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La entrada Carlos Gallego siempre apaga la radio para poder escuchar cualquier ruido extraño en la cosechadora: “El único oficio que disfruto es estar con la maquina” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En tiempos de cosecha, de todos modos, vuelve siempre a subirse a la trilladora como parte del equipo de los Ronzitti, que prestan servicios en la zona de Curarú, en Carlos Tejedor. Ni loco se baja Gallego de esa aventura; y asume la tarea con alegría y orgullo. Tanto es así que pasa largas jornadas dentro de la cabina y decide prescindir por completo de la radio. No escucha música ni noticias porque va pendiente al 100% de cualquier ruido sospechoso que puede surgir de la cosechadora.
“El único oficio que disfruto es estar con la maquina. A mi no me den un tractor con una monotolva porque directamente no salgo”, sentencia en Bichos de Campo.
Con sencillez, Gallego relata los secretos de su trabajo en estos días intensos de cosecha. “La ciencia de la maquina está en atenderla, engrasarla, revisarla. Luego, cualquiera maneja; yo ahora puedo ponerla en marcha y la largo en el lote y usted sale manejándola. Pero el tema es seguir sus movimientos. Es por eso que estoy todo el día con el oído puesto en ella. Entonces, no es manejar solamente. Y por eso no uso radio adentro, porque quiero concentrarme en los ruidos”, comenta Gallego.
Mirá la entrevista completa a Rubén Gallego:
Cada mañana, previo a iniciar la labor de cosecha, su ritual consiste en “sopletear” y limpiar la maquina. Cuando termina por las noches se baña él, cena y se acuesta temprano para volver a ararncar a la mañana siguiente. Mates mediante, atiende nuevamente a la maquina y le echa gasoil según las hectáreas que le toque hacer en el día.
“Mientras la engraso la reviso y chequeo que no haya nada roto. Estas maquinas que me tocan manejar son relativamente nuevas, pero siempre hay que revisarlas porque los fierros se rompen”, aclara.
Gallego recuerda con un brillo en los ojos que en 1999 tuvo equipo propio de cosecha y que lo agauntó por 15 años aproximadamente, pero luego se vio obligado a venderlo. “Yo era dueño de un equipo chico pero me fue mal y tuve que vender todo. Y vamos a decir las cosas como son, el Gobierno mató a todos los chicos, y así como me mató a mi lo hizo con un montón de gente también”, se lamenta.
También se alegra al recordar la primera cosechadora en la que anduvo a los 16 años. “Era una Bernardín M17; luego pasé a manejar una Bernardin M19. La gente que entiende de esto sabrá de lo que hablo”, declara.
Además de acompañar a los Ronzitti en el equipo de cosecha desde hace cinco años, Gallego tiene un equipo pulverizador, con el que se sostiene en otras épocas del calendario agrícola. “Lo hago para tener trabajo todo el año, pero también lo hago porque no puedo parar, porque tengo muchos gastos. Tengo dos hijos estudiando y alquilo una casa. Si te parás un mes, con las cuentas que hay, es como que te venís abajo”, sintetiza.
De todos modos Gallego aclara: “No es que trabajo a morir pero sí quiero trabajar continuo. Por eso vengo a hacer la cosecha. Pero aparte es algo lindo para mi, yo disfruto como loco venirme acá por un mes o por diez días. Y vivo con lo que saco porque no tengo campo ni la posibilidad de vender cereal o animales. El que tiene campo o tiene vaca puede tener otro refugio, pero yo no”.
En un día de trabajo, Gallego calcula que puede hacer entre 50 y 55 hectáreas de soja con una maquina como la que le asignan los Ronzitti, que tienen una plataforma media, pues las hay más grandes. “Ahora la cosecha se termina muchísimo mas rápido que antes. Una sola maquina en el día puede hacer lo que antes hacían 5 o 6 maquinas chicas, porque tienen plataforma mas grande”, describe.
-¿Y sentís que está bien valorado tu oficio?
Ante esa pregunta final Gallego no escatima respuesta ni sinceridad: “Mirá, eso no lo sé. Sólo sé que tengo 53 años y cada año que hablo con la gente, muchos me dicen que esto se va a componer, pero yo pienso que esto no se compone más. ¿Te digo la verdad? Acá estamos manteniendo a mucha gente, sobre todo durante la pandemia. Pero a nosotros, los que trabajamos en el campo, nos matan en todo, nos aumentan la luz, el gas y más cosas.
