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La entrada Los arroceros de Entre Ríos caen como moscas debido al alto costo de la energía para regar se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Bichos de Campo entrevistó a Griselda Carñel, docente de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y responsable del relevamiento en cuestión,quien explicó que respecto del censo previo que se realizó en la campaña 2016/17 hubo una caída del 17% en el número de productores. La mayor parte de ellos abandonó el cultivo en el anterior ciclo agrícola.
Escuchá la entrevista con Gricelda Carñel:
La causa principal de la deserción, según está profesional, tiene que ver con el alto costo de la energía necesaria para regar los campos que se inundan con agua de pozo: “La extracción de agua de pozo profunda es costosa y ese es uno de los argumentos para haber dejado” el cultivo. “En años anteriores veíamos que la reducción de algunos productores se daba por edad, cuando se jubilada o dejaba o entraban nuevas generaciones. Ahí tendían a hacer otros cultivos. Ahora el argumento del 90% de los productores es que lo que se recauda no cubre el costo de producción”.
Carñel explicó que hace unos 20 años en Entre Ríos se sembraron 160 mil hectáreas con el cereal, pero que la superficie se redujo a un tercio de ese registro. Hoy quedan solo 145 productores que sembraron 53 mil hectáreas en toda la provincia.
Además, de los 145 productores que sobreviven, hay 120 que manejan menos de 500 hectáreas cada uno y representan el 33% de la superficie del cultivo. El otro 70% está en poder de firmas que para sobrevivir avanzaron en el agregado de valor produciendo con marca propia, explicó la especialista.
“Los que siguen lo hacen por costumbre, cultura, y sobre todo aguanta el que siembra en su propia tierra.La deserción preocupa, ya que el arroz da mucha mano de obra, es culturalmente importante y hay infraestructura dedicada a ello en la provincia”, finalizó Carñel.
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]]>La entrada CNA 2018: En el país hay medio millón de hectáreas con frutales, pero solo Mendoza concentra el 37% se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Sin discriminar todavía por tipo de fruta, el ránking de provincias frutícolas continúa con Tucumán (53 mil hectáreas), San Juan (52 mil hectáreas), La Rioja (37 mil hectáreas), Río Negro (35 mil hectáreas), Entre Ríos (32 mil hectáreas), Catamarca (25 mil hectáreas) y Corrientes (20 hectáreas). Como fruto de una gran diversidad, Salta también forma parte de este ránking con 30 mil hectáreas. En total, hasta aquí ya tenemos 477 mil hectáreas, más del 90% del total.
| Total del país | 514.700,8 |
| Buenos Aires | 6.139,3 |
| Catamarca | 25.304,2 |
| Chaco | 22,2 |
| Chubut | 560,3 |
| Córdoba | 5.246,7 |
| Corrientes | 20.622,9 |
| Entre Ríos | 32.733,8 |
| Formosa | 2.311,1 |
| Jujuy | 6.646,0 |
| La Pampa | 110,8 |
| La Rioja | 36.991,2 |
| Mendoza | 193.349,8 |
| Misiones | 4.406,3 |
| Neuquén | 7.737,5 |
| Río Negro | 35.439,5 |
| Salta | 30.273,3 |
| San Juan | 51.899,2 |
| San Luis | 351,0 |
| Santa Cruz | 224,6 |
| Santa Fe | 509,7 |
| Santiago del Estero | 858,1 |
| Tierra del Fuego | 0,6 |
| Tucumán | 52.962,6 |
Una gran curiosidad es que en Tierra del Fuego el INDEC detectó la existencia de 0,6 hectárea dedicada a la fruticultura. Se reparten entre la producción de frambuesas y grosellas. Bichos de Campo deberá hacer alguna nota sobre esto. Otra provincia con una mínima actividad productora de frutas es el Chaco, extrañamente, con solo 22 hectáreas.
La importancia superlativa de Mendoza y San Juan tiene que ver sobre todo con la relevancia que tiene la vid para ambas provincias. Y es que la uva es el frutal más difundido en el país, con 185 mil hectáreas en total. De ellas, Mendoza tiene 133 mil.
La importancia de la vid, en combinación con la del olivo, es la explicación de por qué La Rioja aparece también fuerte en el ránking de provincias frutícolas. Y es que el olivo es el segundo árbol frutal en importancia a nivel nacional, con 53 mil hectáreas implantadas con variedades para hacer aceite y otras 25 mil hectáreas dedicadas a la producción de aceitunas de mesa.
