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La entrada Cosa de locos: Estaban cosechando un lote de trigo y se encontraron nada menos que… un cohete espacial se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Sí, un cohete espacial. Eso fue lo que enontraron Matías Schmidt y Santiago Ucci, contratistas y socios desde hace varios años, en medio de un lote de trigo que estaban cosechando en un campo ubicado en el partido bonaerense de Lobería.
“Fue una experiencia tremenda. Estábamos cosechando, tirando melga por melga –es decir tramo por tramo- y tuvimos que parar porque encontramos eso. Casi nos lo llevamos por delante”, dijo a Bichos de Campo Santiago Ucci.

¿Pero cómo es que un cohete espacial termina en un trigal? Todo inició cuando Rafael Paredes, el encargado de la estancia La Mora, recibió la visita de unos técnicos pertenecientes a la empresa argentina Tlon Space, dedicada a la puesta en órbita de nanosatélites.
“Ellos nos habían contactado para poner una plataforma de lanzamiento. Acá tenemos un monte de 1.000 hectáreas contra los médanos y me pareció peligroso hacer un proyecto así porque se podía prender fuego. Es un monte que está forestado hace 80 años. Hablé con el dueño y no nos pareció lógico”, recordó Paredes en una charla con este medio.
Pero la empresa no se quedó con la negativa y continuó contactando a los vecinos de la estancia, hasta que uno, a unos pocos kilómetros, dio el sí.
“Su idea es hacer una base de lanzamiento a gran escala, para tener cohetes de 25 metros de longitud. El que nosotros encontramos, si bien en los datos figura que tiene alrededor de diez metros, no tenía más de tres. Estaban probando algo ambicioso pero a menor escala”, señaló Matías Schmidt a Bichos de Campo.
El cohete encontrado fue el Aventura I, la línea de cohetes principal de la empresa que, según su descripción, cuenta con dos etapas de desarme, un diámetro de 0.352 metros y una capacidad de carga de hasta 25 kilos.

Tlon Space había hecho una prueba hacía dos meses pero la misma no fue exitosa por un error en las configuraciones. Según los cálculos realizados por los técnicos, realizó un recorrido de casi 20 kilómetros y se desarmó entre la estancia La Mora y el campo lindero.
Para la empresa resultaba primordial encontrarlo, ya que servía como evidencia para los próximos despegues. Tanto es así que durante dos meses enviaron una avioneta para rastrear los restos del cohete, pero la densidad de las pasturas tapó cualquier indicio.
“Cuando apareció los llame enseguida. Me dijeron que era fundamental para corregir errores y rescatar las pequeñas cámaras que llevan los registros. Lo que pudieron ver es que llegó más alto de lo que tenían pensado. Nos dieron una recompensa que repartí entre los cosecheros”, afirmó Paredes.
-¿Alguna vez encontraste algo tan raro como esto?- le preguntamos a Schmidt.
-Una vez vi un puma saliendo de un maíz, un animal sumamente atractivo e imponente en su imagen, pero nunca nada como esto. Miré para adelante y empecé a los gritos porque vi algo. Quien iba a pensar que habíamos encontrado el cohete.
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]]>La entrada Los hermanos Barbi heredaron de su tío adoptivo maquinaria y muchas ganas de trabajar para terminar produciendo 14.000 hectáreas: “Teníamos hambre de gloria”, afirma Esteban se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ricardo y Elsa eran descendientes de italianos y se dedicaban a hacer tanto agricultura como ganadería en su campo ubicado en la localidad bonaerense de Lima. Esteban y José Luis pasaron toda su infancia en contacto con ellos.
“Desde que tenía un año y medio iba en una Ford 65 con el tío Ricardo al campo. Mamé todo, desde la vaca hasta la agricultura”, contó a Bichos de Campo Esteban, el hermano mayor de los Barbi.
Por desgracia, cuando Esteban tenía 17 años, Ricardo sufrió un ACV. Si bien se recuperó, no quiso volver a trabajar la tierra y fue ahí que los hermanos Barbi consideraron por primera vez ofrecer servicios a otros campos.
“Los primeros tres años nos ayudó en todo. En ese momento el tío tenía algo de campo propio, pero nosotros no. Cuando estuvo mejor, le pedimos seguir con agricultura y nos dejó el parque de herramientas. El resto de la tierra la vendió. De eso pasaron 27 ó 28 años. Teníamos hambre de gloria, desde ahí no miramos para atrás; le debemos todo”, afirmó Barbi.
Los hermanos se iniciaron realizando cosechas para terceros y luego comenzaron a trabajar a porcentaje con algunos clientes. Actualmente, entre agricultura y ganadería, trabajan 14.000 hectáreas -de los cuales el 95% es alquilado y el 5% restando se hace en el marco de acuerdos a porcentaje- y han logrado, luego de mucho esfuerzo, comprar un pedazo de campo propio.
Mirá la nota completa acá:
“No hemos perdido prácticamente campos, al contrario, siempre hemos ido creciendo. Lo mismo pasó con la ganadería. El tío nos decía que la vaca era un cheque al portador, entonces en nuestra empresa siempre se la tomó como una caja de ahorro. Tal es así que pudimos comprar un pedazo de campo”, dijo alegre Barbi.
