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La entrada Una aproximación a las pérdidas que dejó el cepo ganadero: La friolera de $6.500 millones en solo tres meses se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Para construir esta evaluación se considera la cantidad de cabezas faenadas en julio, último dato disponible, y se lo multiplica por el Indice General del Mercado de Liniers de la primera semana de mayo, es decir antes del cepo. La facturación de los ganaderos fue de 37.800 millones de pesos, según esa cuenta.
Lo mismo se hizo con el precio promedio de la tercera semana de agosto y el resultado fue de 36.000 millones de pesos.
Así las cosas, la pérdida nominal en poco más de dos meses fue de 1.800 millones de pesos. Pero a ese dato hay que agregar el efecto inflación del trimestre mayo-agosto, por lo que la pérdida en términos reales llega a 6.500 millones de pesos.
Por las restricciones a las exportaciones a la carne, los productores ganaderos pierden 6.500 millones de pesos por mes. Sólo por el efecto precio sobre los animales enviados a faena
+ info en el Monitor Gandero que elaboramos en @FundacionFada para @BrafordArg y @AsocHereford pic.twitter.com/d6THISvHHu
— David Miazzo (@DavidMiazzo) August 23, 2021
El economista de FADA, David Miazzo, consideró además que teniendo en cuenta la oferta agregada que tiene un consumo interno agotado por la crisis y la competencia que hay por la alta oferta de las demás carnes es casi improbable que, al menos por los próximos meses, el precio se recupere en términos reales.
“Los argentinos perdimos el 20% del poder de compra de nuestros salarios en los últimos 3 años y medio, lo que se traduce en un consumo interno débil”, explicó.
El analista consideró que quizás haber una mejora nominal por el efecto inflación que por ahora tampoco se está dando, ya que al comparar las cotizaciones de ambos períodos hay una baja en los precios de novillos, novillitos y vaquillonas de casi 10%.
Mientras la Argentina castiga a su sector productivo con políticas oficiales regresivas y pensadas sólo en función de los intereses electorales del oficialismo, en países vecinos la cuestión es bien diferente.
De acuerdo con datos publicados del INAC, el Instituto Nacional de Carnes de Uruguay, y difundidos también por la consultora Blasina y Asociados, “el Índice Novillo Tipo elaborado por INAC en julio tocó su mayor valor desde enero de 2020, con 1.272 dólares por cabeza. Se trata de un salto interanual de 14% y de casi 1% en la comparación mensual.
“La suba se explica por el aumento del valor de los cortes de exportación, las menudencias y subproductos, así como también el cuero fresco”, señaló INAC.
El organismo luego destacó que el valor de la hacienda fue de 1.102 dólares por cabeza, el más alto desde noviembre de 2019, y mostró una recuperación de 19% frente a los 923 dólares de julio del año pasado.
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]]>La entrada Es conveniente saberlo: buena parte de las toneladas de divisas generadas por el agro se están empleando para “enfriar” al dólar se publicó primero en Bichos de Campo.
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Entonces, ¿A dónde fue a parar la cantidad descomunal de divisas generadas por el agro? En diálogo con Bichos de Campo, David Miazzo, economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), respondió que “una parte importante de las divisas del agro fueron destinadas a pagar importaciones del resto de los sectores económicos tales como energía, automotriz, textil, turismo, entre otros”.
“Parte de esas divisas fueron enviadas a incrementar las reservas del Banco Central (BCRA); otra parte fue para pagar intereses de deuda; otra parte fue a las compras de los 200 dólares mensuales de las personas; y otra parte fue a la intervención del Banco Central para intentar bajar el ‘dólar bolsa’ o MEP (Mercado Electrónico de Pagos)”, agregó Miazzo en relación a esta última opción que tiene gran popularidad entre ahorristas y empresas, dado que permite acceder a la compra legal de dólares a un tipo de cambio mucho más conveniente que el “blue” o informal.
Enfriar al dólar MEP o el CCL (Contado con Liquidación) –este último fue directamente intervenido– es esencial para poder mantener “a raya” al tiempo de cambio oficial, el cual, con un valor actual de 102,5 $/u$s está a precio de “outlet”, aunque probablemente por tiempo limitado (consultar después de las elecciones legislativas de noviembre próximo).
