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La entrada Marcelo Sili anticipa una progresiva revalorización de lo rural, aunque advierte que en la Argentina es necesario “reconocer al campo como parte del territorio” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Empezó a estudiar agronomía. Pero rápidamente se dio cuenta, Marcelo Sili, de que los problemas que le interesaban no eran de orden productivo, sino de carácter social, económico y territorial. Por eso cambió a geografía en la Universidad Nacional del Sur y luego hizo un doctorado interdisciplinario en estudios rurales en Francia.

Uno de los fenómenos analizados por Sili es el de “renacimiento rural”, que se refiere a la vuelta de la gente al campo y a la reconstrucción del mundo rural. “Las razones de esa nueva migración son múltiples: búsqueda de nuevas oportunidades, tranquilidad, contacto con la naturaleza… y la pandemia aceleró el proceso, lo hizo más notable y mucho más visible, por eso ahora los medios de comunicación empiezan a hablar del tema”, explica.
-¿Tiene que ver con una toma de conciencia de la importancia de “lo natural”?
-Y también con la necesidad de construir redes comunitarias más fuertes, de tener ritmos de vida más tranquilos, de mayor seguridad personal y de mayor espacio disponible, pero siempre manteniendo una conectividad que permita vincularnos al mundo. Este fenómeno ya tiene diez años, pero la pandemia lo que hizo fue llamar la atención sobre cómo vivimos en las ciudades y explotó la necesidad de sentirse más libre.
-¿Entonces el renacimiento rural se debe a la crisis urbana?
-No solamente: las ciudades fueron el refugio del modelo de modernización industrial, pero ahora estamos entrando en una nueva etapa civilizacional donde las sociedades van a desconcentrarse, en gran parte gracias a las nuevas tecnologías de la información. El futuro también es rural, con diversas formas, pero indudablemente hay una tendencia fuerte a reconstruir esos territorios. Esto no quiere decir que la gente vaya a vivir a los campos, sino que va a volver a los pueblos y muy especialmente a las pequeñas ciudades que cuentan con infraestructura que permite una elevada calidad de vida.
-El tema es que hay limitaciones de esa infraestructura…
-Así es, en muchísimas zonas rurales falta agua potable, energía, servicios de salud y especialmente de conectividad. Otro tema es la falta de planificación territorial, que puede hacer que rápidamente se degraden las condiciones del lugar elegido para vivir. Y, por último, las iniciativas productivas que pretenden llevar adelante los nuevos migrantes muchas veces no son sostenibles y muchas veces sólo es viable la migración de personas que tienen empleos dependientes de las ciudades de origen (teletrabajo), de personas que hayan sido trasladadas o asignadas a estas zonas, o que se desempeñen en servicios profesionales (médicos, técnicos especializados, contables, entre otros).
-Parece paradójica esta revalorización cuando hay un gran reclamo del sector rural de que el urbanita no valora el campo. ¿Hay contradicción o son dos carriles diferentes?
-En Argentina lo rural está completamente invisibilizado, negado, pero esto tiene mucho que ver con la construcción político ideológica que se generó desde mediados de siglo XX. El desarrollo en la Argentina fue visto, casi en forma excluyente, como el resultado de la urbanización y la industrialización, mientras que lo rural era visto como un espacio residual, que solo cumple la función de productor de bienes primarios para exportar y generar divisas que permitan consolidar la industrialización y la urbanización. Así, el mundo rural es visto por gran parte de la sociedad argentina como el refugio de una supuesta oligarquía agropecuaria y sojera, donde todos los productores son seres desalmados que andan en 4×4 y que solo piensan en aplicar agroquímicos y en ganar cada vez más dinero. Por otro lado, lo rural también se ve como el lugar ocupado por el paisanito, el hombre con menos capacidades, educación o habilidades para desempeñarse en un mundo dinámico, comparado a los habitantes de las ciudades, más rápidos y astutos. Estas imágenes ubicaron al mundo rural argentino en el plano simbólico de lo no deseado, un mundo de retraso o refugio de contaminadores seriales, como plantea esa la campaña de #BastadeVenenos.
-¿Cómo opera esta grieta agroquímicos versus agroecología en la valorización de los recursos rurales?
-Esa grieta se alimenta con el desconocimiento de cómo funciona el sector agropecuario y el mundo rural en general. Muchas veces se habla más desde posiciones ideológicas ligadas a esa vieja imagen del campo… Es cierto que en las últimas décadas hubo excesos en las formas de producir, las mismas organizaciones de productores las denuncian y son problemas que deben ser corregidos; pero también veo que hoy hay un proceso muy fuerte de mejora de los sistemas de producción, hay mucha mayor conciencia y autocrítica por parte de los productores que no existía hace treinta años. Hay que profundizar en el cuidado del ambiente y de los sistemas de producción, y considero que la gran mayoría de los productores avanzan en ese sentido. Considero que esta situación hay que mirarla desde una perspectiva más amplia: el mundo, incluyendo Argentina, está en pleno proceso de transición hacia modelos más agroecológicos. Pero atención, para consolidar estos modelos más sostenibles hace falta mucha más ciencia, muchos más conocimientos y más tecnología adaptada a diferentes tipos de productores y de ambientes. Creo que hay que bajar la espuma del debate y ponerse a trabajar concretamente, con más ideas, más investigación y más innovación.
-Revalorizar la ruralidad, ¿ayudaría a cerrar las grietas?
-Revalorizar la ruralidad implica volver a pensar los territorios rurales, algo que en la Argentina no ocurre desde hace más de medio siglo, ya que lo único que viene siendo pensado son las ciudades y sus problemáticas, porque ahí están los votos y la fuente del poder. En ese sentido, la Argentina rural está invisibilizada, salvo en algunas variables ligadas a la producción agropecuaria, pero, insisto, lo rural va mucho más allá de la actividad agropecuaria, es la gente que vive en el campo y también en pueblos y pequeñas ciudades, son los médicos, maestros, empleados de comercio, son las actividades artesanales, Pymes, turismo, servicios, talleres, y miles de otras actividades localizadas en estos espacios, y que por las características propias de estos territorios tienen problemas y realidades diferentes a los de las ciudades. Revalorizar la ruralidad no es sólo valorar el ambiente, la tranquilidad o las tradiciones, es ponerse en la piel de las personas que deben enfrentar cientos de limitaciones para poder desarrollarse, comparadas con quienes viven en una ciudad. Lo que va a cerrar la grieta es el reconocimiento del otro… del otro rural, y el conocimiento certero de qué es lo rural, dejando de lado los prejuicios históricos.
-¿Cómo piensa que podría darse el primer paso?
-Con un mayor diálogo, creando una constelación de ideas y debates sobre el sentido de lo rural en el país. Un espacio multiforme donde se puedan encontrar las múltiples voces de la Argentina para discutir qué tipo de territorios rurales queremos. Creo que esto fue lo que se tuvo que hacer inmediatamente después de la crisis de la 125, pero en lugar de eso seguimos discutiendo retenciones, impuestos, etcétera, cosas que son importantes, pero son solo una parte del problema. Si la Argentina no logra avanzar hacia la construcción de un nuevo paradigma de organización y desarrollo de los territorios rurales, el país seguirá siendo un simple archipiélago de ciudades que crecen, reproduciendo los problemas de siempre. Por eso creo que hay que pensar y planificar los territorios rurales dejando atrás las viejas ideas pregonadas por el modelo agroexportador de principio del siglo pasado y también del modelo de hiperproductividad agropecuaria de las últimas décadas, que garantiza crecimiento productivo, pero no desarrollo de los territorios rurales.
-Por último: muchas veces parece que al campo se lo puede castigar (por ejemplo, con retenciones) porque no hay una condena social, sino todo lo contrario: a pesar de ser el motor de la economía a muchos argentinos la gente del sector agropecuario no le cae nada simpática. ¿Desde cuándo cree que ocurre esto y a qué se debe?
-Creo que a lo rural se lo castiga no por las retenciones o los impuestos, sino con falta de atención, porque no se lo reconoce como territorio parte de la Argentina. ¿A quién le interesa lo que pasa en Gan Gan o en Ingeniero Juárez o en Arroyo Venado, o en miles y miles de pueblos, parajes y campos de la Argentina? Estos lugares no tienen peso en la política nacional porque lo rural está olvidado. Además, el modelo agroexportador de principios de siglo fue en cierto sentido excluyente, lo cual generó toda una imagen negativa sobre una parte del sector agropecuario, imagen que continúa hasta nuestros días, no solo por una simple inercia, sino porque también esa imagen negativa se trabajó políticamente. Así, el modelo de sustitución de importaciones de mediados de siglo XX terminó de consolidar esta imagen del campo como el enemigo del pueblo, y el lugar de donde debemos obtener los recursos para sostener la economía nacional.
-Imagen que hasta ahora no se pudo revertir…
-Así es y esto constituye un grave problema porque Argentina sigue atada a la idea de una oligarquía agropecuaria que ya no existe más y también a una dialéctica entre campo versus ciudad, agricultura versus industria. Esta lógica dual trunca las posibilidades de construir un territorio nacional mucho más equilibrado y con sólidas dinámicas de desarrollo territorial.

