas animales.
En este escenario, el consumo diario sería de 300 gramos por persona. Nada mal para una población que tiene el 50% de pobreza, aunque está claro que los sectores vulnerables de la sociedad no acceden a la misma dieta que el resto de los argentinos.
La otra forma de medir el consumo es calculando el gasto de las familias en carne. El kilo de carne vacuna promedió en julio pasado los 712 pesos. Suponiendo un nivel de consumo como el de junio, la “inversión” por persona anualizada sería de 38.500 pesos.
En el caso del pollo, el precio promedio fue de 190 pesos y con un consumo de 48 kilos el gasto sumaría al año unos 9.120 pesos. Mientras que otros 8.600 pesos se destinarían al consumo de carne de cerdos.
En esta cuenta el consumo o gasto en carne vacuna, anualizado en función de los datos de estos meses de cepo exportador, más que duplicaría al que se realiza en las demás carnes.
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“Es un decisión arbitraria que solo concentra el negocio en pocas manos, para cerrar un ‘Plan de Precios Populares’ que es un espejismo, al que solo acceden quienes tienen el suficiente poder adquisitivo para comprar en un supermercado”, añadió.
En el último informe mensual emitido por la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (CAMyA), Rafael resaltó que el precio de la hacienda, si bien inicialmente cayó, luego se recuperó, al tiempo que es cada vez mayor el escenario de plantas industriales con personal suspendido, reducciones de horarios de trabajo y clientes desatendidos en el exterior.
La faena en julio fue de 1.061.665 cabezas, un 12,3% menos que en julio de 2020. Tomando el acumulado en lo que va del año (enero-julio), la faena registró una caída de un 7,3%. Los datos, claramente, muestran que existe una restricción de oferta de hacienda.
Los precios minoristas de la carne registraron un ajuste. Pero la pregunta clave es si se recuperó el consumo interno de carne vacuna. La respuesta, según el representante de los matarifes, es que eso no ocurrió y que continúa en niveles mínimos históricos.
“Las restricciones a las ventas externas de carne no dio los resultados esperados y, en ese sentido, remarcamos que prevalece más el daño causado al sector que los beneficios”, sostuvo Rafael.
El presidente de CAMyA volvió a reiterar que considera inviable que el negocio exportador, por orden del gobierno, haya quedado en manos de un sector del eslabón comercial. “Un punto que nos toca de lleno es la decisión de las autoridades nacionales de permitir exportar solo a quienes tengan una planta industrial. Esto es insólito, porque en cualquier otra actividad venden al exterior quienes tienen el producto y la cartera de clientes”, señaló.
Rafael consideró que las políticas orientadas a favorecer la concentración, lejos de promover una mejora de la situación para los consumidores, termina perjudicándolos. “El gobierno debe dar marcha atrás con esta decisión. Si nos quitan el pie de encima, no necesitaremos un ‘Plan Ganadero’ para abastecer el mercado interno y cumplir con los compromisos externos”, concluyó.
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]]>Disculpas, es el pedido que brotó de boca del presidente. Y no está mal reconocer un error y pedir perdón.
En el medio agropecuario se está acuñando una palabra parecida: hay que pedir “diskulfas”. Se la recomiendan usar al ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, muchos integrantes de la cadena, que no pueden creer la impericia e improvisación que ha mostrado el gobierno para montar el cepo a las exportaciones de carne vacuna vigente desde el 20 de mayo pasado. Aunque la decisión de bloquear las exportaciones de bifes como en 2006 ha nacido de instancias superiores (el presidente Alberto Fernández y quizás también de su jefa, la vicepresidenta Cristina Kirchner), ha sido Kulfas el funcionario que siempre puso la cara.
De allí que ahora se le exigen “diskulfas”: hizo todo como el traste, no se sabe si porque no conocía del negocio o por cierta complicidad con ciertos sectores concentrados de la cadena.