Los años también les permitieron engrosar su parque de maquinaria, que hoy incluye todo el equipo completo para pulverizaciones, siembra, cosecha y laboreos. A eso le siguió el armado de una planta de silo y la compra de camiones, que incluye uno para el transporte de los animales, ya que realizan engorde a corral de terneros en feedlot.
Los Barbi también cuentan con la ayuda de Jaime Mestre, un ingeniero agrónomo que trabaja con ellos desde hace 17 años, quien los contactó con Emilio Satorre, uno de los referentes agrícolas más reconocidos de la Argentina.
“Si bien con Jaime estamos arriba de toda la tecnología, Emilio nos aportó muchísimos datos, y nos nutrimos de un montón de cosas. Después, a través de otro amigo en común, conocimos a Mercelo Arriola –principal difusor de los cultivos de servicio en Aapresid. Jaime quería traerlo para que nos empuje a los cultivos de cobertura y estamos muy conformes”, sostuvo Barbi.
-¿Eso es un costo para ustedes o consideran que puede ser rentable y útil?- le preguntamos.
-Nosotros lo estamos tomando como una inversión a largo plazo, porque hoy tenemos serios problemas de malezas resistentes. Vamos por ese camino, no es fácil masificar tanta cantidad de hectáreas, pero también intensificamos la rotación. Estamos haciendo más cultivos de invierno, como por ejemplo las arvejas. Le estamos buscando la vuelta; creo que el camino es ese.

-¿Te sentís importante al trabajar tanta cantidad de hectáreas?
-No. La cabeza mía y de mi hermano piensan en producir y en invertir. Sale una cosechadora nueva y la querés comprar, sale una pulverizadora y la querés comprar.
-¿Hay una pulsión por la tecnología?
-La tecnología te va llevando. Históricamente el productor vive comprando fierros y nos vamos a morir comprando fierros. Hay que buscarle un equilibrio, pero lo cierto es que con en tanta cantidad de hectárea los fierros se gastan y llega el momento en que hay que renovar.
-¿Es fácil renovar maquinaria? Sobre todo cuando no tenés avales ni un campo para hipotecar.
-Depende, hubo momentos en que hubo créditos ‘blandos’. En este momento, por ejemplo, no hay nada. Hace dos años que al productor que tiene dos kilos de soja declarada no le dan un crédito. Es la famosa clausula del Banco Central (BCRA). Nosotros lamentablemente tenemos que cambiar las dos cosechadoras y estamos esperando que aparezca algún crédito con tasa accesible. La única forma de pagar los fierros es que se vayan pagando con la misma producción.
-Gran parte de la agricultura la hacen contratistas o arrendatarios. ¿Cuál es el principal problema que te gustaría que se corrija?
-Uno de los grandes desafíos hoy es el factor humano. La gente no quiere venir a trabajar al campo. Te subís a una cosechadora de estas y tiene una tecnología que ni los autos de alta gama tienen, pero la gente no quiere venir a trabajar al campo y eso nos va limitando. El factor humano nos va limitando. Está más que claro que uno trabaja para ganar plata, pero llega un momento en donde no pasa que decís “bueno, me embarco cinco años para adelante y compro una cosechadora”, pero para ella necesito un operario y no hay; no es una cuestión de plata, es una cuestión de que se perdió la cultura del trabajo.
Barbi reconoce también que en aquella zona de la provincia, el campo compite muchas veces con la demanda de mano de obra de las industrias de la zona, lo que hace que tengan que buscar nuevos trabajadores en localidades a más de 50 kilómetros de Lima.

-¿De quién aprendieron a trabajar tanto?
-Nosotros lo mamaos del tío Ricardo, un gringo que lo único que hizo fue trabajar toda su vida. En los inicios el tío nos decía “mira que el campo es muy sacrificado, que te absorbe y no te suelta más”. La biología te lleva de tiro y la verdad es que en cierto modo tratamos de que no nos pase lo mismo, pero estamos muy contentos.
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]]>La entrada Pocos unidos venceremos: Solo con tres socios alcanzará para conformar una cooperativa de trabajo o contratista en el medio rural se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Resulta necesaria una segmentación que permita el diseño de instrumentos y políticas adecuadas para el apoyo de una pluralidad de entidades heterogéneas”, justifica desde el vamos la Resolución 1000/2021 del INAES, que se publicó en el Boletín Oficial este jueves con ánimo de que muchas más empresas de la llamada economía social accedan a formas institucionales, como son las cooperativas y las mutuales. El INAES fue trasladado en 2020 a la órbita del Ministerio de Desarrollo Social. Y eso explica el sentido fundamental de estas modificaciones.
Hasta ahora las cooperativas se conformaban según la ley 20.337 sancionada en 1973. Allí se establecía que la cantidad mínima de asociados para conformar una cooperativa debía ser de diez personas. Mediante “excepciones”, el INAES aceptaba en diversas oportunidades la constitución de entidades “con un mínimo de 6 personas para las cooperativas de trabajo y de provisión de servicios para productores rurales”.