Según el economista, en lo que va del año “el incremento de reservas netas líquidas del Banco Central fue de 4300 millones de dólares y sólo queda un superávit de balance cambiario de 9060 millones de dólares”. Esa cifra, si bien no es alta comparada con la de otros países, sí es importante en la Argentina.
“Hasta el 2018 veníamos con déficit, es decir, todo lo que generaba el agro no llegaba siquiera a cubrir todo el resto de las erogaciones”, añadió Miazzo, para luego indicar que a fines de 2019, con la introducción del “cepo cambiario”, las reglas de juego cambiaron al establecer un cerco para evitar la salida de divisas del sistema.

Por su parte, Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos Orlando J. Ferreres & Asociados y del Instituto de economía (Ineco) de la UADE, explicó que “es cierto que el agro alcanzó un récord en liquidación de dólares en los primeros meses del año, pero eso no se vio tan así porque básicamente es la única entrada de divisas que está mostrando la Argentina en medio de un cepo cambiario”.
Spotorno coincidió con Miazzo en que gran parte de las divisas del agro fueron a parar al BCRA y que éste las está usando para intervenir el mercado del dólar MEP. “Entre 4000 y 5000 millones de dólares fueron al Central, que va usándolos para intervenir el mercado de dólar MEP o el CCL; el resto fue a parar al pago de importaciones y vencimientos de deudas”, explicó.
“Si tomamos los tres meses previos a la liquidación fuerte del agro, podemos ver que se estaban autorizando importaciones de unos 3800 millones de dólares mensuales, lo que es un número muy bajo para lo que importa usualmente la Argentina. Una vez entrada la cosecha gruesa, a partir de marzo ese número pasó a ser de 5300 millones de dólares mensuales de importaciones, que no sólo fueron necesarias para recomponer un poco los inventarios, sino que además fue un nivel más adecuado para el país”, agregó Spotorno.
¿Cuál es la estrategia económica del gobierno de acá a fin de año? Miazzo consideró que hay que mirarla desde tres elementos: tipo de cambio, inflación y la política electoral de ingresos. “Por el lado de la estrategia cambiaria, en el segundo semestre suelen entrar menos dólares que en el primer semestre, aunque sin dudas serán más que los del año pasado, y en particular vendrán del campo, lo que genera un desafío, ya que la principal estrategia por ese lado es tratar de mantener lo mas tranquilo posible al dólar MEP, y eso el gobierno lo está haciendo mediante dos vías: endureciendo el cepo y vendiendo dólares, que cada vez entran menos, para mantener estable el tipo de cambio libre y evitando que el dólar MEP se dispare de los 170 pesos en los que se encuentra”, respondió.
Por el lado inflacionario, Miazzo explicó que “el gobierno trata de poner paños fríos a través de dos medidas: dejar planchado el valor del dólar oficial, que está cerca de los 100 pesos y que desde principios de año viene creciendo dos puntos por abajo de la inflación- pero esto de planchar o atrasar el dólar oficial para mantener los precios es algo de muy corto plazo, porque tarde o temprano los valores se acomodan-; y la otra medida del gobierno es congelar las tarifas de servicios públicos y de combustibles, luego de que a principios de año se hicieron varias actualizaciones en el precio de los mismos. Estos tres elementos: combustibles, tarifas y dólar, aunque te frenan la inflación hoy, terminarán generando inflación mañana”.
Para el economista de FADA, la estrategia económica del gobierno “es muy a corto plazo” y opta por calmar la inflación atrasando tarifas, combustible y dólar, pero “ni bien termine el periodo de elecciones, tendrán que acomodar esas variables, porque no da para transitar dos años más de acá a las siguientes elecciones con semejante atraso de tarifas y del dólar, dado que ese atraso luego se cubre con subsidios”.
Hay otro aspecto importante que tiene que ver con los salarios. “Lo que vemos ahí es la reapertura de paritarias, las cuales, a principio de año se habían cerrado en torno al 30% y 35%, pero ahora se están renegociando en torno al 45%; también buscan adelantar subas de salarios, por ejemplo en el sector público están planteadas, y poner más planes sociales como un extra incentivo, al igual que hicieron con la suba de la jubilación mínima, o los créditos a los monotributistas o la elevación del piso en el impuesto a las Ganancias, pero son todas medidas de corte electoral que no alcanzan con una inflación anual del 52%”, resumió Miazzo.
