Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wi631525_new.wp_ppress_plans' doesn't exist]SELECT COUNT(id) FROM wp_ppress_plans WHERE status = 'true'
La entrada Dos empresas argentinas se proponen lograr algodones resistentes a herbicidas mediante la edición génica se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Se trata del primer desarrollo de investigación con edición génica en algodón llevado adelante por dos pymes nacionales que unen sus esfuerzos para ofrecer nuevas tecnologías adaptadas al mercado local”, informaron los nuevos socios en un comunicado.
A diferencia de los eventos GM (que son genéticamente modificados incorporando un rasgo de otro cultivo o especie), la edición génica o CRISPR selecciona genes del ADN propio del cultivo. Suele utilizarse para “editar” un rasgo no deseado, anulando esa característica.

“Para introducir la nueva resistencia usaremos edición genómica, que en nuestro laboratorio nos permite cambiar en forma precisa y dirigida unas pocas bases del genoma de las plantas sin introducir ADN foráneo”, confirmó Lucas Lieber, el gerente general de Bioheuris. Esta empresa está radicada en Rosario, y se presenta como “un startup de biotecnología que desarrolla sistemas de manejo de malezas post GMO en maíz, soja, algodón, arroz, sorgo y alfalfa”. Sus investigaciones están avanzadas y de hecho a fines de abril hizo la presentación de una patente provisional en la Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos (USPTO).
El investigador recalcó que “estos cultivos no son transgénicos”, por lo que su aprobación regulatoria debería ser “más simple y rápida porque los cambios que estamos introduciendo pueden ocurrir en la naturaleza, aunque en baja frecuencia y ocultos a los ojos de nuestros científicos”.
Tratando de despejar temores sobre esta manipulación del ADN, el comunicado recuerda que la Argentina es “el primer país en contar con una normativa específica para productos obtenidos a través de estas tecnologías, un marco regulatorio modelo que ha sido replicado por los principales países del mundo”.
Gensus es una empresa local que maneja el ex semillero Genética Mandiyú, a la sazón la empresa que utilizó la ex Monsanto para introducir en el país la primera variedad de algodón Bt, allá por 1998. En la actualidad es la única firma del país que “ofrece semillas de algodón certificada, servicios de deslintado, tratamiento profesional de semillas y asesoramiento técnico a productores”.
“Esta alianza con Bioheuris se alinea con nuestro propósito como empresa de acercar la mejor genética y tecnologías a los productores de algodón y que se suma al convenio con INTA para la introducción de nuevas variedades”, indicó Pablo Vaquero, presidente de Gensus.
Tres semillas transgénicas para llevar más oxígeno al reavivado algodón
El mercado local de semillas de algodón, según los nuevos socios, “experimenta un fuerte atraso tecnológico en semillas, con sólo dos tecnologías OGM en variedades comerciales de algodón, ambas aprobadas en el país hace más de 20 años. Además, dijeron que de los cuatro eventos de resistencia a herbicidas en algodón disponibles en el mundo, los productores argentinos sólo pueden aprovechar uno, de resistencia al glifosato.
Eso sin contra con una variedad difundida por el territorio algodonero, que nunca fue aprobada por los organismos regulatorios.
“Este es uno de los factores que explican que los rendimientos en algodón estén muy lejos de los obtenidos por los principales productores como Estados Unidos, Brasil y Australia”, explicaron.
¿Y por qué sería bueno contar con nuevas variedades resistentes a los herbicidas? Lógicamente para enfrentar las malezas sin dañar el cultivo del algodón. Al inicio del ciclo, el algodón es un cultivo de desarrollo lento que demora en cerrar el entresurco. Por lo tanto, es muy sensible a la competencia de malezas y presenta un extenso período crítico (ventana de tiempo durante la cual no debería haber malezas para que no se reduzca el rendimiento) que puede llegar a 10 semanas.

“Hay más de 20 especies de malezas de difícil control que pueden producir pérdidas de rendimiento mayores a 50% en este cultivo además de contaminar la fibra desvalorizando fuertemente la misma”, apuntaron los expertos.