Por la importancia de este complejo es que también Catamarca suma millas para aparecer en el ránking.
Luego de la vid y el olivo aparece con fuerza el limón (con Tucumán como nave insignia). Según el CNA 2018, en total había 58 mil hectáreas implantadas con esa fruta cítrica. De pomelo, su primo hermano, hay cerca de 3 mil hectáreas.
La naranja, con 40 mil hectáreas, y la mandarina, con otras 23 mil hectáreas, constituyen el complejo de los cítricos dulces. Allí tallan fuerte las provincias del Litoral, Entre Ríos y Corrientes, que también ingresan en el top ten de las frutícolas.
El Alto Valle de Río Negro y Neuquén, está visto, anda en franca decadencia. Tiene una capacidad de producción bajo riego de casi 60 mil hectáreas, pero actualmente se registraron solamente 19 mil hectáreas de manzana y otro tanto de peras, cumando un total de 38 mil hectáreas.
Entre los frutos secos, el nogal hace su aporte con unas 15 mil hectárea.
En total el INDEC registró la producción de 42 variedades de frutas en el país. Hay rarezas de todo tipo y color: 64 hectáreas de ananá, 9 de dátiles, 5 de quinotos, 83 de gundas, 24 de grosellas, 34 de moras, 577 de papayas y 979 hectáreas implantadas con tunas.
Pero la rareza más grande es media hectárea dedicada a la producción de chirimoya. Está en la provincia de Formosa, donde existen 23.00 hectáreas implantadas con frutales. Sin duda es la más diversa.
La entrada CNA 2018: En el país hay medio millón de hectáreas con frutales, pero solo Mendoza concentra el 37% se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Desde la universidad pública advierten sobre la concentración de la producción agropecuaria: Fueron 156.000 se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Javier Moreira, docente e investigador de la cátedra de Extensión y Sociología Rurales de la facultad, destacó que “en los últimos 30 años, vemos un sostenido aumento de la concentración de la producción agropecuaria”.
En efecto, los resultados del Censo arrojan que actualmente existen unas 222.000 explotaciones con límites definidos (con alambrados) distribuidas en el país, respecto de las 297.000 que existían en 2002 y de las 378.000 relevadas 1988. Esto significa que en sólo tres décadas se perdieron 156.000 establecimientos. La situación afecta sobre todo a los de pequeña escala, con menos de 50 hectáreas, según afirmó el investigador.
“Por un lado desaparecieron muchas explotaciones, pero al mismo tiempo creció la superficie productiva dedicada a los cultivos anuales. En los últimos 30 años, la superficie implantada se mantuvo en unas 33 millones de hectáreas, pero la proporción de esa superficie dedicada a cultivos anuales como la soja, el trigo y el maíz aumentó de 7,67 a casi 23 millones de hectáreas, en detrimento de otras producciones como las pasturas y las producciones regionales”, dijo.
También señaló que esto “quiere decir que es un proceso de concentración, con explotaciones más chicas que se anexan a otras más grandes. El problema es que tenemos más hectáreas en producción y explotaciones de mayor escala, pero menos establecimientos. La tierra no salió de la producción, sino que hay menos gente produciendo”.

Este fenómeno también se observa en el aumento de la superficie promedio por explotación. En 1988, la superficie promedio de las explotaciones agropecuarias era de 421 hectáreas. En 2018 esa cifra subió a 826 hectáreas por explotación, equivalente a un aumento de 96%.
Actualmente Moreira está dirigiendo tres tesis de la carrera de Agronomía de la FAUBA que utilizan la información del Censo como un insumo de base para analizar el sector agropecuario en diferentes regiones del país.
“Estamos estudiando el proceso de sojización en el Mercosur, la evolución de la ganadería en la cuenca del Salado y la transformación de la matriz productiva en Nonogasta, provincia de La Rioja, donde la producción de uvas se vio afectada desde los años 90 tras la aparición de otros cultivos como el olivo y la promoción de la industria de la curtiembre”.