“Poner pesos en los bolsillos es un problema porque esos pesos se cubren con emisión monetaria ya que no hay un financiamiento genuino; por ende, lo único que generarán mas tarde es inflación; ahora la quieren mantener calmada, pero es el corto plazo”, concluyó.
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]]>La entrada Todas las cosas que se podrían hacer con las retenciones que le sacan a Córdoba, pero no se hacen por las retenciones que le sacan a Córdoba se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>FADA, una fundación creada y bfinanciada por productores de la zona de Río Cuarto, tomó ese partido y los de Marcos Juárez, Tercero Arriba y San Martín para hacer estos cálculos. Juntos cultivan 3,2 millones
hectáreas de soja, maíz, trigo y maní, y producen 1 de cada 3 toneladas de granos de la provincia
de Córdoba. En total representan una oferta de 13 millones toneladas, que es más del 10% del total de la cosecha a nivel nacional.
Para dar dimensión de toda la producción agrícola que surge de los campos de esa zona, el estudio afirmó que “para transportar estos granos, son necesarios 650.689 fletes de camión, entre fletes cortos y
largos, con un valor de 32.000 millones de pesos”.
Puesta en valor, esa porción de la cosecha cordobesa tiene un valor de USD 5.011,7 millones y genera un aporte de Derechos de Exportación (DEX) o retenciones de 1.161 millones de dólares. La mayor parte de ese aporte, por cierto, descansa sobre la soja.
¿Sabés cuántos hospitales se podrían financiar con un año de lo que paga una región en impuesto a las exportaciones?
MIRALO ACÁ
Gacetilla https://t.co/isOMoZSPp4 pic.twitter.com/3CbgkqwYLX— Fundación FADA (@FundacionFada) July 29, 2021
“Si se suman otros impuestos nacionales, provinciales y municipales, el aporte tributario total alcanza los USD 1.468,2 millones. Sin embargo, los DEX representan tres cuartos del aporte tributario total. Los DEX generan efectos regionales negativos como un menor federalismo fiscal, menores recursos económicos a nivel local y un menor nivel de inversión y producción”, sostuvo la Fundación.
Debido a las retenciones y su persistencia, en rigor, FADA estimó que mientras la presión tributaria promedio a nivel país es del 30,5%, los productores del departamento Río Cuarto deben tributar un 43,7% de sus ingresos, en Marcos Juárez el 43%, el 42,9% en Tercero Arriba y el 41,2% en San Martín.
Y aquí llegan la preguntas: ¿Qué se podría hacer en la zona si los más de mil millones de dólares que se extraen de allí por retenciones quedaran en la zona? La respuesta de FADA fue calculada para cada uno de los cuatro departamentos:
“La operación y mantenimiento de todas estas plantas podrían generar 4.384 empleos directos y
11.310 indirectos”, se estimó, dando a entender que además de inversiones se pierden puestos de trabajo.
El informe de FADA también comparó la cifra que se va por retenciones con los presupuestos de las diferentes municipalidades y otros servicios públicos.
Y si la comparación se hace contra el hospital provincial de cada una de las principales ciudades de los departamentos, en el caso de Río Cuarto equivale a 33 presupuestos del Nuevo Hospital San Antonio de Padua, en Marcos Juárez 97, en Río Tercero 57 y en Villa María 16.
“También podría alcanzar para adquirir las dos dosis de la vacuna Sputnik V para toda la población argentina y sobran 245 millones de dólares”, afirma FADA buscando más comparaciones.
En términos de educación, el aporte de DEX de los cuatro departamentos seleccionados es equivalente a casi el 80% del presupuesto educativo de la provincia de Córdoba. También, alcanza para financiar el Programa Primer Paso por 138 años o un alcance de 2 millones de jóvenes.
“Por último, se puede realizar una comparación con el costo de enripiar caminos rurales, así el aporte de DEX que hacen los productores de los cuatro departamentos seleccionados en un solo año, equivale al costo de enripiar 17.300 kilómetros de caminos rurales, cuando la red de caminos rurales de estos departamentos es de 16.700 kilómetros. Es decir, alcanza y sobra para enripiar los caminos del conjunto de departamentos analizados en sólo un año”, estableció el documento.
Y por último, una dolorosa comparación: esos mil millones son equivalentes a 15 veces lo que cuesta un seguro multirriesgo para toda la superficie agrícola considerada de los departamentos analizados: Río Cuarto, Marcos Juárez, Tercero Arriba y San Martín.