Pero sonríe antes de volver a trepar a la cosechadora.
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]]>La entrada Héctor Mandrino resume el gran problema de los transportistas de granos: “Durante la cosecha las tarifas rinden, pero el resto del año estás parado y no salvás los costos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Hasta hace un tiempo que Mandrino, vecino de Curarú, una localidad de Carlos Tejedor, formó parte del grupo de camioneros pyme que transporta las cosechas: son esos que trabajaron mucho hasta lograr tener su camión propio. Sin embargo hace más de siete años debió desprenderse de él en un momento en donde los números no cerraban, como sucede ahora con muchos de sus pares. Desde hace tres años trabaja en una empresa de cosecha de la zona y asegura que no se arrepiente. Ahora puede conducir un vehículo mucho más moderno.
“Para el que le gusta el camión es lindo, aunque por ahí un poco sacrificado. Depende también el lugar en el que se trabaje. Yo estoy muy a gusto”, señaló Mandrino a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa acá:
La particularidad de su trabajo, y tal vez uno de los aspectos más difíciles, es que no es continuó todo el año. Hay gran demanda de transportistas durante la época de cosecha, momento en que Mandrino disfruta de acompañar a las maquinas y llenar las tolvas de grano, pero el resto del año eso se tranquiliza, por lo que hay que saber bien cómo administrar los gastos.
“Durante la cosecha las tarifas rinden, aunque tampoco son una locura. El resto del año estás parado y no salvás los costos. El gasoil es caro, las gomas y los repuestos también. Pero no queda otra que trabajar de esa forma. Después uno se pelea por tarifas, kilómetros, etc. Eso es el problema de ser independiente”, contó.
Esto no es un dato menor si se tiene en cuenta que las últimas cifras emitidas por la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC) indicaron que en los primeros tres meses del año se registraron aumentos de los costos del sector del 15%, a razón de 5% por mes.
-¿Y qué es lo que menos te gusta de ese trabajo?
-Los tiempos de espera. Eso es lo desagradable de ser camionero. Cualquier tontería como una carta de porte mal hecha te tiene parado un día en un puerto perdiendo viajes, gastando en comida, etc. Con una clavada de esas no sabés que hacer, te dan ganas de dejarlo. Muchas veces tenés que agachar las orejas y seguir.
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]]>La entrada Contratistas: Desde Curarú, la familia Ronzitti suma tres generaciones en la línea de fuego de las cosechas se publicó primero en Bichos de Campo.
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Los Ronzziti nunca se movieron de su lugar en el mundo, un pequeño campito contiguo a la vieja estación de tren Marucha, cerca de Curarú, una localidad del Partido de Carlos Tejedor, en el oeste de provincia de Buenos Aires. Allí recibieron a Bichos de Campo y abrieron las puertas del galpón donde guardan la maquinaria que todos los años sale a “prestar servicios” para terceros. Los contratistas son el engranaje clave en el proceso de producción agrícola que genera la mayor parte de los ingresos de la Argentina, ya que el 80% de los campos son cosechados bajo esta modalidad.
Los contratistas aportan la mano de obra y las herramientas necesarias no solo para la cosecha sino para la siembra y la pulverización, entre otras tareas. Sin embargo, son los menos reconocidos por las políticas públicas destinadas al sector.
“Una persona o empresa que intente iniciarse en este rubro es algo complejo. Hay casos puntuales donde adquirieron máquinas de menor porte y luego pudieron renovar equipos, pero en general los contratistas venimos de abuelos y padres contratistas”, dice Esteban Ronzitti quien junto a su hermano José llevan ahora las riendas de la empresa familiar que empezó con su abuelo Genaro y que supo continuar su padre Rubén.
Los contratistas son los responsables de muchas tareas agrícolas. Levantan granos que tienen precios dolarizados y trillan con maquinas cuyos precios también cotizan en esa divisa. La suposición entonces es que también cobran por su tarea en tarifas dolarizadas, pero no es así. “Recién en la campaña pasada, cuando se dispararon los índices de inflación, la Federación de Contratistas de Maquinaria Agrícola (Facma) empezó a publicar listas de precios en dólares, así que eso ayudó un poco”, dijo en alusión a que cada contratista puede ahora defender un poco mejor su propio trabajo. Pero son tarifas orientativas, que muchas veces no logran cobrarse.
