Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wi631525_new.wp_ppress_plans' doesn't exist]SELECT COUNT(id) FROM wp_ppress_plans WHERE status = 'true'
La entrada Aapresid lanzó su 29° Congreso Anual, donde machacará con la diversidad de cultivos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Sí, adivinó: eran las 15,29 cuando los directivos de esa entidad comenzaron a hablar de lo que será este año la principal cita tecnológica del agro argentino, un clásico de agosto que por segundo año consecutivo, por culpa del infame Covid, deberá hacerse de modo virtual.
Como ya sucedió en la edición anterior, Aapresid repartirá su congreso (que cuendo era presencial duraba hasta tres jornadas) en seis días y medio, una primera tanda de charlas y debates entre el 11 al 13 de agosto, y una segunda panzada entre el 17 y el 20 de agosto.
También a tono con lo que sucedió en la edición 2020, cuando el lema del Congreso fue “siempre vivo, siempre verde” (en alusión a la necesidad de incorporar cultivos de servicio en las rotaciones), esta vez el eslogan dirá: “Siempre Vivo, Siempre Diverso”, manteniendo la consigna de que es necesario mantener la biodiversidad para asegurar la sustentabilidad del sistema agrícola argentino.

“Estamos contentos de abrir la inscripción al 29° Congreso Aapresid. Apuntamos a un Congreso con contenido de vanguardia y enormes posibilidades de interacción”, dijo el presidente de Aapresid, David Roggero, quien fue secundado por el vicepresidente Marcelo Torres y por el gerente de Prospectiva, Martin Rainaudo.
“Hay una amplia convocatoria para integrar visiones y generar la energía de la innovación colaborativa”, explicó Torres, que fue el encargado de repasar todos los temas que incluirá la agenda del Congreso. Desde manejo de cultivos tradicionales a nuevos cultivos y cultivos de servicio, pero también AgTech, las políticas públicas, bioeconomía, los hábitos de consumo, el cambio climático y hasta los desafíos internacionales. De todo como en botica.
”Este año vamos un paso más allá haciendo foco en la biodiversidad como eje de la sustentabilidad: la biodiversidad “por encima del suelo” – con variedad de producciones y cultivos que lo cubran a lo largo de todo el año – pero también por debajo: potenciando el rol de organismos que lo habitan para producir alimentos en cantidad y calidad y maximizar el secuestro de C en la lucha contra el cambio climático”, precisó respecto de los desafíos agronómicos.

En el marco del evento tendrá lugar una ronda de negocios organizada junto con la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional (AAICI). Su director de inversiones, Santiago Paz, anunció que ese organismo organizará en paralelo, “una vez más, por cuarto año consecutivo, la Semana AgTech, el evento nacional de mayor tracción para este segmento, orientado tanto a las exportaciones como las inversiones”.
Además, con apoyo de la Cancillería, se va a llevar a cabo los días 18 y 19 de agosto una ronda de negocios –este año de manera virtual– con la participación de sectores de maquinaria agrícola e insumos. La idea es convocar compradores de India, Rusia, Bulgaria, Sudáfrica, Estados Unidos, Paraguay, Colombia, México y Kenia.

El ministro de la Producción de Santa Fe, Daniel Costamagna, focalizó en el lema Siempre vivo, siempre diverso: “Más que nunca estas palabras tienen que ver con la impronta, el deseo y el sueño de promover la diversidad que existe en los modelos productivos santafesinos. Una diversidad que necesita de inversiones, de un ámbito amigable, de desarrollo tecnológico y capacitación”, dijo el funcionario, que se recibió luego de equilibrista cuando un periodista le preguntó por la posición del gobierno provincial respecto del cierre de las exportaciones de carne.
Costamagna hizo todo lo posible para esquivar las críticas directas al gobierno de Alberto Fernández por esta medida, a tiempo que se ocupó de que todos entendieran entrelíneas que no está de acuerdo con la restricciones exportadora.
Finalmente llegó el turno del intendente remolón de Rosario, sede que ha albergado históricamente el Congreso anual de Aapresid, sobre todo en mejores tiempos, cuando desbordaban los hoteles de la ciudad. Pablo Javkin dijo que aspira a que eso siga siendo así cuando pase la pandemia: “Queremos que Aapresid esté en Rosario, que su congreso sea acá”. Peor por las dudas avisó que “la disrupción tecnológica nos va a cambiar para siempre: la forma de comunicarnos, a través de formatos híbridos como el que propone este evento que llegaron para quedarse”.

Rainaudo confirmó que por ahora se trabajará así: “Hoy lanzamos un evento desde una plataforma de streaming propia Aapresid Comunidad Digital bajo un formato híbrido, con conducción desde un estudio en Rosario e intercambio remoto con los invitados”. Allí podrán ingresar a 6 salas plenarias y más de 230 espacios de charlas, salas con traducción al inglés y a un hall comercial que reunirá a las principales empresas y organismos del rubro.
