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Una de las notas más vistas y discutidas en la corta historia de esta página de información agropecuaria fue la que realizamos en octubre de 2019 con Martín Zamora y otros técnicos en la Chacra Experimental Barrow, que comparten el INTA y el Ministerio de Desarrollo Agrario. Estos agrónomos, especializados en agroecología, habían mantenido durante ocho años un ensayo que comparaba ese tipo de agricultura sin insumos externos con otra realizada de modo convencional.

La nota con Bichos de Campo era importante para ellos porque mostraban por primera vez sus resultados. Más allá de las dificultades afirmaban en ese momento que era perfectamente posible hacer agroecología en planteos extensivos, y que los márgenes brutos incluso podían llegar a superar a los de un planteo agrícolas convencional. Fue como cantar truco por primera vez con cartas en la mano.

Pero muchos les cantaron retruco de inmediato: que como Barrow está pegada a Tres Arroyos solo habían ensayado con trigo y cebada, que no tenían que enfrentar los costos de un productor común, que era imposible quitar por completo los agroquímicos en otras regiones bonaerenses, que todo pintaba muy lindo pero era imposible hacer agroecología en agricultura continua con soja y maíz. Y muchos otros etcéteras. Retruco.

Luego de ocho años de ensayos, el INTA mostró los resultados económicos de la agroecología

Pues bien, desde la Chacra Barrow, transcurridas dos nuevas campañas con el mismo ensayo, parecen decididos a levantar al Vale Cuatro. Lo cantaron nada menos que una nota publicada en el boletín INTA Informa, que denota un aval institucional importante de ese organismo a su investigaciones. Se titula el artículo: “La agroecología es una opción competitiva y sostenible”.

¿Y qué dice?

De entrada recalca que “existen varios mitos sobre la agroecología. El más resonante sostiene que no se puede ser productivo y sustentable al mismo tiempo. Sin embargo, una década de estudios y de manejo agroecológico de la Chacra Experimental Integrada del INTA Barrow (Ministerio Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires – INTA) demostraron que se puede ser competitivo y cuidar el ambiente a la vez”.

“Los sistemas simplificados actuales tienen costos muy altos, principalmente, en insumos químicos y fertilizantes”, expresó Martín Zamora, referente nacional de Agroecología del INTA, quien hace diez años, junto con tres integrantes de la CEI Barrow, dos del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (IPAF) y un asesor privado constituyó una mesa transdisciplinaria e interinstitucional para discutir sobre el manejo para una transición agroecológica extensiva.

Y vuelve a contar la historia que ya relatamos en Bichos de Campo:

Con la premisa de buscar tecnologías de manejo basadas en procesos ecológicos que mejoren y sostengan la producción, la biodiversidad y la calidad ambiental, Zamora avanzó con el diseño e implementación de los módulos agroecológicos demostrativos de la CEI Barrow. “En varios de los ensayos que realizamos pudimos demostrar que con un manejo agroecológico es posible reducir costos, aumentar la rentabilidad y minimizar el impacto ambiental”, aseguró Zamora.

Y agregó: “Sustituir insumos químicos y energía con procesos naturales permite ahorrar entre un 40 y un 50% en el costo directo total, con el mismo, o mejor rendimiento”.

Si bien la productividad y la rentabilidad son aspectos importantes, para Natalia Carrasco, que es extensionista de la Chacra Experimental Integrada Barrow, el mayor logro fue que “varios productores se convencieron de que, además, la agroecología permite regenerar los ecosistemas para producir por muchísimos años más, porque esa es la pregunta con la que empezó todo este trabajo: ¿Hasta cuándo vamos a poder sostener esta productividad si estamos degradando el recurso básico que es el suelo?”.

“La agroecología es la mejor manera de producir: en línea con el ambiente, con el productor, pero también con la sociedad”, consideró Carrasco y afirmó: “Existe una manera de producir en la que todos salimos beneficiados y para eso sirvieron estos 10 años, para demostrar que se puede”.

Mirá el programa de tele que hicimos en aquel momento. Allí también aparecía Natalia:

Continúa la crónica del INTA contando que “otro de los estudios realizados en Barrow incluyó la comparación de sistemas agrícolas tradicionales y sistemas de transición agroecológica con el objetivo de determinar la incidencia de los diferentes manejos en los indicadores de calidad del suelo”.

Al respecto, Zamora precisó que “se tomaron muestras de suelo en diferentes profundidades y la concentración de glifosato más AMPA se redujo significativamente en los primeros 10 centímetros de profundidad: el promedio ponderado fue de 370 miligramos por kilo en el sistema tradicional, y se redujo a 21 miligramos por kilo después de cinco años de transición agroecológica”.

“El impacto de los sistemas tradicionales incluyen la contaminación química, la pérdida de materia orgánica del suelo y la degradación del suelo, con los consiguientes riesgos”, explicó el especialista.