“El precio de las herramientas en general, por la tecnología que emplean, es realmente muy costoso. Todas las maquinas están valuadas en dólares, por eso cada vez que renovamos una máquina es un esfuerzo muy grande”, nos explicó Esteban.
-¿Y hay ayuda oficial para renovar el parque de maquinaria?
-En estos últimos años no. Los créditos vigentes dejan bastante que desear en los bancos con los que trabajamos acá. Cuesta mucho obtener financiación para la compra de maquinaria agrícola. En nuestro caso somos productores y prestamos servicio, pero cuando el contratista es sólo prestador de servicio, es decir no logra sembrar sus cultivos como anexo o no tiene campo o inmuebles como garantía para comprar la maquina, se le vuelve más difícil porque no tiene acceso a las líneas de créditos que generalmente están garantizadas con inmuebles.
Mirá la entrevista completa realizada a Esteban Ronzitti:
Rubén es quien se ocupa del relato histórico sobre su propia familia. Recurre a un refrán para explicar cómo arrancó todo, muchas décadas atrás. “Está ese dicho: el vasco para la teta y el gringo para el arado. Quiero decir que el destino ya estaba marcado en nuestro caso. Mi padre siempre fue un apasionado de los fierros y cuando yo era chico ya teníamos una cosechadora tirada por caballos”, recuerda.
El origen de la versión más moderna de los Ronzitti como contratistas de cosecha llegó de un mal trago, cuando Genaro se fundió en 1963 debido a una seca muy grande. “Cuando ya no había más nada, mi papá sacó un crédito y así llegó a comprar una maquina cosechadora y empezó a despegarse de a poquito”, rememora Rubén.

La primera cosechadora que tuvieron los Ronzitti fue una Giubergia Super que, según Rubén, “dejaba mucho que desear pero era lo que había”. Claro que la compara con todo el equipamiento que vino después.
Hoy los Ronzitti tienen tres equipos John Deere, unas de las marcas líderes a nivel global. Rubén recuerda que en aquellos primeros años, cuando le comenzaron a ofrecer equipos de esa marca, enseguida aparecían los vendedores de marcas locales por detrás a intentar disuadirlos de dar ese paso. “No, John Deere no que tiene muchos botones y hay que aprender a manejarla. Eso es lo que me decían, era el verso que nos hacían para enchufarnos una Giubergia”, sonríe.
Para Rubén esos años fueron complejos porque no había casi ninguna posibilidad de actualizar los equipos de cosecha, como sucede ahora. “En aquellos años era difícil; por ahí permanecías clavado por 10 o 15 años con una misma cosechadora porque se pensaba que era para toda la vida, pero ya sabemos que la cosa no es así con los fierros”, remarca.
Tanto él como su padre siempre tuvieron eso de sentirse ´contratista afuera´, es decir trabajar para otros que los contrataban y les permitían sostener su vida en el campo, que es finalmente la que les gusta. Rubén nació en el campito familiar, a metros de donde le hacemos la entrevista.
“Yo me acuerdo que manejaba la maquina algunas veces pero también me tocaba cocer bolsas ya que no estaba la costumbre de los carros o chimangos. Recién cuando se empezó a hacer sorgo se apilaban las hileras afuera pero por lo general, cada 50 kilos almacenábamos una bolsa”, manifiesta.

“Ya a los 16 años me fui a trillar a Coronel Suarez, pero solo cosecha fina ya que en los ´60 había solo girasol en cuanto a cosecha gruesa y recién en 1973 comenzó a aparecer sorgo granífero. Además, se sembraba muy poco de todo, capaz que eran sólo 20 o 30 hectáreas”, rememora.
En el galpón de Estación Marucha Rubén cuenta que no entraban mas de 18 mil bolsas de trigo y esa era la cosecha de toda la zona, es decir, lo que hoy hace una maquina en poco más de un día y medio.
“Siempre me gustaron los fierros y por eso todavía los tengo, porque una chacra con fierros a veces no anda pero seguro que sin fierros tampoco anda. Hay que tenerlos. Al que no los tiene se le vuelve más complicado”.
Mirá la entrevista completa a Rubén Ronzitti:
Ahora son sus hijos los que están al mando de la empresa familiar, que por fortuna tiene clientes fieles en toda esa zona y no mueve tanto sus equipos de cosecha como otros contratistas, acostumbrados a recorrer cientos de kilómetros.