“La plataforma incluye además funcionalidades para la máxima interacción: un foro de intercambio técnico, un chat de asistentes, una aplicación para la presupuestación de insumos y servicios con empresas, entre otras”, precisó.
Pues bien, todo listo para el próximo Congreso de Aapresid. Prometido que el 11 de agosto todo empezará a horario.
La entrada Aapresid lanzó su 29° Congreso Anual, donde machacará con la diversidad de cultivos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Para nosotros y el país: El biólogo Cristian Desmarchelier explica por qué la biodiversidad puede ser también un buen negocio se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>–¿Es cierto que conocemos el 1% de la riqueza natural de nuestro Planeta?
-En verdad, es una forma de decir que lo que conocemos de la biodiversidad es muy poco. Por ejemplo, ¿cuántas especies de plantas existen en el Planeta? Quizás medio millón, pero sólo conocemos en profundidad un porcentaje muy pequeño de ellas. Y sin embargo ese porcentaje tan pequeño nos ha dado alimentos, medicina, y hasta productos industriales.
-¿Y en Argentina?
-En nuestro país se calcula que hay unas 10.000 especies de plantas que son autóctonas, es decir que no fueron traídas de otras partes del mundo. Pero no creo que lleguen a diez en total las que han sido estudiadas exhaustivamente desde el punto de vista nutricional o medicinal, y menos aún puestas en valor desde lo económico. Si miramos esa cifra, el 1% quedó grande. Entonces, si de un porcentaje tan pequeño se pudo obtener un impacto económico tan grande para la humanidad, el potencial de lo desconocido es enorme.
-¿Quiere decir que todos nuestros avances en medicina y ciencia los hemos hecho desconociendo el mundo en que vivimos?
-Al contrario. En el caso particular de la biodiversidad, los avances han sido gracias a su observación y estudio. El problema es que quedaron varios factores fuera de la ecuación, como el hecho de que los recursos genéticos y los ecosistemas en los cuales los encontramos no son ´gratis´ e ilimitados. El Planeta se va achicando por decirlo de alguna manera, y muchos recursos que antes parecían ilimitados ahora sabemos que no lo son. Pasa con el agua, el aire, y también con la biodiversidad. Además, estuvo siempre la idea equivocada de que la naturaleza no le pertenece a nadie y que por lo tanto podemos tomar lo que queramos de ella sin pedir permiso ni perdón.
-¿No es así?
-¡No! Los recursos genéticos se encuentran en países, provincias o regiones donde también evolucionaron sociedades que tienen un profundo conocimiento de sus usos y aplicaciones, y que en la actualidad son reconocidos como los dueños legítimos de esos recursos a quienes se les reconoce algún tipo de derecho sobre su explotación. Entonces, es necesario que la puesta en valor de la biodiversidad de aquí en más se haga en forma sustentable y con un reparto justo y equitativo de los beneficios. La ecuación poco a poco va cambiando.
-Usted menciona que el 20% de las especies ha desaparecido o lo hará pronto. ¿A qué se debe?
-En parte porque la biodiversidad (que se encuentra casi siempre representada en ecosistemas que muchas veces son considerados un freno al desarrollo económico) va desapareciendo para dar espacio a actividades productivas como la ganadería y agricultura, a la urbanización, y otras presiones típicamente demográficas. También como consecuencia del cambio climático, como es el caso de la degradación en la Gran Barrera de Coral de Australia. Pero esto se podría revertir poniendo en valor a la biodiversidad desde un enfoque financiero.




-¿Cómo sería?
-Un ecosistema puede tener valor económico gracias a su capacidad de captación de carbono de la atmósfera, de la generación de agua, y de los organismos vivos que la componen, que podrían ser de valor para la industria de los alimentos, cosmética o de la salud. Y esto es sólo un ejemplo.
-¿Cómo incide el avance de la frontera agropecuaria?
-Depende a qué nos referimos por ´agropecuario´. Si hablamos de producción de ´commodities´ como la soja o carnes, que por lo general se asocia a la idea de desmonte y reemplazo con monocultivos o cría ganadera, el impacto es negativo, ya que para aumentar la producción es necesario reemplazar áreas de diversidad biológica. Pero existen algunas alternativas que pueden ser menos traumáticas como la incorporación de agricultura agroecológica o de agroforestería, dos modelos productivos que tendrían un menor impacto sobre la biodiversidad. Desde la agricultura convencional también se vienen incorporando mejoras tecnológicas como la siembra directa, la utilización de bioinsumos obtenidos a través de procesos biotecnológicos y la incorporación de nuevas características en cultivos gracias a la biología molecular. Bien utilizadas, permiten, en teoría, un uso más eficiente y racional de las zonas de producción tradicionales. Ello conlleva a un menor impacto ambiental y a una mayor productividad por hectárea, lo cual a su vez debería reducir la presión sobre áreas silvestres.