El uso de agroquímicos en algodón está restringido a momentos muy específicos de su ciclo de cultivo. Por ejemplo, varios herbicidas que pueden aplicarse antes de la siembra matarían al cultivo si fueran aplicados después de ese momento. “Las tecnologías de resistencia a herbicidas justamente permiten aplicar estos herbicidas sin dañar el cultivo”, se explicó.
La “edición genética”, una nueva técnica que alborota a la industria semillera
Según Lieber, “con edición génica CRISPR es posible optimizar varios genes de resistencia en la misma variedad en forma rápida y económica. En comparación con otras alternativas comerciales, la tecnología que estamos desarrollando con Gensus aporta resistencia a herbicidas que se usan en baja dosis y que son más seguros para el ambiente y las personas”.
En concreto, la combinación de varias fuentes de resistencia permitiría a los productores utilizar mezclas químicas que retrasen la aparición de malezas resistentes, uno de los principales desafíos de la agricultura actual. En rigor, hay cerca de 40 biotipos de yuyos resistentes en la agricultura local, en especial al herbicida glifosato peor también a otros principios activos.
La entrada Dos empresas argentinas se proponen lograr algodones resistentes a herbicidas mediante la edición génica se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Gabriela Levitus nos contó la historia de los transgénicos y ahora relata la llegada de la edición génica se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Nos la cruzamos hace unos días en Salta, donde brindó una charla explicando a los productores locales qué era eso de la edición génica. Allí Levitus contó que hace pocos meses se lanzó en el mercado de los Estados Unidos el primer producto desarrollado con estas nuevas técnicas de la biotecnología: una aceite de soja alto oleico llamado Calyno, que contiene aproximadamente 80% de ácido oleico y hasta 20% menos de ácidos grasos saturados, así como cero gramos de grasas trans, según explicó Calyxt, la empresa que lo desarrolló.
Este primer producto de la edición génica, que es como aquella soja RR que inauguró el periodo de los transgénicos en 1996, no solo es más sano sino que tiene hasta tres veces la vida útil del aceite común que se utiliza para frituras. La soja alto oleico que se utilizó para elaborar las primeras partidas de este aceite ocupó 13.700 hectáreas en el Medio Oeste norteamericano.
“La edición génica ya tienen su primer producto, que es una soja alto oleico para vender el aceite mejorado desde el punto de vista nutricional. Es más parecido a un aceite de oliva que uno de soja”, nos cuenta Gabriela, que como divulgadora trata de hacer explicaciones sencillas de las cosas complejas.
Mirá la entrevista con la directora ejecutiva de Argenbio:
Levitus resume las diferencias entre una y otra tecnología, la que parece vieja y la que resulta novedoxsa. La de los transgénicos consistía en incorporar a una especie genes de otra especie, para obtener una característica específica. En la edición génica, lo que se hace es editar un gen de una misma especie. “Acá (se refiere al aceite) lo único que se hizo es anular una característica haciendo un corte a una cadena de genes. Luego la propia propia célula reparó ese corte. El cambio es tan mínimo que es imperceptible, pero hace que ese gen no se exprese más”, indica la investigadora.
Ver Por la Conabia ya pasaron 17 proyectos de edición génica
En la Argentina, según datos de la Conabia, hay cerca de veinte experimentos que han recibido autorización del gobierno para avanzar. Gabriela confirma que a nivel local “hay muchísimas instituciones que están trabajando en este tipo de desarrollos”, pero no se anima a adelantar cuándo podría salir al mercado local algún producto desarrollado mediante la edición génica.
“Esa es la pregunta del millón y no es por un tema técnico, ni de no querer, ni de falta de políticas. porque hoy es una política nacional la de fomentar este tipo de tecnologías. La verdad es que estamos mirando un poquito lo que pasa en los mercados de exportación. Estamos expectantes a lo que va a hacer Europa (en materia regulatoria) y que es lo que va a hacer China, aunque las últimas noticias desde allí son alentadoras porque China está detrás de varias investigaciones de este tipo”, cuenta la directora de Argenbio.
Gabriela considera que no será tan difícil de contar esta historia de la adopción de la edición génica, como sí resultaron difíciles los primeros años de los cultivos OGM. “Todo el mundo aprendió de lo que ocurrió con los transgénicos, donde perdimos mucho tiempo y se apeló muchas veces a barreras paraarancelarias. Vimos un cuco donde no había un cuco”, sentencia.