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]]>La entrada Tragedia Educativa: El gobierno argentino insiste en afirmar que la inflación es producto de la suba del precio de las materias primas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Kulfas, durante una conferencia de prensa, aclaró que “está preocupado por la situación de los precios” y afirmó que la “suba internacional de commodities genera presión” inflacionaria.
La suba del valor internacional de las materias primas agrícolas, como por ejemplo el maíz, contribuyen a incrementar los costos de producción de todas las industrias que emplean ese insumo, como puede ser el caso de las porcinas y avícolas.
Pero en Uruguay y Brasil la inflación minorista anual es del 6,7%. Y en Paraguay del 2,5%. Allá, según nuestras averiguaciones, los cerdos y los pollos comen el mismo maíz que en la Argentina, aunque bastante más caro, porque en los países vecinos no existen los derechos de exportación.
Mientras estaba hablando Kulfas, la Fundación FADA publicó un informe sobre la composición de los precios de la carne, el pan y la leche, algo que, en una nación como la Argentina, donde hubo una catástrofe educativa (una “tragedia educativa” diría Guillermo Jaim Etcheverry), representa un verdadero peligro, porque es muy elevada la proporción de gente que piensa que los precios se construyen en base a la sumatoria de costos y no en función de la relación entre la oferta y la demanda.
Por suerte el informe de FADA vino acompañado de un comunicado con declaraciones de David Miazzo, economista jefe de esa institución, quien explicó que “en momentos donde la inflación se acelera se tiende a discutir los precios, la cadena y los costos de los distintos productos, pero en realidad el problema no es de un precio en particular”.
“Hoy es el problema del precio de la carne, mañana el combustible y pasado los alquileres. El problema de fondo es el valor de la moneda, cada vez se necesitan más pesos para comprar el mismo kilo de carne, de tomates, el litro de nafta o una remera. No es un tema de precios, tenemos un problema macroeconómico. Un profundo déficit fiscal que se financia emitiendo pesos que, sumado a falta de confianza, se traducen en pesos que cada vez valen menos: eso es la inflación”, definió Miazzo.
Muy clarito. El problema es que Kulfas, que también es economista como Miazzo, quizás no lo tiene tan claro. Y cree que el problema de la inflación está en las materias primas que “suben” de precio.
El informe de FADA sí es útil para observar el elevado nivel de carga tributaria que tienen los alimentos básicos en la Argentina, algo insólito si la meta es justamente que sean lo mas accesibles posibles para la población local. Aproximadamente dos tercios de los impuestos que pagan los argentinos al comprar alimentos van a parar al Estado nacional, mientras que el resto se destina a provincias y municipios.
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]]>La entrada Malditos exportadores: Destacan que las actividades agropecuarias originan 7 de casa 10 dólares que ingresan al país. Y mucho empleo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Es que no por reiterativo el informe de FADA sirve para desmontar el nuevo mito urbano sobre que las exportaciones son las únicas responsables de los aumentos de los alimentos para los propios argentinos, que es lo que quiso resumir Vallejos. En algunos casos podrán meter presión. Pero son tantos más los beneficios que los perjuicios de exportar que la palabra “maldición” está definitivamente mal usada.

Para empezar, si no exportáramos no tendríamos dólares genuinos para nada. Y allí el papel del agro es fundamental. En ese sentido, el dato fresco del nuevo monitoreo es que “las exportaciones agroindustriales de los últimos meses fueron el 69% de las exportaciones totales del país. Es decir, 7 de cada 10 dólares entran al país por las ventas al mundo” de productos vinculados al sector. Fueron más de 38 mil millones de dólares los que ingresaron en 2020.
Como parte del documento, el gráfico anexo muestra el porcentaje en que participan las exportaciones en cada cadena de valor. Allí se desmiente aquello de que se envía al exterior la mayoría de lo que producimos. Esto sucede solo en algunas pocas cadenas, que abastecen muy tranquilamente con su rpoducción la demanda local: el té,el maní, el limón, la cebada, la soja, la pesca, el maíz, las peras, las legumbres, el trigo, el girasol y las manzanas.
A partir de allí, la participación de los embarques al exterior son siempre menores al 50% en el resto de los rubros, incluyendo a las carnes, que es el sector que más atrae la atención de los gobiernos.