Al mismo tiempo, “el ensayo mostró un aumento significativo del contenido de materia orgánica del suelo luego de cinco años de transición agroecológica, lo que sugiere una clara mejora de las condiciones del suelo”, puntualizó Zamora

Otro mito, según el informe del INTA es que la agroecología únicamente es apta para pequeñas extensiones. En este sentido, Zamora aseguró que “la agroecología se basa en principios y no en recetas” y sentenció: “Sólo en la provincia de Buenos Aires hay gran cantidad de grandes productores en plena transición hacia la agroecología y eso tiene que ver con la difusión del trabajo que varios organismos, como el INTA, realizan hace varios años”.

Quiero vale cuatro.

Añadió Carrasco que durante todo el proceso de evaluación y experimentación “pudimos romper varios mitos, pero principalmente el que plantea que la agroecología no es rentable”.

En este sentido, la extensionista de la Chacra Barrow puntualizó en “la necesidad de desarrollar una experiencia con cultivos agroecológicos, tales como trigo y cebada, para ofrecer información y resultados de una alternativa para los productores de la región, porque es lo que siempre ha hecho el INTA, dar respuestas”.

El resumen de prensa de esta experiencia cuenta que en 2013, ya con resultados positivos de la transición agroecológica en cuanto a lo productivo, lo económico y lo ambiental, se dieron los primeros pasos en la difusión, capacitación y extensión. “Comenzamos dando charlas, haciendo talleres y recorriendo campos a nivel regional, y terminamos en otras provincias, articulando con otras Estaciones Experimentales del INTA, Universidades Nacionales, municipios, y otros organismos”, aseguró Zamora. Y resaltó: “Al día de hoy, se realizaron más de 150 actividades con participación de la CEI Barrow en conjunto con actores muy diversos”.

¿Cómo seguirá esta partida?

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Carolina Estelrrich, una agrónoma con la cabeza “enviciada”: Por tres campañas, comparó la agricultura convencional contra una con cultivos de cobertura y otra sin insumos químicos http://wi631525.ferozo.com/carolina-estelrrich-una-agronoma-con-la-cabeza-enviciada-por-tres-campanas-comparo-la-agricultura-convencional-contra-una-con-cultivos-de-cobertura-y-otra-sin-insumos-quimicos/ http://wi631525.ferozo.com/carolina-estelrrich-una-agronoma-con-la-cabeza-enviciada-por-tres-campanas-comparo-la-agricultura-convencional-contra-una-con-cultivos-de-cobertura-y-otra-sin-insumos-quimicos/#comments Sat, 03 Apr 2021 17:09:49 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=62959 Carolina Estelrrich nos manda las fotos de ella y sus colegas trabajando sobre los ensayos que son el motivo central de esta nota. Elegimos para encabezar una que envió en tono jocoso. Aparece allí coronada de vicia, como si fuera una corona triunfal de laurel de las que utilizaban los césares en la Antigua Roma. […]

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Carolina Estelrrich nos manda las fotos de ella y sus colegas trabajando sobre los ensayos que son el motivo central de esta nota. Elegimos para encabezar una que envió en tono jocoso. Aparece allí coronada de vicia, como si fuera una corona triunfal de laurel de las que utilizaban los césares en la Antigua Roma. “Se me ‘envicio’ la cabeza”, bromea.

No es tan broma. Durante tres campañas consecutivas, en la Chacra Experimental Bellocq del Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense, Carolina y el agronómo del INTA Gonzalo Pérez compararon los resultados (económicos, productivos y ambientales) de los tres planteos entre los cuales se debate actualmente la agricultura argentina: uno convencional con agroquímicos, otro que intenta reemplazar ese insumo por cultivos de cobertura y el tercero que prescinde totalmente de ellos, uno de los mandamientos de la “agroecología”.

Carolina sabe que su tarea es importante, se la nota orgullosa de lo que hace y desde dónde lo hace, una experimental del Estado. Recibida de ingeniera agrónoma en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) hace apenas seis años, decidió irse a vivir y trabajar en esa chacra del gobierno bonaerense, de unas 470 hectáreas, equidistante entre Carlos Casares, Pehuajó, Henderson y Bolívar, en el centro-oeste de la provincia. Esa era en algún momento una zona de campos mixtos, donde había mucha ganadería que alternaba con la agricultura. Pero como la tierra es muy fértil, la penetración de la soja fue potente y las vacas quedaron relegadas a las zonas marginales. La agricultura convencional domina ahora casi todo el escenario.

Nacida en Bolívar, cerca de allí, y con solo 27 años a cuestas (ahora tiene 30), Carolina encaró una investigación de la cual hace poco se presentaron los primeros resultados. Fue necesario esperar tres campañas para sacar las primeras conclusiones, porque lo que se comparó fueron tres esquemas de rotación tradicionales en la zona, que duran ese tiempo.

  • Rotación con barbechos químicos (RBQ): maíz, soja, trigo/soja 2°
  • Rotación con cultivos de cobertura (RCC): vicia/maíz, centeno/soja, trigo/soja 2°
  • Rotación con cultivos de cobertura sin agroquímicos ni fertilizantes inorgánicos (RCCSA): vicia/maíz, centeno/soja, trigo.

