Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wi631525_new.wp_ppress_plans' doesn't exist]SELECT COUNT(id) FROM wp_ppress_plans WHERE status = 'true'
La entrada Retrocede la siembra directa y Aapresid lanza una indirecta: Che bolú, “cada labranza que hagamos nos retrotrae al día cero” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Se necesitan al menos 20 años sin intervenciones del suelo para alcanzar la estabilidad del sistema y lograr que se visibilicen todos los beneficios de la Siembra Directa. Cada labranza que hagamos nos retrotrae al día cero”, indicaron desde Aapresid en tono de lamento.
Quizás uno de los puntos de mayor alerta esté en que la remoción del suelo que se produce con este tipo de manejo genera caídas en los niveles de carbono del mismo, a la vez que aumenta la aireación del suelo. Esto favorece la formación de estructuras laminares más densas que dificultan el desarrollo de raíces y la normal infiltración del agua.

Según señaló la entidad, esto genera un círculo vicioso, ya que como solución a ese efecto no deseado, el productor usa labranzas para romper esas láminas, aumentando la oxigenación y combustión de materia orgánica, logrando una remediación en el corto plazo. Sin embargo, con las sucesivas lluvias estos minerales libres se reacomodan nuevamente y vuelven a formar dichas estructuras.
“La roturación de los suelos, por más mínima que sea, produce la oxidación de la materia orgánica y liberación a la atmósfera de dióxido de carbono. En concordancia con la gran preocupación a nivel mundial por el carbono resulta claro que necesitamos reemplazar el concepto de romper capas densas con el de recarbonizar y reagregar los suelos, para lograr sistemas de producción más sustentables”, afirmaron.
En este sentido, la alternativa más óptima continúa siendo la incorporación de cultivos de servicio, o de cobertura, a las rotaciones tradicionales, para aumentar la actividad biológica del suelo y la captura de carbono.

“En investigaciones llevadas adelante en conjunto con FAUBA y Lares, hemos podido demostrar que se puede reducir un 50% de las unidades toxicológicas y un 34% de las aplicaciones de fitosanitarios por medio de la agricultura siempre verde. Aquí los cultivos de servicio juegan un rol primordial en el control de malezas, siendo éste uno de sus numerosos servicios ecosistémicos. Por medio de una intensificación diversificada de cultivos podemos lograr un eficiente control de malezas, y a la vez disminuir la presión de selección de malezas resistentes que se viene generando por medio del control químico”, remarcaron.
Finalmente, desde Aapresid concluyeron que “el abordaje de los sistemas requiere de un enfoque integrado y largoplacista y no de una mirada reduccionista, donde se resuelven problemáticas a corto plazo a costa del deterioro de los recursos. Reemplazar la labranza por raíces vivas el mayor tiempo posible en función de cada ambiente edafoclimático, es sin dudas la mejor opción en la búsqueda de soluciones sustentables, priorizando la salud de nuestro recurso suelo”.
La entrada Retrocede la siembra directa y Aapresid lanza una indirecta: Che bolú, “cada labranza que hagamos nos retrotrae al día cero” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada En el centro del debate agronómico, el maní se defiende: “Con buenas prácticas agrícolas, el cultivo es sustentable” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En territorio bonaerense se lo acusa especialmente de provocar la voladura de muchos campos, y hay presiones de agrónomos y especialistas para que el gobierno de la Provincia adopte normas más rígidas frente al avance del cultivo, como sucede por ejemplo en La Pampa.
Sin escapar de esta discusión, los productores agrupados en la Cámara Argentina del Maní salieron a establecer su posición, enfatizando que siempre que se hagan bien las cosas, el cultivo es absolutamente sustentable.
“En Argentina, se cultivan cada año aproximadamente 400 mil hectáreas de maní, en un proceso en el que anualmente se van añadiendo nuevas zonas productivas al incorporar las BPA (Buenas Prácticas Agricolas) y establecer un esquema de rotación cada 4 años, como por ejemplo el norte de la provincia de Buenos Aires”, aseguró un comunicado de la cámara.
Luego los maniseros indicaron que no les queda otra que crecer fuera de Córdoba. “La expansión de la frontera productiva es un factor clave para sostener y apuntalar el proceso de crecimiento de una cadena que en 2020 exportó por 1.000 millones de dólares y se transformó en la economía regional que más divisas trae al país”.
En ese sentido, la Cámara Argentina del Maní informó que “viene realizando un trabajo en profundidad para reducir al mínimo los riesgos productivos y ambientales que en muchas ocasiones se suelen asociar a este cultivo”. Consideró que esos peligros “en realidad están vinculados a la ejecución de prácticas agronómicas inadecuadas de cualquier cultivo”.
“El cultivo de maní es sustentable siempre que -como ocurre con cualquier otro cultivo- se realice bajo buenas prácticas agrícolas. Además, las técnicas y tecnologías utilizadas han evolucionado a lo largo de los años y nada tienen que ver con las que se utilizaban en el pasado”, recordaron los productores de este grano.
Lo que más se cuestiona del maní es su forma de cosecha: como la cápsula que contiene el grano crece bajo tierra, para cosecharlo es necesario primero arrancar y dar vuelta la planta, afectando el suelo que la contiene. En zonas donde hay fuertes vientos o existen desniveles, esto deja los campos a merced de la erosión por agua o viento, con la consecuente posibilidad de pérdida de la materia orgánica.
Pero los maniseros también tienen argumentos a su favor. Por un lado, recordaron que “botánicamente el maní es una leguminosa, lo que significa que mejora la carga de nutrientes de los suelos por su capacidad de fijar el nitrógeno del aire”.
Además indicaron que “el maní hoy en día se implanta con laboreo mínimo o siembra directa en el caso de que el cultivo antecesor lo permita. Es decir, no genera una alteración de la estructura del suelo diferente a la que provocan otros cultivos”.
“De todos modos, el factor a remarcar es que la sustentabilidad del maní depende de la sustentabilidad que tenga la rotación: es un cultivo que se integra dentro de un plan de largo plazo, pensando en coberturas permanentes para evitar las voladuras de los suelos”, aclaró la Cámara, dando cuenta de que conoce la principal crítica que se le hace al cultivo.