-¿Cómo se hace para aprovechar la naturaleza económicamente y sin perjudicarla?
-Existen muchos modelos y en algunos casos se va dando algo así como una ´marca país´ que diferencia unos de otros. Por ejemplo, Brasil es el mayor emisor de bonos verdes de Latinoamérica, un instrumento financiero que permite poner en valor a regiones de alta diversidad biológica como la Amazonia; Costa Rica se transformó en un destino de ecoturismo a nivel mundial; Perú hace ya más de dos décadas impulsó el concepto de ´biocomercio´, y más importante aún, se transformó en un símbolo de gastronomía global. Y todo esto gracias, en parte, a la puesta en valor de muchos de los recursos genéticos originales que ellos tienen. Es posible que Panamá se esté perfilando hacia la bioprospección, que consiste en la búsqueda de nuevas moléculas para la industria farmacéutica. Quién sabe, quizás la próxima molécula disruptiva en la industria farmacéutica provenga de las selvas del Darién en Colombia y Panamá.
-¿Por qué si Argentina tiene tan alta biodiversidad permanece desconocida incluso como posibilidad económica?
-Creo que la oportunidad que existe en Argentina no radica en el hecho de presentar una biodiversidad interesante; de hecho, nuestro país ni siquiera se encuentra catalogado dentro de la lista de los países megadiversos. Lo que sí tenemos es un ´mix´ que no es tan fácil de encontrar en otras partes del mundo, y que consiste en la combinación de recursos genéticos, un sistema científico-tecnológico capaz de desentrañar el potencial de esos recursos, y un sector empresarial capaz de transformarlos en productos innovadores. Ahí está el secreto. Por otro lado, el desconocimiento del potencial económico de la biodiversidad no es un problema que sólo se da en Argentina, sino que es a nivel global. Recién en los últimos años se está tomando conciencia de que la biodiversidad no es un impedimento al desarrollo económico sino más bien una oportunidad para desarrollar nuevos negocios, y que la sustentabilidad ambiental y el impacto social pueden ser rentables.
-¿Hay nuevas ideas de usos sustentables de biodiversidad?
-Además de los antes mencionados hoy se habla del ´lujo sustentable´. Se trata de desarrollar productos innovadores y de alto valor agregado para los mercados premium y que incluye alimentos funcionales, indumentaria, salud y belleza. Los productos deben tener impacto ambiental positivo y una participación activa de las sociedades que están vinculadas con los recursos genéticos, o sea poblaciones campesinas, nativas, o productores rurales en zonas de interés ecológico. Tienen que ser percibidos como productos sanos, naturales, amigables con el medioambiente, y sobre todo con un impacto social positivo.

-¿Existen casos de este tipo de productos en nuestro país?
-Existen pocos pero son suficientes para confirmar que es un modelo posible: aceites esenciales de plantas patagónicas para la industria cosmética, indumentarias a base de lana de vicuña del altiplano, mieles diferenciadas del parque chaqueño, productos para el cuidado capilar a base de arbustos del desierto, y fitoterápicos elaborados con plantas de la selva misionera.
-¿Todo eso ya existe?
-Sí, son productos innovadores, de alto valor agregado, validados científicamente, y de comprobado impacto positivo sobre los ecosistemas de donde provienen y de las poblaciones que los habitan. Son los atributos por lo que el consumidor responsable está dispuesto a pagar.
-Parece de vanguardia…
-Lo es y si bien todavía estamos lejos de lograr un porfolio de productos que genere divisas para el país a cambio de la preservación de nuestra biodiversidad, la valoración de los pueblos ancestrales y de las economías regionales, que hay una gran oportunidad frente a nuestros ojos, un modelo innovador que hay que explorar.
La entrada Para nosotros y el país: El biólogo Cristian Desmarchelier explica por qué la biodiversidad puede ser también un buen negocio se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Metele flores al campo: La Fauba y CREA trabajan en un proyecto para aportar diversidad a los planteos agrícolas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Un proyecto conjunto entre la UBA y el Consorcio Regional de Experimentación Agropecuaria (CREA) busca, a partir de esas franjas vegetadas, recuperar y valorizar funciones ecológicas en los agroecosistemas, tales como la polinización, y generar protocolos de manejo que los productores puedan aplicar sencillamente.