Ahora, según esta nueva normativa, bastará con reunir a tres socios para conformar una cooperativa de trabajo o contratista rural.
“El sector cooperativo se ha transformado hacia formas asociativas más reducidas, siendo esta una demanda que la Autoridad de Aplicación no puede desatender”, explica el INAES.
Es por estas razones que el directorio del INAES, conformado entre otros por el presidente de Coninagro en uso de licencia Carlos Iannizzotto, dispone primero una “segmentación” para las cooperativas y mutuales registradas según su facturación. Servirá “a fin de establecer mecanismos de simplificación de trámites y exención de requisitos formales” y se aplicará “de forma automática, de acuerdo con la información contable transmitida al Instituto, sin necesidad de realizar un trámite adicional”.
Las cooperativas quedarán ahora categorizadas según el límite de ventas totales anuales expresados en pesos. Para el caso de las agropecuarias, se considerará que las micro cooperativas podrán facturar hasta 30 millones de pesos anuales, y las pequeñas hasta 116 millones.
| Categoría | Construcción | Servicios | Comercio | Industria | Agropecuario |
| Micro | 24.990.000 | 13.190.000 | 57.000.000 | 45.540.000 | 30.770.000 |
| Pequeña | 148.260.000 | 79.540.000 | 352.420.000 | 326.660.000 | 116.300.000 |
| Mediana – Tramo 1 | 827.210.000 | 658.350.000 | 2.588.770.000 | 2.530.470.000 | 692.920.000 |
| Mediana – Tramo 2 | 1.240.680.000 | 940.220.000 | 3.698.270.000 | 3.955.200.000 | 1.099.020.000 |
Pero las mayores modificaciones de los requisitos pasan por la conformación de entidades nuevas cuando se trate de cooperativas de trabajo o de provisión de servicios para productores rurales.
“Autorizase en virtud de la facultad conferida por el artículo 2°, inciso 5° de la Ley 20.337, la constitución de Cooperativas de Trabajo y de Provisión de Servicios para Productores Rurales con un número mínimo de tres integrantes, pudiendo el Instituto, en casos excepcionales, disponer esta posibilidad a otros tipos cooperativos”, definió la resolución.
En esos casos el pragmatismo parece ser la receta, pues los órganos sociales tradicionales de la cooperativa de menos de 6 integrantes podrán ser asumidos por un consejero titular, “quien tendrá a su cargo el rol de administrador/a y de representante legal con las facultades del/a presidente/a, secretario/a y tesorero/a”, se explicó.
En otro artículo la norma elimina “la obligatoriedad del curso de capacitación” que se exigía para la conformación de nuevas cooperativas, entre muchos otros requisitos que se flexibilizan como para permitir la conformación de nuevas cooperativas.
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]]>La entrada Eloy Manera es productor hace 15 años y una tragedia lo hizo tomar conciencia de las Buenas Prácticas: Hoy las certifica en La Pampa se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>¿Qué sucedió? Una cosechadora tocó un cable de alta tensión que cruzaba el campo y como resultado de eso dos personas fallecieron. “Había errores en la línea y en la maquina, que tenía una antena que pasaba la altura reglamentaria. Cosas que yo veía normales, hasta que pasó lo que pasó. Las tenés delante y no las ves”, contó el empresario con pesar a Bichos de Campo.
Ese incidente derivó en el interés por ofrecer servicios agrícolas abocados ciento por ciento en el cumplimiento de las Buenas Practicas, para evitar una nueva posible tragedia entre operarios. Durante seis meses entabló una comunicación continua con el personal del Instituto Argentino de Normalización y Certificación (IRAM). Una vez que estudió de punta a punta cada manual de Buenas Prácticas disponible, este pampeano decidió aplicar para obtener el certificado de la norma IRAM 14130 de “Buenas Prácticas en Labores Agrícolas”.

Pero el objetivo no era sencillo de cumplir, porque hasta ese momento, ninguna otra empresa en la provincia contaba con dicho certificado, por lo que hubo que hacer camino al andar.
Fue por eso que Eloy se contactó con José Sosa Mendiara, un profesor de la Universidad de La Pampa en la cátedra de terapéutica vegetal, que además se desempeña asesor privado, dictando desde 2016 el curso de operarios con el cual los aplicadores obtienen su carnet desde la Dirección de Agricultura, para iniciar todo esta adaptación de las normas y el tramiterío.
IRAM cuenta con dos normas vinculadas al sector: la 14.110 de Buenas Prácticas Agrícolas vinculadas a la producción primaria de origen vegetal, y la 14.130 referida a las laboras in situ en el campo. Esta última comprende una serie de sub normas, que uno puede elegir o no certificar: Requisitos generales (14130-1); Aplicación terrestre (14130-2); Aplicación aérea (14130-3); Siembra (14130-4); y Cosecha (14130-5). En el caso de la empresa de Eloy, no se aplicó a la norma vinculada a las aplicaciones aéreas.