En ese sentido, se subrayó que “el arrancado es una práctica inherente al maní: no existe otra forma de cosecharlo. Por eso, el sembrado inmediato de un cultivo de cobertura posterior a este momento es esencial. Las gramíneas de invierno, como el centeno, son una buena opción por el entretejido verde que generan y disminuyen los riesgos de erosión eólica”.
En este aspecto, los maniseros -que en general son grandes empresas integradas, aunque también existen productores independientes- dijeron que junto al INTA “se realizan de manera permanente investigaciones para aportar más opciones que permitan ajustar las prácticas y seguir mejorando la producción del maní, con el foco en que tenga el menor impacto ambiental posible”.
“Los estudios realizados a lo largo de los años demuestran que, incluyendo al maní en la rotación en períodos que van entre cuatro y cinco años, no solo no se afectan los cultivos posteriores ni el estado de los suelos, sino que el productor obtiene importantes recursos económicos”, se subrayó.
La entrada En el centro del debate agronómico, el maní se defiende: “Con buenas prácticas agrícolas, el cultivo es sustentable” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada ¿Qué hacer si tu campo quedó dentro de un periurbano donde se prohíben los agroquímicos? En Córdoba, el INTA ensayó una serie de opciones para que siga siendo productivo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>De este gran anticipación dio cuenta Juan Pablo Ioele, ingeniero agrónomo y Jefe de la Agencia de Experimentación Rural del INTA Corral de Bustos, en el departamento de Marcos Juárez, provincia de Córdoba. Desde 2012, Ioele y otros extensionistas vienen investigando sobre formas alternativas de producción en los periurbanos donde el conflicto por el uso de agroquímicos se ha ido generalizando.
“Tuvimos zonas muy complicadas, con mucha presión social sobre la actividad agropecuaria. Desde la extensión absorbimos esa demanda y comenzamos a trabajar para dar soluciones”, contó esta experiencia el ingeniero a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa acá:
El primer paso para tratar de dar respuesta fue armar un módulo de experimentación que fuera lo más parecido posible al modelo del productor de la región, teniendo como objetivo que se pudiera seguir comercializando esa producción con facilidad. Para eso los técnicos del INTA comenzaron a implementar rotaciones de cultivos que fueran comunes en la zona sur de Córdoba, que es de gran aptitud agrícola. Claro que tenían que prescindir en un 100% del uso de agroquímicos.
Ioele explicó que “nos encontramos con un problema. Los agroquímicos nos vinieron a solucionar muchas cuestiones del manejo que cuando no las tenés, te das cuenta de lo importantes que son. Así que en principio tuvimos problemas muy fuertes con algunas de las rotaciones que habíamos implementado. Ahí fue que empezó la idea de armar cultivos de servicio, que en realidad son los que te permiten hacer otro cultivo” para tener cubierta la superficie del lote todo el año y prescindir de algunas aplicaciones sobre el barbecho químico.
En ese momento, los cultivos de servicio o de cobertura no tenían la popularidad con la que hoy cuentan, y por eso fue una idea más que innovadora. ¿Cuál es esa idea? Hacer un cultivo que tiene menos renta o ni siquiera la tiene, pero que presta un servicio ecosistémico a la hora de preparar el ambiente a los fines de lograr el cultivo que sí se intenta conseguir. Por ejemplo, la vicia aporta Nitrógeno a los suelos que luego van a sembrarse con una soja o maíz.
“Uno de los que hicimos desde el principio fue la alfalfa. El productor de la zona está acostumbrado a manejar herramientas con la alfalfa y no agroquímicos, con lo cual fue mucho más sencillo. Encima el rollo hoy tiene precio. Pasó a ser una muy buena alternativa”, afirmó el agrónomo.
-¿La alfalfa no requiere de ningún tipo de aplicación?- le preguntamos.
-Obviamente que sí, si vos querés hacerla con todo. Vos siempre que estás trabajando en un lugar impedido de pulverizaciones, sabés que tu margen productivo será un poco diferente y estará dañado en algún punto. No tenés limitantes productiva sino sociales, con lo cual es lo mismo. Tenés que adaptarlas como limitante del sistema. Y no vas a tener un cultivo perfecto, pero si uno rentable.
En esos ensayos del INTA de Córdoba luego probaron ajustar este modelo a la agricultura más extensiva, y trabajaron con la vicia como rotación del maíz. El resultado fue exitoso. “La vicia cubre el suelo para que no llegue luz, aporta nitrógeno y materia orgánica. Nos ahorra herbicida y fertilizantes”, afirmó Ioele.

–A partir de toda esta experiencia, ¿han tenido casos exitosos?
-Sí. El más emblemático es el de Corral de Bustos. Allí lo que hicimos fue identificar cuáles eran los productores del periurbano, los hicimos trabajar en equipo junto al grupo de Cambio Rural y un asesor fitosanitario, que es el que regula en comunión con la municipalidad qué se aplica, cómo se aplica y cuándo se aplica. Hoy existe un registro para que el pueblo se meta y vea como se trabaja. Hay soluciones, lo que tiene que haber es ganas de trabajar entre todos.
-¿Crees que ese modelo se puede replicar en todos los pueblos si hubiera vocación de hacerlo?
-Exactamente. Tiene que haber vocación, dialogo e intereses puestos en esto. Porque hoy el periurbano es un lugar de muchísima visibilidad y muchas veces es usado como una herramienta política, para trabajar en contra o a favor de lo que se está haciendo. Hay que trabajar con todos los actores. Nosotros tenemos actores de la política, de la medicina, de los colegios, no solamente de la parte productiva, sino también de la parte urbana para que todos en comunión encontremos la vuelta.
La entrada ¿Qué hacer si tu campo quedó dentro de un periurbano donde se prohíben los agroquímicos? En Córdoba, el INTA ensayó una serie de opciones para que siga siendo productivo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada David Roggero, el presidente de Aapresid, advierte sobre la ‘maización’, que sería la ‘sojización’ a la inversa. “Eso tampoco es bueno; los desequilibrios son malos”, avisa se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Roggero es productor de la localidad cordobesa de Laboulaye y fue elegido en una situación inédita para la entidad, ya que por primera en treinta años de historia vez habían presentado dos listas. Tiene mandato hasta 2023.
En una entrevista con Bichos de Campo, el presidente de Aapresid repasa cuáles serán los ejes de su gestión y cómo ve a la producción agrícola actual en la Argentina. También deja una opinión sobre el impacto de las medidas del gobierno sobre el sector.
-¿Cuál es la agenda de Aapresid y el eje de su gestión?
-Desde fines de febrero estamos llevando adelante esta nueva gestión y los primero que me gustaría decir es que estamos tratando de representar a la masa societaria y espíritu de la entidad, que está plasmado hace varios años en un plan estratégico que rige las normas y actividades que se llevan adelante. La institución tiene muy presente lo referido a la innovación y para eso hay que ser lo suficientemente ágil y flexible para ajustar el rumbo en los casos cuando la situación lo amerite. Eso a modo general. A modo particular, seguimos haciendo mucho foco en ser referentes tecnológicos en una metodología (se refiere a la siembra directa) que en Argentina está implementada en más del 90% de la superficie agrícola. La realidad es que a nivel mundial sólo 10% (del área agrícola) está bajo esta norma de la siembra directa. Uno de esos grandes desafíos es mostrarle al mundo que el camino para cuidar el planeta y el mundo es el de la no labranza.
-Aapresid viene destacando la necesidad de producir e modo más amigable con el medio ambiente. ¿De qué trata el protocolo de agricultura sustentable que han lanzado?
-Esa es una de las varias actividades que tenemos, pero todas tienen como norte el cuidado del recurso suelo. Una de las características que distingue a la institución es ser parte y tener un estándar o protocolo de agricultura sustentable certificada, que es una rareza a nivel mundial. Son pocas las instituciones a nivel mundial que pueden hacer uso de esta herramienta, es algo que nos distingue y nos llena de orgullo. Es un cumplimiento de reglas legales, productivas y ambientales.
-¿Y qué significa hacer agricultura de forma sustentable?
-Para arrancar este análisis es importante destacar que la palabra sustentabilidad comprende tres grandes ejes, lo productivo, los ambiental y lo social, y eso es un desafío. Creemos que hay caminos para hacer una agricultura más sustentable que otra agricultura. Esa sería la manera apropiada de referirse a ellos. Tenemos una serie de pautas o indicadores que nos permiten decir que sabemos cómo hacer una agricultura más sustentable que otra. Por ejemplo, la no labranza es la primera característica que la institución pregona.