De la logística se encarga José Ronzitti. “Esto es todo un engranaje; donde falla algo, se complica. La etapa de cosecha gruesa es como una carrera en la que todos quieren cosechar ya. Por eso hay que tener todo coordinado para que no falle nada”, sostiene.
Su principal preocupación pasa porque todos los clientes tengan el mejor servicio en tiempo y forma. “La cosecha se seca y hay que levantarla lo antes posible. Dentro de 20 días o un mes todos quieren tener su producción levantada por miedo al clima, y en esta época es cuando más se complica por las lluvias”, aclara.
Mirá la entrevista completa a José Ronzitti:
-¿Sentís que la tarea que hacen es valorada por el resto de la sociedad?
-No creo que el Gobierno o la sociedad valoren lo que hacemos, pero sí nos reconforta que los clientes lo hagan. Ellos ven nuestro trabajo y al menos te lo hacen saber- responde José.
La realidad es que los cronistas del agro solemos hablar casi siempre de los productores como eje central de la actividad. También de los exportadores agrícolas o de los investigadores de nuevas tecnologías. Pero nada de todo lo que hacen esos actores tendría mayor sentido sin la tarea de los contratistas que prestan servicios de siembra, pulverización y cosecha. Es un ejército de gente que proviene del propio espacio rural y que se ha especializado en cada una de esas tareas. Que invierte un montón de dinero para mantener actualizados sus equipos. Y que finalmente es sinónimo de arraigo en el medio rural.
Era casi una obligación dar mayor visibilidad al actor más crítico de la cadena agrícola argentina y quizás el más descuidado. Mirá, de la mano de los Ronzitti, el programa de Bichos de Campo dedicado a ellos:
La entrada Contratistas: Desde Curarú, la familia Ronzitti suma tres generaciones en la línea de fuego de las cosechas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada En medio de la crisis, Jorge Scoppa reclamó atención para el sector contratista: “No vivimos de abundancia ni lujos, sólo queremos comprar maquinaria agrícola y poder pagar las cuotas” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Tiene razón Scoppa. No son tantos los productores que en la Argentina trabajan sus propios campos con maquinaria propia. Y en este punto los contratistas (que son “contratados” para prestar ciertos servicios) se vuelven una pieza clave para la siembra y la cosecha de granos. Es decir que son una pieza clave dentro de la cadena que aporta el grueso de las divisas que obtiene la Argentina con la venta de sus granos. Pero no siempre logran instalar sus problemáticas específicas en la agenda pública.
-¿Qué pasa con ustedes los contratistas en estos tiempos de transición económica tan violenta? Por un lado sube el combustible y muchos otros costos. Y la inestabilidad del tipo de cambio altera todos los precios relativos.
-Tampoco quiero que la gente diga que nos la pasamos quejándonos. Lo que pasa es que somos muy agresivos en inversión y trabajo y hoy por hoy chocamos con problemas de tránsito y de abastecimiento de autopartes, o con el tema de la importación de cubiertas.
Mirá la charla con Jorge Scoppa:
-El ciudadano de a pie lee las noticias y ve que la soja llegó a 500 dólares y que la divisa vale mucho más que antes. Pero los productores no cobran ese valor por la retención del 33% y además trabajan con el dólar oficial. ¿Cómo quedan los contratistas en esta ecuación?
-Lamentablemente nuestras tarifas son el pesos y cuando hay inflación siempre terminamos perjudicados, simplemente porque cuando terminamos el trabajo nos suelen dar cheques y a veces hasta a 30 o 60 días. Hoy, con la inflación que tenemos y sumando las cuotas de la maquinaria dolarizadas perdemos gran parte de nuestro trabajo.
Scoppa diferenció a los contratistas/productor que siembran en campos de terceros del contratista que solo es prestador de servicios, recordando que este último no cobra en dólares y se mueve en un tipo de cambio constante, lo cual lo lleva a descapitalizarse y a no poder renovar maquinaria.
Como parte de la misma situación, Scoppa advirtió que “cayó de modo notable la inversión en máquinas cosechadoras porque es imposible pagarlas”. La mayoría de ese mercado se nutre de maquinaria importada. “Hay una fábrica nacional de cosechadoras pero hoy no tiene alta producción, mientras que las que vienen principalmente de Brasil cotizan en dólares y entregan poco dado que las concesionarias saben que no van a poder venderlas”, describió.