¿Cómo se logra obtener la certificación? Se debe presentar una cierta documentación en base a tres pilares: la seguridad, la optimización del proceso productivo –porque dicha norma impacta en el mejoramiento de tiempos ociosos en labores agrícolas-, y en el cumplimiento de cualquier norma subyacente, como por ejemplo el registro de la pulverizadora en caso de que la ley provincial así lo requiera.
“El hecho de iniciar este camino, de ser los primeros, no nos permitió poder asesorarnos con alguien que ya lo haya realizado. En La Pampa fue muy importante porque marcó el camino. La norma apunta a que si alguien dice que hace las cosas bien, lo tiene que demostrar. ¿Y cómo se demuestra? Con una auditoria”, explicó José Sosa Mendiara a Bichos de Campo.
En efecto, IRAM realizó una auditoría que duró dos días, en la que controló todos los aspectos declarados en la documentación. Desde la entrega de indumentaria de trabajo –traje, protectores auditivos, gafas, casco, etcétera- que debe estar registrada en la Superintendencia de Trabajo, hasta los protocolos de calibración de la maquinaria.
Los operarios incluso debieron realizar capacitaciones en primeros auxilios, RCP y atención al accidentado, que se desarrollaron junto a profesionales dentro del campo. “Es distinto tomarla en la ciudad donde el enfermero no sabe cuáles son los recursos que vos tenés ahí dentro”, indicó Sosa Mendiara.

Pero esto no termina ahí. En caso de aprobar, el certificado se extiende sólo por dos años, con el compromiso de recibir una nueva auditoría cada 12 meses, evitando de esa forma cualquier instancia de “relajo” en la aplicación de las normas adoptadas por la empresa.
Finalmente hace unos días, y tal como anuncia el titulo de esta historia, se logró un final feliz. Este largo trajín hizo que la empresa de Eloy Manera fuera la primera en detentar el certificado de Buenas Prácticas en Labores Agrícolas de todo La Pampa. Esto no sólo sienta un precedente provincial, sino que seguramente impulsará a otros contratistas a empujar por lo mismo.
Hace un par de meses Bichos de Campo realizó un programa sobre BPA certificadas por el IRAM, pero en este caso en dos empresas de aeroaplicaciones:
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]]>La entrada “Cuando la cosecha es flaca, la variable de ajuste es el contratista”, se lamenta José Turino, tercera generación de cosecheros en Santa Fe se publicó primero en Bichos de Campo.
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“Los contratistas somos una especie de nómade. Salimos a buscar el trabajo donde haya y pasamos mucho tiempo fuera de casa. Al principio cuando sos joven y querés progresar tenés mucho entusiasmo, pero con el paso del tiempo cuesta estar lejos de la familia”.
Turino hoy es el presidente de la Centro de Contratistas Maquinaria Agrícola de San Vicente, en el centro de Santa Fe. Años atrás hacía largo recorridos para cumplir con clientes que le pedían la trilla o aplicaciones, pero hoy tiene la actividad más concentrada en su región.
Mamó esta actividad de su padre y abuelo, que la llevaban adelante con gran sacrificio. “Mis abuelos y padres se dormían debajo de las cosechadoras. Luego vinieron las cosechadoras que tenían un techo y lonas alrededor que hacían las veces de carpa”.
El contratista contó que su “abuelo tenía una cosechadora con motor a vapor a la que había que arrimarle el cereal y desatorarla, por un lado se embolsaba el trigo y por el otro había que sacar los residuos que era la paja. La cosechadora se llevaba y se instalaba en el lote y había 14 a 20 operarios pendiente de ella”.
“Pero previo a eso era peor aún porque se juntaba el cereal con la hoz y se ponían esos ramilletes con piso firme en un corral, luego se hacía rodar la tropilla de caballos para que vaya desgranando y después se levantaba con palas el trigo y se venteaba. Así se empezó por 1900. El cambio tecnológico fue tremendo”, rememora.
Turno se enfrenta ahora a problemas completamente diferentes y cuenta con equipos muy distintos. La maquinaria con tecnología de punta hace que el trabajo en el campo sea mucho más confortable pero debe enfrentar el stress que provoca una economía destartalada y medidas de gobierno que afectan al rubro.
“Un gran problema es el abastecimiento de cubiertas. Las máquinas están calzadas con cubiertas de alta flotación que se compran a precio elevado porque son importadas, pero este dólar dibujado lleva al desabastecimiento de cubiertas y de correas que son los grandes insumos de las cosechadoras”, explicó.
Turino añadió que la suba de precios de las cubiertas en el último año fue de 30% en dólares, lo que significa que el aumento fuera mayor en pesos. Las cubiertas que el año pasado se pagaban entre 500 y 600 mil pesos en esta campaña valen cerca de 1 millón.
“El gobierno permite la importación de esas máquinas pero no prevé algunos repuestos especiales y en el tema neumáticos lo derivan a los fabricante o distribuidores. Calzar una máquina con 2 rodados grandes implica un gasto de 2 millones de pesos, que es el equivalente el 20% de las hectáreas que cosecha ese equipo en una campaña. Eso es inaceptable”, indicó el contratista.