Sobre parcelas de 10 por 30 metros, nos cuenta la agrónoma, “planificamos una rotación tradicional, otra a la que le sumamos cultivos de cobertura, y otra que es igual a segunda pero que a la que desde el vamos no le pusimos insecticidas, ni fertilizantes”.

Carolina tiene la cabeza “enviciada”. Pero se cuida mucho de llamar a este tercer modelo como “agroecológico”. Tiene sus razones. A la luz de los resultados teme que su informe sea utilizado como un arma en una batalla que ella no quiere pelear: la que enfrenta a los que defienden los insumos químicos y a los que los deploran.

Sucede que lo que está mostrando este ensayo por primera vez son los márgenes que se pueden obtener prescindiendo de agroquímicos y fertilizantes en un planteo agrícola que incluye la soja y el maíz, los dos principales cultivos de la Argentina. Hasta ahora, los promotores de la agroecología basan sus números más favorables sobre todo en la experiencia de varios campos más ganaderos que agrícolas. Y las únicas cifras “oficiales” surgen de la Chacra Barrow, ubicada en Tres Arroyos. Allí, la gente del INTA también hizo comparaciones, pero rotando el trigo tradicional de la zona con ganadería bovina, que devuelve nutrientes.

En Casares la cosa es totalmente diferente. “Acá no podíamos decirla a los productores que se pusiesen a repetir ese esquema en suelos con un potencial impresionante”, explicó Carolina.

Luego de ocho años de ensayos, el INTA mostró los resultados económicos de la agroecología

-¿Y por qué te resistís a decir que el planteo sin agroquímicos ni fertilizantes es agroecológico?

-En su momento nos parecía que el desafío era ver cómo desarrollar una agricultura continua con un menor uso de insumos. Nosotros lo planteamos así y entonces arrancamos con una visión equivocada de la agroecología. Una conclusión importante es que si querés producir de manera agroecológica no tiene que ser con este planteo- nos respondió la joven investigadora, que se muestra muy consciente de que los resultados de sus ensayos podrían ser utilizados por quienes desacreditan ese movimiento con el argumento de que, sin insumos químicos, se reducen sensiblemente la productividad por hectárea y, en consecuencia, los márgenes brutos de las empresas agrícolas.

“Se ha tornado todo en un River-Boca. Eso nos limita a poder avanzar y de manera más seria”, dice Carolina, que no quiere formar parte de ese debate, pero tampoco esconde los resultados. Entre las tres parcelas comparativas “la que más ruido hace es la que no tiene insumos, que es insostenible. La presión de malezas es tal que no la podés controlar”, asume. En cambio, se mostró bastante más satisfecha con el segundo de los planteos, el que incluyó cultivos de cobertura. Este es el resumen de los rendimientos obtenidos.

“En la primera campaña no hubo demasiada diferencia de rendimientos, pero el lote venía limpio, con malezas controladas con herbicidas”, relata la técnica. La brecha de rendimientos luego se fue ampliando a favor del planteo convencional con agroquímicos. El planteo intermedio -cultivos de servicio con aplicaciones puntuales- hizo un papel más que decoroso, aunque algún resultado pudo haber caído porque esos cultivos utilizados (vicia y centeno) consumen algo de agua.

Los detalles técnicos y números precisos sobre los rendimientos pueden encontrarse en este informe completo publicado por el Ministerio de Desarrollo Agrario y el INTA, a partir de la página 109. Pero desde ya hablamos de niveles de rendimientos iniciales elevados, frecuentes en la región, de más de 6.000 kilos para el trigo, unos 3.500 para la soja y cerca de 10.000 para el maíz.

Un argumento frecuente de la “agroecología” para defenderse de la acusación de ser menos productiva que la agricultura convencional, como este ensayo confirma, es que lo que se deben mirar son los costos y márgenes. En el caso de esta investigación, las cuentas finales para los diferentes cultivos en el final de la rotación (la campaña 2019/20), muestran que prescindir de los agroquímicos y fertilizantes no siempre significa reducir el nivel de costos. Y por tanto no mejorar los números finales.

“En el tratamiento sin químicos cambia la estructura de costos: por ejemplo crecen las labores en trigo, o con la semilla de la vicia y además hay un costo más en la siembra de cultivos de cobertura. Pero a la vez disminuye la compra de herbicidas en planteos de cobertura. Es decir, en estos esquemas si bien bajo el uso de insumos, tengo que controlar malezas con pasada de disco y los valores se incrementan mucho”, nos explica Carolina.

La joven agrónoma tiene la cabeza “enviciada”. Le surgen nuevos modos de pensar que quizás incomoden a muchos.

