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La entrada ¿Qué es la Intensificación Ecológica? El modelo de producción que propone Esteban Jobbagy para dejar atrás la “mezquindad” agrícola actual pero a la vez proteger el ambiente se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La mezquindad de la agricultura local se produce, según Jobbagy, debido a la convergencia de circunstancias económicas, políticas y territoriales. En un modelo como este, argumento, se minimizan costos en vez de maximizarlos. Se utilizan prácticas que finalmente terminan configurando una agricultura semejante a una “minería del suelo”, en vez de acudir a inversiones en fertilizantes o equipos de riego, como lo haría una agricultura de perfil “opulento”.
Jobbagy mostró este cuadro tratando de mostrar las diferencias entre el modelo mezquino que tenemos y uno opulento.

La comparación de los perfiles productivos de los países que analizó el ingeniero agrónomo sirven para ver como un país como Estados Unidos, de perfil “opulento”, genera mayor productividad, aunque finalmente su método productivo predominante resulte más contaminante.
En cambio, en Argentina la producción tiene todavía un uso reducido de recursos externos, y su rentabilidad es menor. También lo es el impacto de la agricultura sobre los ecosistemas.
Sin embargo, aclaró el académico, hay que tener en cuenta los contextos de cada país: el perfil productivo mezquino de la Argentina es propio de un país con “gravámenes del Estado”. Es decir, de un país que castiga a sus productores cobrándoles retenciones y que no subsidia la posibilidad de un aprovechamiento mayor del territorio y las prácticas que se realizan sobre el mismo.
Desde la mirada de Jobbagy, existen “tres grandes avenidas” que coexisten en los tiempos que corren. Por un lado la agricultura y quienes la defienden por su alto grado de sustentabilidad económica y alimentaria. Por el otro, quienes proponen “soluciones verdes”, preocupados por proteger “los servicios de los ecosistemas”, y como último eslabón, quiene pregonan la “conservación” de a enorme variedad de especies que hay en el planeta. Según él, estas tres esferas aún dialogan poco, pero no descarta que a menudo se puedan encontrar soluciones “win-win” (que ganen todas las partes) para las tres posiciones.

Ahí es donde entra lo que el investigador llamó “Intensificación Ecológica”. Se trata de un perfil productivo que la Argentina debería adoptar para integrar dos cuestiones que le competen: el cuidado de sus suelos y el aprovechamiento máximo de sus posibilidades agrícolas.
Jobbagy definió a este modelo como una forma de “sacar más producción de la misma superficie pero usando pautas inspiradas en la ecología”.

Entre estas prácticas citó la utilización óptima de la lluvia como forma de contrarrestar los excesos hídricos que tiene el modelo de “mezquindad” actual. También “poner a trabajar” a la vegetación con el fin de sacar nitrógeno en los cultivos de invierno y de servicio. En síntesis, usar una estrategia productiva que reemplace el uso de insumos externos -como la utilización de agroquímicos- por una que obtenga servicios a partir de los componentes internos de la tierra.

Por último, Jobbagy destacó a Córdoba como una de las pocas provincias que supo integrar las cuestiones ambientales, con las de agricultura y con el manejo de los recursos hídricos, aplicando programas de buenas prácticas agrícolas y fomentando cultivos de servicio y de invierno, algo que “no se ve a nivel nacional”. También elogió el trabajo de organizaciones no gubernamentales, como la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid) y su estrategia de Municipios Verdes.
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]]>La entrada Para la Federación de Agrónomos, antes de pretender modificar la Ley de Bosques hay que empezar a cumplir con la normativa vigente se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La Federación Argentina de la Ingeniería Agronómica (FADIA) emitió un comunicado señalando algunos de los cambios en el texto de la Ley sancionada en 2006 que consideran importantes. Pero ante todo señaló que “antes de pretender una modificación, el desafío es empezar a cumplirla.”
Como primer cambio, los agrónomos remarcaron la necesidad de enunciar de forma clara las definiciones de Sustentabilidad y de Rol del Bosque, tanto en el texto de la Ley como de la reglamentación.
“La Ley 26331, con sus ambigüedades y algunas inconsistencias técnicas, produjo un abuso de los términos ‘bosque nativo’, haciéndolo sinónimo de ‘ecosistema’, aspecto muy alejado de la realidad. Esa falta de definición clara ha causado un inmenso problema de aplicación de la Ley, y que no está contemplada en el proyecto que lo reemplazaría”, afirmaron.