“Muchas veces el Censo es la única información con la que contamos, aunque también existen vacíos porque los relevamientos se hacen cada 15 años y, además, hay datos que el Censo no discrimina, como la cantidad de los productores más allá de la cantidad de explotaciones. Entonces tenemos que ir a buscarlos al campo”, afirmó.
Ver El Censo Agropecuario confirmó que desde 2002 se extinguió un productor agropecuario cada dos horas
Moreira se refirió a las diferentes situaciones que arrojaron los resultados del Censo en cada zona productiva del país. “En la región pampeana no hay tanta concentración de la tierra porque la tierra dedicada a la soja se mantiene en manos del productor, que arrienda los campos para producir”, indicó, y señaló que en las economías regionales se registran otros casos.

“En las producciones vinculadas con la vitivinícola, la fruticultura, la caña de azúcar o la yerba, por ejemplo, hay mucha concentración. Los productores más chicos desaparecen porque su margen de ganancia depende en mayor proporción de la mano de obra, respecto de otros productores más tecnificados que obtienen una mayor eficiencia y menores costos, trabajando a mayor escala”.
Para ejemplificar estos aspectos se refirió a los casos de Mendoza y Tucumán. Tradicionalmente Mendoza era la provincia con más explotaciones con límites definidos, después de Buenos Aires. En 30 años, allí desaparecieron el 41% de las explotaciones, pasando de 33.249 en 1988 a 19.622 en 2018. En paralelo, la superficie de frutales se redujo un 10%, pasando de poco más de 214 mil a 193 mil hectáreas. Actualmente 3.136 explotaciones (el 16%) tienen más de 50 hectáreas.
En Tucumán la cantidad de explotaciones se redujo en un 75%, pasando de 15.988 en 1988 a 4.028 en 2018. En paralelo, la superficie de cereales, oleaginosas y cultivos industriales como la caña de azúcar aumentó en 4 mil hectáreas, pasando de 449 mil a 453 mil. Actualmente 1.406 explotaciones (el 35%) tienen más de 50 hectáreas.
“Por eso es tan distinta la realidad pampeana a la extrapampeana”, dijo, y se explayó: “La soja tiene un solo paquete tecnológico que se aplica a un campo grande o chico. Si el productor no puede garantizarlo, puede acudir a un contratista y, en la medida que trabaje de manera articulada con los agroexportadores y los proveedores de insumos, podría mantenerse en carrera porque hay una industria que demanda sus granos. Entonces tiene garantizada la venta. En el caso de la fruticultura, en cambio, si un productor duplica o triplica su cosecha de naranjas, limones o sandías, no va a encontrar necesariamente a un comprador”.

En el Censo se ve que entre los años 1988 al 2018 la proporción de superficie implantada destinada a cultivos anuales como la soja, maíz y trigo creció del 23% al 69%, concentrándose alrededor de los commodities, que se producen de forma superavitaria. Por otra parte, desaparecieron productores de escala más chica, del estrato que producen la fruta, la verdura, la hierba, la leche y la carne.
Además, Moreira advirtió que los censos no miden cantidad de productores, sino de explotaciones. “Eso quiere decir que si tenemos 220.000 explotaciones agropecuarias, los productores son esos o menos, porque un productor puede ser propietario de una o de varias explotaciones”.
“No obstante, sabemos por las investigaciones que llevamos a cabo en la cátedra que cada vez hay una composición mayor del ingreso no agrario dentro de la composición del ingreso de una familia rural. La mayoría de los ingresos monetarios familiares de los productores más chicos son de actividades no agrarias, como transportistas, viajantes de comercio, docentes, asignaciones familiares, trabajadores municipales o porque tienen un almacén en el pueblo”, acotó.
“Si al productor no le dan los costos para sostener su producción empieza a buscar ingresos extraprediales con los que vive y subsidia la actividad de su campo. Muchos productores ganaderos chicos trabajan de peones en campos más grandes. Otros productores que no consiguen trabajo afuera y no pueden mantener sus campos, se mudan a los pueblos. Como los primeros que exilian son los más jóvenes, aumenta la edad promedio de quienes viven en el campo porque los de mayor edad sufren más el desarraigo, después haber vivido toda la vida en el campo”, describió el investigador.
En 1988 había 1,4 millón de residentes permanentes en el campo. El año 2018 esa cifra bajó a 733 mil, con 83.234 personas mayores a 65 años.