“Debatimos mucho entre colegas sobre esto. ¿Por qué el productor tiene que asumir tanto el cuidado de la Naturaleza? En ese sentido creo que nos falta evolucionar un poco. ¿Por qué tenemos solo ese razonamiento de maximizar ingresos por unidad de superficie? En ese maximizar pasan en el camino un montón de cosas…”

Un capítulo de este ensayo se dedicó justamente a buscar los costos ocultos que no forman parte del resultado económico. Hicieron un balance parcial de nitrógeno y de fosforo para cada rotación y el duro descubrimiento es que dicho balance fue casi siempre negativo. “En el tratamiento con cultivos de coberturas contemplamos el aporte de nitrógeno de la vicia y la historia es distinta porque puedo ir disminuyendo los kilos de urea”, aclara Carolina. Los cultivos de servicio también juegan un rol importante en los planteos sin químicos añadidos. En el caso del fósforo solo hubo saldos favorables en el caso del trigo.

“El desafío es encontrar fuentes orgánicas de fácil acceso en la zona y factible distribución en el lote, que agreguen nutrientes a este tratamiento, a los fines de mantener la premisa de no uso de insumos de origen inorgánico”, definirá luego el informe técnico, mostrando una de las grandes debilidades de los planteos agroecológicos en la agricultura continua, sin ganadería.

Una vez mas el enfoque de los cultivos de cobertura combinado con insumos externos cuando se precisen es el que se acerca un poquito más a la situación  ideal.

En este punto, otro flanco interesante del ensayo fue una medición de la biomasa, o la cantidad de materia seca de cada hectárea en cada tramo de la rotación. Carolina dice que esto importa por la generación de Carbono, que a corto o largo plazo terminará impactando en el contenido de materia orgánica de los suelo. Ganan aquí por lejos los dos planteos que utilizan cultivos de cobertura.

Por lógica, donde los dos sistemas alternativos a la agricultura convencional sacan mayor ventaja es en la cantidad de aplicaciones realizadas, que se eliminan por completo en el planteo sin agroquímicos y se van reduciendo sustancialmente en el esquema de cultivos de cobertura. El gráfico que nos muestra Carolina es que en este planteo la cosa recién comienza, pues las aplicaciones se van reduciendo paulatinamente hasta desaparecer en la tercera campaña de la rotación.

Carolina es una ingeniera agrónoma con la cabeza definitivamente “enviciada”. Enfatiza que todo debe ser encarado como un proceso en el que sirven muy poco los mandamientos preestablecidos. En el caso del planteo pseudo-agroecológico no llegaron ni siquiera a poder plantar la soja de segunda por la competencia feroz de las malezas incontrolables.

“Iniciamos con una visón errada del que piensa que lo agroecológico es no usar ningún insumo desde el vamos. En realidad es una transición, que requiere de mucha rotación”, explica. “Es un camino que hay que recorrer. No se puede hacer nada de la noche a la mañana”, abunda.

Sus primeras conclusiones, luego de tres años de mediciones, son que para mantener el suelo hay que diversificar especies y para eso es bueno utilizar cultivos de cobertura. Eso ayuda a generar carbono y competir con las malezas. Además los herbicidas residuales empiezan a disminuir desde un primer momento. “Con el paso de las campañas vemos que se puede reducir el uso de glifosato”, exclama la agrónoma. El glifo ha sido el hueso más duro de roer hasta aquí en este camino.

Por otro lado, si en la rotación se incorporan leguminosas, esto permite equilibrar un poco más el balance de nutrientes. De todos modos, hay que pensar en otras opciones, pues sumar cultivos de cobertura no siempre alcanza, para erradicar por completo la fertilización química. Carolina dice que habría que pensar en insumos orgánicos que puedan compensar la extracción de nutrientes que hacen los granos.

Carolina, que tiene la cabeza “enviciada” del todo, está contenta porque para la nueva campaña (la primera de un nuevo periodo de rotación) están incorporando al equipo a un becario que comenzará a evaluar los parámetros físicos del suelo, También van a analizar la biología del suelo. Son las patas que le faltan a estos ensayos, además de tiempo, para comenzar a arrojar conclusiones más rigurosas.

“Con este trabajo intentamos ver algunos parámetros productivos, económicos y ambientales, pero no hay que olvidarse de la pata social. No puede ser que no pensemos en nosotros mismos. Al productor yo le digo: ¿vos te subirías todo el día a manejar una pulverizadora? Yo no lo haría ni quisiera que lo hagan mi papá o mi hermano”, define la joven. Y eso da pie a otros pensamientos.

Carolina detesta los dogmatismos. Pero define que “lo que está más claro es que siempre hay que tener presente el cuidado del suelo. A partir de ahí es como si nos cuidáramos todos los seres vivos. Cada productor tendrá luego posibilidades distintas de encarar su tránsito. Pero hay que tener claro que es un camino y que hay que transitar un proceso de conversión”.

-¿Y vos fuiste modificando tus posturas sobre la agroecología a medida que hacían este ensayo?