En este sentido agregaron que el establecimiento y la definición de conceptos no debería estar a cargo del COFEMA sino de otras entidades, como el INTA el Conicet, los Consejos de Ingenieros Agrónomos, las universidades, centros de investigación y otros organismos que poseen estudios y experiencias sobre la temática.
Respecto a las categorías de conservación, FADIA indicó que la definición de los tipos de vegetación quedó en manos de las autoridades provinciales que utilizan la metodología que más le conviene a cada una. Por eso afirmaron que la ley “sólo debe fijar un marco y parámetros regulatorios generales, regionales y/o provinciales donde claramente se explicite lo que se debe conservar y cómo aprovechar los productos y servicios del bosque y/o monte”.
Criticaron luego que el proyecto de reforma pretende eliminar la Categoría III (Zona Verde), que define a aquellas zonas que pueden “transformarse” con destino agrícola, utilizando técnicas de conservación que resguarden los recursos naturales. Indicaron que “su eliminación a priori rozaría con el principio de propiedad privada, en el cual los productores no quedan en iguales condiciones ante las actividades productivas que puedan realizar.”
Hacia el final concluyeron que el desafío “es dar el paso siguiente que sea superador, basado en cumplir los compromisos asumidos en la presente ley y actualizar la reglamentación de la misma basado en conocimientos científico-tecnológicos de los ecosistemas nativos.”
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]]>La entrada En el día de la conservación del suelo, Lucila Álvarez nos recuerda que cada año perdemos un área equivalente a Costa Rica se publicó primero en Bichos de Campo.
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Por María Lucila Álvarez:
El 7 de julio se celebra el Día Nacional de la Conservación del Suelo, decretado en el año 1963 por la Presidencia de la Nación Argentina en reconocimiento al doctor Hugh H. Bennett, pionero norteamericano en la disciplina.
Quizás no tan sorprendente a la vista como un bosque verde o un lago espejado del sur, el suelo es uno de los ecosistemas más complejos del planeta, albergando una cuarta parte de la biodiversidad. Como si esto no fuera suficiente, el 95% de nuestros alimentos provienen del suelo. Sin embargo, según la FAO cada año se pierden en el mundo hasta 50 mil kilómetros cuadrados de suelo, aproximadamente la superficie de Costa Rica.
Además de la provisión de alimentos, el suelo nos brinda gran parte de los servicios esenciales que hacen posible la vida en la Tierra.

El suelo contribuye a la mitigación del cambio climático a través de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y del secuestro de carbono, constituyendo la mayor reserva terrestre de carbono orgánico. Al mismo tiempo un suelo sano contribuye a la regulación de las inundaciones a través de la infiltración del agua de lluvia, a la detoxificación de contaminantes, al ciclado de nutrientes esenciales para los cultivos y es además, el hábitat de miles de organismos.
No menos importantes son los servicios culturales que nos brinda, siendo un elemento fundamental del paisaje y del patrimonio cultural, y espacio para actividades recreativas y espirituales.
Sin embargo, estos servicios se ven amenazados por una creciente presión producto de la intensificación en el uso del suelo. Como si esto fuera poco, el cambio climático y sus fenómenos extremos que varían entre intensas sequías y grandes inundaciones, las prácticas de manejo muchas veces insostenibles, el crecimiento demográfico con la consecuente expansión de las ciudades y el aumento de la contaminación, han provocado la degradación de los suelos.
Esto ha traído importantes consecuencias como la pérdida de biodiversidad, la salinización y sodificación de suelos que antes eran productivos, procesos de compactación que no solamente afectan la producción sino que además agravan las inundaciones, y la disminución en el contenido de carbono orgánico y la pérdida de los centímetros más fértiles de suelo por erosión eólica y escorrentía, por sólo nombrar algunas.
Ahora bien, ¿qué acciones deberían ser llevadas a cabo para frenar la degradación de los suelos? La respuesta puede y debe ser amplia, comenzando por políticas de gobierno enfocadas en la promoción y la sensibilización de la sociedad respecto al cuidado del suelo, el desarrollo de capacidades y el fortalecimiento de la extensión así como también el establecimiento de sistemas de información de suelos y la implementación de la planificación en el uso de las tierras.