De los más de 38 mil millones de dólares generados de esas ventas agroindustriales, FADA desagregó que el 68% provienen de las cadenas granarias, 16,5% de economías regionales, 9,5% carnes, 3% lácteos y 3% de otros productos.
“En todos esos complejos hay un repertorio inmenso que va desde granos, yerba, pesca, frutas, lana, lácteos y mucho más, que se produce en cada rincón de nuestro país, haciendo al agro una actividad federal que genera riqueza productiva en cada rincón del país”, explica Nicolle Pisani Claro, una de las autoras de este informe.

“Los complejos que elegimos para analizar siguieron dos criterios: por un lado, que sean significativos en cuanto a volumen de exportaciones, pero, por otro, lo que representa para una región en particular. Por poner un ejemplo, el té representa el 0,3% de las exportaciones del país, pero cuando uno ve lo que representa esta producción para el NEA, es indudable que hay que estudiarlo. De esto se trata la visión federal que mantiene este trabajo”, afirma la economista.
“Esto tira abajo uno de los mitos en torno a este tema, demostrando que exportar no empobrece ya que, por el contrario, es riqueza productiva generando más riqueza para la economía a lo ancho y largo del país”, reforzó David Miazzo, economista de la Fundación.
Los economistas de FADA también intentaron responder, desde su visión, la pregunta de ¿por qué todos necesitamos de las exportaciones a diario en nuestras casas? “Porque cuando vendemos afuera granos, carne, frutas, legumbres, etc., entra el dinero que necesitamos para poder comprar lo que no producimos acá. Muchas de las cosas que consumimos cotidianamente no las producimos nosotros, entonces necesitamos que lo demás países nos compren nuestros granos, aceites, vinos, lanas, carnes, para que entre ese dinero que luego utilizamos poder tener Netflix, autos, ropa o poder viajar”.
Además, con esas divisas que entran, se hace posible que operen otros rubros que necesitan de los dólares que genera el agro. De esta manera, se van generando miles y miles de puestos de trabajo en ámbitos industriales que de otra forma no podrían operar.
“Mientras más se exporte, junto a otros aspectos, ayuda a evitar crisis. ¿Cómo? El exportar más, colabora en evitar que nos quedemos sin dólares, lo que disminuye el riesgo de devaluaciones y ayuda a no endeudarnos”, señaló el trabajo.
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]]>La entrada El mito de “venden en dólares lo que producen en pesos”: El costo dolarizado de una hectárea agrícola ronda el 65% se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“De cada 100 pesos de renta (valor de la producción menos costos) que genera una hectárea agrícola, 62,6 pesos es lo que representan los distintos impuestos nacionales, provinciales y municipales”, sintetiza este informe. No hay grandes novedades, salvo un movimiento que incrementó la presión fiscal, en 3,4 puntos porcentuales, respecto de diciembre pasado.
“Esto se explica por varios factores: aumentos de impuestos fijos municipales y provinciales; suba de costos en pesos y en dólares de labores y fletes; incrementos de precios de fertilizantes; baja del precio disponible del trigo; y reducción de los rindes estimados por efecto de la sequía”, explica David Miazzo, el economista jefe de FADA.

Pero la Fundación con sede en Río Cuarto, Córdoba, sí aporta un análisis novedoso en términos del impacto que tiene el tipo de cambio sobre la actividad y, en consecuencia, cómo se ve afectada por la brecha cambiaria, que surge de la diferencia entre el dólar oficial y el dólar accesible para el grueso de los compradores.
Según este análisis, en los últimos 12 meses el incremento nominal del tipo de cambio oficial fue del 43%, pasando de 63,77 pesos por dólar a 91,13 pesos. En los últimos 3 meses, se incrementó un 12%, o sea que cedió. Pero en términos de tipo de cambio real multilateral, desde marzo de 2020 este indicador mejoró 7,8%.
“Medido a precios de marzo de 2021, el tipo de cambio de marzo de 2020 era el equivalente actual de 84,55 pesos, mientras que, con el mismo cálculo, en marzo de 2019 fue de 89,42 pesos”, precisó la Fundación.

Para FADA, este dato es clave para ver la marcha del negocio, ya que una buena porción de los costos de producir granos están directamente dolarizados. No es tan cierto aquello de que los productores cobran en dólares algo que producen en pesos, como se suele escuchar.
