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La entrada Docente y productor, Diego Álvarez se cargó al hombro el desafío de intentar producir soja y maíz sin agroquímicos en el periurbano de Pergamino se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>De entrada, suena muy complicado hacer producción extensiva de granos sin el uso de insumos químicos. Pero la instrucción del juzgado federal 2 de San Nicolás es clara: se fijó un límite “restrictivo y de exclusión” de 1.095 metros desde las zonas pobladas para aplicaciones terrestres, que se eleva a 3.000 metros para las aplicaciones aéreas. Incluso hubo casos de productores que cayeron presos por violar estas distancias.
Diego Álvarez es ingeniero agrónomo, docente de la Facultad de Agronomía de la UBA, asesor privado y también productor en esa región del norte bonaerense. Como ya venía trabajando en algunos lotes en la región, se propuso hacer una serie de ensayos. Ya va por su segunda campaña trabajando parcelas sin uso de agroquímicos. Conversó con Bichos de Campo para mostrar algunos resultados.
“El año pasado tuve 80 hectáreas en producción sin uso de agroquímicos”, explicó el investigador de la FAUBA, que acaba de realizar la cosecha 2019/20 con tres tipo de modelos diferentes: con siembra directa y agroquímicos en lotes que escapaban a la prohibición, con labranza convencional para controlar de malezas de forma mecánica en otro sector, y casi a la buena de Dios en la zona de prohibición.
Álvarez tiene un campo familiar en el pueblo de Fontezuela, del cual es oriundo. Queda a 10 kilómetros al sur de Pergamino, sobre la Ruta 8. Ese campo quedó en el límite de la restricción, con lo cual pudo pulverizar con productos de banda verde y por vía terrestre. Pero otros lotes que arrendaba sí fueron alcanzados por la medida. “Son campos muy buenos en lo productivo, que se arrendaban por 18 quintales de soja, y que pasaron a 0 de valor. Es muy difícil producir en esa circunstancia”, explicó el agrónomo.
Mirá la entrevista completa a Diego Álvarez:
Álvarez señaló que resulta bastante difícil producir cultivos extensivos (sobre todo soja y maíz, que son el fuerte de esta región) apelando a la llamada agroecología, pero aceptó: “No quedaba otra que hacer algo, porque después, si no hacés nada, ese lote queda abandonado, se convierte en un baldío y el dueño del campo teme que ese lote se usurpe, porque está muy cerca de la ciudad”.
El acto de convencer al dueño de la tierra que alquilaba que debía bajar el precio del arrendamiento y hasta pensar en fórmulas diferentes fue otra complejidad, pero al final lo terminaron entendiendo. “En un primer momento hubo que cambiar el modelo de negocio. Le dije que ya no podía pagarle los 18 quintales que valía, y le propuse pagar los costos de los ensayos entre los dos, hasta que todo se encaminara. Así que arrancamos todo a medias, dividiendo las ganancias”, comentó.
El productor comentó que encaró tres lineas de trabajo o ensayos diferentes.
El resultado según Álvarez fue “un retorno a 50 años atrás”.
La soja a 21 centímetros se enmalezó tanto que la cosechadora no podía entrar al lote. “Tuve que hilerarla para evitar el desgrane, y cosecharla luego, para lo cual tuve que buscar una hileradora, con lo complicado que es conseguir esa maquina”, explicó.
El segundo manejo con escardillado, “se pudo resolver con cosecha directa, y en un video mostré las diferencias de rendimiento”. Los resultados y próximos pasos a seguir para optimizar los rindes, Álvarez los mostró efectivamente como sigue:
En síntesis, las batallas más grandes que Álvarez tuvo que enfrentar en estos ensayos fueron contra las malezas, que le dificultaron el manejo del cultivo desde la implantación hasta la cosecha.
¿Y cuáles fueron los resultado de esos tres ensayos?
El dato duro fue que, en estos ensayos a gran escala, la soja manejada por agroecología, rindió menos de la mitad de la soja tratada con insumos sintéticos. En medio, hubo buenos rendimientos para la soja con control de malezas mecánico, pero a costa de lesionar nuevamente el recurso suelo.