-En Bolívar hay bastante movida agroecológica, bastantes productores. Cuando me recibí me invitaron a una reunión y pensé ‘estos tipos están locos, resulta imposible producir sin insumos químicos’. Me di cuenta de que estaba equivocada. Pero creo que mi mente me da la posibilidad de decir me equivoqué e ir aprendiendo. Eso nos hace falta a los argentinos en un montón de temas. También tengo claro que este no es mi propio campo.

-¿Y qué harías si este, en vez de un lugar experimental, fuera tu propio campo?

-Si tuviese un campo trataría de tener todo el año el suelo cubierto. En el fondo la solución al antiguo problema del suelo es volver al esquema de rotaciones entre la agricultura y la ganadería, con cuatro o cinco de pasturas. En realidad es un poco eso más, que pensar en erradicar la soja.

Carolina tiene la cabeza “enviciada”. Su vicio es sentir, pensar y tratar de hacer las cosas de modo diferente a como muchos las vienen haciendo, aunque tampoco le gusta que la encasillen como agroecologista. Ella es una orgullosa ingeniera agrónoma. Ha empezado a disfrutar ser eso.

“Es para hablar tres días seguidos y capaz no vamos a llegar a ninguna conclusión. Pero es divertido. A mi de alguna manera esta experiencia me renovó las ganas de ser ingeniera agrónoma. Me parecía un poco aburrido. Y más acá, en este zona, donde tenés tres o cuatro cultivos todos los años: maíz, soja, girasol, trigo y siempre hechos de la misma manera… Esto de caminar hacia la agroecología le puso un poco de sentido a mi profesión”.

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Registraron dos variedades de trigo candeal que son las primeras que llevan la marca MDA: Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense http://wi631525.ferozo.com/registraron-dos-variedades-de-trigo-candeal-que-son-las-primeras-que-llevan-la-marca-mda-ministerio-de-desarrollo-agrario-bonaerense/ http://wi631525.ferozo.com/registraron-dos-variedades-de-trigo-candeal-que-son-las-primeras-que-llevan-la-marca-mda-ministerio-de-desarrollo-agrario-bonaerense/#comments Fri, 29 Jan 2021 15:02:33 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=57437 Contentos estaban en el Ministerio de Desarrollo Agrario (MDA) de la Provincia de Buenos Aires. Sucede que en un trabajo conjunto con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) lograron registrar dos nuevas variedades de trigo candeal desarrolladas en la Chacra Experimental Barrow y que son las primeras que llevan su sello. “Estas nuevas variedades […]

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Contentos estaban en el Ministerio de Desarrollo Agrario (MDA) de la Provincia de Buenos Aires. Sucede que en un trabajo conjunto con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) lograron registrar dos nuevas variedades de trigo candeal desarrolladas en la Chacra Experimental Barrow y que son las primeras que llevan su sello.

“Estas nuevas variedades de trigo candeal, que son las primeras en ser registradas bajo la sigla MDA, son la clara evidencia del trabajo innovador que se realiza en nuestras Chacras Experimentales con el objetivo de acercar alternativas y soluciones a los productores de cada región de la Provincia”, afirmó el ministro Javier Rodríguez en un comunicado.

Las dos nuevas creaciones fitogenéticas de trigo candeal fueron presentadas en el Boletín Oficial mediante la Resolución 458/2020 del Inase, y estarán a disposición de los productores a partir del mes de mayo próximo.

La creación de estas variedades en Barrow, un histórico campo de experimentación ubicado muy cerca de Tres Arroyos, “viene a responder a las demandas de los productores trigueros de la zona, en cuanto a rendimientos, calidad y sanidad”, destacó el comunicado oficial.

El trigo candeal se utilza sobre todo para la elaboración de fideos.

La nueva variedad Bonaerense MDA INTA Charito proviene de un cruzamiento realizado en el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), en búsqueda de amplia adaptabilidad y tolerancia a estreses bióticos y abióticos. “Se trata de un trigo con muy buena calidad industrial, ya que su grano pequeño a mediano tiene muy buen peso hectolítrico, con un contenido de pigmento amarillo superior al promedio de testigos de similar ciclo vegetativo y, sobre todo, posee buena calidad de proteínas y buena aptitud semolera y fideera”.

En tanto, la variedad bonaerense MDA INTA GALPÓN proviene del cruzamiento y proceso de selección realizado entre Bonaerense INTA Cariló, Buck Esmeralda y la variedad italiana Duilio. “Entre las calidades industriales se destaca por ser un grano mediano a grande, de buen peso hectolítrico, con alto contenido de proteína en grano y contenido de pigmento amarillo superior al promedio de testigos de similar ciclo vegetativo”.

Ambas especies son muy resistentes a la roya y sus rendimientos tienen un potencial promedio de dos años en el sudeste, centrosur y sudoeste bonaerense, con una fecha óptima de siembra que va desde mediados a fines de julio, aunque las dos semillas han mostrado excelente comportamiento en siembras tardías (agosto).

La Asociación Cooperadora de la Chacra Experimental de Barrow será la encargada de comercializar y distribuir a los productores interesados estas dos nuevas especies de trigo candeal, que estarán disponibles a mediados de mayo o principios de junio próximos.