Marcelo Sili es investigador principal del Conicet, profesor de la Universidad Nacional del Sur y profesor e investigador invitado en Universidad de Bonn (Alemania), Université Paris I La Sorbonne (Francia), Université Toulouse (Francia), Universidad Nacional Autónoma de México, y otros centros de investigación en Paraguay y Ecuador. Geógrafo de formación por la Universidad Nacional del Sur, realizó su doctorado en desarrollo rural y su posdoctorado en Francia (Université Toulouse e Institut National de la Recherche Agronomique), además de varias especialidades en Planificación en Políticas de Desarrollo.
Acaba de publicar el libro “Por un futuro Rural” en editorial Biblos.
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]]>La entrada A vos no te fue tan mal, gordito: Una investigación destacó que los productores de granos mejoraron su situación durante la pandemia se publicó primero en Bichos de Campo.
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Un nuevo libro presentado este jueves deja muchos elementos para el debate y para construir a la vez un juicio más equilibrado. Se llama “El campo argentino en pandemia: ganadores, perdedores y cuentas pendientes”, y fue redactado por Diego Fernández, Juan Manuel Villulla y Bruno Capdevielle, tres docentes e investigadores de la Facultad de Ciencias económicas de la UBA.
Como resumen general, los autores dijeron que en estos meses de la historia de la Humanidad que resultaron muy perjudiciales para muchos argentinos, en general a los productores agropecuario no les ha ido tan mal, y eso a pesar de las múltiples políticas del gobierno que recortan su rentabilidad.
“El negocio de los granos resultó una inversión con retornos muy superiores a la media; el sector de la carne vacuna se vio tensionado entre el mercado externo y el interno; y los salarios de los trabajadores se mantuvieron muy abajo, sin recuperar lo perdido antes de la pandemia”, resumieron los autores.
En primer lugar, el documento destaca que el campo no paró durante la pandemia. En efecto, mientras que durante 2020 el PBI nacional cayó prácticamente un 10%, el PBI agropecuario se mantuvo igual.
En segundo lugar, los precios internacionales de los granos llegaron a subir un 53,5% en dólares entre mayo de 2020 y marzo de 2021. En contraste, los precios internacionales de las manufacturas sólo crecieron un 9,2%. Eso quiere decir que, en el núcleo de la pandemia, con una tonelada de granos se podían adquirir más bienes industriales fuera de la Argentina (por esta diferencia) y más bienes y servicios dentro de la Argentina (por la diferencia entre el peso y el dólar). En una palabra: aumentó el “poder de compra” de la misma bolsa de granos.