-¿Pero además hay otras características?
-El sistema se basa en la no labranza, la rotación de cultivos, el uso eficiente y criterioso de fitosanitarios y un balance adecuado de nutrientes del recurso suelo.
-El gobierno viene tomando medidas contrarias al desarrollo productivo… ¿Crees que esas medidas, como por ejemplo la posibilidad de suban las retenciones, pueden poner en riesgo o amenazar la rotación de cultivos y todas las iniciativas que pretende llevar adelante Aapresid?
-Así como como hubo un fenomenal cambio de paradigma en la producción de alimentos, fibras y energía -a nivel planeta hace no más de 30 o 40 años que fue el de no labrar el suelo-, hoy estamos inmersos como institución en transmitir el concepto de la intensificación sustentable, el de la rotación. Esto significa tener la mayor cantidad de cultivos vivos sobre la superficie del suelo. Y para lograr eso me baso en dos ejemplos. Uno, de acuerdo con la condición climática o de suelo, podría ser tener el suelo cubierto con cultivos de renta, cultivos que vamos a cosechar y comercializar, un determinado grano. Pero es cierto que no todas las regiones son iguales y algunas quizás no puedan hacer dos cultivos. En esos lugares sugerimos llevar adelante los cultivos de servicio y no de renta, que son los que nos van a brindar un sistema ecosistémico, que no es la producción de granos pero sí mejor infiltración del suelo, mejor actividad biológica, mejor fijación de nitrógeno, solo por citar dos o tres características de estos cultivos.

-Cualquier decisión que se tome a nivel estatal que perjudique o desincentive el uso de estos cultivos de renta o de servicio impacta en la salud del suelo y en el planeta. Da la impresión de que el sector privado le tiende la mano al público pero este se lo quita…
-Eso lo dejo a tu interpretación, nosotros tratamos de basarnos en lo técnico y tratar de dar respuestas a la sociedad en su conjunto. Lo que intentamos es siempre ir por el dato positivo: ayudémonos si realmente tenemos intenciones de cuidar nuestra casa y medio ambiente
-¿Cómo ves la relación maíz-soja? La Bolsa de Comercio de Rosario dijo que este era el año del maíz y la soja a su vez viene perdiendo terreno.
-Vivimos en un lugar que tiene características especiales. Si uno se fuera 5 o 7 años atrás diríamos que esto que acabás de mencionar sería la demonización del cultivo. Pero lejos de estar preocupado deberíamos estar contentos. Mirando desde lo técnico-científico, y asociado el cuidado de la salud del suelo, debería ser muy bien visto esto de que la mitad de la producción de granos del verano salga de una gramínea y la otra mitad de una leguminosa. Desde ese lugar está bien, pero el problema es que esto se da por una cuestión de números asociados al negocio y esperemos que esto no termine convirtiéndose en una “maización”. Eso no es bueno. Los desequilibrios son malos. En buena hora hoy podemos estar de alguna manera equilibrados en esto de maíz y soja, pero eso se da por estas reglas de juego que se van cambiando a lo largo del tiempo en nuestro país.
La entrada David Roggero, el presidente de Aapresid, advierte sobre la ‘maización’, que sería la ‘sojización’ a la inversa. “Eso tampoco es bueno; los desequilibrios son malos”, avisa se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Carolina Estelrrich, una agrónoma con la cabeza “enviciada”: Por tres campañas, comparó la agricultura convencional contra una con cultivos de cobertura y otra sin insumos químicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>
No es tan broma. Durante tres campañas consecutivas, en la Chacra Experimental Bellocq del Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense, Carolina y el agronómo del INTA Gonzalo Pérez compararon los resultados (económicos, productivos y ambientales) de los tres planteos entre los cuales se debate actualmente la agricultura argentina: uno convencional con agroquímicos, otro que intenta reemplazar ese insumo por cultivos de cobertura y el tercero que prescinde totalmente de ellos, uno de los mandamientos de la “agroecología”.
Carolina sabe que su tarea es importante, se la nota orgullosa de lo que hace y desde dónde lo hace, una experimental del Estado. Recibida de ingeniera agrónoma en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) hace apenas seis años, decidió irse a vivir y trabajar en esa chacra del gobierno bonaerense, de unas 470 hectáreas, equidistante entre Carlos Casares, Pehuajó, Henderson y Bolívar, en el centro-oeste de la provincia. Esa era en algún momento una zona de campos mixtos, donde había mucha ganadería que alternaba con la agricultura. Pero como la tierra es muy fértil, la penetración de la soja fue potente y las vacas quedaron relegadas a las zonas marginales. La agricultura convencional domina ahora casi todo el escenario.
Nacida en Bolívar, cerca de allí, y con solo 27 años a cuestas (ahora tiene 30), Carolina encaró una investigación de la cual hace poco se presentaron los primeros resultados. Fue necesario esperar tres campañas para sacar las primeras conclusiones, porque lo que se comparó fueron tres esquemas de rotación tradicionales en la zona, que duran ese tiempo.

Sobre parcelas de 10 por 30 metros, nos cuenta la agrónoma, “planificamos una rotación tradicional, otra a la que le sumamos cultivos de cobertura, y otra que es igual a segunda pero que a la que desde el vamos no le pusimos insecticidas, ni fertilizantes”.
Carolina tiene la cabeza “enviciada”. Pero se cuida mucho de llamar a este tercer modelo como “agroecológico”. Tiene sus razones. A la luz de los resultados teme que su informe sea utilizado como un arma en una batalla que ella no quiere pelear: la que enfrenta a los que defienden los insumos químicos y a los que los deploran.
Sucede que lo que está mostrando este ensayo por primera vez son los márgenes que se pueden obtener prescindiendo de agroquímicos y fertilizantes en un planteo agrícola que incluye la soja y el maíz, los dos principales cultivos de la Argentina. Hasta ahora, los promotores de la agroecología basan sus números más favorables sobre todo en la experiencia de varios campos más ganaderos que agrícolas. Y las únicas cifras “oficiales” surgen de la Chacra Barrow, ubicada en Tres Arroyos. Allí, la gente del INTA también hizo comparaciones, pero rotando el trigo tradicional de la zona con ganadería bovina, que devuelve nutrientes.
En Casares la cosa es totalmente diferente. “Acá no podíamos decirla a los productores que se pusiesen a repetir ese esquema en suelos con un potencial impresionante”, explicó Carolina.
Luego de ocho años de ensayos, el INTA mostró los resultados económicos de la agroecología
-¿Y por qué te resistís a decir que el planteo sin agroquímicos ni fertilizantes es agroecológico?
-En su momento nos parecía que el desafío era ver cómo desarrollar una agricultura continua con un menor uso de insumos. Nosotros lo planteamos así y entonces arrancamos con una visión equivocada de la agroecología. Una conclusión importante es que si querés producir de manera agroecológica no tiene que ser con este planteo- nos respondió la joven investigadora, que se muestra muy consciente de que los resultados de sus ensayos podrían ser utilizados por quienes desacreditan ese movimiento con el argumento de que, sin insumos químicos, se reducen sensiblemente la productividad por hectárea y, en consecuencia, los márgenes brutos de las empresas agrícolas.

“Se ha tornado todo en un River-Boca. Eso nos limita a poder avanzar y de manera más seria”, dice Carolina, que no quiere formar parte de ese debate, pero tampoco esconde los resultados. Entre las tres parcelas comparativas “la que más ruido hace es la que no tiene insumos, que es insostenible. La presión de malezas es tal que no la podés controlar”, asume. En cambio, se mostró bastante más satisfecha con el segundo de los planteos, el que incluyó cultivos de cobertura. Este es el resumen de los rendimientos obtenidos.