Ver Sergio Feingold, del INTA: “La edición génica no es como hacer cerveza artesanal”
Ella, en todo caso, está convencida de que ese cuco no existe. Ni antes ni ahora. Explica que “hoy todo lo que comemos está regulado y esa regulación garantiza que lo que comemos sea seguro. Hace tiempo (con los transgénicos) yo sabía que no había un cuco delante, porque se regulaba muy bien y se sabía qué proteína se introducía y cuáles eran los riesgos asociados. Hoy estos riesgos que parecerían aparecer vinculados a la edición génica son exactamente iguales a los de alimentos que ya estamos comiendo. Porque son los mismos cambios que se generaron por la técnica de la mutagénesis al azar, que es la que genera todo lo que comemos prácticamente”, Cita como ejemplos al trigo duro o el pomelo rosado. “Todos son cambios que se han producido de diferente manera pero con el mismo resultado”, insiste.
Según Levitus, “uno tiene que pensar en el riesgo desde el punto de vista técnico, y la verdad es que no había cuco antes y no hubo cuco después. Lo mismo va a pasar con la edición génica”, nos tranquiliza.
-¿Y cómo te imaginas el futuro gracias a la edición génica?
-Yo no soy fitomejoradora. Pero cuando hablás con los ‘breeders’ se les nota los ojos de emoción, porque ven la posibilidad de hacer de manera bastante simple cosas que antes les resultaban bastante complicadas, sobre todo en términos de la precisión y de cómo se aceleran los tiempos. Pero ojo, no es la panacea. Por eso la base de todo esto siguen siendo los programas de mejoramiento tradicionales, donde se cruza y se selecciona.
La entrada Gabriela Levitus nos contó la historia de los transgénicos y ahora relata la llegada de la edición génica se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Un laboratorio argentino dice haber logrado editar bovinos para que produzcan mejor carne y clones que replican esa característica se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El laboratorio en cuestión se llama Kheiron Biotech y es una empresa bastante reconocida en biotecnologías reproductivas y clonación equina. Según una gacetilla enviada a los medios, ahora “logró hacer realidad la cría de precisión por edición genética en la ganadería argentina”. En el lugar también se están haciendo ensayos con bovinos y porcinos.
“El equipo de científicos de Kheiron Biotech logró revolucionar el sector ganadero a partir del desarrollo -en su laboratorio de última generación ubicado en Pilar, provincia de Buenos Aires- de un concepto innovador en reproducción: el progreso genético de precisión”, dice la información. Alude a una técnica que permite identificar ciertas secuencias de genes existentes en los animales y, mediante la edición génica, definir ejemplares con ciertas características o “mejorados”. Luego, esos animales se multiplican muy rápidamente mediante clonación.
De los caballos deportivos, las investigaciones de esta firma privada saltaron hacia los bovinos. Concretamente empezaron a editar los clones de un toro raza Brangus (foto) que ahora será clonado.

“Específicamente esta investigación se centra en provocar el silenciamiento de la expresión del gen de la miostatina (formalmente conocida como factor 8 de crecimiento y diferenciación), lo cual genera animales con mayor masa muscular y grandes beneficios productivos como carne más magra y mayor producción de proteína por animal. Para llevar adelante este desarrollo se utilizó la herramienta de tijeras genéticas CRISPR-Cas9″, se puntualizó.
Ver Sergio Feingold, del INTA: “La edición génica no es como hacer cerveza artesanal”
El doctor Gabriel Vichera, director científico del laboratorio de Pilar y responsable del proyecto, indicó que la idea -luego de lograr el bovino mejorado- es mutiplicar ese mismo animal usando las técnicas ya más conocidas de la clonación.
“Este fenotipo podría lograrse mediante cruces convencionales pero nos llevaría décadas. Estos resultados representan un gran avance en términos reproductivos y podrían tener un fuerte impacto, ya que la gran ventaja de esta herramienta es que permite obtener ganado con nuevas características genéticas en mucho menor tiempo y de forma no azarosa”, explicó el científico.