A causa de eso mejoró la relación insumo/producto, aún con bienes importados a precio dólar. Si bien hubo aumentos de precios en insumos y maquinarias necesarias para la producción, fueron menores a los incrementos de los precios de venta. Por lo tanto, crecieron los márgenes de ganancia. Esto, a juicio de los autores, explica el “boom” de venta de maquinaria agrícola.
Según Diego Fernández, el precio de los granos que recibe el productor le ganó ampliamente a la inflación en 2021. Con una tonelada de soja, se pudo comprar un 30% más de bienes y servicios en la economía nacional que en 2020. “Esto es porque los precios de los granos en pesos (traducidos al tipo de cambio oficial y descontadas las retenciones) que hasta julio de 2020 evolucionaban a la par que la inflación, la superaron por varios cuerpos: en el curso del siguiente año los granos aumentaron un 94% en pesos, mientras que el índice de Precios al Consumidor (el resto de los precios) subió 52%”, se explicó.
Esta situación también abarató un 32% los costos laborales pagados por el sector. Un mes de salario costaba 3,3 toneladas de soja a principios de 2020 y a principios de 2021 bajó a 2,2 toneladas. No obstante, si bien no se repuso de su caída en el período previo, el salario real de los operarios agrícolas registrados subió un 6,1% en 2020.
Villulla remarcó: “Los salarios reales del conjunto de los trabajadores rurales siguieron de todos modos a la baja, a pesar de los esfuerzos de su nueva dirigencia gremial y la mediación del gobierno, acumulando 6 años de caída frente a la inflación (50% acumulado frente a sus valores de 2015), y manteniendo el salario mínimo por debajo de la canasta básica total familiar”.
En este caso, aclara el autor, se trata de un problema del conjunto de la economía y no sólo del sector agropecuario. Sin embargo, aclaran los autores, “no todos los sectores de la economía registran las ganancias extraordinarias que tuvo la producción de granos”.

En efecto, de acuerdo a los cálculos de este grupo de investigadores, la renta de la tierra se duplicó: quienes poseen tierras de uso agrícola en propiedad, duplicaron sus ingresos por ese concepto, sin necesariamente invertir ni trabajar en ellas.
A esto ayudó que las retenciones a las exportaciones, que impactan sobre esa renta, se mantuvieron sin cambios a lo largo de la pandemia, por debajo de los picos que tuvieron hasta 2015.

Los autores, en este punto, analizaron la política de “segmentación de retenciones a la soja” que puso en marcha el gobierno y que todavía tiene un saldo sin pagar. “En los casos en que efectivamente se concretó, -campaña 2019/20- atemperó los problemas de escala entre pequeños y grandes productores, posibilitando mejores condiciones económicas para los primeros. Sin embargo, las dilaciones en los reintegros en pesos diluyeron el efecto de la medida. Estos problemas fueron tapados por los altos márgenes generales del sector de los granos”, explicaron.
Respecto a la carne, el panorama no es tan halagüeño como con los granos. El crecimiento de las exportaciones tropezó con el estancamiento de la oferta y “esto originó la crisis alrededor de los precios internos y las cuotas de exportación”.
“Al comienzo de la pandemia, en 2020, el precio de la hacienda tuvo sus peores precios en tres años. Sin embargo, al comenzar la ‘segunda ola’, los precios llegaron a superar la inflación interna, traccionados por esa demanda exterior. Las medidas oficiales llamadas cepo a la carne redujeron un 50% las exportaciones. Así y todo, las exportaciones acumuladas hasta septiembre de 2021 superaron los realizadas en los primeros 9 meses de 2019 y 2018”, resume el libro.

¿Hubo ganadores claros en el marco de esta crisis? Según el economista Bruno Capdevielle, no es fácil determinarlo. No obstante, destaca que el 0,23% de los productores primarios concentra el 40% de la oferta de animales para faena. Son 464 grandes establecimientos con más de 5.000 cabezas cada uno. “Para buscar a los ganadores del boom ganadero, seguramente haya que empezar a buscar por allí”, sugirió.
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]]>La entrada Daniel Miralles, uno de los principales investigadores sobre trigo, se lamenta de las malas intervenciones de los gobiernos: “No nos damos cuenta de cómo arruinamos los campos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Miralles ya estaba comenzando a trabajar en el campo pero reservó un día por semana para trabajar gratuitamente como ayudante de la Cátedra de Cereales y Oleaginosas de la FAUBA, de la que sigue mucho tiempo después formando parte, ahora como docente. Hoy es además investigador del Conicet y una referencia obligada cuando se habla de trigo en la Argentina. De entrada, su tema de investigación fue la densidad de siembra en trigo.
Mirá la entrevista a Daniel Miralles:
Otro cartelito se cruzó en la vida de Miralles en 1986: el INTA ofrecía unas becas para profesionales externos y él aplicó. Poco tiempo después el derrotero académico lo llevó a pasar más de dos años investigando en Australia, una gran potencia triguera, cuáles eran los principales factores para el desarrollo de los cereales.
-¿Y qué era lo que intentaban hacer con todas esas investigaciones?
-Yo empecé a trabajar en desarrollo de trigo y cebada para ver cómo funcionaban los cultivos y entender cómo se adaptaban a las distintas fechas de siembra y en diferentes ambientes, de norte a sur. Es que siempre me gustó ver la realidad de lo que pasaba a campo. Entonces combinaba esto que hacia en pequeños lotes en la facultad o en cámaras de crecimiento, y a partir de allí iba alternando como podía para ir aplicando los conocimientos a campo.
Miralles define esos largos años de trabajo, y la obsesión de testear todos los materiales en ambientes de producción para evaluar sus comportamientos, como “la gran línea de investigación” de toda su carrera. Y se lo nota muy orgulloso por haber podido poner todo ese esfuerzo al servicio de los productores argentinos. Es algo de lo que no muchos investigadores del sector público pueden dar cuenta.

¿Cómo fue que sucedió? Es que todo el trabajo de Miralles y su equipo se volcó en la construcción de los llamados Modelos Cronos, que son modelos sencillos basados que le permiten a los productores predecir la ocurrencia de distintos eventos fenológicos en los cultivos para una amplia variedad de cultivares disponibles comercialmente en la región”.
Cuenta Miralles a Bichos de Campo que estos modelos que resumen tantos años de ensayos en el laboratorio y a campos no se limitan ahora solo al trigo (Cronotrigo) sino que se extiende a la cebada y ahora avanzan con la soja. Ya acumulan 45 mil usuarios en la Argentina y son totalmente gratuitos. “Uno puede entrar poner una fecha de siembra, una variedad una localidad y saber cómo va a ser todo su cultivo, los riesgos de heladas, de golpes de calor, la dinámica del agua en el suelo. Uno puede predecir cuándo va a ocurrir cada uno de esos eventos”, explica el investigador.
Los productores consultan con avidez esta plataforma porque allí se resumen, en el caso del trigo, el comportamiento posible de 74 variedades, entre candeal y trigo pan, sobre 280 localidades de la Argentina.
-¿Y por qué hiciste semejante relevamiento?
-Lo que es muy simple en ciencia es muy poco preciso y lo que es muy complejo es poco aplicable. Entonces tenemos que hacer de lo complejo algo aplicable a nivel del productor. Es lo que tratamos de hacer en el grupo que yo coordino. Vemos qué preguntas tienen los productores para tratar de responderlas con ciencia y trasladarlas al sistema de producción de la manera más sencilla posible.
-Siempre aparecen nuevas variedades. ¿Se nota un cambio desde que arrancaste estas investigaciones?
-Por suerte el cultivo del trigo siempre fue evolucionando mucho. A partir de esta investigación se abrieron un montón de líneas de trabajo. Una de las que tenemos es ver cómo fue la ganancia genética del trigo a lo largo de los años. Comparamos trigos liberados desde los años ’80 con los de 2019, para ver cuál es el rendimiento de cada uno en la misma condición ambiental. La conclusión es que el trigo gana hoy alrededor de 50 kilos por hectárea y por año por la mejora de las variedades disponibles.
Este es el secreto de por qué cuando Miralles se presenta a dar una charla o participa en una jornada a campo es muy escuchado por los productores: están pendientes de un consejo, necesitan una validación científica sobre los rendimientos de las nuevas variedades.