“En la primera campaña no hubo demasiada diferencia de rendimientos, pero el lote venía limpio, con malezas controladas con herbicidas”, relata la técnica. La brecha de rendimientos luego se fue ampliando a favor del planteo convencional con agroquímicos. El planteo intermedio -cultivos de servicio con aplicaciones puntuales- hizo un papel más que decoroso, aunque algún resultado pudo haber caído porque esos cultivos utilizados (vicia y centeno) consumen algo de agua.
Los detalles técnicos y números precisos sobre los rendimientos pueden encontrarse en este informe completo publicado por el Ministerio de Desarrollo Agrario y el INTA, a partir de la página 109. Pero desde ya hablamos de niveles de rendimientos iniciales elevados, frecuentes en la región, de más de 6.000 kilos para el trigo, unos 3.500 para la soja y cerca de 10.000 para el maíz.
Un argumento frecuente de la “agroecología” para defenderse de la acusación de ser menos productiva que la agricultura convencional, como este ensayo confirma, es que lo que se deben mirar son los costos y márgenes. En el caso de esta investigación, las cuentas finales para los diferentes cultivos en el final de la rotación (la campaña 2019/20), muestran que prescindir de los agroquímicos y fertilizantes no siempre significa reducir el nivel de costos. Y por tanto no mejorar los números finales.

“En el tratamiento sin químicos cambia la estructura de costos: por ejemplo crecen las labores en trigo, o con la semilla de la vicia y además hay un costo más en la siembra de cultivos de cobertura. Pero a la vez disminuye la compra de herbicidas en planteos de cobertura. Es decir, en estos esquemas si bien bajo el uso de insumos, tengo que controlar malezas con pasada de disco y los valores se incrementan mucho”, nos explica Carolina.
La joven agrónoma tiene la cabeza “enviciada”. Le surgen nuevos modos de pensar que quizás incomoden a muchos.
“Debatimos mucho entre colegas sobre esto. ¿Por qué el productor tiene que asumir tanto el cuidado de la Naturaleza? En ese sentido creo que nos falta evolucionar un poco. ¿Por qué tenemos solo ese razonamiento de maximizar ingresos por unidad de superficie? En ese maximizar pasan en el camino un montón de cosas…”
Un capítulo de este ensayo se dedicó justamente a buscar los costos ocultos que no forman parte del resultado económico. Hicieron un balance parcial de nitrógeno y de fosforo para cada rotación y el duro descubrimiento es que dicho balance fue casi siempre negativo. “En el tratamiento con cultivos de coberturas contemplamos el aporte de nitrógeno de la vicia y la historia es distinta porque puedo ir disminuyendo los kilos de urea”, aclara Carolina. Los cultivos de servicio también juegan un rol importante en los planteos sin químicos añadidos. En el caso del fósforo solo hubo saldos favorables en el caso del trigo.

“El desafío es encontrar fuentes orgánicas de fácil acceso en la zona y factible distribución en el lote, que agreguen nutrientes a este tratamiento, a los fines de mantener la premisa de no uso de insumos de origen inorgánico”, definirá luego el informe técnico, mostrando una de las grandes debilidades de los planteos agroecológicos en la agricultura continua, sin ganadería.
Una vez mas el enfoque de los cultivos de cobertura combinado con insumos externos cuando se precisen es el que se acerca un poquito más a la situación ideal.
En este punto, otro flanco interesante del ensayo fue una medición de la biomasa, o la cantidad de materia seca de cada hectárea en cada tramo de la rotación. Carolina dice que esto importa por la generación de Carbono, que a corto o largo plazo terminará impactando en el contenido de materia orgánica de los suelo. Ganan aquí por lejos los dos planteos que utilizan cultivos de cobertura.

Por lógica, donde los dos sistemas alternativos a la agricultura convencional sacan mayor ventaja es en la cantidad de aplicaciones realizadas, que se eliminan por completo en el planteo sin agroquímicos y se van reduciendo sustancialmente en el esquema de cultivos de cobertura. El gráfico que nos muestra Carolina es que en este planteo la cosa recién comienza, pues las aplicaciones se van reduciendo paulatinamente hasta desaparecer en la tercera campaña de la rotación.

Carolina es una ingeniera agrónoma con la cabeza definitivamente “enviciada”. Enfatiza que todo debe ser encarado como un proceso en el que sirven muy poco los mandamientos preestablecidos. En el caso del planteo pseudo-agroecológico no llegaron ni siquiera a poder plantar la soja de segunda por la competencia feroz de las malezas incontrolables.
“Iniciamos con una visón errada del que piensa que lo agroecológico es no usar ningún insumo desde el vamos. En realidad es una transición, que requiere de mucha rotación”, explica. “Es un camino que hay que recorrer. No se puede hacer nada de la noche a la mañana”, abunda.
Sus primeras conclusiones, luego de tres años de mediciones, son que para mantener el suelo hay que diversificar especies y para eso es bueno utilizar cultivos de cobertura. Eso ayuda a generar carbono y competir con las malezas. Además los herbicidas residuales empiezan a disminuir desde un primer momento. “Con el paso de las campañas vemos que se puede reducir el uso de glifosato”, exclama la agrónoma. El glifo ha sido el hueso más duro de roer hasta aquí en este camino.

Por otro lado, si en la rotación se incorporan leguminosas, esto permite equilibrar un poco más el balance de nutrientes. De todos modos, hay que pensar en otras opciones, pues sumar cultivos de cobertura no siempre alcanza, para erradicar por completo la fertilización química. Carolina dice que habría que pensar en insumos orgánicos que puedan compensar la extracción de nutrientes que hacen los granos.
Carolina, que tiene la cabeza “enviciada” del todo, está contenta porque para la nueva campaña (la primera de un nuevo periodo de rotación) están incorporando al equipo a un becario que comenzará a evaluar los parámetros físicos del suelo, También van a analizar la biología del suelo. Son las patas que le faltan a estos ensayos, además de tiempo, para comenzar a arrojar conclusiones más rigurosas.
“Con este trabajo intentamos ver algunos parámetros productivos, económicos y ambientales, pero no hay que olvidarse de la pata social. No puede ser que no pensemos en nosotros mismos. Al productor yo le digo: ¿vos te subirías todo el día a manejar una pulverizadora? Yo no lo haría ni quisiera que lo hagan mi papá o mi hermano”, define la joven. Y eso da pie a otros pensamientos.