Santiago Poggio, docente de la cátedra de Producción Vegetal de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) y director del proyecto ‘Diseño e Implementación de Instrumentos para Promover la Biodiversidad en Agroecosistemas Pampeanos’, señaló la necesidad de pensar la agricultura más allá de producir alimentos, fibras o biocombustibles.
De ese mismo tema hablamos con el investigador en Bichos de Campo:
“La perspectiva debe ser amplia, ya que los paisajes agrícolas brindan otros beneficios al ser humano. En particular, en áreas no cultivadas, encuentran hábitats plantas y animales silvestres que brindan servicios -desde aumentar la biodiversidad hasta proveer flores melíferas, polinización, control de plagas, refugio de aves, etc-, claves para sostener la productividad de la agricultura”.
“Los primeros resultados experimentales del proyecto los obtuvimos en parcelas pequeñas en la FAUBA. Encontramos una combinación muy satisfactoria de especies forrajeras con flores melíferas: trébol blanco, trébol rojo, tréboles de olor y achicoria. Los resultados preliminares sugieren que este conjunto de especies aumentaría la cantidad de flores ofrecidas y alargaría la oferta estacional. La mezcla posee dos ventajas; la primera es que a esas plantas las visitan muchas abejas e insectos polinizadores, y la segunda es que son especies conocidas por los productores, lo cual, en principio, facilitaría su introducción”, explicó Poggio, quien también es investigador del Conicet.

En este sentido, Santiago añadió que un segundo resultado al que él y sus colaboradores arribaron tras el primer año de experimentación es que, una vez que se comience a llevar esta tecnología a situaciones productivas, para asegurar el establecimiento del conjunto de especies forrajeras de la mencionada mezcla será necesario realizar una única aplicación de herbicidas al inicio. Ello permitirá lograr una supervivencia adecuada de las plantas y una buena oferta de flores melíferas.
Poggio afirmó que este año comenzarán a trabajar a campo con productores de la región CREA-Norte de Buenos Aires para agregar la mencionada mezcla de semillas a las terrazas y franjas vegetadas.
“La condición para que la flora natural más la que se añada pueda establecerse y perdurar en las franjas y terrazas es que los productores se comprometan a no aplicar herbicidas ni insecticidas, tal como lo hacen en las partes cultivadas. Lo ideal es que manejen estas áreas vegetadas con, por ejemplo, cortes periódicos”.

“Aunque parezca mentira, las superficies sin cultivar cubren una proporción considerable de los paisajes agrícolas. Me refiero, por ejemplo, a caminos, banquinas, vías férreas y alambrados. Son espacios menos perturbados donde puede residir una fauna y flora silvestre capaz de brindarle diversos beneficios al ser humano. Puntualmente, me refiero a los llamados servicios ecosistémicos”, sostuvo Santiago.
Ver Otra señal de que los tiempos cambian: Syngenta promueve refugios para polinizadores
Asimismo, agregó: “Cuando hablamos de servicios ecosistémicos, ponemos en el centro a la sociedad, ya que todos usamos productos que vienen de la agricultura o de la naturaleza. Estos servicios tienen que ver con la producción de alimentos, fibras, biocombustibles y bienes. También se relacionan con el soporte de la vida, como en el caso de las comunidades microbianas del suelo, que ayudan a ciclar la materia orgánica y a sostener la fertilidad”.
La polinización es un servicio ecosistémico muy importante que no sólo brinda la abeja melífera, sino también otros insectos nativos. Foto: muyinteresante.com.mx
Poggio también resaltó la importancia de otros servicios clave para la agricultura. “Por ejemplo, si falla la polinización en el cultivo de girasol, que depende de estos insectos, no se cosecharán granos ni se obtendrá aceite. Y podemos también mencionar la regulación de plagas por parte de ciertos insectos benéficos, o de roedores que consumen semillas de malezas, o de sapos y ranas que consumen insectos”.
Ver ¿Qué hace un entomólogo?: Gastón Zubarán nos cuenta para qué sirve estudiar los insectos en el campo
En último lugar, pero no menos importante, el docente mencionó que existen servicios ecosistémicos vinculados con las necesidades recreativas y espirituales de la gente. “Podemos encontrar valores escénicos en un paisaje, ya sea porque tiene sierras o cierto tipo de vegetación, o porque permite avistar aves, practicar la pesca u otros deportes, tomar fotos o hacer un pic-nic. Nuestro proyecto también busca valorizar estos servicios”.
Poggio destacó que entre los productores agropecuarios existe una preocupación por la vegetación de las áreas no cultivadas como fuente potencial de plagas y malezas. Eso los lleva a aplicar en esos espacios los mismos insecticidas y herbicidas que usan en sus lotes. De esta manera, y sin quererlo, se produce la selección de ciertas especies resistentes a esos agroquímicos y una reducción general de la biodiversidad que puede prestar los servicios antes mencionados.

