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La entrada Podrían aprobar la irradiación de la carne y sus derivados, como forma de controlar patógenos y extender su vida útil se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Pero calma, esto aun no se aplica en nuestro país, ya que el decreto 4238 del Senasa, que define el Reglamento de Inspección de Productos, Subproductos y Derivados de Origen Animal, todavía no lo contempla. Sin embargo, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el INTA estudian su aplicación e implicancias desde hace tiempo, y algunas conclusiones avivaron el interés por el tema.
¿Qué es la irradiación de alimentos? Un método físico por el cual se expone un alimento a una fuente de radiación ionizante durante un periodo de tiempo determinado. Eso produce un efecto en los componentes de ese alimento eliminando microorganismos patógenos, esterilizando el producto contra insectos o incluso inhibiendo su brotación (ese último caso aplica a frutas y verduras).

¿Significa que me voy a comer una hamburguesa radioactiva? No. Desde la Organización Mundial de la Salud, la FAO y el Organismo Internacional de Energía Atómica se indicó que los datos disponibles demuestran que este tratamiento garantiza la inocuidad de los alimentos, su valor nutricional y no generan carcinogenicidad (capacidad de un agente de producir cáncer). Además no deja residuos en el producto ni contamina el medioambiente.
Es muy importante aclarar que de ninguna manera la irradiación reemplaza las buenas prácticas de higiene ni tampoco enmascara las malas prácticas. La producción de por ejemplo, productos y subproductos cárnicos debe ser controlado en cada fase de la cadena.
En el marco de un taller dictado por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), investigadores del INTA presentaron distintos estudios que se han realizado para eliminar patógenos puntuales usando este tratamiento. Uno de ellos trabajó en la conservación de carne por un tiempo de seis meses, impidiendo el desarrollo de la bacteria botulínica.
Algunos resultados demostraron que un corte de vacuna, cuya duración es de dos a tres días, llegó a durar nueve días. Y una hamburguesa de carne, con una duración de entre ocho y diez días, llegó a durar hasta 28 días. Finalmente una pieza de cordero, con una duración de siete días, llegó a durar 35.
Otros utilizaron la radiación para evitar el desarrollo de cinco cepas de Escherichia Coli en carne picada y recortes de carne, y de L. Monocytogenes en chacinados y embutidos secos.
A nivel internacional, 57 países aprueban la irradiación de alimentos. En lo que respecta a productos cárnicos, Estados Unidos aplica este tratamiento para controlar patógenos de forma general en productos refrigerados o congelados sin tratamiento térmico, y de manera particular en cortes de cerdo para controlar la Trichinella y para esterilizar alimentos utilizados por la NASA. En la Unión Europea este método se aplica en ancas de rana y en frutos de mar, y en países de Asia en productos avícolas.

Si este tratamiento llegara a ser aprobado en nuestro país, dentro del etiquetado se deberá incluir el logotipo “Radura” acompañado por la leyenda “Alimento Tratado con Energía Ionizante”. Aquellos alimentos que contengan componentes irradiados en más de un 10% deberán llevar la leyenda “Contiene Componentes Tratados con Energía Ionizante”.
¿Estos productos tendrían un costo extra? En primera instancia sí. Se estimó que para la producción sería de 10 a 20 centavos de dólar más por kilo de producto y para lo ofertado en góndola representaría 75 centavos de dólar más por kilo.
Francisco Vinelli, integrante de la Dirección de Inocuidad de Productos de Origen Animal del Senasa, dijo: “Se está volviendo a tratar el tema. Ya se elevó a la Comisión de Reglamento un pedido de revisión. Se podría reglamentar su implementación. Estos métodos son sin duda una alternativa a atender”.
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]]>La entrada SAOCOM 1B: La investigadora Laura Frulla explica todo sobre el satélite argentino que permitirá mejorar decisiones agronómicas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>SAOCOM es el nombre de la constelación de 2 satélites: el SAOCOM 1A, que ya fue puesto en órbita en 2018, y el SAOCOM 1B, que será puesto en órbita el próximo 30 de marzo. Llevaron años de investigación y trabajo; el 1A comenzó en 2007 con la ingeniería básica y el 1B en 2015 con la fabricación, y fueron desarrollados por aproximadamente 900 personas de diferentes áreas de todo el sistema científico tecnológico, entidades y universidades.