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Los padres de la agroecología: “En cada análisis de suelo que hacemos notamos que cada año hay menos nutrientes”, advierte Martín Zamora desde el INTA http://wi631525.ferozo.com/los-padres-de-la-agroecologia-en-cada-analisis-de-suelo-que-hacemos-notamos-que-cada-ano-hay-menos-nutrientes-advierte-martin-zamora-desde-el-inta/ http://wi631525.ferozo.com/los-padres-de-la-agroecologia-en-cada-analisis-de-suelo-que-hacemos-notamos-que-cada-ano-hay-menos-nutrientes-advierte-martin-zamora-desde-el-inta/#comments Sat, 10 Oct 2020 11:58:29 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=48779 Martín Zamora es el coordinador de la Red de Agroecología (Redae) del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). El investigador evalúa la calidad y manejo de los suelos en establecimientos agroecológicos, lleva adelante ensayos de largo plazo, y está convencido de que “hay que hacer un cambio en las miradas de producción”, ya que “lo […]

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Martín Zamora es el coordinador de la Red de Agroecología (Redae) del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). El investigador evalúa la calidad y manejo de los suelos en establecimientos agroecológicos, lleva adelante ensayos de largo plazo, y está convencido de que “hay que hacer un cambio en las miradas de producción”, ya que “lo que hoy llamamos Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA) no nos dieron respuesta de nada”.

El ingeniero agrónomo tiene su base en la Chacra Experimental Barrow, cerca de Tres Arroyos, donde hace más de 9 años funciona un módulo agroecológico. En diálogo con Bichos de Campo, alertó que “en los últimos 7 años se perdió el 30% de la materia orgánica de los suelos de la región pampeana”, y se preguntó: “¿Quién asume ese costo?”.

“Seguir insistiendo solo en producciones como la soja y el maíz no es sostenible en el tiempo. Podremos hacerlo 10 o 15 años más, pero ¿Y después?”, manifestó el agrónomo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que cuenta con un posgrado en la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Zamora se recibió a fines del ´95 y comenzó de inmediato a trabajar en Tres Arroyos, con lo cual, hace más de 20 años que está metido en esto de la agroecología. Su primera oportunidad de trabajo la tuvo con la escuela agropecuaria de Tres Arroyos, cuando fue convocado por Santiago Sarandón, otro de los referentes en el tema, no solo a nivel nacional sino también latinoamericano.

Mirá la entrevista a Martín Zamora:

Desde que se vinculó con el INTA, Zamora aseguró que “en cada análisis de suelo que hacemos notamos que cada año hay menos nutrientes, menos fósforo, azufre, zinc, boro, y más adelante serán otros nutrientes los deficientes. Siempre hay un balance negativo en el suelo, lo que acarrea más costos a los productores, ya que para mantener los rendimientos deben usar más insumos. Y ahora se suma otro problema grave que son las malezas resistentes”.

Estos mayores costos productivos se hacen notar. Zamora expresó que “hace 20 años sembrar una hectárea de trigo en Tres Arroyos salía 200 dólares y hoy sale 450 dólares. Y si bien hay aumentos de productividad, eso no se ve reflejado en el margen bruto del productor. Esto solo pueden absorberlo productores grandes, pero no los chicos de entre 300 a 500 hectáreas, y así vemos menos productores en la pampa”.

Para el coordinador de agroecología en el INTA, el problema es que “se sigue pensando que emparchando un sistema se lo puede mejorar, en lugar de pensar en un cambio de sistema. Siempre atacamos las consecuencias de aplicar un modelo, pero nunca atacaremos las verdaderas causas que originan esos problemas”.

Luego de ocho años de ensayos, el INTA mostró los resultados económicos de la agroecología

 

Como solución a evitar que el suelo termine subsidiando las consecuencias de la fuga de nutrientes, Zamora propuso “pensar una forma distinta de producir alimentos, en una mirada holística o integral, la cual es aportada por la agroecología. El modelo soja/maíz no podrá seguir existiendo, porque en la búsqueda de más rendimientos necesitaremos más nutrientes, y en consecuencia, una mayor fertilización y extracción de estos. Así terminaremos sin materia orgánica en los suelos. Hay que cambiar la mirada de los sistemas. La forma en que hoy hacemos los cultivos no es sustentable”.

Le preguntamos a Zamora qué pensaba de las revisiones profundas como la que está realizando la Asociación de Productores en Siembra Directa (Aapresid), que está apuntalando fuerte la incorporación de cultivos de servicio para lograr una “agricultura siempre verde” que regenere los suelos. “Funcionan, sí. Pero si los meto en un sistema actual de producción, le generará un costo económico y financiero alto al productor, porque obtendrá el ingreso de esos servicios recién dentro de un año y medio. Y así no van a querer hacerlo”, explicó.