A su vez Scoppa reclamó por una deficiencia de la oferta crediticia para su sector. “El Banco Nación está muy lento para dar créditos”, graficó.
“Pero vos viste cómo somos los contratistas; nosotros seguimos. Igualmente creo que es el país el que pierde con esto porque para crecer en producción hay que aumentar la tecnología y tenemos que copiarle a los países vecinos. Brasil en los últimos 7 u 8 años duplicó su producción mientras que nosotros seguimos estancados en 140 millones de toneladas que habíamos logrado en 2020, y este año seguro caigamos”, relató con cierto pesimismo.

Su contundencia fue clara. “Nosotros no vivimos de abundancia ni lujos, sólo queremos comprar maquinaria agrícola y poder pagar las cuotas”, manifestó.
Luego expresó, en ese sentido, que “es necesario mantener una línea diferenciada de créditos ya que somos los que invertimos. Con esto no quiero decir que esté mal que al productor le den beneficios, y me parece mal que si este hoy no tiene el 5% de cereal en su poder no le den un crédito. Nosotros no tenemos ese problema, pero por ahí nos dicen que no tenemos carpetas abultadas para obtenerlos”.
Según Scoppa, la diferencia con los productores está en la fuerza de trabajo e inversión. “Nosotros hacemos trabajar a las máquinas y multiplicamos por 3 la cantidad de hectáreas que hacen los productores, de modo que con la misma máquina, subvencionando un crédito, multiplicaríamos por 3 la producción”, remarcó.
“Si a esa misma maquina la compra un productor, este va a trabajar menos y necesitará subvencionar más crédito. Por eso yo le pediría al gobierno que nos dé una línea estable de créditos”, agregó el presidente de Facma.
En medio del conflicto generado en torno a los transportistas autoconvocados (TUDA), que cortaron muchas rutas en protesta por el fuerte aumento de sus costos y en reclamo de que haya una mayor regulación estatal de las tarifas, el referente de los contratistas evaluó que su situación es bastante parecida. “El problema es a la hora de cobrar porque te quedás con pesos, y si hay una gran devaluación perdemos poder adquisitivo”, indicó.

Respecto de la mala señal que dio el gobierno al cerrar temporalmente las exportaciones de maíz, comentó: “Desde nuestro sector le hicimos hincapié a Basterra (el ministro de Agricultura) en aumentar la producción y en hacer crecer el incentivo por sembrar más maíz, dado que es un valor agregado para el transporte, la maquinaria y los alimentos”.
Observó luego que “por el contrario, creo que este año tendremos menos maíz y aunque hay una incidencia climática en esto, no veo un aliciente desde las autoridades políticas para que agrandemos el área sembrada y potenciemos los rindes por hectárea”.
-¿Y qué sucedió con la Dirección de Contratistas que habían prometido crear en el Ministerio de Agricultura, para que ustedes canalizaran sus reclamos específicos?
-Esa dirección fue perdida en el anterior gobierno. Hoy está trabajando Andrés Méndez (un respetado te´cnico del INTA Manfredi) dentro de Agricultura, a cargo de Innovación, Buenas Prácticas y Tecnología Agrícola. Méndez es una persona muy allegada a los contratistas y está haciendo mucha fuerza para que tengamos ese reconocimiento. Lo que pasa es que muchas veces en el ministerio no hay poder de decisión en tema créditos, por ejemplo.
Entre el cúmulo de temas pendientes con el gobierno, Scoppa pidió que se actualice la ley de tránsito de la maquinaria agrícola. La última vez que se hizo fue en 1995, con Felipe Solá como secretario de Agricultura. “Necesitamos adaptar las normativas actuales, como corresponde, para no andar peleando con los puestos camineros, gendarmería y policía comunal”, explicó.
Otra medida que le gustaría que se tome es que puedan tener presencia activa en el Ministerio de Trabajo, donde se negocian los salarios de los trabajadores rurales, incluyendo los que manejan maquinaria agrícola. “Supimos tenerla, y así como la Mesa de Enlace participa, nosotros también queremos ser parte de la mesa de decisiones y propuestas”, expresó Scoppa, molesto porque son solo los ruralistas los que discuten los salarios que luego deben pagar ellos..
