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La entrada Federico Baglietto lleva a cabo un emocionante trabajo de rescate de los frutales nativos del Delta se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Muchos de mis clientes son gente mayor que se emociona al ver esas variedades que tenían de chicos, que tienen que ver con la historia de la zona y su identidad, porque el Delta fue un polo productivo frutícola muy importante durante gran parte del siglo 20”, dice Federico. “Luego fue cambiando el mapa productivo del país y empezó a desarrollarse la fruticultura en Cuyo, Río Negro y la Mesopotamia y el Delta no recibió apoyo político para seguir creciendo, a lo que se sumaron cuestiones climáticas que lo perjudicaron como la inundación de 1959 que destruyó plantaciones enteras”.

En este escenario de problemas las nuevas generaciones de ese momento no estaban dispuestas a replantar nuevamente esos montes debido, entre otras cosas, al tiempo de espera que implica producir frutales. Y así fue como avanzó la producción forestal en las islas y álamos y sauces fueron reemplazando la fruticultura hasta que algunas variedades casi se extinguieron.
“En este vivero producimos a escala artesanal, aunque voy aumentando porque hay cada vez más demanda debido a que hay un claro interés por lo producido de forma agroecológica”, enfatiza. “Es todo trabajo propio, sin apoyo de ningún tipo, así que vamos despacio, acá hay que trabajar mucho el terreno, hacer lugares elevados, construir mesadas para las macetas, hacer trabajo de zanjeo y a pala, entonces es un poco más lento porque implica esfuerzo y constancia, aunque yo los disfruto mucho”.
“A veces hay un nivel de demanda que no llego a cumplir; hay gente que hace pedidos de un año a otro. La mayoría son de la zona aunque cada vez más viene gente de Buenos Aires y de otras provincias”.
Federico trabaja en agroecología desde hace 20 años. Empezó con horticultura, primero en huertas pequeñas y luego en producción orgánica hortícola, también en escuelas dando clase. Hasta viajó a Ecuador y Bolivia donde trabajó en escuelas campesinas a indígenas. Hace 12 años se dedica a la fruticultura y vive en el Delta desde 1998. Asegura que aquí la fruticultura es posible por las condiciones del lugar, porque –entre otras cosas- resisten bien las inundaciones.
“Hoy trabajo en la recuperación de variedades locales de frutales del delta del Paraná principalmente diferentes variedades de ciruelos manzanos, algo de perales y durazneros. Siempre trabajé de forma agroecológica y estoy convencido de esto porque tiene que ver con lo que pasa en el planeta, el deterioro ambiental, la crisis climática. Es fundamental desarrollar sistemas agroecológicos sustentables en todos los ámbitos productivos y recuperar variedades locales tanto de semillas como frutales es clave para poder establecer sistemas resilientes en el camino hacia la soberanía alimentaria”, sostiene.

Cuando uno le pregunta a Federico, en esencia por qué se ha dedicado a esto de rescatar variedades antiguas, su respuesta son varias respuestas. Lo primero que dice es que lo hace porque son una parte enorme del patrimonio social y cultural del delta y que esas variedades fueron desplazadas y como casi no se cultivan, las quiere salvar de la extinción. “También porque el pool genético que tienen esas variedades tradicionales muy adaptadas a esta zona son clave a la hora de querer relanzar la producción isleña desde una perspectiva agroecológica”, remata.
Y, como dijimos al principio, todo esto entrelazado por las emociones: “En la búsqueda de estos frutales normalmente yo contacto gente muy mayor que tienen todavía algún que otro árbol de perdido en su quinta, medio abandonado y tapado por los suyos”, cuenta.
“Cuando me entero de que puede haber alguien que tiene material genético de este tipo me acerco, charlamos, les cuento lo que estoy haciendo y en general la propuesta es muy bien recibida porque sienten que hay interés por toda su historia o por su trabajo y se genera un muy lindo intercambio, tanto de saberes tradicionales que estas personas comparten generosamente como también del material genético que se puede conseguir. Todo es muy emocionante y, la verdad, muy reconfortante para mí, me dan más ganas de seguir con esto”.