También debemos empezar a preguntarnos si el modelo actual de producción es sostenible a mediano y largo plazo e implementar prácticas de manejo tendientes a la conservación y al incremento de la materia orgánica, incluyendo rotaciones de cultivos, manteniendo la superficie del suelo cubierto y haciendo un manejo racional de los nutrientes. Conservar el suelo y gestionar de manera sustentable este recurso tan valioso, es y será esencial para garantizar la seguridad alimentaria mundial.
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]]>La entrada Agustín trabaja para mejorar la “ambigua relación” entre los productores y el yaguareté se publicó primero en Bichos de Campo.
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-¿En qué zonas del país queda yaguareté?
-Hoy vive en tres regiones del norte de argentina: la selva misionera, la región chaqueña (sobre todo en la zona de El Impenetrable que es la más seca), y en las selvas de yungas de Salta y Jujuy. Se estima que perdió más del 95% de su distribución original en el país, que llegaba hasta el norte de la Patagonia. Hay un plan avanzado de reintroducción de la especie en los Esteros del Iberá, en Corrientes, así que se esperamos que en el futuro cercano haya una población también allí.
-Puntualmente en Misiones, ¿cuántos hay?
-Según datos del 2018 estimamos que en la provincia de Misiones hay unos 83 individuos. Pero si consideramos todo el Corredor Verde que incluye las áreas vecinas de Brasil, como el Parque Nacional do Iguaçu, la población asciende a 105 individuos. Los individuos se mueven frecuentemente a través de la frontera de ambos países y la población es una sola. Este año nos toca volver a censar, por lo que en unos meses tendremos una actualización de la información.
-¿Hoy podemos decir que está recuperando la especie?
-De forma muy lenta, pero sí. Hace 30 años se estimaba que en el Corredor Verde había entre 400 y 800 individuos pero a fines del siglo pasado la población declinó drásticamente y hacia 2003 teníamos menos de 50 animales. A partir de ahí se empezó a trabajar con el gobierno nacional, provincial y otras instituciones para recuperarlo y así repuntamos hasta la cifra de hoy.

-¿Cómo es la relación con el colono?
-Un poco ambigua. Hay cierto respeto y admiración del animal como símbolo de la selva, pero los productores ganaderos lo perciben como un peligro para su ganado y también se le teme bastante. Es que como en Misiones las propiedades son pequeñas si el yaguareté anda cerca, significa está cerca de la casa también.
-¿Es una amenaza para el ganado?
-Algunos individuos atacan al ganado, sobre todo cuando el manejo de los animales domésticos no es muy cuidado, y por ejemplo los animales salen al monte a pastar o a parir. También la falta de presas naturales hace que ocasionalmente busque ganado. Pero los que atacan suelen ser individuos particulares. No es que todos los yaguaretés se alimenten de ganado. Hay muchos ejemplos de yaguaretés que frecuentan áreas cercanas al ganado y nunca lo atacan.
-¿Cómo se soluciona esta situación?
-Hay varias iniciativas que están tratando de solucionar este conflicto. Una manera es garantizar que haya más presas disponibles evitando la caza furtiva y también manejando mejor el ganado, para que el acceso del yaguareté a los animales domésticos no sea tan fácil. Una de las opciones es encerrar los animales más chicos cerca de la casa durante la noche y también usar boyeros o distintos tipos de luces.

-¿Qué programas pensados para este tema existen?
-Trabajamos junto al gobierno provincial, la Red Yaguareté y Fundación Vida Silvestre para dar apoyo a productores, por ejemplo ayudando a alambrar algunos potreros y siempre estar cerca del ganadero para ayudar en el manejo de los animales y minimizar ataques. En Misiones hay una ley que prevé compensaciones a los productores si sufren pérdidas por el yaguareté y estamos también trabajando en mejorarla.
-¿Mejorarla en qué sentido? ¿Cómo son las compensaciones?
-La Ley nunca ha sido reglamentada y muchas veces los mecanismos para acceder a la compensación son muy engorrosos. Eso hace que en muchas ocasiones los productores desistan de reclamar y la herramienta pierde sentido. Estuvimos trabajando en algunas modificaciones para luego reglamentarla para que sea todo más sencillo.
–¿Qué resultados hay?