Si se analiza la estructura de costos de los cultivos, afirma FADA, se puede identificar que un 51% de los costos de una hectárea de soja están estrictamente dolarizados mientras que el restante 49% están pesificados. Esto por la nominación en cada factura. Pero si además se considera el costo de la tierra dentro del esquema de costos, los costos dolarizados en una hectárea de soja pasan a representar el 64%.
En el caso del maíz, como los fertilizantes y semillas tienen más peso que en el caso de la soja, los costos dolarizados ascienden al 57% de la estructura, mientras que los pesificados alcanzan el 43%. Si se considera el costo de la tierra, el peso de los costos dolarizados asciende al 65%.
De allí que para los productores la evolución del dólar resulte no solo clave para definir sus ingresos sino también sus costos. “Que el tipo de cambio nominal no se atrase respecto a la inflación es importante en actividades exportadoras porque proteger la competitividad cambiaria, aunque en contextos de brecha cambiaria estos análisis de tipo de cambio real multilateral pierden algo de vigencia”, aclaró FADA.
El estudio aclaró que el componente en pesos de producir una hectárea con estos cultivos “también suele tener una alta relación con el dólar por dos motivos: la rápida transmisión de la devaluación a los precios que hay en una economía inflacionaria como la argentina; y porque dentro de los costos pesificados está, por ejemplo, el flete cuyos costos dependen en gran medida del precio del combustible y este está ligado directamente al precio del petróleo y del dólar. Lo mismo con las labores. Además de que el valor de los camiones y maquinaria también guarda correlación con el tipo de cambio”
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]]>La entrada ¿Cuánto duelen las retenciones? De Pergamino Salto y Rojas se van 300 millones de dólares y las chances de crear 3.500 puestos de trabajo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Un informe elaborado por FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina) a pedido de la Fundación por Pergamino, se concentró en analizar qué cosas se podrían hacer en la región si los recursos que el fisco nacional le extrae por retenciones quedaran en el lugar. Para empezar, el trabajo documenta que esos casi 300 millones que se van de los tres partidos del norte bonaerense equivalen a 4 veces el presupuesto de la Municipalidad de Pergamino, a 4,4 veces el dinero público de Salto y en 4,8 veces el erario del partido de Rojas.

El objetivo del trabajo de FADA, una fundación financiada por productores cordobeses para mostrar la relevancia del sector agroindustrial, ha sido traducir para la gente común de esos distritos cuánto pierden todos, y no solo los productores, por el imperio de las retenciones o derechos a la exportación. Se trata de dinero que deja de ingresar al circuito económico local, pues se descuenta a los productores al momento en que deciden vender sus cosechas.
Así las cosas, el estudio compara: con un año de Impuesto a las Exportaciones en esa región se podrían financiar 10 hospitales, 100 escuelas y 7300 cuadras de pavimento. Eso imaginando que la plata -los mencionados 295 millones de dólares- quedaran en mano de la gestión local y no se fueran a las arcas nacionales para atender diversos gastos, como los salarios estatales o el pago de la deuda externa.
Otro ejemplo de lo que pierde la región por las retenciones es que se podría reconstruir y estabilizar 3.600 kilómetros de caminos rurales por año, en caso de que se decida que ese aporte regrese en beneficios concretos para el sector.
¿Y qué sucedería si ese dinero quedara en poder de los productores? En su afán de buscar comparaciones, FADA estimó que la plata alcanzaría para instalar una planta de bioetanol, 10 plantas eléctricas de biogás, un molino harinero, 10 granjas de cerdos, un frigorífico de cerdos y otro de bovinos.
“Estas inversiones que se ponen como ejemplo de lo que se podría hacer, tienen el potencial de crear empleo para 3.500 personas. Es decir que, generalizando este ejemplo, con un año de este Impuesto, perdemos la posibilidad de generar 3.500 empleos anuales en cada región productiva”, señaló David Miazzo, el economista jefe de FADA.
“Este trabajo llega en un momento donde las discusiones sobre la coparticipación de impuestos son un tema en la agenda nacional y los derechos de exportación son el componente principal de esta discusión. Los resultados dan cuenta del impacto regional que tienen este tipo de impuestos, muestra contundentemente la cantidad de recursos que parten de las regiones y no vuelven”, expresó César Belloso, productor agropecuario y miembro de la Fundación por Pergamino.