La supresión de la miostatina del ADN de los bovinos se confirmó primero en la línea celular utilizada para la clonación y luego en los embriones clones también se verificó la edición del gen.
“El 100% de los embriones analizados fueron específicamente modificados en ambos alelos (copias del gen), demostrando el gran potencial de la plataforma tecnológica, cuya principal ventaja es que, al producir estos animales mediante clonación, la edición genética se produce en todas sus células, hecho que asegura la obtención de las características deseadas”, explicó la información.
A partir de ello, ahora para obtener los animales nacidos se están realizando múltiples transferencias en vacas receptoras en un establecimiento ubicado en San Antonio de Areco llamado Cabaña Doña.
Daniel Sammartino, el CEO del grupo Proinvesa, al que pertenece Kheiron Biotech, señaló: “Esto es solo el inicio. El objetivo final es obtener diferentes rodeos generados mediante clonación y edición genética con características diferenciales, con mayor contenido proteico, resistencia a enfermedades y adaptabilidad a condiciones climáticas adversas”.
Ver Por la Conabia ya pasaron 17 proyectos de edición génica
El proyecto cuenta con el estatus preliminar de “no regulado” por parte de la Dirección Nacional de Biotecnología y la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA), es decir que simplemente se realizó una ruptura en el ADN que evita la expresión del gen en cuestión.
Dichas rupturas pueden ocurrir durante la vida normal de las células, por lo que tienen sistemas de reparación para estos daños. Por esta razón este tipo de animales pueden ser criados y reproducidos a campo sin ningún tipo de requerimiento diferencial y podría obtenerse muy pronto la aprobación para consumo humano.
Kheiron Biotech informó que sus investigaciones han sido financiadas en su totalidad por capitales argentinos. La empresa ya clonó 150 caballos desde 2012. “En 2017 logró el récord mundial de 12 clones del mismo donante en la misma temporada y produjo el primer clon de embriones equinos editados genéticamente en el mundo”, se informó.
La entrada Un laboratorio argentino dice haber logrado editar bovinos para que produzcan mejor carne y clones que replican esa característica se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada La Argentina junta hinchada para que la edición génica no se regule tanto como los OGM se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ver Martín Lema: El regulador de transgénicos cree que todo será más rápido gracias a la edición génica
La Secretaría de Agroindustria informó este lunes que el país presentó formalmente ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) una nueva Declaración en favor de la edición génica, en el marco de la 74° Reunión del Comité de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (SPS) que tuvo lugar en Ginebra, Suiza.
El pronunciamiento de la Argentina contó con el apoyo explícito de diez países hasta el momento. En principio, la avalaron los gobiernos de Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile, ya que la declaración había sido acordada en septiembre pasado durante la reunión del Consejo Agropecuario del Sur (CAS) en Buenos Aires.
Pero una vez que se dio a conocer el contenido de la presentación ante la OMC, el organismo que estbalece reglas para el comercio a nivel global, se recibieron declaraciones de apoyo adicionales por parte las delegaciones de países pertenecientes a otras regiones, incluyendo Canadá, Colombia, Estados Unidos, Sudáfrica y Honduras. Hasta ahora, y como ya es costumbre, el bloque más reticente a no regular los avances de la edición génica es la Unión Europea.
En la declaración impulsada desde la Secretaría de Agroindustria se llama a la comunidad internacional “a reconocer que los productos de estas nuevas biotecnologías pueden ser abordados adecuadamente por los marcos regulatorios y las normas de seguridad existentes, de tal modo que se eviten distinciones arbitrarias respecto a otros equivalentes que se obtienen mediante otros métodos de producción”.
Ver Por la Conabia ya pasaron 17 proyectos de edición génica
En criollo, esto quiere decir que la edición génica -a diferencia de los transgénicos- no incorporar genes de otras especies en determinado ADN, ya que solo se limita a “editar” o “anular” rasgos genéticos de una misma especie. Por lo tanto, este grupo de países considera que las regulaciones para la aprobación de esos cultivos mejorados no debería pasar el exigente tamiz al que han sido sometidos hasta ahora los OGM.