-Observamos que las técnicas de manejo de ganado funcionan y disminuyen la posibilidad de ataque. Tienen un costo de implementación y mantenimiento que debe afrontar el productor, pero nosotros trabajamos para apoyarlos ya sea con conocimiento y consejos. o también con ayuda material en algunos casos puntuales. El desafío está en convencerlos. Algunos aceptan enseguida y otro no tanto. Es un trabajo de hormiga. Lo bueno es que al manejar mejor el ganado también aumenta el rendimiento (menos abortos, menos robos, mejor sanidad) y así se benefician el productor y el yaguareté.

-¿Por qué es importante respetar la fauna silvestre?
-Por un lado, porque son otras formas de vida con las cuales compartimos el planeta. Es una cuestión ética: todos tenemos derecho a existir. Pero por otro lado, hay cada vez más evidencia que demuestra que las especies viven en un equilibrio que si lo alteramos todos sufrimos las consecuencias. En particular, los grandes depredadores, como el yaguareté, tienen un rol fundamental en el mantenimiento del equilibro del ecosistema. Un ecosistema en equilibrio nos garantiza lo que necesitamos para vivir (oxigeno, agua, cultivos sanos) y nos protege de la emergencia de potenciales enfermedades.
-¿Se refiere al coronavirus?
-Y… esta pandemia que vivimos tiene sus raíces en los desequilibrios que hemos causado nosotros. Para que todos podamos vivir bien, en armonía, es fundamental tener ecosistemas completos, o sea, con todas las especies, y también empezar a pensar en formas de producción más amigables con el ambiente y con todos los seres. Todo esto nos mejorará la vida a los humanos. Es un cambio que necesitamos emprender.
Fotos: Emilio White y Proyecto Yaguareté / Correo electrónico: paviolo4@gmail.com
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]]>La entrada Andrés Grasso: “Tenemos una buena Ley de uso y conservación del suelo, pero está desfinanciada hace años” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Contra lo que cree la mayoría de observadores, no es cierto que en esta materia haya una ausencia total de regulaciones por parte del Estado. En rigor, Grasso recordó que desde 1983 existe una Ley nacional de uso y conservación de suelo. De todos modos aclaró que la norma solo funcionó durante cinco años y luego quedó desfinanciada.
“La Ley no es mala. Tomaba en cuenta cinco grandes regiones agroecológicas del país y funcionaba con consorcios regionales que abarcaban las demandas regionales, por la heterogeneidad de cada suelo”, detalló Grasso en diálogo con Bichos de Campo.
Pero como en el caso de tantas otras leyes, el texto quedó convertido en letra muerta por la falta efectiva de aplicación y control. “Así llegamos a cómo estamos hoy, en donde el productor no tiene ninguna reglamentación que lo ordene y termina decidiendo en función de lo que le otorgan las variables macro del sistema. Cuando los años son malos, se va para abajo en la reposición de nutrientes”, advirtió.
Aquí la entrevista completa con el técnico de Fertilizar AC:
Grasso contó que en un momento más reciente de la historia, desde la industria de los fertilizantes se había propiciado otros instrumento legislativo para incentivar el uso de ese insumo. El proyecto de ley contemplaba una desgravación impositiva para aquellos que realizaban una buena práctica en materia de reposición de nutrientes. Pero esa herramienta también cayó en desgracia, incluso antes de ser sancionada.
Ver Producción de granos: En la Argentina se aplican 87 kilos de fertilizantes por hectárea
En este contexto de desamparo para los suelos, entonces, “siguen existiendo algunas reglamentaciones muy puntuales según provincia, cuenca o cultivo, como pasa con el maní en Córdoba pero no va más allá”, informó Grasso.
El experto de Fertilizar, por último, destacó que el único beneficio con el que cuentan hoy los fertilizantes es la exención en la mitad del IVA, ya que pagan 10,5% en vez de 21%. Pero esto se hizo para unificar la alicuota con la de los granos y tampoco parece ser suficiente para incentivar una práctica que siempre -pese a ser necesaria- suele quedar atada a una coyuntura económica y la rentabilidad de los productores, en un país con reglas muy cambiantes.
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]]>La entrada Esteban Zugasti: Produce orgánicos, tiene su propia reserva natural y además es rentable se publicó primero en Bichos de Campo.