Turino añadió que a los prestadores del servicio de cosecha como él le quedan entonces dos opciones: “O sale a trabajar más endeudado o sale como puede y a mitad de la campaña no podés terminar el servicio”.
Además, comentó que en esta escalada inflacionaria y al ser el último eslabón en la cadena terminan pagando los platos rotos: “El productor trata de sobrevivir y . Por eso nuestra tarifa quedó relegada respecto de la inflación”.
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]]>La entrada Tolva y cosechadora, juntas a la par: “Esto es un trabajo de compañerismo”, asegura Maximiliano Ponce, tolvero se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Más allá de que admite que la maquina cosechadora es la “diva” en la historia, no reniega de la labor que aprendió de adolescente junto a la familia Ronzitti, contratistas con los que trabaja desde los 17 años en Curarú, dentro del partido bonaerense de Carlos Tejedor. “Si bien puedo andar en la maquina todos los días un ratito mi trabajo está con la tolva. Me acuerdo de estar terminando el secundario y de tratar de llegar a poder hacer el trigo para cubrir mis gastos propios y vacaciones”, relata.
Mirá la entrevista completa a Maximiliano Ponce:
La tolva que maneja almacena aproximadamente unos 7 mil kilos. “Mi trabajo consiste en descargar la maquina cada vez que se llene y de ahí transportar los granos al camión o a los bolsones que estemos haciendo. Ahora por ejemplo estamos haciendo maíz y al estar bastante bueno, la tolva se llena rápido”, comenta.
Según Ponce, la idea es que la maquina cosechadora pare lo menos posible y que siempre se aproveche al 100% las horas que el clima permita avanzar con la trilla. “En el caso del maíz cosechamos todo el día, no hay horarios. Si nos acompaña el tiempo y la maquina anda bien arrancamos bien temprano por la mañana y terminamos a la 1 o a las 2 de la madrugada”, indica.
Ponce no sólo se encarga de la tolva. Como en toda labor de cosecha, el trabajo no es individual sino colectivo, y por ende se ocupa de otras tareas como la de preparar la comida para que no deba parar a hacerlo el conductor de la cosechadora, o bien hacerle relevo a esa persona. “Esto es un trabajo de compañerismo. Son dos meses del año que convivimos, no somos de los mismos pueblos pero la idea es llevarse bien porque vivimos en la misma casilla”, manifiesta.
Sin embargo, no es un martirio convivir en un espacio pequeño con otra persona durante la cosecha dado que la mayor parte del tiempo están trabajando y entrada la tarde solo queda espacio para una buena charla y descanso. “Nos charlamos la vida. Acá ya estamos acostumbrados y además, casi todo el resto del día estamos trabajando”, precisa.
El oficio de tolvero, al igual que el de cosechador es un trabajo muy golondrina y de acuerdo al joven, “vamos para un campo, luego para el otro, en el medio conocemos mucha gente. En Curarú tengo un negocio propio, luego alterno con mi trabajo en el campo. Y cuando llega la cosecha, hay que organizarse de algún modo para venir a hacerla”.

¿Repara la sociedad en su trabajo? “Al venir de un pueblo no conozco mucho la gran ciudad pero supongo que la gente lo pasa por alto. No debe conocer lo que hacemos y está bien que tampoco lo sepa porque acá en el campo es otra vida y otra cultura”, responde.
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]]>La entrada Contratistas: Desde Curarú, la familia Ronzitti suma tres generaciones en la línea de fuego de las cosechas se publicó primero en Bichos de Campo.
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Los Ronzziti nunca se movieron de su lugar en el mundo, un pequeño campito contiguo a la vieja estación de tren Marucha, cerca de Curarú, una localidad del Partido de Carlos Tejedor, en el oeste de provincia de Buenos Aires. Allí recibieron a Bichos de Campo y abrieron las puertas del galpón donde guardan la maquinaria que todos los años sale a “prestar servicios” para terceros. Los contratistas son el engranaje clave en el proceso de producción agrícola que genera la mayor parte de los ingresos de la Argentina, ya que el 80% de los campos son cosechados bajo esta modalidad.
Los contratistas aportan la mano de obra y las herramientas necesarias no solo para la cosecha sino para la siembra y la pulverización, entre otras tareas. Sin embargo, son los menos reconocidos por las políticas públicas destinadas al sector.
“Una persona o empresa que intente iniciarse en este rubro es algo complejo. Hay casos puntuales donde adquirieron máquinas de menor porte y luego pudieron renovar equipos, pero en general los contratistas venimos de abuelos y padres contratistas”, dice Esteban Ronzitti quien junto a su hermano José llevan ahora las riendas de la empresa familiar que empezó con su abuelo Genaro y que supo continuar su padre Rubén.
Los contratistas son los responsables de muchas tareas agrícolas. Levantan granos que tienen precios dolarizados y trillan con maquinas cuyos precios también cotizan en esa divisa. La suposición entonces es que también cobran por su tarea en tarifas dolarizadas, pero no es así. “Recién en la campaña pasada, cuando se dispararon los índices de inflación, la Federación de Contratistas de Maquinaria Agrícola (Facma) empezó a publicar listas de precios en dólares, así que eso ayudó un poco”, dijo en alusión a que cada contratista puede ahora defender un poco mejor su propio trabajo. Pero son tarifas orientativas, que muchas veces no logran cobrarse.