-En algún momento los cereales cayeron muchísimo en la oferta agrícola nacional por la intervención del gobierno en los mercados. Ahora se dice vamos a tener una cosecha récord de 21 millones de toneladas. ¿Sentís una especie de revancha en este escenario?
.Más que revancha me da tristeza ver algunas decisiones del Estado Nacional a lo largo de los años. No tenemos una estructura racional para tomar decisiones. Creemos que por hacer cupificación de trigo y evitamos que se exporte, eso genera una preservación interna del costo del pan y no nos damos cuenta cómo arruinamos los campos, porque no generamos una rotación racional.
Miralles hace referencia a los cupos de exportación de trigo (y de maíz) que rigieron durante buena parte del gobierno de Cristina Kirchner, cuando el secretario de Comercio era Guillermo Moreno y se implementó un sistema de permisos de exportación (ROE), que tenían como sentido desacoplar los precios externos de esos cereales de los alimentos en el mercado local. Es lo mismo que está planteando ahora el nuevo secretario del área, Roberto Feletti.
-¿Recordás los efectos de aquella intervención en el negocio del trigo?
-Los datos son muy claros y en ciencia lo que vale es el dato. Lo que yo pueda decir si no lo avalo con los datos no sirve. La cháchara dura poco. El pan en aquel momento valía 4 pesos y pasó a tener un valor de 20 pesos, pero no podíamos exportar el trigo. Y teníamos una sojización de los campos brutal, con horizontes laminares, compactación… Y el proceso era igual en Pergamino o en Santiago del Estero. Cuando uno saca las gramíneas de la rotación el impacto que tiene en el suelo es gravísimo.
Miralles tiene que ir a hablar frente a un grupo de 150 productores que esperan con impaciencia sus indicaciones después de tantos años de estudios. Antes de despedirse, quiere dar por cerrado este asunto de las intervenciones dañinas en los mercados, que ahora se están comenzando a repetir tímidamente.
“Un grupo de personas que toma decisiones tiene que evaluar concienzudamente el impacto que va tener esa medida. Eso a mi me da mucha tristeza. Me da felicidad que volvamos a tener rotaciones, como con los cultivos de cobertura. Pero me da tristeza ver cómo podemos ir repitiendo los errores año tras año”, define.
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]]>La entrada Una investigación identificó decenas de hongos en las raíces de los arándanos y ahora se planea ver la posibilidad de inocular el cultivo con uno de ellos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ) y el Conicet logró aislar e identificar los hongos que se vinculan con las raíces del arándano, muchos de los cuales incrementaron el desarrollo y la supervivencia de las plántulas. Las investigadoras que lo hicieron apuntan ahora a acelerar el crecimiento de las plantas y a elevar los rindes del cultivo.

“El arándano, conocido científicamente como Vaccinium corymbosum, es una de las producciones frutícolas más importantes de la Argentina por la cantidad de divisas que genera. Lo exportamos principalmente a los Estados Unidos, de donde es originario. Se sabe que las raíces de esta especie se asocian con diferentes hongos del suelo que mejoran su desempeño. Los hongos funcionan como una proyección de sus ineficientes raíces, permitiendo que la planta explore un volumen de suelo mayor. Los dos integrantes de esta relación se benefician, ya que los hongos obtienen carbohidratos de las plantas y ellas pueden absorber más agua y nutrientes del suelo”, explicó María Pescie, docente de la UNLZ y doctorada de la Escuela para Graduados Alberto Soriano de la FAUBA.

En declaraciones al sitio de divulgación Sobre la Tierra, la investigadora completó que “como en la Argentina es una producción relativamente nueva, se conoce poco sobre la comunidad de hongos con la que se relacionan las diferentes variedades del cultivo de arándanos”.
“Analizamos los hongos asociados a sus raíces en suelos de plantaciones de Buenos Aires, Tucumán y Entre Ríos, las tres principales zonas de producción. Luego, seleccionamos algunos hongos y evaluamos si tenían efectos benéficos para las plántulas, que son delicadas y poseen una raíz poco desarrollada”, agregó Pescie.
En este sentido, Viviana Chiocchio, docente de la cátedra de Microbiología Agrícola de la FAUBA, resaltó: “Encontramos una gran diversidad de hongos en el 30% de las raíces que analizamos, distinta a la documentada para arándano en el hemisferio norte. En nuestro caso, detectamos diferencias según la variedad del cultivo y la zona de producción”.
“Los hongos que registramos más frecuentemente fueron Fusarium spp., Penicillium spp., Alternaria sp. Y Oidiodendron sp. La mayor diversidad fúngica estuvo asociada con las raíces de las variedades Emerald, Jewel y O’Neal”, detalló.