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“Tenemos un campo cerca de Sierra de los Padres, cuya mitad es agrícola, de condición muy buena, pero la otra mitad es sierra. En la parte agrícola, apostamos a la agricultura y ganadería orgánica certificada, y en la parte de sierras hacemos ganadería. Pero además desarrollamos una reserva natural, ya que nos interesa una conservación de esos ambientes que son muy ricos en pastizales serranos”, contó Zugasti a Bichos de Campo.
Escuchá el reportaje completo a Esteban Zugasti:
Para el productor, “tanto producción orgánica como conservación son perfectamente compatibles, y no es necesario fundirse en el intento, contrario a lo que muchos creen”.
“Nosotros tenemos el campo certificado para producción orgánica desde hace 5 años, pero antes de eso ya veníamos haciendo producción sustentable. O sea que sí se puede”, enfatizó Zugasti.
La flamante reserva ecológica se llama “Paititi” y está enclavada en sierras con una biodiversidad interesante. “Estamos rodeados de tierras muy ricas, y estas funcionan como refugio de biodiversidad. Siempre nos interesó cuidarlas, por eso firmamos un convenio de cooperación hace 5 años con la Universidad Nacional de Mar del Plata, y a través de el se formaron varios equipos de investigación y desarrollo de modelos productivos que se lleven bien con la conservación ambiental”.
Zugasti aclaró que en las tierras productivas que lindan con la reserva “no usamos ningún insumo de síntesis química: ni insecticidas, fungicidas o herbicidas. Tampoco fertilizantes de síntesis química. Lo que usamos son bio fertilizantes o fertilizantes minerales como roca fosfórica, la cual está permitida para uso en producción orgánica”.

En su campo certificado, Zugasti produce cereales de invierno como trigo, avena y cebada, y también ganadería. “Nuestros rindes son de aproximadamente el 60% si comparamos con los rindes que se obtendrían bajo esquema de producción convencional. Por ejemplo, en trigo estamos en promedios 3.000 a 3.200 kilos de hectárea”, precisó. La clave, en consecuencia, está en sus costos.
Según Zugasti, en efecto, ese rendimiento en trigo no está “nada mal” si se tiene en cuenta que “los gastos que tenemos nosotros son menores que produciendo bajo método con síntesis química. Cerca de 1.000 kilos de trigo se nos va en gastos”, precisó.
“Otro aspecto a considerar es que el trigo orgánico lo vendemos en el mercado local un 30% a 50% arriba del precio del cereal en pizarra. En suma, tenemos costos menores de producción y rentabilidad con sobreprecios”, agregó el productor.
En cuanto al planteo ganadero, Zugasti comentó que “no hacemos engorde a corral sino que apuntamos a una ganadería más armónica con el medio ambiente y con costos menores. En nuestro caso, usamos los pastizales de la sierra para los rodeos de cría. Y la invernada la hacemos sobre pasturas o verdeos. Pero aclaro que los animales que terminamos son sin encierre”.
El productor cree que “la gente está empezando a volver a valorar la carne de pastizal en Argentina y eso es algo muy bueno. Considero que esa carne tiene mayor calidad desde el punto de vista de la salud, que aquella carne realizada con base de maíz, en feedlot. Hasta el INTA tiene estudios donde compara la carne de pastizal con la carne norteamericana de feedlot, y los efectos de salud sobre nuestros cuerpos de una carne por sobre la otra es totalmente diferente”, indicó.
Sobre la rentabilidad de esta ganadería orgánica, Zugasti contó: “Estoy trabajando con la gente de Alianza del Pastizal, que es una red de productores que desde hace varios años se forma para terminar carne sobre pastizales naturales. Hace poco tiempo, la carne de esa alianza empezó a comercializarse en una cadena de supermercados importante (Carrefour) y hasta generó una marca diferenciada. Gracias a ese convenio, hoy se paga por el kilo de novillo, novillito y vaquillona, el precio máximo de Liniers mas un 2% de premio. Con lo cual, cobro más así que por un novillo de feedlot”, enfatizó.
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]]>La entrada Sabores y saberes: Claudia, custodia del monte en Puerto Esperanza se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Claudia fue secretaria de la cooperativa almidonera CAEL y trabajó mucho con el FONAF, la Federación de Organizaciones Nucleadas de la Agricultura Familiar. Hace once años que trabaja en la Feria Franca 8 de Diciembre junto a otras seis mujeres y un solo varón, los miércoles y sábados de 7 a 12. Como ama el monte y la cocina, se capacitó en el cultivo de plantas nativas y criollas, hasta de la vid. Sabe de injertos, podas, manipulación de alimentos, y de cómo conservarlos.