El momento más fuerte de expulsión se dio en el período 2002-2018, donde se observó una caída de 500.000 personas residentes en 16 años, un promedio de casi 24.000 personas que debieron enfrentar el éxodo cada año.
La mitad de la población residente en explotaciones agropecuarias migró del campo a la ciudad y uno de cada 9 de los que perdura viviendo en las explotaciones es un adulto mayor.
Otro dato que aporta información en este sentido es el de las viviendas censadas: sólo 257.500 de 332.700 las casas relevadas en las explotaciones agropecuarias están habitadas. Esto significa que existen unas 75.000 taperas.
Por otra parte, Moreira comentó que si bien los datos preliminares del Censo aún no están informando resultados sobre los trabajadores del agro, “es esperable que ese número baje en la misma línea en que desaparecen las explotaciones agropecuarias, sobre todo las de 50 hectáreas para abajo, que no están en condiciones, por cuestiones de escala y de capital, de incorporar tecnología y sustituir la mano de obra por maquinaria”.
La entrada Desde la universidad pública advierten sobre la concentración de la producción agropecuaria: Fueron 156.000 se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Una radiografía de la "rica" región pampeana: La caída de productores ha sido más intensa que en el resto del país se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Y sin embargo…
Un oportuno documento elaborado por Eduardo Azcuy Ameghino y Diego Fernández, integrantes ambos del Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios (CIEA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, da cuenta de que los niveles de concentración y desaparición de explotaciones agropecuarias ha sido más intenso en la Región Pampeana que en otras regiones del país.
Los académicos se basaron en los primeros datos aportados por el Censo Agropecuario 2018 realizado por el INDEC. “La totalidad de las Explotaciones Agropecuarias (EAP) censadas registró 250.881 unidades, contra 333.533 contabilizadas en 2002, lo que implica la desaparición de 82.652, aproximadamente una cuarta parte, a un promedio de eliminación anual de 5.166 EAP”, indicó el trabajo.
Esta tasa de concentración o de desaparición de EAP, que es del 25% respecto de 2002, debería ser diferente según cada región productiva, ya que algunas tienen mayor cantidad de recursos y otras menos. Es lo que se propusieron analizar Azcuy Ameghino y Fernández: ¿qué sucedió en la privilegiada región pampeana? Es decir, los investigadores pusieron la lupa sobre lo sucedido en Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe.
Soja y carne, a full.

En principio, de acuerdo al CNA 2018, se establece que en la región pampeana existen a 2018 un total de 90.907 explotaciones, de las cuales el 12,8% (unas 11.6000 campos) tienen más de 1.000 hectáreas. Dentro de este grupo, las “estancias” que tienen más de 10.000 hectáreas son apenas 277 en las cuatro provincias.
Pero el grueso de las EAP en la Región Pampeana está en el rango de entre 50 y 1.000 hectáreas. Y allí, por más soja y carne que se produzca, los niveles de concentración han sido incluso más elevados que en el promedio nacional. Si a nivel país se ha caído en comparación con 2002 uno de cada cuatro productores, en esta zona “privilegiada” han desaparecido 28% de las explotaciones respecto de 2002. En aquel Censo de principios de siglo había 126.338 EAP en carrera. Es decir que en estos 16 años se perdieron 35.431.

El trabajo del CEIA muestra esta proceso de concentración por escala productiva. Y de allí surge que hubo picos de desaparición en el segmento de explotaciones más pequeñas. Las que van de 5 a 25 hectáreas se contrajeron nada menos que 46,5%. Las que van de 25 a 100 hectáreas, un 38,5%. Y las de 100 a 200 hectáreas, el 31,5%.
Así leído, fue una masacre para los viejos y queridos chacareros.
“El estrato más castigado es el de hasta 200 hectáreas, donde se ubica el 72,4% de las EAP desaparecidas, lo cual replica el fenómeno registrado entre 1988 y 2002”, indica el documento.
Por provincias, las cosas difieren bastante. La desaparición de EAP tiene un mínimo del 19,4% en Córdoba y un máximo en Entre Ríos del 36,2%. En Buenos Aires la tasa de desaparición de EAP fue del 28,6% y en Santa Fe del 29,3%.