“Con las retenciones se pierden inversiones en salud, educación, seguridad como así también empleos. Todo esto tiene un impacto negativo para las posibilidades de desarrollo local integral”, afirma Belloso.
La presión tributaria promedio a nivel país es de casi el 30%. Sin embargo, por imperio de la vigencia de retenciones (son de 33% para la soja y de 12% para los cereales), la presión tributaria en la región analizada alcanza el 38% en el caso del maíz, el 41% en el trigo y el 53% en la soja.
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]]>La entrada Increíble pero real: Por la suba de precios, la presión fiscal sobre los granos es menor ahora con Alberto que cuando Mauricio dejó el gobierno se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Todo indicaría que la presión fiscal subió este último año y que los productores de soja, maíz, trigo y girasol pagan ahora más impuestos que en diciembre de 2019, cuando Mauricio Macri dejaba el poder. Pero aunque parezca increíble no es así. O mejor dicho, pagan más pero lo sienten menos.
Los últimos resultados del Índice FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina), que mide la presión fiscal sobre una hectárea agrícola de la región pampeana cada tres meses, confirman esto que parece tan difícil de comprender. ¿Cómo va a bajar la presión fiscal sobre esta actividad si lo primero que hizo Alberto fue subir los impuestos? Pero sí… Sucedió.
Lo que pasó es que en los últimos meses de este año los precios de los granos comenzaron a subir, y con eso mejoró la rentabilidad de los productores. Como el Índice FADA mide cuánto de la rentabilidad (el margen bruto) de una hectárea sembrada con granos se va luego en pagar impuestos, la suba de las retenciones se diluyó bastante y la presión fiscal cayó. Al menos en la fotografía correspondiente a diciembre de cada año.
A un año de Alberto, ese índice dió ahora 59,2% de la renta (ingresos menos costos) de una hectárea agrícola. “En otras palabras, de cada 100 pesos que genera el productor, 59,2 pesos quedan para los distintos niveles de gobierno”, según explicó David Miazzo, economista jefe de FADA.
Un año atrás, cuando Macri se iba y venía Alberto, ese mismo indicador sobre la presión fiscal había sido superior al de ahora por unas pocas décimas: arrojó un 60,4%. Es decir que la voracidad fiscal, si bien sigue siendo muy elevada, retrocedió 1,2 puntos porcentuales.
No implica que Alberto o los gobernadores de la zona centro sean buenos y mucho menos que hayan bajado los impuestos para el sector agrícola. Por el contrario, como ya se dijo, los subieron. Pero el peso de esos impuestos en la ecuación agrícola ha sido menor debido a la mejora notable de los precios de los granos este último trimestre, y por efecto además de la devaluación contante del peso y la apreciación del dólar oficial.
La mejor prueba de que en el fondo nada mejoró ha sido la medición hecha por la propia FADA realizó cada tres meses a lo largo de 2020, con el nuevo esquema de retenciones y sin esta suba de los precios. En junio pasado, por ejemplo, la presión fiscal llegó a ser del 68,3%. Es decir nueve puntos más que ahorra y ocho puntos más que en el final del mandato de Macri.
En su nueva presentación, FADA reconoce que la presión fiscal se redujo en el marco de nuevas condiciones para quienes producen granos. La principal ha sido la fuerte suba de las cotizaciones internacionales. “Respecto a diciembre de 2019, el precio FOB de la soja ha mejorado un 35%, el del maíz 31% y el trigo 28%. Esto también trajo incrementos de los precios en el mercado interno”, precisó.
Por otro lado, en los últimos 12 meses el incremento nominal del tipo de cambio oficial fue del 36%. “Que el tipo de cambio nominal no se atrase respecto a la inflación es importante en actividades exportadoras para proteger la competitividad cambiaria, aunque en contextos de brecha cambiaria cercana al 100% estos análisis de tipo de cambio real multilateral pierden vigencia”, aclaró Miazzo.
El 59,2% de participación actual del Estado en los ingresos por hectárea está compuesta por impuestos de diversos orígenes y con distintos destinos. Los impuestos no coparticipables son el 61% del total que afronta una hectárea agrícola en Argentina. En esta categoría se encuentran principalmente los derechos de exportación y el impuesto a los créditos y débitos bancarios.