“Si logramos establecer un manejo de la vegetación espontánea que no se base en aplicar herbicidas, ya sea con cortes o con otras herramientas, podemos ver la posibilidad de reintroducir especies que tengan algún interés o atenuar el problema de las malezas. Para implementar un manejo estratégico va a ser necesario trabajar en conjunto con los productores”, aseveró.
El docente profundizó su explicación agregando que el manejo de la vegetación espontánea sin usar herbicidas es una preocupación actual de los productores cuyos campos están alcanzados por las zonas de exclusión de aplicación de agroquímicos cuando los campos están ubicados cerca de zonas urbanas, áreas pobladas o escuelas rurales.
“Nuestro proyecto está financiado por la UBA y tiene como beneficiario al CREA -comentó Poggio-, con quien ya hemos tenido experiencias previas en proyectos de investigación adaptativa. La propuesta, que presentamos junto con Federico Bert y Ariel Angeli, profesionales del CREA, es generar un protocolo o cuaderno técnico, apoyado por material multimedial, que contenga una serie de lineamientos de fácil aplicación por el productor y que le demanden poco tiempo y recursos”.
“Estamos promediando el primer año del proyecto, poniendo a prueba nuestras ideas. En esas franjas vegetadas —a las que los productores ya no le aplicarán herbicidas— vamos a medir tanto la acumulación de biomasa como ciertas variables ligadas a la erosión hídrica, además de seguir estudiando la dinámica de las comunidades de arañas, que son depredadores de otros insectos, y las de insectos polinizadores… Tal como decía antes, ya tenemos resultados concretos sobre los cuales seguir avanzando con confianza”, cerró
La entrada Metele flores al campo: La Fauba y CREA trabajan en un proyecto para aportar diversidad a los planteos agrícolas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada El “gurú” de la agroecología, Eduardo Cerdá, explica por qué se debe terminar con una agricultura tan dependiente de insumos químicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Cerdá, que preside desde hace unos años una red de treinta municipios que fomentan la agroecología, no lo desmiente. Todo lo contrario. “Todavía falta la designación, pero a mi me parece una propuesta interesante que el Estado visibilice este tipo de agricultura que para nosotros es la agricultura de los próximos años, pues conserva la fertilidad, que va disminuyendo el uso de los insumos, que a su vez disminuye los costos de los productores, considerando los precios en dólares que presentan, y ni hablar para los años que se vienen de tanta inestabilidad climática”, explicó el agrónomo a Bichos de Campo.
“A lo largo de estos años la agroecología demostró que se puede producir con rendimientos similares, pero con costos muy bajos al no usar fertilizantes, fungicidas e insecticidas”, indicó el especialista surgido hace más de veinte años en Tres Arroyos. Que contrastó: “Venimos de un proceso donde el modelo químico, industrial y predominante no dio respuestas al hambre del mundo y pormovió un uso inadecuado de los agroquímicos. Y lo dicen las Naciones Unidas, no solo yo”, enfatizó.
Escuchá el reportaje completo a Eduardo Cerdá:
“Pensá que en los años 90 la Argentina usaba 38 millones de litros de agroquímicos, y todavía no duplicó su superficie de siembra. Si duplicásemos la superficie, ¿cuántos litros de agroquímicos usaríamos por año? ¿120 millones? No. Estamos ya superando los 500 millones de litros de agroquímicos por año”, advirtió.
Luego aseguró que “no hay chance de que nuestro ecosistema pueda metabolizar tantos millones de litros. Trabajos científicos internacionales y nacionales ya establecen que tenemos agroquímicos en las nubes, en el aire, en la tierra, en lagunas y hasta en el Río Paraná”, enumeró Cerdá.
Hace muchos años que Cerdá asesora e investiga sobre las prácticas agroecológicas, pero el se resiste a ser considerado como un gurú. “Los 20 años recorridos por todo el territorio nos dieron el conocimiento necesario, y hacen que podamos conectar con muchos profesionales y productores, y difundir aún más la actividad”, explicó el presidente de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (Renama).
Cerdá declaró que “cada vez se suman más municipios, provincias y hasta países a los postulados de una agricultura que reniega de los insumos químicos. “Recientemente adhirió a Renama el municipio de Merlo, en San Luis, e hicimos jornadas en Río Cuarto, Córdoba, y en Bolívar y Guaminí, en Buenos Aires”. No lo quiso decir, pero también un municipio de Uruguay adhirió a la red.
-¿Y por qué cree que la propuesta logra esta adhesión?
-Coincidimos en que es muy difícil estar enterrando de 300 a 500 dólares por hectárea, cuando no sabés si te va a llover o no, si vas a poder, al menos, salvar tu dinero invertido.