La docente e investigadora del Instituto de Investigaciones en Biociencias Agrícolas y Ambientales (INBA, FAUBA-CONICET) sostuvo que analizaron los efectos de Oidiodendron en las plántulas de arándano y hallaron que una cepa de este hongo duplicó la producción de biomasa de los plantines, mientras que otra cepa permitió aumentar su supervivencia hasta un 30%.
El recorrido de la investigación está cantado.
“Inocular los suelos con alguno de los hongos que encontramos puede ayudar a reducir la cantidad de fertilizantes que se aplican, a producir de una forma más orgánica y hasta puede mejorar la productividad de los arándanos comerciales. El siguiente paso será analizar si se pueden realizar inoculaciones a escalas más grandes que las que usamos en el laboratorio, indicó Chiocchio.
El estudio fue parte de la tesis doctoral de Pescie y se publicó en la revista científica Physiological and Molecular Plant Pathology.

“El cultivo de arándanos requiere un suelo suelto, con mucha materia orgánica y con ciertas características específicas como su grado de acidez, dado por un pH entre 4.5 y 5.5”, comentó Pescie, y agregó que por esa razón, en general, las plantas se colocan sobre suelos ‘armados’ con suelo propio del campo y otros sustratos agregados. Estos sustratos, a su vez, pueden traer sus propios hongos. Por ejemplo, se usa turba que viene de Ushuaia. “Esta puede ser una de las explicaciones de la amplia diversidad fúngica que encontramos”.

Por su parte, Chiocchio destacó que aislaron un total de 150 hongos y encontraron en la literatura el nombre científico de 82 de ellos. “Gran parte del trabajo lo hicimos a través de metodologías tradicionales que consisten en observar los hongos al microscopio. Por ejemplo, miramos unas estructuras reproductivas —llamadas conidios— que varían en tamaño, color y forma según la identidad del microorganismo. Sin embargo, muchos pierden la capacidad de producir estos conidios cuando se asocian con una raíz, así que también tuvimos que recurrir a técnicas más complejas y costosas, como el análisis y la secuenciación de ADN”.
Para finalizar, Viviana señaló que le gustaría seguir estudiando las distintas cualidades de los hongos que identificaron. “Los resultados abren puertas para analizar qué otros beneficios pueden tener tanto para la producción de arándanos como para otros cultivos”.
La entrada Una investigación identificó decenas de hongos en las raíces de los arándanos y ahora se planea ver la posibilidad de inocular el cultivo con uno de ellos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada ¿Cómo producir más carne? Para el experto ganadero Darío Colombatto, es esencial recuperar la libertad del negocio para poder apuntar hacia animales más pesados se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Entre que tomo mi decisión y veo el fruto de eso, pueden pasar tres o cuatro años. El urgentismo no nos sirve”, indicó a Bichos de Campo Darío Colombatto, investigador del Conicet y docente en FAUBA, en la cátedra de Bovinos de Carne.
Para el especialista, la forma más tradicional de obtener más kilos de carne sería aumentar el stock de animales, a través del incremento en las tasas de preñez y destete. es decir, tratando de acercase al lejano ideal de que cada vaca tenga un ternero por año. Sin embargo, en un contexto de reglas poco claras, muchos productores eligen convertirse simplemente en “tenedores de vacas”, y transitan por la ganadería como forma de asegurar el capital. En consecuencia, le siguen prestando poca atención a la producción propiamente dicha.
Mirá la nota completa con Darío Colombatto:
Según Colombatto, el cierre de las exportaciones de carne fue otro golpe a la tan necesaria previsibilidad, porque dándole la espalda al mercado externo “desestimulas el animal pesado, con lo cual se crean pequeños nichos de recrías cortitas con muy pocos kilos”.
Por eso opinó que “la mejor política para aumentar la producción de carne es que vos tengas abierto los mercados, sin por esto decir que vamos a desabastecer la mesa de los argentinos. La mesa de los argentinos se desabastece sola cuando vos tenés salarios paupérrimos. Si tenés una inflación muy alta y salarios que se van quedando, cada vez es menos lo que podemos comer”, explicó.
¿Cuál sería entonces la alternativa para producir más carne? Para el experto, claramente se debe apuntar en el corto plazo a aumentar el peso por cabeza lograda, lo que se traduciría en un aumento de carne en un tiempo más acotado.
“Es trabajar más en lo logrado, dejar de hacer esos corrales de animales que iban de 180 kilos a 320 kilos (como peso final de faena). Hay mucha gente metiendo terneritos a feedlot directamente para terminarlos. Si esos terneros de 320 kilos los pasáramos a novillos de 400 kilos, tenés 80 kilos más por animal. Es más producción de carne, más rápido”, aseguró el investigador.
A continuación Colombatto agregó: “Eso incentivaría a que mucha gente que no ponía los toros los ponga. Y a que si los pone, los cuide. Y a que estén sanos. En muchos lados tenemos la vaca flaca y los toros escasos y la ecuación es mala”.
En este sentido, la no intervención en el mercado permitiría una mejor proyección a largo plazo, y el aumento en el kilaje de los animales se daría de forma natural, en tanto el mercado exportador demanda cortes más grandes.
“Mejorando la base forrajera, un campo de cría que se asumía pobre hoy con raigrás y otras tecnologías tiene producción de pasto muy superior a lo que tenía antes”, sugirió, dando a entender que la intensificación tendrá mucho que ver con la posibilidad de mejorar la oferta forarjera.
Luego, opinó que “está todo dado para que, con un poquito de libertad siempre y cuando nosotros mismos no la convirtamos en un libertinaje, tengas crecimiento. Lo que no podemos armar son planes con nombres más largos que los objetivos o con intereses meramente electorales o mezquinos”.
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]]>La entrada ¿Qué es la Intensificación Ecológica? El modelo de producción que propone Esteban Jobbagy para dejar atrás la “mezquindad” agrícola actual pero a la vez proteger el ambiente se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La mezquindad de la agricultura local se produce, según Jobbagy, debido a la convergencia de circunstancias económicas, políticas y territoriales. En un modelo como este, argumento, se minimizan costos en vez de maximizarlos. Se utilizan prácticas que finalmente terminan configurando una agricultura semejante a una “minería del suelo”, en vez de acudir a inversiones en fertilizantes o equipos de riego, como lo haría una agricultura de perfil “opulento”.
Jobbagy mostró este cuadro tratando de mostrar las diferencias entre el modelo mezquino que tenemos y uno opulento.