“Queremos que el país sepa que el contratista va a trabajar y a apostar, no va a especular. Acá lo malo es la especulación. Nosotros no especulamos. Hay gente que tiene campos alquilados y especula, pero nosotros no entramos en esa. El contratista trabaja, cobra e invierte”, se despidió.
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]]>La entrada Los Testa certifican sus servicios desde 2015 y son los primeros contratistas con diploma: “Se trata de emprolijarnos día a día”, explican se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El caso de dos hermanos contratistas del norte bonaerense, Carlos y Marcelo Testa, muestra que también hay herramientas para que los prestadores de servicios muestren que se puede trabajar respetando todas las reglas. Ellos certifican sus procesos desde 2015 y de hecho son los primeros contratistas con el diploma de Agricultura Certificada emitido por Aapresid. Esa entidad redfactó un protocolo para la gestión de calidad de sistemas de siembra directa con Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA). Los Testa son sometidos a controles rigurosos por parte de una certificadora.
Hijos de un pequeño productor de la zona de Manuel Ocampo, en el partido de Pergamino, ambos hermanos son técnicos mecánicos y desde su empresa Agrícola Testa SRL apuestan a la tecnología y a la gestión de calidad, buscando diferenciarse en un mercado de rentabilidad ajustada .
Carlos Testa recordó en Bichos de Campo que sus inicios en el mundo contratista junto a su hermano allá por los ´90 “era muy básico, pero cada vez que agarrábamos un mango lo invertíamos en tecnología. Siempre fuimos unos convencidos de que el camino era por ahí”.
Mirá la entrevista completa a Carlos Testa:
“En 2014 se arrimaron algunas entidades como IRAM, para ver si nos interesaba certificar los servicios, y no nos pareció nada inalcanzable porque uno es de registrar mucho todo lo que hace y tomar datos. Se trata de emprolijarnos día a día. Certificar es hacer los mismos procesos que hacemos en lo cotidiano pero más seguros. Es una especie de disparador ordenador”, agregó Testa.
De acuerdo al contratista, “en 2015 pusimos primera porque nos queríamos diferenciar de colegas tratando de tener una mejor tarifa y una mejor vida para nosotros y para la gente que labura con nosotros. Ese año certificamos Buenas Prácticas Agrícolas y es ahí donde empezaron a arrimarse más personas y empresas”.
A partir de ese año los hermanos Testa comenzaron a involucrarse más. “Se le empezó a poner a una pulverizadora una estación meteorológica que dispara en tiempo real lo que estás haciendo, y eso se sube a una nube y lo puede ver el dueño del campo y el delegado del pueblo, y este es uno de los puntos sensibles a mejorar en el sector “, declaró.
Carlos es un convencido de que se pueden hacer bien las cosas. “Hay que tener la mente abierta para querer verlo. Hoy la tecnología ocupa un lugar muy importante; vos podés hacer bien tu trabajo pero si no podés mostrarlo, no sirve”, manifestó.
Los Testa conservan una chacra en Manuel Ocampo, en la que hacen huerta y frutales para consumo propio. Conviven allí con la maquinaria y los agroquímicos sin mayor problema. La clave, según Carlos, es “el cuidado y el respeto por el otro”.
“Nosotros somos un equipo de 18 a 20 personas de las cuales hay 3 mujeres trabajando y creemos que capacitarnos es clave”, afirmó el contratista.

Le preguntamos a Testa sobre la situación de Pergamino, donde un juez dispuso desde hace más de un año una distancia de prohibición de 3.000 metros para las aplicaciones aéreas de agroquímicos y de 1.095 metros para las terrestres en torno a la ciudad, Testa remarcó: “No comparto. Creo que el trabajo bien hecho no causa ningún riesgo. Si hacés la labor en condiciones, como se debe hacer, no pasa absolutamente nada”.
“La gente se encasilla en una ideología y no la cambia. Pero yo quiero pensar que las nuevas generaciones lo verán de modo diferente porque son muy consumidoras de tecnología, y la misma está para poder interpretarse. Lo que pasa es que lo malo siempre vende más que lo bueno”, lamentó.
Carlos cree que la tendencia, al incorporar más tecnología, va hacia una disminución en el uso de insumos químicos. “Yo me siento más exitoso si en un campo entro a pulverizar 3 veces en lugar de 7. Yo vivo de esto y quiero trabajar, pero cuanto menos aplicaciones haga en un lote me siento mejor”, resaltó.
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