Cerdá puso como ejemplo un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA). “Esta bolsa ya está diciendo que más del 50% de los productores quizás no pueda cubrir sus costos en maíz. Y todo esto tiene que ver con una forma de producir que aspira a rendimientos muy altos y que apuesta a un costo y una inversión que deja a muchos productores fuera del sistema porque no pueden recuperar el dinero que invierten”.
En contraste, contó el caso de productores agroecológicos del oeste de Buenos Aires, en donde el año pasado llovieron de 300 a 400 milímetros y hasta hubo productores que resignaron sus trigos como alimento para las vacas. “Sin embargo, (estos productores) no tienen deudas, no han tomado crédito, están capitalizados tras un año tan difícil. Eso habla de la resiliencia, que es poder pasar momentos difíciles”, explicó el agroecólogo.
Vea aquí la primera entrevista a Eduardo Cerdá en Bichos de Campo en junio de 2017:
Según el especialista, hoy los productores obtienen los mismos rindes que en 1990, pero con un costo mayor de inversión por hectárea en cuanto a uso de insumos.
“En los 90 hacer una hectárea de trigo en Tres Arroyos costaba 100 dólares. Al cabo de 10 años, esa misma hectárea costaba 200, y en 2015 el valor ascendió a 400 dólares. A su vez, en los 90 cosechábamos 2.500 kilos por hectárea, y la cuenta es que, ahora, con un gasto de 400 dólares la hectárea, obtenemos el mismo rinde que en los 90”, dijo Cerdá.
En esa lógica, “hablamos de que ahora deberíamos obtener de 7.500 a 10.000 kilos para estar igual que en los 90. Es una pérdida bastante angustiante, cuando la media en Tres Arroyos es de 4.000 kilos por hectárea hace cinco años”.
Desde su experiencia como asesor de campos agroecolóicos, Cerdá señaló que “nosotros estamos en esos rindes, y hasta los hemos superado, llegando incluso a lograr lotes de 6.000 kilos por hectárea, sin fertilizantes, herbicidas o fiungicidas, con un costo de 150 dólares la hectárea. Entonces ¿Qué le conviene al productor?”, preguntó.
“El productor tiene que entender que maneja organismos vivos, de los cuales uno de los más importantes es el suelo; por ende hay que cuidarlo y alimentarlo. En la Facultad nunca lo vimos desde ese lugar”, recomendó.
Desde ese punto de vista, “es inevitable complementar el sistema con la ganadería, y otra de las claves que usamos es la de los cultivos asociados, es decir el poder sembrar cultivos como trigo y cebada con cultivos acompañantes como trébol o alfalfa por poner ejemplos”.
“Así podés cosechar, por ejemplo, un trigo, y te queda otro cultivo cubriendo el suelo, evitando que crezcan malezas, y nutriéndolo, porque permite fijación de nutrientes de forma biológica. Es un margen de secuencia, y no de un cultivo solo. Ese es un cambio grande”, concluyó Cerdá.
Cerdá es ingeniero agrónomo de la Universidad de La Plata (UNLP) y escribió los primeros libros que se escribieron sobre agroecología en Argentina. Es el caso de uno escrito junto a Santiago Sarandón (presidente de la Sociedad Argentina de Agroecología y presidente de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología), en cuyo capítulo 16 se relata el caso del establecimiento La Aurora, en Benito Juárez, que es asesorado por Cerdá desde hace 28 años. Ese establecimiento fue elegido por la FAO como una de las 52 experiencias exitosas del mundo en agroecología.
La entrada El “gurú” de la agroecología, Eduardo Cerdá, explica por qué se debe terminar con una agricultura tan dependiente de insumos químicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Esteban Zugasti: Produce orgánicos, tiene su propia reserva natural y además es rentable se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>
“Tenemos un campo cerca de Sierra de los Padres, cuya mitad es agrícola, de condición muy buena, pero la otra mitad es sierra. En la parte agrícola, apostamos a la agricultura y ganadería orgánica certificada, y en la parte de sierras hacemos ganadería. Pero además desarrollamos una reserva natural, ya que nos interesa una conservación de esos ambientes que son muy ricos en pastizales serranos”, contó Zugasti a Bichos de Campo.
Escuchá el reportaje completo a Esteban Zugasti:
Para el productor, “tanto producción orgánica como conservación son perfectamente compatibles, y no es necesario fundirse en el intento, contrario a lo que muchos creen”.
“Nosotros tenemos el campo certificado para producción orgánica desde hace 5 años, pero antes de eso ya veníamos haciendo producción sustentable. O sea que sí se puede”, enfatizó Zugasti.