Otro flanco interesante del estudio del CIEA es que estas 90 mil establecimientos que persisten en la Región Pampeana trabajan sobre una superficie de 50 millones de hectáreas de tierras rurales. Pero aquí también las cosas son muy distintas según el estarto de producción de cada EAP. Algunos datos:
Entre este segmento considerado de “pequeños y medianos productores” y las de mayor superficie se puede ubicar otro escalón con 12,6% de las EAP, que van de 500 a 1.000 hectáreas y que disponen del 16,2% de la tierra. Dentro de este conjunto se ubicaría el tamaño medio de las explotaciones pampeanas, que según los datos del CNA 2018 es de 553 hectáreas. Esta vendría a ser como la clase media agropecuaria.
Y más allá de que “deberían restarse unas cuantas unidades ubicadas en las zonas específicamente ganaderas –por ejemplo en la cuenca del Salado-“, los investigadores consideran como “grandes explotaciones pampeanas” a las que poseen más de 1.000 hectáreas.
Como ya se dijo, son 11.646 explotaciones. Constituyen el 12,8% delas EAP pero controlan 63% de la tierra. Los más grandes disponen de 31.658.219 hectáreas, con un promedio de 2.718 hectáreas.
La entrada Una radiografía de la "rica" región pampeana: La caída de productores ha sido más intensa que en el resto del país se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Un libro afirma que, a pesar de producir más, el agro pampeano “posee una dinámica excluyente y concentradora” se publicó primero en Bichos de Campo.
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Esta investigación está contenida en un nuevo libro que acaba de ver la luz y se llama “Los números rojos de la Argentina Verde”. Lo escribieron tres profesionales vinculados al Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios (CIEA), que funciona en el ámbito de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA: Juan Manuel Villulla, Diego Fernández y Bruno Capdevielle.
“Este libro analiza la situación económica de las mayorías sociales del agro pampeano entre 2008 y 2018. Intentamos así un balance del período que vaya más allá de contabilizar toneladas de granos, rindes por hectárea o cabezas de ganado, y que apunte a lo que consideramos la verdadera medida del éxito de un modelo agrario: el bienestar de las personas que lo conforman. En otras palabras, entendemos que las metas productivas deben estar en función de la satisfacción de las necesidades de nuestra sociedad, y no volverse un fin en sí mismo ni, peor aún, un objetivo que se vuelva en su contra”, explican los autores en la introducción.
Para definir su universo bajo estudio, los autores se basan en el censo de población de 2010, que definía que los trabajadores asalariados constituían el 60% de las personas ocupadas en el sector agropecuario pampeano, y los trabajadores por cuenta propia y sus familias representaban otro 25%. “Entre ambos grupos sociales sumaban el 85% de la población económicamente activa del campo, contra un 15% compuesto de empleadores de distintas escalas”, se explicó.

Las conclusiones del estudio, o los “número rojos” del agro pampeano, es que la situación de esa mayoría de trabajadores de la comunidad agropecuaria no les fue tan bien como indican los números de incremento de la producción.
Según dijo Juan Manuel Villulla a Bichos de Campo hay muchos indicadores que confirman que, entre 2008 y 2018, la situación de esa mayoría silenciosa del campo ha empeorado, confirmando el caracter “excluyente” y “concentrador” de este periodo:
Todos estos datos, a juicio de Villulla y sus compañeros de investigación, confirman que el campo “durante el período analizado no sólo no ofreció un espacio de inserción real a distintos sectores postergados de la sociedad argentina para que se incorporen de un modo u otro a su universo productivo, sino que, además, tendió a expulsar grupos sociales que ya estaban insertos en el”.
El macrismo, supuesto aliado de los productores, vino a empeorar esta situación, según dicen los autores. “Durante los últimos cuatro años se ampliaron las asimetrías entre el capital y el trabajo, con un claro retroceso de este último, en cuanto a cómo se distribuyó la riqueza generada por el sector”, se explicó.
La entrada Un libro afirma que, a pesar de producir más, el agro pampeano “posee una dinámica excluyente y concentradora” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Agustín Lodola fue uno de los coordinadores del Censo Agropecuario: “Tuvimos sólo un 0,5% de rechazo” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Como todo inventario, Lodola aseguró que “pone las cosas en su lugar y es la base para construir un nuevo sistema de información y estadísticas en el país, con la que hace 16 años que no contábamos”. En rigor, el país no contaba con un censo agropecuario desde 2002, ya que hubo una fallida experiencia de realizarlo en 2008, durante le gobierno kirchnerista y en pleno conflicto con el campo, que fue tan caótica que no ofreció resultados fiables.