En la feria vende mermeladas, pickles mixtos con coliflor, brócolis, morrones de diversos colores, pepinos, cebollas, huevos, zanahoria , y panes caseros, dulces, como el tradicional “pan cuca”, y salados, sobre todo, pan con chicharrón, panes rellenos de dulce de batata, membrillo, ricota, que elabora con sus manos.
Lo de las ferias comenzó como recurso para aprovechar los excedentes de sus chacras. En la suya, Claudia trabaja con su marido, Luis Elio Rheinheimer, con quien lleva más de 30 años de casada. Dice que “se sacó la lotería”, porque es su gran compañero, que la ama y la respeta, y hasta cocina cuando llega primero a la casa.
De su chacra aprovechan para vender en la feria, verduras y hortalizas como también plantas medicinales, toronjil o melisa, romerito, cedrón, cúrcuma, y ornamentales como orquídeas y otras. En ella cultivan maíz, mandioca, zapallo, maní, tienen sus gallinas y algunas vacas. Además son apicultores.
A Claudia le encanta hacer tortas de cumpleaños gigantes, rellenas con mermeladas y almíbares de frutas regionales y silvestres, como de yabuticaba, rosella, guabirá, pitanga, nísperos, quinotos, mamón, higos, zapallo, que ella misma elabora y vende en la feria.
En su chacra de 7 hectáreas sólo cultiva 2 y conserva celosamente 5 hectáreas de monte, porque lo ama y sabe que debe protegerlo. Allí tiene árboles frutales y añosos, típicos de la región. Los días de lluvia le apasiona contemplarlos junto a las aves que en ellos anidan. Además heredó de su familia 20 hectáreas, en Andresito, donde tiene hornos de carbón. Pero no queman su propio monte sino que compran a otros lo desmontado. De eso se ocupa su marido.
Le pregunté a Claudia qué receta prefería contarnos y me dijo, mientras amasaba unos chipacitos para acompañar el mate, que le gusta hacer “Panes a la olla”, un plato de tradición alemana.
“Preparás unos bollitos de masa con levadura y los colocás dentro de una olla, apenas aceitada o enmantecada, para que no se peguen, y separados para que vayan leudando allí mismo. Los dorás a fuego lento, del lado de abajo y de los costados, sin moverlos, y luego echás un poco de agua en los costados, y tapás la olla para que se cocinen al vapor. Si se seca la olla y al clavarles un cuchillo ves que aún le falta a la masa de los bollitos, agregale otro poco de agua. Aparte, preparás una salsa a tu gusto, y con espátula servís los panes en cada plato, les echás la salsa por encima y los servís. Una delicia”.
Claudia no ambiciona lujos y reconoce que el trabajo en la chacra es muy sacrificado. Pero agradece poder vivir sin que les falte la comida diaria. Para eso no sólo trabaja mucho sino que también piensa mucho y educa, comprometida con su familia y su comunidad. Dice que para tener una pareja de verdad, deben tirar “en el carro” juntos, de modo parejo. De todos modos, le enseña a su hijita que siempre trate de ser una mujer independiente, que lo ideal es tener un ingreso monetario propio, porque eso da libertad y seguridad a la mujer.

Pero además sostiene que -como gringa que fue educada de modo muy hermético, discriminando a los negros y nativos-, no tenemos que ser racistas, no debemos discriminar a las personas por su color, ni su raza, ni su religión. Ella prefiere comprometerse con su comunidad, ser solidaria, y así ha llegado a cortar una ruta para reclamar un nuevo edificio para la escuela 611, la de sus hijos. Le preocupa la situación actual, porque ve que se está destruyendo al pequeño productor, ya que les aumentan todos sus costos, y cuando venden les pagan una miseria.
Hace 13 años que tiene a cargo la jardinería de un cementerio privado, porque ama las plantas, lo natural y la vida silvestre. En su chacra corta con motosierra y ara con buey, mientras en el jardín del cementerio corta con la guadaña y con el tractorcito.
Pfaffenzeller insiste en que lo que más le preocupa es cuidar su monte nativo, que es su fuente de vida y salud, al que ama desde su infancia. Tiene claro que cuando ella cultiva, amasa y cocina, cuando cuida, acompaña y defiende derechos, está haciendo y elevando la cultura de su pago chico y de su país.