De todos modos, el agrónomo aclaró: “Tengo mucho terreno por explorar aún para aumentar los pisos de rendimiento de la soja sin insumos. Y hay que indicar que yo tomé estos campos en el mes de octubre, con lo cual no tuve mucho tiempo de planificación. Sé que se pueden subir esos pisos de rendimiento”.
Para la nueva siembra de granos gruesos, el profesional avisó que se prepara de otra forma. “En el 50% de las 80 hectáreas pude incorporar cultivos de cobertura, los cuales creo que me ayudarán”, especialmente en materia de fertilización y control de malezas, precisó.
Además, Álvarez dijo que “estoy mejor preparado desde el punto de vista de maquinaria; por ejemplo, ya tengo los rolos para rolar esos cultivos, y también pude incorporar promotores biológicos, de los cuales muchos no están registrados como fitosanitarios pero que pueden ser utilizados según la ordenanza. Por eso espero que este año pueda levantar los pisos de rendimiento”, concluyó.
Su caso será seguido con mucho interés, sin duda, por la comunidad agronómica sobre la cual se ciernen la amenaza de mayores restricciones al uso de agroquímicos.
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]]>La entrada El caso de Diego Álvarez: Producía en Pergamino y ahora un juez le prohibió usar insumos químicos en el 70% de los lotes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Esta situación altera y mucho la vida de los que producen cerca de esta ciudad icónica de la agricultura argentina. Diego Álvarez, un productor chico que además asesora establecimientos en ese partido, expresó a Bichos de Campo que se ve afectado por la medida.
“Tengo dos bloques de trabajo, uno sobre campo propio que está siendo afectado por esta nueva ordenanza en lo que serían aplicaciones aéreas (aunque sí me puedo manejar con terrestres), y la otra parte por la producción que hago sobre campos alquilados, que son pequeños lotes de 20 hectáreas cada uno ubicados alrededor de Pergamino. Ahí no puedo aplicar. Quise pulverizar con recetas agronómicos y con los productos correspondientes y no pude hacerlo”, explicó el chacarero damnificado.
Escuchá el reportaje completo realizado a Diego Álvarez:
Álvarez explicó que “Pergamino estaba perdiendo alrededor de 1.000 hectáreas por esta cuestión, y con esta nueva ordenanza unas 2.000 hectáreas que quedarían afectadas de ser producidas. El 70% de los campos que trabajo están cerca del ejido urbano, con lo cual no puedo trabajarlos. En mi caso, es con los campos alquilados con los que tengo conflicto. Ahora tengo que charlar con los propietarios porque tendría que dejar de alquilarlos. Son lotes que quedarán inutilizados. Entonces el propietario tiene que seguir pagando los impuestos pero no puede producirlo”
Ver: Balas que pican cerca: La industria de agroquímicos reaccionó al fallo adverso de Pergamino
El productor declaró que “esos lotes sin producir quedan totalmente enmalezados, y ahí empiezan a proliferar roedores, y aparte se vuelven baldíos y basurales”. E ironizó: “Después la gente de la parte urbana termina reclamando”.

Para el productor, en este contexto, “no es cuestión de prohibir aplicaciones a 2.000 o 3.000 metros. Una deriva puede viajar kilómetros por una inversión térmica. En este caso que conocí, el producto había viajado hasta 3 kilómetros”.
Dadas las circunstancias actuales, el productor se reunió con el intendente Javier Martínez para evaluar qué hacer en los lotes comprometidos por la ordenanza del juez Villafuerte Ruzo.
“Estamos pensando en un plan para hacer posibles cultivos para así minimizar la productividad en esas zonas. Estoy viendo un trabajo que hizo el INTA Marcos Juárez, donde hay un módulo de trabajo periurbano, en donde se hace mención a distintas opciones de cultivos para este tipo de zonas”, declaró.
Pero el productor se mostró decepcionado ante la definición de la justicia. “Con la cantidad de evidencia científica para hacer Buenas Prácticas Agropecuarias, ¿por qué no aplicarlas y llevarlas adelante más allá de prohibir aplicaciones a 2.000 o 3.000 metros?”, se preguntó Álvarez.
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