“El precio de las herramientas en general, por la tecnología que emplean, es realmente muy costoso. Todas las maquinas están valuadas en dólares, por eso cada vez que renovamos una máquina es un esfuerzo muy grande”, nos explicó Esteban.
-¿Y hay ayuda oficial para renovar el parque de maquinaria?
-En estos últimos años no. Los créditos vigentes dejan bastante que desear en los bancos con los que trabajamos acá. Cuesta mucho obtener financiación para la compra de maquinaria agrícola. En nuestro caso somos productores y prestamos servicio, pero cuando el contratista es sólo prestador de servicio, es decir no logra sembrar sus cultivos como anexo o no tiene campo o inmuebles como garantía para comprar la maquina, se le vuelve más difícil porque no tiene acceso a las líneas de créditos que generalmente están garantizadas con inmuebles.
Mirá la entrevista completa realizada a Esteban Ronzitti:
Rubén es quien se ocupa del relato histórico sobre su propia familia. Recurre a un refrán para explicar cómo arrancó todo, muchas décadas atrás. “Está ese dicho: el vasco para la teta y el gringo para el arado. Quiero decir que el destino ya estaba marcado en nuestro caso. Mi padre siempre fue un apasionado de los fierros y cuando yo era chico ya teníamos una cosechadora tirada por caballos”, recuerda.
El origen de la versión más moderna de los Ronzitti como contratistas de cosecha llegó de un mal trago, cuando Genaro se fundió en 1963 debido a una seca muy grande. “Cuando ya no había más nada, mi papá sacó un crédito y así llegó a comprar una maquina cosechadora y empezó a despegarse de a poquito”, rememora Rubén.

La primera cosechadora que tuvieron los Ronzitti fue una Giubergia Super que, según Rubén, “dejaba mucho que desear pero era lo que había”. Claro que la compara con todo el equipamiento que vino después.
Hoy los Ronzitti tienen tres equipos John Deere, unas de las marcas líderes a nivel global. Rubén recuerda que en aquellos primeros años, cuando le comenzaron a ofrecer equipos de esa marca, enseguida aparecían los vendedores de marcas locales por detrás a intentar disuadirlos de dar ese paso. “No, John Deere no que tiene muchos botones y hay que aprender a manejarla. Eso es lo que me decían, era el verso que nos hacían para enchufarnos una Giubergia”, sonríe.
Para Rubén esos años fueron complejos porque no había casi ninguna posibilidad de actualizar los equipos de cosecha, como sucede ahora. “En aquellos años era difícil; por ahí permanecías clavado por 10 o 15 años con una misma cosechadora porque se pensaba que era para toda la vida, pero ya sabemos que la cosa no es así con los fierros”, remarca.
Tanto él como su padre siempre tuvieron eso de sentirse ´contratista afuera´, es decir trabajar para otros que los contrataban y les permitían sostener su vida en el campo, que es finalmente la que les gusta. Rubén nació en el campito familiar, a metros de donde le hacemos la entrevista.
“Yo me acuerdo que manejaba la maquina algunas veces pero también me tocaba cocer bolsas ya que no estaba la costumbre de los carros o chimangos. Recién cuando se empezó a hacer sorgo se apilaban las hileras afuera pero por lo general, cada 50 kilos almacenábamos una bolsa”, manifiesta.

“Ya a los 16 años me fui a trillar a Coronel Suarez, pero solo cosecha fina ya que en los ´60 había solo girasol en cuanto a cosecha gruesa y recién en 1973 comenzó a aparecer sorgo granífero. Además, se sembraba muy poco de todo, capaz que eran sólo 20 o 30 hectáreas”, rememora.
En el galpón de Estación Marucha Rubén cuenta que no entraban mas de 18 mil bolsas de trigo y esa era la cosecha de toda la zona, es decir, lo que hoy hace una maquina en poco más de un día y medio.
“Siempre me gustaron los fierros y por eso todavía los tengo, porque una chacra con fierros a veces no anda pero seguro que sin fierros tampoco anda. Hay que tenerlos. Al que no los tiene se le vuelve más complicado”.
Mirá la entrevista completa a Rubén Ronzitti:
Ahora son sus hijos los que están al mando de la empresa familiar, que por fortuna tiene clientes fieles en toda esa zona y no mueve tanto sus equipos de cosecha como otros contratistas, acostumbrados a recorrer cientos de kilómetros.
De la logística se encarga José Ronzitti. “Esto es todo un engranaje; donde falla algo, se complica. La etapa de cosecha gruesa es como una carrera en la que todos quieren cosechar ya. Por eso hay que tener todo coordinado para que no falle nada”, sostiene.