La flamante reserva ecológica se llama “Paititi” y está enclavada en sierras con una biodiversidad interesante. “Estamos rodeados de tierras muy ricas, y estas funcionan como refugio de biodiversidad. Siempre nos interesó cuidarlas, por eso firmamos un convenio de cooperación hace 5 años con la Universidad Nacional de Mar del Plata, y a través de el se formaron varios equipos de investigación y desarrollo de modelos productivos que se lleven bien con la conservación ambiental”.
Zugasti aclaró que en las tierras productivas que lindan con la reserva “no usamos ningún insumo de síntesis química: ni insecticidas, fungicidas o herbicidas. Tampoco fertilizantes de síntesis química. Lo que usamos son bio fertilizantes o fertilizantes minerales como roca fosfórica, la cual está permitida para uso en producción orgánica”.

En su campo certificado, Zugasti produce cereales de invierno como trigo, avena y cebada, y también ganadería. “Nuestros rindes son de aproximadamente el 60% si comparamos con los rindes que se obtendrían bajo esquema de producción convencional. Por ejemplo, en trigo estamos en promedios 3.000 a 3.200 kilos de hectárea”, precisó. La clave, en consecuencia, está en sus costos.
Según Zugasti, en efecto, ese rendimiento en trigo no está “nada mal” si se tiene en cuenta que “los gastos que tenemos nosotros son menores que produciendo bajo método con síntesis química. Cerca de 1.000 kilos de trigo se nos va en gastos”, precisó.
“Otro aspecto a considerar es que el trigo orgánico lo vendemos en el mercado local un 30% a 50% arriba del precio del cereal en pizarra. En suma, tenemos costos menores de producción y rentabilidad con sobreprecios”, agregó el productor.
En cuanto al planteo ganadero, Zugasti comentó que “no hacemos engorde a corral sino que apuntamos a una ganadería más armónica con el medio ambiente y con costos menores. En nuestro caso, usamos los pastizales de la sierra para los rodeos de cría. Y la invernada la hacemos sobre pasturas o verdeos. Pero aclaro que los animales que terminamos son sin encierre”.
El productor cree que “la gente está empezando a volver a valorar la carne de pastizal en Argentina y eso es algo muy bueno. Considero que esa carne tiene mayor calidad desde el punto de vista de la salud, que aquella carne realizada con base de maíz, en feedlot. Hasta el INTA tiene estudios donde compara la carne de pastizal con la carne norteamericana de feedlot, y los efectos de salud sobre nuestros cuerpos de una carne por sobre la otra es totalmente diferente”, indicó.
Sobre la rentabilidad de esta ganadería orgánica, Zugasti contó: “Estoy trabajando con la gente de Alianza del Pastizal, que es una red de productores que desde hace varios años se forma para terminar carne sobre pastizales naturales. Hace poco tiempo, la carne de esa alianza empezó a comercializarse en una cadena de supermercados importante (Carrefour) y hasta generó una marca diferenciada. Gracias a ese convenio, hoy se paga por el kilo de novillo, novillito y vaquillona, el precio máximo de Liniers mas un 2% de premio. Con lo cual, cobro más así que por un novillo de feedlot”, enfatizó.
La entrada Esteban Zugasti: Produce orgánicos, tiene su propia reserva natural y además es rentable se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Otra señal de que los tiempos cambian: Syngenta promueve refugios para polinizadores se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Durante años, las empresas proveedoras de tecnologías e insumos para el sector agrícola machacaron con un discurso sin fisuras que promovía una mayor intensificación, sin reparar demasiado en las consecuencias sociales y ambientales de la llamada “segunda revolución de las pampas”. Había que producir más y más con recurso limitados, y por ello había poco para pensar y revisar.
Días atrás, en una saludable charla sobre agroquímicos organizada por la Universidad de Buenos Aires (UBA) con participación de varias de sus facultades, el profesor titular de la cátedra de Cerealicultura de Agronomía, Emilio Satorre, comenzó a echar las primeras paladas de tierra para enterrar una etapa de la historia agrícola reciente y dar vida a una nueva. “Estamos en el final de la segunda revolución de las Pampas y en la construcción de una tercera etapa”, dijo Satorre. Y agregó: “En esta nueva etapa seguramente no va primar un enfoque exclusivamente tecnológico, sino modelos de producción más integrados. No va a haber un único modelo. Van a convivir muchos modelos”.
El maestro de agrónomos añadió que en ese proceso “habrá que incluir a la sociedad en las decisiones y aplicar los principios ecológicos para hacer una agricultura entendiendo la naturaleza”.
Todo esto a modo de introducción para contar una buena noticia, al menos en el sentido que predica Satorre y que reclaman muchos otros profesionales de la agronomía y de las ciencias ambientales. La empresa Syngenta, principal proveedora de fitosanitarios para el mercado local en 2016, por arriba de Monsanto, comenzó a recomendar a sus clientes, los productores, que incorporen los llamados “paisajes multifuncionales” a sus planteos productivos. Uno de los objetivos de este plan es contar con una diversidad abundante para que puedan prosperar los insectos polinizadores.
