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]]>-¿Cómo caracterizaría al sector forestal en Argentina?
-Argentina tiene ventajas competitivas para la industria forestal únicas. El tiempo en que crecen los arboles, la disponibilidad de tierra y la de agua, son tres elementos centrales. La industria forestal es generadora de divisas y de fuentes de trabajo. Hoy la clave está en hacer un uso integral de la madera, y la planta de celulosa es el primer punto de partida de la industria. Si pensamos en 800 dólares por tonelada te das cuenta de la magnitud de divisas que se podrían generar. La celulosa se complementa con los aserraderos, las plantas de tableros y las de energía. Analizar uno de todos estos temas por separado es perder eficiencia.
-¿Qué inconvenientes encuentra en el sector?
-Hay distintos escollos: uno es la seguridad jurídica y otro es la Ley de Tierras (se refiere a la ley que pone límites a la posesión de tierras rurales por parte de capitales extranjeros). Cuando uno invierte en una planta de celulosa, coloca aproximadamente 2 mil millones de dólares. Tres cuartos de la inversión son para la industria pesada. El cuarto restante es la tierra que se habilita para abastecer a un porcentaje importante de la planta. Uno no puede hundir dólares en una planta y después no tener asegurado el abastecimiento. Se podría trabajar en base a contratos pero sabemos que Argentina tiene cierta inseguridad en su cumplimiento. En estas condiciones se hace difícil atraer capitales extranjeros.
-¿Qué cambios le haría a dicha legislación?
-Se puede modificar generando una excepción para la industria forestal. Ahí se abre un campo enorme de trabajo. Decir “bueno, la industria forestal esta fuera de la Ley de Tierras”. Sería un elemento simple y contundente.
-Con una exportación de productos forestales casi sin valor agregado, ¿Argentina está perdiendo una oportunidad?
-Sí, porque la industria forestal está pasando por un gran momento. Así como la soja ha ido subiendo últimamente, la madera hoy tiene una gran demanda internacional y se está exportando mucho. La celulosa también ha estado mejorando sus precios. Hay un escenario internacional sumamente promisorio. Está en los argentinos generar las condiciones de atractividad para que vengan los capitales externos a invertir.

-La reciente reducción de los aranceles a la importación de productos forestales impuesta por China, ¿afecta en forma positiva al sector?
-Es una buena señal el hecho de que China esté generando la posibilidad de conversar sobre posiciones arancelarias. En esta ocasión no significa demasiado para Argentina, porque no somos grandes exportadores de esas posiciones, pero es una señal de que se puede seguir conversando y esperar que en algún momento se logren mejoras. Pero más allá de preocuparnos por los derechos de China, tenemos que ver siempre cómo reducir nuestros derechos de exportación.
-¿Cómo están actualmente las retenciones en este sector productivo?
-Ha habido un reacomodamiento y han sido bastante racionales las medidas: algunas posiciones se incrementaron y otras se redujeron. Básicamente las que tienen mayor valor agregado. El mensaje del gobierno fue “yo voy a fomentar la exportación de valor agregado”. Con lo cual es una buena señal. Igualmente uno podría decir “bajemos los derechos de exportación de todas las posiciones”, pero como primera señal es positivo.
-¿El sector experimentó cambios entre el gobierno anterior y el nuevo?
-Se manejan reglas similares. El 2020 fue un año complejo y es difícil hacer una evaluación. Hubo elementos distorsionantes muy fuertes, pero nada que fuera en contra del sector. Podemos decir que no seguimos avanzando con la mesa foresto-industrial como hubiéramos querido, pero es difícil decir si no se quiso o no se pudo, ante un año fuera de lo común. Hay una mesa a través del Ministerio de Industria, que sabemos que está trabajando para seguir los pasos de la mesa anterior. Las intensiones de promover las virtudes de la industria están.
-En este contexto, ¿Arauco tiene previstas nuevas inversiones en el país?
-Hace poco anunciamos una inversión para la planta de celulosa de Misiones de 150 millones de dólares, en los próximos 3 años. Ya empezamos y lo que estamos haciendo es una actualización tecnológica. También hemos hecho otras inversiones de otra magnitud en la planta de Zárate. Nosotros seguimos apostando a la Argentina.