En diálogo con Bichos de Campo, Lodola indicó que, con los datos preliminares de este nuevo Censo, estpa muy bien que se produzcan debates al interior del sector productivo y del académico. “Nos encanta que se discuta cada dato, y como técnicos del Indec queremos asegurar la profesionalidad con la cual se hizo y la receptividad del productor, ya que tuvimos solo un 0,5% de rechazo, lo que es nada en cualquier estadística que se publique”.
Escuchá el reportaje completo realizado a Agustín Lodola:
Entre los resultados que arrojó el CNA 2018 se confirmó que desde 2002 se extinguió una explotación agropecuaria cada dos horas en la Argentina; que menos de la mitad de los productores todavía vive en el campo y los extranjeros no son tantos como se creía; que ya hay 20% de los campos que son manejados por mujeres, pero hay muy poca presencia de jóvenes; que solo 20% de los productores hace una rotación de cultivos y apenas 10% realiza análisis de suelos. Y la lista de datos muy útiles para definir políticas públcas sigue. Y esta es la primera tanda de variables.
“Podemos discutir cada una de ellas, pero que eso mejor lo hagan los analistas y expertos. Nosotros como técnicos del INDEC queremos brindar esta nueva foto y estamos felices de poder publicarla”, destacó Lodola, quitándole relevancia a algunas polémicas por la medición sobre el stock ganadero de la Argentina (los datos no son muy coincidentes con los que publica el Gobierno) y la superficie sembrada. Según el profesional, la amplitud que tuvo el censo y la gran cantidad de variables relevadas ha sido “tremenda”.
¿Y qué mostró la foto que sacó el INDEC? El campo es, según Lodola, “diversidad absoluta y este censo lo refleja al tener datos por provincia. La verdad es que el promedio es muy escondedor; cuando uno analiza el total, hay 300 cultivos, 15 ganaderías distribuidas a lo alto y ancho del país. Por eso hay que tomar provincia por provincia y ver cómo se fueron manifestando los fenómenos”. Habrá nuevas publicaciones del censo en enero y marzo de 2020.
La entrada Agustín Lodola fue uno de los coordinadores del Censo Agropecuario: “Tuvimos sólo un 0,5% de rechazo” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada CNA 2018: Hay 2.500 “terratenientes” (contra 250 mil productores que no lo son) que manejan casi 40% del área productiva se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ver El Censo Agropecuario confirmó que desde 2002 se extinguió un productor agropecuario cada dos horas
Este grupo de 2.500 grandes productores (seguramente la mayoría de ellos sean figuras jurídicas) surgen de la suma de los dos últimos segmentos de la segmentación de las Explotaciones Agropecuarias según su escala productiva. Es decir, de los 1.610 establecimientos que tienen entre 10 mil y 20 mil hectáreas cada uno (y que suman la friolera de 23 millones de hectáreas) y las 863 explotaciones que tienen más de 20 mil hectáreas, que representan otras 34 millones de hectáreas. La suma de ambos subsectores llega a casi 58 millones de hectáreas, que equivalen a más del 36% de la superficie censada, que llegó a 157 millones de hectáreas.
Aquí sí se puede usar el término terrateniente. Pero queda claro que aplica a solo 1% de los productores. Hay otras 225 mil explotaciones agropecuarias que no califican para ser tildadas de esa manera.


En efecto, según destacó también un artículo del diario La Nación, y como también remarcó el titular del INDEC, Jorge Todesca, durante la presentación del CNA 2018, la mayor cantidad de explotaciones agropecuarias (EAP) en la Argentina están en la franja de las 100 a 500 hectáreas, lo que en inclusive en las zonas más productivas del agro apenas alcanza para sobrevivir. Son 57.856 productores que representan el 25% del total y que suman solamente 14 millones de hectáreas. Es la clase media agropecuaria y representa, según Todesca, “un desafío a relatos, discursos y preconceptos largamente asentados sobre la estructura del sector”.
¿Y por debajo de las 100 hectáreas quien vive?