La comparación de los perfiles productivos de los países que analizó el ingeniero agrónomo sirven para ver como un país como Estados Unidos, de perfil “opulento”, genera mayor productividad, aunque finalmente su método productivo predominante resulte más contaminante.
En cambio, en Argentina la producción tiene todavía un uso reducido de recursos externos, y su rentabilidad es menor. También lo es el impacto de la agricultura sobre los ecosistemas.
Sin embargo, aclaró el académico, hay que tener en cuenta los contextos de cada país: el perfil productivo mezquino de la Argentina es propio de un país con “gravámenes del Estado”. Es decir, de un país que castiga a sus productores cobrándoles retenciones y que no subsidia la posibilidad de un aprovechamiento mayor del territorio y las prácticas que se realizan sobre el mismo.
Desde la mirada de Jobbagy, existen “tres grandes avenidas” que coexisten en los tiempos que corren. Por un lado la agricultura y quienes la defienden por su alto grado de sustentabilidad económica y alimentaria. Por el otro, quienes proponen “soluciones verdes”, preocupados por proteger “los servicios de los ecosistemas”, y como último eslabón, quiene pregonan la “conservación” de a enorme variedad de especies que hay en el planeta. Según él, estas tres esferas aún dialogan poco, pero no descarta que a menudo se puedan encontrar soluciones “win-win” (que ganen todas las partes) para las tres posiciones.

Ahí es donde entra lo que el investigador llamó “Intensificación Ecológica”. Se trata de un perfil productivo que la Argentina debería adoptar para integrar dos cuestiones que le competen: el cuidado de sus suelos y el aprovechamiento máximo de sus posibilidades agrícolas.
Jobbagy definió a este modelo como una forma de “sacar más producción de la misma superficie pero usando pautas inspiradas en la ecología”.

Entre estas prácticas citó la utilización óptima de la lluvia como forma de contrarrestar los excesos hídricos que tiene el modelo de “mezquindad” actual. También “poner a trabajar” a la vegetación con el fin de sacar nitrógeno en los cultivos de invierno y de servicio. En síntesis, usar una estrategia productiva que reemplace el uso de insumos externos -como la utilización de agroquímicos- por una que obtenga servicios a partir de los componentes internos de la tierra.

Por último, Jobbagy destacó a Córdoba como una de las pocas provincias que supo integrar las cuestiones ambientales, con las de agricultura y con el manejo de los recursos hídricos, aplicando programas de buenas prácticas agrícolas y fomentando cultivos de servicio y de invierno, algo que “no se ve a nivel nacional”. También elogió el trabajo de organizaciones no gubernamentales, como la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid) y su estrategia de Municipios Verdes.
La entrada ¿Qué es la Intensificación Ecológica? El modelo de producción que propone Esteban Jobbagy para dejar atrás la “mezquindad” agrícola actual pero a la vez proteger el ambiente se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Terrible dato mata relato: Afirman que solo 1 a 3% de los adolescentes que trabajan en el campo lo hace de modo “registrado” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Esa doble injusticia fue destacada duranta un seminario realizado por la Oficina en Argentina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que contó con la participación de especialistas del gobierno, del sector empresario y del sector sindical, y que puso foco los adolescentes, el acceso al trabajo decente y el desafío de la protección de esa población. El evento se realizó en el marco del Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil.

María Natalia Gadea, que es jefa del Observatorio de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), contó que una de las falencias del sistema es que “la gran mayoría de las acciones están enfocadas en los trabajadores registrados”, y que es este sentido se omite muchas veces a los tyrabajadores rurales adolescentes. “Una de las grandes problemáticas que tienen las personas de 16 o 17 años por las altas tasas de no registro”, reconoció.
La referente de la SRT detalló: “En 2017 había tres millones de personas de esas edades, de las cuales 240 mil trabajaban y en el sistema de riesgos de trabajo teníamos 7 000 registrados”. Era el equivalente a menos del 3% del total.
Pero Gadea añadió: “Desde esa fecha hasta la actualidad, ese registro ha ido disminuyendo: en 2018 eran alrededor de 5 000; en 2019, cerca de 4 000; y el año pasado llegó a 2 862 personas”. Suponiendo que la masa de comparación continúe siendo la misma (y hasta podría haber crecido, por el salto de los indicadores de pobreza), esa última cifra equivale a solo 1,2%.
Guillermo Federico Zone, que se desempeña como inspector del Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE), confirmó que en el ámbito rural hay “muchas familias de escasos ingresos donde los adolescentes y muchas veces los niños también, necesitan ayudar con el trabajo a completar su canasta básica y eso está naturalizado”.
“A mí me ha tocado en el abordaje territorial encontrarme con trabajo adolescente y en la totalidad de los casos, ninguno estaba cumpliendo con los requerimientos que demanda la legislación laboral”, reveló.
En el día internacional contra el trabajo infantil, al INTA lo mandaron a aprender a trabajar
De acuerdo con este especialista, la mayoría de los trabajadores adolescentes viven en lugares urbanos marginales. “Muchas veces encontramos en la provincia de Mendoza muchos cultivos intensivos de cortos períodos de tiempo. Entonces se trasladan desde otras provincias o países y viven en cuadrillas, donde los jóvenes quedan al cuidado de sus hermanos más chicos o haciendo tareas domésticas, o a veces también para completar el ingreso en las familias, van a ayudar a los padres”.
En este escenario, María Belén Noceti, que es investigadora del Conicet, razonó sobre las motivaciones que tienen los jóvenes para salir a la búsqueda de trabajo:e van desde la necesidad de subsistencia, la autonomía progresiva, gastos no priorizados en los hogares, consumos simbólicos, hasta la ayuda a terceros.

En el cierre del seminario, la directora de Inspección del Trabajo Infantil, Adolescente e Indicios de Explotación Laboral del Ministerio de Trabajo, Silvia Kutscher, planteó que los desafíos de ese organismo son: “¿Cómo acercamos información a los adolescentes, población y empleadores? y ¿cómo actualizamos el listado de tareas penosas para el trabajo adolescente?”.
Kutscher, de ese modo, reconoció que el Estado debe reescribir “un listado lo más digerible posible” respecto a qué pueden y no hacer los adolescentes que trabajan en el agro, debido a que “la poca claridad que tiene el listado” actual no contribuye a su aplicación.
Foto de portada: Lucio Boschi / OIT 2021
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]]>La entrada Es cierto que el campo cambió, pero que no te corran por izquierda: El 89% de las cadenas productivas se enfoca hacia la alimentación humana se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Por suerte el gran Roberto Bisang (de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y el CONICET) sigue produciendo estudios y trabajos, esta vez acompañado por Santiago Vernazza. El último de esos ellos define con claridad que el 89% del valor agregado (VA) generado por el agro local “se destina -directa o indirectamente-, a la alimentación humana”.