“Son gemelos, y fueron construidos en paralelo. La ingeniería básica inició hacia 2007 y la construcción del modelo de vuelo, hacia 2013. Es una tecnología muy particular capaz de detectar pequeñas variaciones de humedad en el suelo, lo que justamente los hace diferentes y los distingue del resto de satélites de su misma especie”, destacó a Bichos de Campo Laura Frulla, investigadora principal de la Misión SAOCOM.
A modo de ejemplo, la física explicó que “en este momento hay un satélite de la Agencia Espacial Japonesa, llamado ALOS 2, que sería equivalente a lo que es SAOCOM, pero el instrumento de ese satélite no tiene la sensibilidad radiométrica de la que sí dispone SAOCOM, y que le permite responder de modo tan sensible a la humedad de los suelos”.
La gerente de Observación de la Tierra, de la de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), manifestó que “a partir de las mediciones de estos satélites se obtendrán datos de humedad en el suelo para cualquier parte del mundo y, particularmente con menos de 10% de error sobre las 5 principales provincias productivas argentinas- Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, La Pampa y Buenos Aires-, las cuales abarcan unas 83 millones de hectáreas.
“Ambos satélites cumplirán la misma función, pero la ventaja es que, al ser dos, ganarán revisita- es decir, volver a pasar por un mismo lugar-. Uno solo tiene una revisita de 16 días, y con los dos es posible obtener datos cada 8 días, pudiendo reducirse a 5 días, dependiendo del modo de observación y del lugar”, agregó.
El tiempo de vida estimado de la misión completa, según Frulla, “es de 7 años. Sin embargo, este tiempo no es algo tan matemático; puede ser que duren más o menos tiempo. Todo depende de la cantidad de maniobras que haya que hacer durante su vida en órbita, por ejemplo, para ubicarlos o para realizar desplazamientos para evitar posibles colisiones”.
No obstante, la física aclaró que “la idea es continuar en la línea de radar, pudiendo elaborar más adelante, satélites más livianos por ejemplo, ya que estos pesan 3 toneladas cada uno, lo que impacta en el tiempo de desarrollo y en la puesta en órbita”.
“La CONAE no hace satélites porque sí. Esta misión surgió de consultas con usuarios que nos permitieron entender que la humedad del suelo y las emergencias como inundaciones, terremotos o derrames de petróleo, por poner algunos ejemplos, eran importantes”, destacó Frulla.

La física dijo que “esta tecnología de medición de humedad de suelos, hará más eficiente el manejo de la fertilización en cultivos y su fumigación, particularmente atendiendo el caso de la fusariosis en el trigo”, temas que fueron trabajados con soporte del INTA.
En la cuestión hidrológica, los pronósticos de inundaciones los hicieron con colaboración del Instituto Nacional del Agua (INA). “Estos pronósticos son interesantes porque también ayudan a la agricultura. Por ejemplo, permiten obtener una guía de crecidas, que mide la susceptibilidad que tienen los ríos frente a algún evento de precipitación importante”, manifestó la investigadora.
A su vez, los SAOCOM brindarán información sobre la altura de los árboles y la cantidad de ejemplares ubicados en determinadas áreas, cuya medición actual es imprecisa, y es un dato clave para la Ley de Bosques. “Dependiendo de la densidad de los bosques, se podrá penetrar a través de las copas, y brindar información de lo que hay por debajo de ellas. Así podremos identificar distintas alturas y tipos de árboles. También podremos monitorear zonas deforestadas, así como realizar una estimación de la biomasa húmeda y seca”, declaró Frulla.
El desarrollo de los dos satélites que forman parte de la misión SAOCOM, estuvieron a cargo de la Conae, y a esta tarea se integraron empresas de tecnología e instituciones del sistema científico tecnológico del país, tales como la empresa INVAP, Sociedad del Estado, la firma pública VENG, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el Laboratorio GEMA de la UNLP, entre unas 80 empresas de tecnología e instituciones del sistema científico tecnológico del país.
Además, la misión contó con la colaboración de la Agencia Espacial Italiana (ASI), en el marco del acuerdo de cooperación con la Conae, mediante el cual, SAOCOM conformó el Sistema Italo Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (SIASGE). Esto le permite a la Argentina contar con 6 satélites, los 2 SAOCOM y 4 satélites aportados por la ASI- denominados COSMO SkyMed-, los que suman revisita e información complementaria.
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