Carolina detesta los dogmatismos. Pero define que “lo que está más claro es que siempre hay que tener presente el cuidado del suelo. A partir de ahí es como si nos cuidáramos todos los seres vivos. Cada productor tendrá luego posibilidades distintas de encarar su tránsito. Pero hay que tener claro que es un camino y que hay que transitar un proceso de conversión”.
-¿Y vos fuiste modificando tus posturas sobre la agroecología a medida que hacían este ensayo?
-En Bolívar hay bastante movida agroecológica, bastantes productores. Cuando me recibí me invitaron a una reunión y pensé ‘estos tipos están locos, resulta imposible producir sin insumos químicos’. Me di cuenta de que estaba equivocada. Pero creo que mi mente me da la posibilidad de decir me equivoqué e ir aprendiendo. Eso nos hace falta a los argentinos en un montón de temas. También tengo claro que este no es mi propio campo.
-¿Y qué harías si este, en vez de un lugar experimental, fuera tu propio campo?
-Si tuviese un campo trataría de tener todo el año el suelo cubierto. En el fondo la solución al antiguo problema del suelo es volver al esquema de rotaciones entre la agricultura y la ganadería, con cuatro o cinco de pasturas. En realidad es un poco eso más, que pensar en erradicar la soja.
Carolina tiene la cabeza “enviciada”. Su vicio es sentir, pensar y tratar de hacer las cosas de modo diferente a como muchos las vienen haciendo, aunque tampoco le gusta que la encasillen como agroecologista. Ella es una orgullosa ingeniera agrónoma. Ha empezado a disfrutar ser eso.
“Es para hablar tres días seguidos y capaz no vamos a llegar a ninguna conclusión. Pero es divertido. A mi de alguna manera esta experiencia me renovó las ganas de ser ingeniera agrónoma. Me parecía un poco aburrido. Y más acá, en este zona, donde tenés tres o cuatro cultivos todos los años: maíz, soja, girasol, trigo y siempre hechos de la misma manera… Esto de caminar hacia la agroecología le puso un poco de sentido a mi profesión”.
La entrada Carolina Estelrrich, una agrónoma con la cabeza “enviciada”: Por tres campañas, comparó la agricultura convencional contra una con cultivos de cobertura y otra sin insumos químicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada La historia detrás de la foto: Leonardo Cimini realiza pruebas con distintos cultivos de cobertura sin usar herbicidas ni fertilizantes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Hace cinco años que tengo vacas de cría con un pastoreo racional Voisin (PRV) y empecé a notar cambios en el ambiente. Allí me interesó probar con los cultivos de cobertura e intentar dejar de usar agroquímicos y fertilizantes. No hay una receta, es a prueba y error”, dijo a Bichos de Campo el productor agropecuario.
Luego de investigar los trabajos de Gabe Brown en Estados Unidos sobre regeneración de suelos, decidió probar con la intersiembra de leguminosas y gramíneas. El poroto mung fue el más fácil de encontrar.
“Para no fumigar ponemos un cultivo de cobertura como la vicia rolada. Lo que hace es cubrir el suelo para que no nazcan malezas y comienza a fijar nitrógeno. Arriba de eso se siembra el maíz -que se va a cosechar- y el poroto que seguirá fijando nitrógeno, sobre todo cuando la vicia muera. Eso lo tomará el maíz”, explicó Cimini.
Si bien hasta el momento ese ensayo no ha requerido de ninguna aplicación de agroquímicos, el santafecino es consciente de que puede llegar necesitarlo a futuro, entendiendo que el suelo ha estado acostumbrado a recibirlos durante muchos años. El objetivo, cuenta, es disminuir al mínimo posible el uso de estos productos y lograr una regeneración a través de la agricultura y la ganadería.
“No hay recetas porque es un tema nuevo. Creo que tampoco le conviene a muchas empresas que venden estos insumos. No tiene mucha difusión pero gracias a las redes sociales se ven más pruebas y se arman grupos de quienes hacen regeneración de suelos. Sé que estoy yendo en contra de todo”, afirmó Leonardo a Bichos de Campo.
Y aunque las primeras mediciones brindaron índices positivos de captura de nitrógeno y aumento de fósforo en el suelo, Cimini quiere ser cauteloso y esperar a la cosecha en junio o julio. Mientras tanto tiene otros ensayos en curso en los que practica nuevas combinaciones: parcelas con melilotus en el entresurco de maíz, así como pruebas con poroto caupi y trébol blanco.
También realizó un cultivo de cobertura de verano multiespecie, que utilizará para engordar novillos y estudiar los rebrotes de pasto y las veces en que puede ser usado nuevamente como alimento. “La idea es alimentar a los microorganismos del suelo, que ellos alimenten a las plantas y esas plantas le den a los animales con los nutrientes necesarios”, sostuvo.
La entrada La historia detrás de la foto: Leonardo Cimini realiza pruebas con distintos cultivos de cobertura sin usar herbicidas ni fertilizantes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada La historia detrás de la foto: En Monte Buey, Gustavo Romagnoli plantea una intensa rotación, mete cultivos de servicio y sueña con incorporar la ganadería se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En esos cuatro lotes, en rigor, hay un mosaico de alternativas productivas que coinciden en una misma época del año: Hay un maíz sembrado sobre una soja de segunda, un trigo que sigue a la soja de segunda, un centeno como cobertura a la soja de segunda, y una vicia como cultivo de servicio que va a maíz. Cada una de esas opciones aporta su cuota para el cuidado del recurso suelo.
La que puede no ser tan inocente es la pregunta que acompaña a la foto: “¿Le faltará (al planteo) una quinta pata? ¿Pasturas consociadas con vacunos?”. Esta humilde periodista infiere que más que una duda es una declaración: Romagnoli propone aprovechar además los cultivos de cobertura de la mano de una producción ganadera.
Ilustración gráfica de rotación agrícola. Mz sobre sj2, trigo a sj2, centeno cob/sj2, vicia cob a mz… no necesariamente en ese orden… Le faltará una quinta pata? Pasturas consociadas con vacunos? pic.twitter.com/9VD0kIPFMG
— Gustavo Romagnoli (@Gpromagnoli) December 7, 2020
El lector podrá pensar, mientras lee estos párrafos, que los establecimientos con producción mixta no son para nada una novedad, y en efecto no lo son. ¿Qué pasa entonces si lo que se busca es vincular a la ganadería con la regeneración de los suelos? En ese caso debemos retroceder algunos pasos.
“La foto muestra una intersección de lotes y es ilustrativa para mostrar las distintas secuencias que se hacen en agricultura de acuerdo a la rotación de cultivos, para darle una diversidad al mismo predio y a cada uno de los lotes en simultaneo. El objetivo de los cultivos de cobertura es tener el suelo verde la mayor cantidad de tiempo posible. El suelo está protegido y se aporta materia orgánica para mantenerlo saludable y productivo”, explicó Romagnoli a Bichos de Campo.
Contrario a la idea de que un campo agrícola es sólo producción de soja y maíz, este esquema plantea distintas secuencias de cultivos en función de sus ciclos, y así poder dejar a un lado los lotes de descanso y los barbechos químicos.

“Además de coberturas que protejan la erosión, la idea es generar permanentemente raíces vivas que generen, no sólo absorción de agua que conduzca a mantener las napas, sino exudados que ayuden en la formación de agregados y aumento de la materia orgánica en profundidad. De algún modo uno trata de imitar cuestiones de la biodiversidad que ofrecería una situación natural. Podemos tratar de parecernos lo más posible con el objetivo de que el recurso suelo -en este caso el ambiente que uno construye con esos cultivos- sea productivo en el tiempo”, agregó el productor.
Romagnoli siempre se ocupó de hacer rotaciones de cultivos pero hace cinco o seis años que comenzó a incorporar cultivos de cobertura como la avena, el centeno y la vicia villosa. Las secuencias no siguen un orden específico sino que varían de acuerdo a la situación climática, a lo que ofrece el suelo, a lo que se quiera producir y por supuesto a los precios del mercado.
La zona de Monte Buey, por ejemplo, manejo tradicionalmente rotaciones de trigo, soja de segunda, maíz y soja de primera. Eso supone cuatro cultivos distintos en tres años. Otros como Romagnoli se animan –siempre que las condiciones lo permitan- a realizar cuatro cultivos en dos años: vicia villosa, maíz, centeno y soja. “Mientras más cultivos mejor”, asegura el agrónomo.