Desde esta análisis académico -que se enfoca en 31 cadenas productivas que cubren el grueso de la actividad agroindustrial y explicaban en 2020 el 14% del PBI nacional y ocupaban a casi 2,2 millones de personas- solo el 10% del producido por el agro local “deriva hacia a la industria manufacturera o son insumos biológicos, mientras que poco más del 1% del VA total alimenta a la matriz energética”.
Toda una estocada a los sectores más politizados que dicen que el agro argentino no alimenta y que hay que cambiar de cuajo con el modelo.
En su análisis, por cierto, Bisang no es necio y reconoce que las cosas han cambiado mucho en los últimos años. Comienza afirmando que “hasta los años 80, las producciones agropecuarias fueron sinónimo de alimentos y éstos de comidas hechas en el hogar; el productor anclado junto con su familia a la vida rural era el proveedor de trigo, maíz, carnes, frutas y hortalizas; en el medio estaba la industria alimenticia y el sistema comercial (en tránsito del almacén al supermercado)”.
La soja, en aquel momento, recién aparecía en escena.
El trabajo, publicado en el informativo habitual de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), establece pues que toda aquella imagen se alteró, quizás convocando a la nostalgia de los sectores progresistas. Dicen Bisang y Vernazza que “cambiaron los (diversos) perfiles del sujeto agrario, las formas de organizar las actividades y sus intensidades/rutinas tecnológicas“.
Por lo tanto, ahí surge la pregunta: ¿Qué produce el campo?
Mirá el informe completo aquí:
El campo argentino- más allá de los alimentos y más acá de la agroindustria
Luego de analizar las 31 principales cadenas productivas y su aporte al VA de 2020, los investigadores llegan a la conclusión que 89% del esfuerzo sectorial apunta de uno u otro modo a la producción de alimentos para los humanos.
De ese subtotal, dos tercios del VA proviene del reino vegetal. Y explica que en algunos casos este aporte se da de forma (como frutas y hortalizas) y en otros de modo indirecto (como con la soja utilizada para alimento del ganado).
Obviamente la soja y los cereales, por las características productivas de la Argentina, tienen un peso mucho mayor que otras cadenas. El complejo sojero explica un tercio del VA de toda la agroindustria, “pero si le adicionamos maíz, trigo, cebada y girasol se explica alrededor del 55% del VA del conjunto”.
“El complejo sojero tiene una doble característica: su preponderancia exportadora y su ausencia directa -casi total- de la canasta de los bienes consumidos internamente (ergo con bajo impacto en los índices de precios)”, reconocen Bisang y Vernazza.
Dentro de la oferta de vegetales, los complejos restantes aportan un 20% al VA del conjunto y “responden a las denominadas economías regionales”, se explica.
“Se trata de actividades ancladas en territorios específicos, de manufacturación cercana/en las fuentes de origen de la materia prima y empleadora masiva de mano de obra; su inserción externa es variable: va de enclaves exportadores con significativa relevancia externa (limones, berries y peras) a actividades de alto potencial pero confinadas al consumo interno (caprinos y ovinos), destacan los estudiosos.
En el agro moderno, los alimentos de origen animal tienden a integrarse operativamente con los que provienen del reino animal, “densificando la trama productiva en algunos espacios regionales”, apunta Bisang, que a modo de ejemplo cita que existen múltiples modelos de esa integración:
Tras remarcar que a pesar de muchísimos cambios sucedidos el grueso del valor agregado generado por las 31 cadenas productivas se destina finalmente a la alimentación humana, incluyendo la tan mentada soja, el documento reconoce que en las últimas décadas “el campo va ampliando su rango de actividades hacia los insumos industriales, bioenergías y algunos servicios de base ecosistémica”, pero sin que estos rubros incidan todavía demasiado sobre el total de la torta.
Lo que sí sucedió es que entre 2000 y ahora “se modifica el peso relativo de lo vegetal respecto de lo pecuario, socavando el concepto de agropecuario; se destaca el complejo sojero por su presencia productiva y exportadora, marcando diferencias respecto del pasado dado su escaso peso en la canasta de consumo local”. En paralelo, las proteínas cárnicas revelan un claro avance de aves y cerdos.
Según Bisang y Vernazza, “todo ello va configurando un campo ampliado -más allá de los alimentos y más acá de la agroindustria- delineando una forma de producción -más cercana a una industria a cielo abierto que a una actividad primaria tradicional-“.
En definitiva, puede resultar cierto que el campo haya cambiado radicalmente. Pero eso no quiere decir -como afirman sus detractores- que haya dejado de producir alimentos.
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]]>La entrada El investigador Lucas Borrás volvió esperanzado al país en 2008, pero ahora regresó a Estados Unidos de manera definitiva se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Mientras cursaba la carrera de Agronomía en la Fauba, hizo una pasantía en una empresa semillera y decidió que se dedicaría a la investigación. Una vez recibido, realizó un doctorado en Ciencias Agropecuarias con una beca del Conicet
En 2004 –con la ciudadanía estadounidense por parte de madre– se radicó en Estados Unidos para trabajar en una empresa semillera y posteriormente se desempeñó como docente en la Universidad de Iowa. Todo indicaba que su vida iba a transcurrir allí.
Pero a fines de 2008 decidió regresar a la Argentina a través del “Programa Raíces”, que se propuso repatriar científicos de diversas disciplinas.
Con un puesto de investigador del Conicet y de la Universidad Nacional de Rosario, logró formar un equipo (Grupo de Investigación en Manejo y Utilización de Cultivos Extensivos) dedicado a optimizar las producciones de maíz, sorgo y soja, no solamente en el ámbito académico, sino también interactuando con productores e industrias para que el conocimiento producido genere valor agregado.
Lucas, quien tiene un índice Scopus de 24 (es decir, es “groso” en el ámbito científico), trabajaba a dos manos tanto en investigación como en docencia y asesoramiento a compañías privadas. Le iba muy bien. Pero un día, junto a su esposa, dijo “basta” y comenzó a armar las valijas para volver a EE.UU.
Hoy presenté mi renuncia a la UNR, acepté un trabajo con Corteva en Iowa.
Con Brenda decidimos mudarnos. No fue simple la decisión después de 12 años, pero contentos porque creemos que al sistema algo le dejamos. Y esperamos seguir aportado desde otro lado.— Lucas Borras (@PituBorras) May 26, 2021
“La situación argentina en algún momento nos empezó a preocupar. Considero que la Argentina no está bien”, explicó Lucas, quien se integró tres meses atrás al departamento de Soluciones Agronómicas Digitales de Corteva, localizado en la comuna de Johnston, al norte de la ciudad de Des Moines, Iowa, en pleno “corazón agrícola” de EE.UU.
“Mi opinión es que, aunque seas millonario y te vaya muy bien en la Argentina, no te está yendo bien, porque el riesgo que tomás cuando parás en un semáforo por la noche, por ejemplo en el Gran Rosario, lo toman todos, más allá de dónde vivan”, expresó a Bichos de Campo.
Llegaron justo cuando terminaba el ciclo lectivo, de manera tal que su hija mayor, quien ya tiene seis años, empezará el colegio en los próximos días, mientras que el más pequeño tiene dos años. En el Midwest, a diferencia de otras regiones de EE.UU., la mayor parte de la gente no habla castellano, pero los chicos, por su corta edad, aprenden inglés aceleradamente de manera natural.
“La decisión la tomamos por una cuestión de expectativa futura de la Argentina y, teniendo chicos, y se acreciento eso, especialmente en función de que aún son pequeños”, comenta.
“Tengo 47 años y nos dio la sensación de que si no nos mudábamos ahora, luego iba a ser muy difícil poder hacerlo. Cuando te mudás muy tarde, después es muy difícil armarte una jubilación acá”, añade.
El jefe de Lucas –Carlos Messina– también es argentino. El área en la que trabaja los agrónomos son minoría, porque la mayor parte de los puestos están integrados por biólogos, matemáticos e informáticos, pues la misión que tienen entre manos es diseñar modelos predictivos, a través de la gestión de grandes bases de datos e inteligencia artificial, con el propósito de realizar simulaciones orientadas a validar tecnologías sin tener que recurrir a ensayos a campo. Es decir: ahorrar décadas de tiempo al probar en computadoras lo que tradicionalmente se hace campaña tras campaña en el terreno físico.
“Nos dedicamos al diseño de modelos para generar predicciones de rendimientos en función de diferentes variables. Todo eso, que arrancó hace más de dos décadas con los modelos básicos de simulación, evolucionó mucho en los últimos años y ahora la agricultura digital puede hacer simulaciones incluso considerando la componente genética”, explica.
La comuna de Johnston es muy agradable y apacible. Lucas va en bicicleta al trabajo, el cual, por sus características, es de orden global, pues está dedicado a atender las necesidades de distintos grupos de investigación de Corteva ubicados en diferentes partes del mundo.
Su esposa, ex investigadora del Conicet, se dedica a organizar la vida de la familia en el nuevo ámbito (ninguna mudanza es fácil y mucho menos si la misma implica un cambio de hemisferio), mientras realiza el papeleo para poder comenzar a insertarse laboralmente en la zona.
“Si en algún momento tengo alguna duda de la decisión tomada, leo los diarios argentinos y en un minuto se van”, confiesa Lucas.
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]]>La entrada Beba quinua, Biba quínoa: Con apoyo de INTA y Conicet se presentó el primero alimento bebible basado en ese cultivo andino se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Según se indicó en la presentación, se trabajará con quínoa agroecológica obtenida en San Juan. El producto bebible posee un alto contenido de proteínas, vitaminas, calcio y fibra, y es libre de gluten. No contendrá azúcar o conservantes y su envase facilitará su transporte al permitir almacenarlo por hasta diez meses.
“Se creó el Clúster Quinoa-Cuyo, cuya idea es articular al sector público y el privado, y permitirle a los productores tener más seguridad a la hora de producir y comercializar los productos. Va a priorizar la organización de los agricultores familiares pequeños y medianos, en torno al valor agregado para optimizar estos procesos productivos, y va a permitir formalizar los contratos de producción”, aseguró Mónica Ruiz, directora del INTA San Juan.