Claudia eligió el chamamé “A Villa Guillermina”, de Ricardo Ramón Visconti y Gregorio Molina, porque lo cantaba con su hermano y su mamá, porque les calaba hondo ese ritmo litoraleño, y la letra de ese paisaje forestal del chaco santafesino. Nosotros elegimos la versión del Dúo Coplanacu para saludar a Claudia desde Buenos Aires.
La entrada Sabores y saberes: Claudia, custodia del monte en Puerto Esperanza se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Facundo Soria: “Lo orgánico intenta sobrevivir frente a una agricultura con elevado y mal uso de agroquímicos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Para ser considerado como producto orgánico, según explicó Soria, se “debe cumplir con ciertos requisitos de producción: cuidar el suelo, tener biodiversidad, sin uso de agroquímicos, nada de transgénicos en semilla, sin contaminación, con trazabilidad, registros y documentos. Ser no es lo mismo que parecer”, enfatizó el funcionario.
Ver: En el mercado externo, el maíz orgánico llega a valer 60% más que el convencional
Las certificaciones especiales para los frutos de la agricultura orgánica surgieron en la década de los 90, como resultado de la exigencia de la demanda europea de estos alimentos ‘limpios’. En 1991 la Unión Europea (UE) reglamentó su primera normativa como bloque, ya que algunos países ya lo habían hecho antes por separado. Rápida de reflejos, la Argentina “rápidamente sacó la certificación para poder vender de forma segura”, contó Soria.
Aquí la entrevista completa con Facundo Soria:
Para el coordinador nacional no es siempre necesario certificar. Sirve para exportar, claro. “La certificación es necesaria a medida que el productor se aleja (de su mercado). Cuando se necesita garantía de lo que se adquiere, para saldar dudas. Pero en la medida que se nos acercamos, en circuitos cortos donde con productor y comprador se conocen, por ahí no es necesario”, explicó a Bichos de Campo.
En cuanto al espacio de lo orgánico en la Argentina, para Soria “ha ganado terreno e intenta sobrevivir en un contexto difícil, donde existe mucha agricultura con elevado y mal uso de agroquímicos. Pero en la medida que el consumidor demande, será quien tire de la soga para aumentar la producción orgánica”.
Argentina es el segundo país en cuanto a superficie destinada a lo orgánico. El primer puesto se lo lleva Australia, con 27 millones de hectáreas. Claro que la Patagonia es la responsable de este puesto. “Si sacamos los ovinos y toda la producción ganadera, quedan 200 mil hectáreas, que no es tanto”, reveló Soria. “Pero Argentina tiene potencialidad para hacer todos los cultivos de forma orgánica, excepto algunos tropicales…”, finalizó.
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]]>La entrada Guillermo Studdert: “Una ley de suelos que limite su uso y fomente prácticas conservacionistas” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Guillermo Studdert, presidente de la Asociación Argentina de Ciencias del Suelo (AACS), comentó a Bichos de Campo que llos buenos manejos de suelos en la Argentina “no reciben suficientes incentivos, aunque sus prácticas son más que conocidas”.
En este contexto, “los suelos dedicados a la producción más que nada no son usados de modo racional, y muchos de ellos están perdiendo su capacidad de funcionamiento”, advirtió.
Escuchá el reportaje completo a Guillermo Studdert:
Studdert consideró que debería sancionarse una ley de protección de los suelos para poder racionalizar su uso. “No podemos basarnos en la conciencia de cada uno. Tiene que haber regulaciones para que se limite su uso en ciertos casos, y deberían generarse exenciones impositivas para incentivar la utilización de prácticas conservacionistas, como es el caso de la provincia de Córdoba”, sostuvo el experto.
El presidente de la AACS, de todos modos, reconoció que “el hecho de que la Argentina destina la mayor parte de su superficie agrícola a la siembra directa otorga una gran ventaja con respecto a otros lugares donde no se aplica esta práctica conservacionista, lo que baja de algún modo la pérdida de capacidad de los suelos”.
De inmediato aclaró que “esto solo no es suficiente, sino que debemos acompañarlo de otro tipo de prácticas como adecuadas rotaciones y fertilizaciones”.
La entrada Guillermo Studdert: “Una ley de suelos que limite su uso y fomente prácticas conservacionistas” se publicó primero en Bichos de Campo.
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