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]]>Al hacer el anuncio sobre este desarrollo, el INTA destacó que “la amplia variabilidad de climas y suelos en la que se cultiva el girasol en la Argentina favorece la aparición de diferentes especies de malezas que afectan su producción, muchas resistentes a los herbicidas más utilizados”. Este nuevo híbrido, en este contexto, podría “contribuir a un manejo más eficiente de esta problemática”.
Este híbrido de girasol ofrece resistencia a herbicidas del grupo de las imidazolinonas (IMI) y presenta buenas aptitudes agronómicas en sanidad, tenor de aceite y rendimientos. Recomendado para la mayoría de las zonas productivas del país, este nuevo cultivar será comercializado por la empresa Los Algarrobos y estará disponible para la campaña que comienza en pocos meses, la 2019/20. Se trata de una firma de capitales familiares que, desde hace más de 20 años, se dedica al desarrollo, producción y comercialización semillas de los cultivos de girasol, maíz y sorgo en la ciudad cordobesa de Río Cuarto.
“FEBO 817 CL INTA, como se denominó el híbrido de girasol obtenido, permite el uso de herbicida IMI que, aplicado luego del período de emergencia, posee una residualidad en el suelo y ejerce un muy buen control de un amplio espectro de malezas hasta el final del ciclo”, detalló Daniel Alvarez, responsable del Programa de Mejoramiento Genético de Girasol del INTA Manfredi. En los ensayos a campo, por otro lado, quedó demostrado que la capacidad productiva de este híbrido alcanzó valores de hasta un 10% por encima del promedio de cultivares similares.
En la Argentina, el girasol se extiende por las provincias de Córdoba, La Pampa, Santa Fe y oeste de Buenos Aires, cuya superficie delimita el área central de cultivo. También con gran importancia productiva, se desarrolla en el noreste del país, con Chaco, norte de Santa Fe y Formosa, y los partidos del sur bonaerense, Balcarce, Coronel Suárez y Pringles.
El híbrido fue obtenido a partir de un proceso de mejoramiento, que se inició con la incorporación de los genes de resistencia a herbicida IMI de fuentes públicas de Estados Unidos en germoplasma élite de origen argentino. Posteriormente, se realizó la selección en criadero y los materiales elegidos se probaron en redes de ensayos durante varios años.
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]]>La menor importancia que se le daba al girasol cuando todos los granos tenían retenciones se debía a que no había forma de que compita con los márgenes que arrojaba la soja, sobre todo en la región pampeana. Pero -ya sin la carga de ese tributo- hoy el girasol vive un renacer y ha ganado importancia en las pampas. Según nuestro entrevistado del servicio técnico de Syngenta: “En el sur de Buenos Aires es más fácil llegar a los 3.300 kilos por hectárea de girasol que de soja, con los híbridos actuales”, señala el agrónomo Francisco Ciucci.
El técnico cuenta que en los últimos años además se ha mejorado mucho el rinde, la sanidad y el porcentaje de grasa de los granos. “Este último factor es algo sobre lo que se ha trabajado mucho y se ha llegado hasta el 52%. El productor obtiene bonificaciones por el nivel al que llegue y le permite cubrir muchos costos. La evolución de la genética desde hace cinco años atrás ha sido formidable”, señala Francisco. Y agrega: “Antes el productor destinaba el girasol a los lotes malos, pero ahora cambió esta mentalidad y busca que el cultivo exprese el máximo potencial”.
En cuanto a las zonas girasoleras argentinas, se pueden identificar claramente tres núcleos productivos.
Uno está en el NEA, dentro del Chaco y el norte de Santa Fe, donde se utilizan materiales con alta estabilidad y resistencia a ciertos hongos, como la roya negra y el “downy mildew”, y no se siembran ciclos cortos porque se acota demasiado la floración (momento que se define rinde) y queda muy escueto el tiempo de necesidad de agua, con resulta arriesgado.
Otra zona productiva es el centro del país, la zona que abarca el oeste de Buenos Aires, La Pampa y sur de Córdoba. Allí se buscan materiales con mayor potencial productivo que en el norte y ya se empieza a marcar el porcentaje de grasa y el rinde.
Por último, la zona sur de Buenos Aires es la más apropiada del país para el girasol, con altas marcas en cuanto a rinde y contenido de grasa. Allí se pueden utilizar tanto híbridos de ciclo largo como de ciclo corto.
En la última campaña se sembraron 1.750.000 hectáreas con la oleaginosa, pero según el técnico especialista en el cultivo “hay mucho por crecer, sobre todo en la zona sur de Buenos Aires. Siempre y cuando la soja siga siendo menos rentable con las retenciones actuales”.
Las adversidades que mantienen en vilo al girasol son fundamentalmente las malezas, las palomas y cotorras, y algunos hongos. Para las malezas existe la tecnología “Clearfield”. Se trata de híbridos resistentes al Clearsol, un herbicida de amplio espectro con poder residual. Luego de la siembra puede aplicarse este herbicida que se activa con el agua y la idea es que funcione hasta que el cultivo logre cubrir el surco y ya no existan riesgos de que las malas hierbas consuman recursos.
“Siempre debe realizarse un buen barbecho para que este plan tenga éxito”, aconseja el técnico. Esta tecnología no es tan nueva, tiene ya diez años en el mercado, pero hoy en día se volvió de gran importancia por la gran cantidad de malezas resistentes. En el sur de Buenos Aires ya se siembra un 90% del total girasolero con estos híbridos CL.
En cuanto a las plagas de aves, en el sur de Buenos Aires preocupa bastante la paloma. “Tampoco es que lleve al productor a dejar de sembrar”, dice Ciucci. En La Pampa los ataques han sido importantes. Pero los criadores han ido seleccionando materiales que “escondan” bien el capítulo una vez maduro, para minimizar el daño por las torcazas.
Por último, cabe mencionar que en el mercado existen dos tipos de híbridos de girasol, según el nivel de ácido graso que posean. Están los tradicionales con mayor proporción de ácido linolénico y los “alto oleico”, con mayor contenido de este último. Serán las demandas del mercado las que marquen la decisión del productor en cuanto a qué híbrido a elegir.
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