El proyecto permitió además la obtención de una variedad de quínoa local, la “Morrillos”, que ya fue inscripta en el INASE y que permitirá su uso por parte de los productores locales.
Javier Basaldúa, socio fundador de la empresa Babasal SRL que fabricará el producto en Luján, dijo que este proyecto tiene un triple impacto porque “mejorará la nutrición de la gente, genera mano de obra en San Juan y es un producto saludable en un envase 100% reciclable”.
Ana Franchi, presidenta del Conicet, consideró que la iniciativa es una “reparación” para los pueblos originarios que durante muchos años vieron prohibida la producción de este grano.
Por su parte Roberto Salvarezza, ministro de Ciencia de la Nación, festejó la posibilidad de ampliar el horizonte productivo de la quínoa, muy concentrado en Jujuy y Salta, y reconoció el trabajo del INTA por reintroducir su producción en San Juan.
A partir de las 11 voy a participar del lanzamiento de BIBA, el primer alimento bebible a base de quinoa. El desarrollo se realizó a raíz de una alianza público-privada entre el @CONICETDialoga y la empresa Babasal, junto a @ciencia_ar y un conjunto de universidades nacionales. pic.twitter.com/jHWKgquwIj
— Roberto Salvarezza (@RCSalvarezza) June 28, 2021
La Secretaria de Comercio Interior, Paula Español, adelantó hacia el final del encuentro de “BIBA Quínoa” estará dentro del programa de Precios Cuidados para hacer más accesible. Todo esto teniendo en cuenta que Babasal SRL ya cuenta con otros productos debajo de ese paraguas.
Finalmente, y en representación del ministro Luis Basterra, Marcelo Alós, el secretario de Alimentos, anunció que desde la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL) se está trabajando en un proyecto para diferenciar este tipo de bebidas de las demás bebidas analcohólicas del mercado.
“Estas bebidas tiene que tener un tratamiento diferencial porque son sumamente nutritivas. Desde ese punto de vista hay que diferenciarlas”, sostuvo y agregó que esta iniciativa será en paralelo al del Etiquetado Frontal de Alimentos y Bebidas Azucaradas.
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