Por eso, para el agrónomo, “hay que pensar en un sistema productivo de bajo impacto ambiental y social, y que se empiecen a acercar los consumidores con los productores, porque ese es el problema, hoy están alejadas esas posiciones, entre el que quiere comer sano y el que quiere producir con el máximo potencial. No deberían ser conflictos. Hay otros modos de producción. Las tecnologías de procesos son importantes para la producción y sin embargo no las usamos. En un sistema maíz/soja prácticamente no las usamos”, evaluó.

En definitiva, para Zamora no alcanza cuando no se cambia la mirada sobre los sistemas productivos. “La actual es una mirada muy de estrategia lineal: me aparece este problema y lo soluciono con este medicamento. Tenemos que analizar por qué aparece ese problema, si es una consecuencia de algo o si es un problema real”, remarcó.

En el mismo sentido, el experto del INTA cree que tampoco servirán si la agricultura de precisión o la digital si se aplican solo para salvar una consecuencia del sistema productivo, reduciendo por ejemplo las aplicaciones de agroquímicos. “Muchas veces actuamos sobre las consecuencias de que aparezca una enfermedad, plaga o maleza. Eso no es más que la consecuencia de aplicar una forma de agricultura. Mientras mantengamos eso no vamos a cambiar”, describió.

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“Hay que sacarnos la anteojera de que soja y maíz se pueden hacer como ahora. Necesitamos investigación e integrar más productores para hacer una nueva forma de producción, pero tiene que ser algo que se haga en conjunto. Por supuesto que no será a corto plazo, pero ya hay miradas distintas. La agroecología es la única que avanzó en sostener una forma de producción diferente y la que da respuestas”, concluyó.

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(de nuestro archivo) Agustín Barbera, extensionista del INTA, ayuda a los productores a encarar “la transición hacia la agroecología” http://wi631525.ferozo.com/agustin-barbera-extensionista-del-inta-ayuda-a-los-productores-a-encarar-la-transicion-hacia-la-agroecologia/ Wed, 16 Sep 2020 18:20:22 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=29529 Desde la Chacra Barrow, ubicada muy cerca de Tres Arroyos, especialistas del INTA mostraron hace unos días a Bichos de Campo los resultados productivos y económicos de un ensayo realizado desde 2011, que consiste en comparar un módulo hecho bajo los postulados de la agroecología con otro cultivado de modo convencional. Agustín Barbera, un agrónomo […]

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Desde la Chacra Barrow, ubicada muy cerca de Tres Arroyos, especialistas del INTA mostraron hace unos días a Bichos de Campo los resultados productivos y económicos de un ensayo realizado desde 2011, que consiste en comparar un módulo hecho bajo los postulados de la agroecología con otro cultivado de modo convencional. Agustín Barbera, un agrónomo que trabaja como extensionista de esa experimental, se muestra muy entusiasmados con los resultados, que le servirán para convencer a otros productores de dar pasos hacia una transición. “Cada vez son más”, nos cuenta.

Alambrado de por medio, Agustín se para del lado agroecológico del campo y desde allí nos explica qué deberían observar y pensar en cada uno de sus establecimientos aquellos productores interesados en abandonar la agricultura que utiliza fertilizantes y agroquímicos, para avanzar hacia ese modelo menos dependiente de los insumos externos.

Ver Luego de ocho años de ensayos, el INTA mostró los resultados económicos de la agroecología

Lo primero que hay que hacer, a su criterio, es no ser dogmáticos ni encasillarse dentro de uno u otro bando. “Tenemos que tratar de no pararnos de un lado o del otro, sino pensar que todos estamos inmersos en un mismo sistema que va tendiendo hacia un mismo lado”, asegura este becario del INTA en la Chacra Experimental Integrada Barrow.

La situación inicial de cada campo es fundamental, según Barbera, para saber cómo puede encarar una transición hacia la agroecología. “No es lo mismo si vos gastás un 50% de tu costo anual en herbicidas que en fertilizantes. La estrategia sobre la que avanzaremos dependerá de la situación inicial del campo. Y así gastaremos más energía desde el acompañamiento, en disminuir el uso de los mayores costos”, indica Barbera.

Mirá el reportaje completo realizado a Agustín Barbera:

 

“Lo más fácil es bajar el uso de los fertilizantes, los cuales son fácilmente reemplazables por leguminosas”, afirma el agrónomo. Para Barbera, “la vicia realiza ese manejo sistémico que siempre proponemos, porque fija nitrógeno, tiene una buena mata de raíces que va creciendo, porque produce buena cantidad de biomasa, y deja el suelo provisto para el cultivo siguiente con buena fertilidad y baja densidad de malezas”.

Ver: El INTA le hace lugar a la agroecología y hasta enseña a quienes buscan practicarla

Barbera realiza un gran elogio de la vicia como cultivo de servicio. “Hace muchos años que se usa, pero nosotros debemos buscar que se ensamble a lo que nosotros queremos lograr. La vicia, además de fijar mucho nitrógeno, tiene facilidad de competir muy bien con las malezas porque tiene zarcillos que se van trepando a las malezas y las va suprimiendo. Por eso las dejamos crecer para compita bien con la maleza”, describe.