Ver: “Syngenta superó a Monsanto en el mercado local de agroquímicos”
“Luego de la primera experiencia realizada en Argentina en la Estación Experimental de Syngenta de Santa Isabel en 2015, la estrategia de generar ‘paisajes multifuncionales’ comienza a multiplicarse”, informa la multicacional que recientemente fue adquirida por capitales chinos.
En ese sentido, Syngenta reconoció que “los paisajes agrícolas a menudo carecen de la diversidad y abundancia de las flores que necesitan los polinizadores. De ahí la importancia de preservar y promover un espacio donde la biodiversidad florezca destinando zonas o franjas en los bordes de los lotes, alambrados, caminos rurales y otras áreas no cultivadas, para el desarrollo de plantas nativas que favorezcan la presencia de polinizadores”.
De acuerdo con esta visión mucho más amigable con el medio ambiente, “un paisaje multifuncional tiene un valor escénico, estético, ecológico y de recreación -entre otras funciones-, aporta valor y servicios a la comunidad, y además impacta positivamente en los cultivos de producción”.
Syngenta blanqueó sin más que el objetivo de impulsar esta estrategia “es reducir el impacto de la agricultura intensiva sobre los polinizadores y aumentar la biodiversidad de especies vegetales y animales en las zonas productivas”. De hecho, el impacto de la agricultura intensiva sobre la actividad benéfica de las abejas es un asunto que viene ganando espacio en aquellos lugares donde la agricultura moderna está en debate.
La gacetilla de la empresa toma palabras de Santiago Poggio, docente de la Fauba e investigador del Conicet, quien explicó: “Hay funciones ecológicas que dependen directamente del funcionamiento de las especies asociadas a lo que llamamos servicios de los ecosistemas o servicios ecológicos, como el ciclado de nutrientes o el ciclo del agua y el carbono, los controles de plagas y enfermedades por insectos depredadores, y por supuesto: la polinización”.
“El beneficio del trabajo que hacen los polinizadores lo recibimos en la vida cotidiana. Lo principal es tomar conciencia que desde que nos levantamos hasta que nos acostamos utilizamos los productos de la polinización, desde el algodón que usamos en la ropa y en las sábanas, el café, la mermelada, las frutas, la producción de semillas y verduras o el aceite. Es la sociedad la beneficiaria de las funciones ecológicas de la biodiversidad”, explicó el docente.
Syngenta ahora se propone trazar en la Argentina un protocolo de fácil implementación que no genere dificultades al momento de adaptarse, ni complicaciones en las prácticas tradicionales de cultivos, y difundir las ventajas y simplicidad de sumar este enfoque. “De este modo, entre más productores tomen consciencia sobre qué áreas son un reservorio para los polinizadores más pronto se podrá alcanzar una escala que tenga un impacto significativo a nivel territorial, que redundará en mayor presencia de insectos benéficos. Además, esta práctica también podría retrasar la aparición de resistencia en plagas y malezas, favoreciendo la presencia de biotipos susceptibles”, se explicó.
Como antecedente, Syngenta cuenta con la experiencia realizada desde la campaña 2014/15 en la Estación Experimental de Santa Isabel. Sobre ella informó que “la flora se restauró y empezó a haber presencia de mayor cantidad de dicotiledóneas con flores. El principal logro de estas investigaciones es haber demostrado que la mayor parte de la biodiversidad que queremos conservar está en los márgenes de los cultivos, asociada a los alambrados y a los bordes de los caminos”, explicó Poggio
Añadió que “nuestro próximo paso es trabajar en conjunto con los productores, lo que implica elaborar un protocolo y elegir los lugares a preservar: en general en áreas peri domésticas o asociados a bordes de alambrados, vías férreas y caminos”.
Las franjas deben tener al menos cinco metros de ancho por treinta a cincuenta metros de largo, aunque esto puede ser insuficiente en casos de lotes de gran superficie, por lo que se deberá determinar en futuros ensayos el tamaño adecuado de cada parcela.
“Lo que se propone es el manejo del corte de la vegetación en estas franjas al menos una vez al año según el ambiente y la no aplicación de herbicidas ni insecticidas. Si se observa dominancia de gramíneas, que son autógamas y en general poco atractivas para los polinizadores, el corte permite la aparición y el desarrollo de especies como tréboles o dicotiledóneas herbáceas, más favorables para estos insectos y, finalmente, para el rinde de los cultivos”, resaltó el agrónomo.
La entrada Otra señal de que los tiempos cambian: Syngenta promueve refugios para polinizadores se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>