Su principal preocupación pasa porque todos los clientes tengan el mejor servicio en tiempo y forma. “La cosecha se seca y hay que levantarla lo antes posible. Dentro de 20 días o un mes todos quieren tener su producción levantada por miedo al clima, y en esta época es cuando más se complica por las lluvias”, aclara.
Mirá la entrevista completa a José Ronzitti:
-¿Sentís que la tarea que hacen es valorada por el resto de la sociedad?
-No creo que el Gobierno o la sociedad valoren lo que hacemos, pero sí nos reconforta que los clientes lo hagan. Ellos ven nuestro trabajo y al menos te lo hacen saber- responde José.
La realidad es que los cronistas del agro solemos hablar casi siempre de los productores como eje central de la actividad. También de los exportadores agrícolas o de los investigadores de nuevas tecnologías. Pero nada de todo lo que hacen esos actores tendría mayor sentido sin la tarea de los contratistas que prestan servicios de siembra, pulverización y cosecha. Es un ejército de gente que proviene del propio espacio rural y que se ha especializado en cada una de esas tareas. Que invierte un montón de dinero para mantener actualizados sus equipos. Y que finalmente es sinónimo de arraigo en el medio rural.
Era casi una obligación dar mayor visibilidad al actor más crítico de la cadena agrícola argentina y quizás el más descuidado. Mirá, de la mano de los Ronzitti, el programa de Bichos de Campo dedicado a ellos:
La entrada Contratistas: Desde Curarú, la familia Ronzitti suma tres generaciones en la línea de fuego de las cosechas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Soledad Stadler, una mujer rural en el duro mundo de los contratistas: “Son un eje central en el agro y sin embargo no son tenidos en cuenta”, lamenta se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En 2011 durante su paso por la universidad, Soledad comenzó a involucrarse con el universo de los contratistas rurales y entendió que, a pesar de estar en las raíces de la historia del campo argentino, este sector no tiene representatividad. “Los contratistas son un eje central del agro, son el fusible por el que todo se corta y se rompe. Sin embargo no son tenidos en cuenta. No se sabe cuántos contratistas hay en el país y sin eso es imposible que el Estado cree una política acorde a ellos”, afirmó Stadler a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Soledad Stadler:
En 2019 esta técnica ganó un proyecto de extensión de la Secretaría de Políticas Universitarias vinculado a los contratistas, y despegaron sus ideas de promoción a este actor. Si bien el no tener que depender de la Cámara de Contratistas le representó un gran desafío, Stadler asegura que también le dio más libertad y les permitió empoderarse.
A través de un grupo de Facebook comenzó a ponerse en contacto con contratistas de la provincia y armó una red de acompañamiento y asesoramiento. “Es una gestión constante. Si bien hay objetivos grupales, hay otros personales. Hay muchos que nunca estuvieron en un grupo y surgen todo el tiempo problemas. Por ejemplo, quieren cambiar una maquinaria y yo me veo escribiéndole al banco. Hay que hacer un poco de asesoramiento financiero”, comentó.
Para esta promotora, los contratistas dinamizan el agro y además lo financian. Sin embargo su posibilidad de acceder a un crédito es muy baja y la mayoría ni siquiera quedó incluido en el último censo nacional agropecuario. “Son los principales consumidores de gasoil en el país con los transportistas y aun así no tienen un precio diferencial. Ni tienen capacitación en mano de obra ni en acceso al crédito. Son temas fundamentales”, dijo.
A pesar de ser mujer en un universo que tiene una abrumadora mayoría de hombres, Soledad asegura que siempre fue muy bien recibida en las recorridas por distintas localidades, porque la representación que ella ofrece es distinta a una de tinte gremial.
“Para mí no habría nada sin los contratistas. Si yo estoy acá es porque ellos también me acompañaron y me dejaron ser”, concluyó.
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]]>El software de gestión digital llamado Gema fue diseñado por un contador y por un programador y es exclusivo para contratistas agrícolas. Se trata de un instrumento privado que fue avalado por la facultad de Ciencias Veterinarias de La Pampa en 2015 y que desde el año pasado forma parte de Cambio Rural, un programa que arma grupo de productores y que es manejado por el INTA.
Adrián Sánchez, contador y asesor del grupo de contratistas, explicó en diálogo con Bichos de Campo que “este grupo que se armó y que posteriormente terminó en un grupo de Cambio Rural, ya venía juntándose hace varios años de modo informal. En mi estudio particular tengo tres o cuatro contratistas como clientes, y desde 2007 venimos trabajando en Excel, haciendo gestiones económicas para saber si la actividad era realmente rentable en los servicios de siembra, pulverización y cosecha”.
Mirá la entrevista completa a Adrián Sánchez:
La zona donde trabaja este grupo de contratistas no solo abarca el noreste de La Pampa sino también el oeste de Buenos Aires, y la idea surgió, en palabras de Sánchez, “por la motivación de uno de ellos, para juntar información, no sólo para gestión personal sino también para poder ver un comparativo global. Cinco años después, con un programador que trabaja conmigo, diseñamos una plataforma web para que cada contratista pudiera acceder con un nombre de usuario y clave, pudiera cargar su información de maquinarias, ingresos y costos, y así calcular su rentabilidad. Pero a la vez buscamos que esa información sirva para comparar el promedio del grupo”.