Los impuestos coparticipables con las provincias absorben el 34%. Acá se ubican principalmente el impuesto a las ganancias y el IVA. Las provincias reciben parte de este 34% a través de la coparticipación y, a su vez, aplican otros impuestos. Los impuestos provinciales representan el 4,5% de los impuestos totales. Por último, los municipios aplican sus cargas impositivas y representan el 0,5% del índice FADA promedio nacional. El componente central de estos impuestos municipales son las tasas viales.
La presión fiscal es mucho más alta en la soja que en otros cultivos, por el simple hecho de que el poroto tributa 33% de retenciones, contra 12% o 9% de otros granos. Así, la participación del Estado en soja es del 64,6%, mientras que cae en maíz 49,7%, trigo 55,2% y girasol 49%.
Si el promedio nacional es de 59,2%, Córdoba registra un 58,7%, Buenos Aires 60,7%, Santa Fe 58,4%, La Pampa 58,7%, Entre Ríos 62,3% y San Luis 57,1%.
Para esas mediciones se conjugan los rindes, los impuestos provinciales y locales y los fletes. También se tiene en cuenta cuánto de cada cultivo se produce en relación al territorio cultivado de la provincia. “Por ejemplo, en el caso de San Luis, que tiene el índice más bajo, se debe a que se produce una mayor cantidad de maíz, que es el cultivo con menos participación del Estado, no a una menor presión fiscal en sí”, explicó Miazzo.
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Respecto a la leche entera en sachet, su precio promedio fue de 60 pesos. Allí el tambo representa el 30% ($18,33), la industria el 39% ($23,63), el comercio el 19% ($11,17) y los impuestos el 12%. ($7). El tambo y el comercio registran pérdidas de -$1,94 y -$1,45 respectivamente.

“Por cada sachet que compramos, estamos pagando $52,60 de costos, $7 de impuestos y $0,50 de ganancia en toda la cadena”, analizó Ariño.
David Miazzo, economista de FADA, aclaró: “si bien el comercio pierde con cada sachet vendido, este es un “producto gancho”, y luego se compensa con otros lácteos de mayor valor esa pérdida”.
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]]>“Cuando hablamos del agro se nos viene la imagen del productor cosechando o criando animales. Pero abarca mucho más, la agroindustria genera empleo desde el trabajo en un campo hasta en una oficina en la ciudad”, afirma Natalia Ariño, economista de FADA.
El estudio de esta fundación cordobesa revela que se generan más de 3,7 millones de puestos de trabajo desde las cadenas agroindustriales.
Haciendo un “top five”, las cinco cadenas que más crean trabajo son: la de frutas, verduras, hortalizas y legumbres con 12%, la de carne vacuna con 11%, soja también aporta 11%, trigo el 10% y maíz 7%. Estas cinco cadenas juntas generan la mitad de todo el empleo agroindustrial.
Del informe, también se desprende que el mayor generador de empleo es la producción (el eslabón primario), generando el 38% del total de las cadenas. Le siguen la comercialización, con 26%; la industria, con 21%; el transporte y logística, con 8%; los servicios conexos con 4%; y los bienes de capital e insumos, con 3%.

“Hay que desterrar la idea de que ‘campo’ sólo implica producir granos, cultivar verduras o criar animales. Para producir necesitamos del campo, las regiones, las ciudades y de variados rubros, profesiones y oficios”, señló el economista jefe de FADA, David Miazzo, para quien “este estudio sirve para tomar una radiografía del empleo generado en torno al agro pero que excede a lo que sucede en el campo”.
Para poner ejemplos, el estudio dice que en un desayuno miles de empleos están sobre la mesa. Cada mañana se necesitan parte de los 187 mil empleos que genera la cadena láctea para la taza de café con leche, también personal de la azucarera, algunos de los 385 mil trabajadores de la cadena triguera para las tostadas. Y si agregamos mermelada, involucra a la cadena de frutas. O si nos gustan los copos de cereal, entran los cerealeros. Los de algodonera en el mantel y los de forestal en la mesa donde lo servimos.

Enfocado desde cada tipo de cadena, del total de empleo agroindustrial, el 32% lo generan las cadenas de cereales, oleaginosas y forrajeras, otro 32% las regionales (azúcar, frutas, vino, etc.), 24% cadenas animales (vacuno, porcino, aviar, láctea, ovino y otros) los servicios conexos (financieros, seguros, contables, etc.) más otras actividades suman un 11% y 1% la de bienes de capital (maquinarias).
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