Este miércoles al mediodía, diversos sectores de la cadena (productores, consignatarios, frigoríficos y hasta representantes de los trabajadores) se reunirán en la nueva sede de la Sociedad Rural Argentina (SRA) en Palermo para unir fuerzas contra ese cepo y reclamar al gobierno que no insista con la receta implementada por Kulfas: luego de un cierre casi total en mayo, el 20 de junio comenzó a regir un sistema de cupos al 50% que según el decreto debería vencer este próximo 31 de agosto. A la par el gobierno dictó una prohibición total para la exportación de siete cortes populares, con vigencia hasta fin de 2021.
Aunque el regreso a la normalidad no parece ser el escenario que busque el gobierno, hay muchos elementos acumulados como para que Kulfas pida “diskulfas” y al menos corrija algunas distorsiones muy evidentes de la medida aplicada hasta aquí. Estas son solo cinco razones que se nos ocurren ahora:
Uno. Kulfas debería pedir diskulfas por la falta de transparencia de todo este proceso, que resulta un agravio a la memoria de los argentinos, sobre todo porque Guillermo Moreno hacía lo mismo en el primer gobierno kirchnerista: con la complicidad de los grandes frigoríficos ocultaba ex profeso la identidad de las empresas que recibían los ROE Rojos o permisos de exportación de carne vacuna. En este caso, Kulfas propició a partir de abril el regreso de un documento semejante a aquel, las Declaraciones Juradas de Exportaciones de Carnes (DJEC) en el ámbito de la ex ONCCA. Pero dicho organismo, en manos de Luciano Zarich, no publica ningún dato sobre quiénes reciben autorización para exportar carne y a quiénes se le rechazan los pedidos.
Tan trucha resultó ser la decisión de Kulfas y su par de Agricultura, Luis Basterra, que la creación de los DJEC se anunció para todos los tipos de carnes, pero solo se aplicó para los operadores de la carne vacuna.
Dos. Kulfas debería pedir diskulfas por mentir descaradamente sobre la existencia de supuestos “operadores truchos” que justificaron esta avanzada oficial sobre el negocio de la carne. El ministro y otros funcionarios echaron a rodar sospechas sobre exportadores sin planta que subfacturaban sus exportaciones de carne a China, pero a la hora de realizar denuncias judiciales o identificar a quienes cometían esa falta, solo hubo silencio. La ex ONCCA solo identificó a unos tres o cuatro operadores, que habrían intentado exportar unas pocas toneladas. Y a la mayoría de los matarifes a los que bajó del RUCA debió volverlos a habilitar a las pocas horas. Lo de la Kulfas fue peor, porque siempre habló de estas irregularidades para justificar su intervención, pero nunca se le cayó ni el número de un expediente y mucho menos una sanción.
Pero lo más grave fue sin duda lo que sucedió con la Aduana, que en abril pudo identificar una clara maniobra lesiva al fisco (se declaraban las exportaciones de huesos con carne a China en una posición arancelaria que ni siquiera correspondía a la categoría del reino animal) y habló de 19 frigoríficos infractores que nunca identificó. Bichos de Campo sí lo hizo y la mayoría de ellos pertenecían al Consorcio ABC. Quizás por eso la Aduana resolvió el asunto con unas pocas multas que habrá que ver si se pagan, porque la mayoría de las plantas apeló diciendo que se había tratado de “un error” en la calificación de la mercadería.
Tres. Kulfas debería pedir diskulfas porque anticipó y concilió la fórmula elegida para regular las exportaciones de carne vacuna únicamente con una cámara del sector, la que agrupa a los grandes frigoríficos exportadores del Consorcio ABC. Fue frecuente, según diversas fuentes, la presencia en los despachos del Ministerio de Desarrollo Productivo de Mario Ravettino, el histórico presidente de esa entidad industrial que finalmente concentró cerca del 70% de los cupos de exportación.