Ver: La agricultura tercerizada: los contratistas ya trabajan sobre 80% del área agrícola
El contador y asesor de los contratistas remarcó el valor de la experiencia colaborativa entre este grupo de prestadores de servicios, y aclaró que “este es un grupo de contratistas que se conocen entre sí, que tienen una afinidad y entonces es más fácil conversar cuando nos juntamos, que lo hacemos por lo general tres o cuatro veces al año, y así evaluar los costos de cada uno”.
“Por ejemplo, si uno gasta más en reparaciones que otro, quizás se refleja en que tiene equipamiento más viejo que requiere más mantenimiento, o bien, si uno paga más intereses que otros, y seguramente eso se deba a que tiene créditos de compra de maquinaria”, mostró.
Para Sánchez, tiene valor propio un grupo de este estilo. “En 2015 había en Crespo,. Entre Ríos, una movida para formar un grupo de contratistas. Si llegaron a hacerlo, nosotros debemos ser el segundo grupo del país. Y a su vez, hay otros grupos formados en Santa Rosa, La Pampa, y en Bragado, Buenos Aires. Y entre los asesores de los tres grupos tenemos contacto y entre quince a veinte días nos juntamos para hacer intercambios”, manifestó.
Queda claro que, según Sánchez, se trata de “cambiar el chip” entre alguien que tiene que sólo quiere competir para ganar clientes, por un espacio solidario donde el intercambio de información y de experiencia les sirva a todos para mejora integral.

De acuerdo al asesor pampeano, que está preparando con este trabajo un proyecto de maestria en la Universidad Nacional de La Pampa, “partimos de que el contratista rural es un tomador de precios. Es decir, los grandes pooles o productores por lo general suelen fijar tarifas, y los contratistas terminan un poco a merced, viendo si les conviene o no tomar esas tarifas. Por eso, esta herramienta de gestión les permite ver dónde están parados y hasta dónde moverse, aceptando o no las condiciones que les da el mercado. Esa es la lógica de Gema”.
Un grupo de contratistas de La Pampa, que eligió asociarse para evaluar sus márgenes económicos, para comparar sus resultados con respecto al promedio global del grupo y así efectuar mejoras personales, y que recurrieron al INTA como modo de darle más despliegue a este emprendimiento asociativo, a través de un grupo de Cambio Rural. Hay veces en que, la unión hace la fuerza, y en este tipo de proyectos, queda demostrado.
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]]>La entrada Jorge Scoppa representa a un actor clave del agro: “Tenemos que cuidar al contratista, porque es único en el mundo” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Tenemos que cuidar al contratista, porque es único en el mundo”, declaró Scoppa a Bichos de Campo en el marco de la última Expoagro. La entrevista se realizó unas horas antes de que la Argentina ingresara en el vértigo del Coronavirus y en estos tiempos de pandemia y cuarentena que coincide, para los contratistas, con la época de mayor trabajo. En rigor, está casi toda la cosecha de soja y maíz por hacer en las próximas semanas.
Mirá la entrevista con Jorge Scoppa:
La mayoría de los contratistas trabajan en la cosecha y cobran un porcentaje de lo recolectado, cosa que les obliga a realizar la tarea de la forma más eficiente posible. Su suerte depende mucho de los éxitos del productor agrícola.
Es así que la coyuntura les impacta en sus números y por ende, en sus inversiones y la posibilidad de renovación de los equipos, que es casi una obsesión. “Cuando un contratista no puede cambiar ni una máquina al año, se siente muy mal porque se queda tecnológicamente”, confirmó Scoppa.
Ver La agricultura tercerizada: los contratistas ya trabajan sobre 80% del área agrícola
“Nosotros, los contratistas, siempre nos vamos a quejar porque queremos invertir año tras año”, destacó el titular de FACMA.
“Tenemos que cuidar la cultura del contratista rural, porque es único en el mundo. Hemos visto de grandes pooles de siembra (de la Argentina) que han ido a otros países como Colombia y luego allí no tienen la maquinaria para trabajar”, ejemplificó. Aquí la situación es buen distinta.
Por eso, Scoppa destacó la importancia de tener políticas oficiales que permitan a los productores trabajar con mayor estabilidad, con reglas de juego claras. “Estos años que los productores rotaron más los cultivos, nos beneficiamos mucho nosotros”, mencionó, elogiando la quita de retenciones y trabas a la exportación que vivió el agro durante parte del gobierno de Cambiemos..
Ver Los contratistas forrajeros empiezan a meter las manos en la bosta
Se calcula que hay entre 10 mil a 11 mil contratistas de todos los rubros de la maquinaria agrícola en el país y unos 4.100 están asociados a FACMA. “Hay mucho para crecer en ese sentido. Es necesario que todos se agrupen porque así es más fácil luchar por acceso al crédito, la única herramienta para hacerse de los equipos”, mencionó Scoppa.
“Tenemos que cuidar al contratista, este actor y cultura única en el mundo”, volvió a remarcar.
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