El vivero se especializa en ciruelos y manzanos de variedades antiguas, con un poco de pera (como la Pera de Navidad, que se cosecha a fin de diciembre) y durazno (como la variedad celandia de cáscara muy fina, ideal para comer pero más difícil de comercializar). En ciruelas tiene Capri, Triserri, Fragata, Genovesa, Juanita, Rato, Rubén y centenaria todas de la isla y diferentes características. En manzanas, variedad Carasucia verde, Datas, Favorita, Colita, Rayada, Bomba y Paigu. Y un dato interesante: usa plantas nativas para crear corredores biológicos y hacer control de plagas.
El sistema de reproducción es por injertos como la mejor forma de preservar todas las características de una variedad en particular. “Muchas veces son plantas muy antiguas que contienen enfermedades que no pueden curarse fácilmente, entonces hay que hacer todo un trabajo de limpieza que a veces lleva años hasta lograr una planta sana”, explica Federico.
“Estoy armando un predio de media hectárea como reservorio genético de estas variedades con la idea de generar un modelo que sea replicable para pequeños productores, donde se puedan poner en practica técnicas agroecológicas de manejo, corredores biológicos y todo lo que es el manejo de este suelo para poder relanzar la producción frutícola isleña”, detalla Federico.
“Cada vez hay más interés de la sociedad por la agroecología y es clave que haya consumidores así los productores pueden crecer. Hasta ahora no ha habido mucho apoyo de las instituciones, aunque poco a poco también están comenzando a aparecer y eso es muy importante también”.
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]]>La entrada Omar Alonso: “En General Alvear hemos venido perdiendo una bodega por año” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Alvear, con 45 mil habitantes, tenía 50 bodegas, de las que hoy solamente quedan 12 en pie. O sea que en los últimos 20 años perdimos una bodega por año. Respecto de las fábricas conserveras, que son las que elaboraban duraznos, peras, ciruelas, etcétera, había 15 fabricas y ahora queda una sola, además de una pulpera”, relata Omar. Los números hablan solos de la fenomenal contracción de la actividad agroindustrial en ese estratégica área productiva mendocina.
En ese vergel, este directivo de la Asociación de Productores de General Alvear se ha especializado en las ciruelas para industria. Habla con pasión sobre ellas. “El proceso es así: se cosechan manualmente, porque es una ciruela muy chiquita, más chica que un damasco. Como tiene un alto contenido de azúcar, cuando está entre 24 y 28 Brix la cosechamos y la llevamos a los hornos de deshidratado”.
De la producción de ciruelas secas que hay en la zona el 95% se exporta y solo 5% se consume en el país. Los principales mercados son California en Estados Unidos, Europa, Rusia y Brasil.
Tan duro ha sido competir durante todos estos años que a Alonso Suganuma le cuesta, como a muchos productores, reconocer que la devaluación mejorará en algo los números de su actividad exportadora, al menos en la conversión a pesos. Aclara que la producción en el sur mendocino viene de quince años de retroceso. Habla de dos tipos de problemas, los “naturales y los de gobierno”.
“La crisis hídrica nos golpea muy fuerte. El agua de riego que usamos nos la provee la montaña, es la nieve que acumulamos en invierno. Peor la naturaleza nos está jugando malas pasadas. Todavía tenemos el agua del bendito río Atuel, que viene del deshielo. Con eso regamos nuestras plantas”, comenta. En total se riegan unas 30 mil hectáreas en todo el departamento, que también están expuestas al granizo y las heladas.
Sobre los otros problemas, los “políticos”, el directivo lamenta que “el gobierno nos pego una mala pasada. El atraso cambiario estuvo durante muchos años y recién ahora estamos con este dolar un poquito mejor”.
Bichos de Campo pregunta a Alonso qué hace falta para volver a industrializar a esa región que en otros momentos lo era. Responde: “Hace falta una fuerte política de Estado. Necesitamos créditos blandos a 7 o 10 años de plazo y con una tasa que no sea subsidiada pero si se pueda devolver. Las que rigen actualmente en el mercado, del 40% al 50%, son imposibles de devolver porque la rentabilidad del producto se ha ido nivelando hacia abajo y el productor gana cada vez menos”.
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