“Los cultivos mejorados por edición génica tienen el potencial de desempeñar un papel fundamental para abordar los desafíos que enfrenta la producción agrícola, contribuyendo a aumentar el suministro de alimentos y otros productos agrícolas, de manera sostenible”, consideró el pronunciamiento liderado por la Argentina.
La entrada La Argentina junta hinchada para que la edición génica no se regule tanto como los OGM se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Lino Barañao sobre la edición génica: “Estamos frente a una tecnología diferente, dirigida y precisa” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Aquí la entrevista completa con el Secretario de Ciencia y Tecnología de la Nación:
Barañao está seguro que los alimentos u productos que puedan obtenerse mediante la edición genética no serán en absoluto menos seguros que los obtentidos por otras técnicas o mejoramiento tradicional. “Caundo apareció la overja Dolly en 1996 (el primer animal clonado del mundo), todos imaginamos que iba a a parecer un ejército de clones humanos. Pero nada de eso sucedió. La realidad es que se ganó más plata escribiedno libros y películas sobre la clonación que con la propia clonación de animales”, ironizó.
Pero aclaró, de todos modos, que para controlar estos desarrollos “está la CONABIA -Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria- en nuestro país, que trabaja en base a la evidencia científica y determina si algo puede lanzarse al mercado”. Hasta ahora, según el ex ministro, ese rol regulador no ha fallado con los transgénicos.
Ver: Santiago Del Solar sobre la edición génica: “La clave es que requiere menos regulaciones”
Barañao consideró que en el caso de los productos que puedan salir por edición génica todo el trámite desregulatorio será más rápido y ágil que con los transgénicos debido a que estos ‘cambios’ -mutaciones- en las especies podrían surgir incluso espontáneamente, tanto en vegetales como animales.
“Hasta la soja resistente a glifosato podría haber salido de forma natural, también. Mirá todas las malezas resistentes que hay”, razonó el repsonsable del sistema científico argentino. Es todo una cuestión de tiempo, pues sla edición génica acelera que aparezca la característica buscada. Que también podría no aparecer nunca. Es evolución.
Por último, Barañao destacó que mediante está técnica podrían generarse nuevas especies más amigables con el medio ambiente, al resistir a plagas y no necesitar la aplicación de químicos.
La entrada Lino Barañao sobre la edición génica: “Estamos frente a una tecnología diferente, dirigida y precisa” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada La “edición genética”, una nueva técnica que alborota a la industria semillera se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Han pasado 22 años desde que en 1995 los Estados Unidos introdujeron el primer cultivo transgénico, la famosa soja RR, que un año después llegó en la Argentina. Aquella biotecnología consiste en introducir un gen de una especie en el ADN de otra, para contagiarle cierto rasgo o característica. Casi un cuarto de siglo después, ninguno de los pronósticos que se escucharon, a favor o en contra, se han cumplido: ni a los hombres nos han crecido enormes senos ni los OGM (Organismos Genéticamente Modificados) han solucionado el problema del hambre en el mundo.
A esta altura de la historia ese debate apunta a quedar abierto y sin zanjar, porque todo indica que ha aparecido una tecnología mucho más revolucionaria que la transgénesis. Se llama “edición genética” y su nombre lo dice todo: se trata de modificar el genoma de cualquier organismo vivo, pero no introduciendo genes de otras especies sino modificando sus propios genes, editándolos. Esto se hace con intensión de realzar ciertas características o para suprimir otras.
En realidad, la edición genética no es algo nuevo: distintos grupos científicos la ensayan desde los años 70, pero con métodos muy rudimentarios e imprecisos. Lo que ocurrió ahora y está provocando una revolución a escala global es que en 2015 se inventó una técnica, llamada Crispr (por su sigla en inglés), basada en la defensa inmunitaria de las bacterias. Permite editar los ADN de modo simple, rápido, eficiente y barato. ¿Qué tan barato? Bueno, para desarrollar un nuevo cultivo transgénico una empresa debía destinar en promedio us$ 180 millones. Ahora alguien podría editar una semilla con un gasto de apenas us$ 75.