En total, estos segmentos que andan a la cola (aunque en lagunas actividades y zonas estas pocas hectáreas pueden pertenecer a empresas muy modernas y sofisticadas) suman unas 124 mil explotaciones rurales, que representan el 54% del total. Pero manejan solamente 3,5 millones de hectáreas. Es el 2% de la superficie productiva.
La entrada CNA 2018: Hay 2.500 “terratenientes” (contra 250 mil productores que no lo son) que manejan casi 40% del área productiva se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada CNA 2018: Más de 700 mil personas viven todavía en los campos, donde ya hay 72 mil taperas se publicó primero en Bichos de Campo.
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De los 732 mil habitantes dle medio rural en explotaciones agropecuarias, el 38,4% son mujeres y el 61,5% son varones (sin determinar sexo hubo 0,1%). Respecto a la mano de obra, durante el barrido en campo se identificaron 420.704 ocupados permanentes de los cuales 195.561 son productores o socios y 225.143 son trabajadores permanentes.

Toda esa gente tiene a disposición un total de 332.721 viviendas, pero solamente 257.528 son viviendas habitadas y había 75.193 restantes se encontraban deshabitadas. Unas 75 mil taperas.

La entrada CNA 2018: Más de 700 mil personas viven todavía en los campos, donde ya hay 72 mil taperas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada CNA 2018: A nivel nacional, el arrendamiento pesa menos y casi 70% de los predios son manejados por sus dueños se publicó primero en Bichos de Campo.
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En este caso, el INDEC determinó el tipo de tenencia de la tierra tomando como base las hectáreas censadas y no la cantidad de explotaciones. Así, de las 157 millones de hectáreas de uso agropecuario, se mantienen bajo la explotación de sus propietarios 108 millones, en tanto que hay 30 millones de hectáreas bajo arrendamiento.

Informó el INDEC que “de la superficie total de las parcelas, 33.182.639,9 hectáreas fueron implantadas las cuales representan el 21% de ese total, y 124.241.291,7 hectáreas se destinaron a otros usos del suelo teniendo una participacion porcentual del 79% de la superficie total de las parcelas”.
De todos modos, cuando el CNA 2018 ingresa en el capítulo de cuánto se produce de cada cosa, las cifras preliminares del Censo marcan enormes distancias con las que usualmente se difunden desde otros organismos del Estado, en especial el Ministerio de Agricultura. No coinciden los stock ganaderos y tampoco la superficie ocupada por cultivos anuales, con lo cual preferimos no difundir estas informaciones hasta no tener claro el por qué de tanta diferencia. Por ejemplo,el INDEC habla de un stock bovino de 40 millones de bovinos, contra 53 millones detectados desde Senasa. O de la siembra de solo 22,8 millones de hectáreas con cultivos anuales, cuando Agricultura habla de más de 30 millones.

Preferimos entonces quedarnos con este cuadro, según el cual hay 78 mil explotaciones que se dedican a los cultivos aniales, unas 44 mil que hacen cultivos perennnes (duran más de una campaña), 30 mil productores que hacen forrajeras anuales y 34 mil que tienen pastizales perennes; y 13 mil que tienen bosques en sus explotaciones.
La entrada CNA 2018: A nivel nacional, el arrendamiento pesa menos y casi 70% de los predios son manejados por sus dueños se publicó primero en Bichos de Campo.
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En este mismo renglón de la consulta surge que 176 mil productores (una inmensa mayoría) tiene su lugar de trabajo dentro de la explotación, mientras que hay 35 mil explotaciones cuyos titulares tiene su principal ocupación fuera de ella, es decir posiblemente en otros rubros.

El Censo Agropecuario también sirve para dimensionar (está discriminado por provincias, pero aquí ofrecemos solamente el dato nacional) la inserción de productores extranjeros en el país. Son poco más de 5.000 los extranjeros que están al frente de explotaciones agropecuarias, mientras que más de 200 mil explotaciones siguen en manos de argentinos. Dentro de los extranjeros, hay 3.741 unidades en manos de ciudadanos de países limítrofes. Se infiere que la mayoría de ellos pertenecerían a la comunidad boliviana, que se ha hecho muy fuerte en las actividades hortícolas.
La entrada CNA 2018: Menos de la mitad de los productores todavía vive en el campo y los extranjeros no son tantos como se creía se publicó primero en Bichos de Campo.
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