Respecto de otras leguminosas que puedan hacer su aporte a las rotaciones agroecológicas, el joven agrónomo dice que es necesario “saber en qué zona estamos para saber qué leguminosa utilizar. En esta zona utilizamos trébol blanco o rojo, o en alguna situación de un suelo marginal usamos algún lotus. Pero la clave no es cuál será la leguminosa en sí. Que los cultivos siempre estén asociados es un pilar fundamental para la agroecología”.

Agustín afirma que los productores que quieran ensayar la agroecología tienen que cambiar sobre todo un chip en su modo de pensar. Ellos, desde el INTA, ya trabajan asesorando a más de 40 productores en transición, que involucran más de 20 mil hectáreas productivas en el centro y sur de la provincia de Buenos Aires.

Según Barbera, “el esquema es muy diferente en el sistema agroecológico. Si no queremos entrar con la herramienta del agroquímico, lo que tenemos que hacer es utilizar todas las herramientas que tengamos para prevenir los problemas. Entonces la base de todo es construir la fertilidad del suelo, que se logra con diversidad de raíces, incorporando las leguminosas, con un reciclado de nutrientes”, enumera.

Todo arranca con un suelo vivo y sano, según Agustín. Pero con eso solo no alcanza. “Si yo hago un solo cultivo, una sola variedad de especie, estamos invitando a las plagas más o menos a que vengan a comer. Entonces, tener otra especie o distintos tipos de variedades en un mismo lote también actúa como freno, porque le estamos ofreciendo un paisaje diversos a las plagas”, nos enseña Barbera.

La posición que el productor en transición debe asumir frente a las malezas también debe alterarse por completo. “Las malezas son muchas veces el cuco del sistema agropecuario. Nosotros tratamos de prevenir que estén, pero sabemos no vamos a lograr nunca que no estén. Entonces lo que hay que hacer es que convivan con otras especies”, indica el técnico. La idea es entonces “contener” la población de malezas más que “eliminar” la población de malezas.

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Martín Zamora, del INTA, afirma que hacer trigo bajo el modelo agroecológico es rentable, sobre todo por la fuerte reducción de los costos http://wi631525.ferozo.com/martin-zamora-del-inta-afirma-que-hacer-trigo-bajo-el-modelo-agroecologico-es-rentable-sobre-todo-por-la-fuerte-reduccion-de-los-costos/ Wed, 24 Jun 2020 15:05:08 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=42090 “Al sustituir insumos químicos y energía externa con procesos e interacciones naturales, se ahorran entre 39 y 49% del costo directo total, con un mismo rendimiento”, afirmó Martín Zamora, referente nacional de Agroecología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), al enfatizar que los ensayos realizados con trigo en la Chacra Experimental Integrada Barrow, en […]

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“Al sustituir insumos químicos y energía externa con procesos e interacciones naturales, se ahorran entre 39 y 49% del costo directo total, con un mismo rendimiento”, afirmó Martín Zamora, referente nacional de Agroecología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), al enfatizar que los ensayos realizados con trigo en la Chacra Experimental Integrada Barrow, en el sur de la provincia de Buenos Aires, demostró que el cultivo es rentable bajo los el modelo agroecológico.

Esta chacra del Ministerio de Asuntos Agrarios bonaerense actúa por convenio con el INTA como Unidad Operativa del Centro Regional Buenos Aires Sur, y tiene un área de influencia que abarca más de 2 millones de hectáreas pertenecientes a los distritos de Tres Arroyos, Adolfo González Chaves, San Cayetano y Coronel Dorrego.

Ver Luego de ocho años de ensayos, el INTA mostró los resultados económicos de la agroecología

Zamora recordó que “los sistemas simplificados actuales enfrentan costos muy altos, principalmente, en insumos químicos como fertilizantes y herbicidas”, y destacó que en términos generales, “para producir una hectárea de trigo se necesita un rendimiento de 3.500 kilos sólo para salvar los gastos”.

Destacó luego los resultados obtenidos por su equipo en la Chacra Barrow. Según este visión, allí ya se demostró que con un manejo agroecológico en trigo es posible reducir costos, aumentar la rentabilidad y minimizar el impacto ambiental.

Bichos de Campo hizo hace un tiempo un programa especial sobre estos ensayos. Podes mirarlo acá:

Según el especialista, a medida que se conocen los datos de beneficios sociales, ambientales y económicos de este manejo agronómico, se incrementa el interés de los productores por los postulados de la agroecología. “Hay un crecimiento exponencial de demanda. Sólo en Buenos Aires hay más de 100 grandes productores en pleno proceso de transición hacia la agroecología”, aseveró Zamora.

Por su parte, Agustín Barbera, que es extensionista de la misma Chacra Experimental, aseguró que “los productores consultan, en principio, motivados por una cuestión económica y por la falta de rentabilidad de sus sistemas”.

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