Historia: Qué es CRISPR y por qué es tan importante para nuestro futuro
Para espantar fantasmas de antemano hay que decir que este desarrollo no fue realizado por grandes laboratorios multinacionales sino por cinco jóvenes científicos (entre ellos el argentino Luciano Marraffini, que trabaja en la Universidad Rockefeller, en Nueva York) que bien podrían ganar muy pronto el premio Nobel.
En su oficina de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), Miguel Rapela, gerente de esa entidad, se entusiasma con el campo de acción que se abre para la agricultura a partir de esta nueva tecnología. Se para frente a un afiche que muestra decenas de variedades de maíz y dice que la edición genética podría acelerar muchísimo los tiempos que se necesitan para obtener una variedad del cultivo por vía del mejoramiento convencional. ¿Cómo se hace hasta ahora? Como a través de los siglos: se cruzan a campo dos maíces durante varios años, para que uno tome cierta características del otro.
“Lo que va a ocurrir con esta nueva tecnología es que los procesos de mejora de los cultivos van a ser mucho más rápidos y van a estar al alcance de muchas más personas”, dice Rapela. En rigor, en la breve historia de los cultivos transgénicos la obtención de nuevos OGM estuvo ligada casi en exclusividad a las grandes semilleras globales, como Monsanto, Syngenta o Basf, ya que los costos resultaban prohibitivos para la mayoría de las instituciones públicas o universitarias.
Ahora en cambio, suceden cosas como ésta: el científico Adrián Mutto y su grupo del Inta de Balcarce, ha editado los genes de siete vacas Holando para que sus crías, que nacerían en febrero de 2018, puedan producir leche sin alérgenos. “No serán transgénicos”, subrayó el científico, que además pretende generar cerdos modificados mediante edición como modelos para estudiar diversas enfermedades humanas, u otros que tendrían un rendimiento superior en carne.
Hasta la irrupción del Crispr, buena parte de los costos que debían afrontar los investigadores tenían mucho que ver con las regulaciones para liberar los nuevos eventos al mercado, ya que los Estados exigen numerosos ensayos a campo y una seria de análisis de riesgo antes de aprobar un OGM. El nuevo método no solo resultó revolucionario por su eficacia para editar un ADN con bajos presupuestos al alcance de cualquier laboratorio medianamente equipado.
Luciano Marraffini, el argentino que podría ganar el Premio Nobel
La técnica podría causar más alboroto por el hecho de que los Estados ya no estarán frente a un transgénico sino delante de un “cisgénico”, como se denomina a la modificación genética de un organismo que recibe un gen natural que proviene de otro organismo sexualmente compatible, o de la misma especie. Ante el dilema, todo el sistema regulatorio también quedó bajo revisión.
Como ya sucedió a principios de los ‘90, con la creación de la Comisión Nacional de Biotecnología Agrícola (Conabia), el organismo encargado de regular en materia de transgénesis productiva, la Argentina se anticipó a ese debate y dictó la Resolución 173/2015, que determina qué hacer frente a las nuevas solicitudes de su sistema científico.
La Conabia recibió ya varios pedidos y lo que debe decidir ante cada caso es si aplica sobre ellos regulaciones tan intensas como las que exige a los transgénicos. Todo dependerá del grado de edición que se haya efectuado. Si es escaso, el proceso se asemejará al de un cultivo convencional que no requiere de permisos adicionales. Si son cambios grandes, se lo considerará un OGM y por tanto se lo someterá a las reglas de la Conabia.
El esquema regulatorio se debate a escala planetaria y habrá que estar muy atentos a la posición que asuman China y los países de la Unión Europea. En materia de transgénicos, las prevenciones exageradas de esas potencias demoró mucho la introducción de nuevas variedades. Es un escenario que quiere evitarse con las semillas editadas.
De todos modos, como sucedió con la soja RR o el maíz Bt que hoy se siembran en la Argentina, Estados Unidos volvió a picar en punta y ya liberó dos cultivos logrados mediante edición genética. Son una colza y un lino resistentes a herbicidas. La semillera Pionner, líder en ese mercado, prepara además un maíz industrial con alto contenido de almidón para producir pegamento.
Artículo publicado por la agencia Télam en el suplemento Agro del 22 de septiembre de 2017
La entrada La “edición genética”, una nueva técnica que alborota a la industria semillera se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>