Con esa última frase en mente, la ganadería aparecería ahora como una variante más del esquema de rotaciones, ya que las pasturas con vacunos también implicarían una cobertura de los suelos.
“La máxima expresión de una agricultura regenerativa, donde hay que mantener algo siempre vivo, es una ganadería con pasturas permanentes. Con un cultivo verde como la alfalfa, una festuca, una cebadilla, un trébol rojo o un lotus, te queda una cobertura verde viva”, indicó el ingeniero.
Romagnoli sostuvo además que el hecho de que en algunas regiones haya desaparecido el 100% de la ganadería terminó por provocar una salinización de los suelos y posterior deterioro de los mismos.
“Como quinta pata sería maravilloso que un suelo tuviera un ciclo ganadero por cada uno agrícola. Y una rotación en todos los lotes donde se haga una secuencia de cultivos, para que tengas un 20 o 30% de ganadería en todos los campos”, concluyó.
La entrada La historia detrás de la foto: En Monte Buey, Gustavo Romagnoli plantea una intensa rotación, mete cultivos de servicio y sueña con incorporar la ganadería se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada José Luis Tedesco, titular de Aapresid, no le escapa a los problemas generados por la simplificación agrícola: “La sojización es una realidad y lo mismo el uso y abuso de insumos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>José Luis Tedesco, flamante presidente en ejercicio de la Asociación de Productores en Siembra Directa (Aapresid), es un buen ejemplo de este segundo grupo de productores inquietos que buscan transmitir que en la agricultura no todo es estático ni absoluto. En la búsqueda de una agricultura “siempre verde”, parte de reconocer que en los últimos años “el productor se confió de la tecnología de insumos y perdió de vista los procesos que requieren más cabeza”.
Mirá la entrevista completa a José Luis Tedesco:
“Desde hace 30 años que Aapresid promueve el concepto de siembra directa, pero ahora hay una vuelta de rosca que tiene que ver con cultivos siempre vivos que promuevan la biodiversidad tanto del suelo como del ambiente”, resaltó el agrónomo.
La incorporación de cultivos de cobertura es el planteo de la entidad para que el suelo no quede inactivo en cierta parte del año con los famosos barbechos químicos que lo preparan para el próximo cultivo de renta. Se busca tener el campo siempre ocupado. “Así capturamos energía que se convierte en carbono, ese carbono va al suelo y eso genera un círculo virtuoso en la generación de mayor fertilidad con más nutrientes y materia orgánica”, remarcó Tedesco.
Aquel viejo concepto de “dejar descansar el lote” no va más según el agrónomo. “Si hacemos ese descanso significa que no le estamos poniendo más vida a ese suelo. En cambio si le ponemos raíces estas robustecen al sistema y aprovechamos mejor la energía solar y el agua”, explicó.
El modelo soja RR, glifosato y siembra directa que se instaló en Argentina a fines de los 90, y que parecía un modelo perfecto y rentable, comenzó a presentar externalidades por el mayor uso de agroquímicos y por la degradación de los suelos, al ser aplicado muchas veces sin las adecuadas rotaciones. También aparecieron malezas resistentes a los principales herbicidas.
Tedesco aclaró que “Aapresid nunca promovió el monocultivo sino la siembra directa con las rotaciones”, pero reconoció que “la sojización es una realidad que tenemos, y lo mismo el uso y abuso de insumos”.
“Cuando irrumpió la soja apareció esta simplificación. Me tocó sufrir como ingeniero agrónomo cuando me decían: ‘¿Para qué quiero un agrónomo si en realidad le paso glifosato a la soja y ya tengo todo limpio?’. Es eso lo que llevó a esta problemática”, remarcó el presidente de Aapresid.
La clave ahora, a su juicio, pasa por hacer un click agronómico general. “Es pasar de la seguridad de una receta que ya no funciona a aplicar conocimiento, deconstruir y desaprender. Es un proceso continuo, un desafío más grande y difícil pero posible”, concluyó.
La entrada José Luis Tedesco, titular de Aapresid, no le escapa a los problemas generados por la simplificación agrícola: “La sojización es una realidad y lo mismo el uso y abuso de insumos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Se acabó la agricultura por receta: Johnny Cassera cuenta de qué se trata el proceso de intensificación denominado “Siempre Verde” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Este paradigma, según la entidad, está destinado a suplantar la simplificación del manejo agronómico que se consolidó durante la primera década del presente siglo, el cual, si bien generó un crecimiento exponencial de la riqueza, vino acompañado por “hipotecas” que se siguen “pagando” en la actualidad, como es el caso de las malezas problemáticas.
Mirá la entrevista completa a Johnny Cassera:
“Es malo tomar cuestiones por sentado y abrazar la comodidad de los sistemas simplificados como hicimos. Antes se hacía mucha agricultura por receta, porque era más sencilla, pero hoy eso nos puso en una situación de compromiso donde tenemos que hacer cosas distintas a las que hacíamos en aquel momento”, analizó en Bichos de Campo el productor Johnny Cassera.
Cassera es integrante de la Regional Aapresid Pergamino-Colón y estuvo a cargo, junto con César Belloso, ex presidente de la entidad, de la organización de una jornada reciente en la cual se realizó una recorrida para mostar “in situ” un sistema de producción “siempre verde”.

El campo donde se realizó la jornada (“la Oración”) está ubicado en Salto, a pocos kilómetros del partido de Pergamino, donde desde agosto de 2019 rige una prohibición judicial para aplicar fitosanitarios en cercanías a las zonas urbanizadas (1095 metros para pulverizaciones terrestres y 3000 metros para aplicaciones aéreas).
Cassera explicó que fue la propia naturaleza la que les “mandó el mensaje” de que debían cambiar. “Si hay algo que persiste en el tiempo es la naturaleza y es ésta la que nos pone los avisos y las señales, nos pone los límites y presenta los desafíos. La naturaleza nos puso desafíos con las malezas resistentes y en torno a (la calidad de) los suelos”, declaró.
Pero no todas son malas para los productores argentinos. “Entre las cosas buenas rescato nuestra capacidad de cambio. Habiendo conocido agricultores de otros países y habiendo visto otros modos de trabajar, veo que la gran fortaleza de productores y técnicos en Argentina es la capacidad de evolución y de cuestionamiento del status quo acerca de cómo se hacen las cosas”, evaluó.
“Una de las ventajas que tenemos los productores argentinos es la eficiencia con la que producimos, puesta por las condiciones que recibimos de factores externos. Esa es la virtud, la de poder levantar la cabeza por encima del cerco y ver que hay algo distinto más allá y poder ir hacia ese lado”, agregó.