Foto: Economis
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]]>Sucedió algo importante esta semana, o algo que debería ser importante si logra ser consecuente con el correr de los meses: se formó una Mesa Foresto Industrial integrada por todos los eslabones de esa cadena de valor. Están los que implantan árboles, los que aserran la madera, los que hacen muebles, los que producen energía con biomasa, los que hacen celulosa y hasta los fabricantes de papel. Todos los eslabones, algo impensado en la Argentina.
Ahora que está de moda hablar de “competitividad”, es la primera vez que todos esos actores confluyen para revisar las políticas poco exitosas en materia de forestación. Porque si hay algo que este país no puede hacer es considerarse exitoso en materia de política forestal. No lo ha sido.
La Ley 25.080 de Promoción de Bosques Cultivados va camino a cumplir 20 años. Nació en diciembre de 1998 con el objetivo de elevar en una década hasta 2 millones de hectáreas la superficie implantada con especies forestales, de modo de que cediera al mismo tiempo la presión sobre los bosques nativos argentinos. Pero pasaron dos décadas. Y a pesar de tanto tiempo transcurrido y de los millonarios recursos consumidos, el área boscosa se incrementó apenas en 500 mil hectáreas, para ubicarse actualmente en torno a 1,3 millones de hectáreas, un 60% de aquella proyección.
Fueron veinte años consumidos sin avanzar. En igual periodo histórico, en rigor, Uruguay pasó de no tener forestación a contar con una superficie semejante a la argentina y a exportar tantos productos de base forestal como nosotros carne vacuna. Chile, con mucha menos superficie disponible, llegó a su límite de 2 millones de hectáreas implantadas, exporta por us$6.000 millones, y comenzó a invertir en otros países de la región. Brasil, durante la presidencia de Lula Da Silva, se propuso crecer a razón de 200.000 hectáreas anuales y lo logró. Ya va por 6 millones de hectáreas forestadas. Sobran los ejemplos.
Ahora todos los actores del sector privado se plantean como objetivo llegar a implantar 3 millones de hectáreas de bosques y así generar 200 mil nuevos puestos de trabajo. Es lo que seguro intentarán venderle al gobierno de Mauricio Macri, tan afecto a firmar sendos acuerdos con competitividad con el sector privado. Le dirán al Presidente que luego, con más oferta de madera nacional, se podría reducir el déficit de la balanza comercial del sector, que llega a unos us$ 700 millones anuales, básicamente por la importación del papel. De papel que se hace con celulosa. Sí, como la que producía Botnia.
A pesar de la visible ineficacia de la Ley 25.080, sancionada a fines de los noventa y prorrogada en 2008 por diez años más, una de las propuestas de esta mesa sectorial será pedir una nueva extensión del esquema de subsidios a las nuevas forestaciones que plantea esa ley, aunque efectuando modificaciones. En esto se coincide con Lucrecia Santinoni, la directora nacional de Desarrollo Forestal del Ministerio de Agroindustria, quien estaba elaborando un anteproyecto para ver si el Congreso lo podía tratar (y sancionar) durante el próximo año.
A la espera de ese debate, el sector forestal pidió reforzar el presupuesto de ese área para lo que queda de 2017 y asegurar “una asignación apropiada” en la Ley de Presupuesto 2018.
Según informó la Sociedad Rural Argentina (“Tenemos muchos socios que son forestadores”, me contestaron desde la entidad cuando pregunté por su participación), en la reunión se elogió la conformación de otra Mesa Sectorial para apuntalar la Construcción en Madera; se habló sobre “los puntos específicos para la inversión en una planta de papel””, posiblemente en el norte de Corrientes; y sobre “la importancia de promover la energía eléctrica y térmica en base a biomasa” en las nuevas licitaciones oficiales.
Como en cualquier otra actividad productiva, “”un espacio especial lo tomó la competitividad del sector, en donde los costos de transporte, logística y puertos, junto con la carga impositiva, tuvieron relevancia. Se subrayó la necesidad de aprobar la implementación de los bi-trenes, que permitiría disminuir los costos de transporte entre 45% y 40%”.
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