Gracias a esa buena sintonía, estos cupos fueron definidos por el gobierno en base a un criterio claramente concentrador: la past performance o antecedentes de exportación se definió no en base a los datos de la Aduana (por el número de CUIT de cada empresa exportadora) sino en base de los datos del Senasa (por el número de habilitación sanitaria de cada planta frigorífica). Esta pequeña decisión dejó fuera de competencia a unos 40 exportadores (entre matarifes y grupos de productores) que no tenían planta propia y contrataban los servicios de un frigoríficos para obtener la carne que exportaban, algo totalmente lícito. Y dejó los nuevos cupos de exportación en manos de los frigoríficos. Y si, la parte del león quedó para los socios del Consorcio ABC.
Cuatro. Kulfas debería pedir diskulfas porque al formular estos cupos cometió el grave error de recortar especialmente las exportaciones de carne vacuna a China, que llevaba usualmente una vaca vieja (o manufactura) que aquí no encuentra mercado. Ese quizás fue el impacto más dañino de esta nueva intervención oficial sobre el mercado, pues esa vaca de descarte era la que los criadores bovinos separaban de su rodeo cada año porque ya no podía quedar preñada y era improductiva. Con su venta a China, ese productor lograba ingresos genuinos para reponer vaquillonas, que mejorarían al año siguiente los índices de parición y destete de terneros en cada establecimiento ganadero.
Ese estímulo era, según los que saben del negocio, el mejor plan ganadero que podía tener la Argentina en este momento. Y se interrumpió justamente en el momento del año en que los criadores deciden los niveles de reposición de sus rodeos. A los que no les quedó más remedio que vender sus vacas, los precios les bajaron hasta 20%. Del otro lado, los frigoríficos con cupo (en especial los del ABC) compraron vaca barata suficiente como para llenar sus cámaras por varios meses.
Cinco: Kulfas debería pedir diskulfas por haber incluido inicialmente a Israel (el segundo mayor destino de la carne argentina en 2020) dentro de los cupos al 50%, justo además en la época del año en que los rabinos habilitados por el Estado hebreo viajan al país para certificar que esa carne provenga de animales faenados bajo el rito kosher. ¿Y por qué se equivocó aquí el ministro? Porque a pesar de que no se trata de una cuota arancelaria como la Hilton o las 20 mil toneladas para Estados Unidos, hay una relación formal de la Argentina como principal proveedor de carne a Israel. No podía desafiarse pero se hizo, provocando un malestar diplomático que además era bastante innecesario porque Israel compra sobre todo cortes del pecho y el cuarto delantero de los bovinos, que localmente tampoco tienen gran acogida.
Este error fue parcialmente admitido esta semana por el gobierno, que forzado por la evidencia tuvo que habilitar un cupo adicional de 3.500 toneladas mensuales para exportar cortes kosher a dicho país. No se sabe todavía como será repartido (¡adivinen!), pero este cupo permitirá remediar la situación con dicho mercado, que se vio afectada por tres largos meses.
El detalle más insólito es que al habilitar esta cuota de 3.500 toneladas/mes, el ministro habilitó la posibilidad de hacer más negocios con Israel de los que se hacían antes del cepo, pues el volumen anual que podría exportarse (de proseguir este sistema) sería de hasta 42 mil toneladas, cuando en 2020 la Argentina había vendido a Israel solo 27 mil toneladas. También por este tipo de boludeces kulfas debería pedir diskulfas.
-Pero Matías… ¿Por qué no decís también que el gobierno bloqueó las exportaciones de carne sin haber logrado que bajen los precios locales al consumidor?
-Cierto. Desde que volvió el cepo exportador los precios de la carne subieron cerca del 15% al publico y solo bajaron 1% en la última medición del INDEC, correspondiente a julio. Ese 1% de baja, que ahora Kulfas celebra como un éxito de sus decisiones, se logró a un costo enorme en materia de divisas, fuentes de trabajo, lucro cesante, caída de la faena, malas señales a los compradores, incertidumbre. Y además no se puede hablar de un éxito: contra el año pasado los precios de la carne acumulan una suba de más del 80%.
-¿Y no te parece que también Kulfas debería pedir diskulfas por eso?
-La verdad que no. No valdría la pena pedir diskulfas por eso. Desde el principio de esta historia se sabía que haber metido mano en las exportaciones de carne vacuna era una medida directamente imperdonable.
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