No obstante, Cassera reconoció que este modelo de intensificación a través de “plantas vivas todo el año” que propone Aapresid “no se puede hacer en todos lados, cada región debe buscar sus alternativas para acercarse lo más posible al sistema; hay toda una adaptación de filosofía en la forma de hacer las cosas y muchas veces también dificultades económicas e impedimentos mecánicos y técnicos”.
Son los primeros pasos, pero así como sucedió con la siembra directa, Cassera está convencido de que se sumará cada vez más gente al nuevo modelo agrícola y manifestó que quizás hasta ayude a reconciliar al agro con la sociedad, además de otorgarle una mejor imagen social.
“El sistema en sí mismo es mucho más amigable con el ambiente, pero también es una oportunidad de demostrar que al igual que muchas otras industrias, se pueden hacer las cosas de modo diferente”, concluyó.
La entrada Se acabó la agricultura por receta: Johnny Cassera cuenta de qué se trata el proceso de intensificación denominado “Siempre Verde” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada ¿Por qué se debería eliminar el barbecho químico? Dos especialistas del INTA Villegas describen paso a paso todos los beneficios y desafíos de los cultivos de cobertura se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) del INTA General Villegas, en el oeste bonaerense, deben haber sido los primeros en comenzar a investigar con profundidad en el país este tipo de alternativas, cuyo principal objetivo es prescindir del barbecho químico y evitar los daños colaterales de la agricultura convencional sobre los suelos y el medio ambiente. Allí, dentro del predio de la colonia La Belita, se hacen ensayos “de larga duración” con cultivos de cobertura desde 2003. Es decir, hay 17 años cumulados de evidencias.
Tal como su nombre lo indica, estos cultivos “de cobertura” permiten cubrir los lotes agrícolas entre la cosecha de un cultivo de renta y la siembra del otro. Uno de sus beneficios es evitar la aparición de determinadas malezas que luego requerirían de glifosato o de algún otro herbicida. Pero el principal objetivo agronómico de evitar este periodo de latencia es proporcionar nutrientes a los suelos y desencadenar los procesos de enriquecimiento de los micronutrientes que allí viven.
En la EEA Villegas, los agrónomos Mirian Barraco y Walter Miranda mostraron a Bichos de Campo esos ensayos. este es un resumen de aquella visita:
https://youtu.be/OiSyjvdYtzM
“Dejando el suelo desnudo corremos el riesgo de que se vuele o de que se produzca erosión debido al viento o el agua. En zonas semiáridas como La Pampa, San Luis o parte del norte del país se ve más el efecto del viento, pero también se puede generar erosión hídrica cuando el suelo está desnudo, ya que el agua a veces no ingresa como se cree”, dijo Barraco.
Acerca del barbecho químico convencional al que se suele apelar en el campo, la agrónoma explicó que el mismo “tiene un cultivo de cosecha, por ejemplo la soja, que luego de ser trillada en abril o mayo deja el suelo desnudo o el lote en descanso durante el invierno, y al cual se van aplicando, por lo general, herbicidas como glifosato y otros residuales para controlar la aparición de malezas o malezas ya emergidas”.
En la tarea de “vestir” o cubrir al suelo, Barraco comentó que “en lugar de dejar el suelo desnudo, inmediatamente posterior a la cosecha de soja en marzo o abril, sembramos un cultivo de cobertura. Es como que estamos cosechando y viene la sembradora por detrás. Ese cultivo se siembra para que crezca en invierno, cubra y proteja al suelo para que no se vuele y capte nutrientes, y crecerá hasta tanto yo determine interrumpirle su ciclo para preparar el lote para el próximo cultivo en primavera”.
Para Barraco, un suelo cubierto siembre queda más protegido. “Lo hacemos más que nada para meterle materia orgánica a los suelos y mejorarlos desde la fertilidad química, para darle raíces y mejorar su porosidad y estructura”, remarcó.
Por su parte, Miranda mostró dos terrones de tierra diferentes, uno que provenía de un barbecho químico que se hizo en el invierno y que tenía una rotación de maíz- soja, y otro bloque que provenía de unos pocos metros más allá, de un ensayo de cultivos de cobertura, en este caso una vicia y triticale que se sembraron a fines de abril y principios de mayo y a los cuales se les pasó el rolo y se les aplicó una dosis mínima de fitosanitarios para ayudar a su control.
“El suelo de barbecho químico se parte en bloques grandes ya desde la parte más superficial, está más compactado y tiene menos porosidad, lo que hace que el agua no penetre. En este caso no es tan grave porque tiene rotación soja- maíz, pero sería peor si fuera soja sobre soja”, describió el agrónomo de General Villegas.
Por el contrario, Miranda declaró que el otro bloque de suelo al que se aplicaron cultivos de cobertura- vicia y triticale, “se ve todo migajoso, granular, es decir, bien poroso y no se rompe en grandes bloques, se desarma sin ningún problema y fíjense también la humedad y el nivel de raíces que hay allí”.
Miranda manifestó que “cuando el suelo está bien poroso tiene mejor captación de agua y aire, ya que necesitamos también del oxígeno para que las raíces respiren y colonicen; no olvidemos que las raíces también van por los mismos poros por los que corre el agua y cuando tenemos gran cantidad de raíces mejoramos la porosidad del suelo”.
La microbiología del suelo es una pieza importante del proceso de mejora agronómica. “Cambia mucho un suelo con gran cantidad de raíces y cobertura viva respecto de otro que tiene periodos largos sin raíces vivas. Por ejemplo, si ves una raíz de vicia verás muchos nódulos, es que hay una bacteria que está fijando nitrógeno del aire, es decir, estamos fertilizando un cultivo como la vicia fijando nitrógeno de modo biológico, desde el aire. Una raíz como la de vicia ayuda a la descompactación del suelo”, relató Miranda.
Hay -por ahora- cerca de 25 cultivos diferentes para vestir o cubrir un suelo. Barraco destacó que “a modo general podemos tener especies gramíneas como el centeno, que en general se usaba como verdeo de invierno para alimentar la hacienda, pero también tenemos otras gramíneas como el triticale, el trigo, la cebada, el ryegrass, las cebadillas o las avenas; y también podemos tener especies leguminosas como la vicia o los tréboles, que pueden fijar nitrógeno del aire”.
Los cultivos de cobertura, a su vez, pueden combinarse para sembrarse más de uno a la vez, pero hay una serie de recaudos a tomar. “Pensemos que cuando se siembran cultivos de cobertura en mezclas, esas especies compiten entre sí, por lo cual hay que pensar que podamos combinarlos sin que alguna salga perdiendo. Las gramíneas como centeno y triticale tienen un crecimiento muy alto durante el invierno, y en cambio la vicia tiene un crecimiento más lento, por ende si combino una vicia con un centeno o con un triticale, tengo que bajarle la densidad de siembra a ese centeno o triticale porque sino terminan ahogando a la vicia sin dejarla prosperar”, explicó Barraco.
En función de cómo vestir un campo, la agrónoma declaró que “todo depende de cómo venga la secuencia de cultivos del productor. Muchas veces cuando hay un campo con mucha soja que ya es una leguminosa y le falta cobertura al suelo, se opta por poner gramíneas que cubran el suelo aportándole densidad de raíces que compitan con las malezas. Cuando uno piensa en sembrar maíz después de un cultivo de cobertura, se suele pensar en poner vicia porque esta aporta nitrógeno que es costoso si deseo aplicarlo de forma química, y así reduzco el uso de fertilizantes”.
Queda claro que ningún vestido o cultivo de cobertura es igual al otro y que hay que aprender a combinar los colores o variedades de las prendas. “Hemos probado mezclas de centenos con vicia. El centeno crece de modo más temprano y la vicia de modo más tardío, de modo que en los primeros días de septiembre ya tenemos el centeno listo para secarlo o quemarlo, pero a la vicia aún le falta desarrollo para florecer que es el momento en que obtendrá la máxima capacidad de fijar nitrógeno del aire”, resaltó Barraco.
En esta parte del relato, los agrónomos explicaron que una vez implantado un cultivo de cobertura, luego hay que ver la forma de interrumpirlo para pasar a sembrar un cultivo de renta como puede ser la soja o el maíz, por poner ejemplos.
“Hay dos formas de interrumpir un cultivo de cobertura: secándolo de modo químico o pasándole el rolo para acostarlo y poder sembrar encima; todo depende de los objetivos que se tengan. Si yo voy a rolar al cultivo de cobertura tengo que sembrarlo con una densidad óptima, tengo que sembrar una especie alta y tengo que fertilizarlo para que llegue al momento fenológico de modo más temprana. Para el rolado se usan especies altas como el centeno o el triticale. No puedo rolar por ejemplo un trigo o una avena petisa, porque cuando se rolan se vuelven a parar”, explicó Miranda.
En cambio, cuando se interrumpe el ciclo de un cultivo de cobertura de modo químico, ahí se puede usar cualquier especie de cobertura porque quedan en pie. “Lo que tengo que tener es la máquina en buenas condiciones para poder sembrar otro cultivo arriba de esa cobertura”, dijo el agrónomo.
Según Miranda, no es necesario interrumpir el cultivo de cobertura antes de entrar con la sembradora. “En años secos como este, si no tengo una napa de calidad cerca tengo que interrumpir el cultivo de cobertura de modo más temprano para acumular agua y no resentir al cultivo posterior, pero si tengo una napa cerca y corro el riesgo de que haya precipitaciones superiores a lo normal que me podrían generar encharcamientos, en esos casos se implementan las llamadas siembras en verde, es decir, se deja el cultivo de cobertura y se pasa la sembradora cuando el cultivo está todavía verde”, desarrolló.
Para ponerlo en criollo y siguiendo con el caso de “vestir” al suelo, si me visto de fiesta voy a sembrar soja que es el cultivo que me va a dejar dinero, pero también puedo ponerme el vestido de fiesta encima del pijama. “Yo puedo interrumpir el cultivo de cobertura de modo químico, puedo rolarlo de modo mecánico o puedo sembrar por encima de este cuando aún está verde; también puedo sembrar el cultivo de cobertura en el entresurco una vez sembrado el cultivo se renta. Esto necesita más desarrollo pero es lo que se viene en concepto de siembras en verde”, precisó el agrónomo del INTA General Villegas.
“Podemos tener distintos tipos de cultivos de cobertura. En nuestro ensayos hemos llegado a tener entre 10 a 11 mil kilos de materia seca que después quedan sobre el suelo. Sólo debemos considerar que, en la medida en que tengamos rastrojos muy voluminosos, debemos tener un tren de siembra con cuchillas cortadoras buenas para que se pueda cortar ese rastrojo y así no tengamos atoraduras o desuniformidades en la siembra”, advirtió Barraco.
En general, la descomposición de los cultivos de cobertura depende mucho de las condiciones ambientales. De acuerdo a Barraco, “si tenemos buenos periodos de lluvias y temperatura tendremos muy activa la microbiología del suelo y lo va a enriquecer más al descomponerse. En el caso de una especie como una gramínea la descomposición es más lenta, porque este rastrojo tiene mucho carbono y poco nitrógeno en su chala, entonces a los microorganismos del suelo les dará más trabajo digerirlo. A medida que atrasamos la interrupción de cultivo de cobertura, tendremos un cultivo más lignificado o encañado, por ende será más difícil de masticar por los microorganismos del suelo, aunque tarde o temprano serán alimento para este”.
En el caso de las vicias, la agrónoma enfatizó en que “estamos trabajando mucho para incorporarlas antes de un cultivo de maíz tardío porque estas fijan mucho nitrógeno de modo biológico. Hemos medido que aquellas vicias que tienen de 5 mil a 6 mil kilos de rastrojo tienen en su biomasa más de 100 kilos de nitrógeno almacenado, que se irá descomponiendo y entregando al maíz. Por eso, cuando tenemos diferentes especies antecesoras a un maíz tardío tenemos que ver esa sincronización, porque si siembro un centeno antes de un maíz tardío, que tarda más en descomponerse, la entrega del nutriente no estará tan rápida”.
En este punto, los agrónomos coincidieron en que los cultivos de cobertura sirven para ahorrar uso de agroquímicos y mejorar el impacto ambiental. “Si uno utiliza más fitosanitarios el impacto ambiental será mayor pero si usamos cultivos de cobertura desde que sembramos hasta que se interrumpa su ciclo el impacto ambiental será 0”, dijo Miranda.
Es que los cultivos de cobertura compiten con las malezas por nutrientes, y de acuerdo a Miranda, a su vez “hay algunas especies de cultivos de cobertura que contienen la llamada alelopatía, que consiste en la liberación de sustancias químicas al suelo que tienen un efecto de inhibidores de crecimiento, haciendo que no crezcan las malezas, y esto no está solo presente en los cultivos de cobertura como por ejemplo, el centeno, sino también en especies arbóreas, debajo de plantas de eucaliptos”.
El costo de aplicar cultivos de cobertura se asemeja al costo de hacer un barbecho químico e incluso a veces está un poco por encima de ese valor, pero según los agrónomos del INTA General Villegas, son muchos más los beneficios que llegan al suelo por usarlos. “Si haces un análisis de suelo y te falta fósforo llamas a la agronomía y encargás la compra de ese insumo, pero si te das cuenta de que te faltan poros en el suelo ¿Qué hacés? Los cultivos de cobertura, a través de sus raíces, mejoran la porosidad de los suelos”, explicó Miranda.
De hecho, según Miranda, “está demostrado que con un año de uso de cultivos de cobertura se mejora la porosidad de los suelos. ¿Cómo le ponés valor a eso? O la cantidad de toneladas de raíces que estás dejando y que a lo largo del tiempo se transformarán en materia orgánica. Todo eso está faltando hoy en la valoración económica de los cultivos de cobertura”.
“Acá trabajamos con muchos productores y tenemos casos de algunos que están a punto de vender bonos de carbono. Ellos hacen análisis en el tiempo y en función de si ganaron materia orgánica o no podrán vender determinada cantidad de bonos de carbono; es ahí cuando se empiezan a valorar otras cuestiones. Esto también impacta en la mirada social acerca de la forma de producir”, enfatizó Miranda.
Ahora bien, pasar del chip del barbecho químico al de los cultivos de cobertura requiere de cierto adiestramiento. Por eso los agrónomos aconsejaron que si nunca antes se trabajó con ellos, que se empiece por una sola especie porque cuando se tienen mezclas de especies con tamaños de semillas diferentes hay que lograr una mezcla homogénea y regular la profundidad de siembra de cada una.
“Un productor que va con una pala detrás de la camioneta ve más cosas que aquel que lo mira medio de costado. El tema de la maleza es muy visible pero la mejora de la porosidad del suelo, el incremento de la materia orgánica y el crecimiento de la actividad biológica del mismo implican tomar una pala para ser observados”, coincidieron.
Por otro lado, bastante atrás queda después de estos ensayos el mito sobre que el hacer cultivos de cobertura reduce la disponibilidad de agua para cultivos de renta como la soja y el maíz. “Nosotros hicimos muchos ensayos desde 2003 a hoy y mostramos que si interrumpimos en el momento justo al cultivo de cobertura no tendremos menos agua en el momento de siembra del cultivo de soja, porque más allá de que ese cultivo de cobertura necesita recurso hídrico para crecer al principio, no limita el consumo posterior de agua de parte de la soja”, concluyó Barraco.
La entrada ¿Por qué se debería eliminar el barbecho químico? Dos especialistas del INTA Villegas describen paso a paso todos los beneficios y desafíos de los cultivos de cobertura se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>